Ahora que se han acabado las elecciones, se puede ver más claridad por qué Kamala Harris perdió estas elecciones. No fue culpa de los votantes latinos. Ni fue culpa de los votantes musulmanes o árabes. Tampoco se debió principalmente al machismo o al racismo. La campaña de Harris encontró obstáculos que no pudo y no quiso superar, y tomó algunas decisiones políticas que alejaron a sectores del electorado.
¿Estoy mejor ahora que hace cuatro años?
Esta pregunta eterna del año electoral, para la mayoría de los trabajadores, podía responderse definitivamente de forma negativa. Según las encuestas a pie de urna de NBC News, el 68% de los votantes opinaba que la economía «no esta tan buena/pobre». Tres cuartas partes de los votantes dijeron que la inflación había causado a su familia dificultades moderadas o graves. Un número similar dijo estar insatisfecho o enfadado con la marcha de las cosas en el país.
Harris, como era de esperar, perdió apoyo de todos estos grupos. En un año en que los ingresos familiares se están reduciendo a nada bajo el peso de la inflación y la continua ofensiva patronal post-COVID, Harris optó no ofrecer ninguna alternativa. Cuando se le dio la oportunidad de distanciarse de Biden, se negó a identificar una sola cosa que hubiera cambiado de los últimos cuatro años.
Aunque es muy común identificar la primera victoria electoral de Trump como el resultado de la ansiedad económica y ocultar el animo racista muy verdadero que sin duda motivó y sigue motivando a una parte central de sus partidarios, está claro que, hasta cierto punto, las elecciones de 2024 se perdieron principalmente por cuestiones económicas. En lugar de llevar a cabo una campaña centrada en las penurias muy reales causadas por la inflación y distanciarse de un titular históricamente impopular, acercó aún más a Biden y, en consecuencia, a la situación económica actual. Cuando la gente busca una alternativa y no se les ofrece ninguna, se van por otro lado.
No hay alternativa… en el Partido Demócrata
¿Intentó Kamala ofrecer una alternativa sólida a Trump? No. En este caso, volvió a fracasar a la hora de proporcionar una motivación seria para que los votantes se decantaran por ella.
¿Te preocupa el cambio climático? ¡Qué pena! Harris quiere más fracking. ¿Te preocupa la violenta retórica de Trump en torno a la inmigración y la deportación? ¡Mala suerte! Harris prometió aprobar la fracasada Ley Bipartidista de Fronteras para poner más policías en la frontera, crear un mecanismo para cerrar la frontera a las solicitudes de inmigración y asilo, y facilitar el proceso de deportación. En lugar de oponerse a la narrativa racista de Trump, la reforzó, posicionándose como la fiscal fronteriza responsable y experimentada que realmente podría conseguirlo.
También en materia de derechos de las personas trans, Harris volvió a ceder a las narrativas de la derecha. En lugar de contraatacar y defender con franqueza a nuestros hermanos y hermanas trans, lo mejor que Harris pudo ofrecer (en entrevista con Fox News) fue decir que «cumpliré la ley» y acusar a Trump de proporcionar también atención de afirmación de género a los presos durante su primer mandato. ¿Esto es lo mejor que puede ofrecer la supuesta «administración más pro-LGBTQ+»? Esto no es ninguna alternativa; es un retraso total frente a la retórica eliminacionista en torno a las personas trans.
Ante un Partido Republicano tan transfóbico y antiinmigrante, ¿qué prometió Harris a quienes se preocupan por estos temas? Prometió colaborar estrechamente con los republicanos, uniendo su bandera a gente como el verdugo neoconservador Dick Cheney y su hija, Liz, ex congresista estadounidense.
Y así, la campaña de Harris fue vista como partidaria de una frontera fuerte, más fracking, ni pío sobre los derechos trans, rechazar la asistencia médica universal gratuita, poner a republicanos en el gabinete, mantener el ejército «más letal» de la tierra y seguir armando y financiando el genocidio israelí en Gaza.
Esa última postura en particular podría haberla derrotada en Michigan. La campaña de Harris desperdició todas las oportunidades que podría haber tenido de ganar en relaciones públicas con los votantes árabes o musulmanes preocupados por el genocidio. Enviaron a Ritchie Torres -quizás uno de los congresistas sionistas más extremistas- a Michigan, junto con Bill Clinton, para regañar y sermonear a los que apoyan Palestina.
Mientras tanto, en la campaña electoral, Harris imitó a Biden, señalando de vez en cuando con el dedo a los israelíes y haciendo llamamientos sin amenaza concreta a un «alto el fuego», al tiempo que seguía abogando por armar a Israel hasta los dientes. Los demócratas -al igual que Trump y los republicanos- no están dispuestos a negar su apoyo al principal socio menor del imperialismo estadounidense en Oriente Próximo.
¿Por qué hizo tanto Harris para desmobilizar a su «base» y perder estas elecciones? La respuesta es sencilla. Todos nosotros -inmigrantes, afroamericanos, personas LGBTQ+ y la clase trabajadora- no somos su base. Nunca lo hemos sido. La base del Partido Demócrata, su base verdadera, es la misma que la del Partido Republicano. Se sientan juntos en los consejos de administración de las empresas, envían juntos a sus hijos a escuelas de élite enclaustradas y se benefician juntos de la guerra y el empobrecimiento.
Los liberales tenían razón al decir que «no había alternativa» en las elecciones. No ofrecieron ninguna, y por sus intereses de clase, los demócratas nunca podrían ofrecer una de forma seria. Pero lo que esto indica es que tenemos que mirar más allá de los límites del sistema capitalista y luchar por una alternativa política real que esté dirigida por y para los trabajadores.
Construir juntos el futuro
Para afrontar el momento, nosotros -socialistas, sindicalistas y la clase obrera en general- debemos construir nuestra propia alternativa. León Trotsky identificó el crecimiento del fascismo a principios del siglo XX como el resultado del fracaso del movimiento obrero a la hora de afrontar el momento de crisis capitalista. La democracia burguesa estaba en crisis, la oleada revolucionaria había terminado, los Partidos Comunistas estalinizados no consiguieron proporcionar un liderazgo político eficaz, por lo que la clase media especialmente, pero también algunos miembros de la clase obrera, recurrieron a las respuestas fáciles del fascismo. El ascenso de Trump ha sido acompañado por el avance de la política de la extrema derecha creciente en Estados Unidos. Este crecimiento se debe principalmente a los fracasos del Partido Demócrata -y de la burocracia obrera que hace de cola de los demócratas- a la hora de proporcionar algún tipo de alternativa a las crisis del capitalismo.
Para hacer frente a Trump, para luchar contra el crecimiento de la política reaccionaria, la clase obrera y los oprimidos necesitamos construir nuestra propia alternativa. Vimos un ejemplo de cómo responder a Trump en las protestas militantes de masas que se opusieron a la «prohibición de los musulmanes» en 2016. Pero el impulso político anti-Trump fue absorbido por las ONG liberales, que finalmente lo canalizaron hacia el Partido Demócrata. Debemos construir nuestras propias organizaciones, independientes de los demócratas, porque los Demócratas, a pesar de las disputas partidistas en época de elecciones, están unidos brazo con brazo con Trump y los republicanos en la gestión conjunta del capitalismo y el imperialismo estadounidenses.
Debemos luchar contra Trump y las políticas reaccionarias que con toda seguridad se avecinan, pero no debemos permitir que esa lucha sea absorvida por las mismas instituciones y líderes políticos que han creado las condiciones para el ascenso de Trump. Lo que necesitamos es un partido independiente de la clase obrera. Aprovechemos este momento para cohesionar las fuerzas que pueden construirlo y llevarlo a la victoria.
El 26 de octubre, el Estado de Israel bombardeó instalaciones militares en territorio iraní, matando a dos soldados.
Los criminales sionistas justificaron la acción como una respuesta a los bombardeos que las fuerzas militares iraníes realizaron contra bases militares israelíes, incluyendo la sede de su servicio de inteligencia militar, el 1 de octubre. Dijeron incluso que buscaban destruir instalaciones de producción de misiles iraníes.
El hecho es que, además de los ataques genocidas contra palestinos y libaneses, todos los días, los sionistas bombardean objetivos en Irán, en Irak, en Siria y en Yemen, a escala inferior comparados con Gaza y Líbano, regionalizando sus agresiones militares.
¿Quién quiere la regionalización?
Los dirigentes sionistas apuestan a la regionalización de sus agresiones genocidas para imponer un nuevo orden regional bajo su comando. Para tener éxito necesitan involucrar, política y militarmente, a los países imperialistas, particularmente los Estados Unidos. Joe Biden apoyó las acciones genocidas en amplia escala en el Líbano, y el asesinato de Yahya Sinwar. Pero su gobierno prefiere que no haya una guerra generalizada contra Irán antes de las elecciones estadounidenses del 5 de noviembre.
Por motivos opuestos, una parte de la población palestina apoya la regionalización de las acciones militares contra Israel, apostando que nuevos frentes de batalla obligarán a los sionistas a reducir las acciones genocidas en Gaza y en Cisjordania, e incluso acelerarán un alto el fuego.
Los marxistas revolucionarios también apoyamos la regionalización de las acciones militares contra Israel, y llamamos al régimen iraní y a los regímenes árabes a hacerlo, no solo para paralizar el genocidio sino también para multiplicar la crisis económica y social israelí, y abrir el camino hacia una derrota política y militar de Israel, que ponga en el horizonte una Palestina libre del río al mar.
El régimen iraní prometió devolver el ataque, lo que es justo y necesario. No obstante, nos parece que sería necesario hacer mucho más que lo que hizo hasta ahora, e involucrarse realmente en la lucha junto con Gaza contra Israel.
Sin embargo, los regímenes árabes (Arabia Saudita y países del Golfo, Egipto, Jordania, Siria, Líbano…) que critican el genocidio en Gaza y en el Líbano, se niegan a realizar acciones militares contra Israel, e impiden la auto-organización de palestinos y sus simpatizantes, ya sea para realizar protestas pacíficas o acciones militares contra Israel.
El régimen iraní no es diferente. Su prioridad son las relaciones políticas, económicas y militares con los imperialismos ruso y chino. Así como la normalización de relaciones con el imperialismo occidental, para evitar las durísimas sanciones a las cuales está sometido el país. El ayatolá Khamenei ya declaró que no atacará a Israel por cuenta del genocidio en Gaza, sino sólo si fuera atacado. Y lo hizo dos veces, para responder a las agresiones israelíes, en abril y en octubre de este año.
La mayoría de los drones Shaheed y de los misiles Fathi producidos por Irán son entregados al imperialismo ruso para promover un genocidio en Ucrania. Si la prioridad del régimen iraní fuese el apoyo militar a la resistencia palestina, todas las semanas tendríamos ataques con centenas de drones y misiles iraníes contra el enemigo sionista, lanzados desde Irán y desde varios países de la región.
Por eso nosotros, marxistas revolucionarios, defendemos la autoorganización independiente de la resistencia palestina, al lado de la clase trabajadora y de la juventud de los países árabes, para luchar, por medios pacíficos y/o militares, por el fin del genocidio y del Estado sionista y por una Palestina libre del río al mar.
En esta lucha tiene un papel clave la solidaridad internacional, para impedir el envío de armas y fondos a Israel, y para luchar por la ruptura de relaciones comerciales y diplomáticas de cada país con el Estado de Israel.
Resaltamos el importante papel de los judíos antisionistas en la construcción de la solidaridad internacional. Los judíos antisionistas crecen en todo el mundo, excepto dentro de la Palestina ocupada, donde la mayoría de la población judía es beneficiaria del robo de tierras palestinas y, por eso, apoya el genocidio de palestinos y libaneses.
Más que nunca es válido el eslogan, abandonado por la mayoría de la izquierda palestina y árabe, que afirma que el camino para la liberación de Al-Quds (Jerusalén) comienza en Amán, Beirut, El Cairo y Damasco.
Esa alianza de fuerzas obreras y populares en la región y en todo el mundo puede poner fin al Estado de Israel y a las dictaduras árabes, liberando a Palestina, del río al mar, y poniendo un punto final a la presencia de varias fuerzas imperialistas en la región, abriendo el camino para una Federación Árabe de Repúblicas Socialistas.
Petrogrado, madrugada del 26 de octubre de 1917. “Lenin, de pie (…), haciendo que sus diminutos ojos brillantes recorrieran a todos los presentes mientras esperaba, pareciendo desatento, la larga y ruidosa ovación que lo saludaba (…). Cuando esta hubo terminado, él dijo simplemente: ‘¡Eso es todo, camaradas! ¡Pasemos ahora a la construcción del orden socialista!’.
Así describe el periodista estadounidense John Reed, en Los diez días que estremecieron al mundo, el momento en que, en el II Congreso de los Soviets (“consejos”) de diputados obreros, soldados y campesinos, el dirigente del Partido Bolchevique confirmó la toma del poder por los Soviets de Toda Rusia, que tuvo lugar en la víspera, 25 de octubre (o 7 de noviembre, según el antiguo calendario ruso), con la toma del Palacio de Invierno.
Por primera vez en la historia, el poder de todo un país estaba en manos de la clase obrera, aliada a campesinos y soldados. Manos completamente distintas de aquellas que, sin derramar ni una gota de sudor, se apropiaban de la riqueza, a partir de la explotación y la opresión del pueblo.
