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Unir las luchas obreras con el Paro Nacional

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Escribe Manuel Fernandez.

El 7 de agosto pasado comenzó el cese colectivo en Celima S.A. Desde entonces, el sindicato obrero se ha movilizado de manera incansable y combativa, llamando a la unidad de la clase trabajadora para enfrentar los despidos masivos y la ofensiva patronal, que se ha intensificado desde la instalación del gobierno de Dina Boluarte hace más de dos años.

Durante meses, el sindicato de Celima luchó casi en solitario, con el apoyo solidario de activistas y algunos grupos sindicales. Sin embargo, su perseverancia logró –ante el escándalo del segundo intento de cese que la empresa impulsó a fines de noviembre– que la FETRIMAP movilizara a sus bases los días 10 de diciembre y 8 de enero.

Pero el sindicato no se detuvo. Insistió en la necesidad de unificar fuerzas con la FETRIMAP y la CGTP mediante un Paro Nacional, convencido de que era la única forma de frenar el ataque patronal, agravado por el segundo cese. Junto a Celima también luchaban los sindicatos de Telefónica, de tiendas Ripley y otros que mantenían huelgas con pliegos sin resolver, reforzando la conciencia de que la unidad obrera es imprescindible.

El 13 de marzo marcó un punto de inflexión. Boluarte, acorralada por investigaciones judiciales y el avance de las protestas –que dejaron al descubierto su debilidad–, cedió parcialmente. En busca de apoyo, recibió a dirigentes sindicales en Palacio de Gobierno y permitió que las marchas se acercaran a su sede. Ese día, se realizó la movilización más grande desde 2023, con una fuerte presencia obrera y un clamor creciente: ¡Paro Nacional!

Otro hecho clave ocurrió el 20 de marzo: el quiebre de la alianza congresal que sostenía a Boluarte, con la censura a su ministro del Interior por su inacción ante la ola criminal, que cobró la vida del músico popular Paul Flores. La censura no calmó el descontento, que estalló al día siguiente en una gigantesca protesta obrera y popular, donde confluyeron sectores de clase media bajo una misma consigna: ¡Fuera Dina!

Desde entonces, las movilizaciones se han extendido: protestas en Topy Top, Ajeper, Backus; un paro regional en Cusco por la reactivación del Gasoducto Andino, y la resistencia en Tambo contra Tía María; todo lo cual mantiene en tensión a la macrorregión sur. Bajo la presión del sindicato de Celima, y ante la amenaza de la implementación del RIA (remuneración integral anual) por parte del Ministro de Trabajo, la FETRIMAP –que aún se resiste al Paro Nacional– convocó una nueva marcha el 3 de abril, movilizando a más de mil obreros de 30 bases sindicales.

En este nuevo escenario, la Federación Textil celebró un plenario el 5 de abril, acordando apoyar a Celima y convocar una movilización como paso hacia un Paro Nacional. Los transportistas realizaron un paro el 10 de abril y anuncian otro para el 14 y 15 de mayo, exigiendo acciones contra la inseguridad. Ese mismo día, la Federación de Construcción Civil demostró su fuerza sacando a más de 10 mil trabajadores a las calles.

En resumen: el agravamiento del ajuste patronal –ante la inestabilidad de la economía mundial amenazada de recesión por el efecto del gobierno Trump y sus medidas–, combinada con la absoluta crisis del gobierno incapaz de frenar la ola delictiva que afecta a las mayorías pobres, han dado impulso a una nueva oleada de luchas exigiendo soluciones, pero sobre todo exigiendo ¡Fuera Dina! En este nuevo escenario la clase obrera se muestra como una vanguardia con mucha fuerza y, sobre todo, potencialidad. En ella, el sindicato Celima se coloca como uno de los referentes máximos de la combatividad obrera.

La situación exige que las dirigencias sindicales convoquen ya un Paro Nacional Obrero y Popular, no solo por reivindicaciones laborales, sino para derrotar a un gobierno ilegítimo. Solo así se podrá revertir el cese en Celima –que ya cuenta con dos resoluciones favorables a la patronal–, derogar las leyes antiobreras y eliminar los regímenes laborales precarios, como el que sufren los textiles.

Hoy, el llamado al Paro Nacional, gritado desde las trincheras de los obreros de Celima, resuena en todo el país. Hay que exigirlo y prepararlo en cada base sindical, hasta empujar a las dirigencias de la FETRIMAP y la CGTP a colocarse al frente de esta tarea. 

¡Viva el 1° de Mayo!

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Unitario, clasista y de lucha contra el gobierno, el Congreso, los patrones, el capitalismo neoliberal y el imperialismo

Los trabajadores y trabajadoras de todo el mundo nos reencontramos en las calles este 1° de mayo, conmemorando la heroica gesta de la clase trabajadora por las 8 horas de trabajo, y el sacrificio de los mártires de Chicago, que hace 139 años fueron detenidos y acusados injustamente, para ser ejecutados por la justicia patronal un año después. La heroica lucha de la clase obrera seguiría su ejemplo y, al cabo de algunos años, conquistaría las 8 horas de trabajo a lo largo y ancho del mundo. En nuestro país, una poderosa huelga general impondería la conquista de esas 8 horas en enero de 1919.

Una ofensiva contra los pueblos y trabajadores del mundo

Pero no lo hacemos en un momento cualquiera, pues nos encontramos en medio de una brutal ofensiva del imperialismo, particularmente del estadounidense, con trump a la cabeza, contra los pueblos del mundo.

No solo cumplió con su promesa de iniciar una “cacería de brujas”, deportando abusivamente a los migrantes, incluidos peruanos, de los Estados Unidos. Sino que contó con el silencio cómplice, cuando no con el apoyo explícito de varios gobiernos serviles de Latinoamérica, incluido el gobierno de Dina Boluarte.

También impuso un retroceso en la soberanía panameña al volver a desplegar tropas en las inmediaciones del canal de Panamá, lo que constituye una amenaza contra todos los pueblos del continente.

Además, ha iniciado una guerra arancelaria que, aunque evidencia una pugna particular con China, se ceba con los pueblos de todo el mundo, con la finalidad de lograr una mayor concentración de la riqueza en manos de las transnacionales y corporaciones yankis.

No es casual que, en ese marco, Trump busque imponer una “paz” al pueblo ucraniano que significará el desmembramiento de casi un tercio de su territorio nacional en favor de Putin y la oligarquía rusa, de un lado, y el control de sus recursos naturales (tierras raras) en favor de Estados Unidos, del otro.

Tampoco es casual que Trump sostenga el genocidio contra el pueblo palestino, conviertiendo a Gaza en una masiva fosa común, donde mujeres, niños, niñas, ancianos y ancianas, hombres y mujeres, son asesinados día a día por la acción de las bombas yanquis que Trump entrega al gobierno Netanyahu, así como por el hambre y la falta de medicinas debido al bloqueo impuesto por el Estado genocida, sionista y nazi-fascista de Israel. Estado que no es más que un enclave colonial-militar del imperialismo en el Medio Oriente.

Ese es el marco internacionalista de este Primero de mayo. Un marco que nos obliga a recordar, que el capitalismo es sinónimo de explotación, muerte y destrucción. Un marco que nos muestra que el capitalismo nos ha traído a la barbarie. Y por eso, no hay más camino que destruirlo.

La crisis en el país es responsabilidad del gobierno, el congreso y los patrones

Y las cosas no son diferentes en nuestro país. El capitalismo trajo «modernidad» e integró al Perú al mundo, elevando el nivel de vida… pero solo para las clases acomodadas. Según el INEI, entre los años 2019 y 2023, la pobreza urbana casi se ha duplicado, pasando del 14.6 al 26.4%; mientras que la pobreza rural se encuentra en el 39.8%. En general, 30% del país (10 millones de peruanos y peruanas) son pobres (viven con 8 soles al día).

