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Necesitamos romper el círculo de la criminalidad

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Por Víctor Montes

El incremento de la criminalidad organizada se perfila como uno de los puntos centrales de la agenda electoral hacia el 2026.

Y no es extraño: la sensación de desprotección de parte de una policía que además de corrupta, termina siendo parte de las bandas criminales, y de los gobiernos que son incapaces de resolver este asunto, han llevado a la población a realizar medidas de lucha exigiendo acciones concretas y efectivas contra la criminalidad.

Exigencia que buscará una expresión electoral este 2026 y por eso resulta clave postular una perspectiva obrera frente al flagelo del crimen organizado.

Cuando el crimen paga

¿Cuál es el origen de este pico en el accionar de las bandas criminales? Como hemos dicho antes, las bandas criminales no son iguales a los ladrones que roban en los barrios populares.

Por el contrario, son organizaciones empresariales, que mueven miles y hasta millones de dólares (narcotráfico o minería ilegal). Y por eso defienden sus negocios (territorios que explotan, rutas de comercialización y mercados donde venden) a balazos.

Pero no siempre fue así. La actual situación del crimen organizado es hijo legítimo del modelo económico neoliberal y los precios altos de las materias primas de las últimas décadas, que han hecho de ciertas actividades negocios inmensamente lucrativos.

Estos (minería, petróleo, agroindustria, tala…) son acaparados por las grandes transnacionales imperialistas. Mientras, montones de medianos y pequeños capitales nacionales, definen actuar al margen de la Ley para “rascar la olla” de las ganancias capitalistas.

Ese es el caso, por ejemplo, de la minería ilegal. El precio internacional del oro se encuentra en niveles crecientes desde hace tiempo. Y hoy ha sobrepasado los US$4000 por onza. Y por eso, por una pepita de oro, es rentable actuar fuera de la legalidad, y hasta matar…

Las extorsiones siguen el mismo patrón

Algo semejante sucede con las extorsiones: el cobro de “cupos” a cambio de “seguridad” es la forma en que las bandas parasitan a los medianos y pequeños empresarios, pero también a las bodegas, barberías y vendedores ambulantes… que en realidad hacen parte del pueblo trabajador que lucha por sobrevivir.

El saldo de más de 70 choferes y cobradores muertos en lo que va de 2025 prueba que quienes ponemos los muertos, seguimos siendo el pueblo pobre.

Y el Estado también cobra

Pero para que el crimen organizado se desarrolle y crezca, es necesario, además, que las autoridades que deberían velar porque las leyes se cumplan, “miren para otro lado”.

Por eso la corrupción de funcionarios, particularmente de la policía, y otras dependencias estatales que tratan directamente con las personas, crece en forma simétrica a las bandas criminales.

Y ahí donde puede, el crimen convierte en su asalariado al policía o al alcalde, cuando no al congresista.

Solo entre 2020 y 2025, 120 efectivos han sido investigados por las fiscalías especializadas en tráfico ilícito de drogas. Y entre 2019 y 2024, 309 efectivos policiales han sido sancionados administrativamente por la propia Policía por narcotráfico.

Un ejército de desocupados como carne de cañón

Pero además de mercado, y autoridades corruptas, el crimen requiere “soldados”. Hombres y mujeres dispuestos incluso a morir por sus ganancias.

¿El crimen, de dónde saca esos “soldados”? De la población más pobre del país, obligada por el modelo económico neoliberal a conformar la masa de desempleados que luchan por no morir en la miseria.

Una parte de esa población se encuentra en la informalidad (entre el 75 y el 78% de la masa laboral en el país). La enorme mayoría, mujeres y jóvenes, con salarios miserables y condiciones infrahumanas. Jorge Huamán (21 años) y Jovi Herrera (20 años), muertos en el incendio de la Galería Nicolini en 2017, mientras trabajaban encerrados en un conteiner hasta 14 horas por un salario de 20 soles al día, son el más crudo ejemplo de esta situación.

Otra parte, busca un “atajo” en la criminalidad organizada. No es casual que habiendo pasado apenas un par de meses desde que se promulgó la ley que trata como adultos a los menores de 16 y 17 años en casos de delitos graves, ya existan 99 menores encarcelados. La juventud es, dentro de los sectores obreros y populares, la que peor lo pasa: de acuerdo con el INEI, a octubre de este año, el 15,4% de los jóvenes no logra acceder a un empleo, mientras que el 74,9% de quienes trabajan lo hace sin contrato formal.

Vista la realidad, para algunos parece una estupidez no aceptar el riesgo de convertirse en sicario, traficante o minero ilegal…

Y peor aún si te encuentras en calidad de migrante, como sucede con miles de hermanos venezolanos y venezolanas totalmente vulnerables a la arbitrariedad y el abuso de las empresas que les contratan, o de las autoridades que les acosan, cuando no son directamente sometidos a condiciones de esclavitud.

Entonces… ¿Qué hacer?

Es por todo esto que el Estado, sin importar quien gobierne, no puede poner fin al crimen organizado. Y ninguna de las alternativas electorales que se presenten en campaña hacia 2026 puede cambiar esto. Ni siquiera, aunque algunas personas así lo piensan, aquellos candidatos o candidatas que ofrezcan “mano dura”, pues suelen ser esos mismos gobiernos los que más se benefician de la corrupción que proporciona la criminalidad.

Por el contrario, una salida obrera y popular para la terminar con la criminalidad debe atacar justamente el negocio, al Estado y la pobreza, además de fomentar la organización de base para enfrentar a las bandas criminales.

De ahí que desde el PST planteamos:

1.  Inmediata disolución de la policía nacional y su reemplazo por rondas urbanas y campesinas armadas, organizadas en cada barrio y distrito.

2.  Recuperación, vía expropiación, de las minas, tierras y pozos petroleros para poner su explotación al servicio del pueblo (educación, salud…)

3.  Trabajo para todos y todas: Jornada laboral de 4 horas diarias y 20 horas semanales, con sueldos iguales a la canasta básica de consumo, para dar más trabajo.

4.  Prohibición de despidos. Nacionalización de las fábricas o empresas que pretendan despedir para que funcionen bajo control de sus trabajadores.

5.  Gobierno de las organizaciones obreras y campesinas donde nadie gane más que un maestro/a de escuela pública, y todos los cargos sean elegibles y revocables en cualquier momento.

Solo tomando en nuestras manos, como trabajadores y trabajadoras, el destino del país, podremos abrir camino a este programa inmediato y enfrentar decididamente la criminalidad.

Los trabajadores y las elecciones

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Los trabajadores debemos elevar la mirada más allá de nuestros pliegos de reclamos, de los problemas laborales y de las organizaciones sindicales, que parecen no tener fin.

Estos problemas no dependen únicamente del patrón, sino de lo que sucede en el país (la situación económica, el tipo de gobierno) e incluso de factores internacionales. Ver solo lo interno, como si fuera un asunto exclusivamente nuestro y de abogados, nos debilita para enfrentar la verdadera naturaleza de nuestros problemas.

En cierta forma, los trabajadores intentamos comprender estos temas cuando buscamos una solución en las elecciones generales, eligiendo a quienes creemos que son “la mejor opción”. Sin embargo, esta idea es falsa porque la construye el mismo sistema que así se reproduce, y esa falsa ilusión es reforzada por las direcciones sindicales que también alientan esperanzas en las salidas electorales.

Pero la experiencia nos enseña que ninguna salida electoral es una solución. En las últimas elecciones, los trabajadores votaron con gran entusiasmo por Pedro Castillo y Perú Libre. ¿Qué sucedió? Fue un fiasco. Es cierto que la representación patronal obstaculizó su gobierno y lo llenó y llena epítetos. Pero el propio Castillo no cumplió ni una sola de sus promesas y mantuvo inalterables los intereses patronales. De sus socios, ni hablar: ahí están Boluarte, los hermanos Cerrón y su bancada de vividores…

Una experiencia más modesta es la elección de la compañera Isabel Cortez. Una reconocida luchadora, sin duda. Como cualquier político burgués, ella se enfocó en ofrecernos leyes para que votáramos por ella, y lo sigue haciendo; algo que ella misma sabe que es imposible porque el Congreso está controlado por una mayoría de pillos. Un luchador honesto solo ofrece poner su representación al servicio de las luchas, y no miente ofreciendo tal o cual cosa, sembrando ilusiones en esa cueva de bandidos que es el Congreso.

