Inicio Blog Página 11

Secuestrados por la criminalidad

0

Editorial de Bandera Socialista 145 – septiembre/octubre 2024

El Perú, literalmente, se encuentra secuestrado por la criminalidad. De la grande y pequeña, de la que controla el dúo Gobierno-Congreso y la que controla las calles.

Más allá de las responsabilidades inmediatas y la ineficacia o no de las medidas que se dictan y ofrecen para cada caso, todo tiene que ver con el sistema de economía neoliberal que nadie, y sobre todo los de arriba, quieren poner en cuestión. Lo cierto es que detrás de la crisis actual está el fracaso de este modelo, que se impulsa en nombre de llevarnos al primer mundo, cuando en realidad nos lleva a la barbarie. Por supuesto, si los trabajadores no hacemos algo para evitarlo y salvarnos, porque no hay otra salida.

Los transportistas salieron a hacerle frente al crimen organizado masificado en su sector como en otras áreas de la economía popular, con un paro que paralizó la capital el jueves 26. En respuesta, el gobierno declaró en emergencia los distritos más pobres de la capital disponiendo su patrulla por el Ejército, exponiendo a la población civil a sus abusos, y anuncia otras medidas que, sin duda alguna, serán nuevos fracasos ante una criminalidad que se desboca y amenaza seguir creciendo.

Al mismo tiempo que arde la capital por los ataques del crimen organizado, gran parte del país, sobre todo la Amazonía, era y es devorada por gigantescos incendios forestales ante el que el Gobierno poco o nada hace, y que son alentados por mafias vinculadas al agronegocio. Sólo hace meses el mafioso Congreso hizo aprobar por insistencia una nueva Ley Forestal que incentiva la destrucción de la Amazonía. En este caso no solo estamos ante un crimen contra el medio ambiente, sino contra la propia población pobre y de comunidades indígenas que sufren muertes y destrucción de los hábitats donde viven.

Estos hechos, que ponen de relieve el peso que alcanza el crimen organizado en el país, en realidad apenas son la punta del iceberg de un mal mucho mayor. El crimen opera en la minería informal e ilegal. En el tráfico de drogas. En el sicariato y en el de las extorsiones. Esto es: comprende una significativa parte de la economía nacional que controla la burguesía, y afecta, sobre todo, a la población trabajadora y pobre.

Así, es normal que sus tentáculos alcancen al Estado –el Congreso, el Gobierno y otras instituciones, con múltiples investigaciones de organización criminal–, desde donde operan buscando protección e impunidad. Cuando se trata de estos criminales no estamos ante una delincuencia común, sino ante representaciones con proyectos políticos. El Fujimorismo tiene acusaciones de “organización criminal”, pero es una organización política que embandera y defiende el modelo neoliberal y autoritario que implantó su mentor recién fallecido. Lo mismo sucede con las otras variantes políticas, incluida sectores que se llaman de “izquierda”.

¿Y de qué trata el modelo que estos defienden sino de la liberalidad del capital en un país atrasado y sin soberanía, que nos ha convertido en un territorio primario exportador dominado por multinacionales y que ahora pretende más minería y más deforestación para el agronegocio?

¿De qué trata el modelo sino de un país convertido en “atractivo” para las inversiones por la mano de obra precarizada y barata que ofrece, y sobre todo con 80 % de informalidad donde prende con facilidad el negocio del crimen organizado?

¿Y de qué trata un modelo que desnacionaliza y termina por acabar con la poca industria existente, y que en la conflictividad EEUU-China nos posiciona en uno de los bandos opresores que desplaza al otro en el control de la infraestructura nacional (empresas eléctricas, ¿mega puerto de Chancay)?

Todo este sistema es la verdadera génesis y promotora de la criminalidad. Por ello se ha hecho funcional con el Estado y tiene influencia a través de diversos partidos.

También se ha hecho funcional para los aparatos sindicales, como la CGTP, que firma pronunciamientos conjuntos con la Sociedad Nacional de Industrias, dizque, para “combatir la criminalidad” –nada menos que con los que causan despidos y trabajo precario, que es otra forma de crimen–, mientras por otro lado deja que las luchas obreras se desgasten y sean derrotadas.

Ante la deriva del país, una vez llenado sus bolsillos, los capitalistas podrán huir si así lo necesitan. Los únicos que sufrimos hoy y sufriremos mañana somos los trabajadores y pobres. Salvar al Perú está en nuestras manos y depende de nosotros.

Así como los transportistas, en su mayoría trabajadores informales o cuentapropistas, salieron a luchar por soluciones efectivas y se enfrentan al crimen organizado y al Gobierno, debemos hacerlo todos. En el campo, las organizaciones indígenas están llamando a la lucha en defensa de sus territorios. En las zonas invadidas por la gran minería, las poblaciones resisten. En las fábricas los obreros se defienden de los despidos masivos. Necesitamos la lucha unida de todos para enfrentar los múltiples ataques. La unidad de la misma clase obrera para enfrentar la ola que está barriendo con sus derechos y organizaciones. Esta es salida y no esperar las elecciones del 2026, que colocará en Palacio y el Congreso a otros bandidos. La salida es luchar hasta la derrota del gobierno de Boluarte y su Congreso y arrancar las soluciones inmediatas que se reclaman. Y por esta vía, construir una solución de fondo, con un Gobierno de las organizaciones obreras y populares.

La recurrente e inútil tentación autoritaria

0

El pedido del gobierno de tipificar el delito de “terrorismo urbano” resulta tan incapaz de detener las extorsiones como los “estados de emergencia” y todas las medidas que han fortalecido a la policía.

Por Víctor Montes

Los potentes paros de los transportistas, el 26 de septiembre primero, y el 10, 11 y 12 de octubre después, han abierto un nuevo momento de la lucha contra la criminalidad, el gobierno de Dina Boluarte y el Congreso.

El punto de quiebre ha sido la absoluta incapacidad mostrada por el gobierno, y las instituciones de la democracia patronal y corrupta, para tomar decisiones y medidas efectivas contra el accionar de las organizaciones criminales que asesinan, amenazan y extorsionan a transportistas, tiendas, mercados y hasta comedores populares.

El año más violento

Los últimos informes periodísticos dan cuenta de que este 2024 ya se ha convertido en el año con más homicidios de los últimos 8 años. Al 10 de octubre, el Sistema de Información de Defunciones (SINADEF) ha registrado 1493 casos, superando el total de homicidios registrados en todo el 2023, cuando se contabilizaron 1431. Esto hace un promedio de entre 4 y 5 personas asesinadas cada día.

Otro tanto pasa con las denuncias de extorsiones. Si en 2023 se realizaron 4397 denuncias, en lo que va del 2024 este número se ha elevado en un 14%, llegando a las 5012 denuncias.

Si tomamos en cuenta que en la mayor parte de los casos, las víctimas deciden no denunciar pues la policía es absolutamente impotente frente a este delito, entonces podemos suponer que la realidad es mucho peor.

El gobierno repite el libreto

Ante la contundencia del primer paro, el gobierno volvió a declarar en “estado de emergencia” 14 distritos de Lima y Callao. Pero rápidamente se hizo evidente la impotencia de dicha medida, lo que provocó la convocatoria y posterior realización del paro de 72 horas de los días 10, 11 y 12 de octubre. Tan ineficaz resultó declarar estado de emergencia, que el propio premier Adrianzén, lamentó no tener la cantidad de policías que se necesitaba.

Golpeado y acorralado, el gobierno, esta vez de la mano del Congreso reaccionario y corrupto dominado por el fujimorismo, han buscado realizar nuevas modificatorias a la Ley de Crimen organizado con la finalidad de revertir parcialmente los cambios que ese mismo Congreso, lleno de agrupaciones investigadas como organizaciones criminales, había aprobado para sacarse de encima a la fiscalía. Las modificaciones no fueron más que una respuesta ruin, rehuyendo a las exigencias para derogar la citada ley.

Por último, desde el gobierno se ha tomado como caballito de batalla la tipificación del delito de “terrorismo urbano”, con penas más severas para quienes sean apresados por este motivo. Una medida que no asegura eficacia en la lucha contra los extorsionadores y sicarios, y que, por el contrario, atenta contra el derecho a la protesta pues coloca en el mismo saco a muchas acciones de protesta popular, al tiempo que extrae del ámbito del sistema judicial a los efectivos policiales o militares que hagan uso indiscriminado de armas de fuego causando la muerte o hiriendo injustificadamente a cualquier ciudadano. Todos los involucrados en los asesinatos del 2022-2023 hubieran estado protegidos por esa ley que se pretende aprobar.

