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¡Todos con el Paro de choferes del 10 de abril! ¡Ni un chofer asesinado más! ¡Paro nacional!

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Partido Socialista de los Trabajadores

Desde las primeras horas de la mañana, el paro de choferes se ha hecho sentir con fuerza en Lima y Callao. 

Más de 460 líneas de transporte han paralizado actividades, bajo la demanda de sus choferes, víctimas cotidianas de los asesinatos que perpetran las bandas criminales como represalia contra las empresas extorsionadas.

El hartazgo es justificado, porque tal como pasó durante la pandemia, somos los trabajadores, trabajadoras y el pueblo pobre, los que ponemos los muertos.

Pero el Paro no solo denuncia la violencia criminal y exige un alto a los asesinatos. También denuncia la responsabilidad del gobierno incapaz de Dina Boluarte y el Congreso corrupto y reaccionario, que poco o nada han logrado contener la ola de criminalidad con la declaratoria del “Estado de emergencia”, y por el contrario, han debilitado el sistema de investigación fiscal, y relajado las leyes existentes contra el crimen organizado.

El pueblo trabajador se siente solidario con el paro de los choferes, más allá de las dificultades que la medida de fuerza significa para llegar a los centros de trabajo, pues la clase trabajadora es consciente de la imprescindible labor social y económica de los trabajadores de transporte, y tal como ellos, quiere salir a trabajar sin temor a ser asesinados durante su jornada laboral.

Desde el Partido Socialista de los Trabajadores, nos sumamos a la solidaridad con la medida de fuerza de los choferes de Lima y Callao. Y llamamos al conjunto de la clase trabajadora a sumarse a esta lucha contra el crimen organizado, que por fuerza, es una lucha contra el gobierno de Boluarte, el Congreso y el Poder judicial, intervenidos hasta los huesos por las bandas criminales que tejen sus redes de poder en base a la compra de autoridades.

¿Qué es y por qué crece el crimen organizado?

Como hemos dicho antes, el crimen organizado está formado por verdaderas empresas capitalistas, donde hay “dueños”, “gerentes”, “capitanes” y “soldados”. Y donde para garantizar sus ganancias, imponen su ley sobre porciones del país y la ciudad, por la fuerza de las armas y del dinero, con el que compran autoridades (comisarios, oficiales, jueces, supervisores municipales…) que “miran para otro lado” mientras extorsionan, trafican y matan. Como dicen las propias bandas de extorsionadores, de nada vale denunciar, porque “la policía está con ellos”. 

Bandas que encuentran el caldo de cultivo perfecto para su desarrollo en el modelo económico neoliberal, que saquea nuestros recursos, super explota cuando no despide a la clase trabajadora, y arroja a la población a condiciones de miseria (cabe recordar que entre 9 y 10 millones de peruanos y peruanas nos encontramos bajo la línea de la pobreza monetaria y otros 9 a 10 millones, son vulnerables a caer bajo esa misma línea en cualquier momento).  Así, el capitalismo neoliberal produce potencial carne de cañón para el crimen organizado. Por eso, el Estado patronal, que sostiene el modelo económico, y la criminalidad resultan inseparables.

Necesitamos un Paro Nacional

Por todo esto, el Paro, respuesta genuina de los trabajadores del transporte, es el único que abre paso a una lucha real contra el crimen organizado. Cabe recordar que fue la movilización del 21 de marzo la que impuso realmente la censura del corrupto ex ministro del interior, Juan José Santibañez. 

Sin embargo, en ese marco, las dirigencias de la clase trabajadora, como la CGTP, brillan una vez más por su ausencia. ¡Urge que la CGTP se disponga a unificar las luchas de todo el pueblo trabajador, contra la violencia criminal, pero también contra los ceses colectivos, por un aumento general de salarios y un largo etc.! Y esta unidad solo se puede lograr convocando a un Paro Nacional obrero, popular y de combate, contra Boluarte y el Congreso, por su caída inmediata, ya que hoy son los principales obstáculos para hacer frente a la criminalidad y a los problemas urgentes que se ciernen sobre el país.

Un programa de clase contra la violencia criminal

Sin embargo, desde un punto de vista de clase, debemos ser claros: el Estado patronal no puede terminar con la criminalidad, pues defiende los intereses del capital, que necesita de nuestra miseria para hacer ganancias, propiciando el desempleo, la precariedad y la lumpenización de sectores de la clase obrera y el pueblo.

Somos los trabajadores y trabajadoras del país, junto al pueblo pobre del campo y la ciudad, quienes tenemos la ardua tarea de acabar con el crimen organizado, como parte de nuestra lucha por acabar con el poder del capital, a partir de nuestra acción combativa y autoorganización.

Por eso proponemos:

1. Poner en discusión de nuestras organizaciones (sindicatos, asambleas barriales, frentes de defensa, etc.) la organización de rondas y comités de autodefensa urbanas que, junto a las rondas campesinas, combatan la acción de la criminalidad.

2. Exigir que el Estado proporcione armamento para dichas rondas y comités, y que éstas reemplacen en todas partes a la policía en el resguardo de la seguridad ciudadana y el combate al crimen.

3. Contra la “justicia” patronal y corrupta, conformar tribunales populares, que sumariamente juzguen y sentencien a los criminales, incluídos los criminales del Estado (corruptos, asesinos y extorsionadores), desde un policía hasta un presidente.

4. Y para cortar de raíz el caldo de cultivo de donde la criminalidad arranca a un sector de la juventud pobre para convertirla en sicaria, es imprescindible garantizar trabajo para todos y todas, prohibir los despidos, reponer a todos los despedidos y despedidas, dividir la jornada laboral entre todas las personas con necesidad de trabajar, garantizando salarios iguales al costo de la canasta básica de consumo.

Esta es la ardua tarea que tenemos entre manos, para dejar de morir a manos del crimen, pero también, del hambre y la pobreza, y de la represión que, hasta ahora, solo sirve para mantener al gobierno de Boluarte y al Congreso reaccionario en el poder.

¡FUERA DINA Y EL CONGRESO!

Lima, 10 de abril de 2025

Américo Gómez, ¡presente!… ¡Hasta el socialismo, siempre!

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El día de hoy, jueves 20 de marzo, recibimos la triste noticia del fallecimiento del camarada Américo Gómez, dirigente del PSTU de Brasil y dirigente de la Liga Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional, LITCI.  Sufrió un infarto cuando esperaba el bus a Campinas. Auxiliado por un equipo de emergencia SAMU fue trasladado al hospital de Clínicas donde le dio otro infarto que acabó con su vida.

Américo de 64 años, fue un convencido militante revolucionario que perteneció a una generación de jóvenes rebeldes, cuadros brasileños, que lucharon contra aquellos que proponían la disolución de la Liga Internacional de los Trabajadores y puso sobre sus hombros la mochila pesada de la defensa principista de la LITCI como partido obrero revolucionario mundial. Lo hizo en circunstancias donde la izquierda mundial, incluso trotskista, tras la caída del muro de Berlín, la disolución de la URSS y la propaganda imperialista mundial del “triunfo del capitalismo”, revisaban el legado de Marx, Engels, Lenin, Trotsky, la Oposición de Izquierda; y de Nahuel Moreno, fundador de la LITCI.

Convencido de sus profundos ideales socialista revolucionarios e internacional, no solo dio su batalla en su partido el PSTU de Brasil, también ayudó a centenares de militantes de otros países como Argentina, Colombia, Centroamérica, y Perú por supuesto.

Américo, como dirigente de la Internacional, la LITCI, estuvo con nosotros en febrero de 2023, en la plaza 2 de Mayo, durante el estallido revolucionario de las regiones del sur que luchaban por la caída de la asesina y odiada presidenta Dina Boluarte, el cierre del corrupto Congreso controlado por los partidos de la derecha y la Confiep y por una nueva Constitución. Era de los dirigentes que no solo aconsejaba con sus ideas y experiencia a los obreros del partido, sino principalmente era un dirigente de acción, de concurrir a las batallas callejeras que libraran los compañeros de las regiones del sur en Lima.

Hoy ya no estás con nosotros. El dolor y la tristeza que nos deja tu pronta partida nos embarga, pero con el puño en alto te rendimos homenaje camarada Américo y seguiremos en la lucha siguiendo tu ejemplo y entrega revolucionaria.

¡Camarada Américo Gómez, presente!

¡Hasta el socialismo, siempre!

¡El pueblo trabajador sabe que no puede esperar nada del Estado de emergencia decretado por la asesina Boluarte!

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¡Unir las luchas en un Paro Nacional contra el gobierno, la patronal, los despidos y el crimen organizado!

La declaratoria de estado de emergencia por 30 días en Lima y Callao, por el gobierno de Dina Boluarte, es una medida impotente frente al crimen organizado y los constantes asesinatos que desde hace un tiempo se ciernen sobre la población. Así lo demostraron los fracasados “estados de emergencia” decretados el año pasado en 13 distritos de Lima metropolitana y Ventanilla, en el Callao.