Ahora se revive la misma historia en la carrera electoral que ha comenzado. En cierto sentido, esta es aún peor porque la “izquierda” se presenta fragmentada en al menos tres listas, reduciendo así sus posibilidades de lograr algo importante.

Una de estas listas, encabezada por Alfonso López Chau, lleva como vicepresidente a Luis Alberto Villanueva, de la Federación de Construcción Civil, y en la misma lista aspira a una curul Gilmer Ibañez Melendrez, abogado y secretario general de la FETRIMAP.

Respetamos el entusiasmo que han despertado en algunos sectores estas candidaturas, y la creencia de que, si son elegidos, vamos a estar mejor.

En última instancia, algunos podrán decirnos: “algo es algo comparado con las otras opciones, donde unas son peores que otras, como la derecha. Alguna opción tenemos que apoyar”.

Sin embargo, siendo muy respetuosos de estas creencias y de la decisión que tomen los trabajadores de apoyar a cualquier candidato, nosotros pensamos diferente y preferimos decirlo claramente: los trabajadores no tenemos una alternativa electoral, por el simple hecho de que las elecciones no son la salida a nuestros problemas.

Esta es la experiencia de toda América Latina, incluso con varios gobiernos de “izquierda” como los de Lula, Maduro, Evo Morales, Gustavo Petro y Boric, que luego de ser elegidos en medio de una inmensa expectativa popular, dejaron a un lado sus compromisos y gobernaron o gobiernan de la mano de los patrones. Esto sucede así porque ellos gobiernan, pero quien reina, el poder real descansa en los empresarios que son los que digitan todo. Si no se derrota a ese poder luchando, es engañarnos, como hace esa “izquierda”. Por eso la clase trabajadora bajo dichos gobiernos de “izquierda” es llevada a la frustración, y amplios sectores viran y votan por la derecha. Ahí tenemos a los derechistas Milei en Argentina, Rodrigo Paz en Bolivia, y pronto a José Kast en Chile.

La experiencia nos enseña que solo la lucha cambia nuestra vida. Por eso, lo que necesitamos es fortalecer la unidad y la combatividad de nuestras organizaciones, para pelear y ganar. Para pelear ahora por los pliegos y contra los despidos y ceses colectivos. Para luchar contra el gobierno de José Jerí y derrocarlo, porque cada día mueren más trabajadores debido a la extorsión.

Cuando se siembran ilusiones en las elecciones, se busca que bajemos los brazos. Por ejemplo, Gerónimo López Sevillano dice que el salario mínimo debe ser de 1,500 soles y plantea que esa sea la discusión central en estas elecciones (veáse en https://diariouno.pe/columna/salarios-de-supervivencia-y-agenda-electoral-el-2026-debe-cambiar-el-rumbo/).

Esto es un engaño. Gerónimo López Sevillano es líder de la CGTP y puede y debe organizar las fuerzas de la clase obrera para conquistar dicha demanda con la lucha.

Esto es lo que queremos destacar: que los dirigentes, para no luchar, siembran ilusiones en las elecciones y en el voto. Y lo que necesitamos más que nunca es unir y fortalecer las luchas.

Para avanzar en esta dirección, necesitamos construir un auténtico partido de los trabajadores, integrado por los mejores luchadores.

Solo así también abriremos camino para las soluciones de fondo que necesitamos, como la conquista de una Asamblea Constituyente y un Gobierno de los Trabajadores.

El PST se esfuerza por aportar a la construcción de este verdadero partido de clase, y por eso te llamamos a sumarte y organizarte junto a nosotros en este proyecto.

Modificación del Estatuto de la UNMSM: Una privatización encubierta

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Por Miguel Reyes

La modificación del estatuto aprobada el 27 de noviembre por la Asamblea Universitaria de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos ha encendido un rechazo entre estudiantes y sectores académicos. La medida, que incrementa las vacantes asignadas a su Centro Preuniversitario (CEPREUNMSM), abre la puerta a que un mayor porcentaje del ingreso dependa de familias capaces de asumir altas mensualidades, convirtiendo el camino pagado en una vía cada vez más privilegiada de acceso.

Este cambio no ocurre en el vacío. Se inscribe en un marco normativo impulsado por la Ley Universitaria 30220, que en los últimos años ha permitido lógicas de mercado dentro de instituciones públicas. La ampliación de vacantes en el centro preuniversitario no solo redirige el ingreso hacia mecanismos de pago, sino que profundiza una privatización silenciosa: hace más atractivo el camino que puede pagar quien tiene recursos, mientras reduce de hecho el peso del mérito en el examen general de admisión.

Aquella orientación contradice el rol esencial que debería cumplir una universidad pública: la formación profesional integral, la investigación y la producción de conocimiento al servicio del país. En lugar de fortalecer capacidades académicas, infraestructura, laboratorios o programas de bienestar, la reforma estatutaria privilegia una lógica de captación de ingresos que desvirtúa la misión social de la universidad.

Frente a este panorama, se vuelve urgente abrir, en gremios estudiantiles, docentes y trabajadores, un debate profundo sobre la defensa del carácter público de San Marcos. Ese debate debe estar ligado a una exigencia central: la lucha por un mayor presupuesto para la educación, condición indispensable para garantizar que cualquier universidad cumpla su función sin recurrir a mecanismos de autofinanciamiento que trasladan el costo a los estudiantes.

“Plan de Paz” de Trump mantiene la colonización en Gaza

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El pasado 17 de noviembre, el Consejo de Seguridad de la ONU, aprobó la resolución presentada por EE.UU. basado en el plan de 20 puntos elaborado por presidente estadounidense Donald Trump para Gaza. Este plan reafirma la política de colonización de Gaza por parte del régimen sionista de Israel, y desecha toda posibilidad de crear un Estado Palestino independiente. La resolución fue aprobada con 13 votos a favor. China y Rusia solo se abstuvieron cuando muy bien podrían haber ejercido su derecho a veto.

Hoy, dos meses después del «Plan de paz» impuesto por Trump, que en la primera fase significaba un alto al fuego inmediato y la liberación de los rehenes israelíes supervivientes, más de 350 gazatíes fueron asesinados, entre ellos más de 150 niños/niñas, víctimas de los continuos bombardeos sobre las ciudades de Gaza. El alto al fuego solo duró unos días y el exterminio contra los gazatíes continúa.

En Cisjordania los colonos israelíes –apoyados por su ejército sionista– siguen destruyendo casas y sembríos, y se apropian de los terrenos palestinos. Al mismo tiempo, las tropas sionistas detienen a cientos de personas. Ya varios de ellos han sido tomados prisioneros, y muchos han muerto torturados o enfermos en sus cárceles. Las Fuerzas de Defensa Israelíe –FDI– dicen que atacan «objetivos militares» y detienen «terroristas» sin que presenten evidencias probadas.

Cabe recordar que, tras dos años de continuos bombardeos el 70% de las infraestructuras: agua, electricidad, alcantarillado, edificios y viviendas, escuelas, hospitales y el 81% de tierras de cultivo de Gaza han sido destruidas por el régimen israelí. La hambruna deliberada y sistemática es usada como arma de guerra contra los gazatíes. Las intenciones del enclave colonial de Israel no han cambiado, por el contrario, se profundizaron con «sus políticas despiadadas, restringiendo el acceso a la ayuda humanitaria vital y a los servicios esenciales e imponiendo deliberadamente condiciones calculadas para destruir físicamente a los palestinos en Gaza» (Francesca Albanese, Relatora de la ONU).

¿Por qué intervino Trump?

Lo hizo para salvar el pellejo de Netanyahu, muy cuestionado internamente porque Israel estaba perdiendo la guerra políticamente, como lo evidencia su aislamiento internacional. Además, desde el punto de vista militar, no había logrado sus objetivos: liberar a todos los rehenes y derrotar a Hamás. Trump también intervino para lograr lo que Netanyahu no pudo: profundizar la colonización.

Este plan de colonización recibió el apoyo de todos los países imperialistas y de la mayoría de gobiernos del mundo, principalmente de casi todos los gobiernos árabes, incluso de la propia Autoridad Palestina. Por último, logró que sea refrendado en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Este apoyo revela el verdadero rostro de estos gobiernos, incluso algunos se consideraban «amigos» de los palestinos y denunciaban a viva voz el genocidio (Lula, Boric, etc.) mientras simultáneamente mantienen relaciones económicas, diplomáticas y militares con el Estado genocida de Israel.

