El 29 de agosto pasado se estrenó, en el cine Gaumont de la ciudad de Buenos Aires, el documental “Tiempo largo y jodido. ¿Qué querés que te diga?” hecho por el cineasta Hugo Lescano sobre la base de dos largas entrevistas realizadas por el periodista Carlos Rodríguez, en 2019 y 2021, al militante y dirigente revolucionario peruano-argentino Ricardo Napurí. El documental fue realizado con el apoyo financiero y técnico del INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales de Argentina)[1]. El INCAA es una institución oficial. Los gobiernos peronistas/kirchneristas le dieron mucho impulso y ahora está siendo atacado (casi desmantelado) por el gobierno de Javier Milei.
Con 99 años, Napurí se mantiene plenamente lúcido y con la capacidad de referirse claramente a los hechos históricos en los que participó o de los que fue testigo, cómo estos fueron incidiendo en su pensamiento político y sobre figuras destacadas de esos acontecimientos con las que tuvo contacto personal en Perú, Argentina y otros países latinoamericanos. Entre ellos, el peruano Luis de la Puente Uceda, el argentino Silvio Frondizi, el Che Guevara y Fidel Castro, el chileno Salvador Allende, el venezolano Hugo Chávez.
De esa forma, va hilvanando de modo muy ameno, sus más de setenta años de acción política, iniciada en 1948 cuando era un joven teniente de aviación militar en el Perú y se negó a bombardear un barco lleno de civiles que participaban de un levantamiento contra el gobierno peruano. Fue castigado por ello y obligado a exiliarse en Argentina. La entrevista se inicia con ese recuerdo y llega hasta el momento actual. En ese marco, reivindica la revolución cubana como el gran proceso revolucionario de la segunda mitad del siglo XX y también a Fidel Castro, el Che Guevara, y al movimiento que encabezaban.
Aunque no utiliza estos términos en el documental, Napurí se presenta a sí mismo como un “trotskista crítico” en el campo de la “revolución permanente” formulada por Trotsky. Es decir que, en su valoración de procesos y dirigentes, no se guía por el “dogmatismo” sino por los hechos y acciones concretas.
En este sentido, el documental transmite la idea de que el proceso esencial del siglo actual ha sido el chavismo venezolano y su propuesta de Socialismo del Siglo XXI. Incluso Napurí refiere el encuentro en el que Chávez se dijo “trotskista” frente a Putin, a quien caracterizó como “estalinista”, señalando que esa era la diferencia entre ellos. El documental muestra las imágenes de la visita que realizó a Venezuela para ver y apoyar a Chávez, y su participación en el programa televisivo “Aló presidente”. Es con esta visión que analiza brevemente lo que pasaba en aquel país al momento de las entrevistas.
Napurí es parte de numerosos dirigentes y organizaciones provenientes del trotskismo que siguieron este camino de apoyo al chavismo (e incluso la integración a este movimiento). En numerosos escritos hemos debatido con estas caracterizaciones y posiciones que consideramos profundamente equivocadas[2]. Mucho más equivocado es seguir reivindicando al chavismo en este documental que se estrena en el momento en que el régimen político que ahora encabeza Nicolás Maduro muestra su más feo rostro: una dictadura capitalista al servicio de la “burguesía bolivariana” contra los trabajadores y el pueblo venezolano[3].
Hasta aquí estamos en el terreno de la evolución del pensamiento político de Napurí, de las conclusiones que ha sacado de los hechos de la realidad, y de las propuestas que se derivan de ello. Aunque no las compartamos, podemos entender ese proceso.
No obstante, la cuestión central es que el documental tiene grandes omisiones sobre el trotskismo internacional, latinoamericano, peruano, y especialmente argentino, que marcaron muchos años de su vida militante (y de los dirigentes que incidieron en él).
Napurí parte de reivindicar al argentino Silvio Frondizi como el que lo gana para el trotskismo y lo forma en esa concepción, a finales de la década de 1950 e inicios de los ’60, cuando Napurí ingresa al grupo Praxis que dirigía el propio Frondizi. Con justicia, se reivindica su discípulo.
Ahí, aparece la primera omisión. En 1964, Praxis se divide en dos sectores. Una de ellas, encabezada por Silvio Frondizi se aproxima a la propuesta castro-guevarista de formar una organización guerrillera en Argentina, impulsada por Roberto Santucho. Mantiene esta propuesta hasta el momento en que es asesinado en 1974 por la Triple A (hecho que es mostrado en el documental).
El otro sector, encabezado por Jorge Altamira, fundaría la organización Política Obrera, reivindicándose “trotskista ortodoxa”. Poco después, este sector ingresa al CORCI (Comité de Organización por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional), organización internacional dirigida por el trotskista francés Pierre Lambert (corriente conocida como lambertismo).
Napurí adhiere a esta posición y, como militante del lambertismo, vuelve al Perú y participa en la fundación del Partido Obrero Marxista-Revolucionario (POM-R), en 1970. Como dirigente de este partido luego forma parte del FOCEP (Frente Obrero Campesino Estudiantil Peruano), en 1977, y es electo senador. Es interesante destacar que, desde la década de 1950, ya existía una organización trotskista en el Perú (el POR), impulsada desde Argentina por Nahuel Moreno. Luego del ingreso del gran dirigente campesino Hugo Blanco tomaría el nombre de FIR.
Esa experiencia de Napurí como militante y dirigente del lambertismo es completamente omitida en el documental. También es completamente omitida su ruptura con el lambertismo y su participación como fundador de la LIT, en 1982 junto con la Fracción Bolchevique (organización internacional dirigida por Nahuel Moreno)[4].
A partir de ese momento, siempre defendió públicamente que, en el Perú, “su partido” era el PST (sección peruana de la LIT). Lo más importante es que, poco después, se radica de modo definitivo en Argentina y es electo miembro del CEI (Comité Ejecutivo Internacional), la máxima dirección de la LIT. Incluso es uno de los oradores del acto público realizado luego de la muerte de Nahuel Moreno (enero de 1987) al que despide con muchísimo afecto y respeto, considerándolo como referente. Continuó como dirigente de la LIT varios años más. El documental ni siquiera se refiere a este período de militancia de Napurí, cuando la LIT-CI llegó a ser la organización trotskista más fuerte del mundo y el MAS el partido de izquierda más grande de Argentina.
Fue en esos años, cuando tuve la posibilidad de conocerlo personalmente y tener varias charlas con él ya que, como redactor de la página internacional de Solidaridad Socialista, (periódico semanal del MAS), consultaba mis artículos con él para que, como miembro del CEI de la LIT, me diera sus opiniones e hiciera sus observaciones. Napurí era muy respetuoso y amable en el trato con los cuadros más jóvenes del morenismo. En este sentido, guardo un muy buen recuerdo de él como dirigente y como ser humano.
Posteriormente, en el marco de la crisis vivida por la LIT-CI en la década de 1990 y su división, Napurí (al igual que otros dirigentes) se alejó de la LIT-CI y del morenismo e inició una deriva que concluye con sus visiones y posiciones actuales. No es el objetivo de este artículo hacer el debate con esas posiciones.
Pero no podemos dejar de criticar este documental por omitir esas experiencias políticas que signaron muchos años de su vida militante de Napurí. Tal vez, eso fue el resultado de una “tijera” utilizada por el director, que podó esas partes de las entrevistas. En un libro publicado hace algunos años con su biografía, Napurí llega a conclusiones políticas parecidas a las que expone en el documental, pero incluye capítulos dedicados a esas experiencias que el documental omite[5].
En todo caso, Napurí avaló en los hechos el resultado final: antes del documental, se reprodujo en la sala del Gaumont un mensaje grabado por él en el que se lamentaba no poder asistir por su edad, pero no hace allí ninguna crítica o referencia a estas omisiones.
Aquí cabe hacer un comentario de otro documental realizado con financiamiento del INCAA sobre la figura de Nahuel Moreno y la corriente fundada por él. Nos referimos a “El trotskismo bárbaro”, del director Marcel Gonnet, estrenado en 2015, también en el Gaumont[6]. El director reunió entrevistas realizadas a varios dirigentes que militaron en diversas épocas en la corriente y organizaciones dirigidas por Moreno en Argentina y en Perú, pero que en algún momento se alejaron, rompieron con él, y le hacían duras críticas. En ese documental, Moreno que, además de la LIT, fundó y orientó organizaciones trotskistas en muchos países, es presentado como un burócrata autoritario que cerraba todo debate interno y “liquidaba” a quienes lo criticaban. Una verdadera falsificación de cómo actuaba en la realidad como dirigente.
En este documental, Napurí no realiza ninguna crítica a Moreno, la LIT-CI y el morenismo. Pero (a diferencia de lo que expone en su libro) no dice una palabra de su integración, en 1982, a la LIT-CI, su papel dirigente en ella por más de una década y la gran influencia que tuvo Moreno sobre él en esa época. En otras palabras, Moreno, la LIT-CI y el morenismo son completamente ignorados, como si no hubieran existido en la vida de Napurí ni en la vida política del trotskismo en el siglo XX.
Respetamos su figura porque mantiene, con casi 100 años y más de 70 de actividad política, su llamado a la lucha revolucionaria de las masas y a la militancia por la revolución socialista. Él tiene todo el derecho de haber cambiado sus visiones y posiciones sobre cómo lograr esta revolución e incluso de reivindicar a Hugo Chávez, como una expresión de esta lucha (aunque consideremos que se equivoca en esa posición).
