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Magda Benavides: figura histórica del feminismo clasista y revolucionario

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Con motivo de la próxima celebración del Día Internacional de la Mujer, recordamos y rendimos homenaje a Magda Benavides, referente histórica de la lucha por el socialismo y por la liberación de la mujer en nuestro país.

Escribe Federico Romero

El 26 de julio de 1978, se llevó a cabo la juramentación de los miembros elegidos para integrar la Asamblea Constituyente, convocada tras la decisión de las Fuerzas Armadas de retirarse del poder, acorraladas por un fuerte ascenso revolucionario que mantenía al país en vilo. Cuando le llegó el turno a Magda Benavides Morales, militante del POMR y elegida en la lista del FOCEP, esta, erguida y con el puño en alto, exclamó con firmeza: 

“Juro por la revolución socialista, por los trabajadores del Perú y sus reivindicaciones, por la emancipación de la mujer y del proletariado internacional”. [1]

El pleno y la tribuna, repletos de damas de la alta sociedad y personalidades encopetadas de la burguesía y sus partidos tradicionales, quedaron estupefactos. Jamás habían escuchado algo semejante; para ellos, aquello era puro “bolchevismo”, especialmente viniendo de una mujer. El propio Víctor Raúl Haya de la Torre, presidente de la Asamblea, la miró con asombro.

Así era Magda Benavides. En su breve proclama ante lo más representativo de la democracia burguesa reunida aquel día, dejó claro su compromiso como constituyente elegida por el voto de trabajadores y trabajadoras, en su triple condición de mujer, lideresa sindical y militante revolucionaria trotskista. Tenía 34 años cuando llegó a esa tribuna, y con el tiempo, su figura se consolidaría como la más destacada representante femenina que ha tenido, hasta hoy, la corriente marxista revolucionaria en la historia del Perú.

Magda ingresó a trabajar muy joven al Banco de Crédito del Perú en 1962, la institución financiera más importante del país. Allí inició sus primeros pasos como activista por los derechos de los trabajadores. En 1966, se integró al Movimiento Renovación (MR), una corriente sindical clasista formada en oposición al APRA, que controlaba el Centro Federado, la Federación de Empleados Bancarios y la misma central sindical. Ese mismo año, conoció a Luis Bordo Carmona, fundador y dirigente del movimiento. Ambos se enamoraron, formaron una familia y se convirtieron en una dupla militante de primera línea que se ha mantenido hasta hoy.

El Movimiento Renovación era promovido por militantes de Vanguardia Revolucionaria (VR). “Luis Bordo C., Magda Benavides, Abraham Larrea, Juan Noriega, con Jorge Villarán, fundamos el primer círculo bancario de VR en 1966, en un café al lado del Cine Roma”, recordará Luis Bordo. [2] Vanguardia, liderada por Ricardo Napurí —formado en el trotskismo argentino—, era una amalgama con grupos afines al castrismo y al maoísmo. En aquella época, bajo la influencia de la Revolución Cubana, surgían fuertes organizaciones a la izquierda del viejo stalinismo (los partidos comunistas), que colaboraban con gobiernos militares y burgueses. En 1971, en una celada fraccional orquestada por los grupos castristas y maoístas, Napurí fue expulsado de la organización bajo la acusación de “trotskista”, junto con todos quienes se solidarizaron con él. Este grupo, que incluía a Magda y Luis, proclamó en enero de ese año la fundación del Partido Obrero Marxista Revolucionario (POMR), de filiación claramente trotskista.

El grupo bancario de Magda y Luis asumió la dirección del Centro Federado del Banco de Crédito en 1970, manteniéndose al frente por casi 20 años, con el apoyo mayoritario de la base trabajadora, en reconocimiento a su dedicación, entrega y transparencia. Desde el POMR, constituyeron la Tendencia Clasista Revolucionaria (TCR), que ganaría afiliados en el sector sindical bancario a nivel nacional, y extendería su influencia al movimiento obrero industrial, como Moraveco e Inresa. Magda ocupó cargos como delegada nacional de la Federación de Empleados Bancarios del Perú y secretaria general del Centro Federado del Banco de Crédito en varios periodos, proyectando su figura hacia el conjunto del movimiento sindical.

Los bastiones sindicales del POMR desempeñaron un papel protagónico en las luchas contra la dictadura militar de Francisco Morales Bermúdez, desde su instauración en 1975 hasta su retiro en 1980. Varios de sus miembros integraron el Comando Unitario de Lucha, que dirigió el Paro Nacional del 19 de julio de 1977, un evento de características insurreccionales y el más grande de la historia peruana, que forzó a la dictadura a convocar elecciones. Sin embargo, la dictadura respondió con el Decreto Supremo 010-77-TR, que dispuso el despido de 5 mil, trabajadores y dirigentes sindicales, incluidos 8 del Centro Federado del Banco de Crédito. Muchos de ellos, además, serían perseguidos y detenidos bajo acusaciones de subversión. Magda fue encarcelada durante tres meses y Luis sería perseguido durante un año, quedando sus tres hijas al cuidado de sus abuelos.

En mayo de 1978, Magda fue elegida para la Asamblea Constituyente, donde el FOCEP obtuvo la tercera votación nacional, impulsado por la figura de Hugo Blanco. Fue allí donde Magda pronunció su juramento revolucionario, similar al de otros líderes como Hugo Blanco, Ricardo Napurí y Enrique Fernández, mostrando el carácter revolucionario del trotskismo en un espacio dominado por la burguesía.

El momento era de transición política, la dictadura y el APRA buscaban desmovilizar a las masas y conducirlas hacia un nuevo orden democrático burgués. Las elecciones se realizaron con las principales figuras de la izquierda deportadas y sus organizaciones en la clandestinidad. Incluso, ya instalada la Constituyente, se atentó contra la vida de varios de sus miembros. El domicilio de Magda fue atacado con petardos de dinamita. “Felizmente, mis hijas menores (de 7, 5 y 3 años), que se encontraban en casa, solo sufrieron un gran susto. Víctor Raúl Haya de la Torre y el vicepresidente, Luis Bedoya Reyes, enviaron una carta a mi compañera Magda Benavides, rechazando los actos vandálicos”, relataría Luis Bordo. [3]

El objetivo de los revolucionarios era el retiro inmediato de los militares y el establecimiento pleno de las libertades democráticas. La Asamblea, dirigida por el APRA y el PPC, coexistía con la dictadura, por lo que era necesario apoyar las luchas para que sea el movimiento de masas el que lo eche. En 1979, durante una larga huelga del SUTEP reprimida duramente, 32 dirigentes de izquierda, incluida Magda, se declararon en huelga de hambre en la Casona de San Marcos, logrando finalmente una victoria.

El POMR también utilizó su representación parlamentaria para apoyar a los mineros de Cuajone, donde tenían presencia. A iniciativa del partido, una delegación de parlamentarios de izquierda realiza una Asamblea Popular en Moquegua reuniendo a unos 15 mil pobladores de una población total estimada en 40 mil. En la Asamblea se acuerda marchar a la mina, y se inicia una gigantesca caravana hacia ella, ubicada a 70 k y a una altura 3,500 s.n.m. Avanzan hasta un retén que era fuertemente custodiado por tropas armadas. Ahí el oficial al mando les dice: “por órdenes superiores no pueden dar un paso más, de lo contrario, serán detenidos”. Y empezaron los empujones y golpes. “En ese momento apareció Magda Benavides, que empujó al milico hasta hacerlo caer. Antes de que éste reaccionara, los trabajadores que aguardaban tensos en la explanada, corrieron en masa para apoyarnos…” [4]

Así lograron ocupar el centro del campamento minero, donde se formaría el Sindicato de Trabajadores Mineros de Cuajone, que nacería ligado a la dirección política del POMR (luego el PST), permitiéndole jugar un destacado papel de vanguardia en las luchas cruciales del proletariado minero en los siguientes años. Con su gesto valiente, Magda también dejará ahí su sello personal.

En todo este periodo, se mantendrá la lucha por la reposición de los despedidos por el Paro del 19 de Julio, frenada por la conducción burocrática de la dirigencia de la CGTP. Sin embargo, es “con el vigor de Magda, al lado de sus compañeros del Centro Federado”, [5] y con la TCR, que se organiza la lucha base por base. Luego de tres años y 10 meses de persistente lucha, en 1981 se alcanzaría la reposición de los últimos 8 despedidos del Banco de Crédito, entre los que se encontraba la misma Magda Benavides.

En 1980, Magda será candidata a diputada por Lima Provincias, y en 1985 integró la plancha presidencial del PST junto a Ricardo Napurí.

En 1987, enfrentarán otro desafío: la nacionalización del sistema financiero decretada por el gobierno de Alan García. Aunque la medida fracasó, Magda y el PST defendieron la nacionalización sin pago y bajo control obrero, resistiendo la oposición de Izquierda Unida.