Las mujeres trabajadoras y campesinas cargan con la peor parte: empleos precarios, salarios miserables y violencia machista. En nuestro país, el 51% de las personas que trabajan en la informalidad, son mujeres. La brecha salarial entre hombres y mujeres se mantiene en un 25%. En 2024, 175 mujeres fueron víctimas de feminicidio, y de acuerdo con el Portal estadístico del Programa Nacional AURORA, se han registrado 49 casos de feminicidio hasta marzo de 2025.

Es este mismo sistema económico y social que desveló toda su injusticia y crueldad durante la pandemia del Covid 19, en la que los trabajadores y pobres fuimos obligados a salir a trabajar y condenados a morir por el contagio y sin ninguna esperanza de atención mínima. Un millón fue despedido y la economía popular fue arruinada. En ese mismo lapso los grandes capitalistas hicieron más dinero.

Ahora vivimos una situación parecida con la criminalidad, que se expande y avanza tomando el control de barrios enteros, causando más de 6 asesinatos diarios (500 en lo que va del año solo en Lima, 100 solo en San Juan de Lurigancho). Las extorsiones superan los 5 mil casos, y han provocado el cierre de 2,600 bodegas solo en Lima. Transportistas, colegios y comunidades pobres son víctimas, descomponiendo todo el tejido social.

El Estado patronal, corrupto e inepto, alimenta este caos en lugar de combatirlo. Abandona la educación, la salud y proyectos para mitigar los desastres climáticos. Permite el saqueo de recursos naturales por mineras (legales e ilegales) y los tratados de libre comercio que inundan el mercado incluso con productos agrarios subsidiados, hunden al campesinado pobre. En ese contexto, los sectores más pobres y excluidos de la “riqueza” que ofrece el modelo económico, se convierten rápidamente en carne de cañón para las bandas criminales.

Unir las luchas y levantar nuestras banderas

Pero los trabajadores y el pueblo pobre resistimos luchando. Lo hacen los obreros de Celima contra el cese colectivo que busca destruir su sindicato. Lo hace la población de los conos de Lima junto a transportistas, contra la inseguridad. Lo hacen La Convención por el Gasoducto al Sur y el Valle del Tambo contra el proyecto Tía María de Southern. Todo esto ha dejado al gobierno de Boluarte, odiado por todos, apenas sostenido por un Congreso mafioso.

Pero las direcciones nacionales (CGTP, FNTMMP, FNTCCP, FETRIMAP) en los hechos frenan la posibilidad de que uniquemos nuestras luchas. Por ejemplo, hoy renuncian a convocar un Paro Nacional o una Huelga general, que unifique las demandas y reivindicaciones. Esto debido a que su prioridad son sus planes electorales, que colocan por delante de la solución inmediata de nuestras demandas. Y mientras tanto, siguen conciliando con nuestros enemigos clase en el Consejo Nacional del Trabajo y el Acuerdo Nacional.

Ante esto, lo que necesitamos es enterrar ya al gobierno de Boluarte y abrir un cause verdaderamente democrático en el país, con la conquista de una Asamblea Constituyente, demanda que viene desde lo más profundo del país, que entierre la constitución fujimorista, y que consagre las verdaderas aspiraciones democráticas y de independencia económica y social que necesita el país:  Una salida que solo podrá ser coronada luchando sin tregua y unidos obreros, campesinos, estudiantes y pueblo pobre, hasta la conquista de un Gobierno de los Trabajadores, apoyado en asambleas populares, que garantice la recuperación de nuestros recursos naturales, trabajo para todos y todas, derecho a la autodefensa de las organizaciones obreras y populares frente a la criminalidad, prohibición de despidos, alto a los proyectos mineros que afectan al campesinado, nacionalización del puerto de Chancay para ponerlo al servicio de la economía nacional y un largo etcétera. Todo en el camino a la construcción del socialismo en el Perú, América y el mundo, única salida a la barbarie capitalista-imperialista que amenaza al planeta entero.

Para ello hace falta una nueva dirección: un partido obrero revolucionario como el que construimos en el Partido Socialista de los Trabajadores, que sea capaz de fortalecer la autoorganización democrática y encabezar las luchas, hasta la consecución de estas aspiraciones.

¡Viva el 1° de Mayo clasista, internacionalista y socialista!
¡Abajo la opresión capitalista!

¡Viva la lucha de la resistencia ucraniana! ¡Viva la resistencia del heroico pueblo palestino!
¡Abajo Dina asesina! ¡Por un Gobierno de los Trabajadores!

¿Es posible acabar con la criminalidad?

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Al cierre de la edición, el 10 de abril, un nuevo y poderoso paro de choferes se impuso en respuesta a los asesinatos que vienen sufriendo en plena ruta. Más de 400 líneas de transporte se plegaron, ante el hartazgo de los trabajadores del transporte, víctimas cotidianas de los sicarios que lo matan como represalia a las empresas que no pagan las cuotas extorsivas. Una vez más, es la reacción del pueblo trabajador la única que hace frente a la ola de criminalidad.

Por Víctor Montes

El asesinato del cantante del grupo de cumbia “Armonía 10”, Paul Flores, “el russo”, el domingo 16 de marzo, se convirtió en el catalizador del profundo descontento que siente el pueblo pobre y trabajador frente a la violencia de las bandas de extorsionadores y la incapacidad del gobierno para hacerles frente.

De ahí que, solo 5 días después, miles de personas salieran en movilización, pese al “Estado de emergencia”, obligando al Congreso reaccionario, dominado por el fujimorismo, a censurar al exministro del interior, Juan José Santibañez, fiel escudero de Dina Boluarte, quien antes de acceder al gobierno fuera abogado de policías corruptos y asesinos.

Con su acción, las masas populares, que tomaron la convocatoria realizada por las orquestas de cumbia del país, sin la participación de las grandes organizaciones obreras, como la CGTP, asestaron la primera verdadera derrota política de la alianza entre el gobierno y el Congreso, que se han blindado mutuamente en la perspectiva de llegar a 2026 aprobando medidas reaccionarias al amparo de la represión.

Sin embargo, el problema no ha terminado: tanto la violencia criminal, como el gobierno incapaz y el Congreso reaccionario, siguen ahí.

Nosotros ponemos los muertos

La madrugada del 2 de abril, Paul López Estarbridis, padre de familia de 51 años, y chofer con más de 10 años de experiencia, fue asesinado a balazos cuando iniciaba su ruta. El chofer trabajaba para la empresa de transportes Aquarius, conocida como la ‘S’, a la que las bandas de extorsionadores exigían el pago de S/. 20 soles diarios por unidad (unos S/. 2000 diarios en total).

Con dolor, sus compañeros declararon su temor por salir a trabajar. Ante la consulta de los medios de comunicación, sobre si pensaban cambiar de trabajo debido a los extorsionadores, sus compañeros respondieron “somos choferes. Es lo que sabemos hacer y es lo que queremos hacer: trabajar tranquilos y saber que vamos a volver a casa”.

No resulta extraño que, cuando el 5 de abril, Loymer Noé Benigno, chofer de la empresa “el chino”, fue asesinado mientras realizaba su ruta, los 200 choferes que laboran en la empresa definieran parar sus labores en forma intempestiva y no salir hasta tener garantías para sus vidas. Loymer es el tercer chofer de esta empresa, asesinado desde que iniciaron las extorsiones.