“Rostros ásperos, magullados por el invierno, manos pesadas y agrietadas, dedos amarillentos por el tabaco, botones caídos, cinturones sueltos y botas largas ásperas y mohosas. La nación plebeya, por primera vez, envió una representación honesta, hecha a su imagen y sin retoques”, así calificó uno de los principales dirigentes de la Revolución de Octubre, León Trotsky, a los delegados y delegadas allí reunidos.
Ese 25 de octubre, el Dien, uno de los periódicos bolcheviques, publicó el titular “¡Todo el poder a los soviets de obreros, soldados y campesinos! ¡Pan, Paz y Tierra!”, haciéndose eco de los gritos que durante meses se habían apoderado de las calles de las principales ciudades y de las zonas rurales de una Rusia devastada por el hambre, la pobreza y las pérdidas y sufrimientos causados por la Primera Guerra Mundial (1914-1918), alimentada por la codicia imperialista y su necesidad de dividir el mundo según los intereses burgueses.
El comienzo de la Revolución: mujeres en lucha pusieron en marcha la Revolución
En aquella época, en comparación con otras potencias europeas, Rusia, un país con alrededor de 150 millones de habitantes, era un Imperio atrasado, gobernado por un monarca (el zar Nicolás II), de mayoría agraria, y donde reinaba la servidumbre, el analfabetismo, la pobreza y las costumbres y tradiciones medievales.
Sin embargo, ya insertada en el capitalismo mundial, también contaba con una burguesía, que, parasitaria, vivía a la sombra de la nobleza y sumisa al imperialismo internacional. Del otro lado del “frente”, había una clase trabajadora en crecimiento que había demostrado durante mucho tiempo su combatividad, con una vanguardia importante que había abrazado los ideales socialistas.
El 8 de marzo de 1917 (23 de febrero, en el antiguo calendario ruso), una huelga de obreras en Petrogrado movilizó a más de 400.000 mujeres, por mejores condiciones laborales y contra el hambre y la participación en la Primera Guerra, que consumía millones de vidas.
Impulsada por esta heroica lucha, la agitación revolucionaria estalló en los lugares de estudio y trabajo, tomando las calles e incluso ganándose la simpatía de los soldados, que se unieron a ellas. La fuerza de los levantamientos insurreccionales hizo que el ministerio zarista se desmoronase, aislando completamente al zar Nicolás II, quien finalmente se vio obligado a renunciar el 27 de febrero.
Incluso de forma desorganizada, el poder migró del Palacio Imperial a las calles y la única salida para la burguesía, en un intento de mantener un mínimo control, fue establecer un Gobierno Provisional basado en la Duma (el Parlamento ruso) y teniendo al frente a los demócratas constitucionalistas (llamados “kadetes”, por la sigla en ruso), un partido burgués liberal que defendía un régimen monárquico constitucional.
El surgimiento de los Soviets y las “Tesis de Abril”
Soviet de Petrogrado durante la revolución.
La burguesía y los reformistas que pasaron a darle apoyo pretendían estabilizar, así, la situación. Sin embargo, en medio de los levantamientos, campesinos, obreros y soldados rusos habían rescatado el principal legado dejado por una revolución anterior, la de 1905: los Soviets (o consejos) de Diputados Obreros y Soldados.
Primero, en Petrogrado, luego en todos los rincones del país, en un proceso que culminó con la creación del Comité Ejecutivo de los Soviets de Toda Rusia, que, en la práctica, creó una situación de “poder dual” en el país, ya que el Gobierno Provisional pasó a depender de su aprobación para implementar la mayoría de sus resoluciones.
Lenin y la revolución: “La tesis para la reconstrucción del mundo”
En su exilio en Suiza, Lenin se dio cuenta de que había llegado el momento de regresar al país. Cruzó Europa, clandestinamente, en un tren, y desembarcó, el 3 de abril, en Petrogrado, llevando bajo el brazo un discurso que cambió literalmente el curso de la historia y que, más tarde, pasó a ser conocido como las “Tesis de Abril”.
En sus diez puntos, Lenin atacó a los mencheviques y a los socialrevolucionarios, que dirigían la mayoría de los soviéticos y apoyaban el Gobierno Provisional; denunció su carácter capitalista, pidió que no se le diese ningún apoyo, lo calificó de tan imperialista como el régimen zarista, y exigió una salida inmediata de la guerra; defendió la nacionalización de industrias y bancos, así como la expropiación de las tierras por el Estado y lanzó la consigna que definiría el rumbo de la Revolución: “Todo el poder a los Soviets”.
Atacadas por mencheviques y eseristas, las Tesis, en un principio, también recibieron la oposición de dirigentes bolcheviques, como Kamevev y Stalin, lo que abrió una intensa polémica, pues ellos avanzaban hacia una política de apoyo vergonzante al Gobierno Provisional.
De julio a octubre: el partido bolchevique y la victoria de la Revolución
En julio, el Gobierno Provisional desató una ola represiva contra el movimiento que había organizado una fuerte jornada de luchas. Fuerte, pero aún insuficiente para que los soviets tomasen el poder. Los bolcheviques fueron duramente reprimidos. Se cerraron sus imprentas y su sede, se prohibieron sus periódicos y sus dirigentes fueron encarcelados (como Trotsky) u obligados a huir, como Lenin.
Con el consiguiente debilitamiento de los bolcheviques, Kerensky, que había asumido el cargo de primer ministro en agosto, intentó detener el proceso revolucionario y, simultáneamente, ganarse el apoyo del imperialismo y de la burguesía, nombrando al “kadete” y general Kornilov en el comando del ejército.
Kornilov, sin embargo, protagonizó sucesivos fracasos en el “frente” y, finalmente, intentó promover un golpe de Estado, cuya resistencia y derrota fue liderada por los bolcheviques. Fue en este momento cuando el partido ganó un inmenso prestigio, ya que tomó la iniciativa de la defensa de la revolución, mientras el gobierno de Kerensky estaba paralizado. Además de derrotar a la contrarrevolución, los obreros liberaron de la prisión a todos los presos políticos.
Así, el 4 de setiembre, Trotsky asumió la presidencia del Soviet de Petrogrado y, junto con Lenin, los bolcheviques comenzaron a organizar la toma del poder. La fecha elegida fue el día 25, cuando comenzaría el II Congreso de los Soviets, perfecto para concretar el llamado de “Todo el poder a los Soviets”.
Momento decisivo: el grito de “Todo el poder a los Soviets” resuena en el interior del Palacio de Invierno
Poco después se formó el Comité Militar Revolucionario que, bajo el comando de Trotsky, asumió todas las decisiones relativas a la insurrección, que comenzó con la ocupación de edificios públicos, la infraestructura de transporte y comunicación, los fuertes y los cuarteles.
Cuando se celebró el Congreso de los Soviets, los delegados se involucraron en un acalorado debate. Los mencheviques y socialistas revolucionarios exigiían el fin de la insurrección en curso, diciendo que si el gobierno era derrocado, los bolcheviques no permanecerían en el poder por más de unos pocos días.
Por otro lado, los bolcheviques y sus aliados socialistas revolucionarios de izquierda insistían en que había llegado el momento. Una posición que fue refrendada con la elección de una nueva dirección para el Comité, en el que los alguna vez minoritarios partidarios de Lenin formaban ahora una mayoría.
“De repente, se escuchó una voz nueva y más profunda, que dominaba el tumulto de la asamblea. ¡Era la voz sorda de un cañón! Todos los ojos se volvieron ansiosamente hacia las ventanas. Una especie de fiebre ardiente dominó la asamblea”, describió John Reed, refiriéndose a los disparos realizados por el acorazado Aurora, dando la señal para la toma del Palacio de Invierno.
Kerensky ya había huido y los pocos ministros que quedaban fueron detenidos por Antonov-Ovseenko, el bolchevique que comandó la toma del Palacio. La insurrección había triunfado.
Las conquistas del gobierno soviético
Por primera vez en la historia, la gran mayoría de los explotados y oprimidos tenía en sus manos el poder económico y político, consolidado en lo que llamamos la dictadura del proletariado. Los medios de producción habían pasado a manos de los trabajadores, quienes comenzaron a ejercer el poder, democrática y colectivamente, a través de consejos populares; en contraste con la dictadura, también de clase, de la burguesía, ejercida por una ínfima porción de la población.
Se trataba de un nuevo tipo de Estado, controlado por la clase obrera y el pueblo oprimido, basado en soviets que tenían mandatos revocables en cualquier momento y donde su remuneración no superaba el salario de un obrero calificado. Así, eran los “de abajo” quienes debatían y resolvían todo lo que tenía que ver con el rumbo de la vida, desde el plan económico para el país hasta sus aspectos más cotidianos.
Los derechos civiles se ampliaron en una escala que no existía en el resto del mundo. Por ejemplo, ya no le correspondía al Estado interferir en materia sexual, salvo en casos de daño o violencia, y antes que cualquier potencia capitalista despenalizó a las personas LGBTI+ y permitió a las personas transexuales someterse a procedimientos de reasignación sexual y utilizar sus nombres sociales.
El Estado Soviético también otorgó amplios derechos a las mujeres, comenzando por el aborto, pero extendiéndose a los servicios públicos colectivizados, como lavanderías, restaurantes y guarderías, que les quitaran de sus manos el trabajo doméstico.
También hubo una enorme explosión creativa en la Cultura, el Arte y las Ciencias y una revolución completa en el sistema educativo. Ninguna nación en el mundo había logrado tanto en tan poco tiempo.
La contrarrevolución estalinista y la restauración del capitalismo
Después de tomar el poder, los bolcheviques intentaron exportar la revolución socialista a Europa, pero esta fue derrotada por la reacción de los capitalistas. Esto dejó a la joven república soviética aislada y teniendo que enfrentar una encarnizada guerra civil contra la burguesía y contra el intento de invasión militar de las potencias capitalistas.
La derrota de la revolución mundial y los años de guerra que siguieron, que consumieron a una gran parte de la vanguardia que había hecho la Revolución, contribuyeron a la burocratización de la URSS y del partido bolchevique, mediante el surgimiento de una camada cada vez mayor de funcionarios oportunistas.
En el centro de esta historia está la infame figura de Joseph Stalin quien, especialmente después de la muerte de Lenin en 1924, se apoyó en estas camadas sociales, profundizó la burocratización y se atrincheró en el poder, destruyendo por completo aquello que había llevado al pueblo ruso a la revolución: la idea de que todo el poder debía ser ejercido por los soviets.
En este proceso, Stalin creó la ideología del “socialismo en un solo país”, utilizada para garantizar los privilegios de los burócratas; o los Frentes Populares, que justificaban alianzas con sectores burgueses. Y, así, desmanteló conquista tras conquista, haciendo que todos los aspectos de la vida dieran un enorme paso atrás.
Nada de esto se hizo sin oposición. La principal de ellas, encabezada por Trotsky. Sin embargo, Stalin implementó una sangrienta contrarrevolución, asesinando o arrestando a miles de dirigentes, cuadros y militantes bolcheviques. Trotsky, asesinado en 1940, cuando se encontraba exiliado en México, fue la última de sus víctimas.
Wilson Honório da Silva es integrante de la Secretaría Nacional de Formación del PSTU Brasil.
Introducir el socialismo en las luchas y construir el partido obrero de vanguardia capaz de ganarse a las masas para el proyecto comunista. Esta fue la principal actividad de toda la vida de Karl Marx quien, como recordó Engels en su funeral, fue «ante todo un revolucionario. Contribuir al derrocamiento de la sociedad capitalista y del Estado que esta ha creado, contribuir a la emancipación del proletariado moderno (…) esta era su verdadera vocación». Esta insistencia de Engels sobre el verdadero Marx, el militante, el dirigente del partido, en el que «el científico no era ni la mitad de Marx»1 es más actual que nunca en nuestros años, donde muchos, desde la burguesía hasta el reformismo, han intentado transformar al «Moro» (como lo llamaban sus amigos) en un «filósofo» para hacer inocua la teoría que elaboró junto con Engels y otros militantes cuyos nombres no recordamos. Una elaboración que no se dio en una “torre de marfil” sino participando activamente en las luchas del proletariado con el objetivo de instaurar el poder de los trabajadores (la dictadura del proletariado) como paso ineludible para eliminar con la sociedad dividida en clases la explotación, las guerras, la miseria y las opresiones.
La teoría marxista, desarrollada en las décadas siguientes por el bolchevismo (que lo convirtió en el instrumento de su propia victoria en Octubre de 1917) y luego por el trotskismo –el marxismo de nuestra época– sigue siendo el arma más mortífera contra un mundo capitalista que avanza rápidamente hacia la barbarie.
Pero si la revolución es «el freno de emergencia» que hay que tirar para evitar terminar en el barranco, según la imagen de Walter Benjamin2, ninguna revolución puede ser verdaderamente victoriosa sin la teoría marxista.
Esta revista, dedicada entonces a la teoría marxista, se distingue de las otras porque está escrita por militantes y no por académicos: y porque está dirigida, en primer lugar, a militantes y activistas, trabajadores y trabajadoras, jóvenes comprometidos no sólo con saber sino con conocer para hacer, en lucha para intentar construir un mundo mejor que este.
León Trotsky, otro gran militante revolucionario, que también dedicó toda su vida a la lucha y que por lo tanto no tenía mucho tiempo libre, escribió en su autobiografía: «las ganas de estudiar nunca me han abandonado»3. Esto porque para los revolucionarios el estudio de la teoría marxista no es un pasatiempo sino una necesidad. Estudiar la historia del movimiento obrero, marcada por victorias y derrotas (ambas llenas de lecciones para hoy), analizar aspectos teóricos aparentemente abstractos, filosóficos, significa dotarse con las lentes para analizar la realidad actual y poder transformarla.