Tal como nos manifestamos entonces, la presencia de las fuerzas armadas en las calles, así como la suspensión del derecho a la libertad de reunión, al libre tránsito, la inviolabilidad del domicilio y al respeto a nuestras garantías individuales, no han logrado combatir y mucho menos eliminar las extorsiones y el sicariato al servicio del crimen organizado. Nada más en el primer día de la declaratoria, 14 nuevos asesinatos se produjeron en las calles de Lima a manos de sicarios.

Todo lo contrario, el Congreso corrupto y reaccionario, así como el gobierno asesino, han debilitado sistemáticamente el marco legal con el que el Estado persigue a las organizaciones criminales, modificando y convirtiendo en caricaturas herramientas legales como los allanamientos, la prisión preliminar, la extinción de dominio, que permite al Estado embargar los bienes de quienes son investigados por corrupción, narcotráfico, etc. para asegurar el pago de la reparación civil, etc.

Pero sobre todo, tanto Boluarte como el Congreso son responsables por la continuidad del modelo económico neoliberal, que junto a las enormes ganancias capitalistas, acrecienta la pobreza de la enorme mayoría del pueblo trabajador, arrojándolo a las garras de la criminalidad. ¡Solo entre la juventud, un millón y medio de peruanos y peruanas no tiene posibilidad de estudiar ni de trabajar! 9 millones de peruanos y peruanas nos encontramos bajo la línea de la pobreza monetaria y otros 9, son vulnerables a caer bajo esa misma línea en cualquier momento. Así, el capitalismo neoliberal produce potencial carne de cañón para el crimen organizado.

No debemos confundirnos, el crimen organizado no tiene nada que ver con el carterista o “fumón” que roba en los barrios. Las organizaciones criminales que extorsionan y asesinan, son verdaderas empresas capitalistas que realizan sus negocios por fuera de la Ley Y donde hay una empresa ilegal (narcotráfico, minería, tala, pesca, trata de personas…), hay autoridades que se venden para “mirar a otro lado”. Muchas veces, esas autoridades se encuentran en el Congreso o en el Ejecutivo, como sucede con Eduardo Salhuana, actual presidente del Congreso, ligado a la minería ilegal.

Por eso, de fondo, el Estado peruano, arrodillado a los intereses de las grandes empresas (legales e ilegales), no puede hacer nada contra la criminalidad. Y por el contrario, utiliza los poderes que le otorga la Constitución, como el declarar “estados de emergencia” y suspender derechos fundamentales, para reprimir a quienes luchan con violencia y autoritarismo.

No es casual que esta nueva declaratoria se produzca cuando, el pasado 13 de marzo, una importante movilización obrera recorriera las calles del centro de la capital denunciando el “paquetazo” anti laboral que pretende imponer el gobierno. Movilización que, además de denunciar el intento de eliminar la Compensación por Tiempo de Servicios y las gratificaciones de julio y diciembre, puso sobre la mesa el problema de los ceses colectivos, con los compañeros del Sindicato Celima al frente, dando ejemplo de lucha tras más de 200 días sin salarios.

Su plan de lucha y resistencia es un ejemplo para toda la clase obrera, y hoy, corre el riesgo de ser reprimido por la declaratoria del estado de emergencia. Estamos seguros que la patronal de Celima, encabezada por Augusto Belmont Cassinelli, agradece el favor del gobierno.

Pero no es solo el Sindicato Celima y la lucha contra el paquetazo anti laboral lo que asoma. En el Cusco las organizaciones de lucha del pueblo acaban de aprobar una huelga indefinida desde el 3 de abril, demandando la construcción del Gasoducto al Sur. Por su lado, la Macro Región Sur aprobó una Jornada de Lucha para el 10 de abril contra el inicio de la construcción de Tía María y en apoyo a la demanda del Cusco. Todo, en un momento en que se agrava la crisis del gobierno con la ruptura de la alianza del Congreso que sostiene al gobierno, que pide la renuncia del ministro del interior Santivañez, precisamente por el fracaso del combate a la criminalidad; situación que deja bastante frágil a Boluarte. Situación que pone a la orden del día la convocatoria urgente a un Paro Nacional por la dirigencia de la CGTP y las distintas organizaciones de lucha del pueblo pobre para unir la movilización.

Por eso, para nosotros, desde el Partido Socialista de los Trabajadores, no hay duda que a los únicos que beneficia el “estado de emergencia” es al gobierno, a los partidos del Congreso y a los empresarios, que quisieran mantener al pueblo pobre y trabajador con la cabeza abajo. Y por eso, además de denunciar la medida adoptada por Boluarte y compañía por incapaz, alertamos el riesgo de caer en la tentación de creer que frente a la criminalidad, lo que se necesita es “mano dura” por parte del Estado. Esta lógica solo puede llevarnos directo a las manos de un nuevo dictador.

La salida de fondo al problema de la criminalidad, solo puede venir de la lucha y organización obrera y popular. De la formación de comités de autodefensa o rondas urbanas que reemplacen a la policía corrupta y a las propias fuerzas armadas en la lucha contra las bandas criminales. 

Pero también, de la lucha por garantizar trabajo estable y salarios iguales a la canasta de consumo para todos y todas. Lucha que solo puede encabezar la clase obrera y que, junto a la demanda de fin a los ceses colectivos, aumentos salarial, no al inicio de la explotación de Tía María, como viene levantando el pueblo del Valle de Tambo, cárcel y sanción ejemplar a los responsables de las masacres en Ayacucho y Juliaca, y un largo etc., debe unir a todos los trabajadores y trabajadoras, y al pueblo pobre del país, contra este gobierno asesino, el Congreso corrupto, y el modelo económico neoliberal que solo “chorrea” miseria y crimen.

19 de marzo de 2025

Ministerio de Trabajo ratifica despido masivo en contra trabajadores de Celima

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Por Partido Socialista de los Trabajadores

Ayer, 18 de marzo, el MINTRA emitió una segunda resolución ratificando el cese colectivo en Celima. Lo hizo de la misma manera que la vez anterior, mientras el sindicato se movilizaba, como si dijera: «No importa lo que hagan; aquí (en el ministerio) manda la patronal».

El atropello, que busca dejar en la calle a 119 familias obreras, no tiene precedentes.

La corporación Celima, propiedad de la familia Belmont Cassinelli — la del “hermanón” Ricardo Belmont que se prepara para postular a la presidencia de la República— no está en crisis. La empresa goza de buena salud. Lo que realmente busca con los despidos masivos es acabar con el sindicato y los derechos que este logró conquistar en 20 años de lucha.

Este atropello es una muestra de la nueva normalidad que vivimos los trabajadores en el país. Lo mismo ocurre en muchas empresas, donde, bajo la misma modalidad, se vienen aplicando despidos masivos. En algunos casos, ni siquiera aceptan negociar los pliegos de reclamos, aun cuando los sindicatos realizan huelgas que superan los 100 días.

Y ahora, incluso, quieren desaparecer la Compensación por Tiempo de Servicios (CTS) y las gratificaciones. Que la autoridad, ante esto, solo convalide lo que hace la patronal —incluso utilizando a la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral (SUNAFIL), que en el caso de Celima acudió a recoger “pruebas” en la oficina de la gerencia— no debe sorprender a nadie. Estamos bajo un gobierno reaccionario, el gobierno de Boluarte, impuesto por la CONFIEP.

Los compañeros de Celima saben a lo que se enfrentan y han respondido de la única forma que lo hace un sindicato consciente: luchando con todas sus fuerzas, en una acción que es un ejemplo de cómo se defienden los derechos obreros. Sin embargo, también saben que el resultado final no depende únicamente de ellos ni de sus acciones legales, como lo muestran ahora las resoluciones emitidas por el ministerio de trabajo. Saben que, en gran medida, el resultado final depende de cambiar la correlación de fuerzas, de salir del aislamiento de su lucha y de involucrar a la clase obrera a través de la 𝐅𝐄𝐓𝐑𝐈𝐌𝐀𝐏 y la 𝐂𝐆𝐓𝐏. Por eso, los compañeros no se han cansado en llamar a toda la base obrera a la lucha unida y en exigir a estos organismos un plan de lucha y un Paro Nacional.

Pero, ¿quién convence a los señores que dirigen estos organismos? ¿A esos dirigentes dedicados por completo a rutinas legales, como el Dr. Gilmer Ibáñez Meléndrez, quien también es secretario general de la FETRIMAP, y que ciegamente depositan confianza en instituciones como el ministerio de trabajo y en el “diálogo”? Al contrario, estos señores, cuando escuchan estos llamados y críticas desde las bases, se incomodan y atacan a quienes las expresan. Sin embargo, gracias a esos insistentes llamados, y a pesar del papel burocrático y legalista de esos dirigentes, se ha logrado concientizar a un sector de las bases sobre la grave problemática actual y la necesidad de luchar unidos. Esto ha dado lugar a algunas movilizaciones importantes, como la del 13 de marzo frente al Palacio de Gobierno.