En toda esta trayectoria de dos décadas convulsivas, Magda también destacaría en la lucha por los derechos de la mujer. Promovió la sala cuna y la hora de lactancia en el Banco de Crédito, y desde el POMR y el PST, dedicó gran parte de su militancia a la concientización y organización de las mujeres trabajadoras y la juventud. Su postura era clara: “La mujer peruana es doblemente explotada y oprimida. No es cierto que tengamos los mismos derechos que los hombres”, afirmó en la Constituyente. [6]

Tras el fallido intento de nacionalización de la banca, y la derrota de las dos huelgas mineras de 1988 y 1989, se pondría en marcha una ofensiva liberal y reaccionaria, que se consolidaría con la elección de Alberto Fujimori en 1990, cambiando el signo revolucionario de la etapa. En este contexto, la dirigencia clasista del Centro Federado del Banco de Crédito, encabezada por Magda, fue suplantada mediante una acción concertada entre el Partido Comunista – Unidad, la patronal y el gobierno aprista. Solo así, luego de 20 años, se logra sacar a la TCR de la dirigencia del Centro Federado en la cual Magda Benavides era una de sus más importantes expresiones y protagonista excepcional.

Desde 1994, Magda padece una enfermedad que la llevó al retiro, siendo cuidada con amor por su compañero Luis. Aunque ahora postrada, su legado perdura. Este 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer, como todos los años, sus viejos camaradas del PST y militantes de las nuevas generaciones que mantenemos en alto las banderas por la que ella luchó durante dos décadas, la recordamos con profundo orgullo, como un ejemplo de lucha por la revolución socialista y la definitiva liberación de la mujer y la clase trabajadora.


[1]PST. Una Historia heroica construyendo el partido de la clase obrera. Freddy Salazar, 1912.

[2] Ob. Cit.

[3] Testimonio de acción por la revolución. Luis Bordo. 12 de octubre 2012. https://luisernestobordocarmona.blogspot.com/2012/10/testsimonio-de-accion-por-la-revolucion.html

[4] Ricardo Napurí, Pensar América Latina. Crónicas de un militante revolucionario, 2009, Ediciones Herramienta, Argentina.

[5] Testimonio de acción, Ob. Citada.

[6] Diario de Debates de la Asamblea Constituyente 1978. Publicación Oficial. Tomo II. Pág. 121. Citado por Bethsabé Andía Pérez, en “Magda Benavides Morales: luchadora por las mujeres trabajadoras”, publicada el 25 de setiembre de 2018, en el portal Revista Con las Heroínas. https://conlaa.com/magda-benavides-morales-luchadora-por-las-mujeres-trabajadoras/

24, 25 Y 26 de febrero: Nueva jornada de lucha de lucha de los obreros de Celima

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Los días 24, 25 y 26 de febrero, el sindicato de Celima se movilizará nuevamente hacia el Ministerio de Trabajo para exigir el rechazo definitivo del segundo cese colectivo, declarado de manera abusiva por la empresa.

En estas fechas, los trabajadores cumplirán 200 días en las calles, sin salarios, pero con una determinación inquebrantable para defender su derecho más elemental: el derecho al trabajo. Junto con este, también luchan por sus derechos a la sindicalización, la negociación colectiva y la libertad sindical, todos vulnerados por la empresa.

La lucha de estos trabajadores nace de una convicción firme: están enfrentando un abuso. Muchos de ellos han dedicado más de 35 años de sus vidas a la empresa, contribuyendo a su crecimiento hasta convertirla en una corporación líder en el mercado nacional e internacional a cambio de un salario que raya en el límite de la pobreza, pero que representa el sustento de sus familias.

¿Y cuál ha sido su recompensa? Ser desechados como material descartable, de un momento a otro, causando un profundo daño a sus vidas y a las de sus seres queridos. Ellos sienten en carne propia lo que es una verdad: el capital no descansa en su búsqueda de ganancias, ni tiene consideración alguna por la dignidad humana.

Si la empresa enfrentara problemas reales, podría presentar argumentos válidos para discutir la permanencia de los puestos de trabajo. Aun así, los trabajadores defenderían sus derechos. Pero Celima goza de buena salud económica. Su verdadero objetivo con estos ceses colectivos es liquidar al sindicato y a su vanguardia combativa, para imponer un régimen laboral aún más explotador que le permita incrementar sus ganancias. De eso se trata esta historia.

En su demanda, la empresa no ha podido presentar un solo argumento sólido que justifique su medida. Sus balances muestran un crecimiento constante, con solo una ligera caída en el último año, pero aún se mantienen en números positivos.

Afirman tener un exceso de personal, pero en varias áreas de producción falta mano de obra, al punto de que muchos trabajadores son obligados a trabajar horas extras. De hecho, varios de los trabajadores en “cese” continúan laborando en la empresa.

Además, en el último año, Celima ya ha despedido a 300 trabajadores mediante diversos mecanismos. No sobran trabajadores en Celima; al contrario, faltan, y todos los que han sido incluidos en el “cese colectivo” son necesarios.

La empresa también actúa de manera torpe y abusiva en sus medidas antisindicales. La lista de “cesados” está llena de activistas sindicales y de trabajadores con enfermedades profesionales, muchas de ellas adquiridas en la misma fábrica. Queda claro que su objetivo es mantener solo a aquellos que no reclamen sus derechos, hasta que enfermen o vean mermada su capacidad laboral debido a la edad.

En un acto de despropósito, Celima aplicó un segundo cese colectivo después de que las autoridades rechazaran su primera solicitud, no quiere pagar los salarios devengados y ha retirado el pago de la Seguridad Social de los incluidos en el proceso de “cese colectivo”, dejando a los trabajadores y sus familias en grave riesgo, todo con el fin de forzar su renuncia.

En las reuniones convocadas por el Ministerio de Trabajo para tratar su solicitud de cese, la empresa envía representantes que no tienen conocimiento alguno de las operaciones de la compañía. Estos actúan como meros repetidores de los que la empresa le ha puesto en el papel, un papel echo por una consultora pagada por la misma empresa. No asisten Augusto Belmont, Pedro Menéndez, presidente y gerente general del grupo empresarial, o alguno de su equipo, porque no pueden justificar lo injustificable.

En estas reuniones, los representantes obreros han expuesto repetidamente las falsedades de la empresa, sin obtener respuestas concretas. Para Celima, todo esto es un simple trámite burocrático.

Esta situación es posible porque la ley lo permite, y porque el Ministerio de Trabajo no hace nada para evitarlo. Así ocurre en todos partes: existe el derecho a la huelga, pero las empresas lo vulneran designando a la mayoría de los trabajadores en puestos “indispensables”. Existe la negociación colectiva, pero las empresas no se sienten obligadas a cumplirla, menos aún bajo presión de huelga. Los ceses colectivos, que ya superan los 100 casos desde 2018, son otro ejemplo de este abuso. Recientemente, la empresa Owens-Illinois Perú se sumó a esta lista.

El problema no solo radica en el Ministerio, sino en las leyes permisivas que han sido diseñadas por los mismos empresarios y sus abogados. Y el gobierno y sus instituciones solo hacen cumplir estas leyes en contra de los trabajadores.

Por eso, la lucha del Sindicato de Celima es difícil: deben enfrentar un entramado legal e institucional diseñado para burlar los derechos laborales, derechos que solo existen en el papel.

Con razón, su consigna principal es: “Abajo la ley de ceses colectivos”. Las empresas usan estas leyes para abusar de los trabajadores, y en el caso de Celima, podrían consumar el cese colectivo.

Por ello, la lucha del Sindicato de Celima no es solo suya; es una lucha por los derechos de toda la clase trabajadora. Sus demandas son claras:

  1. Respeto irrestricto a los derechos laborales de trabajo estable, huelga, negociación colectiva, libertad sindical. Derogatoria de las leyes que permiten su vulneración, como la de ceses colectivos y suspensión perfecta.
  2. Castigo a los empresarios y empresas que pisotean estos derechos.
  3. Priorización de los derechos de los trabajadores sobre las ganancias capitalistas.

Por eso, no basta con solidarizarse con este sindicato combativo. Es necesario que toda la clase obrera se identifique con sus banderas y las haga propias. Además, es urgente que la CGTP y la FETRIMAP unifiquen las luchas de los trabajadores en un plan de lucha unitario y un paro nacional, para conquistar las reivindicaciones planteadas.

Por ello, llamamos a sumar fuerzas y banderas a la nueva jornada de lucha convocada por los compañeros de Celima los días 24, 25 y 26 de febrero, frente al Ministerio de Trabajo.

¡La clase obrera unida puede más!
¡Abajo la ley de ceses colectivos! ¡Ni un despido más!
¡Primero los derechos antes que las ganancias capitalistas!
¡CGTP-FETRIMAP: Plan de Lucha Unitario y Paro Nacional!

Obreros de Celima deciden dar todo en la lucha contra el cese

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Entre el 24 y el 26 de febrero, el Ministerio de Trabajo deberá resolver el cese colectivo planteado por la empresa Celima contra 116 trabajadores, la mayoría de ellos sindicalizados, ya sea pronunciándose a favor de la empresa, en contra, o aplicando el silencio administrativo (lo que implicaría la aprobación tácita de la solicitud de la empresa). 