Lo que lamentamos es que haya prestado su figura y su voz para avalar un documental en el que, de modo intencional, se “borra” completamente el papel de Moreno y la LIT-CI en la historia política del trotskismo latinoamericano y, en particular, del argentino.
[1] “Muchas generaciones han luchado por un mundo mejor” | ANCCOM (uba.ar)
[2] Los debates sobre Venezuela – Liga Internacional de los Trabajadores (litci.org)
El miércoles 7 de agosto los trabajadores de la fábrica Celima fueron sorprendidos cuando la empresa les notificó que 216 de ellos eran despedidos como parte de un plan de reestructuración. Un mes después, su organización sindical anuncia una nueva marcha, esta vez a las oficinas de la empresa, reiterando su determinación de luchar hasta ser repuestos, aun cuando esta se perfila larga y difícil.
Ese día miércoles 7 que quedó indeleble en sus memorias, se inició con una invitación de la empresa a una reunión con toda la Junta Directiva de la organización sindical. No era para conversar con ellos sobre el pliego de reclamos que hace un año espera solución, sino era para comunicarles que estaban despedidos. Le siguieron otras reuniones casi en simultáneo en las tres plantas que tiene la empresa, a las que fueron convocadas los 216 trabajadores para comunicarles lo mismo, entregarles una carta justificatoria e invitarlos a acogerse a una renuncia “voluntaria”.
Además de la dirección del sindicato en pleno, la lista incluía a un centenar de sindicalizados, entre ellos a reconocidos activistas del movimiento obrero peruano con más de 20 años de trayectoria de lucha, y a trabajadores con lesiones de trabajo que se encontraban con descanso médico, todos con ubicaciones especializadas y permanentes en distintas áreas de la fábrica. “Nos han escogido –dice Jack Reyes, uno de la lista y referente clasistas del sindicato–, como parte de un plan de ajuste patronal que busca defender sus ganancias”.
Como el verdugo que debe seguir protocolos antes de ejecutar a su víctima, estas reuniones en realidad solo eran parte de un procedimiento formal e hipócrita como es todo el sistema jurídico burgués que “resguarda” los derechos, para proceder al despido crudo y simple.
La calle en el Perú
Fue brutal. En cualquier parte del mundo un obrero y su familia dependen de su trabajo para vivir aun con penurias. Pero en Perú, con 80% de informalidad o subempleo, desocupación en ascenso e inseguridad y criminalidad desbordadas, la calle equivale a estar condenado al sálvense quien pueda o la muerte lenta; más tratándose de trabajadores que promedian los 45-50 años, con 20 o más en la empresa y con hijos en la adolescencia y en la Universidad; es decir con una vida ya hecha que el despido ahora desmorona.
Fue brutal también porque los tomó de sorpresa. Celima es una conocida corporación empresarial que se ha expandido y lidera el mercado desde hace varias décadas, donde sus trabajadores sentían alguna seguridad y futuro. Ahora, muchos de ellos en la calle no tendrán dinero ni para pagar el recibo de luz.
El grupo Celima-Trébol
Celima es parte de una corporación dedicada a la fabricación y comercialización de revestimientos cerámicos o acabados de construcción. Cuenta con tres grandes plantas de producción, una red de megatiendas y otras fábricas de insumos y de sanitarios, con los que lidera el mercado nacional y exporta a diversos mercados. Fue fundada hace más de 40 años por Augusto Belmont Cassinelli que, junto a su clan familiar, comparte la propiedad del grupo. Y es gestionada por Enfoca, una financista especializada en comprar empresas en quiebra para revenderlas luego de reflotarlas, y que en su página web se presenta como especializada en “mejorar los negocios”, eslogan que los obreros de la corporación pueden dar fe de lo que esto significa en sus propios pellejos.
Su despegue se produjo en los últimos 20 años junto al despegue económico del país motorizado por un modelo liberal que promueve la ganancia capitalista sobre los intereses nacionales y la propia fuerza de trabajo. Creció hasta llegar a construir una moderna mega planta en las afueras de Lima que afirmó su posicionamiento. En el mismo periodo apareció una nueva fábrica de cerámicos de capitales mexicanos, Cerámica San Lorenzo, que apenas llegó a hacerle sombra captando el 18% del mercado. No obstante, la rentabilidad de Celima se ha sustentada no en su cualificación tecnológica ni organizativa sino en políticas de despotismo y precariedad laboral que permiten las leyes y protegen los gobiernos nacionales, en la misma línea de cómo sucedía hace un siglo, cuando los empresarios mineros usaban arrieros para transportar mineral porque resultaban más baratos que traerlo por vía férrea.
En la última década la economía nacional se resintió cayendo a niveles mínimos, y el último año incluso ingreso a su primera recesión en 30 años, lo que trajo cierre de empresas, reestructuraciones de otras y una ola de despidos que alcanzó a Celima. Pero el impacto más importante que ha sentido la empresa ha sido la reciente aparición en el mercado nacional de una nueva competencia. ¡Y qué competencias! Se instalaron en el país dos megafábricas chinas que han empezado a desplazarla, y hasta amenazan con dejarla fuera de juego en algún momento.
Las multinacionales chinas
Como si desesperadamente faltaran cerámicos en el Perú el último año se instaron dos megafábricas de cerámicos de origen chino: Portalatino, a 100 km de Lima, y Tengda, en Ica, a 300 km de Lima; cada una de ellas con inversiones que promedian los 70 millones de dólares, ocupando áreas superiores a las 30 ha. y con capacidades de producción que fácilmente alcanzan al de Celima. Por ejemplo, solo Portalatino muestra una capacidad de producción de 36 millones de m2 por año frente a Celima cuya capacidad llega en la actualidad a 43 millones. Estamos hablando de empresas que recién se instalan, que crean y desarrollan tecnología y que vienen no solo a copar el mercado nacional sino desde aquí buscan cubrir el mercado de esta parte del mundo. El plan de China es instalar fábricas en esta región para aprovechar el megapuerto de Chancay para cubrir el mercado latinoamericano, por ejemplo, fabricando autos eléctricos.
La guerra recién se ha iniciado este año y sus consecuencias ya se dejan sentir. Portalatino, operando con mil obreros ya atiende el mercado nacional y de países vecinos con precios más baratos que los de Celima, en tanto Tengda, que había anunciado su inicio de operaciones en noviembre del año pasado, aún no lo hace porque se ha enredado en varias denuncias, una de ellas por haber realizado su construcción sin los permisos de ley y otra por corrupción, vínculados con Nicanor Boluarte, hermano de la presidente, que es procesado por vender favores a particulares. Pero el solo inicio de Portalatino ya produjo la paralización casi completa de Cerámica San Lorenzo, cuya mayoría de trabajadores fueron sometidos a suspensión perfecta de labores, y en Celima, donde algo más de un 10% de ellos ha sido colocados en cese colectivo.
¿Qué va a pasar después?
Nadie lo puede saber, lo cierto es que en cualquier caso se vive una nueva realidad, que estará marcada por la creciente presencia de los nuevos cerámicos de las fábricas chinas que irán desplazando a los de Celima y San Lorenzo. Por ahora lo que estas alegan es la aplicación de “reajustes”, pero tratándose de empresas con capitales y tecnologías más rezagadas su horizonte será de ajustes permanente buscando nivelarse con la capacidad productiva de las empresas chinas. No olvidemos que la finalidad del capital es obtener la ganancia media a más, y que esta la logran los que lideran en tecnología –en la que aventajan los chinos– y en el costo de la mano de obra –en el que también aventajan porque emplean mano de obra más barata que Celima y San Lorenzo donde los trabajadores acumularon algunos derechos en años de luchas.
Esta guerra de blancos recién se ha iniciado, pero como Jalisco, ellos nunca pierden sino solamente los trabajadores. En últimas, la opción de los capitalistas siempre es llevar su capital a otras áreas de inversión. La ventaja de Celima no solo es su posicionamiento de marca sino también su control de una red de distribución y de megatiendas a nivel nacional, ventaja que la coloca como candidata a pasar de principal productor a principal distribuidor de cerámicos; papel a la que el modelo de libre mercado tiende a relegar a los burgueses nacionales.
Los trabajadores
Esta es la magnitud de la problemática que enfrentan los trabajadores de Celima y San Lorenzo; en realidad, no es solo un problema de ellos sino de toda la clase trabajadora y que ahora incluye a los obreros de las nuevas fábricas chinas mencionadas. Los trabajadores enfrentan ataques brutales en el marco de las facultades que les da la ley a las empresas para enfrentar casos de crisis y reestructuración. Son procesos largos en los que deben sustentar sus pedidos, pero donde por lo general las decisiones de la autoridad se definen por criterios políticos. Las empresas saben de esta cuestión, pero lo hace y va a seguir cada una de las etapas de dichos procesos sabiendo que al final tienen incluso la vía judicial, dentro de una estrategia dirigida a alargar el proceso para cansar a los trabajadores que, sin recursos económicos, son tentados a vender sus renuncias. Así, por lo general, lo que sucede es que al final los trabajadores pueden ganar pero solo regresará la minoría que pudo resistir; esto es, puede haber un triunfo legal pero una derrota en el terreno de la imposición de los objetivos de la empresa, situación que viene configurando la ofensiva patronal que en los últimos años se viene cebando con los derechos de los trabajadores. Es posible revertir esta situación, por supuesto que sí. De eso se trata la batalla de los compañeros de Celima que han iniciado una dura lucha, una de cuyas manifestaciones se llevará a cabo el jueves 5 de octubre en la oficina de la empresa, al cumplirse el primer mes de los ceses. Una batalla que también representa un llamado a la lucha a toda la clase trabajadora peruana para frenar los despidos y derrotar al gobierno reaccionario de Boluarte.
