Impulsemos un paro nacional desde las bases

Para unir la lucha obrera y popular, defender los derechos ganados y arrancar las soluciones que se necesitan

El 13 de agosto se realizó la primera movilización obrera contra el recién instalado gobierno de Keiko Fujimori y, para ser la primera, fue una buena respuesta a la información de que el gobierno planea recortar los derechos laborales. Sin embargo, después de la marcha no hubo nada más. Es evidente que los dirigentes de la central usaron la movilización para su propósito de “dialogar” con el gobierno, tal como lo declaró el presidente de la CGTP, Luis Villanueva, en el discurso que pronunció allí mismo.

Estos mismos días se han producido dos grandes paralizaciones en Pucallpa e Iquitos, contra el alza de los precios de los combustibles. En ambas regiones las dirigencias materializaron la respuesta por presión de las bases: en el primer caso, levantaron el paro apenas el gobierno anunció un limitado y temporal subsidio a los combustibles, y, en el segundo, la dirigencia quiso suspender el paro del segundo día, lo que fue evitado por las bases.

La conclusión es clara: las bases muestran disposición de pelear, pero la dirigencia de la CGTP no, en nombre del “diálogo” con el gobierno. Con esto contribuye JP, cuyos congresistas buscan llevar las “soluciones” al diálogo con esas autoridades, por la vía del Parlamento.

Estas posturas constituyen un freno: ¿Vamos a “dialogar” cuando se pretende la eliminación de los derechos laborales? ¿Cuándo la población, enardecida por el alza de los precios de los combustibles, está peleando? ¿Cuándo los paros y huelgas brotan por todos lados, como el de los transportistas ante la ola criminal que no para?

En lugar de pedir “diálogo” y de frenar las luchas y el enorme descontento que hierve en los sectores populares, la central y las direcciones deberían unir las luchas y las demandas, pero no lo hacen por la misma razón por la que nunca lo han hecho: porque apuestan a la “gobernabilidad”, ahora de Keiko Fujimori.

Además, en el caso de los derechos laborales que se pretenderían suprimir, ¿vamos a esperar a que nos golpeen primero, o a que salga la primera ley o norma recortando alguno de ellos para reaccionar? ¿O acaso no vemos que ya nos están atacando?

Para congraciarse con los trabajadores mientras esconde el hacha, en su discurso del 28 de julio la presidenta lanzó como gran anuncio el aumento del salario mínimo, y días después el ministro de Trabajo desinfló la promesa llevándolo al “diálogo” con los empresarios –precisamente como pidieron los dirigentes–, lo que es una burla a los trabajadores. ¿Vamos a dejar esto impune?

El gobierno, por ahora, no ataca de golpe y busca avanzar con mediaciones. El ministro de Economía, Elmer Cuba, ha dicho que se demandará ante el Tribunal Constitucional la inconstitucionalidad de cuatro leyes, entre ellas la que aumenta las pensiones de los maestros cesados y otra que reconoce el pago de CTS y gratificaciones a los trabajadores CAS del Estado; del mismo modo, quieren reducir las funciones de la SUNAFIL. ¿Debemos esperar a que consuman estos abusos?

También en estos días ya sentimos los efectos de El Niño, causando sus primeros estragos en el norte y sur sobre la población más pobre, que empeorarán en los siguientes meses, y ante los cuales el gobierno viene mostrando total negligencia, ofreciendo de todo. ¿Vamos a esperar que crezca la catástrofe para reaccionar, o hay que exigir un plan inmediato que involucre todos los recursos del Estado y los privados para asistir a la población?

Para mayor agravante, parece que los dirigentes ni siquiera reparan tampoco en el clima antilaboral que reina en las fábricas, clima que viene de atrás, pero que ahora eleva su temperatura con el entusiasmo patronal por el gobierno de Fujimori: nuevo cese colectivo en Fibras Industriales, que se suma al de Industrias del Envase; Celima cerró otra planta y ha dejado la sensación de otro cese colectivo; en múltiples fábricas se enfrentan conflictos por pliegos de reclamos que no tienen solución, en algunos casos incluso por años; en el sector textil siguen los despidos bajo la modalidad del vil régimen de contratos de exportación…

No esperemos que la resistencia obrera de las bases siga dispersa y que, por vías tramposas, se comiencen a recortar derechos ganados, o, peor, esperar sentados a que vengan los grandes ataques. Hay que actuar ahora.

Hay que hacerlo uniendo las luchas, como hacen algunas regiones que coordinan entre ellas para extender la paralización contra el alza de los combustibles. Unirlas a nivel de la clase obrera, empezando por llevar solidaridad a los que están en lucha. Pero, sobre todo, hacerlo a nivel nacional, uniendo las demandas (que se cumpla el aumento del salario mínimo ofrecido, que se ponga fin a los ceses colectivos, que se subsidien y congelen los precios de los combustibles y fertilizantes, etc.) y con una medida como el Paro Nacional Unitario.

Pero esto solo se podrá hacer, tal como hacen las bases cuando rebasan a sus direcciones, derrotando la orientación conciliadora de la dirigencia de la CGTP, llevando dicha discusión a las asambleas de base, de las federaciones y regiones, hasta que se convierta en un clamor nacional.

Es en este mismo proceso que debemos empezar a poner en pie una nueva dirección clasista, para estar a la altura de los grandes desafíos que nos plantea la grave crisis que vive el país.

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