Pero ahora queda claro que ni siquiera estas movilizaciones son suficientes, ya que los ataques continúan. Esto es lo que vemos en Celima: a pesar del inmenso esfuerzo de los trabajadores y de las movilizaciones realizadas en su apoyo, el ministerio de trabajo ratifica su descarada decisión patronal.

La lección de todo esto resuena como un grito en los oídos de todos: para frenar el abuso que se pretende consumar en contra los trabajadores de Celima se necesita la acción inmediata, unida y decidida de la clase obrera . Se necesita un Plan de Lucha Unido y un Paro Nacional. Se necesita que la FETRIMAP y la CGTP dejen de lado sus poses y visitas infructuosas al MINTRA y al Palacio alimentando falsas expectativas, mientras se sigue ratificando los despidos. 

Y que nadie tenga dudas: luego de Celima vendrán más ceses y ataques, que ya no se podrán parar. Los compañeros de Celima siguen luchando con determinación porque, conscientes de que les asiste toda la razón, buscan transmitir el mensaje de que los derechos no se regalan ni se negocian, por el contrario, se defienden

Lo que queda es esperar que los dirigentes y activistas de base presionen a las dirigencias de la FETRIMAP y la CGTP para que, de una vez por todas, acuerden ya un Plan de Lucha y un Paro Nacional. Esto es necesario para defender a los compañeros de Celima, para poner fin a la ley de ceses colectivos, para establecer sanciones a las empresas que se burlan de la negociación colectiva y para anular el Proyecto RIE que busca dar un nuevo golpe antiobrero eliminando el CTS y las gratificaciones.

Revirtamos el golpe a los compañeros de Celima con la acción unida de la clase obrera

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Los trabajadores de Celima han recibido un duro golpe. Después de 200 días de lucha incansable contra el proceso de cese colectivo iniciado por la empresa, y a pesar de los numerosos y contundentes argumentos que les daban esperanza en una resolución favorable, la autoridad resolvió a favor de la empresa. La decisión se tomó dos días antes de que se venciera el plazo, justo cuando los trabajadores estaban desarrollando su plan de lucha, como si se quisiera enviar un mensaje claro: “hacemos lo que queremos”.

La resolución cayó como una bomba sobre la clase trabajadora y sus dirigentes, quienes habían depositado sus expectativas en la justa lucha de los compañeros de Celima. Lo mismo ocurrió con los dirigentes de la Fetrimap y la CGTP, quienes durante todo este tiempo han fomentado la confianza en el Ministerio de Trabajo y han confiado ciegamente en sus “abogados”. Gilmer Ibáñez, dirigente de la Fetrimap y abogado del sindicato, intentó restarle importancia al hecho afirmando que “la resolución es culpa de una funcionaria nueva”. Como si un empleado recién llegado pudiera tomar decisiones sin la aprobación de sus superiores.

La única explicación plausible es que estamos ante una decisión política del ministerio. El problema de Celima no es un caso aislado. En estos mismos días, se ha iniciado otro cese colectivo en Owens Illinois, otra base de la Fetrimap, lo que ha llevado a Gilmer Ibáñez a hablar de “una ola de ceses colectivos”, ahora que estos superan el centenar. Varios sindicatos no encuentran solución a sus pliegos, incluso después de más de cien días de huelga. Para colmo, el propio Ibáñez ha informado que el ministerio está preparando un nuevo paquete de medidas antilaborales.

No cabe duda: todo esto forma parte de una política empresarial concertada que, con el apoyo del gobierno de Boluarte, busca debilitar a las organizaciones de trabajadores e imponer medidas de sobreexplotación. No es culpa de una funcionaria ni del ministro Daniel Maurate, quienes simplemente son empleados de un gobierno al servicio de los intereses empresariales.

El problema se hace aún más evidente al analizar el caso de Celima. La empresa justifica el cese colectivo alegando “exceso de personal” y la necesidad de “recuperar eficiencia”, basándose en un peritaje que ella misma pagó (o, mejor dicho, compró). Frente a esto, los trabajadores han demostrado que estas justificaciones son falacias destinadas a encubrir el verdadero objetivo: destruir su sindicato. Han presentado pruebas contundentes que demuestran, entre otras cosas, que:

  • No hay “exceso de personal”, sino todo lo contrario. La falta de mano de obra es tal que muchos trabajadores se ven obligados a extender sus jornadas para completar las tareas. Incluso, algunos trabajadores en “cese” siguen laborando debido a la escasez de personal. Además, en 2023 la empresa ya despidió a cerca de 300 trabajadores mediante la compra de renuncias.
  • La empresa está clasificando como “excedentes” a trabajadores sindicalizados, dirigentes, aquellos con entre 25 y 35 años de servicio y quienes tienen restricciones de salud. Esto constituye una discriminación flagrante que viola derechos fundamentales.
  • Los balances de la empresa muestran ganancias, no pérdidas. En 2022 y 2023, la empresa obtuvo ganancias exorbitantes (con un crecimiento del 60%), y en el último año solo ha experimentado una disminución en sus márgenes de utilidad.

La empresa no ha respondido a ninguno de estos argumentos. En las tres reuniones de “conciliación” en el ministerio, la empresa envió a abogados que no dieron respuestas concretas, ya que ni siquiera conocían la ubicación de la fábrica. Su único argumento fue insistir en que los trabajadores aceptaran el retiro voluntario.

¿Y qué hizo el Ministerio de Trabajo? Nada. No investigó, no tomó nota de los descargos y denuncias de los trabajadores. Simplemente copió y pegó las razones de la empresa para emitir su resolución. Parece increíble, pero así fue.

La actitud patronal no es nueva. La empresa ya había incumplido una resolución anterior y ni siquiera pagó los salarios adeudados. ¿Y qué hizo el Ministerio de Trabajo? Nada.

Esta es la realidad que enfrentan los trabajadores de Celima: la prepotencia de su empleador, el Grupo Belmont Cassinelli, avalada por el Ministerio de Trabajo. Los trabajadores, confiados en que las autoridades actuarían con independencia y justicia, y en la pericia de sus abogados, no pueden creer lo que está sucediendo. Los dirigentes de la Fetrimap ahora alegan que hay una influencia nefasta de los estudios de abogados patronales sobre el ministerio, intentando desviar la protesta hacia ellos.

Pero, nuevamente, el problema no son los abogados. El verdadero responsable es el gobierno de Boluarte, un gobierno servil a la CONFIEP, que dicta la política del Ministerio de Trabajo. La gran patronal, que utilizó este gobierno para vacar a Pedro Castillo y reprimir las protestas en el sur andino, ahora lo usa para desarticular las organizaciones obreras y recortar los derechos laborales, incluso amenazando con un nuevo paquetazo antilaboral.

Es más: es de interés de los empresarios que el golpe a los compañeros de Celima se consuma, así sentirá más confiado para seguir actuando con impunidad contra los sectores que luchan y resisten.

Este es el contexto en el que luchan los compañeros de Celima. Si hasta ahora su lucha ha sido difícil, ahora lo será aún más, pues revertir una resolución adversa no es tarea sencilla.

Los compañeros se preparan para presentar apelaciones bien fundamentadas y para nuevas movilizaciones. Sin embargo, lo sucedido con la primera resolución deja claro hacia dónde sopla el viento.

Por ello, lo determinante será el apoyo que reciban de la clase trabajadora. Hasta ahora, los compañeros han luchado solos, como muchos sindicatos que enfrentan huelgas de más de 100 días sin encontrar solución a sus pliegos. Esto se debe a que la política de las direcciones de la Fetrimap y la CGTP ha sido que cada quien resuelva sus problemas por separado, mientras la CONFIEP y el Ministerio, con el respaldo del gobierno, actúan en conjunto.

Los compañeros de Celima entienden que su lucha es la de todos los trabajadores. Han señalado que la ley de ceses colectivos, cuya aplicación se expande como una mancha negra, debe derogarse mediante la lucha unida. Han llamado a la Fetrimap y CGTP a un plan de lucha y a un paro nacional. Sin embargo, hasta ahora solo han logrado arrancar de ellos una o dos movilizaciones modestas que no han tenido impacto.

El problema radica en las direcciones de la Fetrimap y la CGTP, que depositan su confianza en las autoridades y ocultan la responsabilidad central del gobierno. Sus marchas, convocadas de vez en cuando, solo sirven como un desahogo del descontento.

Estas direcciones son las principales responsables del retroceso y las derrotas que enfrentan diversos sectores de la clase trabajadora y los sectores populares, a pesar de sus luchas heroicas. Lo mismo ocurrió con el levantamiento del sur en 2022-2023, y ahora le está pasando al combativo sindicato de Celima.

No hay duda de que los compañeros de Celima seguirán luchando hasta el final. Son conscientes de la justeza de su causa, de las condiciones adversas que enfrentan y del papel de las direcciones, a quienes siempre han cuestionado. Su fortaleza radica en su convicción de clase: los derechos no se negocian ni se regalan, se defienden.