17 choferes han sido asesinados en total en lo que va del año. Y es que en medio de la “ola de criminalidad”, los que ponemos los muertos somos los trabajadores y nuestras familias. Según el Sistema Nacional de Defunciones (SINADEF), cada 4 horas se asesina a alguien en el país. 

Junto a choferes, trabajadores de barberías, bodegas y escuelas de barrio, vendedores ambulantes o farmacias, son víctimas cotidianas de las bandas de extorsionadores. 

Así como en 2020, en plena pandemia, Vizcarra entregó al pueblo pobre a un genocidio en el que los que tenían dinero sobrevivían y los que no, moríamos en las puertas de los hospitales o en nuestras casas, carentes de oxígeno, hoy Boluarte y el Congreso nos entregan como ganado a las bandas criminales.

Otra vez… ¿Qué es el crimen organizado?

Como hemos explicado antes el crimen organizado no tiene nada que ver con el carterista o “fumón1” que roba en los barrios. Las organizaciones criminales que extorsionan y asesinan, son verdaderas empresas capitalistas que realizan sus negocios por fuera de la Ley.

Empresas donde hay “dueños”, “gerentes”, “capitanes” y “soldados”. Y donde para garantizar sus ganancias, deben “apropiarse” de territorios e imponer su orden, su “ley”, por la fuerza de las armas y del dinero, con el que compran autoridades (comisarios, oficiales, jueces, supervisores municipales…) que “miran para otro lado”, mientras extorsionan, trafican y matan. Como dicen las propias bandas de extorsionadores, de nada vale denunciar, porque “la policía está con las bandas”. 

El Estado patronal no puede enfrentar al crimen

Pero el poder económico de las bandas criminales es tal, que incluso acceden a instancias de poder nacional (Congreso, Poder Judicial y Gobierno), y desde ahí, como cualquier otro sector patronal, defienden sus intereses.

No es casual que el actual presidente del Congreso, Eduardo Salhuana, ligado a la minería ilegal, se haya constituido en una de las cabezas de las medidas que debilitaron el sistema de investigación fiscal y las leyes de crimen organizado.

El modelo económico aviva las llamas de la criminalidad

Pero el caldo de cultivo para el desarrollo de las bandas criminales, es el modelo económico neoliberal, que saquea nuestros recursos, super explota a la clase trabajadora, y arroja a la población a condiciones de miseria (cabe recordar que entre 9 y 10 millones de peruanos y peruanas nos encontramos bajo la línea de la pobreza monetaria y otros 9 a 10 millones, son vulnerables a caer bajo esa misma línea en cualquier momento). 

Así, el capitalismo neoliberal produce potencial carne de cañón para el crimen organizado. Por eso, el Estado patronal y la criminalidad resultan inseparables: porque en el fondo, ambos defienden los intereses del capital.

El gobierno no hace nada

Pero además, nos encontramos ante un gobierno particularmente incapaz ante el problema de la criminalidad. Tan incapaz, que en los hechos, es el principal obstáculo para hacerle frente. 

De ahí que los transportistas que paralizan sus labores, y las marchas que se han impuesto en las calles, denuncian la responsabilidad del gobierno y del Congreso, y demandan medidas efectivas para terminar con las bandas criminales, capturar a sus cabecillas, y devolver la tranquilidad a los barrios de la ciudad.

Es esta respuesta colectiva la única que puede abrir paso a una lucha real contra el crimen organizado, con medidas de inteligencia que apunten a la captura y al desmembramiento de las bandas criminales, incluidas las que obran desde los centros del poder.

Un programa revolucionario contra las bandas criminales

Desde un punto de vista de clase, debemos ser claros: el Estado patronal no puede terminar con la criminalidad, pues defiende los intereses del capital, que necesita de nuestra miseria para hacer ganancias, propiciando el desempleo, la precariedad y la lumpenización de sectores de la clase obrera y el pueblo.

Somos los trabajadores y trabajadoras del país, junto al pueblo pobre del campo y la ciudad, quienes tenemos la ardua tarea de acabar con el crimen organizado, como parte de nuestra lucha por acabar con el poder del capital, a partir de nuestra acción combativa y autoorganización.

Por eso proponemos:

a. Poner en discusión de nuestras organizaciones (sindicatos, asambleas barriales, frentes de defensa, etc.) la organización de rondas y comités de autodefensa urbanas que, junto a las rondas campesinas, combatan la acción de las bandas criminales.

b. Exigir que el Estado proporcione armamento para dichas rondas y comités, y que éstas reemplacen en todas partes a la policía en el resguardo de la seguridad ciudadana y el combate al crimen.

c. Contra la «justicia» patronal y corrupta, conformar tribunales populares que sumariamente juzguen y sentencien a los criminales, incluidos los de «cuello y corbata», desde un policía hasta un presidente.

d. Y para cortar de raíz el caldo de cultivo de donde la criminalidad arranca a un sector de la juventud pobre para convertirla en sicaria, garantizar trabajo para todos y todas, prohibir los despidos, reponer a todos los despedidos y despedidas, dividir la jornada laboral entre todas las personas con necesidad de trabajar, garantizando salarios iguales al costo de la canasta básica de consumo.

Esta es la ardua tarea que tenemos entre manos, para dejar de morir a manos del crimen, pero también, del hambre y la pobreza, y de la represión que, hasta ahora, solo sirve para mantener al gobierno de Boluarte y al Congreso reaccionario en el poder.

Los datos

  • 2057 personas fueron asesinadas en 2024 por bandas criminales a nivel nacional.
  • 554 homicidios han sido registrados hasta el 4 de abril.
  • En los 10 meses de gestión de Juan José Santibáñez al frente del MINITER fueron asesinadas 1840 personas.

¿Y el estado de emergencia?

La realidad ha demostrado lo que ya hemos dicho: el Estado de emergencia es una medida impotente frente a la criminalidad que solo da beneficios al gobierno, a los partidos del Congreso y a los empresarios, que quieren, por la fuerza, mantener al pueblo pobre y trabajador con la cabeza abajo.

Solo en 24 horas tras el anuncio de la medida, 7 personas fueron asesinadas en Lima y Callao por las bandas criminales. 15, durante la primera semana.

Echar abajo todo el legado del 5 de abril

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Por Víctor Montes

El pasado 5 de abril se cumplieron 33 años del golpe de estado con que el dictador Alberto Fujimori, Montesinos y la cúpula de las Fuerzas Armadas, tomaron el control del país con los tanques en las calles, imponiendo toque de queda, reprimiendo y persiguiendo a sus opositores, sobre todo los luchadores y luchadoras obreras y populares, pasando adelante con la imposición del modelo económico neoliberal, que consagraron vía la Constitución de 1993.

Hoy, 33 años después, los trabajadores y trabajadoras, así como los campesinos, estudiantes y naciones originarias de todo el país seguimos padeciendo el impacto de las profundas transformaciones impuestas por la dictadura, y luchamos cotidianamente por echar abajo ese legado que nos expone al saqueo de nuestras riquezas por parte de las grandes transnacionales, a la superexplotación, los despidos, la precarización y la informalidad, y que ha hecho de la corrupción una forma de vida para quienes pululan por las instituciones del Estado.

De ahí que sea imprescindible preguntarnos ¿El golpe era inevitable? ¿Había una alternativa? Y ya pasados los años… ¿Qué debemos hacer para echar abajo ese legado oneroso y pesado?

El golpe no fue un “rayo en cielo sereno”

El golpe del 5 de abril de 1992 tuvo como pretexto enfrentar a Sendero Luminoso y el MRTA, quienes desde la década del 80 desataron una ola de violencia al margen (incluso contra) de las luchas obreras y populares que merecía el genuino rechazo del pueblo pobre y trabajador, que moría entre las balas de SL, del MRTA, y las de las Fuerzas Armadas y policiales.