Si con esta revista logramos apasionar a viejos y nuevos lectores por la teoría viva (precisamente el «marxismo vivo» de nuestra revista), y hacerles comprender la utilidad práctica de la teoría, habremos logrado nuestro objetivo.
Como habrá notado cualquiera que lea estas líneas, Marxismo Vivo, que existe desde hace décadas, cambia.
No cambia el nombre, pero cambian varias cosas. Cambia el formato: menos libro y más revista. Cambia la gráfica, con el uso de fotografías. Cambia (al menos en parte) la redacción (un caluroso agradecimiento a los compañeros y compañeras que nos precedieron en este trabajo). Sobre todo, cambia, en parte, el perfil de la revista.
El proyecto, ambicioso, es ampliar el círculo de nuestros lectores, yendo más allá de los actuales lectores habituales, más allá del perímetro de los militantes y simpatizantes de la LIT (de los cuales esta revista continuará siendo el órgano teórico). Intentaremos abordar, de manera rigurosa pero también clara y accesible, temas que sean útiles no sólo para la formación y el debate de los militantes de la LIT, sino que puedan ser útiles también para otros activistas.
Este número, que continúa la antigua numeración, es en realidad casi un número cero. A partir del próximo número presentaremos más innovaciones que estamos evaluando.
Entre las novedades estudiadas: secciones fijas, más reseñas de libros publicados en el último período, pero también artículos dedicados al redescubrimiento de los «clásicos» del marxismo, guías bibliográficas de los temas, glosarios de los conceptos claves del marxismo, mayor espacio para los debates y polémicas teóricas con otras corrientes…
Y mucho más. También basado en críticas y sugerencias que los lectores de este número quieran hacernos llegar escribiendo a nuestra redacción al e-mail marxismovivo.2@gmail.com
Y llegamos ahora a una breve presentación del contenido de este número.
A la espera, como dijimos, de ampliar las secciones e introducir otras, este número se compone de cuatro de ellas.
La primera sección contiene artículos sobre temas centrales de la actualidad política, abordados no desde un punto de vista informativo sino tratando de ofrecer herramientas para un análisis en profundidad. Aquí encontramos un extenso dossier sobre el tema más candente de la lucha de clases mundial: Palestina y la heroica lucha de décadas contra el sionismo.
Florence Oppen (Estados Unidos) abre el dossier con una síntesis de las posiciones de nuestra Internacional sobre este tema. Sigue un artículo de la activista palestina Soraya Misleh sobre la historia del sionismo. Fabio Bosco (militante, como Soraya, del PSTU brasileño, activo desde hace muchos años en la lucha por Palestina) profundiza en la historia y las posiciones de las principales corrientes del movimiento de resistencia palestino. Alejandro Iturbe (Argentina) desarrolla una polémica con las principales posiciones expresadas por la izquierda sobre este tema. El extenso dossier se completa con una cronología (nuevamente de Florence Oppen) y una pequeña guía bibliográfica de Ángel Luis Parras (Estado español).
En esta rica primera sección también encontramos un ensayo de Parras sobre otro tema central de reflexión para los marxistas: la trama entre crisis-guerras-revoluciones.
La segunda sección contiene artículos sobre la historia del movimiento obrero y la teoría marxista. En este número se dedican dos ensayos a los 100 años de la muerte de Lenin: uno, del autor de estas líneas, está dedicado al tema de la conciencia revolucionaria en Lenin; mientras Gustavo Machado (Brasil) aborda la concepción leninista del imperialismo. Completa la sección un ensayo de Fabiana Stefanoni (Italia) sobre la concepción materialista de la historia, sobre las falsificaciones que de ella se han hecho y sobre cómo esta concepción es vital para comprender, entre otras cosas, la cuestión nacional.
La tercera sección de la revista, en este y en los próximos números, estará dedicada a debates y polémicas con otras posiciones políticas y teóricas. En este caso, traemos un artículo de Joana Salay (militante del PSTU brasileño) sobre las tesis de Domenico Losurdo, referente teórico de diversas corrientes neoestalinistas.
La revista finaliza con reseñas de dos libros publicados recientemente. Flor Neves (Portugal) reseña el libro publicado por la sección portuguesa de la LIT con motivo del 50° aniversario de la Revolución de los Claveles; mientras Javier Fernández Barrero (Brasil) presenta el libro, recién publicado, de Roberto Herrera Zúñiga (El Hombre del Clima y la Mujer de Lot) sobre la izquierda en Costa Rica y Centroamérica.
No nos queda sino desearles una buena lectura e invitarlos a hacer conocer esta revista en sus lugares de trabajo o de estudio.
Ante un nuevo aniversario del asesinato de León Trotsky, rendimos nuestro homenaje recordando su lucha contra la burocracia que culminó en la fundación de la IV Internacional.
Por Alicia Sagra
La fundación de la Cuarta, no estaba en el programa de Trotsky cuando comenzó la batalla contra la burocracia. Por el contrario, su objetivo estratégico era recuperar para la revolución al partido soviético y a la Internacional. La necesidad de la IV Internacional se manifestó como tal cuando, después de 10 años, esa batalla fue derrotada.
La lucha contra la burocracia.
Fue Lenin el primero en ver la necesidad de esa batalla. Al final de 1922, cuando se reintegra después de haber estado alejado por su enfermedad, queda impresionado por la expansión de la burocracia en el partido y en el estado.
El partido bolchevique, cuando tomó el poder, heredó el atraso y la barbarie de siglos. La destrucción de la Primera Guerra Mundial y después la Guerra Civil, bajaron aún más el nivel cultural general del país. La terrible situación económica llevó a una lucha desmoralizadora de sobrevivencia. Las masas que habían hecho enormes sacrificios, tendían a alejarse de la actividad política, los soviets comenzaban a vaciarse, y las tareas del Estado cada vez recaían más y más en manos del partido.
Lenin y Trotsky intentaron por todos los medios buscar nuevos organismos que permitieran la participación de las masas: los sindicatos independientes, la organización de los sin partidos. Pero no pudieron cambiar esa tendencia del movimiento de masas que había perdido a sus mejores representantes en la Guerra Civil. Nahuel Moreno opinaba que el proceso del estalinismo fue tan profundo, precisamente por esa realidad del movimiento de masas, que los esfuerzos de Lenin y Trotsky no lograron revertir[1].
Todo esto se agravó cualitativamente con la derrota de la revolución alemana. No vinieron los técnicos y especialistas que los bolcheviques esperaban de Alemania. Se tuvo que recurrir al viejo servicio civil zarista, así como a sus técnicos y especialistas. El resultado fue el crecimiento dentro del partido de una corriente que reflejaba las aspiraciones de los arribistas.
Esa corriente se fue aglutinando en torno a Stalin quien, como dirigente del Buró de Organización, era el responsable de asignar los cargos en el partido y en el Estado.
En diciembre de 1922, Lenin escribió a Trotsky proponiéndole formar “un bloque contra la burocracia en general y contra el Buró de Organización en particular”[2]
Lenin inicia la batalla enfrentando a Stalin en la cuestión de las nacionalidades El 30 de diciembre dictó lo siguiente a sus secretarias: “Se dice que se necesita un aparato unificado, ¿de dónde proviene esa afirmación? ¿No será del mismo aparato gran ruso que le tomamos al zarismo y que ligeramente engrasamos con aceite soviético” expresó la necesidad de “defender a los no rusos del azote de aquel auténtico hombre ruso, del chauvinista gran ruso, en esencia, un bribón, un tirano, tal como es el típico burócrata ruso”, e insistió “la responsabilidad política recae, claro está, sobre Stalin y Dzerzhinski”[3]
El 4 de enero de 1923, escribió una posdata a sus escritos sobre la dirección, que es conocido como su testamento “el camarada Stalin al convertirse en secretario general, ha concentrado en sus manos un poder ilimitado, y no estoy seguro que sea siempre capaz de utilizar esa autoridad con cautela” y proponía que el partido “buscara la forma de remover a Stalin” de su cargo de secretario general.
El 5 de marzo escribió a Trotsky pidiéndole que defendiera a quiénes disentían con Stalin en el Partido Comunista de Georgia. El mismo día escribió a Stalin amenazándolo con romper toda relación con él.
Todo estaba orientado hacia el XII Congreso del Partido Comunista ruso, que se iniciaría el 30 de marzo. Según Trotsky: Ahora Lenin ya no se contentaba con preparar la destitución de Stalin del cargo de Secretario General, sino que se disponía a hacer que fuese descalificado por el partido. E todas las cuestiones que se planteaban: en la del monopolio del comercio exterior[4], en la cuestión de las nacionalidades, en la del régimen del partido, en la de la inspección obrera y campesina y en cuanto a la comisión de vigilancia, toda su preocupación sistemática y tenazmente manifestada, era encauzar las cosas de tal modo que en XII Congreso del partido, que había de celebrarse, pudiera asestar un golpe de muerte al burocratismo, al régimen de pandillaje, al funcionarismo, al despotismo, a la arbitrariedad y a la grosería, personificadas en Stalin.[5]
Pero fue una batalla que no pudo llegar a su fin, porque el 9 de marzo de 1923, Lenin tuvo un nuevo ataque que lo mantuvo paralizado hasta su muerte, el 21 de enero de 1924.
El Congreso fue postergado para abril a la espera de que Lenin se recuperase y pudiese participar. Stalin preocupado por el clima creado por las manifestaciones de Lenin, se había comprometido a modificar su documento sobre las nacionalidades y en el Politburó se aprobaron las tesis sobre economía y la industria de Trotsky.
Pero después del agravamiento de la enfermedad de Lenin, cuando se vio que no participaría del congreso, “la troika”[6] cambió de actitud. No se animaban a tomar medidas contra Trotsky quien tenía una gran popularidad en el partido, pero comenzaron acciones para desacreditarlo. A fines de marzo, la “troika” con el apoyo del Politburó lanza una carta a todos los miembros y candidatos al CC en la que enumeraban todas las diferencias con Trotsky. Una de las principales acusaciones era que con sus tesis (del informe sobre la industria) donde plantaba una mayor separación entre el trabajo partidario, estatal y económico “tendía una mano a aquellos que quieren liquidar el papel dirigente del partido”[7]
Mientras que Trotsky, planteaba sus diferencias sólo al nivel del Politburó, por lo que eran desconocidas por los delegados y no existió ninguna coordinación, en el Congreso, entre Trotsky y varios delegados que planteaban críticas similares.
Trotsky explica el porque de su actitud: La idea de un “bloque” entre él [Lenin] y yo para dar la batalla contra el aparato y a la burocracia sólo la conocíamos Lenin y yo. Las cartas de Lenin a propósito de la cuestión nacional y el “testamento” permanecían en el mayor secreto. Mi campaña se hubiera interpretado o al menos hubiera podido interpretarse, como una batalla personal para conquistar el puesto de Lenin al frente del partido y del estado. Y yo no era capaz de pensar en eso sin sentir espanto. Me parecía que ello produciría una desmoralización tal en nuestras filas, que, aun en el caso de que triunfase, pagaría el triunfo demasiado caro.[8]
Puede ser, que ese haya sido, como plantan algunos de sus biógrafos, el mayor error de Trotsky. Lo concreto es que el XII Congreso, lejos de dar el golpe final contra el burocratismo, como planeaba Lenin, terminó fortaleciendo a la “troika”.
La Oposición de Izquierda
El 8 de octubre de 1923, Trotsky envió una carta al Comité Central, en la cual atribuía el surgimiento de grupos en el partido a dos factores: “a) el régimen partidario radicalmente incorrecto y malsano al interior del partido y b) la insatisfacción de los obreros y campesinos por la grave situación económica causada, no sólo por las dificultades objetivas, sino por las flagrantes y radicales errores de la política económica”. Exigía que el “burocratismo secretarial” fuese reemplazado por la democracia partidaria en la medida que fuese necesaria para evitar que el partido fuese amenazado por la “osificación y la degeneración”. Y manifestaba que durante un año y medio venía dando esa batalla dentro del CC, y que ahora en vista de la crisis producida por las políticas aplicadas, se consideraba libre para llevarlas fuera del organismo.
El 15 de octubre, 46 líderes del partido enviaron un Manifiesto al Comité Central, donde hacían una fuerte crítica a la política económica y denunciaba que el partido estaba manejado por una camarilla burocrática que estaba apartando al partido de las masas.
La “troika” se vio forzada a abrir la discusión y anunció que el 7 de noviembre las columnas del Pravda se abrirían para publicar las distintas posiciones.
Poco después de abierto el debate el Comité Central de la Juventud Comunista apoyaba a la oposición. La mayor parte de las células estudiantiles declararon su apoyo a los “Cuarenta y seis”
Ante eso, la “troika” se dio dos tácticas. Por un lado, la persecución de los dirigentes de la oposición. Por ejemplo, Antonov Ovseenko, uno de los “Cuarenta y seis”, jefe del asalto al Palacio de Invierno en octubre de 1917, héroe de la guerra civil en Ucrania y jefe de los comisarios políticos del Ejército Rojo, fue destituido de su cargo y fue suspendido su voto. El Comité Central de la Juventud Comunista fue desintegrado y reemplazado por personas dispuestas a apoyar la línea de la “troika”.
Por otro lado, intentó neutralizar algunas de las críticas, identificándose con ellas. En una resolución aprobada por el Politburó y publicada el 7 de diciembre se condenaba: “La aguda diferenciación en la situación material de los miembros del partido”, “una estrechez de mira oficial”, “la burocratización que se ha venido observando en los puestos del partido” y hacíaun llamado a “la real y sistemática aplicación de la democracia obrera”.