Pero ahora se les cayó la careta, porque están apoyando un falso «plan de paz» destinado a consolidar la ocupación del territorio gazatíe por tropas extranjeras (el FIS), poniendo fin a la mínima autonomía que ha tenido Gaza en los últimos 18 años, a pesar del asedio al que es sometido por Israel.

El plan de colonización de Trump para Gaza

Si Trump logra imponer o no [el plan] es otra cuestión. Pero ese es su objetivo, incluso algunos analistas burgueses se ven obligados a admitirlo. Es difícil negarlo cuando, entre los 20 puntos del «acuerdo» propuesto, se incluye: 9. Gaza estará bajo una administración de transición encabezada por un comité palestino tecnocrático y apolítico, con la supervisión de un nuevo organismo internacional, la «Junta de Paz», presidida por Donald Trump. 10. Plan económico centrado en la inversión extranjera. 11. Se creará una zona económica especial, con aranceles y tasas de acceso preferenciales que se negociarán con los países participantes. 13. Hamás y las otras facciones renuncian a todo rol en el gobierno de Gaza. Toda la infraestructura militar será destruida y no reconstruida. 15. Estados Unidos trabajará con socios árabes e internacionales para desarrollar una Fuerza Internacional de Estabilización (FSI, en inglés) que se establecerá en Gaza. La FSI entrenará y apoyará a las fuerzas policiales palestinas en Gaza, en coordinación con Jordania y Egipto.

La resistencia palestina continúa y crece la solidaridad mundial

Se viene dando importantes reacciones internacional contra las declaraciones de Trump sobre el fin de la guerra en Gaza.

La población palestina salió a las calles a celebrar el alto al fuego. El regreso al territorio, la entrada de ayuda humanitaria y la liberación de casi dos mil prisioneros palestinos representan un gran alivio para un pueblo que ha soportado un sufrimiento indescriptible.

Nos solidarizamos y compartimos esta alegría por el alivio logrado. Esta actitud es fundamental para recuperar fuerzas, porque la lucha continúa. Todavía no se ha alcanzado un acuerdo de paz. Lo que se ha dado es solo un acuerdo de intercambio de rehenes para detener los bombardeos.

La guerra no ha terminado. Hamás ha rechazado la resolución de la ONU que respalda una fuerza internacional en Gaza porque «no responde a los derechos ni demandas de los palestinos, favorece la ocupación israelí y busca imponer un mecanismo de tutela internacional, que los palestinos y las facciones de la resistencia no aceptan».

Hamás se niega a entregar sus armas ni a aceptar la intervención extranjera, tanto política como militar, liderada por Trump. Al contrario, ha avanzado en la recuperación militar del territorio dejado por la retirada parcial de las tropas israelíes.

Los bombardeos no han cesado, los ataques continúan porque Israel incumple el alto al fuego.

La clase obrera y pueblos oprimidos del mundo deben continuar firmes en la solidaridad mundial hasta poder derrotar la política genocida y de limpieza étnica de Israel, apadrinado por el imperialismo estadounidense, europeo, de gran parte de gobiernos árabes, latinoamericanos y la complicidad de potencias capitalistas como China y Rusia, principales socios comerciales de Israel.

Rechazamos la agresión imperialista de Trump y los Estados Unidos contra Venezuela

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El imperialismo estadounidense ha atacado Venezuela. Según ha anunciado el gobierno estadounidense, Maduro ha sido capturado y llevado por la fuerza fuera de Venezuela. La acción reedita la captura del dictador panameño Manuel Antonio Noriega, un 3 de enero de 1990, tras la invasión yanki a Panamá.

UNA AGRESIÓN CONTRA LOS PUEBLOS DE AMÉRICA LATINA

Las imágenes del bombardeo en diversas localidades del hermano país son el episodio más reciente de una política que fue escalando, y con la cual Trump llenó el mar del Caribe con buques de guerra y ataques a pequeñas embarcaciones, con el saldo de un centenar de personas asesinadas, bajo las banderas de la supuesta lucha contra el narcotráfico.

Todo esto ocurre ante la inacción de la dictadura de Nicolás Maduro, que más allá de discursos, durante este tiempo se dedicó a negociar con Trump buscando salvar su pellejo.

La acción encabezada por Trump constituye una agresión no solo a la soberanía venezolana sino al conjunto de los pueblos de América Latina y abre la ventana a nuevas y diversas intervenciones y agresiones, en una dinámica semejante a la que vivíamos cuando Estados Unidos financiaba golpes de estado e intervenciones militares en único beneficio de sus intereses económicos y políticos.

No por casualidad los gobiernos más adictos al imperialismo estadounidense, como el de Milei en Argentina, han festejado públicamente la agresión militar del imperialismo, y el de Jerí ha emitido un pronunciamiento vergonzante, de apoyo velado a la agresión imperialista, en la línea de sometimiento a los Estados Unidos que replican los gobiernos de nuestro país.

RECHACEMOS LA AGRESIÓN IMPERIALISTA

Desde el Partido Socialista de los Trabajadores repudiamos y rechazamos el ataque estadounidense a Venezuela, pues constituye una agresión imperialista que viola la soberanía de todos nuestros pueblos.

No hay libertad ni posibilidad de un desarrollo digno para los pueblos latinoamericanos sin expulsar al imperialismo estadounidense de nuestros territorios, tanto a nivel económico como político y militar. Por eso llamamos a las organizaciones de los trabajadores y trabajadoras del Perú (CGTP, FETRIMAP), las organizaciones de izquierda y las que se consideran democráticas a convocar acciones unitarias rechazando la agresión imperialista liderada por Donald Trump.

En ese marco queremos dejar claro que nosotros, como socialistas revolucionarios, no apoyamos políticamente a la dictadura capitalista de Nicolás Maduro, responsable del brutal empobrecimiento del pueblo venezolano, y que benefició únicamente al nuevo sector capitalista, la boliburguesía, asociado a las fuerzas armadas venezolanas en base al reparto de la renta petrolera. Esquema creado por Hugo Chávez y continuado por Nicolás Maduro.

Es lo que explica hoy por qué millones de venezolanos y venezolanas fueron obligados a migrar de su país por la miseria que vivían, y explica también por qué otros tantos que se vieron en la necesidad de quedarse en Venezuela, puedan incluso sentir simpatía por las acciones del imperialismo. Pero también dejamos claro que para Donald Trump lo menos importante es la libertad del pueblo venezolano, y, lo que busca con los bombardeos en Venezuela y la captura de Maduro, violentando la soberanía venezolana, es asegurar sus propios intereses sobre el petróleo sin importarle el bienestar del pueblo de Venezuela, que es el único con derecho a derrotar y echar abajo a Maduro y a los capitalistas rentistas que han sostenido su régimen de hambre y represión.

¡Fuera Trump y Estados Unidos de Venezuela y de América Latina!

¡Viva la lucha del pueblo venezolano por su liberación de manos del imperialismo yanqui y de la dictadura de Maduro!

Por qué hemos dejado de integrar la Liga Internacional de los Trabajadores (LIT)

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La Conferencia Nacional del PST ha definido, en su sesión del 15 de noviembre y por unanimidad, dejar de integrar la Liga Internacional de los Trabajadores (LIT), organización de la que ha hecho parte desde su fundación.

La decisión nace de la comprensión de que en su útlimo Congreso Mundial, la LIT instauró un régimen distinto al centralismo democrático, de carácter burocrático, a partir de la expulsión de cuatro delegados plenos, representantes legítimos de sus partidos y organismos, y dirigentes de la exFDR. 

Ha sido esta definición, conscientemente adoptada por la máxima dirección de la LIT (su Congreso Mundial) a propuesta de la mayoría del CEI saliente, la que ha detonado la ruptura de dicha organización en por lo menos tres partes, pues también obligó a salir a otro sector que durante el precongreso se organizó en la TOUPI, y que habían adelantado que de producirse las expulsiones, también saldrían de la LIT.

Esta situación constituye una derrota para quienes hemos construido la LIT como herramienta para la reconstrucción de la IV Internacional, durante los pasados 43 años, y hacemos parte de la tradición de la corriente morenista desde la lucha por la revolución agraria por parte del campesinado de La Convención y Lares (Cusco), a la que se ligó Hugo Blanco.

Pero al mismo tiempo, constituye un reto para quienes nos mantenemos firmes en la lucha por la construcción de una dirección revolucionaria mundial, capaz de convertirse en dirección de la clase obrera en el mundoa y en particular en el Perú, para que acaudille al pueblo pobre y oprimido hacia la toma del poder, la revolución socialista, para tomar en sus manos las riendas del país.