En ese contexto, hablar simplemente de aumentar la cantidad de policías solo multiplicaría la ineficacia y los casos de abusos contra protestas sociales. Es decir, la represión contra quienes hoy valientemente se plantan ante los sicarios y extorsionadores movilizándose, y enfrentan la represión del gobierno.

Pero… ¿Sirven de algo las medidas planteadas?

La clase obrera, en términos de clase, no tiene ningún interés en que se endurezca el aparato represivo de un Estado. Un aparato que siempre está al servicio de los intereses patronales.

Ya ha quedado claro que, más allá la sensación que puede generar ver a los militares en la calle, su presencia es absolutamente incapaz de hacer frente a la criminalidad. Prueba inmediata es el conjunto de ataques que se han perpetrado a buses de transporte y comerciantes, además de los más de 20 asesinatos perpetrados bajo la reciente declaratoria de estado de emergencia.

Menos cuando son los propios mandos de las FF.AA. y policiales los que hacen negocios con esas mismas organizaciones criminales, y la tropa, expuesta a la violencia de las bandas y mal pagada, muchas veces prefiere vender su autoridad y mirar para otro lado, como muestra la reciente denuncia sobre el alquiler que algunos policías hacían de sus armas a extorsionadores y secuestradores. 

La policía mata… solo a los que luchan

El derrotero autoritario de la patronal y sus gobiernos, que tuvo un momento cumbre bajo la dictadura de Fujimori, no ha dejado de existir bajo la democracia pactada tras la caída del dictador en el año 2000. 

Entre 2002 y 2021, ya “en democracia”, la policía y las FF.AA. asesinaron a 162 personas reprimiendo acciones de protesta. Si les sumamos las 49 que mató el gobierno de Boluarte entre diciembre de 2022 y marzo de 2023, los números desvelan la verdadera guerra que libran las fuerzas represivas del país: una guerra contra el pueblo pobre y trabajador. 

Por eso las declaratorias de “estado de emergencia”, que nos quitan el derecho a la inviolabilidad del domicilio, al libre tránsito, a la libertad de reunión y que no se nos detenga sin una orden judicial,  solo han sido “útiles” para el gobierno cuando se ha tratado de enfrentar a la población movilizada.

Visto así, la respuesta a la pregunta ¿A quién sirve realmente la incorporación del delito de terrorismo urbano? cae de madura: a las grandes empresas que saquean nuestro país y explotan a la clase trabajadora, y por supuesto al gobierno, que utilizarán la ley para reprimir, mientras  se siguen mostrando absolutamente incapaces de hacer frente al crimen organizado, que es la expresión de un sector de la burguesía que se dedica a negocios ilegales, y defienda balazos sus cotos de poder.

Los que luchan, sus direcciones y la salida

La potente movilización que ha acorralado al gobierno, es liderada por sectores de empresas del transporte, transportistas que son dueños de sus unidades, cobradores, comerciantes medianos y pequeños, y trabajadores que laboran al día, unidos por la necesidad de defender sus ingresos y sus vidas frente al crimen organizado.

Y justamente por eso, su programa de reivindicaciones expresa una variedad de intereses que no necesariamente enfrentan la problemática del crimen desde la raíz, y claramente, no tiene una mirada clasista. 

Por el contrario, sus demandas albergan el anhelo de una mayor represión, y coquetea con la recurrente tentación autoritaria que tanto caracteriza a la política nacional desde el nacimiento del Perú como país independiente.

Por eso se hace urgente abrir un debate, desde la base obrera, sobre cuál es el camino para hacer frente al crimen organizado.

Un tema es reivindicar el método de lucha. Los transportistas, comerciantes y demás sectores del “pueblo”, que hoy se han convertido en la punta de lanza del enfrentamiento al gobierno de Boluarte y el Congreso reaccionario, han vuelto a poner en la agenda la movilización y la paralización como el método más efectivo para imponer las demandas más sentidas de la población. Por eso debemos exigir la realización de un verdadero Paro Nacional unitario y de combate, que condense la acción de todos los sectores y sus justas demandas. 

Es una exigencia que debe nacer de las bases obreras y populares, de la realización de asambleas que acuerden la realización del paro. Contra la campaña patronal que dice que “el Perú no puede parar”, los transportistas y el pueblo trabajador sabemos que es la única manera de vivir y mejorar nuestra situación. 

Por eso urge que la clase trabajadora, que también enfrenta la ola de violencia y crímenes que se ha desatado, y que adicionalmente lucha contra los ceses colectivos, los bajos salarios y el alza del costo de vida, tome esta lucha desde una mirada clasista, denunciando que son justamente el gobierno, al servicio de las grandes empresas, la policía y las FF.AA., los principales responsables del actual incremento del crimen organizado, que germina a lo largo y ancho del país de la mano de un modelo económico saqueador y de la corrupción que trae consigo. Y será uniendo la lucha obrera con la del pueblo, que pondremos finalmente en la mesa las verdaderas demandas obreras y populares.

Mafias políticas, extorsionadores y empresarios rapiñan al país

0

Incendios que consumen la amazonia causando muerte y destrucción ante la pasividad del gobierno; bandas criminales que extienden sin freno sus territorios de influencia en la mismísima Capital; numerosas familias que ven pisoteado su derecho a la justicia ante el emblemático caso del genocida, violador de derechos humanos y corrupto de alta factura que fue Alberto Fujimori, quien primero fue ilegalmente indultado y al morir recibió honores del Estado con tres días de duelo nacional. Y numerosas atrocidades más a lo que se suma una nueva oleada de despidos y ceses colectivos por parte de una patronal.

Los peores vaticinios acerca de los costos de la permanencia de Dina Boluarte en el gobierno, fueron largamente superados en los hechos.

Este gobierno que se formó con los despojos del gobierno Castillo, archivando la propuesta electoral que obtuvo mayoría en 2021, aceptando la regencia del fujimorismo y la ultraderecha, y burlando la exigencia nacional de adelanto de elecciones generales, recibió el apoyo del Congreso con la misión de quedarse a cualquier costo.

Al imponerse por medio de una de las más sangrientas represiones a una rebelión popular en la historia reciente del país, con 60 muertos y miles de heridos, lo que se estaba gestando a vista de todos era un gobierno de componenda, o complicidad, entre el Ejecutivo y el Congreso, bautizado después como el «gobierno de los corruptos», donde ambos sectores se prestan entre si una precaria legalidad y el mayor peso lo detentan las fuerzas del Congreso.

Así, una inescrupulosa Dina Boluarte pudo continuar a pesar de su responsabilidad directa en los asesinatos de manifestantes, y a pesar de haber dado rienda suelta a sus mezquinas ambiciones: llenarse de relojes y joyas obtenidas por el uso corrupto de su poder, sin importarle cuánto tiempo le quede para exhibirlas antes de convertirse en la primera presidenta en prisión.

El “gobierno de los corruptos” manejado por la derecha y el empresariado

Y, con una presidenta así, dispuesta a todo con tal de durar hasta el 2026, las fuerzas del Congreso consiguieron el instrumento perfecto para ejercer un poder excepcional como legislativo y dar rienda suelta a ambiciones más siniestras todavía: copar el sistema judicial y buscar lo mismo en el sistema electoral, flexibilizar las leyes contra el crimen, favorecer sus negocios particulares como la educación privada y la minería ilegal.

Todo ello junto con ponerse al servicio de las grandes corporaciones y transnacionales bajando las regulaciones, ampliando la entrega de bosques, mares y áreas protegidas a la voracidad capitalista amenazando el hábitat de poblaciones nativas y la pesca de los pescadores artesanales.

Es en ese contexto que la patronal se siente empoderada para imponer despidos y ceses colectivos de trabajadores en un número creciente de empresas.

El proyecto político de la derecha y la patronal

Los mismos partidos que controlan el gobierno, investigados como organizaciones criminales enquistadas en el poder, y que han convertido al país en un territorio rapiñado, hoy se presentan como los abanderados en el país del movimiento “libertario” que impulsan los partidos ultraderechistas en diversos lugares del mundo, al estilo Milei o Trump, que se alimentan del fracaso de gobiernos burgueses reformistas, populistas e “izquierdistas”.

