Por Alex Díaz
A fines de mayo el Congreso aprobó el Decreto Legislativo 1620, Ley de Acceso Universal al Agua Potable (LAU), que faculta a los gobiernos regionales y locales a promover la inversión privada en las fuentes naturales de agua superficial y subterránea mediante la modalidad de “Obras por Impuestos” (OxI) y de otros mecanismos de participación público y privada.
Este mismo decreto también faculta a la SUNASS a presentar un plan de aumento progresivo de la tarifa de consumo durante dos años, es decir al año 2026.
La nueva ley fue aplaudida por el gobierno Boluarte, cuya ministra de Vivienda, Hania Pérez de Cuellar, considera que “es una ley histórica y única”, pues sería “la primera vez que un gobierno se preocupa por los que no tienen agua” (sic); y para tal objetivo aplicarán “soluciones no convencionales”.
No es la primera vez que un gobierno promete resolver la necesidad de agua potable a los pobladores que viven en situación de vulnerabilidad y pobreza extrema. En el 2006 Alan García en su campaña presidencial lanzó el programa “Agua para todos”, con el que ofreció que el 95% de limeños tendría agua potable, pero no cumplió su promesa. Hoy nos venden humo y pretender hacernos creer que ahora sí se resolverá esta necesidad básica que afecta a más de tres millones de peruanos/as.
La privatización de las fuentes naturales de agua
La nueva ley plantea dos reformas estructurales. Primero, si en el pasado la brecha en infraestructura era financiada por el Estado, el D. Leg 1620 propone que la inversión será asumida por empresas privadas o las Asociaciones Público – Privadas (APP), con un contrato de concesión por más de 20 años. De este modo el Estado abandonaría su rol social para entregarlo al capital privado que tiene como fin el lucro. Les cede también la función de distribución y comercialización del agua potable.
Recordemos que en la década del 90, bajo la dictadura fujimorista, miles de millones de dólares se dilapidaron en los remates de las empresas públicas de energía, telefonía y demás empresas estatales, privatización que significó deterioro de servicios al público y alzas de tarifas. Y a partir del 2001 bajo los gobiernos “democráticos” de los últimos 24 años, se agravó la prestación de los servicios públicos, destruyéndolas y convirtiéndolas en botín de privados y fuente de corrupción de los partidos gobernantes y sus funcionarios.
Demás está decir que las consecuencias de este cambio perjudicarán a las comunidades campesinas e indígenas que tendrán que pagar el agua que utilizan para la irrigación de sus tierras, aumentando los costos y precios agropecuarios.
Incremento de tarifas de consumo
Segundo, afectará a los usuarios que ya tienen instalación domiciliaria de agua potable. El decreto propone financiar el costo de las obras con el aumento de la tarifa de consumo.
Dice la ministra: “Gran parte del financiamiento de estas soluciones no convencionales se darán a través de un subsidio cruzado, es decir, el costo del servicio será asumido por quienes ya tenemos el acceso a agua potable” y se aplicará a los que “más consumen” y tienen “mayores ingresos” (¿?) … y que “el incremento de la tarifa del servicio de agua –en términos monetarios– representa solo entre 0.50 céntimos y S/. 1.50 al mes… que es el costo de una botella de agua” (¿?).
Sigue: ese subsidio “representará hasta un 3% en el caso de los domicilios y hasta un 4% en el caso de los no domiciliarios, es decir, industrias, empresas, entre otros”. Y que irán al Fondo de Inversión de Agua Segura (FIAS). Con ese dinero “se podrá desarrollar en los próximos cuatro años, de manera progresiva y escalonada, que 3,15 millones de personas puedan acceder al agua”. Es decir, utilizarán un criterio parecido al Fondo de Compensación Social Eléctrica o (FOSE) o un Fondo de Inclusión Social Energético (FISE) que se aplica en el servicio de energía eléctrica.
Para Luisa Eyzaguirre, dirigente del Sindicato de Sedapal, es otra mentira del gobierno Boluarte porque abiertamente promueve la privatización, bajo la modalidad de concesión, entregando a las empresas privadas los sistemas hídricos y cuencas de agua (manantiales, lagunas, ríos y aguas de lluvia o captadas de la niebla), y que al estilo chileno, afectará profundamente los pastizales, a los agricultores y a los consumidores de agua, en especial a los que tienen poco acceso a los servicios de agua y desagüe.
Eyzaguirre, denuncia que la ministra Pérez de Cuellar ha cometido un acto inmoral de incompatibilidad de funciones e intereses, pues mientras ejercía el cargo de ministra de Estado presidía la Cámara de Comercio e Industria Peruano Francesa, institución donde están las multinacionales francesas interesadas en adueñarse del agua peruana, como Vinci, Suez y Veolia.
La respuesta popular
Dos importantes movilizaciones denominadas Marcha Nacional Contra La Privatización del Agua, convocadas por el Frente de Defensa del Agua y la Vida, congregaron a más de 20 mil personas exigiendo la nulidad del decreto 1620 y censura de la ministra Hania Pérez de Cuellar.
Por todo lo dicho, bienvenida sean todas las movilizaciones en defensa del agua y la vida, pero no bastan para derrotar el decreto 1620. Esta dura pelea debe involucrar a todos los sindicatos del agua, a la clase obrera y las organizaciones vecinales y populares, esto es una lucha unitaria a escala nacional que debe ser asumida por todo el pueblo.
También significa luchar por reflotar las empresas públicas de agua y desagüe a escala nacional, exigiendo su desburocratización y modernización, y que estas pasen bajo control de los trabajadores y usuarios, representados por sus organizaciones sindicales, vecinales y comunidades campesinas e indígenas.
Empieza la lucha contra la privatización del agua
La respuesta viene de dentro
El reinicio de los conflictos contra la gran minería, en respuesta a la definición del gobierno de impulsar la ejecución de proyectos ampliamente rechazados por la población, cómo Conga o Tía María, abre la posibilidad de asestar una derrota a Boluarte y compañía en el terreno de la lucha de clases y modificar la correlación de fuerzas en favor de la clase obrera y el pueblo pobre.
Por Víctor Montes
Respondiendo a las demandas las grandes mineras, y en busca de su apoyo, el gobierno de Dina Boluarte ha manifestado a los cuatro vientos su decisión de “destrabar” la cartera de inversiones mineras, comenzando por reactivar proyectos mineros ampliamente repudiados, como Conga (Cajamarca) o Tía María (Arequipa), y con esto aprovechar el contexto de alza del precio del cobre.
Esta vocación, es una declaración de guerra contra las comunidades que vienen enfrentando la explotación minera en las cabeceras de las cuenca o nacientes de los ríos, y cerca a valles de importante producción agropecuaria.
Por eso, estas mismas comunidades, organizadas en sus frentes de defensa, han salido a responder sin dilaciones las declaraciones del gobierno, anunciando su disposición de salir inmediatamente a la pelea.
Cajamarca al frente: ¡Colpayoc no va!
Cajamarca tiene una amplia tradición de lucha contra la afectación minera. Desde que en 1992 la dictadura fujimorista concesionó la actual mina de oro Yanacocha (la más importante del país), las comunidades afectadas por la contaminación del agua iniciaron su movilización convirtiéndose en referentes de esta lucha.
No resulta extraño, entonces, que sea justamente el pueblo cajamarquino el que salga de inmediato a repudiar las declaraciones del gobierno y a enfrentar a las mineras.
El pasado 10 de junio, miles de comuneros del distrito de Chetilla (provincia de Cajamarca en Cajamarca), residentes de distintos puntos aledaños al proyecto minero aurífero de Colpayoc, se movilizaron hasta la zona donde la minera viene realizando actividades de exploración (Correo Colpayoc en el caserío de Majadaspampa), intentando quemar la maquinaria con la que se hacen excavaciones para determinar la calidad del mineral que hay en la zona. En abril, una movilización similar ya se había enfrentado a quienes llevaban adelante las operaciones de exploración.
Las comunidades del distrito de Chetilla, denuncian que el proyecto se encuentra en la cabecera de las cuencas de los ríos Ronquillo, Chonta y Cushunga. Las que a su vez están relacionadas con los ríos Mashcón y luego al Río Cajarmarquino. Razón por la cual el proyecto contaminará sus principales fuentes hídricas, tal como ha sucedido con el Río Grande, que alimenta de aguas ácidas a la ciudad de Cajamarca.