El 11 de diciembre aparece en el Pravda, firmada por Trotsky, una carta abierta a todo el partido, donde llamaba a todos sus miembros a asumir las promesas contenidas en la resolución del Politburó. Decía que era necesario remover de sus posiciones de dirección a los “que, ante la primera palabra de crítica, de objeción o de protesta, hacen relucir los rayos de las penalidades…, el nuevo curso debe empezar por hacer sentir a cada uno que, de ahora en adelante, nadie se atreverá a aterrorizar al partido”
La aparición pública de Trotsky fortaleció a la oposición, él era el dirigente más popular después de Lenin y muchos de los grandes dirigentes del partido estaban de su lado: Preobrazhenski, Rakovski, Muralov, Sosnovski, Piatakov.[9] Pero la batalla se definió por el peso del aparato.
La “troika” enviaba a sus adictos de una fábrica a otra en automóviles oficiales. Los oposicionistas eran amenazados con la pérdida del trabajo o con el traslado a regiones lejanas. El peso del aparato aumentaba en las regiones alejadas.
Así, a pesar de que en las conferencias del partido en Moscú la oposición tuvo 36% de los delegados, en el XIII Congreso nacional, donde se definiría la discusión, que se realizó en enero de 1924, la oposición sólo tuvo 3 delegados sobre 218.
La prueba de fuerza de la “troika” fue contundente, y la oposición se vio obligada a renunciar a sus actividades. El XIII Congreso dio categoría de principio a una suspensión temporal de las tendencias dentro del partido y amenazó con expulsión a quien no cumpliese con esa norma. El nuevo régimen del partido fue resumido por S.I. Gusiev, un nuevo miembro de la Comisión Central de Control: “La autoridad se adquiere no sólo por el trabajo sino por el miedo. Y ahora la Comisión Central de Control y la Inspección de obreros y Campesinos han tenido éxito en imponer el miedo. En este aspecto su autoridad está creciendo”.[10]
La derrota de la revolución alemana- el socialismo en un solo país.
Esa derrota de 1923, de fue un golpe muy duro para la revolución rusa, que vio acentuado su aislamiento. En el XIII Congreso Bujarin planteó “la depresión psicológica tuvo una influencia extraordinaria en las filas de nuestro partido”.
La orientación equivocada de Stalin de no impulsar el levantamiento, así como la negativa al viaje de Trotsky a Alemania, contribuyeron a la derrota, pero la respuesta fue responsabilizar a la dirección alemana. Zinoviev, como presidente de la Tercera Internacional acusó a Heinrich Brandler[11] de oportunista y pidió que se lo bajara de su cargo de dirección. Trotsky fue atacado duramente por oponerse a esa destitución. Zinoviev con el apoyo de Stalin, extendía a la Internacional las prácticas que se venían aplicando en el partido ruso.
El debate dentro del partido ruso había concluido oficialmente. La Oposición de Izquierda pasó a ser definida como una “desviación pequeño burguesa del leninismo” mientras que Trotsky era tildado de semi menchevique. Esa campaña de 1924, marcó el inicio de la falsificación histórica. Al principio tímidamente y después en forma abierta, el papel de Trotsky en la insurrección y en la Guerra Civil fue disminuido, distorsionado, hasta que finalmente fue sacado de la historia.
Pero el ataque contra el “trotskismo” se centró en la Teoría de la Revolución Permanente. La “troika” comenzó a acusar a Trotsky de aventurero que trataba de embarcar a Rusia en peligrosos planes para expandir la revolución. Stalin fue mucho más allá. En septiembre de 1924, enunció una nueva teoría que revisaba todas las concepciones marxistas, la del “socialismo en un sólo país”. En síntesis, esa teoría decía que el socialismo se podía construir en la URSS sin tener en cuenta el curso de la revolución europea. Y planteaba que existían países maduros para el socialismo y otros que no lo estaban, la URSS era la única que estaba madura. Esa teoría servía para justificar su política de subordinar los intereses de la revolución mundial a los intereses inmediatos de la burocracia soviética.
En 1925, Trotsky fue relevado del cargo de comisario de guerra y fue nombrado presidente del comité de concesiones, jefe de las explotaciones electrónicas y presidente de la dirección científico-técnica de la industria. Según dice en Mi Vida, el objetivo era separarlo del ejército rojo y taparlo de trabajo para alejarlo de la actividad dentro del partido.
La Oposición Conjunta de 1926
La aplicación de la NEP[12] sirvió para reanimar la economía destruida por la guerra civil, pero dio origen a un sector de nuevos explotadores, centralmente en el campo, los kulaks, que tenían fuerza suficiente para también chantajear a las ciudades. Todo eso aumentaba el malestar social, a pesar de lo cual continuaba la política de capitulación a los kulaks
Kamenev y Zinoviev se fueron apartando de esa política, al tiempo que no aceptaban la nueva teoría del socialismo en un solo país. Por iniciativa de Kruskaia, la viuda de Lenin, organizaron un bloque para enfrentar a Stalin en el XIV Congreso (1925) pero fueron derrotados y apartados de sus cargos de dirección en el partido y en los soviets.
Esa nueva realidad creo las condiciones para ir a una oposición unificada entre la dirigida por Zinoviev y la dirigida por Trotsky.
En julio de 1926 la Oposición Conjunta presentó su programa al Comité Central. El CC rechazó sus propuestas y declaró ilegales sus reuniones. Lashevich, vicecomisario de guerra, fue destituido de su cargo y expulsado del Comité Central por haber hablado en un mitin de la Oposición Conjunta. Zinoviev fue separado del Politburó.
La Oposición apelaba a la base con panfletos y hablando en las reuniones de células, en las fábricas. En los mítines, debían enfrentarse a matones organizados que los silbaban y abucheaban. A pesar de eso, llegaron a tener 8.000 miembros. Probablemente esa fuera la misma cantidad de los miembros activos de la fracción de Stalin-Bujarin, la gran masa del partido estaba apartada de la discusión.
En octubre de 1926, el Comité Central expulsó a Trotsky del Politburó, a Kamenev se le privó de su condición de miembro candidato y Bujarin reemplazó a Zinoviev en la presidencia de la III Internacional. Eso provocó desmoralización en algunos miembros de la Oposición. Trotsky escribe en Mi Vida: “A comienzo de 1927, Zinoviev estaba ya dispuesto a capitular si no de una vez, por lo menos sí en varias etapas. Pero vinieron los acontecimientos catastróficos de China, en que el crimen cometido por la política de Stalin era tan evidente, que la capitulación de Zinoviev y de cuantos le seguían hubo de suspenderse por algún tiempo”
Expulsión y exilio
La política de Stalin llevó a la muerte de miles de comunistas chinos.[13] Trotsky exigió que la política para China fuese discutida a nivel de todo el PCUS. Como Stalin se negó, apeló al Comité Ejecutivo de la Internacional. En setiembre él y Zinoviev fueron expulsados del Comité Ejecutivo Internacional.
Stalin incapaz de soportar el debate sobre China, redobló sus ataques contra la Oposición, destituyendo o trasladando a sus dirigentes. El punto culminante fue el 7 de noviembre en la celebración del 10mo aniversario de la revolución. La Oposición participó con carteles con sus propias consignas: “Lucha contra el kulak y el burocratismo”, “Acelerar la industrialización” “que se cumpla el testamento de Lenin” “Contra la división del partido, conservemos la unidad bolchevique”.
La columna de la Oposición fue atacada por grupos armados y el 14 de noviembre, Trotsky y Zinoviev, junto a cientos de miembros de la oposición fueron expulsados del partido. La Oposición Conjunta se divide. Zinoviev, Kamenev y sus seguidores capitulan[14]. No sólo aceptan las decisiones, sino que denunciaron a sus propias posiciones como “equivocadas y anti-leninistas”. Trotsky es exilado al Kurdistán.
Después de la expulsión de Trotsky, la Oposición de Izquierda se organizó como fracción del partido oficial y continuó la pelea por reformar al PCUS y a la Internacional. Sostenían que aún no existían fundamentos para afirmar que el proceso de burocratización fuese irreversible, que la vanguardia del proletariado mundial se concentraba en las filas de la Internacional Comunista y que la tarea de la Oposición era llegar a ellos.
La Oposición de Izquierda Internacional
En abril de 1930 se constituyó la Oposición de Izquierda Internacional. La integraban pequeños grupos. Los de España y Grecia se acercaban a los 2 mil miembros, en los demás países eran grupos de centenas o incluso de decenas de militantes. En su lucha por la regeneración de la Tercera Internacional, intervinieron en los procesos desarrollando una fuerte batalla por el Frente Único Obrero para enfrentar al fascismo y contra del Frente Popular.
Esa lucha por recuperar al partido mundial para a revolución llegó hasta 1933.
La victoria de Hitler y la muerte de la Tercera Internacional
Analizando la victoria de Hitler, Trotsky escribió: “Es inconcebible la socialdemocracia sin gobierno parlamentario y sin organizaciones de masas de los obreros, como los sindicatos. Por el contrario, la misión del fascismo es destruir a ambos, al parlamento y a las organizaciones obreras.
La unidad defensiva de los comunistas y socialdemócratas hubiera debido basarse en ese antagonismo. Pero dirigentes ciegos rechazaron ese camino. A los trabajadores se los dejó divididos, indefensos, sin planes ni proyectos ante un enemigo que atacaba”[15]
Aunque el peligro del fascismo no había conseguido despertar al partido alemán, Trotsky aún confiaba que la Komintern podía reaccionar. Pero el 7 de abril de 1933, la Internacional Comunista anunciaba: “La línea política del Comité Central del PCA, con Thaelmann a la cabeza, fue completamente correcta, antes y después del golpe de estado de Hitler”.
Eso fue determinante. En julio de 1933, Trotsky, llamó a construir una nueva Internacional marxista, independiente de la burocracia estalinista y completamente opuesta a ella, diciendo que sólo así se podría salvar el gran triunfo de 1917.
En octubre del mismo año, Trotsky llegó a la conclusión de que sólo se podría acabar con la burocracia estalinista con una nueva revolución, la revolución política. Las reformas del PCUS y de la Komintern, eran imposibles. Se había dado una larga y dura batalla y se había perdido.
La polémica sobre la fundación de la Cuarta.
En medio del avance del terror estalinista, de los procesos de Moscú, de los asesinatos de militantes, Trotsky desarrolló un gran combate por la construcción de la Cuarta. Entre los miembros de la ex Oposición de Izquierda Internacional, había resistencia a su fundación.
En mayo de 1938, Trotsky escribe una carta, a un camarada belga, respondiendo a los cuestionamientos que existían: (…) “Usted señala el hecho de que nosotros no hemos hecho todavía un análisis de la última fase del imperialismo, etc. (…) La relación entre la teoría y la práctica tiene no un aspecto, sino dos aspectos, es decir un carácter dialéctico. Nosotros estamos suficientemente pertrechados teóricamente para la acción, mejor que cualquier otra organización. Nuestra acción impulsará nuestro trabajo teórico, originará y atraerá nuevos teóricos, etc.(…) El proceso histórico no espera a la investigación marxista, ‘definitiva’, ‘completa’ y ‘exhaustiva’. Tenemos que tomar una posición sobre la Revolución Española sin esperar los estudios marxistas sobre España. La guerra nos exige una respuesta, independientemente de si, nuestros teóricos han producido o no uno, dos o tres volúmenes de trabajo de investigación (…) La teoría es muy importante; pero el fetichismo pedante de la teoría no sirve para nada.” (…) “Es preciso dedicar la mayor atención a los grupos de la clase obrera, vacilantes, inmaduros que se están moviendo hacia nosotros. Pero no podemos hacer concesiones de principios a los sectarios dirigentes centristas, que no quieren reconocer nuestra organización internacional, ni nuestra disciplina”
“¿Significa esto que usted quiere una internacional monolítica? Diría alguien con santo temor. No, nada de eso, replicaría yo. Toda la historia de la IV Internacional y de cada una de sus secciones muestra una constante, ininterrumpida y libre lucha de tendencias y puntos de vista. Pero como nuestra experiencia lo testimonia, esta lucha mantiene un sano carácter sólo cuando sus participantes se consideran miembros de una misma organización nacional e internacional, que tiene su programa y sus estatutos (…)” Por todas estas consideraciones, sostengo mi posición de que nos denominemos, así como somos llamados por los trabajadores y las clases enemigas, es decir ¡La Cuarta Internacional!”[16]
En el Programa de Transición se contesta una vez más a los diferentes sectores que cuestionan fundación de la Cuarta: “Los escépticos preguntan: pero, ¿ha llegado el momento de crear una nueva internacional? Es imposible, dicen, crear una Internacional ‘artificialmente’, ‘sólo grandes acontecimientos pueden hacerla surgir’ etc. (…) La Cuarta Internacional ya surgió de grandes acontecimientos: las mayores derrotas del proletariado en la historia.”
“La causa de esas derrotas está en la degeneración y la traición de la antigua dirección. La lucha de clases no admite interrupción. Para la revolución, la Tercera Internacional, después de la segunda, ha muerto. ¡Viva la IV Internacional”
“¿Qué es débil? Sí, sus filas no son numerosas porque todavía es joven. Por ahora hay principalmente cuadros. Pero estos cuadros son prenda del futuro”
“Si nuestra Internacional es débil numéricamente, es fuerte por su doctrina, su programa, su tradición, el temple incomparable de sus cuadros”
El Congreso de Fundación.