Esta será la primera de una serie de tres resoluciones. Sin embargo, para los trabajadores, obtener un fallo favorable es crucial, ya que representaría un punto de apoyo fundamental para continuar su lucha hasta lograr la reincorporación de todos los afectados. 

Han transcurrido 195 días desde que comenzó este conflicto. 195 días sin salarios para los despedidos, quienes han resistido junto a sus familias, luchando casi a diario. A pesar de las dificultades, los trabajadores están dispuestos a redoblar esfuerzos en esta fase decisiva, pues una victoria aquí marcaría el inicio del fin de esta dura batalla contra un abuso patronal sin precedentes. 

El Nuevo Plan de Lucha 

El sindicato ha decidido movilizarse frente al Ministerio de Trabajo los días 24, 25 y 26 de febrero. Además, a partir del 25, planean instalar un campamento con una olla común frente al ministerio, buscando presionar para obtener una resolución favorable a sus demandas. 

Este esfuerzo representa un sacrificio inmenso por parte de los trabajadores de Celima y sus familias, quienes deben seguir encontrando recursos y energías donde parece que ya no los hay. Lo hacen con la convicción de que su lucha es justa y por defender un derecho tan básico como es el derecho al trabajo. Su ejemplo es un referente para la clase obrera sobre cómo enfrentar los ataques patronales, especialmente en tiempos tan difíciles como los que vive el Perú. 

Sindicato Celima: Una organización de vanguardia 

Este llamado no solo es por justicia, sino también por solidaridad. Los trabajadores de Celima son nuestros hermanos de clase. Todos los obreros, en mayor o menor medida, sufrimos los mismos abusos por parte de los patrones y del gobierno de Boluarte, junto a su Congreso corrupto. Se trata de defender el trabajo, que es la fuente de sustento de las familias obreras. 

La patronal busca la derrota del sindicato Celima para castigar la lucha, que es equivalente a cuando otros patrones que no quieren atender los pliegos de reclamos, dicen “con huelga no negocio”. Su objetivo es allanar el camino para más ataques que incrementen la explotación de la clase obrera, especialmente en momentos en que ven encogerse sus ganancias. 

Por el contrario, una victoria del sindicato Celima sería un impulso para la confianza de la clase obrera en sus propias fuerzas y organizaciones. Demostraría que, con decisión y unidad, es posible ganar. 

El sindicato Celima no solo necesita solidaridad, sino que se la merece. Es una organización de esencia solidaria, de clase e internacionalista. En sus 20 años de existencia, bajo una dirigencia clasista, ha extendido su apoyo a diversas luchas: desde los mineros de Shougang y Casapalca (cuyos dirigentes fueron encarcelados (2005 y 2008) hasta los textiles y otras huelgas de base. Además, han recolectado recursos para ayudar a damnificados del terremoto de Pisco (2007), las inundaciones del Niño Costero (2017) e incluso el terremoto de Haití (2010), sumándose a campañas internacionales de ayuda. 

En 2015, el sindicato lideró la lucha contra la Ley Pulpín, que buscaba precarizar aún más el empleo, y luego contra las “reformas laborales” impulsadas por los gobiernos de PPK y Vizcarra. En 2018, apoyó las luchas contra los ceses colectivos en Cogorno y BSH, promoviendo una campaña para evitar que esta medida se extendiera a otras empresas.

Por esta trayectoria, mientras ganaba el cariño y reconocimiento de las bases, la cúpula de la CGTP lo tachó de “divisionista”, viendo en sus iniciativas un desafío a su control burocrático. 

Una coyuntura reaccionaria 

El Perú vive un momento difícil, marcado por una reacción burguesa que, tras desalojar a Pedro Castillo del gobierno en 2022, ha intensificado sus ataques contra todos los sectores sociales. Su objetivo es imponer la agenda de la patronal, las multinacionales y las organizaciones corruptas. Uno de sus principales puntos es derrotar a las organizaciones obreras combativas que resisten el desmantelamiento de los derechos laborales, buscando incrementar la explotación. 

Frente a este embate, ha habido una feroz resistencia, como el levantamiento del sur (2022-2023), reprimido brutalmente con un saldo de 50 muertos y cientos de heridos. Sin embargo, esta resistencia persiste hasta hoy, en el sur y en otros sectores, sumando nuevos actores como los pequeños transportistas y las poblaciones pobres afectadas por el aumento de la criminalidad, favorecida por la ineptitud del gobierno y sus políticas. 

En este contexto, la lucha del sindicato Celima destaca como un ejemplo de resistencia. Por eso, el resultado de su batalla será un punto de inflexión, ya sea a favor o en contra de los trabajadores. 

Llamado a afirmar y extender la solidaridad 

Jack Reyes, presidente del comité de lucha, expresó: “El sindicato agradece las muestras de solidaridad que nos llegan de bases sindicales, e incluso de organizaciones de diversos países, hasta Europa”

Hace un llamado ferviente a intensificar la solidaridad en estos días decisivos: “A los sindicatos y organizaciones del país, los convocamos a sumar sus banderas y su gente a las movilizaciones del 24, 25 y 26 de febrero frente al Ministerio de Trabajo”

Asimismo, exige a las centrales CGTP y FETRIMAP que movilicen a sus bases para acompañar estas acciones. Plantea la necesidad de un Plan de Lucha y un Paro Nacional que unifique la respuesta de la clase obrera frente a los ataques patronales y por sus demandas más urgentes: la derogación de la ley de ceses colectivos y de suspensión perfecta, la reposición de todos los despedidos; el respeto a las normas de negociación colectiva, el derecho a la huelga y a las libertades sindicales, imponiendo sanciones severas a las empresas que incumplan con ellas. 

Finalmente, llama a unir las luchas obreras y populares para derrotar al gobierno proempresarial, criminal y corrupto de Boluarte y su Congreso. 

¡Viva la lucha del combativo sindicato Celima! 

¡Vivan las luchas populares contra el gobierno criminal y corrupto de Boluarte y su Congreso! 

¡FETRIMAP-CGTP: Plan de Lucha y Paro Nacional, ¡YA! 

Eleanor Marx y el feminismo socialista

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Escribe Federico Romero

Eleonor Marx fue la hija menor de Karl Marx, el creador del socialismo científico. Su nombre resurge cada año que celebramos en las calles el Día Internacional de la Mujer, y específicamente de la mujer trabajadora, porque se trató de la figura pionera que planteó el problema de la mujer como un tema ligado a la lucha por el socialismo.

Jenny, Laura y Eleanor, las hijas de Marx comprometieron sus vidas con las ideas de su padre en la lucha contra el capitalismo y por el socialismo. Pero fue Eleanor la que llevó esa batalla al terreno teórico y práctico de la liberación de la mujer, convirtiéndose en la primera y mayor figura histórica del feminismo marxista.

Marx descubrió el origen de la desigualdad social y de las clases en la propiedad privada de los medios de producción, y por ello planteó que bajo el capitalismo la única forma de alcanzar la igualdad y, por tanto, sentar las bases de la libertad y la felicidad humanas era aboliendo esa propiedad mediante una revolución socialista. Esa revolución sólo podía y puede ser realizada por los oprimidos y explotados, esto es por la clase trabajadora. Siglo y medio después de lucha feminista, la mujer ha alcanzado conquistas y derechos, pero no su liberación. Más bien el triunfo de la Revolución Socialista de Octubre de 1917, con los derechos que otorgó a la mujer, demostró que esa liberación solo se puede alcanzar por el camino de la revolución socialista, esto es, liquidando la gran propiedad.

Eleanor, al igual que sus hermanas, aprendió esta definición fundamental en el calor del hogar familiar mientras jugaban con el Moro (apelativo de su padre Karl) y mientras sentían las necesidades más vitales de una familia pobre de la época; pobre no porque Marx tuviera ese origen o no pudiera procurarse el sustento, sino por su férrea determinación de dedicar su vida a luchar contra el capitalismo y no a convertirse en una pieza más de su sistema de explotación. Eleanor dedicó su juventud y gran parte de su vida madura hasta la muerte de Marx, a ayudar al padre en sus investigaciones, en las traducciones y en diversos trabajos, discutiendo y compartiendo sus ideas, forjando en ese entorno su propia comprensión de las ideas marxistas.

Además, después de la muerte de su padre (1983, cuando ella tenía 25 años), Eleanor siguió aprendiendo al lado de Federico Engels, el compañero de Marx, autor de muchos otros trabajos clásicos del marxismo, y en particular El Origen de la Familia, el Estado y la Propiedad Privada, que es una obra monumental del materialismo histórico que también brinda una explicación fundamental al problema de la mujer. Engels le sobrevivió a Marx 13 años y al lado de él Eleanor siguió aprendiendo y madurando.