Desde los sectores más avanzados de la clase obrera y el pueblo, es urgente brindarles apoyo y construir la lucha unida que se necesita. Y a la CGTP y la Fetrimap, exigirles más que nunca que asuman su responsabilidad y convoquen y preparen ya un Paro Nacional Unitario y Combativo.

Magda Benavides: figura histórica del feminismo clasista y revolucionario

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Con motivo de la próxima celebración del Día Internacional de la Mujer, recordamos y rendimos homenaje a Magda Benavides, referente histórica de la lucha por el socialismo y por la liberación de la mujer en nuestro país.

Escribe Federico Romero

El 26 de julio de 1978, se llevó a cabo la juramentación de los miembros elegidos para integrar la Asamblea Constituyente, convocada tras la decisión de las Fuerzas Armadas de retirarse del poder, acorraladas por un fuerte ascenso revolucionario que mantenía al país en vilo. Cuando le llegó el turno a Magda Benavides Morales, militante del POMR y elegida en la lista del FOCEP, esta, erguida y con el puño en alto, exclamó con firmeza: 

“Juro por la revolución socialista, por los trabajadores del Perú y sus reivindicaciones, por la emancipación de la mujer y del proletariado internacional”. [1]

El pleno y la tribuna, repletos de damas de la alta sociedad y personalidades encopetadas de la burguesía y sus partidos tradicionales, quedaron estupefactos. Jamás habían escuchado algo semejante; para ellos, aquello era puro “bolchevismo”, especialmente viniendo de una mujer. El propio Víctor Raúl Haya de la Torre, presidente de la Asamblea, la miró con asombro.

Así era Magda Benavides. En su breve proclama ante lo más representativo de la democracia burguesa reunida aquel día, dejó claro su compromiso como constituyente elegida por el voto de trabajadores y trabajadoras, en su triple condición de mujer, lideresa sindical y militante revolucionaria trotskista. Tenía 34 años cuando llegó a esa tribuna, y con el tiempo, su figura se consolidaría como la más destacada representante femenina que ha tenido, hasta hoy, la corriente marxista revolucionaria en la historia del Perú.

Magda ingresó a trabajar muy joven al Banco de Crédito del Perú en 1962, la institución financiera más importante del país. Allí inició sus primeros pasos como activista por los derechos de los trabajadores. En 1966, se integró al Movimiento Renovación (MR), una corriente sindical clasista formada en oposición al APRA, que controlaba el Centro Federado, la Federación de Empleados Bancarios y la misma central sindical. Ese mismo año, conoció a Luis Bordo Carmona, fundador y dirigente del movimiento. Ambos se enamoraron, formaron una familia y se convirtieron en una dupla militante de primera línea que se ha mantenido hasta hoy.

El Movimiento Renovación era promovido por militantes de Vanguardia Revolucionaria (VR). “Luis Bordo C., Magda Benavides, Abraham Larrea, Juan Noriega, con Jorge Villarán, fundamos el primer círculo bancario de VR en 1966, en un café al lado del Cine Roma”, recordará Luis Bordo. [2] Vanguardia, liderada por Ricardo Napurí —formado en el trotskismo argentino—, era una amalgama con grupos afines al castrismo y al maoísmo. En aquella época, bajo la influencia de la Revolución Cubana, surgían fuertes organizaciones a la izquierda del viejo stalinismo (los partidos comunistas), que colaboraban con gobiernos militares y burgueses. En 1971, en una celada fraccional orquestada por los grupos castristas y maoístas, Napurí fue expulsado de la organización bajo la acusación de “trotskista”, junto con todos quienes se solidarizaron con él. Este grupo, que incluía a Magda y Luis, proclamó en enero de ese año la fundación del Partido Obrero Marxista Revolucionario (POMR), de filiación claramente trotskista.

El grupo bancario de Magda y Luis asumió la dirección del Centro Federado del Banco de Crédito en 1970, manteniéndose al frente por casi 20 años, con el apoyo mayoritario de la base trabajadora, en reconocimiento a su dedicación, entrega y transparencia. Desde el POMR, constituyeron la Tendencia Clasista Revolucionaria (TCR), que ganaría afiliados en el sector sindical bancario a nivel nacional, y extendería su influencia al movimiento obrero industrial, como Moraveco e Inresa. Magda ocupó cargos como delegada nacional de la Federación de Empleados Bancarios del Perú y secretaria general del Centro Federado del Banco de Crédito en varios periodos, proyectando su figura hacia el conjunto del movimiento sindical.

Los bastiones sindicales del POMR desempeñaron un papel protagónico en las luchas contra la dictadura militar de Francisco Morales Bermúdez, desde su instauración en 1975 hasta su retiro en 1980. Varios de sus miembros integraron el Comando Unitario de Lucha, que dirigió el Paro Nacional del 19 de julio de 1977, un evento de características insurreccionales y el más grande de la historia peruana, que forzó a la dictadura a convocar elecciones. Sin embargo, la dictadura respondió con el Decreto Supremo 010-77-TR, que dispuso el despido de 5 mil, trabajadores y dirigentes sindicales, incluidos 8 del Centro Federado del Banco de Crédito. Muchos de ellos, además, serían perseguidos y detenidos bajo acusaciones de subversión. Magda fue encarcelada durante tres meses y Luis sería perseguido durante un año, quedando sus tres hijas al cuidado de sus abuelos.

En mayo de 1978, Magda fue elegida para la Asamblea Constituyente, donde el FOCEP obtuvo la tercera votación nacional, impulsado por la figura de Hugo Blanco. Fue allí donde Magda pronunció su juramento revolucionario, similar al de otros líderes como Hugo Blanco, Ricardo Napurí y Enrique Fernández, mostrando el carácter revolucionario del trotskismo en un espacio dominado por la burguesía.

El momento era de transición política, la dictadura y el APRA buscaban desmovilizar a las masas y conducirlas hacia un nuevo orden democrático burgués. Las elecciones se realizaron con las principales figuras de la izquierda deportadas y sus organizaciones en la clandestinidad. Incluso, ya instalada la Constituyente, se atentó contra la vida de varios de sus miembros. El domicilio de Magda fue atacado con petardos de dinamita. “Felizmente, mis hijas menores (de 7, 5 y 3 años), que se encontraban en casa, solo sufrieron un gran susto. Víctor Raúl Haya de la Torre y el vicepresidente, Luis Bedoya Reyes, enviaron una carta a mi compañera Magda Benavides, rechazando los actos vandálicos”, relataría Luis Bordo. [3]

El objetivo de los revolucionarios era el retiro inmediato de los militares y el establecimiento pleno de las libertades democráticas. La Asamblea, dirigida por el APRA y el PPC, coexistía con la dictadura, por lo que era necesario apoyar las luchas para que sea el movimiento de masas el que lo eche. En 1979, durante una larga huelga del SUTEP reprimida duramente, 32 dirigentes de izquierda, incluida Magda, se declararon en huelga de hambre en la Casona de San Marcos, logrando finalmente una victoria.

El POMR también utilizó su representación parlamentaria para apoyar a los mineros de Cuajone, donde tenían presencia. A iniciativa del partido, una delegación de parlamentarios de izquierda realiza una Asamblea Popular en Moquegua reuniendo a unos 15 mil pobladores de una población total estimada en 40 mil. En la Asamblea se acuerda marchar a la mina, y se inicia una gigantesca caravana hacia ella, ubicada a 70 k y a una altura 3,500 s.n.m. Avanzan hasta un retén que era fuertemente custodiado por tropas armadas. Ahí el oficial al mando les dice: “por órdenes superiores no pueden dar un paso más, de lo contrario, serán detenidos”. Y empezaron los empujones y golpes. “En ese momento apareció Magda Benavides, que empujó al milico hasta hacerlo caer. Antes de que éste reaccionara, los trabajadores que aguardaban tensos en la explanada, corrieron en masa para apoyarnos…” [4]

Así lograron ocupar el centro del campamento minero, donde se formaría el Sindicato de Trabajadores Mineros de Cuajone, que nacería ligado a la dirección política del POMR (luego el PST), permitiéndole jugar un destacado papel de vanguardia en las luchas cruciales del proletariado minero en los siguientes años. Con su gesto valiente, Magda también dejará ahí su sello personal.

En todo este periodo, se mantendrá la lucha por la reposición de los despedidos por el Paro del 19 de Julio, frenada por la conducción burocrática de la dirigencia de la CGTP. Sin embargo, es “con el vigor de Magda, al lado de sus compañeros del Centro Federado”, [5] y con la TCR, que se organiza la lucha base por base. Luego de tres años y 10 meses de persistente lucha, en 1981 se alcanzaría la reposición de los últimos 8 despedidos del Banco de Crédito, entre los que se encontraba la misma Magda Benavides.

En 1980, Magda será candidata a diputada por Lima Provincias, y en 1985 integró la plancha presidencial del PST junto a Ricardo Napurí.