El reciente proceso de cese colectivo en Celima hace parte de una larga lista de cierres, ceses e imposiciones de “suspensiones perfectas de labores”, que desde hace 5 años se ciernen sobre la clase obrera, particularmente la industrial, en el país.
Por Víctor Montes
Siendo, la derrota de los ceses colectivos, una lucha vital para el conjunto de la clase obrera, nos encontramos en un momento dominado por la confusión y falta de movilización, como consecuencia de la política que las organizaciones reformistas, como el Partido Comunista – Unidad, Patria Roja o sus acólitos del ML-19, entre otro, han venido impulsando.
Resulta crucial, entonces, poner en cuestión dicha política y abrir una discusión con el conjunto de la vanguardia obrera sobre el camino a seguir para derrotar los ceses, pero más, para imponer soluciones a la crisis económica y política que asfixia al país.
¿Qué está en cuestión con los ceses?
En primer lugar, el proceso de ceses colectivos, despidos y cierres que se viene desarrollando en el país, hace parte de la profundización de la desindustrialización y desnacionalización de la economía peruana.
Si ya desde la década de 1990 se impuso, bajo las botas de la dictadura fujimorista, un modelo de acumulación en el que el país volvía a exportador materias primas, particularmente minerales, llevando a la quiebra y desaparición a una importante porción de la limitada industria nacional que existía desde la década de 1950, hoy nos encontramos en una nueva “vuelta de tuerca” en favor de ese mismo modelo.
Sin embargo, para los patrones esto no es problema en tanto puedan mantener sus negocios contratando obreros en peores condiciones laborales y salariales, acceder a ser socios menores o ejecutivos de las empresas que vienen a reemplazar sus viejos negocios. O, incluso, si logran pasar al rubro comercial.
En cambio, para los obreros y obreras el cierre de la fábrica es una tragedia. No porque sientan “amor” a la fábrica. Los obreros y obreras odian la explotación. Y en ese sentido, aunque no sean del todo conscientes, buscan mil y una formas de sacarle la vuelta al trabajo. Pero otra cosa es quedarse sin sustento, para ellos, ellas y sus familias.
El cierre de la fábrica, o el cese colectivo, es un salto a la nada, que los lanza a la informalidad y a un mayor grado de explotación y miseria.
Por eso, la lucha contra los despidos, ceses colectivos y cierres de fábrica, hace parte de la lucha de toda la clase obrera y el pueblo pobre contra la dominación imperialista y capitalista, que privilegia sus ganancias por sobre la vida de las personas y el desarrollo del país.
¿Qué papel juega el reformismo en la lucha contra los ceses?
Como todos los reformistas a lo largo de la historia, el Partido Comunista, Patria Roja y un largo etcétera, falsean la realidad y los conceptos con los que se comprende la misma, para así desarmar a la clase obrera en su lucha y mantenerla atada a sus propios intereses electorales.
Así, hablan de “unidad”, pero dividen las luchas de los sindicatos, llevando por separado sus casos al terreno legal, para no hablar de la separación que imponen con la lucha popular en el interior del país, por la que ni siquiera se pronuncian.
Exigen la “caída del ministro de trabajo”, para callar sobre la necesidad de echar abajo al gobierno de Boluarte y al Congreso, que son los actuales garantes de la explotación capitalista e imperialista en el país. Garantes que, ya lo han demostrado, se han impuesto a sangre y fuego y restringido los espacios democráticos en el país.
Llaman “amigos” y “aliados” a congresistas y organizaciones que están completamente adaptadas a la legalidad patronal, que nunca se han manifestado siquiera por el fin de la explotación, pero que para los reformistas son claves pues les abren la posibilidad de pactar alianzas electorales.
Pero fundamentalmente, llaman “lucha” a las demandas judiciales, que es su única estrategia real de acción frente a los despidos. Con esta orientación, sacan a la clase de las calles y las acciones directas de lucha. Con esto, facilitan el debilitamiento de la lucha, que se prolonga en el tiempo y demanda gastos. Dos factores que la empresa tiene y no los trabajadores.
Justamente por eso, para quienes tenemos una comprensión marxista y de clase, está claro que la justicia de los patrones, donde todo se compra y se vende, no es el terreno en el que se desarrolla la lucha obrera en forma natural.
La legalidad burguesa, patronal, si bien ha tenido que reconocer a lo largo de la historia las conquistas que la clase trabajadora ha arrancado a su dominación en base a sus luchas, parte del reconocimiento de los derechos de los patrones por sobre cualquier otro, comenzando por su derecho a la propiedad privada, capitalistas, sobre los medios de producción (fábricas, minas, etc.) y por eso mismo, a la explotación.
Imponiendo esta ilusión en la legalidad burguesa, mantienen la acción de la clase obrera bajo control, atrapada en el mito de que el problema de los ceses se resolverá con una “buena defensa legal”, mientras la vida arrastra a los obreros a buscar nuevos trabajos y a abandonar la lucha directa, en las calles, facilitando así la materialización de los despidos y, la continuidad del gobierno que lo que menos quiere, es que se abra un frente de conflictos en la clase obrera industrial.
¿Cuál es el camino para acabar con los ceses colectivos?
La lucha contra los despidos tiene, por tanto, un conjunto de aristas que la convierten en un aglutinador de la indignación obrera y popular.
Por un lado, enfrenta la desesperación de la patronal por garantizar sus ganancias a costa de la vida de los obreros, obreras y sus familias.
De fondo, se enfrenta al avance en la subordinación de la economía nacional a las grandes transnacionales imperialistas que desindustrializan el país para ganar más.
Como pieza en el juego de la correlación de fuerzas entre la clase obrera y los patrones, abre la posibilidad de revertir las condiciones desfavorables que el gobierno de Dina Boluarte, de la mano con el Congreso, ha creado a partir de la feroz represión con la que se impusieron y la defección de los autodenominados sectores “democráticos” a continuar luchando.
Y en el de la organización obrera, plantea la necesidad de superar a la dirigencia reformista, encabezada por el PC, que ha adormecido a los trabajadores y trabajadoras y desmoralizado a los luchadores del sur y a la propia clase obrera.
Pero para que la lucha contra los ceses logre convertirse en un factor central de la lucha de clases, que haga frente de manera efectiva todos estos aspectos de la situación del país, es imprescindible “tejer fino”.
En primer lugar, es clave llamar a la más amplia unidad de acción contra los ceses y despidos, impulsando reuniones, asambleas y la coordinación de los sectores afectados, estén o no sindicalizados, y llamando a las organizaciones del pueblo a ser parte de la misma lucha.
En esto, las dirigencias tienen su propia responsabilidad. Aunque suene contradictorio, es imprescindible exigir a la CGTP, la CUT, la FETRIMAP y demás federaciones del ámbito sindical, que son las responsables concretas de las organizaciones obreras a nivel nacional, que se pongan al frente y concreten una acción de lucha unitaria, que debería ser un gran paro combativo, que junto a la exigencia de la caída de los ceses, y la reposición de los despedidos y despedidas, sume a sus banderas las necesidades del pueblo pobre.
Ahí donde se pueda, y lo exija la realidad, los obreros y obreras organizadas tendrían que tomar las fábricas para impedir su cierre y los despidos, poniendo a funcionar las máquinas bajo su propio control, tal como vienen funcionando más de 400 empresas en Argentina desde la crisis de 2001.
Y por último, hay que reivindicar, como salida de fondo, la nacionalización de las empresas que despidan a sus trabajadores, o que cierren sus plantas. Solo así, se puede garantizar que todos los obreros y obreras mantengan sus trabajos. La fábrica entonces debe pasar a funcionar bajo control de sus trabajadores, del comité de fábrica, que debe organizar la continuidad de la producción, mientras el Estado garantiza la compra de materias primas, el pago de la energía, etc.
Necesitamos una dirección para esta lucha
Será solo en ese terreno, el de la lucha directa, el de la acción masiva del pueblo trabajador en las calles, en el que se podrá definir el destino de los ceses.
Esto exige organizar de forma independiente y políticamente a los sectores más combativos, para construir una dirección que de forma consecuente, combativa y clasista, se ponga a la cabeza de la pelea por la reposición inmediata de todos los despedidos y despedidas, la prohibición de los ceses, de la “suspensión perfecta de labores”, y demás mecanismos con que la patronal ataca el derecho elemental al trabajo.
Solo así, pondremos coto a la ola de ceses y despidos. Y abriremos, al mismo tiempo, el camino a la lucha por el poder y el socialismo.
Esta es la tarea a la que se aboca el Partido Socialista de los Trabajadores, que sin ninguna confianza en la legalidad patronal, levanta las banderas de la lucha directa de la clase obrera por sus derechos y más sentidas necesidades.
Los obreros de Celima, organizados en su combativo sindicato, han vuelto a dar muestra de lucha y dignidad obrera, haciendo frente al anuncio de despidos masivos por parte de la empresa, con plantones, marchas y llamados a la unidad de toda la clase obrera para enfrentar la norma que legaliza los Ceses Colectivos.