Esa política de saqueo del país ya la aplicó el fujimorismo en el Perú en los años noventas, el plan neoliberal, y es la causa principal de la actual situación de abismal desigualdad social donde hay nuevos dueños del país frente a una gran masa de trabajadores que viven al borde de la pobreza, cuando no están ya en ella por el desempleo o el subempleo. Sin embargo, ahora la derecha viene por más.

El proyecto político que se está impulsando para el 2026, hoy ya está en el poder y es con esa política que hemos llegado a la situación actual de rapiña generalizada. La muestra más reciente de esa ambición imparable es la ley impulsada por el fujimorismo, y promulgada por el gobierno, de reforma del sistema de pensiones, una ley hecha centralmente para defender y beneficiar los intereses de las corporaciones financieras y AFP que manejan los fondos de pensiones, cuyos abusos despiertan un repudio generalizado.

Situación insoportable y solución impostergable

La situación ha llegado a extremos que amenazan mortalmente a los sectores populares tal como se ha visto en los incendios forestales y el impacto de las extorsiones con atentados que vienen cobrando vidas.

Por eso el reciente paro de transportistas ha sido centralmente una lucha contra el gobierno, para exigir no solo solución al problema de las extorsiones sino también la defensa del derecho al trabajo en el servicio de colectivos y el cese de la brutal persecución del gobierno a través de la ATU.

En el paro de transportistas el gobierno ha conseguido una tregua, y como falsa muestra de voluntad ha optado por el efectismo fácil, comprobadamente inútil y hasta contraproducente que es la declaración de estado de emergencia en casi todo Lima, pero evidentemente eso no resolverá el problema, y hasta puede empeorarlo, son contar el hecho que ese estado de emergencia será utilizado por el gobierno contra las justas luchas.

Otros sectores obreros y populares también sienten necesidad de expresar su bronca y exigir soluciones a sus problemas, pero dependen de la convocatoria de los gremios y centrales sindicales, que hasta ahora vienen priorizando el diálogo y la conciliación con el gobierno. Está política fue aplicada en la coyuntura de la rebelión popular al comienzo del actual gobierno, y está claro que es en parte la causa de la permanencia de este gobierno y sus consecuencias.

Perspectiva obrera y popular

Si el paro de los transportistas hizo temblar al gobierno no es difícil prever lo que sería una lucha unitaria de los trabajadores y el pueblo, y las oportunidades que esto traería para la derrota del gobierno de los corruptos y abrir el camino a la solución de las demandas.

Y no solo eso, la experiencia de una lucha unitaria triunfante que asuma de manera consecuente las banderas de la defensa del medioambiente, la lucha contra el crimen organizado, la defensa de  los derechos democráticos, la defensa del empleo y los derechos laborales contra la ofensiva patronal, será la mejor barrera contra las pretensiones ultra liberales de la derecha fujimorista, y no las “alternativas” que brotarán nuevamente en la etapa electoral.

Nos referimos a las diversas versiones del reformismo de izquierda, que están muy enfrascadas en su “pragmatismo” político haciendo el juego al gobierno de los corruptos, cuando no son parte misma de ese gobierno a cambio de prebendas particulares como es el caso de Perú Libre y la protección palaciega a su principal dirigente. La solución no es un gobierno más dentro del actual orden de cosas neoliberal, heredado de la dictadura fujimorista, sino derribar ese orden por un plan obrero y popular, un régimen de la más auténtica democracia de la base y un gobierno de los trabajadores y el pueblo.

Publicado en Bandera Socialista 145. Septiembre – octubre 2024

Los incendios forestales y los grandes intereses económicos detrás de ellos

0
AME2370. AMAZONAS (PERÚ), 25/09/2024.- Fotografía del 20 de septiembre de 2024 de incendios forestales en el departamento de Amazonas (Perú). Ante estas conflagraciones un equipo de voluntarios de la Brigada 141120, viajó hasta la zona y junto a miembros del ejercito peruano y pobladores locales enfrentaron estos incendios que depredaron cientos de hectáreas en la Amazonía peruana. Los incendios forestales han devastado miles de hectáreas desde la Amazonía hasta los Andes en Perú y han causado, desde el 1 de julio, 20 muertos. EFE/Miguel Gutierrez Chero

Al cierre de la presente edición de Bandera Socialista, son 20 regiones a nivel nacional afectados por los incendios forestales. El impacto es sido devastador: quince personas han muerto, 155 heridos y más de 1.800 ha. afectadas. Alrededor de 1.495,33 hectáreas de cultivo se han perdido. Otras 1.264,85 han quedado dañadas.

Mientras tanto, las autoridades intentan minimizar y ocultar –con la colaboración de los grandes medios de comunicación–, las verdaderas razones que estarían detrás de estos incendios: los grandes intereses agroindustriales en el país, el avance de las actividades económicas ilegales (tala, minería y narcotráfico) y el resultado del calentamiento global ocasionada por el modo de producción capitalista.

Los incendios forestales y la falta de acción de las autoridades

Han sido destruidas hasta el momento más de 2.257,96 hectáreas de cobertura natural. Con más de 4 mil animales heridos y damnificados, y sin saber cuántos de ellos han muerto. Según el Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci), durante el 2024 se registraron 233 incendios forestales. Las cifras del Centro de Operaciones de Emergencia Nacional, COEN, evidencian un incremento del 115,51% en los últimos cuatro años. El último informe del COEN de Amazonas señala que 9 incendios forestales permanecen activos en este departamento y que el reporte de daños indica que se han perdido 16 801 hectáreas, en su mayoría de cobertura natural.

Fanny Cornejo, directora de la Asociación Civil Yunkawasi, señala que se están “incendiando áreas que normalmente no se queman de forma natural”. Asimismo, señala cómo el incendio ocurrido en la Comunidad Campesina de Corosha, región Amazonas, ha terminado con uno de los hábitats más importantes para el oso andino u oso de anteojos, una zona que en algún momento la Comunidad solicitó que se declarara como área de conservación privada, pero no se concretó”, haciendo referencia al espacio de unas 1000 hectáreas con pajonales naturales que estaban en buen estado.

A pesar de estos datos alarmantes, el accionar del gobierno ha sido tardío y con ánimo de minimizar los daños. Similar a lo que hizo el mismo Pedro Castillo en el derrame de petróleo de la empresa Repsol en las playas de Chancay, y que afectó alrededor de 11 mil hectáreas, al no actuar y tomar medidas para mitigar y evitar que la tragedia se extienda.

Los grandes beneficiarios de esta tragedia

El gobierno y los grandes medios intentan convencer a la opinión pública de que la responsabilidad de los incendios es de los pequeños y medianos agricultores, debido a sus prácticas ancestrales. Si bien estas prácticas existen, en la realidad no explica el gran desastre y la rápida extensión de los incendios, al igual que en los en Brasil, Bolivia, Ecuador. Al contrario, aquella idea es un absurdo; de ser cierta ya nos habríamos quedado sin Amazonía hace mucho tiempo.

Todos estos hechos y discursos más bien son acciones dirigidas a proteger los grandes negocios agroindustriales detrás de ellos. Negocios que se benefician de la Ley Forestal recién dictada, que indica la suspensión de la obligatoriedad de la zonificación forestal como requisito para el otorgamiento de títulos habilitantes, y la legalización de las zonas sin masa boscosa donde se desarrolle actividad agropecuaria, sin importar si es legal o no, y que beneficia a empresas legales como ilegales (minería, tala, etc.) que continúan con la invasión de territorio forestal y la deforestación en la Amazonía.

Este beneficio, para las grandes empresas, está promoviendo cada vez más la ambición por expandir zonas para fines comerciales: la plantación de palma aceitera, cacao, café. Ya que las zonas destruidas por los incendios podrán ser consideradas ahora zonas para actividades agrarias, sin importar si son incluso parte de áreas de zonas protegidas, tal como sucedió con la devastación forestal de más de 25.000 hectáreas en el territorio ancestral de la comunidad indígena Santa Clara de Uchunya, en Ucayali.

El negocio sobre la Amazonía se sigue expandiendo con o sin ley. Y los luchadores y líderes indígenas que ponen su vida para defenderla, lo saben muy bien.