Los comuneros se mantienen en pie de lucha. Por eso, los frentes de defensa de los distritos de Chetilla, Ronquillo y Cajamarca se pronunciaron públicamente en repudio al ministro de energía y minas, Rómulo Mucho, que anunció su llegada a Cajamarca para “impulsar los proyectos mineros” para el pasado 21 de junio, y a quien declararon ‘enemigo del desarrollo sostenible’.
Rememorando la consigna que encabezó la lucha del pueblo cajamarquino contra el proyecto minero Conga, durante el gobierno de Ollanta Humala: ¡Conga no va!, los comuneros de Chetillo han levantado a viva voz ¡Colpayoc no va!
El Valle de Tambo vuelve a la lucha
Por su parte, la población del Valle de Tambo rápidamente realizó una multitudinaria asamblea con delegaciones de agricultores, comerciantes y ciudadanos en general de los distritos de Cocachacra, Punta de Bombón, Dean Valdivia, y Mollendo, en la que definieron reiniciar su lucha y proyectaron una acción para el 19 de julio.
La lucha del Valle de Tambo viene de 2009, y es uno de los símbolos de la lucha contra el despojo de las grandes mineras. Con su acción recurrente, la población del Valle de Tambo ha repetido una y otra vez los intentos de sucesivos gobiernos por dar pase al proyecto de propiedad de la transnacional Southern Peru Cooper Corporation.
La posibilidad del reinicio de las acciones del pueblo podría convertirse en la prueba de fuego del gobierno asesino de Boluarte. Todas las veces que un gobierno ha pretendido impulsar Tía María, se ha encontrado con la férrea resistencia del pueblo del Valle de Tambo y ha tenido que retroceder.
¿Qué debemos hacer los trabajadores y trabajadoras?
Para todos los trabajadores y trabajadoras del país el reinicio de los conflictos mineros y la posibilidad de que estos derroten la intentona entreguista del gobierno de Boluarte abre una enorme posibilidad para cambiar la dinámica de la lucha de clases, que después de la feroz represión con la que se impuso el gobierno a principios de 2023, asesinando salvajemente a 49 luchadores, ha sufrido un claro retroceso.
Los trabajadores y trabajadoras debemos, por eso, apoyar solidariamente esa lucha y movilizarnos contra la represión que el gobierno pueda desatar en Cajamarca, Arequipa, y donde sea que pretenda imponer el saqueo de nuestros recursos.
Sin embargo la movilización no puede tener solo un carácter solidario. La lucha de las comunidades campesinas e indígenas contra la explotación minera tiene un poderoso trasfondo: la lucha contra el dominio imperialista de nuestros recursos, amparados en el modelo económico neoliberal, y la lucha contra la destrucción de los ecosistemas que permiten su subsistencia. Por eso, para la clase obrera, estas luchas plantean el enorme reto de tomar las banderas de las poblaciones afectadas, campesinas e indígenas, como propias y luchar codo a codo. Comenzando por exigir el respeto irrestricto a la consulta previa, de carácter vinculante, de las comunidades que se verán afectadas por la acción minera, petrolera y forestal.
Solo desde esta posición, es posible que la clase obrera se convierta en dirección de todo el proceso para encaminarlo a la única salida de fondo con la que podemos garantizar las exigencias de esas mismas comunidades: conformar un gobierno de los trabajadores y trabajadoras, campesinos, pueblos indígenas y todo el pueblo pobre.
Como ya dijimos, la lucha de las poblaciones contra la minería es la expresión de la lucha del pueblo contra el saqueo imperialista que solo deja miseria y destrucción del ambiente, lo que hace imposible a las comunidades campesinas e indígenas a retomar su actividad económica fundamental una vez concluida la extracción minera.
Por eso, en lo fundamental tanto las comunidades que se oponen al inicio de nuevos proyectos mineros, sobre todo aquellos que afectan la producción agraria, y los trabajadores y pueblo pobre de la ciudad, enfrentamos al mismo enemigo. Un enemigo que tiene en el gobierno de Dina Boluarte a su principal agente, dispuesta a imponer a sangre y fuego la continuidad del saqueo de nuestros recursos.
Por eso, junto a la paralización de los proyectos mineros en cuestión, es imprescindible luchar por la expropiación sin pago de las mineras que ya están operando, para ponerla bajo control de sus trabajadores y trabajadoras, y así, de la mano con las comunidades, poner esos recursos a su servicio y planificar la mitigación del impacto de las actividades mineras.
Resulta por esto imprescindible que junto a las demandas de la clase trabajadora y la lucha contra el avance reaccionario de las leyes que aprueba el Congreso, la lucha contra el inicio del proyecto Tía María, la lucha contra la exploración en Colpayoc, contra Michiquillay y el proyecto Conga, se convierta en la lucha nacional, de todos los trabajadores y trabajadoras del país, por la derrota de Boluarte, el Congreso y contra el imperialismo.
Pacto de impunidad
Por Víctor Montes
La mayoría reaccionaria del Congreso, bajo el paraguas del gobierno de Dina Boluarte, aprobó en primera instancia, el pasado 7 de junio, una Ley que determina que los delitos de lesa humanidad y los crímenes de guerra, pueden prescribir en nuestro país si se cometieron (convenientemente) antes de 2002.
Los autores del proyecto de Ley en cuestión, el congresista de Fuerza Popular Fernando Rospigliosi, ex ministro del interior del gobierno de Toledo y responsable por la represión durante el “arequipazo”, y el congresista de la bancada Honor y Democracia, Almirante en retiro de la Marina de Guerra, José Cueto, ex Presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, señalaron al diario Perú 21 que con esta Ley, “…las sentencias de los militares y policías calificadas como delitos de lesa humanidad antes del 1 de julio de 2002 quedarán sin efecto y tendrán que ser corregidas…”
Es decir, pretenden absolver por Ley a quienes fueron unos de los protagonistas del genocidio al que fue sometido el pueblo pobre del campo, particularmente el pueblo ayacuchano, durante los 20 años que duró el conflicto armado interno (1980 – 2000).
¿Quiénes quieren la impunidad?
Limpiar y liberar a los policías y militares responsables por el asesinato de decenas de miles de inocentes (como en Putis), bajo el pretexto de enfrentar al terrorismo, es un viejo objetivo de los sectores políticos más reaccionarios y conservadores del país, como el fujimorismo y Renovación Popular, y de los grandes empresarios que apoyaron a la dictadura y sus crímenes mientras esta les garantizó por la fuerza una mayor explotación y por tanto, el incremento de sus ganancias.
Igual bajo los “democráticos” Belaúnde y Alan García (1980-1990), que bajo la dictadura fujimorista, poco o nada importó a los patrones (y no les importa ahora) las 69 mil personas asesinadas durante aquellos años, o las 20 mil personas desaparecidas del conflicto armado interno.
No les importa que esté comprobado por la investigación de la CVR que el 36% de esos asesinatos y desapariciones tuvieran como responsables a miembros de las Fuerzas Armadas y Policiales.
Según la CVR, los agentes del Estado fueron responsables por más de 7.300 ejecuciones extrajudiciales, así como por más de 6.400 casos de tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes.
En realidad, lo que quiere el fujimorismo, RP y demás partidos reaccionarios, así como la patronal, es establecer un régimen en el que se reconozca su derecho a matar a quienes consideran “terrucos”. Esto es, a cualquiera que consideren que pone en cuestión o amenaza sus intereses.
Ni olvido ni perdón
La ley aprobada por el Congreso, es un paso hacia la concreción de ese régimen de impunidad contra el pueblo pobre y trabajador que quiere la patronal y los partidos reaccionarios. La misma impunidad que Boluarte espera recibir al término de su mandato, a pesar de los 49 asesinados por la represión.
La impunidad es justamente lo contrario a la justicia. Y Con esta Ley, los deudos de casos tan emblemáticos como Los Cabitos (1983), Putis (1984), Benito Baldeón (1984), Accomarca (1985), Cayara (1985), El Frontón (1986), Bustíos (1988), Barrios Altos (1991), Madre Mía (1992) y La Cantuta (1992) quedan exentos de justicia.
La clase obrera y sus organizaciones no podemos olvidarlo. Los trabajadores y trabajadoras debemos discutir en nuestros sindicatos, barrios y lugares de trabajo, la necesidad de estar en la primera línea de la lucha contra esta ley de impunidad, encabezando la movilización de todo el pueblo, por juicio y sanción ejemplar a todos los responsables de las masacres, torturas y desapariciones, tanto ejecutivos como políticos, de la violencia política y también de los asesinados “en democracia”.
No podemos ni debemos olvidar que la represión del Estado, como muestra la historia, se ceba principalmente contra quienes luchan y enfrentan la explotación y el abuso de los patrones y sus autoridades.