Por Víctor Montes
Este 28 de agosto el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MTPE) ratificó la improcedencia de la solicitud de inicio del procedimiento de Colectivo (despidos masivos) iniciado al caballazo por Cerámica Lima S.A., contra 216 obreros que laboran en las tres plantas que la empresa tiene en Lima. Más de la mitad pertenecen al Sindicato de Trabajadores de Celima S.A. y Conexos, incluye a toda su Junta Directiva y a los representantes de los trabajadores ante el Comité de Salud y Seguridad en el Trabajo. El anuncio fue recibido con alegría y arengas de lucha por los obreros de Celima que, recibieron la notificación con una importante movilización y plantón frente a la Autoridad de Trabajo, exigiendo inmediata reposición y el pago de sus haberes, mientras preparan una nueva Asamblea para implementar las nuevas acciones porque entienden que la lucha recién ha comenzado. No cabe duda que la decisión del MTPE, en primera y ahora en segunda instancia, es un triunfo político de la lucha que iniciaron los obreros organizados en el Sindicato, apenas la empresa anunció el cese, el 6 de agosto último. Fecha desde la cual la empresa les ha impedido el ingreso a las plantas y aplicado la “suspensión perfecta de labores”, otro mecanismo legal pernicioso que permite a los patrones enviar a casa a los obreros sin percibir salario y atención médica.
¿De dónde viene este proceso?
Como escribió el activista obrero del Sindicato Celima, y militante del Partido Socialista de los Trabajadores, Manuel Fernández, desde principios de año la empresa había comenzado a dar muestras de la intención de despedir a un grupo importante de trabajadores. Al no poder hacerlo desde un inicio, impulsó una política de “renuncias voluntarias”, que hizo carne en un sector del Sindicato: “…arrancamos el año con el aviso que los almacenes de productos terminados se encontraban en sobrestock, pese a las paradas de planta que se habían sucedido el año anterior. No demoró mucho para que la patronal decidiera paralizar algunas líneas de producción en la sede de San Martín de Porres (populoso distrito del norte de la ciudad de Lima) y luego convocar a los trabajadores de esas líneas para comunicarles que “ya no hay trabajo”, chantajeándolos para que acepten un acuerdo de “retiro voluntario” bajo la amenaza de ser despedidos.” (Fernández, M. Bandera Socialista 144) La respuesta se organizó desde la base con un grupo de vanguardia del Sindicato, quienes rápidamente realizaron reuniones puerta de fábrica para discutir la problemática y proponiendo acciones de lucha para frenar las amenazas de despidos. Si no se avanzó más entonces, fue porque la dirección sindical optó por la negociación subestimando el ataque patronal que al final se descargaría en forma definitiva a inicios de agosto.
El cese no es un “rayo en cielo sereno”
La situación que viven los trabajadores de Celima no es, sin embargo, singular. Desde el 2023 la economía peruana se encuentra en recesión (cerró el año con una contracción de 0.55% del PIB). Y a pesar que los números que hablan de una recuperación de la economía, los principales gremios patronales, como la Sociedad Nacional de Industrias, muestran que la industria vive una muy débil recuperación de 1,5% en el primer semestre del año, los desagregados muestran que se explica por el crecimiento del sector fabril primario (8.3%) en contraste con el sector fabril no primario, lo que propiamente es la industria, que cerró el primer semestre con una caída del 0,4%. Por su parte, la inversión privada disminuyó en el país en 1,8% el primer trimestre del año y 0,4% el segundo. Este es el marco económico de los ceses colectivos, una norma a la medida de los intereses patronales que pone las ganancias por encima del derecho humano al trabajo. Lo cierto es que la patronal envalentonada viene aprovechando el marco económico para golpear a las camadas de obreros y obreras que, en los últimos 20 años, reconstruyeron sus sindicatos y ganaron, con lucha, incrementos en sus salarios y el respeto a sus derechos laborales. Por eso a principios de año, la fábrica Bosch, que en nuestro país se dedicaba a fabricar cocinas y congeladoras, cerró operaciones en el país y echó a la totalidad de los obreros (más de 400), 80 de ellos sindicalizados. Ya antes, en noviembre de 2023, Embotelladora Graco S.A.C. –subsidiaria del Grupo Económico AJE, también había echado, por medio de un cese colectivo a 208 trabajadores, incluyendo varios sindicalizados. Otras empresas con procesos de cese colectivo son Cifarma y Ollas Record, entre otros.
El aval del gobierno
Además de los elementos que componen la coyuntura económica, y su impacto en el país, la patronal se siente fortalecida por el aval que le otorga el gobierno de Dina Boluarte y el Congreso dominado por el fujimorismo y sus acólitos. La imposición del gobierno, sobre el asesinato directo, a manos de la policía y el Ejército, de 49 luchadores, le ha dado a la patronal confianza en que su ofensiva será resguardada a sangre y fuego por un gobierno advenedizo que depende enteramente de su apoyo, expresado en la complicidad de un Congreso impresentable, lleno de corruptos, personajes ligados a los crímenes contra los derechos humanos en la dictadura fujimorista, y otros tantos ligados a la minería ilegal, entre otras.
La política de las direcciones conciliadoras
Sin embargo, no ha sido solo la represión la que ha creado un momento que la patronal considera adecuado para su ofensiva. Al mismo tiempo que el gobierno asesinaba en el sur, las dirigencias de las organizaciones del movimiento obrero, sobre todo la dirigencia de la CGTP, dividieron la lucha que provenía del sur e impuso una dinámica de conciliación con el gobierno asesino, sembrando desmoralización en el conjunto de los luchadores y luchadoras. De ahí que la clase obrera y el pueblo se encuentren, en los hechos, desarmados ante los diversos ataques que la patronal asesta, tanto en las fábricas y minas del país, como desde el Congreso, aprobando leyes draconianas.
Los obreros de Celima enfrentan los ceses en las calles
Los obreros y obreras del Sindicato Celima han tomado las calles desde el mismo día del anuncio del cese colectivo, dando ejemplo de cómo defender sus derechos más elementales. Ya el 7 de agosto, se realizaron combativos plantones frente a la puerta de las plantas ubicadas en San Martín de Porres y San Juan de Lurigancho (distrito del este de Lima). Desde entonces, se han producido varias Asambleas Generales y 3 movilizaciones al MTPE, así como el llamado a las dirigencias de la Federación de Trabajadores de la Industria Peruana (FETRIMAP) y de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), a realizar un paro que unifique la lucha obrera contra los ceses colectivos y los despidos en general. En ese mismo marco, el Sindicato ha recibido la solidaridad internacional de organizaciones sindicales y activistas de Colombia, Argentina, Ecuador y Costa Rica, quienes rápidamente han respondido al llamado realizado por el Comité de Lucha creado desde la base del sindicato a pronunciarse contra los ceses. En la actualidad, la necesidad de concretar un plan de lucha unitario, que movilice a los más amplios sectores de la clase obrera contra los ceses, resulta clave para derrotarlos. Lo decimos fuerte y claro: ¡No hay solución a los ceses colectivos en el terreno de la vía judicial! ¡El único camino cierto para los trabajadores y trabajadoras del país que enfrentan los despidos es el de la movilización combativa y unitaria a lo largo y ancho del país! Ese es el camino declarado de los obreros de Celima, que en los hechos se ponen al frente de toda la clase obrera peruana en esta lucha contra el abuso patronal y la explotación. Por eso urge también rodearlos de solidaridad activa, a ellos y a sus familias, que en total suman no menos de 1000 personas, cuya subsistencia se encuentra en el aire, por la acción de Celima S.A.
Fue en las Fiestas Patrias (28 y 29 de julio) del año 1974, que un grupo de jóvenes militantes fundaron nuestro partido, el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) en el Perú. Ahora queremos recordarlo haciendo un recorrido de nuestra historia y un breve balance de cara al objetivo que nos propusimos, poniendo por delante las tareas del presente. Lo hacemos como un mensaje abierto a la vanguardia de la clase trabajadora y a los hombres y mujeres que hoy luchan y sueñan por conquistar un mundo nuevo con el socialismo.
El PST se fundó con un programa para hacer la revolución socialista en el Perú, como parte de la lucha por la revolución mundial, mediante la conquista de un gobierno de los trabajadores. Cinco décadas después, aun cuando seguimos siendo un grupo, la profunda degradación social que viven los trabajadores y pobres mientras la burguesía se enriquece como jamás lo hizo, muestran que esa necesidad no solo sigue vigente sino que se ha hecho urgente para salvarnos y salvar a las mayorías de la barbarie capitalista.
En 50 años, hemos cometido infinidad de errores y hemos tenido –y tenemos– otras tantas debilidades que explican el hecho de que hoy, seamos un pequeño grupo militante. No es una justificación, pero basta recordar que llevamos sobre nuestras espaldas una tarea histórica, a la que sólo ha logrado responder correrctamente y con éxito el Partido Bolchevique dirigido por Lenin y Trotsky.
En este sentido podemos decir que, en una era donde lamentablemente se han perdido y pierden generaciones enteras para la revolución, y con poca gloria y mucho honor, hemos preservado para la clase obrera peruana la lucha por poner en pie un verdadero partido revolucionario. Por eso hoy el PST hoy es una realidad presente y uns herramienta de lucha por el poder para las nuevas generaciones de obreros, obreras y el pueblo pobre de nuestro país.