En 1987, enfrentarán otro desafío: la nacionalización del sistema financiero decretada por el gobierno de Alan García. Aunque la medida fracasó, Magda y el PST defendieron la nacionalización sin pago y bajo control obrero, resistiendo la oposición de Izquierda Unida.

En toda esta trayectoria de dos décadas convulsivas, Magda también destacaría en la lucha por los derechos de la mujer. Promovió la sala cuna y la hora de lactancia en el Banco de Crédito, y desde el POMR y el PST, dedicó gran parte de su militancia a la concientización y organización de las mujeres trabajadoras y la juventud. Su postura era clara: “La mujer peruana es doblemente explotada y oprimida. No es cierto que tengamos los mismos derechos que los hombres”, afirmó en la Constituyente. [6]

Tras el fallido intento de nacionalización de la banca, y la derrota de las dos huelgas mineras de 1988 y 1989, se pondría en marcha una ofensiva liberal y reaccionaria, que se consolidaría con la elección de Alberto Fujimori en 1990, cambiando el signo revolucionario de la etapa. En este contexto, la dirigencia clasista del Centro Federado del Banco de Crédito, encabezada por Magda, fue suplantada mediante una acción concertada entre el Partido Comunista – Unidad, la patronal y el gobierno aprista. Solo así, luego de 20 años, se logra sacar a la TCR de la dirigencia del Centro Federado en la cual Magda Benavides era una de sus más importantes expresiones y protagonista excepcional.

Desde 1994, Magda padece una enfermedad que la llevó al retiro, siendo cuidada con amor por su compañero Luis. Aunque ahora postrada, su legado perdura. Este 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer, como todos los años, sus viejos camaradas del PST y militantes de las nuevas generaciones que mantenemos en alto las banderas por la que ella luchó durante dos décadas, la recordamos con profundo orgullo, como un ejemplo de lucha por la revolución socialista y la definitiva liberación de la mujer y la clase trabajadora.


[1]PST. Una Historia heroica construyendo el partido de la clase obrera. Freddy Salazar, 1912.

[2] Ob. Cit.

[3] Testimonio de acción por la revolución. Luis Bordo. 12 de octubre 2012. https://luisernestobordocarmona.blogspot.com/2012/10/testsimonio-de-accion-por-la-revolucion.html

[4] Ricardo Napurí, Pensar América Latina. Crónicas de un militante revolucionario, 2009, Ediciones Herramienta, Argentina.

[5] Testimonio de acción, Ob. Citada.

[6] Diario de Debates de la Asamblea Constituyente 1978. Publicación Oficial. Tomo II. Pág. 121. Citado por Bethsabé Andía Pérez, en “Magda Benavides Morales: luchadora por las mujeres trabajadoras”, publicada el 25 de setiembre de 2018, en el portal Revista Con las Heroínas. https://conlaa.com/magda-benavides-morales-luchadora-por-las-mujeres-trabajadoras/

24, 25 Y 26 de febrero: Nueva jornada de lucha de lucha de los obreros de Celima

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Los días 24, 25 y 26 de febrero, el sindicato de Celima se movilizará nuevamente hacia el Ministerio de Trabajo para exigir el rechazo definitivo del segundo cese colectivo, declarado de manera abusiva por la empresa.

En estas fechas, los trabajadores cumplirán 200 días en las calles, sin salarios, pero con una determinación inquebrantable para defender su derecho más elemental: el derecho al trabajo. Junto con este, también luchan por sus derechos a la sindicalización, la negociación colectiva y la libertad sindical, todos vulnerados por la empresa.

La lucha de estos trabajadores nace de una convicción firme: están enfrentando un abuso. Muchos de ellos han dedicado más de 35 años de sus vidas a la empresa, contribuyendo a su crecimiento hasta convertirla en una corporación líder en el mercado nacional e internacional a cambio de un salario que raya en el límite de la pobreza, pero que representa el sustento de sus familias.

¿Y cuál ha sido su recompensa? Ser desechados como material descartable, de un momento a otro, causando un profundo daño a sus vidas y a las de sus seres queridos. Ellos sienten en carne propia lo que es una verdad: el capital no descansa en su búsqueda de ganancias, ni tiene consideración alguna por la dignidad humana.

Si la empresa enfrentara problemas reales, podría presentar argumentos válidos para discutir la permanencia de los puestos de trabajo. Aun así, los trabajadores defenderían sus derechos. Pero Celima goza de buena salud económica. Su verdadero objetivo con estos ceses colectivos es liquidar al sindicato y a su vanguardia combativa, para imponer un régimen laboral aún más explotador que le permita incrementar sus ganancias. De eso se trata esta historia.

En su demanda, la empresa no ha podido presentar un solo argumento sólido que justifique su medida. Sus balances muestran un crecimiento constante, con solo una ligera caída en el último año, pero aún se mantienen en números positivos.

Afirman tener un exceso de personal, pero en varias áreas de producción falta mano de obra, al punto de que muchos trabajadores son obligados a trabajar horas extras. De hecho, varios de los trabajadores en “cese” continúan laborando en la empresa.

Además, en el último año, Celima ya ha despedido a 300 trabajadores mediante diversos mecanismos. No sobran trabajadores en Celima; al contrario, faltan, y todos los que han sido incluidos en el “cese colectivo” son necesarios.

La empresa también actúa de manera torpe y abusiva en sus medidas antisindicales. La lista de “cesados” está llena de activistas sindicales y de trabajadores con enfermedades profesionales, muchas de ellas adquiridas en la misma fábrica. Queda claro que su objetivo es mantener solo a aquellos que no reclamen sus derechos, hasta que enfermen o vean mermada su capacidad laboral debido a la edad.

En un acto de despropósito, Celima aplicó un segundo cese colectivo después de que las autoridades rechazaran su primera solicitud, no quiere pagar los salarios devengados y ha retirado el pago de la Seguridad Social de los incluidos en el proceso de “cese colectivo”, dejando a los trabajadores y sus familias en grave riesgo, todo con el fin de forzar su renuncia.

En las reuniones convocadas por el Ministerio de Trabajo para tratar su solicitud de cese, la empresa envía representantes que no tienen conocimiento alguno de las operaciones de la compañía. Estos actúan como meros repetidores de los que la empresa le ha puesto en el papel, un papel echo por una consultora pagada por la misma empresa. No asisten Augusto Belmont, Pedro Menéndez, presidente y gerente general del grupo empresarial, o alguno de su equipo, porque no pueden justificar lo injustificable.

En estas reuniones, los representantes obreros han expuesto repetidamente las falsedades de la empresa, sin obtener respuestas concretas. Para Celima, todo esto es un simple trámite burocrático.

Esta situación es posible porque la ley lo permite, y porque el Ministerio de Trabajo no hace nada para evitarlo. Así ocurre en todos partes: existe el derecho a la huelga, pero las empresas lo vulneran designando a la mayoría de los trabajadores en puestos “indispensables”. Existe la negociación colectiva, pero las empresas no se sienten obligadas a cumplirla, menos aún bajo presión de huelga. Los ceses colectivos, que ya superan los 100 casos desde 2018, son otro ejemplo de este abuso. Recientemente, la empresa Owens-Illinois Perú se sumó a esta lista.

El problema no solo radica en el Ministerio, sino en las leyes permisivas que han sido diseñadas por los mismos empresarios y sus abogados. Y el gobierno y sus instituciones solo hacen cumplir estas leyes en contra de los trabajadores.

Por eso, la lucha del Sindicato de Celima es difícil: deben enfrentar un entramado legal e institucional diseñado para burlar los derechos laborales, derechos que solo existen en el papel.

Con razón, su consigna principal es: “Abajo la ley de ceses colectivos”. Las empresas usan estas leyes para abusar de los trabajadores, y en el caso de Celima, podrían consumar el cese colectivo.

Por ello, la lucha del Sindicato de Celima no es solo suya; es una lucha por los derechos de toda la clase trabajadora. Sus demandas son claras:

  1. Respeto irrestricto a los derechos laborales de trabajo estable, huelga, negociación colectiva, libertad sindical. Derogatoria de las leyes que permiten su vulneración, como la de ceses colectivos y suspensión perfecta.
  2. Castigo a los empresarios y empresas que pisotean estos derechos.
  3. Priorización de los derechos de los trabajadores sobre las ganancias capitalistas.

Por eso, no basta con solidarizarse con este sindicato combativo. Es necesario que toda la clase obrera se identifique con sus banderas y las haga propias. Además, es urgente que la CGTP y la FETRIMAP unifiquen las luchas de los trabajadores en un plan de lucha unitario y un paro nacional, para conquistar las reivindicaciones planteadas.

Por ello, llamamos a sumar fuerzas y banderas a la nueva jornada de lucha convocada por los compañeros de Celima los días 24, 25 y 26 de febrero, frente al Ministerio de Trabajo.