Así sucedió en la dictadura fujimorista, cuando la propia clase trabajadora, víctima del “terruqueo”, sufrió la represión la principal del gobierno con la finalidad de destruir sus organizaciones, despedir a sus dirigentes, e imponer nuevas y mayores tasas de explotación y miseria.
Por eso, y por la solidaridad con nuestros hermanos directamente asesinados por las Fuerzas Armadas y policiales que hoy defienden a este gobierno también asesino y hambreador, debemos echar abajo dicha norma con nuestra movilización. Y para esto, debemos superar a las actuales direcciones reformistas, cómo la CGTP, quienes han abandonado la lucha en las calles a la espera de las nuevas elecciones.
Un «Golpe de Estado permanente»
El Congreso aprueba nuevas leyes y proyectos que garantizan la impunidad a criminales y corruptos, benefician a grupos empresariales y asegura la continuidad en el poder de los sectores ultra reaccionarios.
A inicios del mes de junio el Ministerio Público emitió un comunicado llamando a la movilización ciudadana en defensa de la democracia, en rechazo las sucesivas leyes que viene aprobando el Congreso y que vulneran la institucionalidad, la independencia y el equilibrio de los poderes del Estado.
La bomba no estalló porque la movilización no se produjo, en parte, porque la legislatura concluía en esos días y recién se reabrirá en agosto, y en parte porque la población –hastiada de tanto estropicio–, tarda en notificarse de los alcances de las medidas que se vienen imponiendo desde arriba.
Aunque los proyectos son de diferentes signos, pero igualmente nefastos, el pronunciamiento fue motivado en especial por tres de ellos: el primer proyecto, declara en “reorganización” al Ministerio Público y a la Junta Nacional de Justicia (JNJ), con el que el gobierno pretende tomar el control de dichos organismos, en especial de la Fiscalía de la Nación que viene investigando a Dina Boluarte y a varios mafiosos del Congreso.
El segundo, pretende reemplazar a la JNJ por una Escuela Nacional de la Magistratura, para que sea el Congreso (es decir los corruptos), quien designe a los nuevos jueces y fiscales. Y el tercer proyecto, con el que se modifica el Código Civil para que la Fiscalía deje a la Policía Nacional, un ente controlado por la corrupción, la investigación de ciertos delitos.
El pronunciamiento del Ministerio Público es potente porque es firmado por la unanimidad de los fiscales: supremos, superiores y las juntas de fiscales provinciales. No es el primer pronunciamiento, pero sí es el primero que hace un llamado abierto a la ciudadanía a protestar contra el régimen, hecho que motivó incluso la inmediata respuesta del mismo Congreso y agitó a la reacción, poniendo de relieve que la crisis del régimen parece haber llegado al límite.
Problemas de fondo
Hace un tiempo venimos presenciando una fuerte disputa al interior del Estado por el control del Ministerio Público que investiga las redes criminales, como los casos Los Cuellos Blancos del Puerto, Lava Jato y otros sobre lavados de activos, que directamente comprometen a ex presidentes, autoridades electas, líderes políticos de todas las tiendas y a grandes empresarios; todos con evidencias de corrupción y de organización criminal.
Por ello, hoy Alejandro Toledo se encuentra preso, igual que algunos ex funcionarios de Estado; y PPK, Ollanta Humala, Susana Villarán y Keiko Fujimori están con detención domiciliaria o comparecencia restringida a la espera de juicio, etc.
Pero de todos ellos, el de Keiko Fujimori es el que más roncha saca a la reacción. Su partido es el que sostiene el sistema político y es el que propició el golpe contra Castillo, puso a Boluarte en el gobierno y ahora la controla.
En el proceso que se le sigue a Keiko Fujimori el Fiscal pide su detención preliminar, y en el juicio oral que debe iniciarse el próximo mes de julio, pide una sentencia de 30 años de cárcel por organización criminal y lavado de activos.
El otro tema que agrava la crisis es la investigación que se sigue contra Dina Boluarte por el caso de los “Rolex” (relojes de alta gama que ella exhibe sin pudor ni justificación), y también por organización criminal, dado que, en asociación con su hermano Nicanor Boluarte, habría tejido una red de corrupción para enriquecerse y, al mismo tiempo, promover la formación de una organización política denominada “Ciudadanos por el Perú”, con la intención de mantenerse en el poder.
En este último caso, la Fiscalía intervino a combazos el domicilio del hermanón en busca de pruebas y ordenó su detención junto con varios de sus cómplices, y planteó contra la presidenta una denuncia constitucional bajo el cargo agravado de obstrucción a la justicia, denuncia que ya debería haberla llevado a la destitución si no tuviera la protección de mayoría corrupta que maneja el Congreso.
De este modo, luego de la destitución de la ex Fiscal de la Nación Patricia Benavides, también por organización criminal, y que fue pieza clave en la persecución y cerco del ex presidente Pedro Castillo, ahora todo ese sector reaccionario pretende recuperar su control de los organismos judiciales para garantizar su impunidad y el de sus cómplices.
En lo inmediato busca la destitución de la Fiscal Marita Barreto, que encabeza el EFICOOP (Equipo Especial de Fiscales Contra la Corrupción del Poder) y como tal investiga a Dina Boluarte, y se pretende la desarticulación de la DIVIAC, la fuerza policial especial que le presta apoyo, cuyo jefe, el coronel Harvey Colchado ya ha sido apartado y se encuentra sometido a “investigación”.
Golpe tras golpe
Los estropicios del Congreso, sin embargo, van más lejos y responden a los diversos intereses que comprenden a la alianza de derecha con los grupos mafiosos que lo controlan.
Se pretende también una ley de pensiones que, ofreciendo una pensión mínima para aportantes y no aportantes, en realidad beneficia a las AFP que ya lucran con las pensiones de millones de peruanos, ahora con un gigantesco financiamiento del Estado. Se pretende investigar a las ONG que reciben financiamiento exterior y que intervienen en temas nacionales como derechos humanos, igualdad de género y medio ambiente, y que resultan incómodos para los reaccionarios que detentan el poder. Entre los afectados estarían Ideele Reporteros de Gustavo Gorriti, y Aidesep. Se pretende la captura de la ONPE y la Reniec, cuyos funcionarios no permitieron el fraude para evitar la elección de Pedro Castillo. Se pretende desaparecer a los movimientos políticos regionales para beneficiar a los partidos capitalinos.
Por último, el más graves de todos, se busca la amnistía para todos los sentenciados e investigados por “delitos de lesa humanidad”, cometidos antes del año 2000, lo que no solo es una afrenta a las víctimas y sus familiares que esperan justicia, sino deja la puerta abierta para también dejar impune a los responsables de la masacre de las luchas recientes. Un hecho que incluso ha obligado a sendos pronunciamientos de las Naciones Unidas, la Corte Interamericana de Derechos Humanos y hasta el mismo Senado de los EE.UU.
Todo esto, cuando ya venimos sufriendo una andanada de estropicios. El Congreso aprobó la ley que recorta facultades al Sunedu favoreciendo a los empresarios informales que lucran con la educación. Aprobó también otra norma que restablece el Senado de la República y permite la reelección de congresistas; ambas medidas rechazadas masivamente en un referéndum realizado el 2018 y que han cambiado un 60% de la Constitución vigente; mientras se acusó de subversión a los reclamos de la población en favor de un cambio constitucional para restablecer derechos sociales. Y, por último, dio luz verde al indulto al ex dictador Alberto Fujimori.
Estamos pues ante un descarado asalto del poder por los sectores reaccionarios y mafiosos que gobiernan desde el Congreso, y que cuentan con la complicidad de las diferentes bancadas que se llaman de “izquierda”, y que obligan hasta a sectores del propio Estado, a hacer llamados a defender la democracia.
Un llamado a la rebelión obrera y popular
Los ataques del gobierno y el Congreso que no tienen fin y agravan la crisis nacional y la penuria que sufren las mayorías obreras y populares, causan también el regreso de las luchas. Las mayores de ellas se anuncian para el mes de julio.
En medio de infinidad de despropósitos como la que pretende impunidad para todos los criminales y corruptos y entornillar en el poder a los sectores reaccionarios, el gobierno y el Congreso ya impusieron nefastas normas antipopulares, como el DL 1620 que favorece la privatización de los servicios de agua y el alza de sus precios, y la Ley 31973 que amenaza con una mayor deforestación de la amazonia en beneficio de las multinacionales extractivistas.