Es bajo esta comprensión que hoy, el PST, que desde el principio de la discusión se posicionó contra la política de expulsiones de la mayoría del exCEI, hoy dirección de la LIT, ha tomado la definición de emprender otro rumbo, salir de la LIT, y aportar a la construcción de un reagrupamiento principista de los sectores revolucionarios que abracen la causa de la revolución socialista y que postulen la necesidad de construir una Internacional marxista revolucionaria con un régimen centralista democrático sano, como instrumento al servicio de la reconstrucción de la IV Internacional.

Lo hacemos, reivindicando las bases fundacionales de la LIT, sus estatutos y sus bases programáticas, pues estamos convencidos que el morenismo ha dado una batalla correcta contra el revisionismo en el seno del movimiento trotskista internacional. Y lo hacemos desde la clase obrera, única clase verdaderamente revolucionaria y capaz de acabar con la explotación y opresión en el mundo. 

Lo hacemos desde el marxismo, teoría-programa de las condiciones de victoria de la revolución proletaria. Y desde el bolchevismo, praxis organizativa del marxismo que demostró por la vía de la experiencia su corrección como forma organizativa de la vanguardia proletaria revolucionaria. 

Nos retiramos de la LIT, convencidos y convencidas que será la lucha de clases la que terminará por dirimir las discusiones que hoy quedaron truncas, así como de la justeza de la causa por la que luchamos junto a los trabajadores, trabajadoras y pueblo oprimidos de todo el mundo.

Lima, noviembre de 2025

Comité Central del Partido Socialista de los Trabajadores 

¡Libre paso a la población venezolana en la frontera Sur!

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Por Redacción

Cientos de migrantes que huyen de Chile no pueden ingresar a Perú en su trayecto hacia sus países de origen, como Venezuela, debido al cierre de la frontera ordenado por el gobierno peruano.

Huyen ante el anuncio del candidato de derecha José Antonio Kast, favorito para ganar las elecciones del próximo 14 de diciembre, de que expulsará a los migrantes en situación irregular.

El gobierno, también de derecha, de José Jerí ha anunciado que militarizará las fronteras de Perú para controlar la migración extranjera, a la que señala como causante del crecimiento de la criminalidad y la inseguridad en el país.

Esta es una mentira construida por el gobierno y los grandes medios de comunicación, no solo para ocultar su incapacidad de implementar políticas eficaces que combatan la criminalidad, sino para encubrir la realidad de que los migrantes son, en su mayoría, trabajadores que huyen del hambre y la miseria a las que los condenan sus gobiernos, como el del dictador Nicolás Maduro en Venezuela.

Lo cierto es que tanto el gobierno de Jerí como el candidato chileno repiten exactamente lo mismo que Donald Trump, el mandamás de Estados Unidos, quien también cerró sus fronteras con México y organiza redadas masivas para expulsar a migrantes, tratándolos como delincuentes.

La situación está generando una crisis humanitaria, pues se trata de mujeres —algunas de ellas embarazadas—, niños y familias enteras que padecen hambre, pernoctan en las calles y carecen de los servicios asistenciales más básicos. Los trabajadores, que en su mayoría también somos migrantes o tenemos familiares migrantes en nuestro entorno, debemos alzar nuestra voz de protesta y repudiar la política criminal del gobierno Jerí, y, por un criterio humanitario, exigir ayuda a dichos migrantes y facilidades para regularizar su situación para que puedan transitar o establecerse en Perú.

Sentencia contra Pedro Castillo a la medida de la patronal y del pacto corrupto y reaccionario que gobierna el país

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Por Federico Romero

En un proceso lleno de cuestionamientos y denuncias por su sesgo político y vengativo, el ex presidente Pedro Castillo Terrones fue condenado a 11 años y 5 meses de cárcel efectiva por el autogolpe del 7 de diciembre de 2022. También fueron sentenciados otros cuatro miembros de su ex equipo de gobierno, entre ellos Betssy Chávez, quien se encuentra asilada en la Embajada de México. Unimos nuestra voz de protesta a los sectores obreros y populares que se identifican con Castillo y denunciamos el carácter fraudulento de su juicio, cuya sentencia ya estaba dada desde el principio por los partidos corruptos y reaccionarios del Congreso y el gobierno, primero de Dina Boluarte, y ahora de José Jerí.

Sin embargo, la sed de sangre de la derecha más recalcitrante no ha sido saciada. Esos sectores pedían 35 años de cárcel para Castillo y sus colaboradores. Bajo la careta de “defender la democracia”, buscaban y buscan enterrar para siempre cualquier amenaza a sus intereses y privilegios, así fuera solo de palabra, que fue lo único que hizo Castillo durante sus 18 meses en el poder.

La condena es una venganza, que solo puede despertar la indignación de cualquier persona imparcial, y sobre todo, avivar el rechazo de los sectores obreros y populares —especialmente del campo— que se identifican con Pedro Castillo, y sufren el abuso de las clases pudientes, con su acostumbrada prédica racista y discriminadora, y que quiere impedir toda posibilidad de que se repita un triunfo popular en las urnas.

Pero también es una condena ilegítima, porque es producto de un régimen nacido de un golpe —el aplicado contra el mismo Castillo—, que ha copado las instituciones del Estado con personajes designados por la mayoría corrupta del Congreso, como el propio Jerí, elegido entre gallos y media noche, e inaugurado con sangre.

Allanando el camino para las elecciones

Sin embargo, hay también objetivos inmediatos en la apresurada condena contra a Pedro Castillo.

El primero es sacarlo de la contienda electoral. Castillo estaba con detención preliminar desde el mismo día del golpe, es decir, hace casi tres años, y estaba próximo a vencer el plazo máximo de 36 meses. Por eso se trataba de acelerar su condena. Pero, sobre todo, se buscaba impedir su participación en las elecciones convocadas para abril próximo, porque, pese al fiasco que representó su gobierno, él simboliza la lucha por el cambio que millones anhelan desde abajo, un anhelo que no ha hecho más que crecer desde el golpe que llevó a Boluarte al poder. Para asegurarse de que fuera así, el Congreso había votado días antes la inhabilitación de Castillo para ejercer cualquier cargo público durante diez años.

El día anterior, Martín Vizcarra también fue condenado a 14 años de cárcel por corrupción. Aunque en su caso se presentaron pruebas y testigos, el hecho también está rodeado de cuestionamientos, dado el arrastre electoral que tiene en sectores populares que lo ven como una opción contra el fujimorismo y la derecha.

Así, si sumamos la inhabilitación de Antauro Humala y el encarcelamiento de Guillermo Bermejo —ambos eran voceados candidatos presidenciales opuestos a la derecha—, se evidencia un intento por allanar el camino para que las elecciones generales de abril del próximo año sean favorables a cualquiera de las candidaturas del establishment que controla el poder.

El otro objetivo, más profundo, detrás de la condena a Castillo, es el escarmiento que buscan la patronal y los sectores reaccionarios contra toda propuesta de cambiar el modelo económico o la Constitución, que fue lo que realmente significó la votación por Castillo y la insurgencia del sur contra su vacancia. Esta última fue reprimida sangrientamente bajo la acusación infame de “terrorismo”.

En realidad, este odio de la derecha, potenciado por grandes medios y recursos, se incubó desde antes del triunfo electoral de Pedro Castillo en 2021 y se alimentó durante todo su corto gobierno, hasta el día de su vacancia. Así, hicieron sonar fuerte el clamor de aquellos sectores que cuestionaron el desempeño relativamente independiente de las instituciones electorales y se propusieron controlarlas. Y eso es lo que han hecho desde el golpe. La máxima expresión de esto es el propio gobierno de José Jerí, elegido por una mayoría congresal cuestionable, con la misión principal de garantizar el desarrollo del proceso electoral de acuerdo a sus planes.

El “golpe” de Castillo

La causa por la que Castillo fue vacado, detenido y ahora sentenciado fue el “golpe” que anunció en un mensaje a la nación televisado el 7 de diciembre de 2022.

El especialista en temas constitucionales, Dr. César Azabache, [1] señala que en la historia peruana (fuera del de Leguía en 1919) hubo dos autogolpes claros: el de Alberto Fujimori en 1992 y el intento de Pedro Castillo en 2022. Sin embargo, el único juzgado y sentenciado ha sido Castillo. En 1992, Fujimori dio un autogolpe real: las Fuerzas Armadas, con tanques y soldados, cerraron el Congreso y tomaron el control del Poder Judicial, la Fiscalía y medios de prensa. La presión internacional lo obligó a convocar a un Congreso Constituyente. Por este hecho, Fujimori nunca fue procesado por el autogolpe en sí. Comparado con esto, el acto de Castillo fue una simple declaración, un mensaje sin efecto práctico, una tentativa “inidónea”, como argumentan sus abogados, que no causó daño concreto. Sin embargo, a él sí lo vacaron por ello, le aplicaron 36 meses de prisión preventiva y ahora lo condenan a 11 años y 5 meses con saña.