Pero de fondo, el golpe fue el colofón de un ciclo de ascenso de las luchas obreras y populares, que sobretodo a partir de 1975 se extendió por el país, y que tuvo su pico en la poderosa y heroica huelga minera de 1988, derrotada por la acción de las bandas paramilitares del gobierno aprista, que asesinaron a Cantoral, y por la defección de sus direcciones políticas, concentrada en Izquierda Unida, quienes renunciaron a organizar una poderosa lucha política e insurreccional en torno a los mineros, para concentrarse en sus cálculos electorales.

El golpe es, por tanto, la combinación de la decisión de las Fuerzas Armadas de tomar control del país (El “Plan verde”), para lo cual necesitaban a un “nadie” en el gobierno, como era entonces Fujimori, y de la imposibilidad de la clase obrera, por culpa de sus direcciones reformistas, de dar una salida revolucionaria a la crisis profunda, económica, social y política, que vivía el país hacia finales de la década de 1980.

Por eso, cuando sobreviene el golpe, las masas obreras, que tantas poderosas huelgas habían desarrollado en los años anteriores, se paralizaron, como si no tuvieran nada que defender. Sus direcciones (el Partido Comunista, Patria Roja, el PUM, etc.), presas del mismo “nadie” (Fujimori) que habían llamado a votar dos años antes contra el liberal Vargas Llosa, pero que ya había traicionado sus promesas de campaña al iniciar la aplicación de las medidas de ajuste neoliberal (el famoso “fujishock”), apenas a un mes de haber tomado la presidencia, en agosto de 1990, fueron incapaces de llamar a las organizaciones obreras y campesinas a luchar. Así, la derrota, que sobrevino sin reacción, terminó encumbrando a Fujimori como nuevo “Bonaparte”.

El impacto fue la miseria del país y del pueblo trabajador en particular

Los patrones y sus organizaciones como la CONFIEP, la SNI, o sus partidos políticos, nos venden la historia de que la dictadura de Fujimori, iniciada ese 5 de abril, tuvo su lado “bueno” y su lado “malo”. Dicen que Fujimori “acabó con el terrorismo” y que “reinsertó al país en el sistema financiero mundial”. Y por eso, tras su muerte, le lavaron la cara, y hasta le rindieron honores de jefe de Estado, a quien se pasó los últimos años de su vida preso por asesino y corrupto.

Y es que para esos patrones, la obra fundamental de Fujimori fue imponer a la clase trabajadora un nuevo nivel de explotación, al destruir sus derechos laborales, y entregar las riquezas del país al gran capital transnacional de quienes los patrones peruanos se hicieron socios menores, como se puede ver en el emblemático caso de Inka Kola y Donofrio, hoy marcas de Coca Cola y Nestlé.

Lo cierto es que con la dictadura, Fujimori aseguró un retroceso en el nivel de vida del pueblo trabajador de aproximadamente 30 años, lo mismo que retrocedió 30 años la posibilidad de un desarrollo económico mínimamente nacional. Por eso no es exagerado afirmar que el legado más crudo de la dictadura se plasmó durante la pandemia de covid19, cuando nos convertimos en el país con más muertos por millón de habitantes de todo el mundo (5,996.87 muertes por cada millón de habitantes según la base de datos de la Universidad Johns Hopkins – Estados Unidos).

Por todo eso, la clase obrera necesita inscribir en las banderas de sus luchas, el mismo grito de guerra que levantaron nuestros hermanos y hermanas trabajadoras chilenas durante el estallido de 2019, haciendo referencia a Pinochet, su Constitución y el modelo económico neoliberal: ¡Borrar todo tu legado será nuestro legado!

Los números de la dictadura

  • 10 años gobernó Alberto Fujimori, 8 de ellos, como dictador junto a Vladimiro Montesinos, jefe del Servicio Nacional de Inteligencia (SIN) y Nicolás de Bari Hermosa Ríos, presidente del Comando Conjunto de las FF.AA.
  • El 7 de abril de 2009, Alberto Fujimori fue condenado a 25 años por los delitos de homicidio calificado con alevosía, por las matanzas de: Barrios Altos y La Cantuta, y secuestro agravado, por las detenciones del periodista Gustavo Gorriti y del empresario Samuel Dyer.
  • La sentencia, que tuvo 266 páginas, precisó que el autogolpe de 1992 permitió que todo el poder se centralizara en Fujimori, desde el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), y que se le brindara gran capacidad operativa al Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE).
  • 300 mil trabajadores y trabajadoras estatales fueron despedidas masivamente durante el periodo de ajuste neoliberal.
  • 228 empresas fueron privatizadas por Fujimori: empresas mineras (90%); de manufactura (85.5%), hidrocarburos (68%), electricidad (68%) y agricultura (35%).

Más de 500.000 personas protestan contra Trump en el movimiento ‘¡Manos Fuera!’ manifestaciones en los EE.UU.

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Por Marcel Wando

El pasado sábado 5 de abril de 2025, cientos de miles de personas participaron en la marcha ‘¡Manos Fuera!’ en todo Estados Unidos, expresando oposición a las políticas del presidente Donald Trump y su asesor Elon Musk. Las cifras en este momento son iniciales, y es posible que las cifras de multitud fueran de millones. Organizados por grupos como MoveOn e Indivisible, se llevaron a cabo más de 1.000 eventos en los 50 estados.

En Washington, DC, la concentración más grande reunió a decenas de miles de manifestantes en el National Mall. También se produjeron protestas importantes en ciudades como Boston, Atlanta y Nueva York, e incluso en algunos estados tradicionalmente conservadores.

Los activistas levantaron carteles condenando los ataques a la democracia, los derechos civiles y programas públicos como la Seguridad Social y Medicaid. Los manifestantes expresaron su preocupación por los importantes recortes a los programas federales, en particular la reducción de más de 12 mil millones de dólares en fondos para la atención médica, los recortes de empleos en el Departamento de Educación y la desfinanciación de instituciones culturales.

Ofensiva autoritaria y ataques a los derechos

Desde el inicio de su segundo mandato en enero de 2025, el presidente Donald Trump ha implementado una serie de políticas que impactan negativamente a los sectores más oprimidos de la clase trabajadora en Estados Unidos. Una de las primeras acciones fue la firma de órdenes ejecutivas destinadas a desmantelar los programas de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) en las agencias federales. Estas medidas resultaron en la eliminación de iniciativas destinadas a promover la igualdad de oportunidades para las mujeres, las personas racializadas y las personas LGBT, así como en la eliminación de referencias a estos grupos de sitios web y materiales oficiales.

Ya en enero de 2025, una orden ejecutiva definió el sexo como una característica estrictamente biológica, lo que resultó en la suspensión de los pasaportes con el marcador de género «X» y la prohibición de los cambios de género en los documentos federales. Además, se implementaron restricciones al servicio militar de las personas transgénero y amenazas de recortes de fondos federales a las escuelas que reconozcan las transiciones de género de los estudiantes.

En febrero de 2025, Trump propuso que Estados Unidos tomara el control de la Franja de Gaza, reubicando a la población palestina en países vecinos y convirtiendo la zona en un centro turístico sin palestinos. Esta propuesta de limpieza étnica fue un incentivo para que Netanyahu (el primer ministro israelí) rompiera el alto el fuego y cometiera los ataques a Cisjordania que le siguieron.