Nuestros orígenes
El PST se fundó en 1974 pero su historia y sus raíces se plantaron profunda y sólidamente mucho tiempo antes. Como muchos saben hacemos parte de la corriente histórica que continúa el legado del Partido Bolchevique que hizo la Revolución Rusa de 1917 y fundó la III Internacional y que fueron degeneradas por el stalinismo, de la corriente de la Cuarta Internacional fundada por León Trotsky que aún hoy sigue siendo la única promesa revolucionaria que tiene la humanidad.
La lucha de Trotsky contra el stalinismo se inició en 1925 y culminó con su vil asesinato por sicarios de Stalin en 1940, apenas fundada la Cuarta Internacional. Ubicado en las antípodas de la lucha de clases mundial, el marxismo aparece en Perú con José Carlos Mariátegui, a fines de los años 20 del siglo pasado, y los primeros peruanos que abrazan al trotskismo serán intelectuales que por aquellos años viajaban a Europa. Mariátegui muere en forma prematura en 1930 y el Partido Socialista que funda es también degenerado por el stalinismo y convertido (contra la postura que había sostenido expresamente el propio Mariátegui) en el Partido Comunista Peruano. Así, en aquellos años, la sola mención de Trotsky y del trotskismo era señalado como contrarrevolucionario y pasible de ser asesinado.
Es en este contexto que el año 1944, un grupo de obreros textiles, militantes de ese Partido Comunista, que dirigían una huelga del gremio textil, rompen con ese partido porque les había ordenado traicionar la huelga para apoyar al gobierno burgués y oligárquico de Manuel Prado, a quien, a la sazón, calificaba como el “Stalin peruano”, por su postura en la Segunda guerra mundial. Luego de su ruptura estos militantes formarían el Grupo Obrero Revolucionario (GOR), que con el tiempo abrazarían al trotskismo y a la Cuarta Internacional, dando inicio en el Perú a la batalla por la continuidad del auténtico marxismo revolucionario.
En 1948, el GOR se transformaría en Partido Obrero Revolucionario (POR) y hará parte de la formación del Secretariado Latinoamericano del Trotskismo Ortodoxo (SLATO), el primer esbozo de dirección revolucionaria continental donde destaca el dirigente argentino Nahuel Moreno, que con el tiempo se convertiría en la más importante figura del trotskismo Latinoamericano.
A inicios de los años 60 y bajo la dirección del SLATO, siendo aún un grupo el POR formará el Frente de Izquierda Revolucionario (FIR) sumando otras pequeñas agrupaciones. Lo hará con un plan audaz y decidido: llevar a cabo larevolución agrariaen el Perú, como parte de su estrategia hacia la revolución socialista. El continente era sacudido por el triunfo de la Revolución Cubana y muchos buscaban seguir su ejemplo. Perú era entonces una sociedad predominantemente agraria con la propiedad de la tierra concentrada en un puñado de hacendados que explotaban a millones de campesinos con formas de trabajo servil. El FIR, con Hugo Blanco a la cabeza, hará realidad su plan desatando en el campo un proceso de sindicalización masiva con tomas de tierras, huelgas y enfrentamientos con hacendados y policías, incluso con autodefensa armada, que será aplacada por una cruenta represión que terminaría con el mismo Blanco, los líderes campesinos y casi toda la militancia del FIR en la cárcel.
Hicieron una auténtica revolución, que llenó de gloria y encumbró a nuestra corriente y a la figura del mismo Hugo Blanco en la escena internacional; su triunfo se consagrará el año 1969, cuando el gobierno militar de Velasco Alvarado de corte nacionalista, promulgó la Ley de reforma agraria que puso fin a las haciendas y entregó la tierra a los campesinos. Pero el partido quedaría destruido, no solo por la represión sino también por la cooptación de numerosos militantes por ese gobierno burgués.
La fundación del PST y los años 70 y 80
Los que años después fundan el PST serán un puñado de cuadros y militantes que vienen de aquel proceso; en su mayoría eran jóvenes, pero sus raíces ya eran grandes y profundas. La misma situación ya era otra.
El país vivía una nueva realidad marcada por el fracaso del modelo desarrollista y de sustitución de importaciones del gobierno militar de Velasco, y que daría inicio a otro proceso revolucionario, el más largo, intenso y con protagonismo obrero de la historia nacional. Contra los ajustes y la represión se suceden huelgas, paros y enfrentamientos, que tendrán su cúspide el 19 de Julio de 1977, con la realización de una huelga general con características semi insurreccionales, que logra poner fin a la dictadura militar obligándola a convocar a elecciones a una Asamblea Constituyente.
Fue en este periodo y ya nutrido de una nueva fuerza militante que el PST logra uno de sus mejores aciertos: junto a otras organizaciones (entre ellas el Partido Obrero Marxista Revolucionario – POMR de Ricardo Napurí que era organización más fuerte y adhería a otra corriente internacional), forma el Frente Obrero, Campesino, Estudiantil y Popular (FOCEP), como una opción independiente y de clase para participar en las elecciones a la Constituyente convocadas para mediados de 1978. En dicha elección el FOCEP obtendría cerca al 30% de la votación nacional, gana 12 bancadas en la Asamblea Constituyente y Hugo Blanco será el tercero más votado: fue un triunfo espectacular, considerando que veníamos de la nada comparado con los enormes aparatos de la izquierda stalinista, maoísta y centrista, que quedaron relegados.
Este éxito, sin embargo, durará poco. Pagaremos muy caro el costo de ser organizaciones pequeñas bajo una montaña de votos, en medio de la crisis de dirección de la Cuarta Internacional que nos privó de la posibilidad de aprovechar esta extraordinaria oportunidad para poner en pie un auténtico partido revolucionario que encaminara el proceso hacia la revolución. Como consecuencia de ella, Hugo Blanco rompe con el PST y el FOCEP, e inicia una deriva hacia el centrismo. El “retorno a la democracia”, que corrompió al conjunto de la izquierda estalinista y reformista, presionó a nuestra organización que, como respuesta, construyó el Frente electoral “Trabajadores al Poder” junto al POMR y al propio Hugo Blanco, pero ya en una dinámica de retroceso.
El espacio que deja el FOCEP será llenado por el stalinismo y el centrismo que unidos a sectores de la burguesía y con el respaldo de un inmenso aparato, formarán Izquierda Unida(IU), un típico “frente popular”. Así IU ocupará el espacio electoral de izquierda por una década, convirtiéndose en un fenómeno de masas, empujando al PST a la marginalidad, a pesar de la fusión con el sector del POMR que dirigía Ricardo Napurí, expulsado por la corriente internacional a la que ellos adherían tras una profunda crisis.
Este fenómeno, en particular el surgimiento del frente popular ocupando el inmenso espacio de la izquierda en una situación revolucionaria, tendría un impacto profundo sobre la lucha de clases. IU frenará el impulso revolucionario de masas para encasillarlo dentro del parlamentarismo burgués y recreando ilusiones en el régimen democrático recién reestablecido, con la agenda de ocupar cargos en el Estado y asumir el gobierno del país; en tanto, los sectores más radicalizados de la vanguardia, sobre todo provenientes del estudiantado, son atraídos por la “lucha armadfa” que iniciaba Sendero Luminoso (SL), al margen de las organizaciones de masas y en contra de ellas, aceptando una jefatura mesiánica de corte maoísta. Así, bajo la tenaza del inmenso aparato de IU que concilia con la burguesía y la subversión de SL con coches bomba, el ascenso se desgastará y en medio de una enorme confusión donde no se ve salidas, amplios sectores de masas elegirán a Alberto Fujimori en 1990.
Así se cerrará esta larga etapa revolucionaria. Ella tenía como única salida positiva el triunfo de la revolución socialista en el país, sentimiento manifestado claramente en la masiva votación por Hugo Blanco y las organizaciones trotskistas que encarnábamos dicho programa. La pérdida de la inmensa oportunidad que significó el FOCEP por la crisis de dirección de la Cuarta Internacional, representará también la pérdida de dicha posibilidad, dejando el camino abierto para una nueva traición histórica de los aparatos stalinistas y centristas, y de su aborto que significó SL.
Una nueva etapa
Fujimori abrirá una etapa de signo opuesto, dictatorial y neoliberal, que trajo una derrota histórica de la vanguardia del proletariado nacida al calor de la lucha contra la dictadura militar, y de las organizaciones revolucionarias y que se extendería por una década.
Fruto de una insurgencia democrática, el nuevo siglo se abrirá con la caída de la dictadura de Fujimori responsable de múltiples genocidios, corrupción y entrega del país y se volverá a restituir el sistema democrático parlamentario. El nuevo régimen configurado por la Constitución de 1993 será de democracia neocolonial y neoliberal, esto es un país cuya economía permanece atada al dominio imperialista y bajo un régimen autoritario; un régimen donde el Estado mantiene los rezagos racistas de la república aristocrática y colonial combinado con la nueva ideología neoliberal de la clase dominante.