Lo acusaron de rebelión, pero no hubo ni se produjo ningún alzamiento armado. Por ello, en la sentencia final, tuvieron que retirar esta acusación y solo señalar que hubo “conspiración”.

La misma vacancia fue un acto arbitrario. Se inventó el concepto de “flagrancia” para evitar, como ordena la norma, que pudiera asumir su defensa ante el Congreso, y lo vacaron con 101 votos, cuando el mínimo requerido era de 104.

En realidad, el “golpe” de Castillo fue un acto suicida que hasta ahora resulta inexplicable. Martín Vizcarra disolvió el Congreso en 2019 con mayor astucia y logró una alta aprobación popular. Pedro Castillo, en cambio, fue un aventurero, ni siquiera tenía control de nada: su propia escolta fue quien lo entregó a sus captores.

Todos sabemos que la vacancia fue un plan promovido abiertamente por la derecha desde el primer día. Hubo una campaña mediática y en las calles, movilizando grupos violentos y sectores de clase media asustados con el fantasma del “comunismo”, para vacar a Castillo. Así, y pese a que este no tomó ninguna medida que afectara seriamente los intereses empresariales ni entregó concesiones importantes a los sectores populares, no lo dejaron gobernar ni un solo minuto e intentaron vacarlo en todo momento.

Hasta que lograron construir un pretexto: reunieron pruebas y testigos para montar una denuncia constitucional e investigarlo por corrupción, con la entonces Fiscal de la Nación, Patricia Benavides, quien después revelaría sus propios vínculos con la corrupción y fue destituida. Así, la mayoría de derecha en el Congreso lo intentó de nuevo en diciembre de 2022.

Ante el temor de que esta moción lograra los votos necesarios, Castillo urdió un falso “golpe” de Estado, uno de palabras, destinado a cubrir su escape para refugiarse en la embajada de México; así su caso cobraría un carácter más político que corruptivo. Pero, como sabemos, tan improvisado era todo que ni siquiera logró asilarse. Este acto, sin embargo, les proporcionó una causal real para su vacancia, tipificada en el Art. 117 de la Constitución: el presidente puede ser acusado “por disolver el Congreso”. Así, Castillo les entregó gratuitamente su cabeza en bandeja de plata, hasta el punto de que incluso algunos de sus propios correligionarios votaron a favor de la vacancia.

El verdadero golpe es el de la derecha

Ahora, los defensores de la derecha, al oír la sentencia, celebran gritando: “Así se defiende la democracia, con firmeza”. Estos mismos señores muestran el tipo de democracia que defienden cuando, al mismo tiempo, reivindican el golpe de Fujimori de 1992, que instauró un régimen dictatorial que cometió genocidio, impuso el modelo neoliberal que nos rige hoy, barrió derechos laborales y robó a manos llenas; del mismo modo que reivindican el golpe que colocó a Boluarte en el poder, un régimen manchado con la sangre de manifestantes y sumido en la corrupción, además de servil a los grandes empresarios.

Hubo un golpe, pero ese golpe fue de la derecha contra Castillo y contra la voluntad popular. Y Castillo fue responsable por no ser capaz de enfrentarlo apoyándose en el movimiento obrero y popular, por no cumplir sus promesas electorales, por no ser transparente en sus actos de gobierno y por ser absolutamente improvisado, incluso en su último acto “golpista”. Pero estos hechos deberían juzgarlos quienes lo eligieron.

En tanto, no reconocemos la autoridad de este régimen ilegítimo para juzgarlo y condenarlo. Por ello, vamos a luchar y reclamar su libertad y la de los condenados con él, exigiendo un juicio justo ante un tribunal realmente independiente.


[1] “Los vacíos narrativos en la historia del golpe de Estado de Pedro Castillo”. https://lpderecho.pe/vacios-narrativos-historia-golpe-estado-pedro-castillo/

El Imperialismo y América Latina

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Por Federico Romero

En la escena internacional el fenómeno dominante tiene la figura de Donald Trump y la política que despliega globalmente con el propósito de controlar el mundo y reforzar o reposicionar la hegemonía y dominio de EEUU. Esta realidad comprende a nuestro subcontinente, donde lo más saltante es el gigantesco despliegue militar de los EEUU en El Caribe con el propósito de derrocar al régimen de Maduro. Estos hechos ponen de vuelta la necesidad y actualidad para los revolucionarios, de colocar en el centro de nuestra agitación y propaganda la lucha contra el imperialismo norteamericano, como una tarea esencial de la lucha por nuestra independencia y el socialismo.

La vuelta de Donald Trump es producto y expresión de la decadencia que atraviesa al imperialismo norteamericano y su desesperación por mantener su dominio y control del mundo.

En la posguerra, EEUU se afirmó como el imperialismo dominante, y luego de la guerra fría, con la bancarrota y posterior caída de la ex URSS y del “campo socialista” entre 1989-1991, su hegemonía se hizo indiscutible.

Su dominio se afirmaría en años posteriores con las transformaciones neoliberales y la conquista de nuevos mercados con la desaparición del campo “socialista”, incluida China, que representaban un tercio del planeta.

Estos cambios trascendentales darían lugar a una onda de crecimiento que se extendería desde fines de los 80 hasta inicios del nuevo siglo, onda que hizo más rico y poderoso a EEUU y sus socios de Europa y Japón. Hasta que estalló la crisis del 2008, un crac económico que hundió grandes corporaciones y países, mostrando los límites de esa expansión dentro de la actual etapa histórica de agonía del capitalismo, y que abrió un largo ciclo de estancamiento de la economía mundial en la que nos encontramos aun ahora.

Del estancamiento no se cae en una recesión global –con excepción del periodo de la pandemia que obligó al cierre de la mayoría de las economías del mundo–, por el impulso de la economía china. Su inmenso mercado, las gigantescas compras que realiza para alimentar su aparato productivo y las exportaciones masivas de productos manufacturados más baratos para abastecer al mundo, actúan como locomotora que sostiene la economía global, incluida la de EEUU, la más importante del mundo, que se ha convertido en su principal socio comercial y hasta mayor acreedor. Es así hasta ahora que el dinamismo chino empezó a frenarse: para este año el crecimiento de China se estima en 4.8%, entre los más bajos en 40 años (con excepción del periodo de la pandemia).

En el marco de la globalización y el libre mercado, las metrópolis capitalistas tendieron a la financiarización de sus economías y a su desindustrialización, relocalizando o mudando sus plantas y fábricas a China para aprovechar la abundante mano de obra barata y de un régimen dictatorial que garantizaba estabilidad. Pero China no solo se convirtió en la fábrica del mundo controlada por los principales grupos económicos monopolistas, sino que avanzó y avanza a través de una forma de capitalismo de Estado y una economía dirigida, que acumula y desarrolla tecnología de manera independiente, llegando a convertirse en la actualidad en una nueva potencia capitalista. Así, de socio ha pasado a convertirse en un competidor de las principales economías del mundo, sobre todo del hegemónico, dando origen a su actual rivalidad con EEUU.

Muchos sectores interpretan la actual inestabilidad del mundo por esa competencia entre ambas naciones. Lo ven como una competencia “interimperialista” por un nuevo reparto del mundo, e incluso hablan de una carrera armamentista que nos llevaría a una nueva guerra mundial. Hay una indiscutible rivalidad entre ambos, pero es una rivalidad entre socios globales con economías que son complementarias, y donde EEUU disputa por quedarse con la mayor parte de los beneficios.

La decadencia de EEUU

La rivalidad EEUU-China es espoleada por la decadencia que hace años atraviesa la economía norteamericana. Esta decadencia es la manifestación más concentrada del agotamiento del modelo de globalización liberal, y es agravada por su papel de policía del mundo. Con las guerras de Irak y Afganistán el imperialismo no solo salió derrotado, sino más desgastado, y lo mismo sucede con su intervención en los múltiples estallidos que sacuden el mundo, entre ellos lo que sucede hace dos años en Oriente Medio detrás de la heroica resistencia palestina.