En una época donde la educación de las mujeres se limitada a prepararlas para ser esposas y responsables del hogar, y en la que las mismas oportunidades de educación profesional les eran absolutamente restringidas, Eleanor forjó su educación marxista y su rebeldía, así como su amor por el arte y la cultura, en este ambiente de casa, en el entorno intelectual de Marx y Engels, leyendo y recitando a Shakespeare como a Rousseau o a David Ricardo, hablando y escribiendo en distintos idiomas, discutiendo con ellos y tratando también con luchadores obreros, muchos de ellos inmigrantes provenientes de toda Europa que llegaban a la casa de Marx ubicado en un barrio pobre de Londres, en busca de sus ideas o por trabajos de organización del movimiento revolucionario. Así se formaría como revolucionaria.

Pero Eleanor poseía una cualidad excepcional: había heredado el genio de su padre. Llegó a escribir varios libros, como la primera biografía de su padre y una infinidad de artículos sobre diversos temas. Dominaba varios idiomas he hizo traducciones de obras conocidas, entre ellas de El Capital, la obra cumbre de Marx. Era versada en arte y como tal realizó presentaciones escenográficas. Y escribió La Cuestión de la Mujer, en cuya obra expone la visión marxista sobre el tema de la opresión de la mujer, sobre el amor y otros temas relacionados; una obra que es referencia obligada y punto de partida de todo marxista, como lo es el Manifiesto Comunista en el plano más general.

Hasta entonces, el problema de la mujer había sido planteado de manera pionera por Mary Wollstonecraft (1759-1797), una escritora que formaba parte de la aristocracia británica, como un problema de educación. Enfrentando a los ideólogos y enciclopedistas de entonces que sostenían que las mujeres por naturaleza eran “inferiores” a los hombres, Wollstonecraft sostuvo que era un tema de la falta de igualdad de oportunidades en educación; y que resolviendo este tema se resolvía el problema de la mujer.

En la misma época, Olympe Gauge, escritora y filósofa francesa, era conocida por su defensa de la igualdad entre el hombre y la mujer en el voto y en todos los aspectos de la vida. Abrazó la causa de la Revolución Francesa, para la que escribió la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadanía calcada sobre la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, en la cual afirmaba la igualdad de los derechos de ambos sexos.

Otros sectores, en su mayoría también miembros de las clases medidas y de las clases acomodadas, se enfocarían en la lucha contra la desigualdad luchando por los derechos de las mujeres, como el derecho al voto, que dieron lugar a diversos movimientos como la de los sufragistas, movimiento que se extendería desde finales del siglo XIX hasta la conquista del voto femenino en Inglaterra en 1918, hasta un año después del triunfo de la Revolución Rusa (1917).

Eleanor Marx plantearía el problema de la mujer en sus verdaderos fundamentos: el problema no solo era de desigualdad sino de clase, viendo el problema de la mujer como un problema principalmente de la mujer trabajadora. «No soy, por supuesto, como socialista, una representante de los «Derechos de la mujer»… La cuestión llamada “Derechos de la mujer ‘ (que parece ser la única que entiende) es una idea burguesa. Lo que propongo es plantear la cuestión del sexo desde el punto de vista de la clase obrera y la lucha de clases”. [i]

Es significa, que el problema de la mujer tiene que ver con “las estructuras económicas” dominantes, y “como todo en nuestra compleja sociedad moderna, la cuestión de la mujer descansa sobre los datos económicos.”  [ii]

En su trabajo citado [iii]se extenderá sobre este tema. Ahí dice, en muchos casos se ve “que las mujeres se encuentran en un estado lamentable y desean que se haga algo por mejorar su situación. Se agitan por un objetivo perfectamente justo, por el sufragio femenino; … por la educación superior de las mujeres…” En toda esta agitación, completamente justa, dice, sobresalen tres cosas: 1) Los interesados en estos temas pertenecen por regla general, a las clases acomodadas. 2) Todas estas ideas de esas mujeres de “vanguardia”, se basan ya sea en la propiedad, ya sea en cuestiones sentimentales o profesionales; pero ninguna va a los fundamentos económicos de la sociedad. 3) Se desprende de la anterior, que “aquellos no hacen ninguna propuesta que salga de la sociedad de hoy día.” 

¿Cuál es la posición marxista? Dice ella: “Nosotros apoyaremos el derecho de voto para todas las mujeres, …, el acceso de los dos sexos a todas las profesiones,… No negaremos en absoluto que una vez se haya alcanzado parte de estas reivindicaciones, la vía se verá “despejada para el cambio radical que debe llegar”. Esto es, el socialismo. “Sin esa transformación social, las mujeres jamás serán libres…”

Y, por último, el complemento de dicha definición: “Las clases oprimidas, tanto las mujeres como los productores directos, deben comprender que su emancipación vendrá de ellos mismos, de su propia acción.”

Estas ideas fundamentales, que hacen a la esencia de la comprensión marxista y del programa revolucionario sobre la cuestión de la mujer, fueron desarrolladas por Eleanor. Pero ella, como su mismo padre, no sólo profesó ideas sino las llevó a la acción corroborando su validez en la práctica.

Eleanor fue una incansable agitadora, organizadora y propagandista del socialismo marxista en el seno de la clase obrera en Gran Bretaña, Europa y EEUU. Ella ayudó a organizar una intensa huelga en Silvertown. En represalia, los dueños de la fábrica desalojaron a las familias de los alojamientos que tenían concedidos y derrotaron la huelga. Pero Eleonor logró un triunfo: creó un sindicato de mujeres trabajadoras, “que fue pieza clave en la historia del movimiento obrero británico y del feminismo en el lugar de trabajo.” [iv]

En otra huelga en la factoría Crosse Blacwell, donde la comida caliente dependía de las peladoras de cebollas que trabajaban durante 14 horas al día, Eleanor organizó a esas mujeres y ganaron.

Con el mismo espíritu y el mismo mensaje, dirigiéndose a una multitud de más de 100 mil personas en el Hyde Park en apoyo a la huelga portuaria, el 1 de Mayo de 1889, Eleanor afirmó: “Los socialistas creen que la jornada de ocho horas es el primer paso a dar y el más inmediato, pero nuestro objetivo es un futuro en el que ya no haya una clase que sostiene a otras…” [v] La huelga de los estibadores ganó. Y el recién fundado sindicato se convertiría después en uno de los más poderosos del Reino Unido.

Esa fue Eleanor, nada menos que la hija de un gigante como fue su padre. Lamentablemente tuvo un triste final. A los 43 años, cuando todavía tenía mucho para aportar a la causa, murió, aparentemente quitándose la vida por una decepción amorosa.


[i] Citada en: La vida de Eleonor Marx, madre del feminismo socialista. Rachel Holmes, Jeanette Winterson. 15.06.2014. www.sinpermiso.info. Rachel Holmes es autora del libro Elanor Marx: Una vida. Una película llamada Miss Marx, se basa en este libro. Se puee ubicar en: https://www.youtube.com/watch?v=Y7DdgP0SQjo

[ii] Obra citada

[iii] La Cuestión de la Mujer. Edwar y Eleonor Marx Aveling, 1986. https://www.marxists.org/espanol/marx-eleanor/1886/1886-cuestionmujer-eleanormarxaveling.pdf 

[iv] Obra citada

[v] O.c.

¿El proteccionismo o el libre comercio? ¿Cómo afecta la política comercial capitalista a los trabajadores?

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Febrero 10, 2025 Por Ernie Gotta

«Soy el presidente del UAW. Estamos listos para trabajar con Trump», decía un titular en The Washington Post que sorprendió a muchos en el movimiento obrero. Shawn Fain, presidente del sindicato United Auto Workers (UAW), pasó la mayor parte de las elecciones presidenciales de 2024 advirtiendo a los trabajadores de todo el mundo de que Donald Trump solo representaba a la clase multimillonaria y lo llamó «esquirol». Luego, el día antes de la toma de posesión de Trump, Fain publicó un artículo de opinión en el que explicaba por qué su sindicato necesita tener voz en el desarrollo de la política comercial estadounidense. En el artículo de opinión, Fain respaldó el plan de Trump de implementar aranceles y explicó por qué, en su opinión, los aranceles serían un correctivo necesario tras décadas de ataques devastadores contra los empleos y los trabajadores estadounidenses por parte de acuerdos neoliberales de libre comercio como el TLCAN y el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (USMCA).

Fain no es el único líder sindical que apoya las políticas comerciales de Trump. ¿Por qué el sindicato United Steel Workers intentó frustrar la fusión de U.S. Steel y la japonesa Nippon Steel? ¿Por qué la International Longshore Association, durante su huelga, culpó a las empresas extranjeras de no compensar adecuadamente a los trabajadores estadounidenses y de sacar beneficios del país?

¿Por qué el presidente general de los Teamsters, Sean O’Brien, al dirigirse a la Convención Nacional Republicana en julio de 2024, repitió como un loro la retórica de Trump de «Estados Unidos primero», diciendo: «Necesitamos políticas comerciales que pongan a los trabajadores estadounidenses en primer lugar»? O’Brien redobló las viles ideas proteccionistas contra los inmigrantes en un podcast en el que entrevistó al senador republicano Josh Hawley, que se hace pasar por amigo de los sindicatos. O’Brien declaró: «Creo que el mayor problema es que la gente está tratando de proteger a los extranjeros ilegales que vienen aquí y cometen delitos, y eso es inaceptable. […] Los problemas sociales están muy bien, pero proteger a los inmigrantes ilegales que vienen a nuestro país para cometer delitos y robar puestos de trabajo es una píldora difícil de tragar».