Además, la administración Trump ha condicionado la continuación de la ayuda militar a Ucrania al acceso a los minerales de tierras raras del país en términos extremadamente favorables para Estados Unidos, o a la rendición total a Putin, con la entrega de sus tierras a Rusia. Así, impuso a los ucranianos el ultimátum de convertirse en un país sometido a Rusia, a Estados Unidos o a ambos, negando su soberanía y autodeterminación.

Estas políticas demuestran que Trump quiere implementar medidas en defensa de los más ricos y poderosos, incluso a costa de los más pobres y oprimidos, no sólo en EE.UU., sino en todo el mundo. Este es el resultado de la búsqueda desenfrenada de una competencia en el mercado global con China y otros países imperialistas del mundo.

La situación de los inmigrantes

Desde el inicio de su segundo mandato, el presidente Donald Trump ha implementado una serie de medidas contra los inmigrantes. Ordenó a los agentes fronterizos deportar sumariamente a cualquiera que cruzara la frontera, suspendió el uso de la aplicación CBP One —utilizada para programar la entrada al país—, restableció la política de “Permanecer en México” y ordenó la reanudación de la construcción del muro fronterizo.

La represión alcanzó un nuevo nivel en marzo con el arresto de Mahmoud Khalil , un residente legal permanente y ex estudiante de la Universidad de Columbia, que está casado con una ciudadana estadounidense y espera el nacimiento de su primer hijo. Aunque un juez bloqueó su deportación inmediata, Khalil sigue preso en una instalación en la zona rural de Luisiana, a casi 1.500 millas de su casa, mientras el gobierno alega vínculos con Hamas.

Se informa que otros estudiantes extranjeros con estatus legal también han sido detenidos o están bajo investigación. Cientos de personas han recibido notificaciones de cancelación de visas y órdenes de deportación. Unos días después, 238 inmigrantes venezolanos fueron deportados a El Salvador y llevados a la megacárcel de Bukele . El gobierno alegó vínculos con la pandilla Tren de Aragua, pero varios deportados tenían casos de asilo activos y no habían recibido órdenes formales de expulsión. Un juez incluso ordenó el regreso de algunos de ellos cuando los vuelos ya estaban en marcha.

Mientras tanto, otros inmigrantes con visas válidas enfrentaron barreras al intentar regresar a Estados Unidos. A la Dra. Rasha Alawieh, por ejemplo, se le impidió la entrada después de que los agentes encontraran imágenes de líderes de Hezbolá en su teléfono celular. Aunque ella afirma que las fotos fueron tomadas en un funeral, esto fue utilizado como justificación para su deportación.

Las políticas de inmigración de Trump han suscitado importantes preocupaciones entre los defensores de los derechos de los inmigrantes y las organizaciones de derechos humanos. La implementación de deportaciones masivas, detenciones prolongadas y restricciones a las solicitudes de asilo son violaciones de los derechos fundamentales de los inmigrantes. Para un análisis más profundo sobre la movilización de los inmigrantes y sus aliados contra los ataques de Trump, recomendamos leer el artículo “ Los inmigrantes y sus aliados se movilizan contra los ataques de Trump ”.

El “¡Manos Fuera!” Las manifestaciones reflejan una creciente resistencia a las políticas de la administración Trump, enfatizando la defensa de los servicios públicos, los derechos civiles y el apoyo a las comunidades inmigrantes en Estados Unidos.

¡Todos con el Paro de choferes del 10 de abril! ¡Ni un chofer asesinado más! ¡Paro nacional!

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Partido Socialista de los Trabajadores

Desde las primeras horas de la mañana, el paro de choferes se ha hecho sentir con fuerza en Lima y Callao. 

Más de 460 líneas de transporte han paralizado actividades, bajo la demanda de sus choferes, víctimas cotidianas de los asesinatos que perpetran las bandas criminales como represalia contra las empresas extorsionadas.

El hartazgo es justificado, porque tal como pasó durante la pandemia, somos los trabajadores, trabajadoras y el pueblo pobre, los que ponemos los muertos.

Pero el Paro no solo denuncia la violencia criminal y exige un alto a los asesinatos. También denuncia la responsabilidad del gobierno incapaz de Dina Boluarte y el Congreso corrupto y reaccionario, que poco o nada han logrado contener la ola de criminalidad con la declaratoria del “Estado de emergencia”, y por el contrario, han debilitado el sistema de investigación fiscal, y relajado las leyes existentes contra el crimen organizado.

El pueblo trabajador se siente solidario con el paro de los choferes, más allá de las dificultades que la medida de fuerza significa para llegar a los centros de trabajo, pues la clase trabajadora es consciente de la imprescindible labor social y económica de los trabajadores de transporte, y tal como ellos, quiere salir a trabajar sin temor a ser asesinados durante su jornada laboral.

Desde el Partido Socialista de los Trabajadores, nos sumamos a la solidaridad con la medida de fuerza de los choferes de Lima y Callao. Y llamamos al conjunto de la clase trabajadora a sumarse a esta lucha contra el crimen organizado, que por fuerza, es una lucha contra el gobierno de Boluarte, el Congreso y el Poder judicial, intervenidos hasta los huesos por las bandas criminales que tejen sus redes de poder en base a la compra de autoridades.

¿Qué es y por qué crece el crimen organizado?

Como hemos dicho antes, el crimen organizado está formado por verdaderas empresas capitalistas, donde hay “dueños”, “gerentes”, “capitanes” y “soldados”. Y donde para garantizar sus ganancias, imponen su ley sobre porciones del país y la ciudad, por la fuerza de las armas y del dinero, con el que compran autoridades (comisarios, oficiales, jueces, supervisores municipales…) que “miran para otro lado” mientras extorsionan, trafican y matan. Como dicen las propias bandas de extorsionadores, de nada vale denunciar, porque “la policía está con ellos”. 

Bandas que encuentran el caldo de cultivo perfecto para su desarrollo en el modelo económico neoliberal, que saquea nuestros recursos, super explota cuando no despide a la clase trabajadora, y arroja a la población a condiciones de miseria (cabe recordar que entre 9 y 10 millones de peruanos y peruanas nos encontramos bajo la línea de la pobreza monetaria y otros 9 a 10 millones, son vulnerables a caer bajo esa misma línea en cualquier momento).  Así, el capitalismo neoliberal produce potencial carne de cañón para el crimen organizado. Por eso, el Estado patronal, que sostiene el modelo económico, y la criminalidad resultan inseparables.

Necesitamos un Paro Nacional

Por todo esto, el Paro, respuesta genuina de los trabajadores del transporte, es el único que abre paso a una lucha real contra el crimen organizado. Cabe recordar que fue la movilización del 21 de marzo la que impuso realmente la censura del corrupto ex ministro del interior, Juan José Santibañez. 

Sin embargo, en ese marco, las dirigencias de la clase trabajadora, como la CGTP, brillan una vez más por su ausencia. ¡Urge que la CGTP se disponga a unificar las luchas de todo el pueblo trabajador, contra la violencia criminal, pero también contra los ceses colectivos, por un aumento general de salarios y un largo etc.! Y esta unidad solo se puede lograr convocando a un Paro Nacional obrero, popular y de combate, contra Boluarte y el Congreso, por su caída inmediata, ya que hoy son los principales obstáculos para hacer frente a la criminalidad y a los problemas urgentes que se ciernen sobre el país.

Un programa de clase contra la violencia criminal

Sin embargo, desde un punto de vista de clase, debemos ser claros: el Estado patronal no puede terminar con la criminalidad, pues defiende los intereses del capital, que necesita de nuestra miseria para hacer ganancias, propiciando el desempleo, la precariedad y la lumpenización de sectores de la clase obrera y el pueblo.

