Por Víctor Montes
Los resultados de la segunda vuelta, que dan virtualmente la victoria a Keiko Fujimori, requieren ser entendidos por la clase obrera consciente desde múltiples ángulos, pero principalmente, en su relación con la lucha de clases.
En ese sentido, el retorno del fujimorismo es producto de 26 años de frustraciones de las ilusiones que sembró un sector de la burguesía y la izquierda reformista en la democracia pactada tras la caída del dictador Alberto Fujimori.
En concreto, la democracia no resolvió los grandes problemas del país. No posibilitó la integración nacional y la mejora del conjunto de los pueblos que hacen parte del mismo. Y todo lo contrario, reprimió a quienes salieron a luchar por sus justas reivindicaciones, profundizó el saqueo y permitió el abuso de la patronal.
Y es que no podía resolver ninguno de estos problemas. Esa democracia solo puede defender los intereses de la clase capitalista del país, cuyo plan es someterse absolutamente a las órdenes del imperialismo a cambio de una porción de las ganancias obtenidas por sus negocios.
Este sometimiento se expresa nítidamente en la continuidad del plan económico neoliberal, que impuso La dictadura al amparo de las botas de los militares, y que no ha sido tocado durante 25 años de falsa democracia.
Continuidad de la discriminación y marginación
Es justo por eso que tampoco podía integrar a los pueblos del interior al disfrute de las ganancias obtenidas bajo el modelo, pues éste significa saqueo y súper explotación.
Así, una y otra vez, sea bajo gobiernos «de izquierda» o «de derecha», los pueblos tuvieron que enfrentar el intento de imponerles proyectos mineros y la venta de sus territorios sin respetar sus voluntades.
En ese marco, y con el pasar del tiempo, junto al saqueo de las grandes empresas ha proliferado la economía informal e ilegal, hija legítima del mismo modelo, ha iniciado un proceso de degradación de las relaciones económicas y sociales cuya máxima expresión es el crecimiento y desborde de la criminalidad en diversos puntos del país. Criminalidad que se hace carne fundamentalmente sobre los sectores pobres y trabajadores.
Los esfuerzos de la burguesía
A lo largo de estos 25 años La burguesía ha intentado en distintos momentos tomar control de la situación. Tuvieron una primera victoria con Alan García. Sin embargo la lucha popular, que tuvo sus máximos esfuerzos en Moquegua el 2008 y en el baguazo el 2009, impidieron que el plan de profundización del saqueo pase adelante.
Otro tanto intentaron con PPK. Pero el estallido del escándalo lava jato y el destape de diversos hechos de corrupción (cuellos blancos), abrieron un proceso de inestabilización crónica y casi terminal de los cimientos del régimen pactado tras la caída de fujimori. Inició así el ciclo de cambios presidenciales que han continuado hasta la actualidad.
Ciclo que se agudizó con la llegada de desarrollo de la pandemia de covid19.
En ese contexto la reacción levantó cabeza e intentó imponer un gobierno a su medida, el de Manuel Merino. Pero una acción de masas con carácter democrático llevó a la caída casi inmediata del gobierno, profundizando la crisis del régimen, abriendo camino a la victoria de la huelga de los trabajadores y trabajadoras agrícolas, y colocando en el gobierno a Pedro Castillo como subproducto de ese proceso.
En ese marco la patronal definió utilizar todos sus medios para cerrar esa coyuntura de crisis y aprovechó la torpe acción del 7 de diciembre por parte de Pedro Castillo para pasar a la contraofensiva.
Así, con una sangrienta represión, y la traición de las dirigencias nacionales que impusieron la división de la lucha contra Boluarte cuando era posible echarla abajo, el gobierno impuso la primera derrota importante al movimiento de masas en el terreno de la lucha de clases, ganando un sector de los sectores medios urbanos y de los sectores populares de las principales ciudades, a ubicarse contra lo que la patronal motejó de «proyectos comunistas», cuando no directamente de terroristas.
El 2026
Así llegamos a esta elección en donde la fragmentación de las candidaturas volvió a expresar la crisis del régimen, pero en un marco en donde la frustración de las ilusiones democráticas, más la derrota del 2022-2023, allanó el camino para que las candidaturas hacia la derecha ganen un peso que no habían tenido en las elecciones previas. Y la máxima representante de ese sector era y es sin duda Keiko Fujimori y el fujimorismo.
Superar la falsa democracia
Por eso afirmamos que este resultado, si bien expresa en primer lugar la continuidad de la crisis del régimen, lo hace sobre la base de la derrota infringida en el interior durante 2022-2023, y de la desmoralización de la clase trabajadora y el pueblo tras la experiencia con Castillo. Hecho que ha llevado a algunos sectores populares a buscar alternativas electorales más acordes al modelo económico neoliberal.
De ahí que la principal conclusión que debe sacar la vanguardia consciente de la clase obrera, respecto de las razones por las cuales Keiko Fujimori ha ganado estás elecciones, es que necesitamos retomar la lucha organizada y unitaria, contra los ataques que se librarán desde ahora mismo, y en ese camino, construir una dirección capaz de llevar la lucha más allá de esta falsa democracia, que es incapaz de dar solución a los problemas más sentidos y urgentes del pueblo trabajador.