Como si esto fuera poco, ante la crisis de su modelo de economía neoliberal, sumiso al capital y a los mercados extranjeros y que solo está trayendo nuevos millones de pobres, cierres de fábricas y más desocupación, ahora intentan una corrida hacia adelante forzando la salida de proyectos mineros que tienen el masivo rechazo de la población, como son los de Tía María y Conga.
Todo esto, no obstante, ya es respondido por diversos sectores que salen a la lucha en todo el país, desde los comuneros de Apurímac y Cajamarca, los pobladores del valle del Tambo, la población que se moviliza en defensa del agua y las organizaciones obreras que enfrentan los despidos, incluso enfrentando la feroz represión de Boluarte.
Pero el descontento es mayor y se extiende a todos los estratos sociales, mostrando a un gobierno y Congreso absolutamente aislados, y que coloca nuevamente en agenda la salida de adelanto de elecciones.
Ante esto la dirigencia de la CGTP, después de haber traicionado la gran rebelión del sur y luego de haber convivido con el nefasto régimen de Boluarte, ahora se ve en la necesidad de convocar a un Paro Nacional para el 19 de julio, en realidad una jornada de lucha, porque la Central no quiere ni garantiza ninguna paralización efectiva de labores, buscando apuntalar esa salida política.
Esta política, en el mejor de los casos, podrá lograr ese objetivo parcial, pero no las demandas democráticas revolucionarias planteadas en las luchas del sur y que apuntan a la derrota del régimen en su conjunto y a la convocatoria a elecciones a una Asamblea Constituyente para que resuelva la nacionalización de la gran minería y los recursos naturales, la independencia nacional y las demandas de educación, salud y vivienda.
Ahora se suma la demanda de juicio y castigo para Dina Boluarte y todos los responsables de las masacres perpetradas en ese periodo. En el peor de los casos, solo alcanzará para negociar una salida ordenada del régimen con vistas a la convocatoria a elecciones del 2026, para la que se alistan todos, incluido los que hoy fungen de luchadores.
Desde otros sectores regionales y en especial del aguerrido sur peruano, se convoca una nueva marcha hacia Lima, para protagonizar nuevas jornadas de lucha los días 28 y 29 de julio.
Ante esto, los trabajadores estamos llamados a realizar asambleas y discutir esta problemática. Hay que disponernos a participar de manera organizada y con todas nuestras fuerzas en las jornadas convocadas para el 19, 28 y 29 de julio. Hacerlo con la conciencia de que necesitamos recuperar fuerzas, poner en pie a un nuevo activismo y recuperar la unidad obrera en la acción. Y, discutiendo la necesidad de una nueva rebelión, en la forma de una huelga general que lleve a la derrota definitiva del régimen y a conquistar las banderas democráticas revolucionarias del sur, en la vía de una verdadera salida de fondo para los problemas nacionales y los de la clase trabajadora.
Una gran tarea para la cual necesitaremos también poner en pie un nuevo instrumento político, una verdadera dirección revolucionaria con los mejores luchadores y luchadoras, que garantice llevar a cabo dichas tareas, y en la que el PST se coloca en la primera línea.
Retorna la lucha contra el gobierno y el Congreso
El reciente 12 de junio, la Junta de Fiscales Supremos se pronunció para rechazar el proyecto de Reforma que declara en reorganización a la Junta Nacional de Justicia y al Ministerio Público, y convocaron a la ciudadanía a sumarse a la “defensa de la democracia y el Estado de Derecho”. Varias ONG y partidos acogieron ese llamado, mientras organizaciones sindicales y populares anuncian movilizaciones contra el gobierno y el Congreso, lo que abre la perspectiva de una lucha que el PST hace suya. La situación exige de parte de las centrales un plan de lucha nacional que permita que esta voluntad popular se cumpla.
La línea autoritaria del gobierno y el Congreso comenzó con la impunidad de los asesinatos, la criminalización de la protesta social y el blindaje de Dina Boluarte y muchos congresistas. Muchos creyeron que podían soportar al gobierno hasta el 2026, pero los hemos confirman que los costos son inaceptables y amenazan libertades y derechos fundamentales; la bicameralidad y la reelección de congresistas fueron impuestos contradiciendo la voluntad popular expresada en referendo; y los movimientos políticos regionales fueron inhabilitados para reforzar el monopolio de los partidos corruptos en la representación política.
El indulto a Fujimori fue otra muestra de autoritarismo. Además, el Congreso está copando otras instituciones del Estado con la finalidad de asegurar por lo menos dos de sus principales y más urgentes prioridades: 1) Impunidad en los procesos penales que enfrentan los líderes de los partidos en el poder, especialmente Keyko Fujimori, y 2) Control del próximo proceso electoral para obtener ventaja y asegurar su permanencia en el poder.
El pacto de los corruptos avalado por la patronal
Los principales partidos del fujimorismo y los partidos más derechistas como principales aliados lograron alinear a otras bancadas significativas, incluidos Perú Libre y Bloque Magisterial, a cambio de concesiones menores. Es el llamado “pacto de los corruptos” que sostiene al gobierno para sostenerse a sí mismos, y cuentan con el apoyo de los sectores empresariales.
En efecto, el gobierno de los corruptos es la forma que ha tomado la política patronal por capturar completamente la conducción del Estado. Primero fueron los intentos aislados del fujimorismo de imponerse sobre el gobierno de PPK y luego sobre Vizcarra, quien más bien terminó cerrando el Congreso, aunque el nuevo Congreso logró vacarlo para imponer al gobierno usurpador de Merino que solo duró una semana, cayendo bajo una combativa movilización.
Esta correlación cambia durante el proceso electoral de 2021, cuando Pedro Castillo pasa a la segunda vuelta con un programa y un discurso que amenaza algunos cimientos del dominio neoliberal. La burguesía descarga en esa ocasión su primera ofensiva atacando la candidatura de Pedro Castillo y volcando todo su apoyo a la procesada Keyko Fujimori, y el resultado fue una derrota para ellos; la segunda ofensiva fue contra el gobierno de Castillo, primero desconociendo su victoria y luego hostilizándolo permanentemente con intentos de vacancia.
La tercera ofensiva es la que está en marcha, con la imposición a sangre y fuego del gobierno de Boluarte sin convocatoria a elecciones generales inmediatas.
Entonces, el objetivo de la ultraderecha y la patronal que la respalda es tomar el control del régimen “democrático” por la vía electoral, para imponer una situación que destrabe definitivamente los proyectos mineros y se implementen nuevas reformas neoliberales, y una represión más ofensiva, libreto que ya se experimentó en la coyuntura 2022-2023.
De vuelta a las calles
Pese a los pronunciamientos de varios partidos en defensa de la democracia no se ve hasta el momento un plan de acción concreto para hacer efectiva la caída del gobierno; el eje de su política es tocar las puertas de las instituciones internacionales y hacer llamados a la conciencia de los sectores patronales que apoyan el pacto de los corruptos, y siguen enfocados en su estrategia electoral que implica esperar al 2026.
Es clave recordar que esos sectores, reformismo de izquierda y centroderechistas, tuvieron el control político después de la caída de la dictadura fujimorista, y son los responsables de haber empantanado esa revolución y mantener la Constitución de 1993, lo que hizo posible la continuidad del plan neoliberal impuesto por la dictadura. La falsa creencia de que eso iba a abonar en favor de la modernización del Estado, de la institucionalidad democrática y de los derechos democráticos de la población, fue comprobado por experiencia propia por la gran mayoría de peruanos y es justamente la causa del descontento social y la crisis de fondo.
La crisis política que se vive desde el 2016, es en gran parte la expresión del fracaso de ese proceso. Y ahora, ante el debilitamiento de aquellos sectores políticos y la ausencia de una alternativa de clase, quienes se han fortalecido con la crisis son los sectores más derechistas.
En contraste con esa política, los sectores obreros y populares vienen impulsando la lucha en las calles y anuncian reeditar la marcha de los cuatro suyos del año 2000 hasta poner fin al gobierno y el congreso. Ante esa situación, las direcciones políticas y sindicales tienen responsabilidad en viabilizar un verdadero plan de lucha nacional que haga cumplir la voluntad popular.
Argentina: Abajo la Ley Bases y el plan de Milei
El Gobierno viene acumulando escándalos. Desde la escasez de gas hasta los alimentos almacenados que no son entregados a los comedores populares, mientras vencen. Pero Javier Milei y compañía insisten en mostrarse triunfantes, dando estadísticas difíciles de chequear, y prometiendo resultados en el corto plazo.