¡La clase obrera unida puede más!
¡Abajo la ley de ceses colectivos! ¡Ni un despido más!
¡Primero los derechos antes que las ganancias capitalistas!
¡CGTP-FETRIMAP: Plan de Lucha Unitario y Paro Nacional!

Obreros de Celima deciden dar todo en la lucha contra el cese

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Entre el 24 y el 26 de febrero, el Ministerio de Trabajo deberá resolver el cese colectivo planteado por la empresa Celima contra 116 trabajadores, la mayoría de ellos sindicalizados, ya sea pronunciándose a favor de la empresa, en contra, o aplicando el silencio administrativo (lo que implicaría la aprobación tácita de la solicitud de la empresa). 

Esta será la primera de una serie de tres resoluciones. Sin embargo, para los trabajadores, obtener un fallo favorable es crucial, ya que representaría un punto de apoyo fundamental para continuar su lucha hasta lograr la reincorporación de todos los afectados. 

Han transcurrido 195 días desde que comenzó este conflicto. 195 días sin salarios para los despedidos, quienes han resistido junto a sus familias, luchando casi a diario. A pesar de las dificultades, los trabajadores están dispuestos a redoblar esfuerzos en esta fase decisiva, pues una victoria aquí marcaría el inicio del fin de esta dura batalla contra un abuso patronal sin precedentes. 

El Nuevo Plan de Lucha 

El sindicato ha decidido movilizarse frente al Ministerio de Trabajo los días 24, 25 y 26 de febrero. Además, a partir del 25, planean instalar un campamento con una olla común frente al ministerio, buscando presionar para obtener una resolución favorable a sus demandas. 

Este esfuerzo representa un sacrificio inmenso por parte de los trabajadores de Celima y sus familias, quienes deben seguir encontrando recursos y energías donde parece que ya no los hay. Lo hacen con la convicción de que su lucha es justa y por defender un derecho tan básico como es el derecho al trabajo. Su ejemplo es un referente para la clase obrera sobre cómo enfrentar los ataques patronales, especialmente en tiempos tan difíciles como los que vive el Perú. 

Sindicato Celima: Una organización de vanguardia 

Este llamado no solo es por justicia, sino también por solidaridad. Los trabajadores de Celima son nuestros hermanos de clase. Todos los obreros, en mayor o menor medida, sufrimos los mismos abusos por parte de los patrones y del gobierno de Boluarte, junto a su Congreso corrupto. Se trata de defender el trabajo, que es la fuente de sustento de las familias obreras. 

La patronal busca la derrota del sindicato Celima para castigar la lucha, que es equivalente a cuando otros patrones que no quieren atender los pliegos de reclamos, dicen “con huelga no negocio”. Su objetivo es allanar el camino para más ataques que incrementen la explotación de la clase obrera, especialmente en momentos en que ven encogerse sus ganancias. 

Por el contrario, una victoria del sindicato Celima sería un impulso para la confianza de la clase obrera en sus propias fuerzas y organizaciones. Demostraría que, con decisión y unidad, es posible ganar. 

El sindicato Celima no solo necesita solidaridad, sino que se la merece. Es una organización de esencia solidaria, de clase e internacionalista. En sus 20 años de existencia, bajo una dirigencia clasista, ha extendido su apoyo a diversas luchas: desde los mineros de Shougang y Casapalca (cuyos dirigentes fueron encarcelados (2005 y 2008) hasta los textiles y otras huelgas de base. Además, han recolectado recursos para ayudar a damnificados del terremoto de Pisco (2007), las inundaciones del Niño Costero (2017) e incluso el terremoto de Haití (2010), sumándose a campañas internacionales de ayuda. 

En 2015, el sindicato lideró la lucha contra la Ley Pulpín, que buscaba precarizar aún más el empleo, y luego contra las “reformas laborales” impulsadas por los gobiernos de PPK y Vizcarra. En 2018, apoyó las luchas contra los ceses colectivos en Cogorno y BSH, promoviendo una campaña para evitar que esta medida se extendiera a otras empresas.

Por esta trayectoria, mientras ganaba el cariño y reconocimiento de las bases, la cúpula de la CGTP lo tachó de “divisionista”, viendo en sus iniciativas un desafío a su control burocrático. 

Una coyuntura reaccionaria 

El Perú vive un momento difícil, marcado por una reacción burguesa que, tras desalojar a Pedro Castillo del gobierno en 2022, ha intensificado sus ataques contra todos los sectores sociales. Su objetivo es imponer la agenda de la patronal, las multinacionales y las organizaciones corruptas. Uno de sus principales puntos es derrotar a las organizaciones obreras combativas que resisten el desmantelamiento de los derechos laborales, buscando incrementar la explotación. 

Frente a este embate, ha habido una feroz resistencia, como el levantamiento del sur (2022-2023), reprimido brutalmente con un saldo de 50 muertos y cientos de heridos. Sin embargo, esta resistencia persiste hasta hoy, en el sur y en otros sectores, sumando nuevos actores como los pequeños transportistas y las poblaciones pobres afectadas por el aumento de la criminalidad, favorecida por la ineptitud del gobierno y sus políticas. 

En este contexto, la lucha del sindicato Celima destaca como un ejemplo de resistencia. Por eso, el resultado de su batalla será un punto de inflexión, ya sea a favor o en contra de los trabajadores. 

Llamado a afirmar y extender la solidaridad 

Jack Reyes, presidente del comité de lucha, expresó: “El sindicato agradece las muestras de solidaridad que nos llegan de bases sindicales, e incluso de organizaciones de diversos países, hasta Europa”

Hace un llamado ferviente a intensificar la solidaridad en estos días decisivos: “A los sindicatos y organizaciones del país, los convocamos a sumar sus banderas y su gente a las movilizaciones del 24, 25 y 26 de febrero frente al Ministerio de Trabajo”

Asimismo, exige a las centrales CGTP y FETRIMAP que movilicen a sus bases para acompañar estas acciones. Plantea la necesidad de un Plan de Lucha y un Paro Nacional que unifique la respuesta de la clase obrera frente a los ataques patronales y por sus demandas más urgentes: la derogación de la ley de ceses colectivos y de suspensión perfecta, la reposición de todos los despedidos; el respeto a las normas de negociación colectiva, el derecho a la huelga y a las libertades sindicales, imponiendo sanciones severas a las empresas que incumplan con ellas. 

Finalmente, llama a unir las luchas obreras y populares para derrotar al gobierno proempresarial, criminal y corrupto de Boluarte y su Congreso. 

¡Viva la lucha del combativo sindicato Celima! 

¡Vivan las luchas populares contra el gobierno criminal y corrupto de Boluarte y su Congreso! 

¡FETRIMAP-CGTP: Plan de Lucha y Paro Nacional, ¡YA! 

Eleanor Marx y el feminismo socialista

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Escribe Federico Romero

Eleonor Marx fue la hija menor de Karl Marx, el creador del socialismo científico. Su nombre resurge cada año que celebramos en las calles el Día Internacional de la Mujer, y específicamente de la mujer trabajadora, porque se trató de la figura pionera que planteó el problema de la mujer como un tema ligado a la lucha por el socialismo.

Jenny, Laura y Eleanor, las hijas de Marx comprometieron sus vidas con las ideas de su padre en la lucha contra el capitalismo y por el socialismo. Pero fue Eleanor la que llevó esa batalla al terreno teórico y práctico de la liberación de la mujer, convirtiéndose en la primera y mayor figura histórica del feminismo marxista.

Marx descubrió el origen de la desigualdad social y de las clases en la propiedad privada de los medios de producción, y por ello planteó que bajo el capitalismo la única forma de alcanzar la igualdad y, por tanto, sentar las bases de la libertad y la felicidad humanas era aboliendo esa propiedad mediante una revolución socialista. Esa revolución sólo podía y puede ser realizada por los oprimidos y explotados, esto es por la clase trabajadora. Siglo y medio después de lucha feminista, la mujer ha alcanzado conquistas y derechos, pero no su liberación. Más bien el triunfo de la Revolución Socialista de Octubre de 1917, con los derechos que otorgó a la mujer, demostró que esa liberación solo se puede alcanzar por el camino de la revolución socialista, esto es, liquidando la gran propiedad.

Eleanor, al igual que sus hermanas, aprendió esta definición fundamental en el calor del hogar familiar mientras jugaban con el Moro (apelativo de su padre Karl) y mientras sentían las necesidades más vitales de una familia pobre de la época; pobre no porque Marx tuviera ese origen o no pudiera procurarse el sustento, sino por su férrea determinación de dedicar su vida a luchar contra el capitalismo y no a convertirse en una pieza más de su sistema de explotación. Eleanor dedicó su juventud y gran parte de su vida madura hasta la muerte de Marx, a ayudar al padre en sus investigaciones, en las traducciones y en diversos trabajos, discutiendo y compartiendo sus ideas, forjando en ese entorno su propia comprensión de las ideas marxistas.