En 1945, al término de la II Guerra, EEUU aportaba el 50% del PBI global; ahora, en 2024 aporta solo el 22%. El dólar, moneda dominante en el comercio y las finanzas mundiales, representaba el 71% de los depósitos de los bancos centrales del mundo, hoy es de menos del 60%. Solo el consumo de fentanilo causó la muerte de 107,500 personas en 2023 en los EEUU. Y la pobreza en dicho país, ya se ha elevado a 12% de su población.

“Según los datos que proporcionan los organismos internacionales de referencia, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, EUA no puede detener el crecimiento económico de China: China ahorra el doble que EUA como proporción del PIB, invierte el doble que EUA como proporción del PIB. La formación bruta de capital fijo de la economía de EUA es de un 20% del PIB y la de China es del 45% del PIB. China tiene superávit comercial del orden de 700.000 millones de dólares al año; EUA, un déficit comercial mayor a un billón de dólares por año. La deuda de EUA es de 130% del PIB; la de China es del 75%.”  [1]

La economía norteamericana sigue siendo hegemónica, pero hace años viene en tendencia decadente. Ante ello, la política de los grupos de poder norteamericano es frenar el descenso y recuperar su poder, una política que comparten tanto el Partido Demócrata como el Republicano, con variaciones más de forma que de contenido. Trump, si se quiere, es la cara más despótica y desinhibida de la rapacidad imperialista. Inició su mandato anunciando que quería comprar Groenlandia, que Canadá debería ser el Estado 51 de los EEUU, que el Golfo de México debía renombrarse Golfo de América, que iba a recuperar el Canal de Panamá….

El fenómeno Trump

Trump ha entrado en escena como encarnación de las necesidades de los poderosos grupos monopólicos norteamericanos, y en especial de los gigantes que dominan el mercado de las tecnologías. De aquí su lema Make América Great Again (Hagamos de Estados Unidos grande otra vez), que también da nombre al movimiento MAGA que lo encumbró y sostiene en el poder.

En su primer año de mandato, en el plano interno Trump se concentró en ajustes fiscales produciendo despidos masivos en la administración pública, y en un agresivo plan de persecución, arresto y deportación de migrantes. En su política exterior aplicó aranceles a todos los países sobre la base de un mínimo de 10%, y tasas más elevadas y hasta escandalosas a Japón, China, Brasil, México, incluso con aquellos con quienes tenía y tiene acuerdos de libre comercio, buscando réditos no solo económicos sino también políticos. Y en el plano militar, reforzó la ofensiva de Netanyahu sobre Gaza, bombardeó Irán; en Ucrania intenta forzar una salida negociada entre sus socios europeos y Putin, tratando de distanciar a este último de China, calculando con qué tajada se queda. Sin embargo, la mayor ofensiva militar es la que despliega estos días sobre nuestro subcontinente, con un masivo despliegue militar en las costas de Venezuela intentando forzar la caída del régimen de Maduro.

Las poses agresivas y chantajistas mostradas por Trump contra diversos países están dirigidas a arrancar diversos beneficios para EEUU y sus socios políticos. Le impuso un arancel de 25% a México y después la suspendió con el compromiso del gobierno de Claudia Sheinbaum de colocar diez mil efectivos policiales y militares en la frontera norte para controlar la masiva migración y el tráfico de drogas. Envió un avión con deportados colombianos a su país, y ante el rechazo de Gustavo Petro de recibirlos, lo amenazó con aplicarle un paquete de 25% de aranceles, además de acusarlo de narcotraficante y terrorista, obligándolo a ceder. Le impuso un arancel de 50% a Brasil exigiendo beneficios judiciales para su aliado Bolsonaro, pero al final cedió. En todos los casos, prima la negociación y el retroceso de ambos lados por las profundas relaciones económicas tejidas en años de acuerdos, en cuyo entramado predominan los intereses de capitalistas norteamericanos.

El resultado de esta política, mucho antes de cumplir su primer año, ha sido inflación (3%), depreciación del dólar y corridas en varios bancos centrales hacia el reemplazo de sus reservas en dólares por oro, presionando al alza de este mineral; y un crecimiento estimado a la baja (menos de 2%). Pero el saldo más negativo se ha dado en el plano político: en EEUU se han desatado gigantescas movilizaciones de protesta contra las políticas de Trump, y este creciente descontento se manifestó en los resultados de las últimas elecciones de autoridades locales perdidas por Trump en casi todos los Estados. El mayor resultado adverso por su significado simbólico, fue el triunfo de Zohran Mandani en New York, un musulmán de perfil socialista que defiende la causa Palestina y que es abiertamente opuesto a Trump.

“América para los americanos”

La ofensiva global de la administración Trump ha tenido en A.L. a uno de sus principales escenarios tanto que algunos periodistas vienen hablando de la “Doctrina Donroe”. En 1823 el presidente norteamericano James Monroe dijo: “América para los americanos”, estableciendo desde entonces los intereses prioritarios de EEUU sobre América Latina, con respecto a Europa. Desde entonces ha sido es así. Solo que ahora, la vuelta de la mirada y las nuevas acciones de Trump se hacen respondiendo a una nueva realidad: la creciente presencia económica de China en el subcontinente.

La hegemonía ganada por EEUU en la posguerra y luego con la globalización liberal tras la caída del “campo socialista”, llevó a considerar a América Latina simplemente como su patio trasero donde el dominio yanqui era incuestionable. En los años 90 se estableció el Consenso de Washington mediante el cual se alineó al subcontinente tras las políticas de libre mercado promovidas por el EEUU. Hubo resistencias, como el No al ALCA que hizo fracasar el primer intento de establecer un tratado comercial “de las américas”, y surgieron gobiernos y movimientos de corte nacionalista, los que sin llegar a cuestionar la hegemonía y dominio norteamericano intentaron una tercera vía (Chávez, Evo, Correa, Lula en su primer mandato). Los principales escenarios de confrontación fueron Venezuela, por la nacionalización del petróleo en uno de los países con más reservas del mundo, y Cuba, por su significado político para el subcontinente. Esto, hasta la crisis del 2008 y la emergencia de China en el mundo y su creciente presencia en América Latina.

China en América Latina

La presencia económica de China en A.L. se ha desarrollado durante el nuevo siglo, hasta convertirse en la actualidad en el primer socio comercial para la mayoría de países (entre ellos Perú, Brasil, Chile, Uruguay y Venezuela), desplazando a EEUU a un segundo lugar.

En el caso específico de Perú, las exportaciones peruanas a China en 2024 fueron de $ 25,200 millones, mientras que las exportaciones a EEUU ascendieron a $ 13,106. Las importaciones de China a Perú fueron de $ 15,800 millones, mientras que las provenientes de EEUU fueron $ 10,000 millones. En ambos casos, con un superávit comercial favorable a Perú. Perú exporta a ambos países productos primarios y sobre todo minerales, e importa de ellos maquinarias, vehículos y equipos de tecnologías, reforzando su condición de país dependiente y atrasado.

En cuanto a inversiones, la presencia China también se ha incrementado, sobre todo en minería e infraestructura. En minería sus capitales se concentran en la minería de cobre y hierro (Chinalco, Las Bambas, Shougang), y en infraestructura, toda la red eléctrica de distribución de Lima (13 millones de habitantes), el megapuerto de Chancay destinado a ser un hub logístico para unir los mercados de Latinoamérica con Shanghái; también tiene presencia en la Refinería de Talara y el Metro de Lima. La inversión en infraestructura está ligada al plan de desarrollo comercial chino a través de la Ruta de la Seda. Además, China facilita préstamos a varios países en mejores condiciones que EEUU, y establece acuerdos comerciales con aquellos que rivalizan con el país del norte.

La ofensiva de Trump

De este modo, la hegemonía norteamericana se ve cuestionada en el subcontinente. Esto explica la nueva política de EEUU hacia la región. Ya en 2022 la administración Biden se planteó en la Cumbre de las Américas la creación del “Acuerdo de Prosperidad Económica de las Américas”, APEA, orientado a fomentar inversiones en la región buscando un contrapeso al avance chino. Ahora Trump desata una ofensiva a mayor escala. Ya intervino para “recuperar el Canal de Panamá” de la presencia china. Ante la inauguración del megapuerto de Chancay, la administración Trump anunció que aplicará nuevos aranceles a los productos que vengan de dicho puerto. Y afianza relaciones con los gobiernos que le son más afines, al mismo tiempo que ataca a los que considera rivales buscando someterlos.