Una reciente investigación llevada a cabo por la Agencia de Investigación Ambiental (EIA) denuncia el crecimiento del negocio de la deforestación en el Perú, específicamente en las regiones de Loreto y Ucayali, como consecuencia de la expansión de la agroindustria, en zonas declaradas hace poco en estado de emergencia por los incendios forestales.

El estudio se enfocó en 10 empresas involucradas en la producción de estas materias primas, entre ellas Plantaciones de Lima y Cacao de la Amazonía, y Plantaciones de Pucallpa (hoy Ocho Sur P). Y descubrieron que siete de ellas adquirieron tierras en áreas donde más de 13 mil hectáreas habían sido deforestadas. De ellas, tres no contaban con los permisos necesarios para tal efecto.

La influencia del calentamiento global en los incendios forestales

El cambio climático, marcado por nuevas catástrofes producidas por fenómenos extremos, cada vez más intensos y cada vez más frecuentes como las sequías en la zona andina, es el resultado del calentamiento global causado por la quema de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón), que liberan toneladas de Gases de Efecto Invernadero (GEI) a la atmósfera por culpa de la industria capitalista y su voraz consumo de petróleo.

La destrucción ambiental en el Perú y las emisiones de GEI están directamente relacionadas con el modelo económico actual, basado en la exportación de productos primarios, agrícolas o minerales. Además, la expansión territorial de este modelo de agricultura, no puede detenerse en el marco de este sistema. Esto se debe a que la reducción de los precios de producción del sector depende de la apertura permanente de nuevas tierras, incluso las menos fértiles, para obtener una tasa de la renta de la tierra cada vez mayor.

Defendamos la Amazonía

La tendencia de los grandes propietarios es controlar cada vez más las mejores tierras y adquirir mayores cantidades de ingresos. Además, buscan aprovechar el incremento de los precios de los aceites vegetales, como de la palma aceitera, que se ha visto en alza debido a la guerra entre Ucrania y Rusia. Pero también buscan presionar al Estado para tener más leyes a su favor, así como lo hicieron con la ley 31973 para ganar nuevas áreas en la producción.

Ante esto, los trabajadores y el pueblo necesitamos organizarnos y manifestarnos en las calles en primer lugar para exigir medidas urgentes y efectivas para frenar los incendios forestales cuanto antes, y por más presupuesto para combatir y prevenirlos, pues hay una carencia de material y equipo logístico.

Necesitamos también impulsar la lucha contra la deforestación, no solo contra los que lo hacen impunemente, sino también contra el aparato estatal manchado de sangre y corrupción que está dispuesto a sacrificar la Amazonía a favor de los grandes intereses empresariales. Este combate tiene que tener como objetivo cambiar todo e imponer nuestras demandas más urgentes en el tema medioambiental, sumando el alza del costo de vida, la recuperación de nuestros recursos naturales y la necesidad de tener una verdadera participación, a través de los organismos obreros y populares, en la toma de decisiones del país. 

Argentina: ¡Por un nuevo estudiantazo! ¡Multipliquemos las tomas y derrotemos el ataque a la educación pública!

0

El veto fue confirmado. Una vez más el Congreso salió al auxilio de Milei. Pese a que la ley no amenazaba el “equilibrio fiscal” del Gobierno, era una necesidad de este derrotar la resistencia educativa que está gestando.

Por PSTU – Argetina

Pero el efecto es el contrario, el conflicto se masifica en todo el país. Es momento de sacar algunas lecciones para poder ganar y derrotar este plan de ajuste.

¿A dónde fue el CIN?

Desde abril, los rectores han aparecido como la cabeza del reclamo. Convocaron a la masiva movilización del 23 de abril. Pero posterior a eso, no hicieron nada más. Se montaron en nuestra gigantezca movilización para negociar con Milei. Aplaudieron su “voluntad de diálogo” cuando consiguieron un incremento en los fondos destinados a los gastos de funcionamiento, mientras docentes y no docentes luchaban en soledad.

No nos confundimos. No queremos las auditorías de Milei que solo buscan justificar el recorte de gastos. Pero sabemos muy bien que los rectores y sus gestiones administran sus cajas chicas con la venta de cursos, posgrados pagos, carreras aranceladas. Y todo esto bajo el amparo de la Ley de Educación Superior del menemismo, que ningún gobierno ha derogado, ni siquiera los kirchneristas. Un ejemplo muy claro, mientras se impulsaba la toma de varias facultades y universidades a lo largo del país en la noche previa a la votación en el congreso, la Facultad de Derecho de la UBA realizaba un evento privado de Campari.

El Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y los rectores no irán a fondo con la defensa de nuestro derecho a la educación, porque lo que ellos defienden es mantener sus negocios en la universidad. 

No podemos confiar en ellos. No son nuestros aliados. En cuanto logran negociar, ayudan al Gobierno a desmovilizar. 

La muestra de todo esto es la actitud de las autoridades de la UNLaM, al intentar impedir la movilización y toma de las instalaciones de parte del estudiantado, hasta llegando a incentivar la violencia con patotas la noche del miércoles. Aún así, el movimiento estudiantil, y sectores docentes y no docentes, ante la tentativa de aplacar la lucha, se fortalecieron y siguen organizándose para sumarse a la batalla. 

Nada conseguimos pidiendo permiso

La Ley Bases fue aprobada en el Congreso recientemente. El veto al aumento a los jubilados y ahora al aumento de presupuesto, por más flojas que fueran, demuestran una vez más que no podemos depositar nuestras expectativas de que el Congreso solucione nuestros problemas. Los votos se venden y compran por cargos, por plata. Las posiciones cambian y nunca a favor nuestro.

Mucho menos podemos esperar al 2025. Puede que en ese entonces el daño hecho ya sea muy difícil de revertir.

Tenemos que recordar que nuestra universidad es hija de la reforma del 18. Una rebelión que no pidió permiso en ningún momento a la hora de pelear, como reza en el propio manifiesto liminar: “Los actos de violencia de los cuales nos responsabilizamos íntegramente, se cumplían como el ejercicio de puras ideas. Volteamos lo que representaba un alzamiento anacrónico y lo hicimos para poder levantar siquiera el corazón sobre esas ruinas… (…) La sanción moral es nuestra. El derecho también. Aquellos pudieron obtener la sanción jurídica, empotrarse en la ley. No se lo permitimos. Antes que la iniquidad fuera un acto jurídico, irrevocable y completo, nos apoderamos del salón de actos y arrojamos a la canalla, sólo entonces amedrentada, a la vera de los claustros. Que esto es cierto, lo patentiza el hecho de haber, a continuación, sesionado en el propio salón de actos la Federación Universitaria y de haber firmado mil estudiantes sobre el mismo pupitre rectoral, la declaración de huelga indefinida.

Al cierre de esta nota, más universidades se siguen sumando mediante tomas estudiantiles en todo el país, ya son más de 40 de norte a sur de Argentina. Y es que es muy importante discutir lo que esto significa. Si bien es un método de radicalización del movimiento estudiantil que presiona en primera instancia a las direcciones universitarias al no permitir el funcionamiento normal de cada día, porque son las y los estudiantes quienes toman el control de las facultades (una especie de doble poder), permite ejercer una presión política muy grande, tanto a estas direcciones para que se coloquen contra el gobierno, como al gobierno mismo, que hoy cada vez se gana más enemigos y descontento popular.

Pero así como se impulsan más tomas en universidades y la posibilidad de que se sumen secundarios (que llamaron a tener asambleas el fin de semana), que necesario que se planteen las asambleas interclaustros, romper con la división entre estudiantes, docentes y no docentes, así como organizar la coordinación entre facultades. La única manera de hacer crecer la lucha, es garantizando masividad del conflicto, ganando a las y los estudiantes a sumarse a la pelea, y como lo hicieron varias facultades y universidades hoy, como la UNLaM es central que se hagan clases públicas, donde se pueda discutir con estudiantes que aún no están convencidos de que es necesario golpear al gobierno y traerse abajo su plan de ajuste. 

