Qué está en juego en la segunda vuelta, y después

El conteo oficial de la ONPE finalmente llegó al 100% y el Jurado Nacional de Elecciones proclamó los resultados de la primera elección presidencial 2026, quedando para la segunda vuelta del próximo 7 de junio los candidatos Keyko Fujimori y Roberto Sánchez. El resultado incluye un senado y una cámara de diputados en los que el empresariado más privilegiado tendrá mayoría, y el fujimorismo (su principal operador de momento) la primera minoría. Esto, más que entusiasmo o expectativas por la segunda vuelta, motiva una gran alerta para las organizaciones obreras, populares y estudiantiles, y la población nacional en general, y la necesidad de una preparación organizacional para el periodo que se viene.

El resultado de la primera vuelta muestra similitudes con el proceso del 2021, sobre todo la escasa votación o representatividad de los primeros lugares: Fujimori con el 14.3% de los votos emitidos (sube a 17.2% si se consideran solo los votos válidos) y Roberto Sánchez, con casi 9.99% de los emitidos (o 12% de los votos válidos).

El voto como expresión de protesta

La situación de fondo también es similar. En abril de 2021 ya había transcurrido un año de la pandemia del coronavirus con las fatales experiencias sobre todo de la mayoría de la población sin empleo formal, sin posibilidades de guardar cuarentena, y las familias de contagiados enfrentadas a las inclementes leyes del mercado neoliberal de la salud.

Ya no estamos en pandemia, pero una publicación reciente del INEI nos hizo recordar la situación en que vive la población nacional. Con el actual modelo neoliberal, a pesar del extraordinario crecimiento que ha experimentado la economía nacional en los últimos años, en el Perú hay 2.3 millones de personas pobres más que lo registrado antes de la pandemia, llegando en total a 8.8 millones de personas. La pregunta es obvia ¿Qué está pasando con la enorme riqueza que se está creando en el país?, ¿quiénes se la están quedando? Y obviamente, también, todos voltean al lado los empresarios más privilegiados, y a sus operadores en el gobierno y el Congreso.

Ni siquiera quieren tributar. Veinte compañías mineras mantienen a la fecha deudas tributarias, según la Sunat, por más de S/ 7,900 millones. Y eso que el Perú tiene uno de los ratios más bajos de presión tributaria en América Latina y el Caribe, según el BID.

En esta situación se hace más grave el impacto de verdaderas lacras como la corrupción desde el gobierno, el crimen organizado que golpea con extorsiones y sicariato, los ataques a la economía de los trabajadores. Y más graves los dramas que se padecen en la salud y la educación públicas y los efectos de fenómenos climáticos sin las medidas de prevención y mitigación por parte del Estado.

Candidaturas sin representatividad

Nuevamente, las candidaturas no representan directamente los intereses de las mayorías ni se han construido con la participación de estas, y entonces el descontento social se ha manifestado como ha podido, castigando candidaturas o contraponiendo unas contra otras, pero no por claridad de un proyecto al que hayan sido ganadas.

Una primera manifestación es que la mayoría de los partidos que ejercieron el control del actual Congreso han desaparecido del mapa a nivel de gobierno nacional, Avanza, País, Podemos, Somos Perú, Acción Popular e incluso Perú Libre que fue parte de la comparsa.

El fujimorismo cuenta con un amplio rechazo nacional, pero sobrevive porque explota el aparato político forjado desde la dictadura, su respaldo empresarial, el clientelismo y los pactos que logra por el ejercicio del poder del Estado, así como el control que ha obtenido copando instituciones claves, y sobre todo la crisis política que se manifiesta en la inexistencia de alternativas.

López Aliaga pretendió ilusamente ser una alternativa desde su bastión en Lima y con un proyecto abiertamente ultraderechista y racista, pero no desplazó a Fujimori en el electorado de derecha ni le alcanzó para asegurar el segundo lugar. La inusitada votación obtenida por candidatos como Ricardo Belmont y Carlos Álvarez es también manifestación del descontento de sectores de la población con el sistema político que hoy gobierna.

El voto de la “izquierda”

Esta vez tampoco ha habido una conexión de los procesos de luchas sociales con el proceso electoral, Los diferentes gremios y organizaciones sindicales, estudiantiles y populares no fueron convocados a construir una alternativa que recoja las plataformas de lucha, su vanguardia, la jerarquía de los problemas nacionales y la visión de país para el proyecto de gobierno a postular.

Muy al margen se crearon hasta tres listas de “izquierda” con dirigentes populares y sindicales a título personal, y también ha habido políticos de “izquierda” en candidaturas abiertamente de derecha como Podemos y Somos Perú.

Dos candidaturas formadas de esa manera, Juntos por el Perú y Ahora Nación, y una tercera más de centro derecha la de Jorge Nieto, captaron votaciones suficientes para colocar senadores y diputados (25 de 60 senadores en la cámara decisiva). Nada que esperar de su papel, no solo porque aún sumados son minoría, sino que además ninguna de esas opciones propone combatir el modelo neoliberal ni desafiar el poder económico empresarial, sino más bien preservar las actuales reglas de juego, complementando con medidas reformistas muy tangenciales.

La trayectoria de las cabezas, ahora senadores electos, es cada vez más hacia la derecha como se ha visto en el discurso de López Chau y más aún Nieto. La trayectoria de Roberto Sánchez no es muy diferente, visto su paso por la cartera de Comercio Exterior y Turismo en el gobierno de Castillo.

Juntos por el Perú, terminó siendo la herramienta del voto protesta para un importante sector de la población, especialmente del sur. Ayudó en eso el apoyo expreso de Pedro Castillo, quien había conseguido colocar en las listas congresales a familiares, gente de su confianza y algunos dirigentes de las movilizaciones de sur.

La segunda vuelta

Ahora Roberto Sánchez entra a disputar la segunda vuelta con Fujimori. Pero hasta la fecha, faltando pocos días para el 7 de junio, el movimiento obrero y popular no está noticiado de la visión del candidato de lo que está en juego ni de su estrategia política; como tampoco de parte de las organizaciones sindicales y populares que pedirán el voto por Roberto Sánchez. No hay ninguna referencia a las amenazas que se ciernen sobre los trabajadores y el pueblo, cual sea el resultado de la segunda vuelta, sea con Fujimori en el gobierno y el Congreso, o sea con Fujimori y sus aliados solo en el Congreso; ni tampoco a la estrategia fundamental para combatirlas, una que no puede adolecer de un plan de lucha nacional.

Entonces, el candidato espera una participación solo en las urnas, captando pasivamente, y sin compromisos asumidos, el voto popular en sus distintos sectores: el voto del sur, el voto de la clase trabajadora, el voto del estudiantado y de los movimientos populares, así como también el voto anti-Keyko que existe en sectores “democráticos” y de clase media que no cuestionan el modelo económico.

Entre las primeras figuras presentadas por Sánchez como parte de su equipo técnico están Pedro Francke y Manuel Rodríguez Cuadros, fue ministros de Castillo, así como el exfiscal José Domingo Pérez, lo cual muestra la línea conciliadora que predomina en la campaña de Sánchez.

Con esa “estrategia” no solo no se asegurará la derrota de Keyko Fujimori, sino desarma a las masas trabajadoras ante los efectos de una crisis política que se extenderá indefinidamente. Y en un eventual triunfo de Sánchez

Nuevamente las masas harán su experiencia del voto bajo la regla acostumbrada del “mal menor”. Pero la tarea fundamental seguirá siendo la de forjar la organización por un plan de lucha nacional que ponga en agenta no solo las demandas obreras y populares sino también el proyecto de gobierno obrero y popular.

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