El 3 de septiembre de 1938, en una Conferencia realizada en París se funda la IV Internacional. Participaron diez secciones (URSS, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Polonia, Italia, Grecia, Holanda, Bélgica y Estados Unidos) más un delegado representando a Latinoamérica (el brasileño Mario Pedrosa). Por razones de seguridad Trotsky no participó de la Conferencia. Días antes había sido asesinado por la GPU Rudolf Klement[17]. El Congreso dura solamente un día, en él se aprueba el Programa de Transición.
Las presiones provocadas por el avance del nazismo y del estalinismo, llevan a la capitulación a diferentes sectores que en un primer momento se habían incorporado a la tarea de construir una nueva Internacional. Por ese motivo la Cuarta es fundada por lo que fuera la Oposición de Izquierda Internacional. Fue fundada como continuidad programática, metodológica, moral, de la Tercera Internacional, expresada en sus cuatro primeros congresos. Trotsky había insistido en la necesidad de su fundación, para conservar las bases del leninismo y poder responder al ascenso revolucionario que se daría después de la Segunda Guerra Mundial. El ascenso se dió, pero la Cuarta no cumplió ese papel.
Nahuel Moreno decía que la IV Internacional nació con una cabeza de gigante y un cuerpo de enano. El asesinato de Trotsky, dos años después, dejó sólo el cuerpo de enano. Una dirección sin experiencia que tuvo que enfrentar no sólo la guerra y el terror nazista, sino también el terror, las persecuciones, los asesinatos del estalinismo. Terminada la guerra, esa dirección se vio sometida a las presiones del estalinismo, la socialdemocracia, los movimientos nacionalistas burgueses, y no supo responder, lo que llevó a la dispersión.
Hoy nos encontramos con la contradicción de que, cuando la realidad confirma su programa, la Cuarta no existe como organización.
Esa ausencia se siente con fuerza en momentos en que vivimos la heroica resistencia palestina contra el genocidio sionista, las movilizaciones internacionales de apoyo a Palestina, la guerra de Ucrania contra la invasión rusa, las grandes movilizaciones de Bangladech, la de los jóvenes ingleses contra el fascismo.
Esa realidad confirma la definición estratégica que asumió la LIT-CI desde su fundación: ponerse al servicio de la reconstrucción de la IV Internacional, continuidad revolucionaria de la Tercera Internacional leninista, como única forma de avanzar hacia el triunfo de la revolución socialista mundial.
[1] Escuela de Cuadros- Argentina 1984, Crux Ediciones
[4] Stalin había hecho votar en el CC (en ausencia de Lenin y Trotsky), una reducción de ese monopolio. Tanto Lenin (a pesar de ya estar enfermo) como Trotsky manifestaron su oposición y Lenin notificó a Stalin que Trotsky defendería su posición en la próxima reunión. Ante eso, Stalin retrocedió y el CC anuló su resolución anterior.
[5] Mi Vida, La enfermedad de Lenin, pág. 383. Editorial Pluma
[6] A fines de 1922, Stalin había formado un bloque con Kamenev y Zinoviev dentro del Politburó del partido bolchevique. Zinoviev dirigía la organización del partido en Petrogrado y Kamenev en Moscú, las principales ciudades rusas. Y Zinoviev era presidente de la Internacional Comunista. Ese bloque conocido como la “troika” que tenía la mayoría del Comité Central no se basaba en un acuerdo programático, sino en el apoyo mutuo para mantenerse como los principales dirigentes del partido
[7] Informe del XII Congreso del PC ruso, citado por Vadím Rogóvin en “Havia Alternativa ao stalinismo?”, pág. 146, Editora Sunderemann
[9] Preobrazzhenski: Principal economista bolchevique. Ingresó en 1903, dirigió la lucha clandestina en los Urales, en donde encabezó la lucha por la revolución y en Guerra Civil. Racovski: encabezó el primer gobierno soviético en Ucrania. Fue embajador soviético en Francia e Inglaterra. Muralov. Bolchevique desde 1903, dirigió a los Guardias Rojas en el asalto al Kremlin en octubre de 1917. Comandante del distrito militar de Moscú durante la guerra civil, miembro de la Comisión de Control del partido. Sosnovki, destacado periodista bolchevique, jefe de departamento de agitación y propaganda. Piatacov: Lenin dice en el “testamento” que era uno de los más destacados dirigentes de la joven generación.
[10] Citado por Dave Frankel en Historia de la Oposición de Izquierda.
[12] En 1921, el partido bolchevique había aprobado la aplicación de La Nueva Política Económica (NEP). Lenin la propuso como un mecanismo para levantar la economía soviética después de la destrucción de los años de la Guerra Civil, por medio de una limitada restauración del mercado libre. La idea básica era que el estado soviético mantuviese el control de los “centros decisivos” de la economía, mientras utilizaba el mercado para establecer un vínculo entre las ciudades y la economía
campesina. Los campesinos venderían el cereal voluntariamente a cambio de productos industriales que podrían comprar en el mercado.
[13] Stalin impuso la disolución del PCch en el Kuomintang, designando a su jefe, Chiang Kai Shek miembro honorario de la dirección de la Internacional. Después de la represión de Chiang Kai Shek que provocó la muerte de miles de militantes del partido, Stalin indicó la misma política en relación al Kuomintang de Izquierda
[14] A pesar de su capitulación, Zinoviev y Kamenev, acaban siendo condenados y fusilados en los procesos de Moscú.
Hace 80 años, entre el 1 y el 22 de julio de 1944, se realizó en Bretton Woods (New Hampshire – EE.UU.) una conferencia de la que participaron delegados de todos los gobiernos que integraban el campo de los Aliados en la II Guerra Mundial. La principal figura y orientador de la conferencia fue el economista británico John Maynard Keynes, cuya visiones teóricas (el “keynesianismo”) pasaron a ser predominantes en la economía política burguesa de la época.
Basada en las propuestas de Keynes, en la conferencia se firmaron los Acuerdos de Bretton Woods que creaban un sistema monetario internacional con el dólar estadounidense como “moneda patrón” de todas las transacciones internacionales. También fueron creadosel Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF, más conocido como Banco Mundial).
Este sistema monetario internacional fue una herramienta muy importante de lo que se conoce como el “boom económico de posguerra” (1945-1970) un “período de oro” del capitalismo imperialista. Estuvo vigente hasta 1970 cuando (de modo paralelo al fin del boom) el gobierno estadunidense de Richard Nixon lo finalizó de modo unilateral.
A continuación, presentamos el capítulo 5 del libro de Alejandro Iturbe “El sistema financiero y la crisis económica internacional”, sobre la crisis financiera internacional abierta en 2007/2008 que analiza esta conferencia y sus acuerdos, el contexto en que se dieron y las ideas centrales de Keynes[1].
En un próximo artículo, veremos lo ocurrido con el sistema monetario internacional desde 1970 y cómo está configurado en la actualidad.
El keynesianismo
La profundidad y la virulencia de la crisis abierta en 1929 que, realmente, hizo cimbrar los cimientos capitalistas, impulsó a que los políticos y economistas burgueses comenzaran a pensar no sólo en la forma de atenuar sus efectos sino, centralmente, cómo evitar un nuevo cataclismo de esa magnitud.
Entre ellos, se destacó claramente el economista británico John Maynard Keynes (1883– 1946), en especial, a través de su libro Teoría general del empleo, el interés y el dinero (1936). Los economistas burgueses clásicos, como Adam Smith, defendían a ultranza la “mano invisible del mercado” (y las propias crisis cíclicas) como mecanismo suficiente para garantizar el funcionamiento y el desarrollo equilibrado del sistema capitalista, y se oponían a toda intervención del Estado en los mercados. Keynes, por el contrario, consideraba que el funcionamiento natural del mercado (movido por el interés individual de los empresarios) llevaba a profundos desequilibrios y deformaciones del sistema que, cuando se acumulaban, producían crisis como la de 1929.
Frente a eso, proponía un papel activo y preponderante del Estado que, a través de políticas monetarias y fiscales (emisión de moneda, crédito, exenciones o recargas impositivas, obras públicas) corrigiese esos desequilibrios, especialmente en los momentos de falta de dinero y de caída pronunciada de la demanda. El objetivo era atenuar los efectos adversos de los ciclos económicos (en especial de las depresiones), transformándolos en una secuencia más armónica, con forma de meseta. Por eso, una parte importante de sus propuestas eran las “medidas anticrisis”.
Keynes es considerado el padre de la moderna teoría macroeconómica burguesa y con él nace la “política económica”; es decir, los programas y medidas que los gobiernos aplican en su intervención en la economía. En la década de 1930, sus teorías fueron la base de la política aplicada, en EE.UU., por el gobierno de Franklin Roosvelt (el New Deal). A partir de allí, el keynesianismo se transformó en la “doctrina económica oficial” de la mayoría de los gobiernos capitalistas y su influencia aún permanece en muchos economistas burgueses keynesianos o neokeynesianos, como Stiglitz y Krugman.
Algunas de las políticas propuestas por Keynes estaban destinadas a garantizar la existencia de aquellos segmentos de la economía que, aunque necesarios para el funcionamiento y el desarrollo de un país, no resultaban interesantes o no podían ser atendidos por la iniciativa privada (es decir, directamente por la burguesía). Como las obras de infraestructura que requerían altas inversiones de capital y tenían una baja tasa de retorno, o las empresas de servicios que la burguesía ya no quería administrar, por ejemplo, el transporte. Así nació el llamado estado empresario.
Después de la Segunda Guerra Mundial, los gobiernos también impulsaron otros servicios públicos (desde salud y educación, deporte social, comedores populares, hasta la vivienda y pequeños requerimientos crediticios) destinados a los sectores populares, necesidades que nunca fueron atendidas directamente por la burguesía, o lo fueron muy escasamente. Eso dio origen al llamado “estado de bienestar” que, en la práctica, creaba un “salario social” que los trabajadores recibían del estado a través de esto servicios, financiados con la aplicación de los impuestos o la emisión de moneda. Este “salario social”, como subproducto del enfoque de las políticas keynesianas, por un lado, daba un impulso adicional a la demanda. Por el otro, como elemento central, ayudaba a amortiguar los procesos de la lucha de clases y a evitar riesgos revolucionarios.
El sistema monetario de Bretton Woods
En 1943, ya en curso la II Guerra Mundial y superada la fase más aguda de la crisis, Keynes propuso un plan para el restablecimiento del comercio mundial y la constitución de una “autoridad monetaria internacional” que permitiese la existencia de “monedas sanas”. El plan fue adoptado por la conferencia realizada en Bretton Woods (New Hampshire, EEUU), en julio de 1944, de la que participaron delegados de todos los países que integraban el “bando aliado” (Keynes presidió la delegación británica).
Los “acuerdos de Bretton Woods” establecieron varias cuestiones centrales. La primera de ellas fue que el dólar sería la “moneda patrón” del sistema monetario, comercial y financiero internacional. El gobierno de EEUU garantizaría la convertibilidad dólar-oro con las reservas almacenada en Fort Knox. Se estableció una cotización de 35 dólares por onza troy (31 gramos) de oro.
Este hecho representaba una inmensa ventaja para EEUU, algo que sólo puede explicarse por el grado de hegemonía económica, política y militar lograda por este país con la II Guerra Mundial. Por un lado, a través del dólar, intervenía, de hecho, en todas las operaciones monetarias internacionales. Por el otro, era el dueño de la “máquina de imprimir dólares”. Y como no se había establecido ningún mecanismo de auditoría e inspección para verificar si la cantidad de dólares circulantes en el mundo coincidía con el oro almacenado por la Reserva Federal, el gobierno de EEUU (y su burguesía) disponían de capital monetario a su antojo por el simple mecanismo de imprimir billetes. Como veremos más adelante, ésta “sobreimpresión” fue una de las razones que llevó a la caída del sistema monetario establecido en Bretton Woods, por decisión unilateral del gobierno de Richard Nixon, en 1971.
En la misma conferencia fueron creadosel Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF, más conocido como Banco Mundial), con capitales aportados por las diversas naciones participantes. El objetivo formal del FMI era garantizar la estabilidad monetaria de los países miembros, a través de préstamos otorgados en los momentos de “sequedad”. El del Banco Mundial era, primero, financiar las obras de reconstrucción de los países destruidos por la guerra y, luego, impulsar las obras públicas de infraestructura en los otros países. Luego veremos cuál terminó siendo la función real de ambas instituciones. Es importante señalar que, en los consejos de administración de ambos organismos, los países votaban proporcionalmente al capital aportado. Como la mayoría del capital provenía de un préstamo de EEUU, este país tenía asegurada su supremacía.
Veinticinco años de boom económico
El sistema financiero y monetario creado en Bretton Woods fue un factor muy importante para el mejor período del capitalismo durante el siglo XX: el “boom económico de posguerra”, que se extendió hasta finales de los 60, en el que logró garantizar, simultáneamente, buenos índices de crecimiento económico, tasas de ganancia satisfactorias y un mejoramiento del nivel de vida de las masas en los países imperialistas y otras regiones.
El boom económico (25 años de crecimiento capitalista constante, casi sin crisis) se explica por una combinación, en gran medida irrepetible, de factores económicos y políticos. Como factores políticos, además del grado de hegemonía logrado por el imperialismo estadounidense, al que ya nos hemos referido; estuvo la política de colaboración del estalinismo que frenó la revolución socialista en países imperialistas claves como Francia e Italia y, como dirección indiscutible de los trabajadores, colaboró con la reconstrucción capitalista de esos países.