Para muchos, a primera vista parece lógico que los sindicatos se unan a las ideas proteccionistas tras enfrentarse a la carnicería provocada por el TLCAN y el T-MEC. El llamado «libre comercio» ha tenido un impacto profundamente negativo en los empleos y salarios en EE. UU., pero ¿tiene razón Fain al decir que las políticas proteccionistas basadas en aranceles serán la respuesta para que la industria vuelva a este país? ¿Pueden las políticas proteccionistas como los aranceles, las cuotas de importación y otras regulaciones gubernamentales conducir a una menor explotación, salarios más altos y mejores condiciones de trabajo para la clase trabajadora?

No. La política comercial capitalista la hacen los capitalistas en beneficio de su propia clase. Ya sea «libre comercio» o proteccionismo, la implementación de la política está destinada a proteger y aumentar las ganancias de la clase dominante.

Hay momentos en que los capitalistas necesitan mayores fuentes de ingresos y favorecen un enfoque de libre comercio. Por supuesto, el libre comercio es realmente «libre» solo de nombre y, por lo general, sirve para la explotación de una nación sobre otra. En realidad, los acuerdos de libre comercio como el TLCAN establecen zonas que permiten a las naciones imperialistas flexibilidad para diferir aranceles, gestionar inventarios y flujo de caja. Estos acuerdos de libre comercio permitieron a las empresas estadounidenses cerrar líneas de producción en EE. UU., cruzar la frontera con México y superexplotar a los trabajadores de allí.

Esto funcionó por un tiempo, ya que Estados Unidos era la potencia hegemónica indiscutible y la economía líder, pero con la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y China y el posterior ascenso de China y Rusia como nuevas potencias imperialistas, la situación ha cambiado significativamente. La rivalidad interimperialista con China en particular está llevando a algunos capitalistas estadounidenses a favorecer políticas proteccionistas para poner barreras y impedir a sus rivales.

La guerra comercial resultante probablemente será un motor de inflación y supondrá una mayor carga económica para la clase trabajadora, no solo en EE. UU., sino en todo el mundo. También se podría llegar a la conclusión de que una escalada de la guerra comercial podría ser la base para que la rivalidad interimperialista se convierta en una plena guerra.

Trump ha dicho muchas veces que los aranceles los pagan los países extranjeros. ¿Es cierto esto? ¡No! Aunque los aranceles pueden tener un impacto negativo en países extranjeros, en última instancia serían los importadores estadounidenses quienes pagarían el arancel directamente al Tesoro de EE. UU. y luego recuperarían ese arancel haciendo que los consumidores estadounidenses paguen precios más altos. Trump lo sabe, pero ha creado una narrativa en la que se aprovechan de EE. UU. en el comercio mundial. Publicó en X: «¡Esta será la Edad de Oro de Estados Unidos! ¿Habrá dolor? Sí, tal vez (¡y tal vez no!). Pero haremos que Estados Unidos vuelva a ser grande, y todo valdrá la pena el precio que hay que pagar. Somos un país que ahora se está dirigiendo con sentido común, ¡y los resultados serán espectaculares!»

Históricamente, la Ley Arancelaria de 1789, el Arancel de 1816 y el Arancel McKinley de 1890 no hicieron nada para beneficiar a los trabajadores. McKinley era conocido como el «Napoleón de la protección» y cada movimiento que hacía era en beneficio de los intereses de los fabricantes. No es de extrañar que Trump quiera devolver el nombre de McKinley al monte Denali. Más que promover la ideología de la colonización de pobladores, Trump está señalando un retorno a una era anterior a 1913, cuando no había impuesto sobre la renta y las políticas proteccionistas eran la política comercial dominante.

Las políticas proteccionistas también tienen un inconveniente inherente para los capitalistas. Federico Engels observó en 1888: «La protección es, en el mejor de los casos, un tornillo sin fin, y nunca sabes cuándo has terminado con ella. Al proteger una industria, perjudicas directa o indirectamente a todas las demás y, por lo tanto, tienes que protegerlas también. Al hacerlo, vuelves a dañar la industria que protegiste en primer lugar y tienes que compensarla; pero esta compensación repercute, como antes, en todos los demás oficios, y les da derecho a una reparación, y así sucesivamente hasta el infinito».

Como siempre, los capitalistas se apresurarán a obtener el mayor beneficio posible en el próximo período. Junto con las políticas proteccionistas, Trump también buscará profundizar los recortes de impuestos. La clase dominante también utilizará sus sectores monopolizados de la industria para reducir los salarios reales de los trabajadores y aumentar los precios para los consumidores. El multimillonario de los combustibles fósiles Charles Koch y su organización de derecha Americans for Prosperity publicaron recientemente un prospecto de inversión que describe un plan de 20 millones de dólares para presionar a los funcionarios electos con miles de reuniones con el fin de profundizar los recortes fiscales realizados en la Ley de Recortes Fiscales y Empleos de 2017 de Trump.

Las tendencias más reaccionarias de la clase capitalista ven una oportunidad para recuperar todas las concesiones hechas a la clase trabajadora y a las comunidades oprimidas desde el movimiento obrero de los años treinta y cuarenta hasta los movimientos sociales de los años sesenta y setenta. Trump, como portavoz de la clase dominante, utiliza una retórica falsa a favor de los trabajadores para vender a los sindicatos y a la clase trabajadora en general la idea de que las políticas proteccionistas revertirán la degradación de su vida cotidiana.

Sin embargo, las políticas comerciales proteccionistas, los ataques a los inmigrantes y otras comunidades oprimidas no resolverán la crisis económica muy real que el capitalismo está sufriendo a escala mundial. La realidad para miles de millones de trabajadores en todo el mundo es más inestabilidad, peores salarios y peores condiciones de trabajo. ¿Cuál es la solución? ¿Cómo pueden los trabajadores escapar de los círculos viciosos provocados por los defectos inherentes al sistema capitalista?

Si «América primero» significa beneficios para los ricos por encima de las necesidades de la gente, y «libre comercio» es libertad para que los imperialistas exploten a los trabajadores a su antojo, entonces no podemos dejarnos llevar por sus planes y seguir las reglas de su sistema. Frederick Engels escribió en 1888: «Un sistema de producción basado en la explotación del trabajo asalariado, en el que la riqueza aumenta en proporción al número de trabajadores empleados y explotados, un sistema así está destinado a aumentar la clase de trabajadores asalariados, es decir, la clase que está destinada a destruir un día el propio sistema».

Engels continuó: «Tanto si pruebas el proteccionismo como el libre comercio, al final no habrá ninguna diferencia, y apenas habrá diferencia en el tiempo de tregua que te queda hasta el día en que llegue ese final».

Los trabajadores y los oprimidos tienen que librar una lucha política implacable por la independencia de la clase capitalista en sus sindicatos, en sus universidades y en sus comunidades. Esto significa, por ejemplo, que cuando U.S. Steel quiera hacer un trato que perjudique a los trabajadores, la demanda de los trabajadores debería ser abrir los libros de cuentas de la corporación para que todos vean cómo obtienen sus ganancias, y poner a U.S. Steel bajo propiedad pública y control democrático de los trabajadores.

Cuando las empresas estadounidenses explotan a los trabajadores en otro país o los acorralan en una frontera militarizada, los trabajadores estadounidenses deben tender una mano solidaria y exigir el fin de la injusticia reteniendo su fuerza de trabajo.

Cuando lleguen las elecciones, los sindicatos no deben seguir apoyando a tal o cual político capitalista. En su lugar, deberían celebrar una reunión masiva entre todos los sindicatos y todos sus miembros de base. Esta reunión debería abrir un debate sobre la presentación de sus propios candidatos bajo la bandera de un partido laborista. La independencia de la clase trabajadora y la solidaridad internacional son el único camino a seguir para los trabajadores.

Palestina no está en venta

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Para el magnate de extrema derecha que llegó a la presidencia, Donald Trump, todo es un mostrador de negocios y su propiedad, como representante del imperialismo estadounidense. Así, ha intentado chantajear a gobiernos, Estados, estudiantes y trabajadores. Los palestinos, que jamás renunciarán a su derecho de autodeterminación, ya lo han advertido: Palestina no está en venta.

Por Soraya Misleh

Este es el grito que resonó el 4 de febrero en las calles de Washington durante las protestas que exigían el arresto del criminal, subordinado de Trump, Benjamin Netanyahu, y denunciaban el apretón de manos manchado con sangre palestina.