Será bajo este régimen, con gobiernos de derecha (Alan García, PPK) e izquierda (Pedro Castillo) que se mantendrá por más de dos décadas la continuidad del modelo, protegido por un sistema represivo que se ceba contra toda resistencia y lucha, en especial de aquellas que se dirigen contra las corporaciones mineras devenidas en los nuevos dueños del Perú. Dicho régimen mostrará toda su esencia y carácter reaccionarios en múltiples ocasiones: en la pandemia, cuando empujó a la muerte a medio millón de trabajadores y pobres sin la mínima protección y seguridad médicas; en la generalizada corrupción que muestran la burguesía, sus partidos y el Estado; en la reacción que desataron contra la elección y el gobierno con apoyo indígena y popular de Pedro Castillo, y, sobre todo, en la represión genocida que desató contra la rebelión del sur andino, causando más medio centenar de víctimas por impactos de balas y cientos de heridos de gravedad. Todo, para preservar un régimen que se muestra más corrupto, más inepto y que cada día hunde más en la pobreza a las mayorías, mientras las corporaciones no paran de ganar.
En dos décadas de esta “democracia burguesa” las luchas han sido numerosas y radicales, como esta última que explotó abiertamente contra el régimen que no acepta un atisbo de reforma. Pero no lograron triunfar por una sola razón: la traición sistemática de todos los aparatos de izquierda y de la central sindical que controlan. Y esto porque, más que capitular al régimen esa “izquierda” en todas sus variantes se incorporó a él pretendiendo humanizarlo desde dentro ocupando cargos en el Estado y aspirando a hacer gobierno. Por eso su agenda no han sido las luchas sino ha sido y sigue siendo electoral.
Nuestro Partido y la clase obrera
En todo este periodo nuestro pequeño partido dio un combate por poner en pie una dirección alternativa; pero con los espacios más cerrados y con una fuerza mucho menor que en el pasado, tuvo serias dificultades para lograrlo.
Una de las características del nuevo modelo neoliberal es que produjo también la emergencia de un nuevo y numeroso proletariado, pero en su enorme mayoría informal, muy precario y extraordinariamente fragmentado, y por tanto con inmensas trabas para forjar su unidad y desarrollar sus organizaciones de clase y que solo se manifiestan en situaciones de explosión social. El sector obrero que apareció más concentrado en las nuevas actividades industriales y mineras, sí puso de manifiesto una actividad dinámica entre los años 2005 y 2020, y desató una ola de sindicalización y luchas fragmentarias muchas veces heroicas, que arrancaron pequeñas conquistas, asentaron pequeños sindicatos combativos y dio lugar a una vanguardia de luchadores.
Varios de esos luchadores antiburocráticos se acercaron a nosotros y realizamos experiencias extraordinarias construyendo espacios independientes que desempeñaron roles de dirección en luchas decisivas como la que logró derrotar la Ley Pulpín (que pretendía precarizar más las condiciones de trabajo) y la lucha contra los ceses colectivos. Pero esos luchadores no avanzaron a integrarse a nuestro partido, por lo que no pudimos dar el salto a construirnos como un polo de dirección alternativo que garantizara su avance. Al final, dicho proceso fue derrotado entre los golpes infligidos por la patronal y la propia burocracia, y con ella la clase obrera y nuestro partido sufrieron retroceso.
Tan claro fue este avance hacia la posibilidad de poner en pie una dirección alternativa que la burocracia de la CGTP emitió una resolución en una Asamblea Nacional el año 2015, donde declara al PST como “enemigo”, con el voto y complicidad de la mayoría de los agrupamientos autodenominados de izquierda. En su defensa, el PST se quedaría solo con el apoyo de los luchadores obreros, pero sin posibilidad de poder desafiar a la burocracia y sus amenazas.
La derrota de la rebelión del sur andino a inicios del año 2023, se consuma en particular por su aislamiento de la clase obrera urbana ahora bajo el control férreo de la burocracia y sin ninguna referencia importante que le pueda dar pelea desde su interior. Así se entretejió el nuevo manto reaccionario que estos días cubre al país.
La nueva situación
De este modo, la continuidad de crisis de dirección revolucionaria ha parido una situación inédita en el país. Mientras se profundiza la crisis social en la que crecen de todos los índices de pobreza y se inflige golpes a la clase trabajadora, soportamos al régimen más odiado de nuestra historia y se pasean libres con aires de fiesta los asesinos de ayer y sus voceros más reaccionarios, sin que se vuelva a producir un nuevo alzamiento. Esas mismas direcciones traidoras se las ingenian ahora para canalizar este gigantesco descontento hacia la salida electoral del 2026, apuntalando sus propias candidaturas, pero haciéndole el juego a los planes de la reacción que se preparan para imponerse en ellas para extender su fiesta.
Lo claro y definitivo para nosotros y los sectores más conscientes es que no habrá salida para los trabajadores y mayorías pobres por esta vía: solo queda luchar retomando el camino que inició la sublevación del sur andino. Aun en medio de la estela gris que nos envuelve las luchas no han desaparecido ni por un minuto. Se sale a la lucha, por ejemplo, contra la ofensiva de la patronal minera que quiere poner en marcha proyectos que rechaza la población, como el de Tía María. Son luchas con un signo defensivo, en un contexto donde aún domina el cansancio, la angustia económica y la desconfianza en las direcciones, y sobre la cual ahora los traidores de siempre vuelven a sembrar las ilusiones electorales de siempre.
Aun pasando por la vía electoral, las luchas van a volver con más fuerza porque no hubo ni habrá solución con el régimen democrático burgués y el sistema capitalista, que deben ser derrotados con una revolución. Para que esto se produzca y sobre todo triunfe no basta la lucha decidida y con coraje sino se necesita una nueva dirección, una dirección revolucionaria como la que construye el PST, ligada y arrastrando a los sectores combativos de la clase obrera industrial. Por eso, toda nuestra energía seguirá siendo dedicada a construirnos en esos segmentos de la clase obrera, y en cada una de esas luchas que se producen, esforzándonos por convencer y ganar a los mejores activistas que emergen en ellas a sumarse a nuestras filas. Una nueva dirección para la revolución.
De cara al futuro
50 años después, el PST sigue firme y más que nunca haciendo la misma tarea. Es propio de revolucionarios retroceder y caernos, pero siempre nos levantamos para continuar nuestro camino. Nadie la tuvo fácil, ni Marx, ni Lenin, ni Rosa Luxemburgo ni Trotsky, que son nuestro ejemplo en todo sentido. Por eso somos y forjamos cuadros comprometidos con esta tarea revolucionaria a la que dedicamos nuestras vidas.
Desde un ángulo más crítico podemos decir que cometimos errores que han impedido o frenado nuestro desarrollo. Seguramente: nuestro largo camino está sembrado de errores de diverso tipo y no nos avergüenza aceptarlos, porque también en eso somos revolucionarios. Pero esencialmente reconocemos que acusamos mucha debilidad para la inmensa tarea que nos colocamos sobre los hombros.
No obstante, si algo debemos destacar para explicar nuestra perseverancia y fe en nuestro proyecto revolucionario, han sido dos razones fundamentales: nuestra ubicación en la clase obrera y nuestra lucha por la Internacional. Nuestro programa es para que la clase obrera la lleve a cabo y por eso jamás nos desligamos de ella, ni el PST ni nuestros predecesores. Hemos estado con ella pese a todas sus limitaciones y a nuestras propias limitaciones, en las buenas y en las malas, y eso nos dio coherencia y estabilidad, aunque hizo y hace más largo el camino.
De otro lado, nacimos y nos formamos como militantes internacionalistas, y también en eso perseveramos siempre. Por encima nuestro siempre estuvo y estará la construcción de la Internacional, concentrando nuestros principales esfuerzos y recursos, porque ante todo la lucha de clases es mundial y no hay forma de hacer la revolución socialista en un país sin esa dirección y organización internacional. Por ello, 50 años después, celebramos ser parte de la Liga Internacional de los Trabajadores, LIT-CI, la corriente revolucionaria que en Latinoamérica hereda la batalla que iniciáramos con el SLATO.
La LIT-CI hoy agrupa a partidos y militantes de varios países del mundo, y a militantes y cuadros de una trayectoria revolucionaria ejemplar que la ubica como una auténtica alternativa de dirección revolucionaria internacional.
Sin embargo, también hay que reconocerlo, nada de lo dicho nos hizo invulnerables y los problemas de la construcción de nuestro partido y de nuestra propia Internacional han sido permanentes. Estos problemas nos trajeron crisis, rupturas y alejamiento de muchos camaradas; aun hoy. Se trata siempre de discusiones en torno a los análisis y respuestas que damos a la realidad, de actualizar nuestras políticas, teorías y programa antes los cambios en la lucha de clases. Estos cambios han sido considerables en los últimos 40 años, luego de la caída de la ex URSS y el llamado campo socialista, y eso trajo discusiones permanentes en nuestro interior. Por eso para el PST, para entender y orientarnos correctamente para nuestro propósito de construirnos como alternativa de dirección revolucionaria, debemos continuar haciendo parte de todas estas discusiones y batallas, aportando nuestro propio grano de arena.
¿Qué aportamos o podemos aportar en todo esto? En la ruptura que afectó a nuestra internacional y a nuestro partido en 1992, defendimos al partido y a la internacional de todo ataque fraccionalista y de su preservación como organizaciones revolucionarias democráticas y centralizadas. Por esa batalla principista seguimos vigentes, mientras los fraccionalistas casi han desaparecido.
Asimismo, en la época neoliberal del “vale todo” que normalizó la degeneración moral de cuadros y dirigentes, el PST respondió esforzándose por ser leal a la mejor tradición revolucionaria castigando severamente las faltas morales de nuestros militantes y sobre todo de dirigentes, aun a costa de sus alejamientos; porque somos convencidos de que no hay forma de burlar o engañar a nuestro programa y principios sin pagar su alto precio. Por eso, seguimos aquí.