En términos económicos, fue financiado básicamente por la emisión de dólares estadounidenses (por ejemplo, el Plan Marshall). Estos capitales encontraban destinos productivos rentables. En primer lugar, por la gran quema de capitales de capitales que provocó la crisis de 1929 y la destrucción física de capital fijo ocasionada por la II Guerra Mundial. En segundo lugar, por la entrada de nuevas ramas económicas (como la petroquímica y la electrónica, que reordenaron todo el sistema productivo) y también por la generalización de otras ramas, como la automotriz, en los países atrasados.
En un trabajo ya clásico, que analiza las raíces y las características de la crisis de la década de 1970, Pier Salama y Jacques Valier, dedican el último capítulo a analizar la importancia de la intervención del Estado en la economía de los principales países imperialistas en la segunda posguerra. Una de las conclusiones es que esta intervención era lo que explicaba que, si bien durante los 25 años del boom había habido varias crisis cíclicas, las fases descendentes fueron de menor intensidad y de menor duración (Una introducción a la economía política, Ediciones Era, México, 1973, pág. 155). Por esa razón, los economistas burgueses comenzaron a utilizar, de modo diferenciado, los términos “recesión”, para referirse a estas crisis más cortas, y “depresión”, para denominar las crisis más largas y profundas, como la iniciada en 1929.
La ruptura de los acuerdos
Pero, en un punto, todo lo bueno se termina. Nuevamente existían grandes capitales excedentes o, para ser más precisos, a partir de Bretton Woods, grandes masas de “dólares excedentes”, resultado de la emisión excesiva. Comenzó a hablarse de “eurodólares” (resultantes del Plan Marshall) y, más tarde, también de “petrodoláres” (en manos de los países árabes exportadores de petróleo).
Fue esa situación la que llevó al presidente Richard Nixon, en 1971, a romper unilateralmente la convertibilidad oro-dólar y, con ello, poner fin a los acuerdos de Bretton Woods y al sistema monetario surgido en 1944. El dólar siguió siendo, de hecho, la moneda padrón del mercado mundial pero ahora sin el “orden monetario formal” que garantizaba estos acuerdos.
Una de las consecuencias de esta ruptura fue que el sistema monetario internacional se volvió mucho más inestable, sujeto a las fluctuaciones permanentes de las cotizaciones de las monedas, especialmente del dólar y de las monedas “duras” de los países imperialistas. Desde este punto de vista, también quedó mucho más expuesto a las intervenciones especulativas en el mercado de monedas, como, por ejemplo, las realizadas por George Soros contra el rublo o el real, en años recientes.
La crisis de los 70 y sus consecuencias
Después de la primera señal clara que representó la medida de Nixon, esta crisis se expresó, a partir de 1973, en el fuerte aumento de los precios del barril del petróleo, empujado simultáneamente por la caída de las reservas y la producción de EE.UU, por el conflicto bélico árabe-israelí y por la presión de los países de la OPEP para mejorar su participación en la renta petrolera. El alza de los precios del petróleo impactó negativamente sobre la industria automotriz, la siderurgia y otras ramas de alto consumo de combustible y energía.
A diferencia de la lógica deflacionaria propia de los procesos recesivos, la crisis de los 70 tuvo un carácter inflacionario. El aumento del precio de un insumo básico, como el petróleo, desató lo que los economistas burgueses llaman “puja por los precios relativos”. Es decir, una pelea por la masa de plusvalía extraída que, como resultado de la crisis, comienza a decrecer. Todas las mercaderías aumentan y la economía se vuelve inflacionaria. Como, al mismo tiempo, la economía estaba estancada o decrecía, a partir de esta crisis comenzó a hablarse de “estanflación” (estancamiento + inflación).
Según la nueva escuela económica burguesa predominante (los neoliberales seguidores de Milton Friedman), esta situación era el resultado de décadas de políticas keynesianas y del exceso de dinero inyectado por la intervención del estado, cuyas consecuencias negativas había que corregir con “planes de ajuste” de los presupuestos estatales y la “reestructuración” de los sistemas económicos y productivos.
Aplicando los consejos de la “escuela de Chicago”, los gobiernos burgueses (no sólo de las semicolonias, también de los países imperialistas), comenzaron a liquidar el “estado empresario”, privatizando las empresas públicas; a eliminar el “estado de bienestar”, reduciendo a su mínima expresión los servicios públicos y el “salario social”, y a “desregular” la economía de trabas arancelarias y legislativas. Al mismo tiempo, atacaron, y en gran parte desmontaron, las conquistas obreras de la época del boom, reduciendo el salario y endureciendo las condiciones y ritmos laborales (aumentando así enormemente la extracción de plusvalía absoluta y relativa). Todos estos procesos tuvieron un gran impacto en la dinámica económica y financiera de los años posteriores.
Sin embargo, a pesar del “discurso público” de la corriente neoliberal, el estado continuó teniendo un gran peso en la economía, como veremos más adelante. Sólo que lo hacía a través de mecanismos distintos, mucho más especulativos y parasitarios.
¿Es posible otro Bretton Woods?
Desde le desinfle de la burbuja inmobiliaria en EE.UU., en 2007, (y más aún, después del crack financiero de setiembre de 2008), se multiplican las voces que reclaman la necesidad de un nuevo acuerdo financiero mundial del tipo de Bretton Woods. Desde los neokeynesianos, como Stiglitz y Krugman, que ganan renovado prestigio y oídos burgueses para sus propuestas, hasta el “keynesianismo de izquierda” del Foro Social Mundial y de Ignace Ramonet, director de Le Monde Diplomatique.
Por nuestra parte, vemos prácticamente imposible un acuerdo que permita un “orden” o “arquitectura” financiera internacional similar al logrado en Bretton Woods porque hoy no existe casi ninguna de las condiciones económicas y políticas que permitieron ese acuerdo.
Uno de esos factores centrales fue la hegemonía económica-político-militar lograda por EEUU, en 1944, que así pudo imponer el dólar como moneda-patrón de la economía mundial. Hoy, esa hegemonía se encuentra bastante cuestionada en el plano político-militar y EEUU no tiene intenciones de reconstruir esos acuerdos. Al mismo tiempo, no aparece otro país, o grupo de países, que pueda reemplazarlo y jugar ese papel. Basta ver la crisis del euro, en este sentido. Ramonet responde que, lejos de ser un obstáculo, esto representa un aspecto positivo, ya que eso permitiría incluir en la “mesa chica” en que se toman las decisiones a “países como China, India, África del Sul, Brasil y México”. Algo así como un Bretton Woods “democratizado”.
El problema no es únicamente que Bretton Woods sólo fue posible por la hegemonía estadounidense sino que la lógica de la “arquitectura financiera” que surgió en 1944 estaba destinada a reforzar y ampliar esa hegemonía, sin que nadie pudiera cuestionarla. Pensar que la burguesía y el gobierno de EEUU (incluso en decadencia) van a estar dispuestos a ceder “amablemente” y compartir su poder con los “países emergentes” es no comprender la esencia del imperialismo y, en particular, el de EEUU. Es olvidar, por otro lado, que Nixon, ya en 1971, rompió unilateralmente los acuerdos, en condiciones mucho menos problemáticas. El capitalismo imperialista no es un sistema “maligno” por una cuestión de “mala voluntad”: es un sistema profundamente negativo para la humanidad por las tendencias profundas que surgen de sus propias leyes de funcionamiento. La otra alternativa es que, quizás Ramonet piense qué sea posible imponerle a la burguesía imperialista estadounidense un nuevo acuerdo “democratizado”, contra sus intereses y contra su voluntad. Otro factor, secundario pero muy importante, es que los acuerdos de Bretton Woods fueron precedidos por la gran quema de capitales que provocó la crisis de 1929 y por la destrucción de capital físico de la II Guerra Mundial, especialmente en Europa. En otras palabras, la “casa imperialista estaba en orden” y dispuesta a recibir nuevas inversiones de alta rentabilidad. Actualmente, esa situación no existe: la quema de capitales (más allá del importante derrumbe que ya hemos visto) apenas ha comenzado. Y las burguesías, los gobiernos y los bancos centrales de los países imperialistas están más preocupados en un “sálvese quien pueda” que en construir una nueva “arquitectura financiera” internacional.
[1] El libro fue publicado en portugués por la Editora Sundermann (Brasil), en 2009, y en español. Por entregas, en varias ediciones de la revista Marxismo Vivo.
El gobierno de Petro y en especial su ministra de ambiente y desarrollo sostenible Susana Muhamad han promovido enérgicamente la realización de la COP-16 en la ciudad de Cali, evento que traerá más de 15.000 visitantes a la misma del 21 de octubre al 1 de noviembre de este año; se trata de la decimosexta reunión de la Conferencia de las Partes (COP), organismo que dirige y monitorea el Convenio sobre la Diversidad biológica (CDB) de las Naciones Unidas, tratado internacional suscrito por 195 países y cuyo origen se remonta a la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de 1992.
Esta conferencia internacional que se lleva a cabo cada dos años y que busca según sus objetivos plantear medidas, marcos y agendas para conservar la biodiversidad en el planeta y darle un uso sostenible, contará en su versión 16 con la participación de 12 jefes de estado (entre estos Lula da Silva de Brasil) y más de 100 ministros de ambiente de las naciones capitalistas, así como con 14.000 delegados internacionales. Habrá una zona azul para las delegaciones “de alto nivel” y una zona verde para la “participación” de la “gente”, lo que ya de por sí le crea una marca de elitismo y de falsa inclusión al evento por la separación del alto burocratismo internacional medioambiental del resto de la “gente”.
El gobierno Petro ha señalado un sinnúmero de bondades que traería esta conferencia para sectores económicos de Cali como el turismo, el comercio, el transporte, e incluso prometiendo la generación de nuevos puestos de trabajo; también indicando que se deben mostrar compromisos, avances y mejoras por parte del estado colombiano en cuanto al control de las problemáticas ambientales y la conservación de la biodiversidad del país. Sin embargo, vale la pena cuestionar si de esta “bonanza” temporal y circunstancial los mayores beneficiarios serán los grandes empresarios de estos sectores económicos, mientras que la mayoría de los trabajadores locales seguirán padeciendo los altos niveles de desempleo e informalidad laboral que azotan a la ciudad de Cali como al resto del país.
El gran rechazo a nivel nacional que ha recibido la mediocre intentona del periodista Luis Carlos Vélez director del medio radial burgués “la FM” de minimizar este evento como parte de su campaña derechista permanente de desgaste y oposición al gobierno, puede reflejar de forma distorsionada una expectativa sembrada en la consciencia de capas de trabajadores, sectores populares y juveniles, y del activismo social, ambientalista y político, ante el desarrollo y los resultados de la COP-16 en Colombia.
Más allá de estos debates sobre la relevancia del evento o de su impacto en la economía de Cali, queremos compartir con los trabajadores, la juventud y el activismo social y ambiental una perspectiva crítica del mismo, partiendo por reconocer que ante el avasallante y desesperanzador escenario ambiental que actualmente vivimos y padecemos de distintas maneras en todos los países del mundo, son muchos los sectores de trabajadores, populares, campesinos y de los pueblos originarios, y especialmente la juventud, quienes se han preocupado honestamente por la superación de la crisis ambiental y ecológica, y consecuentemente han desarrollado un activismo ecológico acorde con su nivel de consciencia, que los ha colocado al frente de luchas que han logrado la protección real y concreta de ríos, páramos, especies de fauna y flora, y ecosistemas enteros.
No hay paz con la naturaleza en el capitalismo
El lema principal de la COP-16 Colombia es “paz con la naturaleza”, pero también ha sido promovida como la COP de “la gente y la reconciliación”. Según la misma página de la COP-16 Colombia este lema es “un llamado a la reflexión para mejorar la relación que tenemos con el ambiente, repensar un modelo económico que no priorice la extracción, sobreexplotación y contaminación de la naturaleza”, pero todo esto sin rebasar los marcos del sistema capitalista.
En esta COP-16 se plantea hacer seguimiento a la implementación de los estados parte de la CDB al Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal adoptado por 192 países en la anterior COP-15 realizada en Canadá en diciembre de 2022. Este marco que según el programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente busca “detener y revertir la pérdida de la naturaleza, en un contexto de peligroso declive que amenaza la supervivencia de un millón de especies y afecta a la vida de miles de millones de personas” y cuyo objetivo es “salvaguardar y utilizar de manera sostenible la biodiversidad”, ha sido catalogado como un paso histórico, pero paradójicamente fue dirigido por China, uno de los países con el capitalismo más depredador de recursos y destructor de la naturaleza en el planeta.
Una de las razones fuertes que le permitió a Colombia ser la sede elegida de este evento internacional es que hace parte del grupo privilegiado de países megadiversos del mundo, siendo el segundo más biodiverso al albergar en su territorio el 10% de la biodiversidad del planeta. Recordemos que la biodiversidad hace referencia a la riqueza en diversidad de especies de la fauna y flora vivas de un territorio, cuya preservación es fundamental para el sostenimiento de los ecosistemas y la permanencia de las diversas formas de vida en el planeta.
Pero esta biodiversidad del país está amenazada constantemente por nuestro sometimiento al imperialismo principalmente al estadounidense, estado que firmó más no ha ratificado aún el CDB y para el cual somos parte de su patio trasero, por lo que la abundante riqueza natural y biodiversidad de nuestros ecosistemas es continuamente expoliada, apropiada y enajenada (robada) por voraces capitalistas nacionales y extranjeros.