Además, después de la muerte de su padre (1983, cuando ella tenía 25 años), Eleanor siguió aprendiendo al lado de Federico Engels, el compañero de Marx, autor de muchos otros trabajos clásicos del marxismo, y en particular El Origen de la Familia, el Estado y la Propiedad Privada, que es una obra monumental del materialismo histórico que también brinda una explicación fundamental al problema de la mujer. Engels le sobrevivió a Marx 13 años y al lado de él Eleanor siguió aprendiendo y madurando.

En una época donde la educación de las mujeres se limitada a prepararlas para ser esposas y responsables del hogar, y en la que las mismas oportunidades de educación profesional les eran absolutamente restringidas, Eleanor forjó su educación marxista y su rebeldía, así como su amor por el arte y la cultura, en este ambiente de casa, en el entorno intelectual de Marx y Engels, leyendo y recitando a Shakespeare como a Rousseau o a David Ricardo, hablando y escribiendo en distintos idiomas, discutiendo con ellos y tratando también con luchadores obreros, muchos de ellos inmigrantes provenientes de toda Europa que llegaban a la casa de Marx ubicado en un barrio pobre de Londres, en busca de sus ideas o por trabajos de organización del movimiento revolucionario. Así se formaría como revolucionaria.

Pero Eleanor poseía una cualidad excepcional: había heredado el genio de su padre. Llegó a escribir varios libros, como la primera biografía de su padre y una infinidad de artículos sobre diversos temas. Dominaba varios idiomas he hizo traducciones de obras conocidas, entre ellas de El Capital, la obra cumbre de Marx. Era versada en arte y como tal realizó presentaciones escenográficas. Y escribió La Cuestión de la Mujer, en cuya obra expone la visión marxista sobre el tema de la opresión de la mujer, sobre el amor y otros temas relacionados; una obra que es referencia obligada y punto de partida de todo marxista, como lo es el Manifiesto Comunista en el plano más general.

Hasta entonces, el problema de la mujer había sido planteado de manera pionera por Mary Wollstonecraft (1759-1797), una escritora que formaba parte de la aristocracia británica, como un problema de educación. Enfrentando a los ideólogos y enciclopedistas de entonces que sostenían que las mujeres por naturaleza eran “inferiores” a los hombres, Wollstonecraft sostuvo que era un tema de la falta de igualdad de oportunidades en educación; y que resolviendo este tema se resolvía el problema de la mujer.

En la misma época, Olympe Gauge, escritora y filósofa francesa, era conocida por su defensa de la igualdad entre el hombre y la mujer en el voto y en todos los aspectos de la vida. Abrazó la causa de la Revolución Francesa, para la que escribió la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadanía calcada sobre la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, en la cual afirmaba la igualdad de los derechos de ambos sexos.

Otros sectores, en su mayoría también miembros de las clases medidas y de las clases acomodadas, se enfocarían en la lucha contra la desigualdad luchando por los derechos de las mujeres, como el derecho al voto, que dieron lugar a diversos movimientos como la de los sufragistas, movimiento que se extendería desde finales del siglo XIX hasta la conquista del voto femenino en Inglaterra en 1918, hasta un año después del triunfo de la Revolución Rusa (1917).

Eleanor Marx plantearía el problema de la mujer en sus verdaderos fundamentos: el problema no solo era de desigualdad sino de clase, viendo el problema de la mujer como un problema principalmente de la mujer trabajadora. «No soy, por supuesto, como socialista, una representante de los «Derechos de la mujer»… La cuestión llamada “Derechos de la mujer ‘ (que parece ser la única que entiende) es una idea burguesa. Lo que propongo es plantear la cuestión del sexo desde el punto de vista de la clase obrera y la lucha de clases”. [i]

Es significa, que el problema de la mujer tiene que ver con “las estructuras económicas” dominantes, y “como todo en nuestra compleja sociedad moderna, la cuestión de la mujer descansa sobre los datos económicos.”  [ii]

En su trabajo citado [iii]se extenderá sobre este tema. Ahí dice, en muchos casos se ve “que las mujeres se encuentran en un estado lamentable y desean que se haga algo por mejorar su situación. Se agitan por un objetivo perfectamente justo, por el sufragio femenino; … por la educación superior de las mujeres…” En toda esta agitación, completamente justa, dice, sobresalen tres cosas: 1) Los interesados en estos temas pertenecen por regla general, a las clases acomodadas. 2) Todas estas ideas de esas mujeres de “vanguardia”, se basan ya sea en la propiedad, ya sea en cuestiones sentimentales o profesionales; pero ninguna va a los fundamentos económicos de la sociedad. 3) Se desprende de la anterior, que “aquellos no hacen ninguna propuesta que salga de la sociedad de hoy día.” 

¿Cuál es la posición marxista? Dice ella: “Nosotros apoyaremos el derecho de voto para todas las mujeres, …, el acceso de los dos sexos a todas las profesiones,… No negaremos en absoluto que una vez se haya alcanzado parte de estas reivindicaciones, la vía se verá “despejada para el cambio radical que debe llegar”. Esto es, el socialismo. “Sin esa transformación social, las mujeres jamás serán libres…”

Y, por último, el complemento de dicha definición: “Las clases oprimidas, tanto las mujeres como los productores directos, deben comprender que su emancipación vendrá de ellos mismos, de su propia acción.”

Estas ideas fundamentales, que hacen a la esencia de la comprensión marxista y del programa revolucionario sobre la cuestión de la mujer, fueron desarrolladas por Eleanor. Pero ella, como su mismo padre, no sólo profesó ideas sino las llevó a la acción corroborando su validez en la práctica.

Eleanor fue una incansable agitadora, organizadora y propagandista del socialismo marxista en el seno de la clase obrera en Gran Bretaña, Europa y EEUU. Ella ayudó a organizar una intensa huelga en Silvertown. En represalia, los dueños de la fábrica desalojaron a las familias de los alojamientos que tenían concedidos y derrotaron la huelga. Pero Eleonor logró un triunfo: creó un sindicato de mujeres trabajadoras, “que fue pieza clave en la historia del movimiento obrero británico y del feminismo en el lugar de trabajo.” [iv]

En otra huelga en la factoría Crosse Blacwell, donde la comida caliente dependía de las peladoras de cebollas que trabajaban durante 14 horas al día, Eleanor organizó a esas mujeres y ganaron.

Con el mismo espíritu y el mismo mensaje, dirigiéndose a una multitud de más de 100 mil personas en el Hyde Park en apoyo a la huelga portuaria, el 1 de Mayo de 1889, Eleanor afirmó: “Los socialistas creen que la jornada de ocho horas es el primer paso a dar y el más inmediato, pero nuestro objetivo es un futuro en el que ya no haya una clase que sostiene a otras…” [v] La huelga de los estibadores ganó. Y el recién fundado sindicato se convertiría después en uno de los más poderosos del Reino Unido.

Esa fue Eleanor, nada menos que la hija de un gigante como fue su padre. Lamentablemente tuvo un triste final. A los 43 años, cuando todavía tenía mucho para aportar a la causa, murió, aparentemente quitándose la vida por una decepción amorosa.


[i] Citada en: La vida de Eleonor Marx, madre del feminismo socialista. Rachel Holmes, Jeanette Winterson. 15.06.2014. www.sinpermiso.info. Rachel Holmes es autora del libro Elanor Marx: Una vida. Una película llamada Miss Marx, se basa en este libro. Se puee ubicar en: https://www.youtube.com/watch?v=Y7DdgP0SQjo

[ii] Obra citada

[iii] La Cuestión de la Mujer. Edwar y Eleonor Marx Aveling, 1986. https://www.marxists.org/espanol/marx-eleanor/1886/1886-cuestionmujer-eleanormarxaveling.pdf 

[iv] Obra citada

[v] O.c.

¿El proteccionismo o el libre comercio? ¿Cómo afecta la política comercial capitalista a los trabajadores?

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Febrero 10, 2025 Por Ernie Gotta

«Soy el presidente del UAW. Estamos listos para trabajar con Trump», decía un titular en The Washington Post que sorprendió a muchos en el movimiento obrero. Shawn Fain, presidente del sindicato United Auto Workers (UAW), pasó la mayor parte de las elecciones presidenciales de 2024 advirtiendo a los trabajadores de todo el mundo de que Donald Trump solo representaba a la clase multimillonaria y lo llamó «esquirol». Luego, el día antes de la toma de posesión de Trump, Fain publicó un artículo de opinión en el que explicaba por qué su sindicato necesita tener voz en el desarrollo de la política comercial estadounidense. En el artículo de opinión, Fain respaldó el plan de Trump de implementar aranceles y explicó por qué, en su opinión, los aranceles serían un correctivo necesario tras décadas de ataques devastadores contra los empleos y los trabajadores estadounidenses por parte de acuerdos neoliberales de libre comercio como el TLCAN y el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (USMCA).