¡Radicalicemos la pelea! Organización y lucha contra el plan económico de Milei

Como venimos planteando urge que desafiemos la institucionalidad que tibiamente hoy dice defender la educación pública. Y como nos enseñó el Cordobazo, debemos llenar las calles, y no pensando que sólo con la lucha estudiantil, es urgente la unidad con el movimiento obrero, la unidad con el sector docente, estatal, jubilados. Esta unidad se debe ejercer mediante la solidaridad del movimiento estudiantil con las luchas que vienen llevando Hospitales como el Garrahan, o el Laura Bonaparte quien mediante la lucha obtuvo el triunfo y revirtió el cierre, también debemos llamar a acuerpar el paro convocado para el 30 de octubre y sumarnos a los cortes de ruta, actos y movilizaciones; y así como lo hicimos los pasados 23 de abril y 2 de octubre, romper con las conducciones traidoras y pacifistas (como la CGT por ejemplo) que apuestan por la salida parlamentaria a los conflictos.

Debemos ir a buscar a la clase obrera, para gestar una unidad como la del Cordobazo. Tenemos que ir a todas las fábricas a pedir que se sumen a las tomas, que se organicen con nosotros. Ya en las movilizaciones los vemos, apoyándonos, sumándose incluso con sus herramientas de trabajo para garantizar la movilización, como los camioneros en Comodoro. Organizar en conjunto medidas que afecten la producción para tocar las ganancias de los grandes capitalistas, que son los que manejan los hilos de este plan. 

No  podemos confiar en la cámara de diputados, que no son más que traidores y agentes del gobierno de Milei. Golpear juntos es  la única manera de frenar la avanzada de este gobierno que no va a parar hasta vender nuestro país. Debemos multiplicar las asambleas interfacultades, crear organismos de coordinación con los otros sectores para unificar la pelea. El Congreso no resolverá ninguno de estos problemas, debemos ir a buscar a Milei a la Rosada, para derrotar su plan de conjunto.

Como decíamos en la anterior declaración, la ley vetada no resuelve de fondo el problema del financiamiento. Es necesario discutir al servicio de que queremos nuestra universidad pública. Pero derrotar el veto nos pone en mejores condiciones para derrotar el ataque a la educación, que no es solamente un plan de Milei, tiene que ver con los planes de saqueo imperialista en la región. Las potencias mundiales quieren llevarse nuestros recursos naturales, y también quieren llevarse el conocimiento.

Finalmente exigimos la libertad de todos los presos por luchar que el miércoles después de la jornada frente al Congreso fueron apresados nuevamente por la polícia de Jorge Macri y Patricia Bullrich. Desde la juventud del PSTU nos ponemos a disposición para pelear por su liberación, llamamos a todos los sectores a solidarizarse con las y los estudiantes y trabajadores que luchan. Luchar no es delito.

Parar (todos) contra la inseguridad y el gobierno

0

Por Víctor Montes

Trabajadores y empresas de transporte realizaron un paro de 24 horas el pasado 26 de septiembre contra la incapacidad del gobierno para poner fin a la escalada de extorsiones y atentados contra sus unidades de transporte y contra sus vidas. 

Lima amaneció sin unidades de transporte. El paro contundente, obligó a que Boluarte y su consejo de ministros tomaran rápidamente medidas, anunciando en horas de la tarde la declaratoria de 17 distritos de Lima ‘estado de emergencia’.

Con esto, se suspendió el segundo día de paro, a la espera, sin embargo, de que el gobierno haga algo efectivo frente a la inseguridad.

La respuesta del crimen organizado 

Paso un día, sin embargo, para que las bandas de extorsionadores realicen un nuevo atentado contra unidades de transporte público en el distrito de independencia (uno de los distritos declarados «en emergencia»): una veintena de autobuses fueron quemados en una cochera tras el estallido de una granada.

Con esto dejaron en claro que las medidas adoptadas por el gobierno hoy, son tan estériles como los «estados de emergencia» impuestos el año pasado en muchos de los distritos afectados hoy por la medida.

La situación y la respuesta 

El crimen organizado, verdaderas empresas delincuenciales, ha crecido exponencialmente en el último periodo. Y dentro de las actividades que realiza, la extorsión se ha extendido rápidamente por la coudad. No solamente transportistas: comedores populares, tiendas y negocios de los barrios, cada día son obligados a pagar cupos para para garantizar su seguridad. 

En el caso del transporte han resultado impactantes los atentados contra las unidades incluso en ruta. Choferes y cobradores han pagado con su vida el resistirse a pagar a las bandas criminales. 

Un paro justo

El sistema de transporte en el Perú, y particularmente en Lima,  caracterizado por la informalidad, es producto del plan neoliberal impuesto por la dictadura fujimorista, que destruyó a la empresa nacional de transporte urbano, para abrir el camino a las combis, cousters y demás servicios de transporte público, como una magra salida a la falta de trabajo. 

Muchos de sus trabajadores no tienen salario ni horario fijo, seguro o sistema de pensiones. Y encima, lidian con la criminalidad. Han sido estos trabajadores los que han puesto el pecho durante el paro, movilizándose y enfrentándose a las pocas unidades que intentaron romper la medida de fuerza.

De esta forma han encabezado un paro justo, que a pesar de haber afectado a millones de trabajadores y trabajadoras que debían dirigirse a sus centros de labores, ha ganado su solidaridad pues manifiestó al mismo tiempo el hartazgo de esa población trabajadora con la ola criminal.

¿De dónde viene la actual ola de inseguridad?

El boom de las exportaciones que se produjo entre 2004 y 2013, incrementó las ganancias patronales. Mientras los gobiernos hablaban de ‘milagro peruano’, y prometían la llegada del Perú al ‘primer mundo’, la economía informal e ilegal crecía en paralelo al crecimiento económico general, aprovechando la miseria de nuestra sociedad.

Desde entonces las bandas criminales no han cesado de crecer, actuar y de «diversificar» sus ‘negocios’, ni de incrementar su violencia. 

En ese contexto, las bandas han terminado sirviendo de refugio y medio de sobrevivencia para los sectores más miserables y empobrecidos de la población, que no tienen camino en la economía  ni formal ni informal.

Un gobierno incapaz

Boluarte, que reprimió a sangre y fuego el levantamiento del sur para mantenerse en el poder, se muestra incapaz de hacer frente a la criminalidad, debido, por una parte, a que no puede romper el modelo económico, para garantice trabajo para todos y todas.

Para esto, el gobierno tendría que tomar control de las empresas que despiden, disminuir la jornada laboral a 4 horas diarias para garantizar que todos tengamos acceso a un puesto de trabajo, e incrementar el salario y las pensiones para garantizar una vida digna. Nada de eso es posible bajo la lógica del capitalismo neoliberal.

Pero por otro lado, el Estado está comprometido hasta la médula con el crimen organizado por medio de la corrupción que lo infecta por completo, y particularmente a las fuerzas policiales y militares, a las que justamente les entregan más poder cuando decretan el Estado de emergencia. Muchos de esos efectivos  forman parte de las propias bandas criminales.

El propio gobierno, congreso y poder judicial, están infestados y formados por bandas criminales, como prueban los casos ‘Waykis en las sombras’, ‘Chibolín’, ‘Cuellos blancos’, y un largo etc. Por eso no es extraño que hayan sacado el delito de «extorsión» de la ley que establece los delitos del crimen organizado.

Frente a esto la alternativa sería la conformación de rondas urbanas, que actúen armadas por el propio Estado para hacer frente a la criminalidad. Rondas dónde en lugar de rangos, se elijan los mandos y se les revoque en cualquier momento. Pero otra vez, la sola posibilidad de que el pueblo organizado y armado pueda defender sus propios intereses y sus vidas, aterra a los patrones. 

Del mismo modo, se hace urgente que sean tribunales de las organizaciones populares y de trabajadores los que tomen en sus manos los juicios contra los criminales, para evitar que sean comprados por el dinero de los criminales y de la patronal.

Organizar la lucha contra el crimen sin confiar en el gobierno ni el Estado

Por eso hoy requerimos escalar, del paro de transporte, con el que nos solidarizamos plenamente, a una acción unificada nacional, convocada por las centrales sindicales, cómo la CGTP, CUT, etc. y demás organizaciones populares, contra este gobierno y la criminalidad, por trabajo, salario y seguridad. Así como por justicia y sanción a los responsables de la represión que asesinó directamente a 49 luchadores a principios de 2023, durante la rebelión del sur.

Solo unificando las diversas banderas del pueblo pobre y trabajador, enfrentando al gobierno asesino y corrupto y al Congreso reaccionario, abriremos camino a la solución de nuestras demandas, que solo podremos realizar plenamente rompiendo con el capitalismo neoliberal, de la mano de un gobierno de las organizaciones de los trabajadores, trabajadoras y el pueblo pobre y oprimido.