La ministra Muhamad ha declarado que la verdadera lucha del siglo XXI es por la vida y que esta se debe orientar a la transformación de la relación del ser humano con la naturaleza, así como al cambio de “nuestras prácticas de producción y consumo”, para conseguir acciones colectivas que “impulsen la vida en lugar de destruirla”.
Proteger la biodiversidad implica derrotar el sistema
Nosotros consideramos que hoy luchar por la vida de las más de 8,7 millones de especies del planeta (cálculo científico que no cuenta bacterias y microorganismos), dentro de las cuales la especie humana debe incluirse como parte integral de la naturaleza y a la vez la única especie que construye una barrera separadora de la misma que es el mundo social, implica desarrollar la lucha contra el decadente sistema capitalista en su fase imperialista, y por la superación definitiva de este, con la instauración de un sistema social superior, que es el socialismo. Porque solamente el socialismo nos va a permitir a los pueblos del mundo transformar radicalmente (de raíz) la relación del ser humano con la naturaleza al romper la dinámica del metabolismo social del capitalismo que lleva a la constante depredación de la naturaleza y a poner en al orden del día la destrucción de la vida de millones de especies, incluida la del ser humano.
La lucha por la vida debe significar mucho más que sólo cambiar las prácticas de producción y consumo dentro de los marcos del capitalismo, de pasar de unas prácticas “no sostenibles” y “salvajes”, a unas más “verdes”, más “limpias” y más “responsables”. Se debe construir una nueva forma de producción de la riqueza social, en la que la economía esté al servicio de las necesidades de la gente trabajadora y de las comunidades originarias y campesinas, y que esta economía se planifique de tal manera que se utilicen los recursos naturales necesarios para satisfacer estas necesidades y se conserven los ecosistemas en el máximo nivel requerido para revertir el ecocidio en curso. El funcionamiento del capitalismo no podrá ser nunca verde o limpio, porque su lógica es acumular ganancias sin límites a costa de la explotación indiscriminada de la naturaleza y de las vidas de los trabajadores, ya que se ha demostrado históricamente que es una máquina que hiede lodo y sangre a su paso.
Prueba de esto es que a pesar de las numerosas conferencias medioambientales y climáticas realizadas en estas tres décadas, estas no han logrado detener los desastrosos impactos del capitalismo sobre la naturaleza, por el contrario, se han agravado. Por ejemplo, se ha producido una enorme aceleración de las emisiones de GEI a la atmósfera, ya que solo en los últimos 30 años (1990-2019) se liberaron a la atmósfera el 42% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), desde 1850. Cada año se rompen récords de las temperaturas más altas registradas en el planeta. Según Green Facts “en los últimos cien años, el hombre ha provocado una tasa de extinción al menos 100 veces superior a la natural. El ritmo actual de extinción supera ampliamente al de aparición de nuevas especies, lo que se traduce en una pérdida neta de biodiversidad”.
Por todo lo anterior hacemos un llamado paciente a no dejarnos engañar por las promesas y compromisos que surjan de la COP-16, cumbre en donde las naciones imperialistas muestran su cara más amable e hipócrita valiéndose del diálogo social y ambiental, y que con la participación de los gobiernos de las naciones capitalistas subyugadas, pretenden conjuntamente lavar su imagen, cuando en realidad son corresponsables directos de la crisis climática y ecológica mundial al representar a los sectores capitalistas e imperialistas que llevan las riendas del sistema que ejecuta el ecocidio mundial y nos conduce ya al límite del colapso ecológico y la barbarie.
GAZA, 14/10/2024.- Al menos cuatro personas han muerto y más de 40 han resultado heridas por un bombardeo del Ejército israelí contra tiendas de desplazados en el hospital Mártires de al Aqsa, en el centro de Gaza, esta madrugada. EFE
Por Soraya Misleh
Israel continúa imponiendo hambre y sed a 400.000 palestinos en el norte de Gaza, mientras lanza bombas sobre sus cabezas y dispara indiscriminadamente contra toda la población, contra todo lo que se mueve: niños y mujeres entre las mayores víctimas. Las escenas son macabras.
Bloques residenciales enteros se reducen a polvo en cuestión de minutos. La imagen de niños destrozados, una vez más, espanta. Otro capítulo más en la historia de horror del genocidio que se prolonga desde hace un año y que ya se ha cobrado al menos unas 180.000 víctimas palestinas sólo en la estrecha franja. La mayoría son mujeres y niños. Según una investigadora de la Universidad de Edimburgo, habrá 335.500 muertes hasta finales de 2024 (14% de la población de Gaza) si la carnicería continúa.
Lo que está en marcha ahora, en el norte de Gaza, es lo que se llama el “Plan de los Generales”. Presentada a los dirigentes sionistas por un grupo de sus oficiales retirados, bajo el liderazgo de Giora Eiland, es una versión actualizada de la infame Doctrina Dahiyeh, desarrollada “en campo” durante la invasión israelí al Líbano en 2006, en el suburbio de Beirut que lleva ese nombre. En otras palabras, sobre los cuerpos libaneses en la época –y ahora revisitada también en estos–.
La Doctrina Dahiyeh tiene como objetivo causar la máxima destrucción a toda la población para volverla contra su propia resistencia. No está funcionando. Al igual que su nueva versión, el “Plan de los Generales”, que confina, sin agua ni alimentos, a 400.000 palestinos en el norte de Gaza, mientras los quema vivos, bombardea sus escuelas y hospitales y promueve más y más masacres, no está funcionando.
Sin salida en verdadero campo de concentración en que Israel ha transformado a Gaza, muchos palestinos se niegan a abandonar sus hogares; la situación en el sur es igualmente insostenible, no existe una zona segura en el gueto en el que están atrapados.
Los palestinos, la mayoría de los cuales son jóvenes –en Gaza, la mitad tiene menos de 18 años– saben que la resistencia no es una elección, es existencia bajo la constante amenaza de ser borrados del mapa.
Esto en toda la Palestina ocupada, sometida a genocidio, limpieza étnica, colonización, apartheid, racismo. Un sentimiento que es compartido en el refugio/diáspora. Han pasado 76 años de continua Nakba, la catástrofe palestina cuya piedra angular es la formación del genocida Estado de Israel en 1948.
Muestra de ello son las expresiones de todas las partes, del pueblo palestino y árabe en general, tras el asesinato del combatiente palestino Yahia Sinwar, quien murió luchando un arma en la mano por la libertad de su pueblo. «La resistencia nunca muere».
“Con sangre escribimos por Palestina”, había dicho el revolucionario palestino marxista Ghassan Kanafani.
Apoyar incondicionalmente la heroica e histórica resistencia palestina es papel de la solidaridad internacional, de los oprimidos y explotados que entienden que esta lucha también es suya, por su liberación.
En esta dirección, es urgente ampliar el aislamiento internacional de Israel, aumentando la presión para que todos los Estados rompan inmediatamente las relaciones con este enclave militar del imperialismo. Y profundizar así el principio del fin del proyecto colonial sionista, hacia una Palestina libre del río al mar.
Un año de genocidio en Gaza. Un año más de resistencia del pueblo palestino. A partir de su falsa propaganda, Israel se sintió apoyado, como base militar del imperialismo en la región de Medio Oriente y el Norte de África, para buscar su “solución final” en la continua Nakba (la catástrofe palestina cuya piedra angular es la formación de este Estado racista el 15 de mayo de 1948).
Por Soraya Misleh
Según un estudio de investigadora de la Universidad de Edimburgo, si el genocidio continúa, para finales de 2024 habrá alrededor de 335.500 palestinos muertos en Gaza, 14% de la población de la estrecha franja. Y hay experimentos de reproducción del genocidio en Cisjordania y el Líbano. Pero lo decimos alto y claro: resistimos, existimos, no seremos borrados del mapa.
El pueblo palestino ha enfrentado esta amenaza durante más de 76 años, en la continua Nakba. En 1948, sobre sus cuerpos y los escombros de sus aldeas, se creó Israel sobre 78% de la Palestina histórica. Desde entonces, la sociedad palestina ha estado completamente fragmentada: la mitad de los 13 millones se encuentran en refugio/diáspora y la otra mitad bajo colonización violenta, apartheid, limpieza étnica y genocidio.
En 1948, dos tercios fueron expulsados violentamente en una limpieza étnica que incluyó genocidios en decenas de aldeas en las que las violaciones fueron instrumentales para aterrorizar a la población y obligarla a abandonar las tierras que siempre habían sido suyas. Alrededor de 800.000 palestinos se convirtieron en refugiados de la noche a la mañana y alrededor de 530 aldeas fueron destruidas para dar paso a los kibutzim (asentamientos que proliferan cada día, construidos, por lo tanto, en tierras palestinas). Kibutzim como los ubicados alrededor de la Franja de Gaza, que fue ocupada militarmente, junto con Cisjordania y la Ciudad Vieja de Jerusalén, en 1967.
Gaza y Cisjordania
Gaza ya se enfrentaba a una situación dramática, después de 17 años de criminal cerco sionista y una serie de masacres. Naciones Unidas (ONU), en 2015, incluso llegó a afirmar que la estrecha franja se volvería inhabitable en cinco años. No empezó ahora, cuando todo está destruido y la carnicería continúa, además de la imposición israelí al hambre, la sed, la falta de condiciones sanitarias y de tratamiento médico a los ahora más de 2 millones de palestinos (aparte de los que fueron asesinados).
En Cisjordania y la Ciudad Vieja de Jerusalén, el apartheid, la agresiva expansión colonial y la limpieza étnica son la norma a la que la ocupación sionista somete a unos 3,2 millones de palestinos. En esta nueva fase de la Nakba, más de 700 personas han muerto y miles han resultado heridas, con decenas de ciudades sitiadas y aldeas despobladas, en medio de ataques de las fuerzas de ocupación y pogromos de colonos racistas y violentos. Israel ha autorizado nueve mil nuevos asentamientos en medio del genocidio actual. El robo de tierras palestinas se acelera. Además, se ha más que duplicado el número de presos políticos, que son sometidos a torturas indescriptibles, incluida la violación.
La responsabilidad del Brasil: el gobierno de Lula necesita romper relaciones con Israel de inmediato
A diferencia de lo que presenta el oligopolio mediático en manos de los grandes capitalistas, lo que vemos hoy no es una guerra entre iguales, sino, vale reafirmarlo, un genocidio –conforme se describe incluso en la Convención para la Prevención y la Represión del Crimen de Genocidio, ratificado por Brasil el 15 de abril de 1952.
Según esta Convención, que irónicamente se remonta al 9 de diciembre de 1948 –cuando los palestinos se encontraban ante la piedra fundamental de la Nakba–, “se entiende por genocidio cualesquiera de los siguientes actos, cometidos con la intención de destruir, total o parcialmente:, un grupo nacional, étnico, racial o religioso, tales como: asesinato de miembros del grupo; daño grave a la integridad física o psíquica de los miembros del grupo; sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que le causen destrucción física total o parcial; medidas para prevenir nacimientos en el seno del grupo; traslado forzoso de menores de un grupo a otro”.
En otras palabras, todo lo que Israel hace contra el pueblo palestino está ampliamente documentado y es transmitido en vivo. Los signatarios de esta Convención tienen la obligación de no permitir el genocidio y pueden ser considerados responsables por inacción u omisión. Entre ellas, “establecer sanciones penales efectivas” para quienes cometan este crimen de lesa humanidad.
El gobierno habla de genocidio, pero no rompe relaciones
Niños caminando por los restos calcinados del campamento de refugiados del Hospital Al Aqsa, en Deir al-Balah, Gaza, donde murieron 4 personas quemadas y más de 20 resultaron con quemaduras graves, tras un bombardeo israelí.
Lula reconoció, allá por febrero, durante su participación en la 37ª Cumbre de la Unión Africana en Etiopía, el genocidio cometido por Israel contra el pueblo palestino en Gaza, y lo reiteró en otras ocasiones.
Sin embargo, un año después –y con el genocidio tocando a las puertas del Líbano y con más intensidad en Cisjordania–, Brasil no sólo mantiene acuerdos y relaciones con Israel, sino que, a través de su Ministerio de Relaciones Exteriores, difundió el 7 de octubre de 2024 una nota de prensa digna de repudio.
En el comunicado, el gobierno de Lula insiste en clasificar erróneamente a la resistencia palestina como “ataques terroristas”, lo que ignora el reconocimiento del derecho de los pueblos colonizados a resistir por todos los medios, y se hace eco de la propaganda de guerra contra todo el pueblo palestino. La nota es tan lamentable que los palestinos no existen en ella. El genocidio que reconoció Lula está ausente.
Con motivo del primer aniversario del genocidio y de la heroica e histórica resistencia palestina, que no disminuye, en las calles y en todas partes se alzan voces que exigen la ruptura inmediata de las relaciones económicas, académicas y diplomáticas con el Estado genocida de Israel. Esta es la solidaridad que necesitamos y queremos. Seguiremos en marcha hasta la Palestina libre del río al mar.
Recientemente, un operativo del ejército israelí asesinó a Yahya Sinwar,el principal líder político militar de Hamas en la Franja de Gaza, a quien se señalaba como el autor intelectual del ataque que esa organización realizó en territorio israelí, el 7 de octubre de 2023. A fines de setiembre, en Líbano, había asesinado al líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah. Se trata sin dudas de golpes muy fuertes asestados por el sionismo a organizaciones que lo combaten y deben haber tenido un fuerte impacto en el pueblo palestino, en el libanés y en el conjunto de los pueblos árabes y musulmanes, al ver caer a quienes eran vistos cómo los principales referentes de la resistencia armada al estado sionista. A pesar de ello, consideramos que no significarán el “triunfo definitivo” del estado sionista y que la lucha contra el sionismo seguirá en la región y en el mundo, en los diversos planos en que se libra.