El derechista Nayib Bukele de El Salvador, pasó a convertirse en uno de sus socios, ofreciéndose éste a acoger a presidiarios norteamericanos en sus seguras megacárceles. Otro derechista como Daniel Noboa de Ecuador, se ofrece para volver a reabrir la base militar de Manta, a cambio de ayuda para la seguridad interna; plan en el que por ahora ha fracasado porque ha sido rechazado en consulta popular. Otros muy cercanos a la administración Trump, son los gobiernos de Paraguay, Costa Rica y hasta gobiernos de “izquierda” como el de Luis Lacalle de Uruguay. Ahora acaba de ingresar a su círculo Bolivia, con la elección de Rodrigo Paz, de derecha y elegido después de la catástrofe e ingobernabilidad que dejó el MAS en dicho país. Y hora se espera que ingrese Chile con la elección en segunda vuelta de José A. Kast, de extrema derecha, el posible triunfo también de la derecha en Colombia, en reemplazo del otro desastre que significa el gobierno de Gustavo Petro. Las mismas expectativas se abrigan también para Perú y Brasil en las elecciones del próximo año.

El más representativo de las nuevas relaciones construidos por gobiernos de derecha con EEUU, es el que muestra estos días la Argentina.

El salvataje a la Argentina de Milei

El caso de la Argentina nos revela la política de la administración Trump hacia las naciones latinoamericanas: el dominio económico directo. Milei es un gobernante ultraderechista admirador de Trump. Ganó las elecciones ante la bancarrota económica de dicho país bajo la administración del kirchnerismo, y aplicó un paquetazo ofreciendo estabilidad y un futuro promisorio; pero no logró nada de eso sino una mayor crisis con desempleo creciente, más pobreza, hundimiento de los servicios públicos y, lo que es peor, la amenaza de una nueva corrida cambiaria y espiral inflacionaria. En este contexto, las elecciones para renovar una parte de la bancada parlamentaria, se convirtieron en plebiscitarias, y a primera vista era inevitable el aplastamiento del oficialismo. Pero ocurrió todo lo contrario: el oficialismo ganó por amplio margen. Y ganó porque Trump chantajeó al país a votar por Milei prometiendo lanzarle un salvataje de $ 20 mil millones. Ante la falta de alternativas se impuso el miedo y la mayoría le dio el triunfo a Milei, que como primera medida ya anunció un nuevo ajustón con una reforma laboral incluida.

De este modo la Argentina, un país rico en recursos, pasó a atar su suerte a la de EEUU, convirtiéndose en una suerte de protectorado sin por ello saber o tener la seguridad de salir de la crisis que la agobia.

El ataque a Venezuela… y Cuba

Lo señalado no agota el plan de Trump para América Latina. Las dos piedras en sus zapatos siguen siendo Cuba y Venezuela. Hacia Cuba ya aprobó un Memorándum mediante el cual endurece su política hacia la Isla (prohibición de turismo, prohibición de transacciones financieras, financiamiento de la oposición, etc.), en un intento por acabar con el régimen del Partido Comunista, el único que pálidamente simboliza la lucha por la independencia de América Latina. Y el ataque a Venezuela dirigido a voltear al régimen de Maduro, que también es parte de esta política de aislar a Cuba, cortándole el suministro de petróleo.

No obstante, hasta hoy, el más espectacular ataque sobre América Latina y el Caribe ha sido y es el gigantesco desplazamiento militar de EEUU en las costas de Venezuela. Destructores, cruceros, miles de marines y sobre todo el portaaviones USS Gerald R. Ford considerado el más grande y moderno del mundo, se han apostado en el mar del Caribe y a pocos kilómetros de las costas de Venezuela, con el pretexto de combate al narcotráfico y a la banda criminal Los Soles, a la que pertenecería Maduro y su régimen. Así, ya se ha hundido 22 embarcaciones y asesinado a cerca de un centenar de sus tripulantes. Así, en un acto que lesiona todo el derecho internacional, EEUU se arroga el derecho de calificar como cárteles de la droga a cualquier gobierno y así justifica su ataque en nombre de su “seguridad” interior.

El último ataque militar del imperialismo que conocimos sucedió el siglo pasado, en 1982, con la guerra de Las Malvinas, una guerra del imperialismo inglés contra la Argentina. La otra fue en 1989, con la invasión a Panamá por parte de EEUU con el fin de detener al gobernante Manuel Noriega. En ambos casos, pero sobre todo en la primera, hubo una amplia solidaridad de toda América Latina, incluso con gigantescas movilizaciones y envío de armas para el caso de Las Malvinas. Ahora sucede lo contrario: ante el ataque a Venezuela y la soberanía de América Latina se produce un silencio total, no solo de todos los gobiernos incluidos los llamados “progresistas”, sino incluso de la izquierda reformista que no hace nada para denunciar y frenar dicho ataque.

Más que el combate a un cártel de la droga (calificación que puede ser usada mañana para justificar la invasión de cualquier otro país no amigable con Trump y EEUU), el objetivo del desplazamiento militar  es el derrocamiento del régimen de Maduro, un régimen corrupto y asesino que bajo el ropaje del “socialismo del Siglo XXI” ha hundido la economía obrera y popular de dicho país; para reemplazarlo por un nuevo régimen con Edmundo González y María Corina Machado, cabezas de la golpista derecha venezolana, y por esa vía, adueñarse de los inmensos recursos energéticos de dicho país. Para colmo, para mejor facilitar el cambio, la Corina Machado ha sido distinguida con el “Premio Nobel de la Paz”.

Todo indica que la salida de Maduro es cuestión de días. Ninguna resistencia se puede esperar de un tirano que con la misma cobardía que ordena disparar a su pueblo se arrodilla al amo imperial. Esto significará para Trump un nuevo triunfo en su plan de sujeción y control del subcontinente.

El antiimperialismo en agenda

De todo lo anterior, deducimos la vigencia y actualidad continental de la lucha contra el imperialismo, principalmente norteamericano, bajo las viejas consigna levantadas por generaciones de luchadores, de Fuera Yanquis de América Latina. No se trata de hacernos de la vista gorda ante la presencia y saqueo que producen otras potencias, como China, y menos de verlos como progresivos como hace la mayoría de la “izquierda” stalinista y maoísta que lo apoyan, supuestamente porque sigue siendo “socialista”. Se trata de que en la hora actual quién hegemoniza ese dominio, quien interviene directamente incluso con embarcaciones de guerra, es el imperialismo norteamericano.

La situación del continente y del Perú, es resultado de su sumisión al imperialismo, relación construida por las burguesías locales en asociación con sus representantes políticos, y preservada con la colaboración de los representantes de la izquierda reformista que, renunciando a sus banderas antiimperialistas de antaño, desde los gobiernos que ocuparon u ocupan, han devenido en ejemplares implementadores de las políticas neocoloniales y neoliberales, que han profundizado dicha sujeción.

Ante esto, una verdadera alternativa revolucionaria emergerá a la cabeza de las luchas obreras y populares, explicando, agitando y organizando en la actual situación, en primer lugar y ante todo, la lucha contra el antiimperialismo, por la defensa de la soberanía de A.L. hacia nuestra segunda independencia con los Estados Unidos Socialistas de Latinoamérica; por fuera las tropas yanquis de El Caribe y de A.L., y por el retiro de todas sus bases militares. Por ruptura de los pactos militares y acuerdos suscritos como los organismos imperialistas: los acuerdos de “libre comercio”, la OMC, la OCDE, el FMI, el TIAR, el MIGA, entre otros. Y por la nacionalización sin pago bajo control de los trabajadores, de los oligopolios extranjeros de la minería, la energía, el petróleo y gas. El Perú ingresa a un nuevo proceso electoral, donde desde la derecha no solo se expresa abiertas simpatías y apoyo a la administración Trump, mostrando el futuro que nos ofrecen, y desde las opciones de “izquierda”, ni siquiera se musita una palabra contra el Imperialismo ni contra Trump. Este solo hecho muestra que las verdaderas alternativas para el país y los trabajadores no pasan por las elecciones. Pasan y se forjarán en la lucha directa, desde las calles, donde se construirá la consciencia y la organización de una nueva vanguardia política, verdaderamente antiimperialista, anticapitalista y socialista


[1] https://rebelion.org/trump-oportunidad-para-america-latina-y-el-mundo/

La lucha contra el gobierno después del 14N

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Por Víctor Montes

La «Marcha nacional» del pasado 14 de noviembre se vislumbraba como un paso adelante en la lucha por la caída del gobierno Jeri y el congreso corrupto. 