La llamada “desaceleración” de la inflación parece haber alcanzado su techo. Con un dudoso 5% de inflación mensual, más toda la pérdida acumulada del poder adquisitivo, garantizar el alimento se vuelve cada vez más dificultoso para las familias obreras. A esto le sumamos el aumento en las tarifas desde junio y en el transporte que se vienen a futuro. También aumentan los crímenes de odio, como el lesbicidio en Barracas, que se llevó la vida de tres compañeras.
Hace un mes tuvimos la gran marcha educativa, después del paro contundente de la CGT. La provincia de Misiones se incendió al empalmar el conflicto estatal con un levantamiento de la Policía. Sin embargo, hoy la victoria parece lejana. El ajuste nos sigue golpeando. La Ley Bases está por ser discutida en el Senado (y probablemente aprobada). Y el Gobierno sale a la caza de las organizaciones sociales, llegando al punto de allanar el local del Partido Obrero. Todo mientras la Justicia persigue a luchadores como nuestro compañero Heber Hernández.
¿Cómo llegamos hasta acá?
Está pregunta nos la hacemos día a día entre quienes compartimos la trinchera contra el Gobierno. Y es lógico que sea así. Con ajuste violento, pero mucho menor al que sufrimos hoy, corrimos a botellazos a la burocracia de la CGT en el 2017, porque no ponían fecha de paro. Y meses más tarde, tuvimos una batalla campal en Plaza Congreso contra la Policía, mientras se votaba la Reforma Jubilatoria.
En el medio tuvimos el Gobierno peronista de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, el cual despertó expectativas en muchos de los sectores que venían de enfrentar a Mauricio Macri. Pero una vez más los trabajadores se vieron defraudados. Es ahí donde entró Milei, planteando un programa que, en apariencia, era distinto a lo que se venía haciendo. Y lo hacía con un discurso antipolítica. Cuestionando los privilegios de la “casta”.
Esto mientras que ni el peronismo, que estaba en el Gobierno, ni la izquierda, plantearon una salida radical a los problemas cotidianos de los trabajadores.
Hoy existe un núcleo duro que sigue apostando al Gobierno. Hay quienes empiezan a desconfiar, pero tantas decepciones les han llevado a una sensación de apatía. Y también están quienes esperan el llamado de sus dirigentes, que llamaron al paro días después de que se aprobara la Ley Bases en Diputados. Dirigentes que no han convocado a ninguna medida posterior. Dirigentes que negocian con el Gobierno las reformas para no perder sus privilegios, mientras al pueblo trabajador nos quitan lo poco que nos queda.
Con estas direcciones no vamos a ningún lado. Necesitamos nuevos y nuevas dirigentes que desplacen a estos dinosaurios atornillados al sillón. Mientras tanto, debemos tomar en nuestras manos las eventuales medidas nacionales de lucha que convoquen, para ir más allá de sus intenciones de garantizar la gobernabilidad de Milei.
Lo que Argentina necesita es una Revolución Socialista
Más allá de las disputas, las diferencias, y las peleas en el Congreso, hay un consenso entre los grandes empresarios y sus representantes, el Gobierno, y los partidos burgueses de oposición como el radicalismo, y el propio peronismo. Ese consenso es la Reforma Laboral.
El capitalismo argentino necesita sacarse de encima muchas de las conquistas históricas de los trabajadores para seguir funcionando. Esto obedece a la lógica empresarial en que la ganancia está por encima de todo. De la crisis salen los empresarios, aumentando sus utilidades a costa de nuestro sudor y nuestra sangre.
Como bien decía Manolito en las tiras de Mafalda: “nadie amasa una fortuna sin hacer harina a los demás”. Milei intenta vendernos a los empresarios como “benefactores sociales”. Pero a lo único que benefician es a sus propios bolsillos.
Entonces tenemos que romper este ciclo de decepción. Hace falta que construyamos una nueva alternativa, tanto a la ultraderecha de Milei, como al peronismo, que viene acumulando decepciones.
Es necesario construir un programa de ruptura con el Fondo Monetario Internacional (FMI), con las multinacionales y los grandes empresarios. Un programa que ponga los recursos de nuestro país al servicio del pueblo trabajador, garantizando educación, salud, vivienda, trabajo y esparcimiento de calidad.
Nuestra tarea en este momento es construir este programa junto a los activistas que están enfrentando el plan del Gobierno en todas las trincheras. En las luchas salariales. En las peleas por los derechos de las mujeres, de la comunidad migrante y LGBTI+. En la lucha contra la persecución y prisión a los luchadores populares.
Ponemos nuestras humildes fuerzas a disposición de esta tarea, pues los trabajadores necesitamos entender que otra salida es posible, que no debemos resignarnos al hambre, a la desocupación, a la represión. Que podemos organizar y planificar una economía a nuestro servicio, producir lo que realmente necesitamos y como distribuirlo. Tenemos la labor de presentar un nuevo horizonte a esta realidad tan convulsa.
Un programa para defender a los trabajadores, el pueblo y la naturaleza, y no a los multimillonarios capitalistas
mayo 19, 2024
Por: Redacción Opinião Socialista, Brasil
Al cerrar esta edición, Lula acababa de anunciar una serie de medidas para ayudar a los afectados por la catástrofe en Río Grande do Sul. A pesar de que en su discurso habló de un supuesto “Plan Marshall” (en referencia al plan de reconstrucción de Europa tras la Segunda Guerra Mundial), lo que tenemos, al menos hasta ahora, son medidas extremadamente insuficientes para reparar las pérdidas de trabajadores y pequeños empresarios, y también para defender la naturaleza.
Al contrario, son medidas que favorecen mucho más a los mismos multimillonarios capitalistas responsables por la catástrofe.
Durante una visita a la ciudad de São Leopoldo, Lula anunció la concesión de 5.100 reales, en una sola cuota, a las familias afectadas por las inundaciones, algo que costaría alrededor de 1.200 millones de reales. También anunció la disponibilidad de nuevas viviendas para las familias de bajos ingresos, en las franjas 1 y 2 de “Minha Casa, Minha Vida”, que alcanzan un ingreso familiar de hasta R$ 4.400. Para otros rangos de ingresos, solo determinó la suspensión del pago de las cuotas por hasta seis meses.
Mientras tanto, para las medianas empresas se estudian ayudas de 4.000 millones de reales. Y para las grandes empresas, se habla de R$ 4.500 millones.
Las medidas de Lula son insuficientes
Mientras la extrema derecha bolsonarista difunde fake news, el alcalde bolsonarista Sebastião Melo (MDB) propone, para las personas sin hogar, viviendas temporales de lona, cercadas por el Ejército, además de la contratación de una empresa norteamericana, indicada por Moro, para llevar a cabo la reconstrucción, en la línea de lo que hicieron en Nueva Orleans, Estados Unidos, después del huracán Katrina.
El gobernador Eduardo Leite (PSDB) llegó incluso a quejarse de las donaciones realizadas al pueblo gaúcho, que, según él, podrían “perjudicar el comercio local”.
Sin embargo, las medidas recientemente anunciadas por Lula no son suficientes para reparar las pérdidas de la clase trabajadora y de los pequeños empresarios y reconstruir el Estado para evitar que esta catástrofe se repita.
La razón es que sus medidas, al fin y al cabo, benefician mucho más a las grandes empresas, bancos, constructoras e incluso megaempresas del agronegocio, responsables de la devastación ambiental. Empezando por el hecho de que no proponen la cancelación de la deuda de Rio Grande do Sul y mantienen el pago de la deuda de la Unión, el Marco Fiscal y todo el mecanismo de la Ley de Responsabilidad Fiscal, que exigirá, en el futuro, cortes en el gasto aún más grandes.
Rio Grande do Sul ya estaba endeudado, en una verdadera sangría, que creció 13% en 2023 y hoy suma R$ 92,8 mil millones. Se trata de un mecanismo que ayuda a alimentar el sistema de pago de la deuda pública de la Unión, que, sólo en 2023, desembolsó 1,89 billones de reales, entre amortizaciones y pagos de intereses a los banqueros.
La mera suspensión de la deuda del Estado con la Unión sólo retrasaría la cuestión, ya que, en el futuro, esa misma deuda se volvería a cobrar y a costa de lo ya se viene haciendo: ajuste fiscal y un plan neoliberal. Cosas que ayudaron a producir la mayor catástrofe climática del país.
Mucho para pocos, poco para muchos
Si las medidas de emergencia anunciadas recientemente por el gobierno ya expresan enormes desigualdades, como los 4,5 mil millones de reales para las grandes empresas, mientras que los más pobres recibirán el equivalente a 1,2 mil millones de reales, en un pix [transferencia] de 5.000 reales que ni siquiera reponen en los hogares los electrodomésticos y muebles arrastrados por la lluvia, lo mismo puede decirse de las medidas ya anunciadas.