Ante los ceses colectivos, la movilización y la lucha unida

0

Por Manuel Fernández

Una nueva oleada de ceses colectivos se cierne sobre la clase obrera, como producto del plan patronal para salir de su crisis y recuperar sus ganancias. A la larga lista de fábricas y centros laborales que en los últimos años aplicaron despidos masivos, ahora se suma CELIMA, que el 5 de agosto impuso un procedimiento de cese colectivo contra 216 trabajadores argumentando “motivos estructurales”.

La lucha legal

Muchas luchas contra los despidos masivos han dejado marcado ejemplos de heroísmo y combatividad. Pero la mayoría de ellas –por no decir todas– fueron encasilladas a un enfoque legalista; esto es, a lo que dice la ley y disponen las autoridades. Esto desnaturaliza el sentido de la lucha de la clase obrera.

Las leyes están hechas para regular y limitar los derechos de los trabajado- res, y las instituciones (MT y el PJ) están para aplicarlas. Lo hacen pretendiendo ser “justos” pero, en esencia, defienden los intereses empresariales.

En casos de crisis económica, restructuración y cierres de fábrica, las normas no garantizan el derecho al trabajo, y sí permiten a las patronales imponer despidos masivos: Papelera Atlas, Papelera Nacional, Cogorno, Panasonic, BSH, Faber Castell, Telefónica, Kola Real, San Lorenzo y ahora CELIMA.

Del mismo modo, en nombre de las normas, las empresas recortan nuestro derecho de huelga, retacea los aumentos salariales y cometen distintos abusos.

En el caso del proceso que seguimos contra el cese colectivo en CELIMA, la autoridad no se pronunciado contra el cese colectivo sino contra el procedimiento que ha seguido la empresa en su solicitud; es decir, objeta la forma y no el contenido. Después, cuando “regularice” su solicitud, le pedirá que demuestre las causas “objetivas” que alude la empresa. Si lo hace, la autoridad puede aprobar el cese colectivo. Por lo menos, a eso apunta la defensa legal de la empresa.

Por este motivo el “legalismo” de las direcciones es un error. Lleva a depositar confianza en las normas y en las instituciones, cuando muchas veces sus fallos son negativos.

Este “legalismo”, además, tiene otra limitación: lleva a no luchar por nuevas conquistas. Por ejemplo, cuando no existía la jornada de 8 horas luchar por ella era ilegal, y podías ser condenado hasta a morir en la ahorca como sucedió con los héroes de Chicago. Pero fue una lucha legítima.

Otro ejemplo, ¿qué hacemos cuando cierra una fábrica? La ley lo permite, es decir permite que los trabajadores queden en la calle. Pero los trabajadores argentinos dieron un ejemplo cuando, ante el cierre masivo de fábricas, recuperaron bajo su administración 400 de ellas, logrando así preservar sus trabajos. Se enfrentaron a las normas establecidas y conquistaron nuevos derechos que después se hicieron ley.

Desde este enfoque, decimos: sin dejar de mantener una efectiva lucha dentro de la legalidad, lo fundamental es denunciar y luchar contra la misma norma de ceses colectivos y de suspensión perfecta, que es el verdadero problema que nos afecta y afecta a toda la clase trabajadora. Así apuntaremos al verdadero problema, y pondremos nuestra pelea al servicio de concientizar y movilizar a todos los trabajadores para ponerles fin. Es la única forma de preservar de verdad nuestro derecho al trabajo.

La falsa confianza en las instituciones del Estado y sus normas

Este derrotero de inyectar confianza en el Estado y sus instituciones es política de los partidos reformistas y de la dirección de la CGTP.

Basta ver el reciente comunicado que firman la Sociedad Nacional de Industrias (gremio empresarial del que CELIMA es socio) y la CGTP denominado “Los peruanos tenemos derecho a la seguridad y al empleo digno”, publicado el 05.09.24. Ahí se dice:

“Se requiere reactivar la inversión pública y privada, otorgando confianza y estabilidad a los inversionistas, con normas claras y predictibles que alienten la generación de empleo digno en nuestro país, disminuyendo la enorme informalidad existente…”.

Es decir, borrando las diferencias de clase que nos separa y que nos opone a los empresarios, la central se junta a ellos para exigir “normas claras y empleo digno”, cuando utilizando las normas vigentes ellos echan a miles de trabajadores a la calle. Y cuando, detrás de su llamado “empleo digno”, lo que en realidad imponen es trabajo más precario y explotado. Peor aún, invocan al gobierno de Boluarte, que nos atienda “con imparcialidad y justicia” (¿?).

De aquí que, la dirigencia de la central trate la problemática laboral no como un problema con la patronal y con el Estado y sus normas, sino como un tema solo de “algunos” empresarios inescrupulosos, o incluso de algunos funcionarios o instituciones, que no cumplirían la ley. De aquí que toda su “política” se reduzca a conciliar con los empresarios y a depositar confianza en las instituciones y en las normas vigentes. De aquí también que toda su aspiración sea buscar más representantes en el Congreso y en los ministerios, diciendo que así “nos irá mejor”.

Todo esto es mentira. Independientemente de quién se encuentre al frente del Estado y sus instituciones, estos, en última instancia, responden a las normas establecidas y estos favorecen a los empresarios, a su modelo económico neoliberal, la protección de la propiedad empresarial y la “libertad” que estos tienen de hacer negocios explotando a los trabajadores.

La lucha y movilización

Para los trabajadores se trata de colocar el problema en su verdadero lugar, como un problema no solo contra la patronal sino contra sus normas y las instituciones que los protegen: el MT, el PJ, el Gobierno y el Congreso. Por eso lo enfrentamos en el terreno de la lucha, y llamamos a la unidad de los trabajadores para la derogatoria de los ceses colectivos y de la suspensión perfecta.

Ante la crisis capitalista que ellos paguen la crisis, y no los trabajadores. Por ejemplo, con la reducción de horas de trabajo sin reducción de salarios, con licencias pagadas ante las paralizaciones de la producción, hasta la administración y control obrero de las fábricas que despiden trabajadores o se declaran en quiebra.

Esta lucha no es fácil, pero tampoco imposible. Significa que debemos recuperar la confianza en nuestras propias fuerzas y en nuestra lucha, y no en las instituciones y sus normas. Significa que debemos luchar y movilizarnos, y no cifrar expectativas que las soluciones vendrán solo por gestiones legales y conciliando con la patronal, como hacen las direcciones.

Y significa, sobre todo, lograr la verdadera unidad de la clase obrera para desencadenar una verdadera lucha, con un gran paro combativo obrero y popular, que imponga las soluciones de fondo que demandamos.

¿Echar abajo una parte o todo el “legado” de Fujimori?

0

La muerte del dictador Fujimori -libre e impune- trajo consigo un coro de elogios y agradecimientos, de parte de la patronal, sus partidos y representantes, con el gobierno asesino de Boluarte a la cabeza, por los servicios prestados a sus intereses.

Por Víctor Montes

Nada de esto sorprende. Sin embargo, que la izquierda se haya dedicado a denunciar los crímenes de la dictadura, dejando prácticamente intacto el modelo económico neoliberal impuesto bajo sus botas, y consagrado en la Constitución, sí es para llamar la atención.

La denuncia democrática quedó en palabras

Correctamente, la “izquierda” y los sectores llamados “democráticos”, incluidas diversas ONG’s, han denunciado la impunidad con la que murió el dictador Fujimori, a diferencia de la muerte del también genocida y dictador Rafael Videla, muerto en la cárcel de Marcos Paz, Provincia de Buenos Aires, en 2013.

Liberado por el Tribunal Constitucional al amparo del gobierno asesino de Boluarte, sin pagar un Sol de la reparación civil impuesta por la justicia burguesa, sin rendir cuentas por tantos otros crímenes cometidos durante la dictadura… su muerte en libertad es una ofensa para las familias afectadas por los asesinatos perpetrados bajo sus órdenes por el Destacamento Colina. También para las mujeres esterilizadas sin su consentimiento, entre otras muchas víctimas de la dictadura.

Dina Boluarte en el velatorio del dictador Fujimori.