La descarada propuesta de Trump de que Estados Unidos tome el control de Gaza, junto con el genocida primer ministro israelí Netanyahu, es parte de estas negociaciones, después de 15 meses de genocidio en Gaza, para la normalización, sobre todo con Arabia Saudita, y un deseo de consolidar un negocio familiar largamente acariciado: transformar a Gaza, en las propias palabras de Trump, en una riviera, con resorts y emprendimientos inmobiliarios para dar la bienvenida a multimillonarios en sus vacaciones de verano. Entregar a su yerno, el sionista Jared Kushner, este “negocio con China” –en la expresión popular utilizada para referirse a algo extremadamente rentable y ventajoso-.

Trump y Netanyahu reunidos en la Casa Blanca.

Trump justificó hipócritamente su espuria propuesta afirmando que Gaza estaba destruida e inhabitable, que sería un lugar de mala suerte para el pueblo palestino, de muerte, de bombas. Y que lo mejor para el pueblo palestino sería tener otro lugar permanente fuera de allí donde establecerse.

El tono cínico era el de un padre preocupado por sus hijos que no pueden tomar decisiones por sí mismos, al lado del principal responsable del asesinato, en solamente los últimos 15 meses, de más de 60.000 palestinos en Gaza, la mayoría de ellos mujeres y niños, y que tenía en su rostro una sonrisa tan cínica y abyecta como la de Trump, la sonrisa de alguien que confía en su patrón y se siente cómodo al lado de su jefe.

Ridículamente, después de que Estados Unidos suministrara miles de millones de dólares, toneladas de armas y bombas para el genocidio en la estrecha franja –y aumentara la apuesta para avanzar aún más en la limpieza étnica que ya estaba en curso en Cisjordania, como se vio después del alto el fuego en Gaza–, Trump culpa a la mala suerte de Gaza. Y dice que a los dos millones de palestinos les encantaría irse de ahí, ignorando las imágenes históricas del retorno de los desplazados en la franja del sur para el norte, cantando y superando el dolor. Ignorando las escenas de palestinos limpiando los escombros de sus hogares, improvisando la supervivencia, garantizando la reconstrucción con la misma firme promesa de que no olvidarán ni perdonarán a los criminales contra todo su pueblo.

La deshumanización y el racismo del colonizador se expresan en la bizarra escena Trump/Netanyahu, transmitida sin vergüenza al mundo. Obviamente, en la foto reciente, el pueblo palestino ha estado ausente de las decisiones sobre su presente y su futuro, como incapaz de tomar su destino en sus propias manos. Este ha sido el caso de la continua Nakba, la catástrofe palestina cuya piedra angular es la formación del Estado genocida de Israel en 1948. La ideología orientalista impregna cada gesto y acción del imperialismo estadounidense y su enclave militar, Israel, cuyos métodos fascistas exponen su verdadero rostro al mundo.

El pueblo palestino, como siempre lo han considerado los dirigentes sionistas en su proyecto colonial y lo han registrado en sus diarios desde sus inicios (finales del siglo XIX-principios del XX), debe ser despreciado o eliminado, colonizado para su propio bien. Esta es la retórica que Trump expresó en su discurso del 4 de febrero, al lado de Netanyahu.

Gaza no tiene mala suerte, es la tierra de héroes y heroínas, la tierra de Palestina. El pueblo palestino resiste. E inmediatamente dio la respuesta: sólo podemos dejar Gaza para regresar a las tierras que nos fueron robadas en 1948, es decir, para retornar a nuestros pueblos y ciudades de donde fuimos expulsados ​​violentamente en la Palestina histórica, que el mundo llama hoy “Israel”. El ochenta por ciento de los palestinos en Gaza son refugiados.

La propuesta, tan indecente, ha provocado una ola de condena internacional, incluso por parte de Estados históricamente cómplices de la continua Nakba. Trump no tuvo reparos en intentar humillar a los regímenes árabes tutelados por el imperialismo, como Egipto y Jordania, para hacer válida su propuesta: nos deben mucho, lo aceptarán. El rechazo vino de todos, incluida Arabia Saudita, una vez más en la mesa de Trump y su proyecto de capitanear la reanudación de la normalización con Israel.

Saben que la lucha por la liberación de Palestina es la causa madre de todos los pueblos árabes oprimidos y explotados. Y que apoyar la limpieza étnica de dos millones de palestinos crearía inestabilidad, con una alta probabilidad de revueltas y revoluciones. Trump arrojó sus palabras al viento en la lógica del mostrador de negocios.

Este proyecto no es nuevo. Durante su primer mandato incluso consideró enviar palestinos al Congo o a otro país africano. No llegó a nada, aunque sí logró avances en el intento de enterrar la causa palestina en sus infames Acuerdos de Abraham, es decir, la normalización de las relaciones de Israel con los regímenes árabes.

La acción coordinada de la resistencia palestina en octubre de 2023 interrumpió este proyecto. Fue una consecuencia de la continua Nakba, con una colonización cada vez más profunda y una limpieza étnica lejos de los ojos del mundo, mientras sus líderes seguían estrechando manos sionistas manchadas de sangre palestina sin sentirse culpables. A estas alturas, todo el mundo sabe que el próximo gran éxito sería Arabia Saudita. Trump, en su tablero de “Monopoly” [banco inmobiliario], está ávido por mudarse a la casa de donde el imperialismo se vio obligado a detenerse.

Inspirada en la firmeza y persistencia del resistente pueblo palestino (sumud en árabe), cabe a la solidaridad internacional fortalecer la movilización para impedir los planes de Trump en favor de la paz de los cementerios y la prosperidad (como negocio lucrativo para sus multimillonarios y títeres).

Para él, el mensaje de la niña palestina Maria Hammoun, sobreviviente del genocidio en Gaza, poniéndolo en su lugar: “Si le pido salir de su casa y de su tierra, y viva en China o Egipto, ¿aceptaría? Lo siento mucho por mi risa, pero la verdad es que no estaría de acuerdo. Entonces, si usted se niega, ¿cómo espera que yo acepte ser forzada a salir de mi hogar y de mi tierra? ¿No son ustedes el país de la libertad alrededor del mundo? ¿De qué libertad habla cuando quiere restringirnos en nuestra natal y en la diáspora? Un consejo para el presidente del mundo: usted controla el mundo entero excepto Gaza, porque Gaza es el mundo”.

¡Palestina no está y nunca estuvo en venta! Como lo transmitieron de generación en generación nuestros padres y abuelos expulsados ​​en 1948: nuestra tierra y nuestra libertad no tienen precio. En palabras del poeta palestino Rafeef Ziadeh, los palestinos enseñan vida, señor.

Traducción: Natalia Estrada.

¡Exijamos a la Fetrimap y CGTP un Plan de lucha hacia un Paro Nacional, YA!

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La FETRIMAP y su dirigente Gilmer Ibañez se han ganado el reconocimiento de numerosas bases sindicales por su lucha en defensa de los derechos laborales en las instancias del Ministerio de Trabajo. Como federación, además, es la única que con regularidad moviliza a sus bases detrás de diferentes reclamos.

Esta actividad, que trajo resultados positivos a algunas bases en sus primeros momentos de organización y lucha, ahora se agota ante el endurecimiento empresarial en todos los terrenos. Por esto vemos que los ceses colectivos se extienden como una mancha negra sobre la clase trabajadora, los pliegos de reclamos no tienen solución aun con huelgas largas, y, de manera general, el empleo formal se reduce más convirtiendo al país en una nación de informales y los salarios pierden más su valor, al mismo tiempo que los derechos laborales sufren deterioro y retroceso.

Las empresas pretextan problemas, pero la realidad de fondo es que desatan su ataque general sobre la clase trabajadora aprovechando la coyuntura reaccionaria iniciada con el gobierno de Dina Boluarte, que en alianza con el Congreso favorece de lleno todas las políticas empresariales. En el mismo Ministerio de Trabajo, por ejemplo, ha sido colocado Daniel Maurate, un personaje ligado a los grandes estudios patronales que declara improcedente las huelgas y da la espalda a los numerosos reclamos sindicales. Algunas veces cuesta entender que los empresarios, cuanto más ganan buscan ganar más.

En esta situación, las luchas sindicales que siempre son duras ahora chocan con una pared y no encuentran solución, y son llevadas al desgaste o a la derrota. Así vemos la lucha de Celima que ya cumple seis meses enfrentando ahora un segundo cese colectivo, y de varios sindicatos en huelga con algunos que ya llevan más de 100 días sin que logren que los empresarios se sienten ni a conversar.

Ante esto la FETRIMAP y la CGTP se han visto obligadas a convocar algunas movilizaciones. Pero ya no son suficientes porque no traen ningún resultado. Y es posible que todo siga igual si no cambia esta orientación de movilizaciones parciales. Ya no se trata de enfrentar inequidades de esta entidad ni abusos empresariales aislados, sino se trata de enfrentar la política del gobierno y de la misma CONFIEP, como hacen otros sectores sociales del país, y que requieren acciones más contundentes.

Por ejemplo, la FETRIMAP y la CGTP reclaman a la autoridad que ante los ceses colectivos “acote” la medida, pero no dice qué significa esto. Y ante la prolongación de las huelgas le piden que aplique la ley interviniendo como árbitro para resolver el conflicto, como hizo el año 2022 ante el sindicato Costeño cuando llegó a los 100 días de huelga. Esto es, ofrecen “humo”, no verdaderas salidas o soluciones para los que luchan.