Las grandes empresas y los multimillonarios agrícolas presionan para obtener aún más exenciones y utilizarán la tragedia que ellos mismos ayudaron a crear para tener más exenciones y como justificación para despedir, reducir costos y lucrar aún más encima de la destrucción de millones de personas.
Se trata de justicia. ¿Reparación o endeudamiento?
Las medidas recientemente anunciadas por Lula dejan fuera a cientos de miles de trabajadores y trabajadoras que perdieron todo a causa de la catástrofe.
¿Qué pasa con un jubilado, un obrero, un maestro, una enfermera o un empleado de banco, que, con gran dificultad, adquirió una propiedad o un automóvil, después de 20 o 30 años de trabajo, y que vio todo perderse en medio de la inundación, cuya responsabilidad recae en los capitalistas del agronegocio y también en los gobiernos?
Con las medidas presentadas hasta ahora, los “de abajo” no solo no tendrán de vuelta lo que perdieron, sino además saldrán de esta crisis endeudados, debiendo al banco o a la MRV, la empresa que maneja las obra de “Minha Casa, Minha Vida” en el Estado.
Es necesario garantizar ayuda inmediata y de emergencia, pero también es necesario garantizar indemnizaciones por todas las pérdidas de los trabajadores y trabajadoras que vieron sus propiedades, sus coches, sus motos ser llevados por las aguas; o del pequeño empresario, que perdió su establecimiento, su stock o su maquinaria.
No puede ser una “ayuda” como una línea de crédito, para que este trabajador tenga que pagar otros 30 años por una casa que le llevó 20 años comprar. Es necesario devolver los bienes perdidos por el trabajador o por el pequeño empresario.
Esto no es un favor. Se trata de justicia. Por una reparación justa. Porque esta catástrofe tiene responsables, tanto por la devastación ambiental como de la falta de prevención y verdadera deforestación y falta de mantenimiento de las estructuras de protección, como en el caso de Porto Alegre.
La exigencia de reparación de sus muebles, electrodomésticos, etc., de su vivienda, si quedó destruida, de su pequeño negocio, por lo tanto, es un derecho fundamental. Y quienes deben pagar todo esto son los que tienen mucho dinero, que son los que lucraron con la devastación ambiental, preparando el desastre para la mayoría. Los mismos que ahora quieren volver a lucrar con la reconstrucción.
Medidas urgentes para socorrer a la población afectada
Es necesario garantizar asistencia inmediata a la población afectada y que sufre un flagelo que aún no tiene previsión para terminar. Se necesita desde ya:
• Garantizar alojamiento a todas las personas sin hogar, incluso utilizando propiedades vacías destinadas a la especulación (sólo en Porto Alegre hay 110.000), con la requisición de plazas en hoteles, además de las escuelas públicas que se están utilizando.
• Apoyo a los comedores solidarios que se están organizando por la propia población, en una solidaridad de clase, donde los trabajadores ayudan a los trabajadores, ante la ineficiencia del Estado. En lugar de quejarse de las donaciones que “perturbarían” las ganancias comerciales, el gobierno debería garantizar alimentación y alojamiento decentes y adecuados para todos los afectados.
• Formación de comités de afectados, por barrios o regiones, para gestionar las donaciones y garantizar la seguridad y autodefensa de los afectados. En cuanto a la autodefensa, también es necesario fomentar la autoorganización de las mujeres, ante las lamentables denuncias de asedio y violencia sexual en los albergues.
• Nada de Garantía de la Ley y el Orden (GLO), como defienden el general Mourão y el alcalde bolsonarista, Sebastião Melo (MDB), ni el traslado de personas sin hogar a lugares remotos y “protegidos” por el Ejército, que, en la práctica, serían verdaderos campos de concentración para pobres y crearían aún más propiedades vacías para la especulación una vez que las aguas retrocedan.
Reparar pérdidas y garantizar empleo e ingresos
Además de las personas sin hogar, innumerables trabajadores han perdido todo lo que tenían y sus ingresos, sus empleos y su supervivencia están amenazados. Las “ayudas”, como el Retiro por Calamidad del FGTS [Fondo de Garantía], o la reducción salarial, a cambio de estabilidad por algunos meses, el adelanto del 13º salario o la devolución del Impuesto de Renta son medidas que hacen que el trabajador pague de su propio bolsillo las pérdidas. Es necesario garantizar medidas de emergencia para reanudar la vida, incluida la reparación de todas las pérdidas sufridas por la clase trabajadora.
• Suspensión del cobro de agua, luz e impuestos pagados por la población afectada.
• Amnistiar las deudas y préstamos de trabajadores y jubilados (incluidos los consignados).
• Beneficio de al menos R$ 10.000 para todos aquellos cuyas viviendas fueron invadidas por las aguas, con el fin de reponer electrodomésticos y muebles perdidos.
• Reparación integral para todos los trabajadores y pequeños empresarios que perdieron sus viviendas, automóviles o cualquier otro bien.
• Crédito, sin intereses y a fondo perdido, para el funcionamiento y reconstrucción de los pequeños comercios y negocios, incluso para capital de giro, pago de empleados, reparación o reposición de maquinaria y stocks perdidos. Cancelación de deudas y de pago de préstamos.
• Prohibición de despidos, no permitiéndose la suspensión de contratos ni descuentos salariales a los afectados. Las grandes empresas que despidan deben ser expropiadas y puestas bajo control de los trabajadores. ¡Despidió, expropió!
• Congelamiento de precios a los valores anteriores a las inundaciones, so pena de multas e incluso la expropiación de supermercados, farmacias y distribuidores de combustible, cohibiendo la especulación con los precios de los alimentos y del agua.
Reconstrucción bajo el control de comisiones de afectados y de la clase trabajadora
La prioridad de los gobiernos debe ser el pueblo trabajador y la inversión social, no las parcerías [asociaciones] público-privadas (PPP), una forma encubierta de privatización que coloca los servicios públicos (como el agua, la energía, la salud y la educación) en beneficio de las ganancias y por encima de la vida. Necesitamos luchar por las siguientes medidas:
• Formación de una empresa estatal de obras públicas, para reconstruir infraestructura de prevención y viviendas en lugares seguros, generando miles de empleos.
• Obras como contención de aludes, drenaje, construcción de represas y desazolve de lechos de los ríos, estudios de zonas de riesgo, creación de reservas forestales en las márgenes de ríos, fin de la deforestación, entre otras medidas encaminadas a la prevención.
• La orla del río Guaíba y las riberas de los ríos deben ser áreas protegidas, de propiedad pública, así como las áreas de preservación ambiental y los parques de protección de especies en peligro de extinción. Se necesitan áreas verdes para la absorción de las aguas hacia el nivel freático y drenaje del agua. Además, es fundamental implementar reservorios naturales de agua, que actúen como barreras efectivas contra los desbordes, protegiendo de las inundaciones las áreas urbanas.
• Control de los trabajadores sobre el plan de obras públicas. La reconstrucción no puede quedar en manos de empresas constructoras privadas, que sólo beneficiarán a quienes puedan pagar.
Para que la catástrofe no se repita
Los agromillonarios, banqueros y grandes empresarios deben pagar por la crisis que ellos mismos crearon.
• Es necesario cancelar la deuda de Rio Grande do Sul. No basta con suspender el pago por tres años, porque es poco dinero y, manteniendo la deuda y los mecanismos de la LRF, el Estado tendrá que volver a pagar y someterse al eterno recorte de gastos en inversiones, mantenimiento, servicios públicos y gastos sociales. Es necesario suspender el pago de la deuda federal a los banqueros, que sólo el año pasado generó intereses por valor de un billón de reales. El 10% de esta cantidad permitiría reparar las pérdidas de los afectados y reconstruir el Estado sobre nuevas bases, donde la naturaleza se preserve y no se destruya.
• Confiscar 50% de las grandes fortunas de los multimillonarios capitalistas. Ellos no serán pobres por eso.
• Es necesario cobrar un impuesto fuertemente progresivo sobre los grandes capitales que operan en RS: sobre el patrimonio y, también, sobre las ganancias y dividendos.
• Reestatizar, sin indemnización, empresas como la CEEE Equatorial, que deja a la población sin luz y corta la electricidad y las bombas, sin avisar a la población. Es necesario retomarla, ponerla bajo control de los trabajadores, revertir y suspender todas las PPP.
• Expropiar, sin indemnización, las grandes empresas del agronegocio.
