Escribe Manuel Fernández, dirigente obrero del PST
¡Defendamos el empleo con nuestra lucha en las calles!
La ofensiva patronal en Industrias del Envase
El pasado 14 de abril de 2026, la empresa Industrias del Envase S.A. –gigante manufacturero con más de medio siglo de existencia fundado por la corporación Backus en el Callao– desató una violenta ofensiva contra sus trabajadores. Amparándose en la legislación neoliberal que los gobiernos de turno dejan intacta, la patronal activó en simultáneo un “procedimiento de terminación colectiva de contratos por causas tecnológicas y estructurales” y la “suspensión perfecta de labores”. Esta maniobra inhumana dejó de inmediato en la calle, y sin un solo centavo de salario, a más de 44 familias obreras.
La frialdad de las cifras desnuda el carácter selectivo y persecutorio de la medida: el 80% de los despedido pertenece al sindicato. Esta purga incluye directamente a 4 dirigentes de la junta directiva, a miembros clave de la Comisión Negociadora, a integrantes del Comité de Seguridad y Salud en el Trabajo, y a destacados exdirigentes.
La patronal no tuvo reparos en arrastrar a este limbo a obreros con enfermedades ocupacionales, restricciones médicas y secuelas de accidentes laborales. El ensañamiento llegó al extremo de echar a una madre lactante con una bebé de 8 meses y a otra que es el único sustento de un niño con Trastorno del Espectro Autista (TEA). Previamente, la empresa operó de forma siniestra trasladando a trabajadores sindicalizados hacia las áreas que planeaba declarar “en crisis”, construyendo un escenario artificial para justificar el cese colectivo.
El cese colectivo: el arma patronal para quebrar la organización sindical
Al igual que en los casos de Papelera Atlas, Papelera Nacional, Cogorno, Hialpesa, BSH y Celima, nos enfrentamos a una práctica sistemática de la patronal para recuperar sus tasas de ganancia descargando la crisis sobre la espalda trabajadora. El objetivo es evidente: desmantelar los sindicatos y reemplazar mano de obra con derechos por personal precarizado, sumiso y sin organización.
La empresa ejecuta este golpe quirúrgico en un momento clave: en plena negociación de dos pliegos de reclamos acumulados. Los dirigentes y afiliados puestos en la mira son los mismos que promovieron con firmeza la huelga como solución a sus demandas. Por si fuera poco, para consumar el descabezamiento sindical, la patronal envió cartas de preaviso de despido a 14 trabajadores bajo imputaciones forzadas de “faltas graves”, mientras los convoca individualmente para chantajearlos a firmar “mutuos disensos”.
Este libreto de terror es idéntico al aplicado contra el Sindicato de Celima (Sintracelima). Tras lograr que la Autoridad de Trabajo desestimara un primer proceso contra 216 obreros, la empresa apeló e inició un segundo cese contra 119 trabajadores. Usando un trámite burocrático engorroso diseñado para ganar por cansancio, manteniendo sin salario a los trabajadores por más de 330 días, demostrando que este laberinto legal, es la trampa perfecta para quebrar las luchas.
Por ello el gran peligro para los trabajadores de Industrias del Envase y el conjunto de la clase obrera radica en encasillar los problemas laborales en un enfoque estrictamente legalista. Las leyes vigentes (como el Decreto Legislativo 728) y las instituciones del Estado –el Ministerio de Trabajo (MT) o el Poder Judicial (PJ)– no son neutrales; están hechas a la medida de la patronal y del modelo neoliberal. Esto se agrava hoy, cuando las instituciones estatales celebran a una nueva patrona salida de las urnas.
Confiar ciegamente en que las autoridades impartirán “justicia” de manera espontánea solo desarman a los trabajadores y prepara el terreno para la frustración. Lamentablemente, este derrotero de pasividad es promovido por los partidos reformistas y por las altas direcciones de la Fetrimap y la CGTP.
La experiencia de los trabajadores del sindicato de CELIMA demuestra que solo debemos confiar en nuestra propia organización y la solidaridad obrera. Ningún derecho ha caído del cielo. Solo la movilización y la lucha unificada de la clase obrera por la derrota de los despidos garantiza la defensa real del empleo.
Solidaridad de clase y plan de lucha para derrotar los despidos
La agresión en Industrias del Envase ocurre en paralelo a una ola de despidos en otros sectores (Cifarma, Medifarma, etc.) y ante una abierta intransigencia empresarial. Frente a esto, se gestan importantes protestas, pero la acción heroica de un sindicato aislado no basta. Necesitamos organizar la unidad combativa de toda la clase trabajadora para romper el aislamiento.
No podemos aceptar la fatalidad de las leyes patronales. Debemos levantar un programa y una salida obrera independiente que plantee de inmediato: La derogatoria de las normas de Cese Colectivo y Suspensión Perfecta de labores heredadas de la dictadura fujimorista, la defensa irrestricta de la negociación colectiva, el derecho a la huelga y las libertades sindicales.
Y Ante despidos y cierres fraudulentos de plantas, la ocupación, administración y control obrero de las fábricas, siguiendo el ejemplo de la clase obrera argentina que recuperó más de 400 empresas bajo gestión propia.
A pesar del chantaje, la moral sigue firme: la valiente afiliación de 5 nuevos obreros en pleno conflicto demuestra que la mejor respuesta al miedo es la organización. Rodeemos de solidaridad efectiva y material a las familias en lucha, y organicemos nuestra resistencia para derrotar estos despidos y los ataques que vendrán del nuevo gobierno patronal.