Somos los trabajadores y trabajadoras del país, junto al pueblo pobre del campo y la ciudad, quienes tenemos la ardua tarea de acabar con el crimen organizado, como parte de nuestra lucha por acabar con el poder del capital, a partir de nuestra acción combativa y autoorganización.

Por eso proponemos:

1. Poner en discusión de nuestras organizaciones (sindicatos, asambleas barriales, frentes de defensa, etc.) la organización de rondas y comités de autodefensa urbanas que, junto a las rondas campesinas, combatan la acción de la criminalidad.

2. Exigir que el Estado proporcione armamento para dichas rondas y comités, y que éstas reemplacen en todas partes a la policía en el resguardo de la seguridad ciudadana y el combate al crimen.

3. Contra la “justicia” patronal y corrupta, conformar tribunales populares, que sumariamente juzguen y sentencien a los criminales, incluídos los criminales del Estado (corruptos, asesinos y extorsionadores), desde un policía hasta un presidente.

4. Y para cortar de raíz el caldo de cultivo de donde la criminalidad arranca a un sector de la juventud pobre para convertirla en sicaria, es imprescindible garantizar trabajo para todos y todas, prohibir los despidos, reponer a todos los despedidos y despedidas, dividir la jornada laboral entre todas las personas con necesidad de trabajar, garantizando salarios iguales al costo de la canasta básica de consumo.

Esta es la ardua tarea que tenemos entre manos, para dejar de morir a manos del crimen, pero también, del hambre y la pobreza, y de la represión que, hasta ahora, solo sirve para mantener al gobierno de Boluarte y al Congreso reaccionario en el poder.

¡FUERA DINA Y EL CONGRESO!

Lima, 10 de abril de 2025

Américo Gómez, ¡presente!… ¡Hasta el socialismo, siempre!

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El día de hoy, jueves 20 de marzo, recibimos la triste noticia del fallecimiento del camarada Américo Gómez, dirigente del PSTU de Brasil y dirigente de la Liga Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional, LITCI.  Sufrió un infarto cuando esperaba el bus a Campinas. Auxiliado por un equipo de emergencia SAMU fue trasladado al hospital de Clínicas donde le dio otro infarto que acabó con su vida.

Américo de 64 años, fue un convencido militante revolucionario que perteneció a una generación de jóvenes rebeldes, cuadros brasileños, que lucharon contra aquellos que proponían la disolución de la Liga Internacional de los Trabajadores y puso sobre sus hombros la mochila pesada de la defensa principista de la LITCI como partido obrero revolucionario mundial. Lo hizo en circunstancias donde la izquierda mundial, incluso trotskista, tras la caída del muro de Berlín, la disolución de la URSS y la propaganda imperialista mundial del “triunfo del capitalismo”, revisaban el legado de Marx, Engels, Lenin, Trotsky, la Oposición de Izquierda; y de Nahuel Moreno, fundador de la LITCI.

Convencido de sus profundos ideales socialista revolucionarios e internacional, no solo dio su batalla en su partido el PSTU de Brasil, también ayudó a centenares de militantes de otros países como Argentina, Colombia, Centroamérica, y Perú por supuesto.

Américo, como dirigente de la Internacional, la LITCI, estuvo con nosotros en febrero de 2023, en la plaza 2 de Mayo, durante el estallido revolucionario de las regiones del sur que luchaban por la caída de la asesina y odiada presidenta Dina Boluarte, el cierre del corrupto Congreso controlado por los partidos de la derecha y la Confiep y por una nueva Constitución. Era de los dirigentes que no solo aconsejaba con sus ideas y experiencia a los obreros del partido, sino principalmente era un dirigente de acción, de concurrir a las batallas callejeras que libraran los compañeros de las regiones del sur en Lima.

Hoy ya no estás con nosotros. El dolor y la tristeza que nos deja tu pronta partida nos embarga, pero con el puño en alto te rendimos homenaje camarada Américo y seguiremos en la lucha siguiendo tu ejemplo y entrega revolucionaria.

¡Camarada Américo Gómez, presente!

¡Hasta el socialismo, siempre!

¡El pueblo trabajador sabe que no puede esperar nada del Estado de emergencia decretado por la asesina Boluarte!

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¡Unir las luchas en un Paro Nacional contra el gobierno, la patronal, los despidos y el crimen organizado!

La declaratoria de estado de emergencia por 30 días en Lima y Callao, por el gobierno de Dina Boluarte, es una medida impotente frente al crimen organizado y los constantes asesinatos que desde hace un tiempo se ciernen sobre la población. Así lo demostraron los fracasados “estados de emergencia” decretados el año pasado en 13 distritos de Lima metropolitana y Ventanilla, en el Callao.

Tal como nos manifestamos entonces, la presencia de las fuerzas armadas en las calles, así como la suspensión del derecho a la libertad de reunión, al libre tránsito, la inviolabilidad del domicilio y al respeto a nuestras garantías individuales, no han logrado combatir y mucho menos eliminar las extorsiones y el sicariato al servicio del crimen organizado. Nada más en el primer día de la declaratoria, 14 nuevos asesinatos se produjeron en las calles de Lima a manos de sicarios.

Todo lo contrario, el Congreso corrupto y reaccionario, así como el gobierno asesino, han debilitado sistemáticamente el marco legal con el que el Estado persigue a las organizaciones criminales, modificando y convirtiendo en caricaturas herramientas legales como los allanamientos, la prisión preliminar, la extinción de dominio, que permite al Estado embargar los bienes de quienes son investigados por corrupción, narcotráfico, etc. para asegurar el pago de la reparación civil, etc.

Pero sobre todo, tanto Boluarte como el Congreso son responsables por la continuidad del modelo económico neoliberal, que junto a las enormes ganancias capitalistas, acrecienta la pobreza de la enorme mayoría del pueblo trabajador, arrojándolo a las garras de la criminalidad. ¡Solo entre la juventud, un millón y medio de peruanos y peruanas no tiene posibilidad de estudiar ni de trabajar! 9 millones de peruanos y peruanas nos encontramos bajo la línea de la pobreza monetaria y otros 9, son vulnerables a caer bajo esa misma línea en cualquier momento. Así, el capitalismo neoliberal produce potencial carne de cañón para el crimen organizado.

No debemos confundirnos, el crimen organizado no tiene nada que ver con el carterista o “fumón” que roba en los barrios. Las organizaciones criminales que extorsionan y asesinan, son verdaderas empresas capitalistas que realizan sus negocios por fuera de la Ley Y donde hay una empresa ilegal (narcotráfico, minería, tala, pesca, trata de personas…), hay autoridades que se venden para “mirar a otro lado”. Muchas veces, esas autoridades se encuentran en el Congreso o en el Ejecutivo, como sucede con Eduardo Salhuana, actual presidente del Congreso, ligado a la minería ilegal.

Por eso, de fondo, el Estado peruano, arrodillado a los intereses de las grandes empresas (legales e ilegales), no puede hacer nada contra la criminalidad. Y por el contrario, utiliza los poderes que le otorga la Constitución, como el declarar “estados de emergencia” y suspender derechos fundamentales, para reprimir a quienes luchan con violencia y autoritarismo.

No es casual que esta nueva declaratoria se produzca cuando, el pasado 13 de marzo, una importante movilización obrera recorriera las calles del centro de la capital denunciando el “paquetazo” anti laboral que pretende imponer el gobierno. Movilización que, además de denunciar el intento de eliminar la Compensación por Tiempo de Servicios y las gratificaciones de julio y diciembre, puso sobre la mesa el problema de los ceses colectivos, con los compañeros del Sindicato Celima al frente, dando ejemplo de lucha tras más de 200 días sin salarios.