En todo esto, así como en la denuncia de la concentración del poder en manos de Fujimori y las Fuerzas Armadas, que permitió la persecución de sus opositores políticos, así como de las organizaciones sindicales, con campañas dirigidas desde las oficinas del Servicio Nacional de Inteligencia (SIN) de Montesinos, la denuncia es correcta. Por eso, la vanguardia conciente de la clase obrera sabe que esas banderas son también sus banderas, y que están inscritas en su propia lucha por justicia, incluso ahora que el dictador Fujimori está muerto.

El problema es que la izquierda, y las organizaciones “democráticas”, se limitaron a declarar en medios y por redes sociales, solo para renunciar a encabezar movilización que, sea para festejar o para protestar por su impunidad, tomara las calles, tal como sucedió en Chile tras la muerte del dictador y genocida Pinochet, mientras el gobierno, de manera escandalosa, declaraba ”duelo nacional”.

Al modelo, con el pétalo de una rosa

Pero llama mucho más la atención aquello sobre lo que calla -o de lo que habla bajito- la “izquierda”: el modelo neoliberal.

Desde el “fujishock” en adelante, la dictadura impuso una feroz contrarrevolución económica, que inició con la violenta devaluación de la moneda, empujando a millones a la pobreza. Luego vinieron las privatizaciones y la “liberalización del mercado”, que provocó la quiebra de la industria nacional, y por tanto, la desnacionalización de la economía, que además de profundizar su carácter primario exportador, se hizo completamente adicta al capital extranjero.

Por su parte, el campesinado y las naciones originarias presenciaron la entrega de los recursos naturales que se encontraban en sus territorios ancestrales a la voracidad de las transnacionales mineras y petroleras, mientras el narcotráfico, que en los hechos era la única fuente sostenida de dólares para el mercado nacional durante los primeros años de la dictadura, se usaba como excusa para profundizar la represión.

Pero nada de esto está en el centro de las declaraciones de esa “izquierda”. Consultados por el legado del modelo económico impuesto por la dictadura, Pedro Francke, ex ministro de economía, y José de Echave, ex viceministro de gestión ambiental en el MINAM del gobierno de Pedro Castillo, declararon al diario La República (13.9.24) que el problema de dicho modelo es que “…las empresas transnacionales no pagan impuestos justos y obtienen sobreganancias…”. O que los beneficios tributarios creados por los “contratos de estabilidad jurídica” estipulados en la Constitución de la dictadura, “a comienzos de los 90 podrían tener fundamento”, pero no es correcto que se sigan utilizando más allá de esos primeros años.

Resulta aceptable, entonces, para estos supuestos izquierdistas, que esa inversión extranjera, principalmente española, inglesa y estadounidense, tomara control de las viejas empresas estatales, primero, y luego se hiciera con el gran negocio de los minerales y los recursos petroleros.

No debe extrañar, pues, que esos mismos representantes de la “izquierda” tiraran por la ventana -junto a su presidente- la consigna de “nacionalización de las mineras” que levantaba Castillo durante su campaña.

La responsabilidad de esa izquierda reformista

En realidad, lo que la izquierda reformista no dice -y no puede decir- tiene una explicación de fondo: que fue ella misma la que pactó con los partidos patronales el “retorno a la democracia” sin derribar la Constitución de 1993, capitulando ante el modelo económico neoliberal, que apenas han querido maquillar, con políticas públicas que lo hagan “más democrático” y “humano”.

Son esas mismas organizaciones y personajes “de izquierda” los que nos trajeron hasta el momento actual, abandonando una y otra vez, incluso sus limitadas promesas de campaña, para terminar arrodillados ante la democracia pactada con la dictadura, bajo la égida de su Constitución.

Echar abajo todo el “legado” del dictador Fujimori

Para nosotros, en cambio, hablar del legado de Fujimori es justamente hablar de la miseria, la entrega de la economía del país, de nuestros recursos, y el sometimiento de la clase obrera al despotismo de la patronal, sobre la base de un inmenso desempleo escondido bajo la máscara del emprendedurismo, con una tasa de informalidad laboral que bordea al 80% de la clase trabajadora, objetivamente imposibilitada de imponer ninguna condición de negociación a la patronal.

Echar abajo ese tinglado construido por el modelo económico neoliberal de la dictadura, mantenido por todos los gobiernos “democráticos” que le siguieron, de 2001 hasta la actualidad, implica llevar adelante una implacable lucha revolucionaria, tomando las calles, paralizando la producción y enfrentando la represión con nuestra autodefensa, para detener los despidos, recuperar nuestros recursos nacionalizando las minas, el gas y los pozos petroleros, y garantizando, tanto en el campo como en la ciudad, educación y salud gratuitas y de calidad, trabajo estable para todos y salarios que permitan vivir con tranquilidad.

Y será esa misma lucha la que conquiste justicia para las víctimas de la represión de la dictadura, y de los gobiernos  de belaúnde y García, así como a quienes cayeron por las balas de Toledo, otra vez García, Humala, PPK, Vizcarra, Sagasti, Castillo  y Boluarte. Todo esto, por supuesto, no será obra de una elección, sino una conquista de la lucha directa del pueblo trabajador. Y es eso, lo que esa izquierda, no está dispuesta a admitir.

¡Murió Fujimori! ¡Pongamos fin al fujimorismo!

0

Murió el ex dictador Alberto Fujimori y el Perú oficial le rinde homenaje, mientras la mayoría obrera y popular solo puede sentir regocijo o cualquier cosa, menos pena.

Fujimori muere a los 86 años producto de un largo cáncer, pero lo hace en olor a héroe nacional construido por ese Perú oficial de Boluarte y su Congreso corrupto.

El ex dictador fue investigado y sentenciado a 25 años de cárcel el año 2009, por delitos de lesa humanidad y corrupción. Pero por chantajes de sus sectores afines se intentó su indulto en el gobierno de PPK, indulto que recientemente validó el Tribunal Constitucional, con miembros puestos a dedo por la alianza espuria que controla el Congreso y sostiene al gobierno de Boluarte. Y lo hizo, sin hacerle pagar al Estado los 57 millones de Soles que le impuso la justicia por concepto de reparación civil, y aun sin una mínima señal de arrepentimiento ante las víctimas de La Cantuta, Barrios Altos, las 314 mil 605 mujeres esterilizadas y las miles de víctimas de su ex régimen genocida.

Para mayor afrenta a la memoria y dignidad nacional, incluso su partido anunció hace poco que Alberto Fujimori sería su candidato a la presidencia en las elecciones del 2026.

En estas circunstancias no es casual que el gobierno, el Congreso y los políticos oficiales salgan a lamentar su muerte y a reivindicar su herencia, y que en esa línea se dispongan a rendirle honores como ex jefe de Estado, lo que solo provoca mayor indignación de los sectores obreros y populares.

No hay duda alguna que esos sectores que nos gobiernan están de duelo, y que aprovechan la circunstancia de su eventual y precario ejercicio del poder no solo para lavarle la cara al ex dictador, deificarlo y hasta legitimarse bajo su figura.

Reivindican, dicen, al que pacificó al país de la subversión de Sendero, con guerra sucia y crímenes de lesa humanidad que aquí y en el mundo se han condenado. Reivindican al que saqueó al país junto a una gavilla de pillos y que luego huyó al Japón donde fue reconocido como ciudadano por dicho país.

Imágenes de algunos de los 9 estudiantes detenidos el 18 de julio de 1992, posteriormente asesinados y enterrados en una fosa común a las afueras de Lima por el Destacamento especial «Colina», como parte de la «Guerra sucia» bajo la dictadura fujimorista.

Pero sobre todas las cosas, reivindican al que luego de aplicar un shock económico peor del que ejecuta ahora Milei en la Argentina, impuso la transformación neoliberal del país con la que entregó la economía nacional a la voracidad imperialista privatizando todo, destruyó la educación y salud públicas, así como la industria nacional, echando a la calle a millones de trabajadores y trabajadoras que fueron a parar a los brazos de la informalidad y la precariedad laboral solo para favorecer a un puñado de multinacionales y capitalistas.

El Perú de hoy es producto de esta transformación neoliberal que durante una época se nos presentó como el camino seguro al progreso y que ahora se revela como un fiasco. El neoliberalismo, que solo profundizó el atraso y la dependencia nacional, luego de una década de estancamiento económico ha devenido en recesión, creando más pobreza, desocupación y atraso nacional.