Luego de 50 años podemos decir entonces, con mucho honor, que en medio de grandes cambios mundiales, cuando grandes sectores de la izquierda se han adaptado y adaptan al orden capitalista ejerciendo inmensas presiones de diferente tipo sobre nuestras filas, hemos preservado nuestra organización haciendo parte de las luchas, principalmente de la clase obrera, para construirnos como dirección alternativa, al mismo tiempo que hemos dado y damos batalla por la construcción de nuestra Internacional, la LIT-CI, como alternativa de dirección revolucionaria mundial, preservando lo esencial de nuestra trayectoria revolucionaria y el ejemplo de nuestros maestros, de quienes nos sentimos profundamente orgullosos.
In memoriam
Por esto, al celebrar los 50 años de nuestra existencia, no podemos dejar de recordar a los camaradas que forjaron nuestras raíces. Especialmente a Nahuel Moreno, que tuvo presencia activa y directa en la construcción de nuestro partido e inspiró el plan para la revolución peruana, y que sigue siendo el referente fundamental de nuestro combate. A Hugo Blanco Galdós, que vivió su época más gloriosa como dirigente revolucionario, en las filas de nuestra corriente y en la de nuestro partido. A Félix “Mocho” Zevallos, el dirigente textil que fundó el trotskismo obrero en el Perú y fue miembro del SLATO. Y a Francisco Montes Paredes, fundador de nuestro partido.
En esta hora, también rendimos homenaje a los camaradas que dejaron su vida militando en nuestras filas: al dirigente minero Santos Dávila Bravo, dirigente obrero de nuestro partido; a Lucio La Torre militante obrero de toda la vida, a Carmen Bardales, militante obrera de D’onofrio; al líder de la lucha de los pueblos amazónicos José Sicchar Valdéz. Y especialmente a nuestra camarada Noemí Benito Di Lorenzo, argentina ejemplo de militante internacionalista, fallecida recientemente.
Y queremos agradecer y extender un abrazo cariñoso, a ex camaradas y ahora amigos que se encuentran retirados por razones de edad como Ricardo Napurí, una enorme personalidad que aportó y dio mucho brillo a nuestro partido durante una época y que fue clave para la continuidad del PST; y a la figura de Magda Benavides, ejemplar dirigente sindical bancaria, luchadora por los derechos de la mujer y ex figura de nuestro partido.
Con esta inmensa herencia de hombres y mujeres que dedicaron su esfuerzos y vidas construyendo nuestro partido, y de cara a la nueva etapa que nos toca vivir, la militancia y los cuadros del PST, al cumplir 50 años de combate indesmayable, reafirmamos ante la clase obrera y los luchadores y luchadoras con los puños alzados y bien en alto, nuestro compromiso de continuar la batalla por la construcción del partido, estrechamente ligado a nuestra Internacional, para hacer posible el triunfo de la revolución socialista en nuestro país.
En Celima arrancamos el año con el aviso que los almacenes de productos terminados se encontraban en sobrestock, pese a las paradas de planta que se habían sucedido el año anterior. No demoró mucho para que la patronal decidiera paralizar algunas líneas de producción en la sede de SMP y luego convocar a los trabajadores de esas líneas para comunicarles que “ya no hay trabajo”, chantajeándolos a aceptar un acuerdo de retiro voluntario bajo la amenaza de ser despidos. La información cayó como bomba entre los trabajadores afectados, la mayoría sindicalizados, y creó un ambiente de derrota entre ellos. La noticia rápidamente corrió por toda la planta. Sin embargo, también surgió una rápida respuesta desde el sector de trabajadores con más experiencia y largos años de lucha. Ellos promovieron reuniones en puerta de fábrica para discutir la problemática, y tomar conciencia de la necesidad de defender los puestos de trabajo y se pusieron en pie de lucha. Lograron también empujar a la dirección sindical a convocar una asamblea general, en la que también lograron que se resuelva romper la negociación colectiva en trato directo y preparar la huelga como respuesta a la amenaza de despidos. La siguiente asamblea no ratificó este acuerdo porque la directiva se preparó para revertir el acuerdo anterior. Para ella se trataba, y se trata, de priorizar la continuidad del diálogo con la empresa con la esperanza de alcanzar una solución al Pliego de Reclamos, a expensas de dejar que corra los planes de despido de la empresa. ¿De qué valen los supuestos aumentos si un gran sector de trabajadores no podrá gozar de ellos? Aún peor: ¿si la patronal está aplicando un plan de despidos masivos, no es absurdo esperar que te ofrecerá aumentos satisfactorios? En todo caso, por encima de cualquier pretensión reivindicativa, no hay nada más importante y sagrado que defender los puestos de trabajo cuando estos son amenazados. Como era de prever, el problema se agravó. Ahora circula la información que la sede de SJL cerrará sus operaciones este año dejando a 250 trabajadores en la calle. Esto sucede mientras la directiva sigue “dialogando” con la patronal, no solo sin lograr ninguna solución al Pliego sino atándose las manos para no hacer nada. En la planta de SMP donde se anularon líneas de producción, gracias a la firme respuesta de la base logramos que todos los trabajadores afectados fueran reubicados, en la misma planta o en otras sedes. Se trata de seguir este camino. Los despidos y amenazas están a la orden del día en otros centros laborales. Las patronales defienden sus tasas de ganancias haciendo pagar a los trabajadores las consecuencias de la “crisis”, y donde pueden los echan masivamente a la calle, en otros disfrazan los despidos con invitaciones al retiro, no sin antes desplegar una política de hostigamiento para que acepten este final. Debemos definir que ante esto hay que salir a luchar.
El problema de la normalidad de los despidos Muchos compañeros, presos de la presión patronal y la ausencia de una respuesta de sus dirigentes, terminan aceptando los despidos y renuncias “voluntarias”. Dicha política es la que se impone desde la CGTP y la FETRIMAP, que enfocan el problema como un tema solo legal, creando expectativas en las resoluciones de las autoridades del Ministerio de Trabajo y, en últimas, del Poder judicial, que demoran años, en lugar de la lucha. La lucha legal no es un aspecto que se deba subestimar. Pero sin organizar la respuesta unida de los trabajadores en defensa de su derecho al trabajo, no hay lucha legal que valga. Los despidos o los cierres de fábricas (y plantas) por temas económicos u otros pretextos pueden cubrirse de falsa “legalidad”. Pero ante ellos lo que siempre debe primar es la defensa del derecho al trabajo, para obligar al patrón a respetarlo. La patronal defiende sus ganancias echando trabajadores. Los trabajadores debemos defender nuestro derecho al trabajo, que es un derecho humano porque garantiza el mínimo sustento de nuestras familias. Y este derecho no se regala sino se defiende. Por ello, ante la arremetida de la patronal de Celima hay que luchar, haciendo honor a nuestra trayectoria y como ejemplo para toda la clase trabajadora.
El 28 de junio se conmemora, en el mundo, la revuelta de Stonewall (Nueva York – 1969). Revuelta que dio nacimiento al ‘Día del orgullo.’ El epicentro de este movimiento fue Stonewall Inn, un bar frecuentado por gente que, como se describió en su momento, “no tenía nada que perder”: jóvenes expulsados de sus casas por ser gays, travestis, transexuales y drag queens, muchas de ellas afroamericanas y latinas. Aquella noche del 28 de junio, se realizó una redada policial dirigida a las personas LGBT+ que se encontraban bailando y disfrutando de la madrugada. Durante cuatro días, una cantidad creciente de personas (lesbianas, gays, bisexuales y travestis, transexuales y transgénero), que llegaría a los miles, se enfrentaron a la represión policial. Tomaron las calles y levantaron barricadas en una verdadera rebelión contra la discriminación y violencia ejercida contra la comunidad LGBT+. Con su acción, se ganaron un lugar en el movimiento social y el derecho a conmemorar el orgullo de ser y vivir con libertad su sexualidad y su identidad, como cualquier persona. Pero no fueron los ricos de Nueva York quienes salieron a las calles, aquel 28 de junio. No fueron los gerentes y empresarios o empresarias homosexuales quienes pusieron el pecho y el rostro a los garrotes policiales. Fueron los pobres y marginados de la sociedad. Los trabajadores y trabajadoras que debían esconder sus preferencias sexuales e identidades de género en los trabajos para sobrevivir, o, peor aún, quienes eran condenados a la prostitución, justamente por ser pobres y homosexuales. En Lima, tuvo que pasar 43 años para que se convocara a una marcha por el Orgullo LGTB+. Y desde entonces, año a año la acción congrega a miles de personas que, siendo o no parte de la comunidad, entienden que la lucha por la igualdad de derechos, sin importar la opción sexual o la identidad de género, es uno de los pilares más elementales de la vida en democracia. Sin embargo, esta democracia podrida se ha mostrado incapaz de garantizar dichos derechos para la población LGTB+, y mucho menos a la población obrera y pobre que hace parte de dicha comunidad. Y menos aún, la democracia dirigida por Boluarte y el Congreso, que acaban de dar un salto de 40 años al incluir en el manual de enfermedades mentales a la población transgénero. Por eso es importantísimo sumar la lucha de la población LGTB+ a la lucha contra el gobierno, y así mismo, se hace urgente darle un carácter de clase a la lucha de la comunidad LGTB+. Porque frente a la explotación y la pobreza, somos exactamente iguales. tenemos el derecho y la necesidad, de conquistar plena igualdad para todos, todas y todes.