Control obrero: el pueblo y los trabajadores deben tomar la reconstrucción en sus propias manos
Siguiendo el ejemplo de los comedores solidarios y de la organización interna en los albergues, la población afectada y los trabajadores deben organizarse para discutir sus necesidades y exigir los recursos para reconstruir o reformar sus viviendas, así como exigir obras que garanticen que no se repetirá otra tragedia por falta de prevención.
Un ejemplo de esto es lo que viene sucediendo en Santa Cruz, donde vecinos de alrededor de mil casas se reúnen en una comisión para discutir, exigir y garantizar la preservación ambiental y obras que eviten otras inundaciones. De la misma manera, los barrios de Porto Alegre también necesitan organizarse.
También es necesario exigir el retorno del Departamento de Alcantarillado Pluvial (DEP), la duplicación del personal del Departamento Municipal de Agua y Alcantarillado (Demae), poniéndolos bajo control de los trabajadores de estas empresas y de la comunidad, para la prevención y el funcionamiento de las casas de bombas y de toda la infraestructura antiinundaciones, ya que no será un alcalde que tiene como suplente a un negacionista quien garantice que el año que viene no pasaremos por otra pesadilla.
Esto también se aplica a la CEEE Equatorial que, además de ser reestatizada, necesita estar bajo el control de trabajadores y usuarios, de modo que se garantice el mantenimiento e inversiones suficientes para parar los cortes de luz en los barrios.
De esta manera, los comités de afectados en los barrios, los comedores solidarios y los voluntarios de los albergues, entre otras iniciativas, pueden organizar un verdadero consejo popular, donde discutir sus demandas y, posteriormente, avanzar en la construcción de un consejo de representantes de todos los barrios.
Autodefensa
La organización y movilización de los afectados es necesaria incluso para garantizar la seguridad de la población ante los robos, la presión de los delincuentes (e incluso del “tráfico”) en los albergues, o el saqueo de viviendas. Estas amenazas no necesitan del Ejército ni de la seguridad privada, sino más bien de la organización de comités que elijan personas de confianza de la población para formar comités de autodefensa.
¿Qué necesitamos? Por una verdadera política ambiental y de prevención
Los planes de reconstrucción que se están elaborando van en la misma dirección que los programas de vivienda del gobierno Lula: obras para beneficiar a las grandes empresas constructoras y no a la población en su conjunto.
Es necesario, por el contrario, construir una empresa pública, contratando a los desocupados, y controlada por afectados y trabajadores, con asesoramiento de personal técnico vinculado a la protección del medio ambiente. Una empresa pública y estatal, bajo control obrero y popular, que realice obras de contención, como los diques de Porto Alegre, el Muro de Mauá, las casas de bombas de drenaje.
Nada de privatización del Cais [Muelle]. Nada de empresas privadas en servicios públicos esenciales. Todo esto debe quedar bajo el control de los trabajadores.
En el mismo sentido, es necesario revocar, ahora, las 500 normas de flexibilización ambiental elaboradas por Eduardo Leite y la Asamblea Legislativa, así como recuperar áreas de llanuras aluviales, como las que destruyó el alcalde de Eldorado do Sul.
Política nacional de prevención
También existe la necesidad urgente de una política nacional de prevención de desastres relacionados con el clima, que serán cada vez más frecuentes y generalizados. Tuvimos inundaciones en el Noreste y, más recientemente, en Acre. Es necesario construir un sistema estatal y público que agrupe a científicos e investigadores, como el Instituto Nacional de Meteorología (Inmet), que sea independiente y controlado por los trabajadores.
Cambiar el sistema. Socialismo o barbarie
La tragedia revela el carácter cada vez más destructivo de un capitalismo en crisis, que amenaza la existencia misma de la humanidad. Lula, en su discurso, se opone a los negacionistas de la crisis climática, como el ultraderechista Sebastião Melo o los negacionistas del entonces gobierno Bolsonaro; al mismo tiempo, sin embargo, en su política de gestión del capitalismo, él mismo defiende la exploración petrolera en el Margen Ecuatorial, que sólo puede promover aún más los combustibles fósiles en beneficio de las grandes petroleras y de la industria automotriz.
Es necesario derrotar la política económica de austeridad del gobierno, responsable del desmantelamiento de los sistemas de prevención. Pero también es necesario hacer frente a su política de beneficiar a los banqueros y a los grandes empresarios, incluidos los megainversores que hoy se benefician con la Petrobras. Es necesario reestatizar la empresa y emprender realmente una política de descarbonización, mediante investigación e inversiones.
Pero los capitalistas no renunciarán a sus ganancias, incluso si destruyen la Tierra o ahogan al pueblo en inundaciones. Se necesita otro sistema, con los trabajadores en el poder, gobernando a la gran mayoría y no a un puñado de multimillonarios. Se necesita un gobierno socialista de trabajadores, apoyado en Consejos Populares.
Artículo publicado en www.opiniaosocialista.com.br, 16/5/2024.-
Traducción: Natalia Estrada.
Brasil: Las dos catástrofes que destruyeron Rio Grande do Sul
mayo 19, 2024
Rio Grande do Sul fue víctima de dos catástrofes. Por un lado, las fuertes inundaciones están ligadas al cambio climático provocado por el calentamiento global, impulsado por la industria capitalista, y que se traduce en fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes e intensos. Por otro lado, el desastre “natural” ganó mayor volumen y extensión debido a las políticas neoliberales de los gobiernos estaduales, municipales y tambieen del gobierno federal, que debilitaron el sector público y desmantelaron la legislación ambiental en favor del agronegocio.
Por: Redacción Opinião Socialista, Brasil
La situación climática de la Tierra es alarmante. El año 2023 fue el más caluroso jamás registrado en la historia. Las temperaturas de los océanos también fueron las más altas (ver gráfico). Son los grandes reguladores del clima en la Tierra.
Todo esto convirtió a El Niño de 2023-2024 en uno de los más intensos jamás registrados desde el inicio de los relevamientos modernos, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Por si fuera poco, también según los registros, la concentración actual de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera es la más alta de los últimos 800.000 años, totalizando 424 partes por millón (ppm). En comparación, en 1850, el nivel de CO2 era de 280 ppm.
¡Ignorando la ciencia, vendrán días peores!
Casi 80% de los científicos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) prevén al menos 2,5 °C de calentamiento global, mientras casi la mitad prevé al menos 3 °C. Esto significa un futuro marcado por conflictos y migraciones en masa, impulsados por olas de calor, incendios forestales, inundaciones y tempestades.
Todo ello con una intensidad y frecuencia muy superiores a la que ya ha ocurrido. En otras palabras, nos dirigimos rápidamente hacia una situación climática incontrolable que amenaza la civilización, especialmente a los más pobres y vulnerables.
La catástrofe en Rio Grande de Sul, lamentablemente, no es un caso aislado. A esta se suman otras ocurridas a lo largo de 2023-2024, como las olas de calor e incendios forestales en Estados Unidos, Canadá y Chile; las inundaciones torrenciales en la ciudad costera de Derna, Libia, que mató a más de 10.000 personas; o las inundaciones de Kenia a finales de abril, que acabaron con la vida de casi 200 personas.
El calentamiento fue producido por el capitalismo
Una encuesta realizada por Genial/Quaest, publicada el día 9 de mayo, muestra que 64% de la población entiende que el cambio climático provocó las inundaciones en Rio Grande do Sul. Otro 30% ve el cambio climático sólo como una de las causas; y 1% no identifica ninguna relación.
Esta percepción de la población es muy positiva. Pero los trabajadores necesitan saber que la catástrofe climática no es una venganza ciega de la naturaleza. Es resultado de la industria capitalista y del colosal consumo de combustibles fósiles, la sangre que fluye por las arterias de la acumulación del capital. Los principales responsables son los países imperialistas y sus burguesías, cuyas industrias son responsables de más de 70% de las emisiones globales de carbono.
La responsabilidad del agronegocio
En el Brasil, sin embargo, el modelo de agricultura capitalista, el llamado agronegocio, es el principal responsable de las emisiones. Sólo el sector emitió 75% de los gases de efecto invernadero en el país, según el Sistema de Estimación de Emisiones y Remociones de Gases de Efecto Invernadero (SEEG).
Esta es una expresión evidente de la reprimarización económica del país (retorno al rol de exportador de materias primas y recursos naturales), con el crecimiento del sector extractivo agrominero, siempre apoyado en gordos incentivos estatales. De hecho, es este sector el que apoya el negacionismo climático en el Brasil, difundido por la ultraderecha bolsonarista.