Ante los ceses colectivos la verdadera salida es la derogatoria de la norma que los facultan, junto a la suspensión perfecta, porque no hay forma de proteger el trabajo ante los abusos empresariales. Ante los reclamos salariales, se trata de demandar un aumento general de acuerdo al costo de vida lo que de manera automática elevará el piso salarial. Y se trata de hacer respetar el derecho irrestricto a huelga, a la negociación colectiva y a la libertad sindical vulneradas por los empresarios usando las mismas prerrogativas que le ofrecen las leyes.

En buena cuenta, se trata de una lucha por la derrota de la política patronal y por la derrota del mismo gobierno que lo protege. Así y solo así se podría abrir un nuevo escenario que favorezca a los reclamos y a las luchas de los trabajadores. Así se lograría que las huelgas sean resueltas y que se ponga fin al cese colectivo en Celima y en otras fábricas.

Y esto solo se pueda hacer uniendo y sacando a la lucha al conjunto de la clase trabajadora.

Esto significa que la CGTP y la FETRIMAP, como centrales representativas, plasmen un plan de lucha unificado y, dentro de ella, promuevan un verdadero Paro Nacional, con una plataforma que una las reivindicaciones obreras y populares. Pero sus dirigentes no lo hacen ni quieren hacerlo porque su eje es conciliar con los empresarios, e incluso con el mismo gobierno.

Por esta razón estas medidas deben ser reclamadas por las bases e impuestas por ellas, sobre todo por las que están en conflicto, que deben empezar a pronunciarse y a coordinar sus acciones poniendo en práctica la lucha unitaria. Hay que hacerlo porque es lo único que puede y debe garantizar que ganen y que se evite más desgastes y derrotas.

Así también estaremos abriendo la vía para volver a la lucha nacional con los sectores populares, contra la criminalidad, por libertad de los que están presos, por juicio y castigo a los responsables de la masacre de la rebelión del 2022-2023, y por fuera el gobierno de Boluarte y de su Congreso corrupto.

Gobierno y Congreso corruptos encienden indignación obrera y popular

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La crema y nata del poder político y la corrupción en el Perú, que tiene cuentas pendientes por los asesinatos, leyes a favor de las organizaciones criminales empezando por las suyas propias, y hasta la red de prostitución que han montado para aprobar dichas leyes, asumen que la población puede pasar por alto todo eso pegándose a figuras igualmente despreciables como Javier Milei o Donald Trump.

La presidenta Boluarte y altos cargos en el gobierno y el Congreso, exhiben su admiración al reaccionario Donald Trump que inicio su segundo mandato. López Aliaga incluso se ausentó de Lima agravando su desastrosa gestión, para asistir a la toma de mando; él, junto a Javier Milei, el verdugo del pueblo argentino en uno de los más salvajes ajustes de la economía, aplaudieron los anuncios del presidente yanqui, incluyendo las masivas y denigrantes expulsiones de inmigrantes latinos.

El fanatismo de dichas autoridades es un acto de traición a los intereses de la comunidad latinoamericana y del Perú, para cuyos países Trump también anunció medidas de endurecimiento en las relaciones comerciales, amenaza de usurpación del Canal de Panamá, entre otros anuncios despóticos.

Neoliberalismo, vieja fábrica de sobre explotación y pobreza

Los partidos actualmente en el poder en el Perú, el fujimorismo, el acuñismo, el porkysmo y sus aliados ocasionales, amparados en la red de impunidad que han tejido en las principales instituciones del Estado, no hacen más que disputar un papel servil de las ambiciones imperialistas de la era Trump en la región, extendiendo un plan económico que en el Perú es un viejo conocido.

En este país prácticamente todo se liberalizó y privatizó, hasta la educación y la salud. La inversión extranjera tiene carta libre para explotar y lucrar con las riquezas nacionales, especialmente mineras, y la libertad de empresa y de enriquecimiento desmedido ha acelerado especialmente ante tragedias o situaciones como una pandemia.

Además, el rol del Estado se ha reducido tanto que es un Estado incapaz de responder ante cualquier emergencia nacional, climática o sanitaria, o incluso ante el actual crecimiento de la ola criminal de extorsiones y sicariato. En fin, a pesar de varias décadas de «bonanza» neoliberal, la mayoría de la población debe buscar una fuente de ingresos en la economía informal o ilegal en condiciones de mayor sobreexplotación, y muchas veces no alcanza ni eso, cayendo en la pobreza o padeciendo a su suerte las embestidas de desastres naturales o crisis sanitarias.

El repudio popular a las consecuencias de ese plan se expresó de múltiples maneras, lamentablemente siempre fueron desviadas detrás gobiernos que abandonaron sus promesas de campaña electoral. Las últimas grandes manifestaciones del rechazo popular se dieron en las elecciones de 2021 y en la rebelión del sur de 2022-2023, esta última salvajemente reprimida con decenas de asesinatos y muchos heridos graves por orden directa de Dina Boluarte y su gobierno, y con el blindaje del Congreso.

Neoliberalismo se adapta a todo

El tiempo ha puesto en claro el objetivo de Boluarte, el fujimorismo y la ultraderecha al atornillarse a cualquier costo en el poder. A los males conocidos se sumó una profunda descomposición graficada en leyes que favorecen al crimen organizado, especialmente a los partidos u organizaciones criminales que controlan el Congreso, y más “libertad” a la voracidad de las grandes empresas. Hicieron de todo para sostener ese modelo corrupto, incluso montar en el Congreso una red de prostitución, extorsiones y sicariato que ha quedado al descubierto.

Esa red no solo muestra al Congreso literalmente como un palacio-burdel con proxenetas y meretrices en planilla, sino que también saca a luz la ruptura de la legalidad en la forma como se toman las decisiones en el Legislativo, donde el servicio sexual es utilizado como un medio de cambio más para comprar votos de congresistas, equivalente a la compra en contante de la época de la dictadura fujimorista.

Leyes al gusto de diversos grupos de interés, fueron votadas sin debate y al caballazo. Por ejemplo, la ley que modifica la Ley Forestal a favor de grupos empresariales; las leyes que otorgan impunidad para los corruptos, o que hacen inviable la investigación de crímenes o casos de corrupción de altos funcionarios; favorecimiento a organizaciones criminales de la minería ilegal; mientras que para sectores de la clase trabajadora se dictan leyes draconianas, como la destitución automática de maestros pisoteando derechos reconocidos en la Constitución, y hasta atentan contra el uso del derecho a la huelga y la protesta.

Si la democracia imperara realmente en este mal llamado régimen democrático, el escandaloso destape habría motivado que dichas leyes se anulen ipso facto, previa destitución y encarcelamiento de los responsables.

Todo tiene un límite

Los grupos en el poder, así como la patronal que se enriquece con el plan neoliberal, son los responsables de la actual situación de descomposición, así como del avance impune y sin freno de las extorsiones y el sicariato; como también de tragedias ecológicas sin respuesta eficaz como el derrame de petróleo de Petroperú en Piura, a tres años del derrame de Repsol en La Pampilla, que sigue pendiente de resolución.

Agravando esta situación, las empresas que acumularon jugosas ganancias en las últimas décadas y hoy vuelcan sus ganancias a la adquisición de otros negocios en el país y en el extranjero, vienen aplicando despidos o ceses colectivos dejando en la calle a los trabajadores que crearon esa riqueza. En el marco del gobierno de los corruptos, la patronal actúa de manera abusiva y con impunidad.

Asimismo, el fujimorismo exhibe su influencia en el Tribunal Constitucional y el Poder Judicial, los cuales han puesto en bandeja uno de los puntos clave del plan fujimorista, que es el regreso a fojas cero del juicio por lavado de activos que se le sigue a Keyko Fujimori; mientras dicta la excarcelación de criminales de la época de la dictadura fujimorista como en el caso de Nicolás de Bari Hermoza.

La derrota del gobierno y el Congreso sigue siendo la prioridad

Frente a esta situación crece la indignación y las muestras de rechazo incorporando nuevos conflictos. Las paralizaciones de transportistas contra las extorsiones y el sicariato que siguen recrudeciendo apuntan a reactivarse; las protestas de pescadores y poblaciones afectadas por los derrames de petróleo en Piura, e incluso el ocurrido hace tres años en Ventanilla que sigue sin solución; además, diversos gremios magisteriales vienen protestando contra la ley inconstitucional que impone la destitución automática de profesores; y los pueblos del sur reactivan sus protestas contra el gobierno por la impunidad de los asesinatos manifestantes de hace dos años. A ello se suma la lucha de sindicatos obreros que exigen en las calles reposición y anulación de los abusivos ceses colectivos dictados arbitrariamente por la patronal.