Fain no es el único líder sindical que apoya las políticas comerciales de Trump. ¿Por qué el sindicato United Steel Workers intentó frustrar la fusión de U.S. Steel y la japonesa Nippon Steel? ¿Por qué la International Longshore Association, durante su huelga, culpó a las empresas extranjeras de no compensar adecuadamente a los trabajadores estadounidenses y de sacar beneficios del país?

¿Por qué el presidente general de los Teamsters, Sean O’Brien, al dirigirse a la Convención Nacional Republicana en julio de 2024, repitió como un loro la retórica de Trump de «Estados Unidos primero», diciendo: «Necesitamos políticas comerciales que pongan a los trabajadores estadounidenses en primer lugar»? O’Brien redobló las viles ideas proteccionistas contra los inmigrantes en un podcast en el que entrevistó al senador republicano Josh Hawley, que se hace pasar por amigo de los sindicatos. O’Brien declaró: «Creo que el mayor problema es que la gente está tratando de proteger a los extranjeros ilegales que vienen aquí y cometen delitos, y eso es inaceptable. […] Los problemas sociales están muy bien, pero proteger a los inmigrantes ilegales que vienen a nuestro país para cometer delitos y robar puestos de trabajo es una píldora difícil de tragar».

Para muchos, a primera vista parece lógico que los sindicatos se unan a las ideas proteccionistas tras enfrentarse a la carnicería provocada por el TLCAN y el T-MEC. El llamado «libre comercio» ha tenido un impacto profundamente negativo en los empleos y salarios en EE. UU., pero ¿tiene razón Fain al decir que las políticas proteccionistas basadas en aranceles serán la respuesta para que la industria vuelva a este país? ¿Pueden las políticas proteccionistas como los aranceles, las cuotas de importación y otras regulaciones gubernamentales conducir a una menor explotación, salarios más altos y mejores condiciones de trabajo para la clase trabajadora?

No. La política comercial capitalista la hacen los capitalistas en beneficio de su propia clase. Ya sea «libre comercio» o proteccionismo, la implementación de la política está destinada a proteger y aumentar las ganancias de la clase dominante.

Hay momentos en que los capitalistas necesitan mayores fuentes de ingresos y favorecen un enfoque de libre comercio. Por supuesto, el libre comercio es realmente «libre» solo de nombre y, por lo general, sirve para la explotación de una nación sobre otra. En realidad, los acuerdos de libre comercio como el TLCAN establecen zonas que permiten a las naciones imperialistas flexibilidad para diferir aranceles, gestionar inventarios y flujo de caja. Estos acuerdos de libre comercio permitieron a las empresas estadounidenses cerrar líneas de producción en EE. UU., cruzar la frontera con México y superexplotar a los trabajadores de allí.

Esto funcionó por un tiempo, ya que Estados Unidos era la potencia hegemónica indiscutible y la economía líder, pero con la restauración del capitalismo en la Unión Soviética y China y el posterior ascenso de China y Rusia como nuevas potencias imperialistas, la situación ha cambiado significativamente. La rivalidad interimperialista con China en particular está llevando a algunos capitalistas estadounidenses a favorecer políticas proteccionistas para poner barreras y impedir a sus rivales.

La guerra comercial resultante probablemente será un motor de inflación y supondrá una mayor carga económica para la clase trabajadora, no solo en EE. UU., sino en todo el mundo. También se podría llegar a la conclusión de que una escalada de la guerra comercial podría ser la base para que la rivalidad interimperialista se convierta en una plena guerra.

Trump ha dicho muchas veces que los aranceles los pagan los países extranjeros. ¿Es cierto esto? ¡No! Aunque los aranceles pueden tener un impacto negativo en países extranjeros, en última instancia serían los importadores estadounidenses quienes pagarían el arancel directamente al Tesoro de EE. UU. y luego recuperarían ese arancel haciendo que los consumidores estadounidenses paguen precios más altos. Trump lo sabe, pero ha creado una narrativa en la que se aprovechan de EE. UU. en el comercio mundial. Publicó en X: «¡Esta será la Edad de Oro de Estados Unidos! ¿Habrá dolor? Sí, tal vez (¡y tal vez no!). Pero haremos que Estados Unidos vuelva a ser grande, y todo valdrá la pena el precio que hay que pagar. Somos un país que ahora se está dirigiendo con sentido común, ¡y los resultados serán espectaculares!»

Históricamente, la Ley Arancelaria de 1789, el Arancel de 1816 y el Arancel McKinley de 1890 no hicieron nada para beneficiar a los trabajadores. McKinley era conocido como el «Napoleón de la protección» y cada movimiento que hacía era en beneficio de los intereses de los fabricantes. No es de extrañar que Trump quiera devolver el nombre de McKinley al monte Denali. Más que promover la ideología de la colonización de pobladores, Trump está señalando un retorno a una era anterior a 1913, cuando no había impuesto sobre la renta y las políticas proteccionistas eran la política comercial dominante.

Las políticas proteccionistas también tienen un inconveniente inherente para los capitalistas. Federico Engels observó en 1888: «La protección es, en el mejor de los casos, un tornillo sin fin, y nunca sabes cuándo has terminado con ella. Al proteger una industria, perjudicas directa o indirectamente a todas las demás y, por lo tanto, tienes que protegerlas también. Al hacerlo, vuelves a dañar la industria que protegiste en primer lugar y tienes que compensarla; pero esta compensación repercute, como antes, en todos los demás oficios, y les da derecho a una reparación, y así sucesivamente hasta el infinito».

Como siempre, los capitalistas se apresurarán a obtener el mayor beneficio posible en el próximo período. Junto con las políticas proteccionistas, Trump también buscará profundizar los recortes de impuestos. La clase dominante también utilizará sus sectores monopolizados de la industria para reducir los salarios reales de los trabajadores y aumentar los precios para los consumidores. El multimillonario de los combustibles fósiles Charles Koch y su organización de derecha Americans for Prosperity publicaron recientemente un prospecto de inversión que describe un plan de 20 millones de dólares para presionar a los funcionarios electos con miles de reuniones con el fin de profundizar los recortes fiscales realizados en la Ley de Recortes Fiscales y Empleos de 2017 de Trump.

Las tendencias más reaccionarias de la clase capitalista ven una oportunidad para recuperar todas las concesiones hechas a la clase trabajadora y a las comunidades oprimidas desde el movimiento obrero de los años treinta y cuarenta hasta los movimientos sociales de los años sesenta y setenta. Trump, como portavoz de la clase dominante, utiliza una retórica falsa a favor de los trabajadores para vender a los sindicatos y a la clase trabajadora en general la idea de que las políticas proteccionistas revertirán la degradación de su vida cotidiana.

Sin embargo, las políticas comerciales proteccionistas, los ataques a los inmigrantes y otras comunidades oprimidas no resolverán la crisis económica muy real que el capitalismo está sufriendo a escala mundial. La realidad para miles de millones de trabajadores en todo el mundo es más inestabilidad, peores salarios y peores condiciones de trabajo. ¿Cuál es la solución? ¿Cómo pueden los trabajadores escapar de los círculos viciosos provocados por los defectos inherentes al sistema capitalista?

Si «América primero» significa beneficios para los ricos por encima de las necesidades de la gente, y «libre comercio» es libertad para que los imperialistas exploten a los trabajadores a su antojo, entonces no podemos dejarnos llevar por sus planes y seguir las reglas de su sistema. Frederick Engels escribió en 1888: «Un sistema de producción basado en la explotación del trabajo asalariado, en el que la riqueza aumenta en proporción al número de trabajadores empleados y explotados, un sistema así está destinado a aumentar la clase de trabajadores asalariados, es decir, la clase que está destinada a destruir un día el propio sistema».

Engels continuó: «Tanto si pruebas el proteccionismo como el libre comercio, al final no habrá ninguna diferencia, y apenas habrá diferencia en el tiempo de tregua que te queda hasta el día en que llegue ese final».

Los trabajadores y los oprimidos tienen que librar una lucha política implacable por la independencia de la clase capitalista en sus sindicatos, en sus universidades y en sus comunidades. Esto significa, por ejemplo, que cuando U.S. Steel quiera hacer un trato que perjudique a los trabajadores, la demanda de los trabajadores debería ser abrir los libros de cuentas de la corporación para que todos vean cómo obtienen sus ganancias, y poner a U.S. Steel bajo propiedad pública y control democrático de los trabajadores.

Cuando las empresas estadounidenses explotan a los trabajadores en otro país o los acorralan en una frontera militarizada, los trabajadores estadounidenses deben tender una mano solidaria y exigir el fin de la injusticia reteniendo su fuerza de trabajo.

Cuando lleguen las elecciones, los sindicatos no deben seguir apoyando a tal o cual político capitalista. En su lugar, deberían celebrar una reunión masiva entre todos los sindicatos y todos sus miembros de base. Esta reunión debería abrir un debate sobre la presentación de sus propios candidatos bajo la bandera de un partido laborista. La independencia de la clase trabajadora y la solidaridad internacional son el único camino a seguir para los trabajadores.