Su plan de lucha y resistencia es un ejemplo para toda la clase obrera, y hoy, corre el riesgo de ser reprimido por la declaratoria del estado de emergencia. Estamos seguros que la patronal de Celima, encabezada por Augusto Belmont Cassinelli, agradece el favor del gobierno.

Pero no es solo el Sindicato Celima y la lucha contra el paquetazo anti laboral lo que asoma. En el Cusco las organizaciones de lucha del pueblo acaban de aprobar una huelga indefinida desde el 3 de abril, demandando la construcción del Gasoducto al Sur. Por su lado, la Macro Región Sur aprobó una Jornada de Lucha para el 10 de abril contra el inicio de la construcción de Tía María y en apoyo a la demanda del Cusco. Todo, en un momento en que se agrava la crisis del gobierno con la ruptura de la alianza del Congreso que sostiene al gobierno, que pide la renuncia del ministro del interior Santivañez, precisamente por el fracaso del combate a la criminalidad; situación que deja bastante frágil a Boluarte. Situación que pone a la orden del día la convocatoria urgente a un Paro Nacional por la dirigencia de la CGTP y las distintas organizaciones de lucha del pueblo pobre para unir la movilización.

Por eso, para nosotros, desde el Partido Socialista de los Trabajadores, no hay duda que a los únicos que beneficia el “estado de emergencia” es al gobierno, a los partidos del Congreso y a los empresarios, que quisieran mantener al pueblo pobre y trabajador con la cabeza abajo. Y por eso, además de denunciar la medida adoptada por Boluarte y compañía por incapaz, alertamos el riesgo de caer en la tentación de creer que frente a la criminalidad, lo que se necesita es “mano dura” por parte del Estado. Esta lógica solo puede llevarnos directo a las manos de un nuevo dictador.

La salida de fondo al problema de la criminalidad, solo puede venir de la lucha y organización obrera y popular. De la formación de comités de autodefensa o rondas urbanas que reemplacen a la policía corrupta y a las propias fuerzas armadas en la lucha contra las bandas criminales. 

Pero también, de la lucha por garantizar trabajo estable y salarios iguales a la canasta de consumo para todos y todas. Lucha que solo puede encabezar la clase obrera y que, junto a la demanda de fin a los ceses colectivos, aumentos salarial, no al inicio de la explotación de Tía María, como viene levantando el pueblo del Valle de Tambo, cárcel y sanción ejemplar a los responsables de las masacres en Ayacucho y Juliaca, y un largo etc., debe unir a todos los trabajadores y trabajadoras, y al pueblo pobre del país, contra este gobierno asesino, el Congreso corrupto, y el modelo económico neoliberal que solo “chorrea” miseria y crimen.

19 de marzo de 2025

Ministerio de Trabajo ratifica despido masivo en contra trabajadores de Celima

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Por Partido Socialista de los Trabajadores

Ayer, 18 de marzo, el MINTRA emitió una segunda resolución ratificando el cese colectivo en Celima. Lo hizo de la misma manera que la vez anterior, mientras el sindicato se movilizaba, como si dijera: «No importa lo que hagan; aquí (en el ministerio) manda la patronal».

El atropello, que busca dejar en la calle a 119 familias obreras, no tiene precedentes.

La corporación Celima, propiedad de la familia Belmont Cassinelli — la del “hermanón” Ricardo Belmont que se prepara para postular a la presidencia de la República— no está en crisis. La empresa goza de buena salud. Lo que realmente busca con los despidos masivos es acabar con el sindicato y los derechos que este logró conquistar en 20 años de lucha.

Este atropello es una muestra de la nueva normalidad que vivimos los trabajadores en el país. Lo mismo ocurre en muchas empresas, donde, bajo la misma modalidad, se vienen aplicando despidos masivos. En algunos casos, ni siquiera aceptan negociar los pliegos de reclamos, aun cuando los sindicatos realizan huelgas que superan los 100 días.

Y ahora, incluso, quieren desaparecer la Compensación por Tiempo de Servicios (CTS) y las gratificaciones. Que la autoridad, ante esto, solo convalide lo que hace la patronal —incluso utilizando a la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral (SUNAFIL), que en el caso de Celima acudió a recoger “pruebas” en la oficina de la gerencia— no debe sorprender a nadie. Estamos bajo un gobierno reaccionario, el gobierno de Boluarte, impuesto por la CONFIEP.

Los compañeros de Celima saben a lo que se enfrentan y han respondido de la única forma que lo hace un sindicato consciente: luchando con todas sus fuerzas, en una acción que es un ejemplo de cómo se defienden los derechos obreros. Sin embargo, también saben que el resultado final no depende únicamente de ellos ni de sus acciones legales, como lo muestran ahora las resoluciones emitidas por el ministerio de trabajo. Saben que, en gran medida, el resultado final depende de cambiar la correlación de fuerzas, de salir del aislamiento de su lucha y de involucrar a la clase obrera a través de la 𝐅𝐄𝐓𝐑𝐈𝐌𝐀𝐏 y la 𝐂𝐆𝐓𝐏. Por eso, los compañeros no se han cansado en llamar a toda la base obrera a la lucha unida y en exigir a estos organismos un plan de lucha y un Paro Nacional.

Pero, ¿quién convence a los señores que dirigen estos organismos? ¿A esos dirigentes dedicados por completo a rutinas legales, como el Dr. Gilmer Ibáñez Meléndrez, quien también es secretario general de la FETRIMAP, y que ciegamente depositan confianza en instituciones como el ministerio de trabajo y en el “diálogo”? Al contrario, estos señores, cuando escuchan estos llamados y críticas desde las bases, se incomodan y atacan a quienes las expresan. Sin embargo, gracias a esos insistentes llamados, y a pesar del papel burocrático y legalista de esos dirigentes, se ha logrado concientizar a un sector de las bases sobre la grave problemática actual y la necesidad de luchar unidos. Esto ha dado lugar a algunas movilizaciones importantes, como la del 13 de marzo frente al Palacio de Gobierno.

Pero ahora queda claro que ni siquiera estas movilizaciones son suficientes, ya que los ataques continúan. Esto es lo que vemos en Celima: a pesar del inmenso esfuerzo de los trabajadores y de las movilizaciones realizadas en su apoyo, el ministerio de trabajo ratifica su descarada decisión patronal.

La lección de todo esto resuena como un grito en los oídos de todos: para frenar el abuso que se pretende consumar en contra los trabajadores de Celima se necesita la acción inmediata, unida y decidida de la clase obrera . Se necesita un Plan de Lucha Unido y un Paro Nacional. Se necesita que la FETRIMAP y la CGTP dejen de lado sus poses y visitas infructuosas al MINTRA y al Palacio alimentando falsas expectativas, mientras se sigue ratificando los despidos. 

Y que nadie tenga dudas: luego de Celima vendrán más ceses y ataques, que ya no se podrán parar. Los compañeros de Celima siguen luchando con determinación porque, conscientes de que les asiste toda la razón, buscan transmitir el mensaje de que los derechos no se regalan ni se negocian, por el contrario, se defienden

Lo que queda es esperar que los dirigentes y activistas de base presionen a las dirigencias de la FETRIMAP y la CGTP para que, de una vez por todas, acuerden ya un Plan de Lucha y un Paro Nacional. Esto es necesario para defender a los compañeros de Celima, para poner fin a la ley de ceses colectivos, para establecer sanciones a las empresas que se burlan de la negociación colectiva y para anular el Proyecto RIE que busca dar un nuevo golpe antiobrero eliminando el CTS y las gratificaciones.