El agro es también la “vanguardia del atraso” cuando se trata de la ofensiva para destruir la legislación ambiental del país. La Banca Ruralista es responsable de los 25 proyectos de ley y las tres propuestas de enmiendas a la Constitución que se tramitan en el Congreso brasileño, conocido como “Paquete de la Destrucción”.
Es necesario revocar estas leyes, organizar grandes movilizaciones y enterrar la agenda del agro, antes de que estas entierren el país.
Catástrofe social: austeridad fiscal, privatizaciones y ataques al medio ambiente
Pero, por otro lado, tenemos una catástrofe social producida por décadas de neoliberalismo, austeridad fiscal y privatizaciones, que se combina mortalmente con la catástrofe climática.
Este cóctel mortal fue llamado “Capitalismo del Desastre” por la periodista canadiense Naomi Klein, luego de que el huracán Katrina devastara la ciudad de Nueva Orleans (Luisiana, en el sur de Estados Unidos), en 2005. En el Brasil, esa ha sido la receta de todos los gobiernos. Y desde hace décadas.
El gobierno de Eduardo Leite saboteó todo el sistema de prevención y combate a desastres naturales, sector al que asignó magros presupuestos. Para enfrentar los eventos climáticos, el gobierno destinó menos de 0,2% del presupuesto total aprobado para 2024. Para la Defensa Civil, se agregaron unos miserables 50.000 reales.
Como consecuencia de esto, durante todo el período de El Niño, que siempre provoca fuertes precipitaciones en la región mientras está activo, se desmantelaron todos los equipos de prevención y combate contra desastres naturales.
El gobernador flexibilizó leyes ambientales para favorecer el agronegocio
Leite promovió una ofensiva contra las leyes ambientales del Estado. En 2020, en su primer mandato, aprobó, en la Asamblea Legislativa, la Ley 15.434, que suprimió y flexibilizó más de 500 artículos e incisos del Código Ambiental del Estado, flexibilizando reglas de protección ambiental para los biomas de la Pampa y la Mata Atlántica.
Al año siguiente, el gobierno permitió la autolicencia de grandes proyectos, mediante la emisión de una Licencia Ambiental por Compromiso (LAC). La medida permitió autorizar de forma inmediata 49 actividades económicas (31 de ellas con alto y medio potencial contaminante), independientemente de su tamaño. Entre las actividades que lograron autolicencias se destacan las plantas de concreto y de asfalto, la ganadería semiconfinada y la silvicultura (“reforestación”, con pino y eucalipto).
La autolicencia es el sueño del agronegocio brasileño, hecho realidad gracias a Leite en su Estado. Funciona así: si un capitalista quiere producir eucalipto, no necesita realizar una solicitud ni someterse a una evaluación por parte de los organismos ambientales estatales. Basta con pagar a una empresa privada de consultoría ambiental, que “certifique” que su negocio es sostenible.
El gobierno también amplió la Zonificación para Actividades de Silvicultura en el Estado. Y, más recientemente, flexibilizó aún más la legislación ambiental, para permitir la construcción de represas y embalses en Áreas de Preservación Permanente (APP), y, de esta manera, permitir el almacenamiento de agua para la agricultura y la ganadería.
Las privatizaciones completaron el desastre
Toda la situación empeoró con la privatización de las empresas estatales. Incluso antes de la catástrofe, el empeoramiento de los servicios ya era visible. Con la inundación, quedó demostrado que las privatizaciones profundizaron el colapso. La empresa privada CEEE Equatorial, por ejemplo, incluso cortó la electricidad en una casa de bombas, sin informar a la población ni al alcalde, lo que obligó a la evacuación de los vecinos de dos barrios porque el agua estaba subiendo.
Reestatizar las empresas privatizadas del Estado será absolutamente necesario para cualquier plan de reconstrucción y de adaptación al cambio climático. De lo contrario, la población quedará en manos de capitalistas sin escrúpulos, que anteponen las ganancias a las vidas.
Ninguna reconstrucción del Estado es posible sin la derogación de todas estas leyes que atacan el medio ambiente, además de la reestatización inmediata, bajo control de los trabajadores, de las empresas privatizadas.
Inversión cero: alcalde de Porto Alegre saboteó sistema de contención de inundaciones
Esta misma cartilla de promoción de la catástrofe social fue adoptada por el alcalde de Porto Alegre, el bolsonarista Sebastião Melo (MDB), y explica la falla del sistema de contención de inundaciones del río Guaíba, formado por 18 casas de bombas, diques y el Muro Mauá. El sistema colapsó y el 7 de mayo sólo cuatro casas de bombas estaban operando en la ciudad. Los diques de contención también fallaron y muchos cedieron ante la fuerza de las aguas.
Lo cierto es que el sistema estaba en total abandono, a pesar de que la alcaldía era consciente de los riesgos de nuevas y torrenciales lluvias. En 2023, la alcaldía no invirtió ni un solo dólar en la prevención de inundaciones. Así es: invirtió R$0.
Y cuando el sistema colapsó y la ciudad se inundó, la alcaldía no tenía un “plan B”. En caso de inundaciones, no existía ningún plan de contingencia ni plan de evacuación para los residentes.
«Compensación ambiental»: la alcaldía quiere pagar R$ 1.700 millones al “Véio da Havan”
Pero, si la alcaldía destinó cero reales para las inundaciones, ella fue protagonista de uno de los episodios más absurdos de toda esta tragedia, al intentar pagar R$ 1.700 millones, en concepto de “compensación ambiental”, a una cadena de tiendas de Havan, con recursos del Departamento Municipal de Aguas y Alcantarillados (Dmae).
El plan de la alcaldía era pagar con dinero público una “compensación ambiental” a una empresa privada que había provocado, ella misma, los daños al instalar la empresa. Según la legislación, es la empresa la que debe pagar las compensaciones ambientales derivadas de las obras y nunca al revés. El Tribunal de Cuentas del Estado (TCE) prohibió al alcalde pagar a Luciano Hang, el millonario y bolsonarista “Véio da Havan” [Viejo de la Havan], pero la administración había dicho que apelaría.
Artículo publicado en www.opiniaosocialista.com.br, 16/5/2024.-
Traducción: Natalia Estrada.
Estudiantes acampan en la Universidad de São Paulo en apoyo al pueblo palestino
Por Redacción
La ocupación en la Universidad de São Paulo comenzó a última hora de la tarde de este martes 7 de mayo en los cursos de Geografía e Historia. Exige el fin de las relaciones académicas con la Universidad de Haifa, que viola los derechos palestinos y es cómplice del actual genocidio.
Estudiantes de la Universidad de São Paulo (USP) iniciaron un campamento de apoyo al pueblo palestino en la tarde del 7 de mayo. La acción es llevada a cabo por más de 40 organizaciones estudiantiles, que forman parte del comité “Estudiantes en Solidaridad con el Pueblo Palestino (ESPP)”, que surge inspirado en los movimientos alrededor del mundo que estallaron en Estados Unidos, y ahora están en Gran Gran Bretaña, Francia, España, Irlanda, Alemania, Holanda, Australia, Japón, México, y varios otros países.
Los estudiantes dicen que los convenios de la USP con universidades y organizaciones israelíes, como el ‘Israel Corner’, ayudan a desarrollar tanto la tecnología utilizada por Israel en el genocidio palestino, como las bases científicas y académicas para apoyar la ideología y el Estado sionista que perpetúa la producción de conocimiento centrado en el genocidio y el apartheid racista del sionismo.
El próximo jueves 9 se llevaría a cabo la reunión de la Congregación de la Facultad de Filosofía y Ciencias Humanas (FFLCH), máxima instancia de deliberación de la Facultad. El asunto sería tratado por el Centro Académico de la Facultad de Letras de la Universidad de São Paulo (CAELL). Sin embargo, la reunión fue cancelada repentinamente poco después del inicio de la movilización estudiantil.
Esta semana, el CAELL lanzó una petición en línea. Según Mandi Coelho, coordinadora del CAELL y activista del Coletivo Rebeldia, la petición “tiene como objetivo que la USP y demás universidades brasileñas rompan todos los acuerdos de cooperación académica y científica con el Estado de Israel, que desde hace siete meses impone un verdadero genocidio en la Franja de Gaza y territorios ocupados en Palestina”.
Los estudiantes piden el apoyo de la comunidad académica y de todos los que estén en contra del genocidio perpetrado por Israel, que ahora cuenta una ofensiva en Rafah, el lugar más poblado de Palestina, con 610.000 niños y más de un millón de refugiados.