En la medida que estas luchas puedan vencer su aislamiento y dispersión, la soberbia de los grupos en el poder podría tener sus días contados. El avance de la organización de los trabajadores y el pueblo, y la coordinación y centralización de las luchas dispersas, es una necesidad urgente pues la situación demanda soluciones que no pueden esperar. La dinámica de los actuales conflictos viene cuestionando seriamente la política conciliadora de la izquierda reformista y las centrales, reclamando una política de movilización. La incorporación de otros sectores en lucha plantea la posibilidad de retomar la gesta de la rebelión del sur, con nuevos actores en Lima y en varios lugares del país, sumando a las sentidas demandas sociales alternativas obreras y populares al plan neoliberal y a su podrida democracia, incluso defendiendo la demanda popular por una asamblea constituyente.

La lucha del sur: dos años de impunidad e injusticia

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Por Miguel Reyes

Se conmemoró el 2do aniversario de la masacre del gobierno de Dina en Juliaca y en toda la región sur, y con esto el recuerdo de la lucha histórica y política más importante de las últimas décadas. Una heroica batalla que necesita nuevamente ser discutida y evaluada para sacar las mejores lecciones y retomar la movilización por las justas banderas que levantó esa rebelión.

El recuerdo de las víctimas se mantiene  

Al cumplirse dos años de los trágicos sucesos entre diciembre de 2022 y enero de 2023 que dejaron decenas de muertos, incluidos dos menores de edad, se celebraron en Puno y en otras regiones del sur. Durante estas jornadas, sobrevivientes, deudos, activistas y ciudadanos se unieron en emotivos plantones, misas, vigilias y marchas para exigir justicia y recordar a las víctimas.

El episodio trágico de los más de 60 asesinados por disparos con armas de fuego según los certificados de la necropsia, cumple dos años de impunidad, formando parte de las decenas de casos, como el de Inti y Bryan que aún esperan justicia, a causa de la durísima represión que los gobiernos de turno de las dos últimas décadas han aplicado con el apoyo de las leyes y del régimen “democrático” que tanto defiende el empresariado.

El Estado no garantiza justicia

Pasaron dos años y aún continúan lentamente las investigaciones por el delito de homicidio y lesiones en las protestas del sur. Y los altos mandos, incluyendo al gobierno, siguen, como era de esperarse, intentando lavarse las manos y acusándose mutuamente.

La declaración de hace algunos días del general del Ejército peruano es una prueba de ello: “Desde ahí nace la orden (de Dina Boluarte), y la orden tiene que ser bien emitida para que llegue hasta el último soldado, que es el nivel táctico, y se pueda cumplir la misión…” Así como la de Dina en una entrevista: “Los ministros ni la presidenta tenemos comando para decidir sobre los protocolos que las Fuerzas Armadas o la Policía Nacional tienen”. No obstante, todos ellos son responsables, puesto que se sabe muy bien que, según la misma Constitución, quien dirige el sistema de defensa es el presidente, y quien aplica y monitorea directamente los conflictos internos son los altos mandos militares y policiales.

Hay aún mucha incertidumbre por parte de los familiares y amigos, que saben que dicha denuncia e investigación al final podría ser archivada o, en el mejor de los casos, tardar años para una sentencia paupérrima, sabiendo aún más que en las dos últimas décadas no se ha condenado a ningún presidente por ese tipo de delitos, como el que se le imputa a Dina Boluarte. Además, por la gran corrupción en todo el sistema judicial, que ahora está a punto de archivar la denuncia contra Keiko y también la prisión preventiva contra Cerrón.

Las demandas del sur siguen vigentes

La gran lucha del sur que fue aplastada por la represión del gobierno corrupto de Dina levantó banderas que están más que vigentes. El cambio del actual régimen político podrido por medio de una Asamblea Constituyente que recupere los recursos naturales del país y saque a las actuales autoridades de sus cargos fue una de sus demandas más importantes, puesto que expresaba el sentimiento general de rechazo que aún se mantiene tanto al Congreso como al Gobierno, instituciones a los que solamente les preocupa sus propios intereses y la economía de los medianos y grandes empresarios, formales e informales. De ahí que dicha situación la estén aprovechando muy bien empresarios como Belmont para atacar y despedir obreros del sindicato Celima.

Aquella rebelión tenía dicho trasfondo y no simplemente una simpatía hacia Castillo que, a pesar de que no había hecho casi nada para cumplir las promesas con las que salió ganador en las elecciones del 2021, tenía cierto respaldo y simbolizaba la esperanza por un cambio para los millones de pobres, especialmente de las zonas altoandinas. Es por eso que necesitamos recuperar nuevamente la confianza y la organización para pelear contra un Gobierno que defiende los intereses empresariales y a corruptos, y que es sostenido por un Congreso de la misma calaña. Unir esa lucha con los que hoy luchan en las calles por la reposición de sus empleos, la solución a sus pliegos de reclamo y una mejor calidad de vida es una tarea impostergable.

Construir una salida obrera frente a la criminalidad

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Por Víctor Montes

¿Qué hay tras la ola de violencia criminal que ya deja 106 asesinatos en los primeros 20 días de este 2025, y 50 ataques con explosivos en ese mismo periodo? ¿Qué podemos hacer los trabajadores y el pueblo, ante la evidente incapacidad del gobierno para hacer frente a esta problemática?

El llamado “crimen organizado” no es otra cosa que un conjunto de grandes negocios, que han venido creciendo con el pasar de los años.

Esos negocios, ilegales y sumamente rentables, requieren del control de extensiones del territorio nacional para explotar, extraer y exportar su mercancía o, en el caso de la extorsión, imponer su voluntad.

De ahí que desarrollen sus propias fuerzas armadas, contratando sicarios y realizando atentados, cuando no, disputando bala a bala el control del territorio a otras bandas o al Estado.

Un Estado en plena fusión

Pero para que esta guerra por el control del país se desarrolle, también una parte de las autoridades deben adaptarse al poder el crimen. Por un lado, oficiales de la policía y las FF.AA. deben “mirar a otro lado” o directamente entrar al negocio, protegiendo las zonas de producción o transporte.

Por otro, comisarios, jueces, fiscales, regidores, alcaldes, congresistas, ministros y presidentes… todos se encuentran al alcance del dinero que estas bandas criminales manejan para proteger sus intereses. No debe sorprendernos, por eso, que un representante directo de la minería ilegal, como Eduardo Salhuana, sea presidente del Congreso de la República. O que diversas bancadas en el Congreso hayan contribuido a debilitar la ya ineficaz legislación que existe sobre este tema, reformando la Ley de crimen organizado en beneficio de las bandas criminales.

De ahí que el Estado se muestre completamente incapaz de encarar esta problemática.

Nadando en el lodo

En este marco, mientras la gran patronal convive con los negocios ilegales, en tanto estos no se metan con sus negocios, los sectores más pobres de la población, esos que el modelo económico neoliberal mantiene al margen, sin trabajo fijo, y condenado a la mera supervivencia, toma el camino de convertirse en agente a sueldo del crimen organizado y así encontrar una fuente de ingresos, a veces por encima del promedio, al costo de poner en riesgo su vida, o acabar con la de otros.

Es la combinación de enormes negocios ilegales, protegidos en los hechos por un Estado corrupto y al servicio de las ganancias capitalistas, lo que empuja a la población más pobre a esta salida desesperada. Y por eso el Estado se muestra absolutamente incapaz de hacer frente a este flagelo, no importa cuántos “estados de emergencia” declare.

¿Cuál es la salida?

La respuesta que un sector de trabajadores informales, ligados al transporte y al comercio, comenzó a dar en 2024, al convocar a acciones de lucha, movilizaciones y paros, es una experiencia que abre una perspectiva a la lucha contra el crimen. Sin embargo, ante la falta de un programa claro, esa misma movilización corre el riesgo de caer en manos de aventureros autoritarios que intenten ganar el gobierno levantando propuestas como la “pena de muerte” o “deportación” de criminales.

Medidas que buscan fortalecer al aparato represivo del Estado, que solo ha demostrado ser capaz de asesinar a quienes protestan, mientras el fracasan una y otra vez con la declaratoria de estado de emergencia.

La salida se encuentra en el terreno de la organización y movilización del pueblo pobre y trabajador, contra la entrega del país a los grandes empresarios, “legales” o “ilegales”, para garantizar trabajo y salarios dignos para todas las personas, y por otro lado, contra el accionar del crimen organizado, conformando rondas urbanas o comités de autodefensa en barrios y centros de trabajo, que tomen en sus manos la labor de la policía, que se ha demostrado absolutamente incapaz frente al ascenso de la criminalidad.

Esas rondas o comités, deberán utilizar las armas de la policía y las FF.AA. para, en forma colectiva, tomar en sus manos la defensa de la vida del pueblo pobre y trabajador.

Para esto, la clase trabajadora no tiene otro camino que su movilización unificada. El paro anunciado por un sector de transportistas muestra un camino que solo podrá ser aprovechado y es la clase obrera, con sus organizaciones de combate, la que se pone al frente, levantando una salida para este flagelo.

Ante este problema, como en todo lo demás, los trabajadores y trabajadoras, así como el pueblo pobre del campo y la ciudad, no podemos confiar más que en nuestras fuerzas y movilización.