Por Alejandro Iturbe
En este artículo, vamos a partir de la lucha del pueblo palestino por recuperar su territorio histórico usurpado por el enclave imperialista que es el estado sionista. Desde la creación de este enclave (en 1948), este pueblo ha vivido la expulsión y la condena al exilio, y también ataques y agresiones permanentes por parte del sionismo a aquellos que permanecieron en el territorio. Una durísima realidad cotidiana que los palestinos llaman la nakba (catástrofe) permanente. Ataque que, en la Franja de Gaza, apela directamente a métodos genocidas y un nuevo intento de expulsión en masa.
A pesar de ello, en el marco, de esas durísimas condiciones, el pueblo palestino resiste con obstinación y heroísmo, lucha con lo que tiene mano contra un enemigo muchísimo más poderoso en el campo militar y mantiene la aspiración de recuperar su territorio histórico usurpado por el sionismo. Así lo expresa, con emoción y dolor, Soraya Misleh, activista palestina nacida en Brasil, en un artículo reciente: “Seguiremos en marcha hasta la Palestina libre del río al mar”[1]. Esta obstinación y heroísmo del pueblo palestino, que se transmiten de generación en generación, es el factor básico por el que el estado sionista no consigue su “triunfo definitivo”[2].
Si vemos específicamente la Franja de Gaza, Hamas es la que organización que ha dado cuerpo a la resistencia y el combate de la población palestina de ese territorio contra el estado sionista y sus agresiones permanentes. Más allá de las diferencias que tenemos con esa organización, la defendemos de los ataques sionistas y estamos en el mismo campo en su lucha militar. Por eso, no “condenamos” o criticamos sus métodos y acciones militares (como el ataque del 7 de octubre pasado) tal como hacen otras organizaciones de izquierda[3].
En este sentido, como reflejo de la «obstinación» del pueblo palestino, Hamas ha expresado que continuará su lucha a pesar del asesinato de Sinwar: «Matar a nuestros líderes no significa nuestro fin (…) Hamas es un movimiento de liberación dirigido por personas que buscan la libertad y la dignidad, y esto no se puede eliminar»[4].
Fotografía de Yahya Sinwar, recientemente asesinado por las fuerzas de ocupación sionistas.
Es muy interesante señalar que en el propio Estado de Israel, donde siempre se identifica la resistencia en Gaza con el “terrorismo” de Hamas, algunos medios sionistas consideran que no se puede afirmar que se ganó la guerra en Gaza. En un artículo reciente, The Jerusalem Post analiza:“Además, hasta ahora, Hamas no ha sido derrotado. ¿Se derrumbará ahora sin Sinwar? Probablemente no”[5].
¿Cuál debe ser el objetivo de la lucha del pueblo palestino?
En este punto, es necesario ampliar nuestro foco porque la lucha del pueblo palestino contra el enclave imperialista sionista se expresa no solo en el territorio histórico y en su región inmediata sino de hecho, en todo el mundo y a través de una combinación de métodos de lucha. En el marco de movilizaciones unitarias, al pueblo palestino y a los que apoyan su lucha les llegan diversas propuestas sobre cuáles debe ser los objetivos de esta lucha y los caminos para alcanzarlos, con intensos debates entre propuestas diferentes y, muchas veces, enfrentadas entre sí.
Desde su fundación, en 1982, la LIT-CI apoya incondicionalmente la lucha del pueblo palestino por recuperar su territorio histórico usurpado por el enclave político-militar imperialista, desde 1948. Esta definición continúa la tradición del trotskismo y de la IV Internacional, enfrentada con la del estalinismo, que apoyó la creación del enclave sionista.
Nuestra posición se expresó en tomar como propia la consigna fundacional de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) “Por una Palestina Laica Democrática y No Racista”[6]. Una consigna que fue abandonada por esta organización con los acuerdos de Oslo, en 1993)[7]. El pueblo palestino mantiene esta aspiración y la expresa a través de la consigna “Por una Palestina Libre del Río [Jordán] al Mar [Mediterráneo]”. Para alcanzar ese objetivo, es imprescindible derrotar militarmente y destruir el Estado sionista. No hay forma de que el pueblo palestino recupere su territorio mientras exista el enclave sionista-imperialista que lo usurpa.
Esto nos ha llevado a debatir con los que proponen que el objetivo de la lucha palestina debe ser la creación de un mini-estado palestino en Gaza y Cisjordania, que coexista, lado a lado, con el Estado de Israel en las fronteras de 1967 (es decir, ocupando 78% del territorio histórico de Palestina). La hemos combatido políticamente, como “la falsa solución de los dos Estados”[8].
También con aquellos que proponen desde la izquierda, e incluso desde el trotskismo, que el principal camino para lograr que el pueblo palestino recupere su territorio es la conformación de una alianza con la clase obrera israelí contra el “enemigo común” (el Estado y la burguesía sionistas). Una alianza que es imposible de lograr, por el carácter usurpador y ocupante de la población judía del Estado de Israel. Ese carácter marca los límites insalvables de las profundas contradicciones que se expresan al interior de la sociedad israelí[9].
¿Es posible derrotar militarmente el Estado de Israel y el imperialismo?
La lucha contra el enclave sionista-imperialista se desarrolla en varios “frentes de guerra” y con una combinación de métodos. Si observamos lo que ocurre en la Franja de Gaza o en Líbano, constatamos que la superioridad en armas y tecnología militar del sionismo sobre sus oponentes es abrumadora. Esto ha llevado a muchos analistas que apoyan al pueblo palestino a considerar que, en el campo militar, el Estado sionista es “invencible”[10].
Una visión que el sionismo sostiene desde hace muchas décadas y que ya fue desmentida por su derrota frente a Hezbolá, en la invasión a Líbano, en 2006. Es necesario considerar la diferencia entre las acciones militares a distancia o “desde el aire” (hoy basadas en la tecnología) y aquellas que se desarrollan “por tierra” para ocupar y controlar un territorio de modo permanente. En este tipo de combate “cara a cara” inciden mucho los “factores humanos” como la moral y la convicción de los combatientes, y el conocimiento del terreno de combate (principalmente si es urbano).
El Estado de Israel cuenta con una gran superioridad en el primer tipo de acciones y la aprovecha a fondo. Esta superioridad aumenta con el apoyo financiero, en armamento y en tecnología que le brindan las potencias imperialistas, en especial EEUU[11]. Recientemente, hemos visto que Joe Biden puso a disposición del Estado sionista el sistema THAAD (siglas en inglés de Terminal de Defensa Antiaérea a Gran Altitud) para contrarrestar el ataque iraní a Tel Aviv con misiles de larga distancia[12].
Las cosas le resultan mucho más difíciles con el segundo tipo de acciones. Ya lo hemos visto en 2006 con la invasión al Líbano. Actualmente, a pesar de sus métodos genocidas y de “tierra arrasada” Israel no consigue un control estable de la Franja de Gaza ni eliminar la heroica resistencia palestina. También comienza a experimentar dificultades en esta nueva invasión al Líbano[13].
La guerra como lucha político-militar
Si se considera de modo aislado, la correlación de fuerzas de los factores armamento-tecnología y militar, la conclusión inevitable es que los palestinos nunca podrán derrotar al Estado sionista en este terreno y, por lo tanto, solo quedan las “acciones políticas”.
Combatientes palestinos en la década de 1980.
Por extensión del método de razonamiento, “el imperialismo es invencible” y todas las guerras de liberación de los pueblos agredidos, oprimidos y colonizados están condenadas de antemano a la derrota en la arena militar porque siempre parten de una gran desigualdad en este terreno frente a los agresores, los opresores y las potencias imperialistas.
Sin embargo, la historia ha mostrado muchos ejemplos contrarios. A un costo de duros sacrificios y sufrimientos, hemos visto grandes triunfos militares de los pueblos oprimidos y colonizados contra fuerzas militares queeran muy superiores. Baste nombrar el del pueblo argelino en su lucha por la independencia contra el imperialismo francés; el del pueblo vietnamita contra el imperialismo estadounidense (la principal potencia militar del planeta); o la victoria del pueblo libanés contra Israel, en 2006.
En estos triunfos se combinaron factores políticos y militares. En primer lugar, la disposición de las masas oprimidas y colonizadas a una lucha heroica. En segundo lugar, esa lucha se fue elevando a una guerra de liberación cada vez más dura (en la que inevitablemente se utilizaban también acciones “crueles”). En tercer lugar, fueron rodeadas de solidaridad y apoyo internacional, con grandes movilizaciones en los propios países imperialistas y opresores. Todo esto acabó provocando una baja en la moral y hasta una quiebra en la combatividad del ejército opresor/imperialista por la comprobación de que no habría impunidad ni “victoria fácil”.
La combinación de los métodos de lucha
Por eso, las acciones políticas de masas y la acción militar deben combinarse y fortalecerse mutuamente. La campaña BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) ha contribuido al aislamiento internacional del Estado sionista. Incluso ha impactado sobre la economía israelí y ha aumentado las contradicciones internas en su población. Es decir, debilitó al enemigo y contribuye a su “erosión” interna.
Movilización en solidaridad con la resistencia palestina en el Estado español, en enero de este año.
En los países imperialistas que apoyan incondicionalmente al Estado de Israel, como EE.UU., Gran Bretaña y Francia, las movilizaciones de masas (especialmente de jóvenes) le han generan fuertes contradicciones internas a sus gobiernos. Es muy bueno que esto suceda y hay que mantener y fortalecer esas movilizaciones. Pero, no es suficiente. Es necesario que esas movilizaciones se eleven a acciones que consigan impedir que esos gobiernos apoyen con armas y tecnología al Estado sionista.
En otros países, como Brasil (que dicen ser “solidarios” con los palestinos) está planteada la exigencia a sus gobiernos a que rompan las relaciones diplomáticas con el Estado de Israel y así aumenten su aislamiento internacional.
Si analizamos nuestro campo en esta guerra, vemos que, en condiciones terribles, el pueblo palestino resiste con inmenso heroísmo los ataques genocidas del sionismo. Vemos también que existe una gran disposición de lucha en las masas árabes y musulmanas que realizan grandes movilizaciones en apoyo a los palestinos. En algunos casos, se elevan al terreno militar, como los hutíes yemenitas, que, de hecho, le abrieron un “nuevo frente militar” al sionismo[14].
Ahora se ha sumado la lucha del pueblo libanés, también atacado directamente por el sionismo. En ese contexto, se produjo el ataque de misiles de Irán. Seguramente el pueblo palestino y las masas árabes y musulmanes apoyaron ese ataque. Pero tampoco es suficiente. Debemos exigirle al régimen de los ayatolás que pase de las acciones aisladas y limitadas a una guerra total contra el Estado de Israel. En esa perspectiva, que, en lo inmediato, provea a Hezbolá de armas y tecnología para luchar en mejores condiciones.
La situación de los palestinos de la Franja de Gaza es terrible, aislados de todo por muros y cerrojos militares: no pueden recibir ya no armas para luchar sino ni siquiera alimentos y suministros médicos. La situación de Cisjordania es menos aguda, pero el marco de aislamiento es el mismo.
En este cerrojo sobre los palestinos juegan un papel esencial los regímenes y gobiernos de Egipto y Jordania, que se han transformado en cómplices-agentes del Estado sionista y en “custodios externos” de sus fronteras. Es decir, para romper el aislamiento de los palestinos (y que puedan recibir las armas y los suministros necesarios), está planteada la necesidad de una lucha frontal de sus pueblos contra sus propios regímenes y gobiernos para acabar con esta complicidad y que esos países entren en guerra contra el estado sionista[15].
En aquellos países árabes y musulmanes que no actúan como cómplices del sionismo, es necesario exigirle a sus gobiernos que pasen de las meras palabras de apoyo a los palestinos a realizar acciones militares contra el estado sionista.
Algunas conclusiones
Hemos dicho que para que el pueblo palestino recupere su territorio histórico es necesario derrotar militarmente y destruir el Estado sionista. Para lograr ese objetivo, es necesario que la lucha palestina sea la chispa que “incendie” la región con un proceso revolucionario de los pueblos árabes y musulmanes que desarrolle una lucha militar a fondo contra ese Estado, desde “todos los frentes” y de modo simultáneo[16].
En realidad, esta “chispa” puede detonar un proceso mundial. Porque si el Estado de Israel llegase a estar ante el peligro de ser derrotado militarmente y caer, es muy probable que el imperialismo estadounidense intervenga para defender a su “aliado estratégico”. Tal como ya hemos dicho, la historia mostró, en las guerras de Vietnam, Irak y Afganistán, que el imperialismo estadounidense no es invencible y puede ser derrotado también en el terreno militar.
Queremos terminar este artículo expresando nuestra solidaridad y nuestro apoyo al pueblo y a los luchadores palestinos ante el dolor y la tristeza por el asesinato Sinwar. Sabemos que no se rendirán ni bajarán los brazos y que esos sentimientos serán combustible que alimentará la continuidad de su lucha. Es con esa perspectiva que formulamos nuestras propuestas.
[10] Ver por ejemplo, https://litci.org/es/debate-con-gilbert-achcar-sobre-palestina-piedras-contra-tanques-y-misiles/?utm_source=copylink&utm_medium=browser