Sin embargo, la acción tuvo un impacto menor al que tuvo la movilización del 15 de octubre, y una actitud claramente menos beligerante que la mostrada por los asistentes en dicha oportunidad. ¿A qué se debe esta diferencia?

Camino a la jornada del 14

La convocatoria del 14 de noviembre nació como continuación de la movilización desarrollada un mes atrás, en la que la represión policial se cobró la vida de Mauricio Ruiz, ‘Trvco’.

Esta vez, coincidiendo con un aniversario de la movilización en la que el espurio gobierno de Manuel Merino acabó con la vida de Inti y Brayan, la convocatoria contó con la adhesión explícita de la dirigencia de las CGTP y de federaciones obreras como la FETRIMAP, además de la participación de algunos gremios estudiantiles como la Federación Universitaria de San Marcos.

Sin embargo, a una semana de la movilización ya se hacía evidente una diferencia con la acción del 15 de octubre. En primer lugar, el sector juvenil se mostró dubitativo. El llamado “bloque universitario” mantuvo su orientación vanguardista y no preparó la acción desde las bases universitarias, lo que se expresó, en los hechos,en una menor concurrencia estudiantil. 

Por otro lado la llamada ‘generación z’, que había protagonizado algunas acciones de vanguardia durante el último momento de vida del gobierno Boluarte, y que había sido parte de la primera línea en la acción del 15 de octubre, no apareció en la forma en que lo venía haciendo.

Esta actitud, que lamentablemente no se corresponde con la necesidad de impulsar la más amplia movilización para enfrentar y derrotar al gobierno, pesó en la convocatoria final.

La clase obrera frente a la lucha contra el gobierno

En ese contexto, es digno de resaltar la actitud del Sindicato Celima, que semanas antes de la jornada peleó por hacer votar, por mayoría, una moción en la FETRIMAP de adhesión a la convocatoria.

El Sindicato, que además de tener una trayectoria de lucha solidaria con otras organizaciones obreras, ha estado presenta en las luchas nacionales de los últimos 20 años, también se hizo presente en la CGTP para impulsar una acción organizada de la clase obrera en la jornada. Sin embargo, la dirigencia de la FETRIMAP no se puso a la altura de la tarea, y más allá de convocar con un afiche, no impulsó que las bases obreras de la Federación discutan su participación en forma democrática.

Por su lado, la dirigencia de la CGTP tampoco se jugó a que los “pesos pesados” que conforman la central, como construcción civil, se hagan presentes en la movilización. El SUTEP, que el 15 de octubre había participado con una columna importante, tampoco apareció.

Lo cierto es que la actitud de las dirigencias nacionales frente a la convocatoria del 14 de noviembre pone en evidencia que su política no es enfrentar consecuente y combativamente al gobierno, hasta derrotarlo y echarlo.

El gobierno responde reforzando la represión 

Por su parte, el gobierno de Jerí respondió reforzando la represión.

En el marco del estado de emergencia vigente en Lima y Callao, el gobierno envió a la policía a amedrentar a la juventud universitaria, rodeando San Marcos y la Universidad Católica, solicitando DNIs en sus puertas e incluso deteniendo a uno de los dirigentes estudiantiles sanmarquinos a la salida de la ciudad universitaria. 

Un día antes, Fernando Rospigliosi, presidente interino del Congreso, miembro de Fuerza Popular, y ex ministro del interior del régimen de Alejandro Toledo, públicamente había llamado a reprimir a los manifestantes, incitando a la policía a utilizar sus armas de reglamento. 

Con esto se hizo evidente que el estado de emergencia, decretado el 22 de octubre, no tenía el propósito de enfrentar a la criminalidad, como había sido presentado por Jerí. De hecho los ataques a transportistas han continuado mientras el gobierno anuncia la extensión del estado de emergencia. La realidad es que dicha medida ha tenido y tiene la finalidad de reprimir la movilización popular y juvenil que tras el 15 de octubre parecía abrir un nuevo momento de crisis análogo al de diciembre-marzo de 2022-2023.

Así, repitiendo a su manera el libreto de Dina Boluarte, Jerí quiere sostenerse hasta 2026 sobre las botas y perdigones de la represión.

Nuevamente las direcciones

Era de esperar que las direcciones del movimiento juvenil, obrero y popular, pusieran en marcha un plan, apenas pasado el 15 de octubre, para luchar por echar abajo el estado de emergencia y con él al propio gobierno de Jerí… Pero no fue así.

Renunciando a su responsabilidad, dichas direcciones retomaron su rutina de visita a los ministerios y entidades del estado, al tiempo que pusieron rumbo a la configuración de las planchas electorales con miras a abril de 2026. 

Es decir, subordinaron la necesidad de continuar la lucha en forma inmediata y de tener un plan que permita la derrota y caída del gobierno, a sus cálculos electorales y dinámica de negociación con el estado. 

Y por más que sobre el final incluyeran en sus convocatorias y afiches la consigna “que se vayan todos”, en los hechos no hubo ningún llamado a que las organizaciones de base realizasen asambleas y organizaran su participación el 14 de noviembre para garantizar una acción superior a la del 15 de octubre, tanto por su masividad como por su combatividad. 

Con esto, le han dado carta de ciudadanía al gobierno de José Jerí, un presidente que concentra con el acuerdo de los sectores más corruptos y reaccionarios del país acuartelados en el Congreso (Fuerza Popular, Renovación Popular, APP, Acción Popular, Perú Libre, Bancada Magisterial, etc.), así como la colaboración de toda la patronal, que espera ganar de esta alianza corrupta y criminal entre el Congreso y el Ejecutivo, la profundización del plan económico neoliberal, que implica eliminar más derechos laborales, carta libre para despedir y entregar con más facilidad los recursos naturales a las grandes empresas, mientras las “migajas” son devoradas por la economía ilegal, que además se transforma en criminalidad.

Una estrategia obrera y de lucha

No es posible negociar con un gobierno que representa esta alianza reaccionaria. Solo será echando abajo tanto a este gobierno asesino, como al Congreso corrupto y reaccionario, que el pueblo pobre y trabajador de nuestro país tendrá la posibilidad de abrir camino a sus más profundas reivindicaciones, como acabar con la criminalidad, garantizar trabajo estable, incremento de salarios y pensiones, recuperación de los recursos naturales, etc.

Desde el PST lo decimos con claridad: el momento actual demanda la lucha consecuente por la caída del gobierno sin depositar esperanza alguna en las próximas elecciones, que se desarrollan bajo el control de la patronal y del pacto corrupto que domina desde el Congreso. 

Por eso se hace urgente discutir en las bases sindicales, estudiantiles y populares, la organización de la huelga general combativa por la caída del gobierno, que demande el encarcelamiento, juicio y sanción de los policías, militares, y políticos, como Jerí o Boluarte, responsables por la represión y asesinato de quienes salieron a luchar y nunca volvieron a casa. Y son esas mismas organizaciones de base las que deberán exigir y arrancarle a las dirigencias nacionales la convocatoria a dicha medida.

Sin embargo sabemos que hay una pregunta que siempre se plantea cuando  se pone en perspectiva la caída del gobierno ¿Y después qué? ¿Quién va a gobernar? 

Está claro que quienes llegan al gobierno abandonan sus ofrecimientos para abrazar el libreto de las grandes empresas, y llenarse los bolsillos con dinero corrupto. Por eso, no debemos esperar a la llegada de un ‘salvador’ en las próximas elecciones, ni por la vía de la «sucesión constitucional». Si realmente nos preguntamos qué gobierno puede responder genuinamente a los intereses y necesidades del pueblo pobre y trabajador. Qué gobierno es capaz de defender nuestros recursos naturales, recuperarlos de manos de las transnacionales mineras y petroleras, Y definir una perspectiva de soberanía nacional. Qué gobierno logrará enfrentar la criminalidad. Etc. Para nosotros esa respuesta es un gobierno de las organizaciones obreras y populares. Único gobierno capaz de garantizar la refundación del país sobre bases verdaderamente democráticas, que incluya la demandada de la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

Y para eso tenemos que construir una dirección revolucionaria que desde la clase obrera se proponga dirigir al conjunto del pueblo pobre hacia la concreción de su propio gobierno. Esa es la estrategia del PST, y llamamos a los luchadores y luchadoras, obreros y obreras, jornaleros y jornaleras de la agroindustria, y a los estudiantes a construir juntos este proyecto, y a ponerse al frente de la lucha por la caída inmediata de Jerí y el corrupto Congreso.