Un modelo que cuando llegó la feroz pandemia del Covid 19 nos reveló de manera brutal que la inmensa brecha que creó entre ricos y pobres era una diferencia entre los que podían vivir y los que éramos condenados a morir. Un modelo además construido sobre la base de la corrupción de las élites políticas, como reveló la mega corrupción de Lavajato en la que están involucrados todos los partidos de derecha e izquierda que gobernaron, pero como parte de una corrupción más extendida en todo el Estado y cuya mayor expresión hoy es el actual gobierno de Boluarte y el Congreso, y de las instituciones en la que se asientan.

Para con la expectativa de cambiar este sistema, en las elecciones del 2022 la mayoría obrera y popular eligió a Pedro Castillo. Pero el fujimorismo y toda la reacción de derecha hicierin todo por violentar la voluntad popular hasta hacer inviable su gobierno y producir su vacancia.

Frente a esto se produjo la sublevación del sur andino entre fines del 2022 y principios del 2023, con la bandera de convocatoria a una Asamblea Constituyente, que enterrara la Constitución fujimorista, para cambiar el régimen político y económico. Por eso tampoco es casual que todas las clases pudientes se unieran en torno al gobierno de Boluarte para ahogar en sangre y derrotar esta rebelión, para imponer el actual “orden” autoritario, corrupto y criminal; a imagen y semejanza de lo que Fujimori hizo en los años 90.

Soldados en la Plaza Bolívar, frente al Congreso de la República, 5 de abril de 1992.

Este es el Perú oficial, el de los corruptos, ladrones, asesinos y entregadores del país, legítimos herederos de Alberto Fujimori, que nos gobierna y llora la muerte de su líder.

Por ello el pueblo pobre y trabajador no tiene nada que lamentar, sino recordar lo nefasto de su legado encarnado en el actual régimen. Recordar que su glorificación por los que hoy nos gobiernan, solo muestra que el país no está ni va a estar pacificado, y que su continuidad en el poder, solo nos anuncian nuevos y mayores confrontaciones.

Están abiertas las heridas de los 49 asesinados, las decenas de heridos de gravedad y los presos en las luchas del 2022-2023. Está abierta el cuestionamiento a un modelo económico que solo trae más pobreza con fábricas que cierran y despiden obreros y un país que se sigue entregando a las multinacionales mineras y a los agroexportadores, mientras la corrupción gobierna al mismo tiempo le que abre camino al crecimiento de economía ilegal y al crimen organizado.

El Perú que heredamos de Fujimori y que no pudimos enterrar el año 2000 cuando cayó su gobierno por la complicidad de todos los partidos burgueses y de “izquierda” que preservaron la continuidad de su modelo y del régimen establecido por la Constitución fujimorista, es un Perú que hoy vive estancado, retrocede y se descompone en todo ámbito.

Si la muerte del ex dictador sirve de algo es para recordarnos que la tarea por acabar con su herencia política es más vigente que nunca.

Manifestante durante las jornadas de diciembre de 2022 y enero-marzo de 2023, que enfrentaron al gobierno de Boluarte.

El camino para lograrlo ya fue señalado con la sublevación liderada por el sur andino heroico y digno. Y para llevar a cabo esta tarea hasta el final no es suficiente la disposición de lucha de masas, sino que necesitamos poner en pie una verdadera dirección revolucionaria, porque las actuales que predominan en la llamada izquierda, son traidoras y su agenda solo es electoral.

Murió Fujimori, pero falta enterrar su Constitución enterrando al fujimorismo, a toda la reacción de derecha y a sus herederos políticos, construyendo una salida desde la clase obrera y popular.

El pueblo marcha contra el crimen… el gobierno y el Congreso

0

El crimen organizado se masifica y se desboca en atentados contra la población más pobre y necesitada de los distritos populares, que ahora protesta con un paro que paraliza Lima y Callao.

El paro del transporte anunciado para los días 10, 11 y 12 de octubre, paralizó Lima en su primer día, haciendo que la ciudad viva un verdadero caos en los distritos más populares: ausencia casi total de movilidad, cierre de mercados y pequeños negocios, marchas y fuerte presencia policial y militar.

Muchos no fueron a trabajar y no hubo clases presenciales, y las zonas de densidad comercial, como el emporio de Gamarra, en el distrito de La Victoria, o “Mesa Redonda”, en el centro histórico de la ciudad, hasta la zona residencial y empresarial del distrito de San Isidro, lucieron casi vacías. Un hecho inusual para una ciudad de 11,5 millones de habitantes.

Esto suele ocurrir en los paros nacionales verdaderos (no como la finta que ahora convoca la Confederación General de Trabajadores del Perú – CGTP). Solo que ahora los que realizan el paro no son los sindicatos, sino la masa de trabajadores precarizados e informales que habitan los distritos populares que rodean el centro de la ciudad.  

Por esto mismo, esta paralización resultó más fuerte y combativa que la organizada por las grandes empresas de transporte, el pasado 3 de octubre. Empresas que esta vez se echaron atrás, en acuerdo con el gobierno o ante las amenazas de las bandas criminales. Los que protestan ahora, dicen: “Prefiero perder mi día de sustento, en defensa de mi vida”.

El paro anterior no logró resultado alguno. Al contrario, el crimen se vengó contraatacando. El gobierno y el Congreso, ensimismados y con prepotencia, no derogaron la Ley 32108 (“Ley del crimen organizado”), hija de los peores corruptos del régimen, que al limitar la aplicación de sanciones al crimen organizado, en realidad lo incentiva.

En su lugar, a clásico estilo gorila, declararon el estado de emergencia en 14 distritos de Lima y el Callao, colocaron al ejército en las calles y lanzaron una propuesta de Ley de “terrorismo urbano”, que buscaba impunidad policial y mayor represión… Es decir, solo han recortado derechos y libertades que afectan a todos dejándonos vulnerables ante las mismas fuerzas llamadas a traer seguridad.

Ante esta pantomima, el crimen organizado contraatacó para mostrar que son ellos los que mandan y no las autoridades. Buses quemados, nuevos muertos y más amenazas.

Por ello la nueva protesta esta vez viene de más abajo: de los microbuseros y mototaxistas, de los vendedores ambulantes, de todos los que a diario salen a buscarse el sustento diario. Y salieron con más indignación por las respuestas del gobierno y del Congreso, a los que también ven con odio. Son esos sectores los que se movilizaron en forma masiva desde los conos hacia el centro, donde se encuentra la sede el Congreso solo para encontrar a la policía.

La represión, que es inepta para combatir al crimen, aquí mostró una vez su eficacia para reprimir la protesta. En lugar de hacer frente a los criminales, reprimen a los que luchan contra ellos. Y peor, ante las demandas de fondo, el gobierno y el Congreso mantienen el mismo discurso prepotente; lo que enciende más la bronca.

Desde donde se lo mire, esta lucha es justa. Como en la rebelión del 2022-2023, los que hoy se rebelan contra el régimen son los más pobres, esta vez de Lima. Son pobres por culpa del régimen corrupto y su política económica que solo favorece a los ricos y corruptos. Y que ahora, como parte de esa misma política o de su propia ineptitud y desinterés, no solo permiten sino alientan el crecimiento de la criminalidad, de la común y profesional, dejando a su suerte a la población más necesitada.

Si no hay solución inmediata y efectiva la gente no va a bajar los brazos. La criminalidad tampoco, provocando más hechos de sangre. Y nuevas protestas.

Ante esto, la tarea es apoyar esta lucha y hacer nuestras sus banderas, no solo para la solución de las demandas sino para que se vayan el Gobierno y el Congreso, responsables de esta situación de y muchos males que afectan al pueblo todo, como los despidos masivos y ceses colectivos en la industria.

Es una lucha justa que la clase trabajadora debe apoyar y hacer suya. No es casual que ante ella la CGTP y las organizaciones de “izquierda” electorera no digan nada. En lugar de sumarse a la protesta y construir una sola con las urgentes demandas obreras, se hacen la vista gorda cuidando su plan de canalizar todo hacia la salida de las elecciones del 2026.

La central ha convocado a una jornada el jueves 17, por aumento del salario mínimo y otras demandas. Es una oportunidad para hacerse presentes en ella con todas las bases, con las banderas más combativas de la clase obrera y de los sectores populares en lucha.