Revirtamos el golpe a los compañeros de Celima con la acción unida de la clase obrera

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Los trabajadores de Celima han recibido un duro golpe. Después de 200 días de lucha incansable contra el proceso de cese colectivo iniciado por la empresa, y a pesar de los numerosos y contundentes argumentos que les daban esperanza en una resolución favorable, la autoridad resolvió a favor de la empresa. La decisión se tomó dos días antes de que se venciera el plazo, justo cuando los trabajadores estaban desarrollando su plan de lucha, como si se quisiera enviar un mensaje claro: “hacemos lo que queremos”.

La resolución cayó como una bomba sobre la clase trabajadora y sus dirigentes, quienes habían depositado sus expectativas en la justa lucha de los compañeros de Celima. Lo mismo ocurrió con los dirigentes de la Fetrimap y la CGTP, quienes durante todo este tiempo han fomentado la confianza en el Ministerio de Trabajo y han confiado ciegamente en sus “abogados”. Gilmer Ibáñez, dirigente de la Fetrimap y abogado del sindicato, intentó restarle importancia al hecho afirmando que “la resolución es culpa de una funcionaria nueva”. Como si un empleado recién llegado pudiera tomar decisiones sin la aprobación de sus superiores.

La única explicación plausible es que estamos ante una decisión política del ministerio. El problema de Celima no es un caso aislado. En estos mismos días, se ha iniciado otro cese colectivo en Owens Illinois, otra base de la Fetrimap, lo que ha llevado a Gilmer Ibáñez a hablar de “una ola de ceses colectivos”, ahora que estos superan el centenar. Varios sindicatos no encuentran solución a sus pliegos, incluso después de más de cien días de huelga. Para colmo, el propio Ibáñez ha informado que el ministerio está preparando un nuevo paquete de medidas antilaborales.

No cabe duda: todo esto forma parte de una política empresarial concertada que, con el apoyo del gobierno de Boluarte, busca debilitar a las organizaciones de trabajadores e imponer medidas de sobreexplotación. No es culpa de una funcionaria ni del ministro Daniel Maurate, quienes simplemente son empleados de un gobierno al servicio de los intereses empresariales.

El problema se hace aún más evidente al analizar el caso de Celima. La empresa justifica el cese colectivo alegando “exceso de personal” y la necesidad de “recuperar eficiencia”, basándose en un peritaje que ella misma pagó (o, mejor dicho, compró). Frente a esto, los trabajadores han demostrado que estas justificaciones son falacias destinadas a encubrir el verdadero objetivo: destruir su sindicato. Han presentado pruebas contundentes que demuestran, entre otras cosas, que:

  • No hay “exceso de personal”, sino todo lo contrario. La falta de mano de obra es tal que muchos trabajadores se ven obligados a extender sus jornadas para completar las tareas. Incluso, algunos trabajadores en “cese” siguen laborando debido a la escasez de personal. Además, en 2023 la empresa ya despidió a cerca de 300 trabajadores mediante la compra de renuncias.
  • La empresa está clasificando como “excedentes” a trabajadores sindicalizados, dirigentes, aquellos con entre 25 y 35 años de servicio y quienes tienen restricciones de salud. Esto constituye una discriminación flagrante que viola derechos fundamentales.
  • Los balances de la empresa muestran ganancias, no pérdidas. En 2022 y 2023, la empresa obtuvo ganancias exorbitantes (con un crecimiento del 60%), y en el último año solo ha experimentado una disminución en sus márgenes de utilidad.

La empresa no ha respondido a ninguno de estos argumentos. En las tres reuniones de “conciliación” en el ministerio, la empresa envió a abogados que no dieron respuestas concretas, ya que ni siquiera conocían la ubicación de la fábrica. Su único argumento fue insistir en que los trabajadores aceptaran el retiro voluntario.

¿Y qué hizo el Ministerio de Trabajo? Nada. No investigó, no tomó nota de los descargos y denuncias de los trabajadores. Simplemente copió y pegó las razones de la empresa para emitir su resolución. Parece increíble, pero así fue.

La actitud patronal no es nueva. La empresa ya había incumplido una resolución anterior y ni siquiera pagó los salarios adeudados. ¿Y qué hizo el Ministerio de Trabajo? Nada.

Esta es la realidad que enfrentan los trabajadores de Celima: la prepotencia de su empleador, el Grupo Belmont Cassinelli, avalada por el Ministerio de Trabajo. Los trabajadores, confiados en que las autoridades actuarían con independencia y justicia, y en la pericia de sus abogados, no pueden creer lo que está sucediendo. Los dirigentes de la Fetrimap ahora alegan que hay una influencia nefasta de los estudios de abogados patronales sobre el ministerio, intentando desviar la protesta hacia ellos.

Pero, nuevamente, el problema no son los abogados. El verdadero responsable es el gobierno de Boluarte, un gobierno servil a la CONFIEP, que dicta la política del Ministerio de Trabajo. La gran patronal, que utilizó este gobierno para vacar a Pedro Castillo y reprimir las protestas en el sur andino, ahora lo usa para desarticular las organizaciones obreras y recortar los derechos laborales, incluso amenazando con un nuevo paquetazo antilaboral.

Es más: es de interés de los empresarios que el golpe a los compañeros de Celima se consuma, así sentirá más confiado para seguir actuando con impunidad contra los sectores que luchan y resisten.

Este es el contexto en el que luchan los compañeros de Celima. Si hasta ahora su lucha ha sido difícil, ahora lo será aún más, pues revertir una resolución adversa no es tarea sencilla.

Los compañeros se preparan para presentar apelaciones bien fundamentadas y para nuevas movilizaciones. Sin embargo, lo sucedido con la primera resolución deja claro hacia dónde sopla el viento.

Por ello, lo determinante será el apoyo que reciban de la clase trabajadora. Hasta ahora, los compañeros han luchado solos, como muchos sindicatos que enfrentan huelgas de más de 100 días sin encontrar solución a sus pliegos. Esto se debe a que la política de las direcciones de la Fetrimap y la CGTP ha sido que cada quien resuelva sus problemas por separado, mientras la CONFIEP y el Ministerio, con el respaldo del gobierno, actúan en conjunto.

Los compañeros de Celima entienden que su lucha es la de todos los trabajadores. Han señalado que la ley de ceses colectivos, cuya aplicación se expande como una mancha negra, debe derogarse mediante la lucha unida. Han llamado a la Fetrimap y CGTP a un plan de lucha y a un paro nacional. Sin embargo, hasta ahora solo han logrado arrancar de ellos una o dos movilizaciones modestas que no han tenido impacto.

El problema radica en las direcciones de la Fetrimap y la CGTP, que depositan su confianza en las autoridades y ocultan la responsabilidad central del gobierno. Sus marchas, convocadas de vez en cuando, solo sirven como un desahogo del descontento.

Estas direcciones son las principales responsables del retroceso y las derrotas que enfrentan diversos sectores de la clase trabajadora y los sectores populares, a pesar de sus luchas heroicas. Lo mismo ocurrió con el levantamiento del sur en 2022-2023, y ahora le está pasando al combativo sindicato de Celima.

No hay duda de que los compañeros de Celima seguirán luchando hasta el final. Son conscientes de la justeza de su causa, de las condiciones adversas que enfrentan y del papel de las direcciones, a quienes siempre han cuestionado. Su fortaleza radica en su convicción de clase: los derechos no se negocian ni se regalan, se defienden.

Desde los sectores más avanzados de la clase obrera y el pueblo, es urgente brindarles apoyo y construir la lucha unida que se necesita. Y a la CGTP y la Fetrimap, exigirles más que nunca que asuman su responsabilidad y convoquen y preparen ya un Paro Nacional Unitario y Combativo.