Según la Defensoría del Pueblo, de enero a mayo de este año, de las 4.434 mujeres reportadas como desaparecidas solo 2.431 fueron ubicadas, siendo el 55% de estas personas niñas y adolescentes. Estas alarmantes cifras siguen mostrando la cruda realidad cuya responsabilidad principal es del Estado y Gobierno, más preocupados en asegurar y agendar los intereses empresariales y los suyos que los de la población.
La Defensoría del Pueblo, en el reporte “Qué pasó con ellas”, correspondiente al mes de mayo de 2024, informa de la desaparición de un total de 2695mujeres, lo que representa un aumento del 10 % comparado al mismo periodo del año 2023 en el que se reportaron 2445 alertas. Asimismo, durante el 2022, se reportaron 137 casos de feminicidio en el país, de los cuales 22 tuvieron como situación previa una desaparición, es decir, el 16 % de los casos. Para el 2023, estas cifras aumentaron a 150 feminicidios reportados, de los cuales el 21 % de los casos tuvieron denuncias previas de desaparición.
La falta de presupuesto y de acción Si bien en los últimos años hubo ligeros aumentos de presupuesto para el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP), esto no cubre toda la problemática de prevención y de acción frente a los casos de desaparición y de feminicidio que siguen en aumento. El presupuesto apenas asegura los programas sociales de prevención, la continuidad de los 433 Centros de Emergencias Mujer (CEM) y los precarios Hogares de Refugio Temporal. Así inclusive lo expresó Julio Guzmán, procurador púbico, señalando que cada año iba incrementándose, por ejemplo, en el ámbito ambiental, el número de casos de minería ilegal en el país, pero no el número de fiscales ni el equipo que se necesitan para enfrentar esta problemática. Esta misma situación se repite en todos los sectores. De ahí que muchísimos casos duren meses y hasta años mientras los abusadores están libres y continuando la violencia hacia otras mujeres, así como el escandaloso caso de la violación de más de 500 niños y niñas awajún del Amazonas, por parte de sus docentes.
Impulsar la lucha contra la violencia y opresión Esta grave problemática de la mujer es evidente que no es una prioridad para los principales “representantes” del país, como el Congreso, que se dedica a legislar y actuar a favor de la impunidad y la corrupción y a controlar el sistema judicial. Al igual que el gobierno, dedicado a mantener la sumisión del país a garantizar las ganancias de las multinacionales, evitar a la justicia y seguir pactando todo lo posible con el podrido Congreso para llegar a las elecciones 2026. Por ello necesitamos impulsar nuevamente la lucha en las calles, como el movimiento “Ni una menos” a nivel nacional. Pero esta vez debemos impulsarlo con un carácter político y combativo para poder luchar de verdad contra todo este régimen corrupto e incapaz de solucionar demandas tan críticas que oprimen especialmente a las mujeres más pobres del país. Necesitamos discutir este problema en nuestros organismos de base de las fábricas, barrios, universidades, y crear y unificar las demandas específicas con las nacionales para poder vencer y, en ese proceso, construir una nueva dirección política.
La declaración por parte del ministro de educación, Morgan Quero, con el apoyo de Ángela Hernández, ministra de la mujer y poblaciones vulnerables, de que la violación de más de 500 niños y niñas awajún de la provincia de Condorcanqui, Amazonas, por parte de sus docentes, sería una “práctica cultural en la amazonía” vuelve a poner en la mesa incapacidad del gobierno y el Estado para poner fin a la violencia sexual en el país. Dichas declaraciones han encendido la indignación en el pueblo awajún. La docente y presidenta del Consejo de Mujeres Awajún, Rosemary Pioc, reveló a RPP que existe un registro de 524 acusaciones formales contra docentes por abuso sexual a menores de la comunidad. Desde 2010 se denuncian estos actos ante la UGEL, pero solo 111 profesores fueron destituidos de sus cargos hasta el presente año, mientras que los otros acusados continúan en las aulas con menores. Misteriosamente, la UGEL afirmó haber sufrido un incendio en 2020, que provocó la pérdida de todos los expedientes y pruebas que correspondían a las denuncias. Sin embargo, lo que más debe despertar indignación, además del silencio cómplice y aberrante de la FENATE y el SUTEP, es la normalización de la violencia sexual de parte de autoridades que deberían velar por la integridad física y psicológica de niños y niñas en las aulas y en todos los ámbitos de la vida. Peor aún cuando quien ejerce dicha violencia, es una maestra proveniente, en su mayoría, de otros pueblos y ciudades, y que justamente pretenden aprovechar esa mirada discriminadora y estereotipada de la sexualidad en los pueblos nativos, para violar impunemente. El movimiento de mujeres denuncia que el Perú es un “país de violadores”. Y no cabe duda que la barbarie capitalista que vivimos perpetúa la violencia machista y nos degrada sistemáticamente. Pero que se justifique desde las máximas autoridades del país, con el silencio complicado de las dirigencias sindicales, es solo la prueba de que la única forma de poner fin a este flagelo es echando abajo justamente a esas autoridades y a toda la podrida democracia, que no puede terminar con la violencia machista, los abusos, desapariciones y violaciones, pero asesina a quienes enfrentan su podredumbre en las calles. Una ‘democracia’ y un gobierno que resguarda a abusadores sexuales en las escuelas, más aún si estas se encuentran en el interior del país, y más, si son poblaciones nativas, esos “ciudadanos de segunda clase”, según el impune Alan García.
En Celima arrancamos el año con el aviso que los almacenes de productos terminados se encontraban en sobrestock, pese a las paradas de planta que se habían sucedido el año anterior. No demoró mucho para que la patronal decidiera paralizar algunas líneas de producción en la sede de SMP y luego convocar a los trabajadores de esas líneas para comunicarles que “ya no hay trabajo”, chantajeándolos a aceptar un acuerdo de retiro voluntario bajo la amenaza de ser despidos. La información cayó como bomba entre los trabajadores afectados, la mayoría sindicalizados, y creó un ambiente de derrota entre ellos. La noticia rápidamente corrió por toda la planta. Sin embargo, también surgió una rápida respuesta desde el sector de trabajadores con más experiencia y largos años de lucha. Ellos promovieron reuniones en puerta de fábrica para discutir la problemática, y tomar conciencia de la necesidad de defender los puestos de trabajo y se pusieron en pie de lucha. Lograron también empujar a la dirección sindical a convocar una asamblea general, en la que también lograron que se resuelva romper la negociación colectiva en trato directo y preparar la huelga como respuesta a la amenaza de despidos. La siguiente asamblea no ratificó este acuerdo porque la directiva se preparó para revertir el acuerdo anterior. Para ella se trataba, y se trata, de priorizar la continuidad del diálogo con la empresa con la esperanza de alcanzar una solución al Pliego de Reclamos, a expensas de dejar que corra los planes de despido de la empresa. ¿De qué valen los supuestos aumentos si un gran sector de trabajadores no podrá gozar de ellos? Aún peor: ¿si la patronal está aplicando un plan de despidos masivos, no es absurdo esperar que te ofrecerá aumentos satisfactorios? En todo caso, por encima de cualquier pretensión reivindicativa, no hay nada más importante y sagrado que defender los puestos de trabajo cuando estos son amenazados. Como era de prever, el problema se agravó. Ahora circula la información que la sede de SJL cerrará sus operaciones este año dejando a 250 trabajadores en la calle. Esto sucede mientras la directiva sigue “dialogando” con la patronal, no solo sin lograr ninguna solución al Pliego sino atándose las manos para no hacer nada. En la planta de SMP donde se anularon líneas de producción, gracias a la firme respuesta de la base logramos que todos los trabajadores afectados fueran reubicados, en la misma planta o en otras sedes. Se trata de seguir este camino. Los despidos y amenazas están a la orden del día en otros centros laborales. Las patronales defienden sus tasas de ganancias haciendo pagar a los trabajadores las consecuencias de la “crisis”, y donde pueden los echan masivamente a la calle, en otros disfrazan los despidos con invitaciones al retiro, no sin antes desplegar una política de hostigamiento para que acepten este final. Debemos definir que ante esto hay que salir a luchar.
El problema de la normalidad de los despidos Muchos compañeros, presos de la presión patronal y la ausencia de una respuesta de sus dirigentes, terminan aceptando los despidos y renuncias “voluntarias”. Dicha política es la que se impone desde la CGTP y la FETRIMAP, que enfocan el problema como un tema solo legal, creando expectativas en las resoluciones de las autoridades del Ministerio de Trabajo y, en últimas, del Poder judicial, que demoran años, en lugar de la lucha. La lucha legal no es un aspecto que se deba subestimar. Pero sin organizar la respuesta unida de los trabajadores en defensa de su derecho al trabajo, no hay lucha legal que valga. Los despidos o los cierres de fábricas (y plantas) por temas económicos u otros pretextos pueden cubrirse de falsa “legalidad”. Pero ante ellos lo que siempre debe primar es la defensa del derecho al trabajo, para obligar al patrón a respetarlo. La patronal defiende sus ganancias echando trabajadores. Los trabajadores debemos defender nuestro derecho al trabajo, que es un derecho humano porque garantiza el mínimo sustento de nuestras familias. Y este derecho no se regala sino se defiende. Por ello, ante la arremetida de la patronal de Celima hay que luchar, haciendo honor a nuestra trayectoria y como ejemplo para toda la clase trabajadora.