La muerte de Gabriel Ríos Mamani, trabajador porteador de la agencia Alpaca Expeditions, mientras cargaba las bolsas o duffles de los turistas a la altura del paso más alto del Camino Inca, Warmiwañuska, a 4215 msnm, el pasado 18 de agosto, ha vuelto a poner de manifiesto la verdadera cara del turismo en la región.
Sin la ropa ni el calzado adecuados para realizar el peligroso trayecto, fue abandonado a su suerte, sin que la empresa tuviera un plan de emergencia para evitar su deceso; todo lo contrario, lo dejaron cubierto con plástico, mientras aseguraban la continuidad del viaje de las bolsas de los turistas.
Tenemos que decirlo con claridad: la muerte de Gabriel Ríos Mamani no fue un accidente. Fue la consecuencia directa de las condiciones en las que trabajan miles de personas en esta ruta turística, el camino inca, entre los cuales los porteadores representan su sector más explotado.
Una ruta llena de riesgos, que en más de una ocasión ha enlutando a las familias trabajadoras y pobres.
Una industria explotadora y abusiva
El conjunto de la industria del turismo repite, en mayor o menor medida, estas condiciones de super explotación.
Sucede con los conductores, que laboran sin hora de ingreso ni de salida, que sobrepasan largamente las ocho horas de trabajo. Carecen de beneficios y están prohibido enfermarse.
Los “trasladistas”, que desde muy temprano están en los aeropuertos, terminales y hoteles. Otra vez, sin horarios regulares ni tiempo de alimentación, muchas veces trabajando como “freelancer”, es decir, a contraprestación de servicios
Los oficinistas en las compañías de turismo, que generalmente trabajan por un salario básico o son víctimas de la modalidad de “practicante”. O los guías, que sobreviven como trabajadores independientes, emitiendo recibos por honorarios, sin seguro de vida, salud, CTS, utilidades, ni horarios fijos.
Incluso algunos guías o conductores de agencias de viaje salen a trabajar sin remuneración teniendo esperanza en las “comisiones” o “propinas” que el turista puedas dar. Y así, un largo etcétera que incluye a trabajadores en diferentes establecimientos de hospedaje, restaurantes y bares.
Todos sin ningún tipo de estabilidad laboral, sujetos al vaivén de la temporada baja o alta, víctimas de despidos arbitrarios constantes, bajo la forma de “no contratación” ante cualquier eventualidad (Desastres, crisis política, etc.)
Para no hablar del transporte ferroviario a Machupicchu, donde la sindicalización es acosada constantemente por las empresas del tren, mientras los dueños, como López Aliaga, se embolsan enormes cantidades de dinero.
Todo bajo el amparo del modelo económico neoliberal, que nos ha condenado a sobrevivir como podamos, imponiendo condiciones de barbarie, que en el caso de los porteadores, recuerdan a la más salvaje explotación del periodo del yanaconaje.
¿Qué hacer?
Urge que la federación de porteadores, que ha denunciado correctamente lo sucedido con Gabriel Ríos Mamani, debe ponerse a la vanguardia de la lucha por la dignidad y vida de los trabajadores y trabajadoras del sector.
En tal sentido, nos solidarizamos con el dirigente de dicho gremio, Cristóbal Quispe, quien ha denunciado que viene recibiendo amenazas contra su vida, tras hacer pública la postura del gremio de porteadores frente a lo sucedido.
Por eso queremos proponer a los compañeros y compañeras de dicha federación, que para defender nuestros derechos, incluso nuestras vidas, es urgente que se llame a una asamblea general con todas sus bases para exigir justicia por la muerte Gabriel Ríos Mamani.
También para demandar a las empresas de turismo, como Alpaca Expeditions, que se hagan responsables por sus trabajadores.
Debe denunciarse el incumplimiento de la Ley del porteador por parte de las agencias de turismo.
Asimismo deben impulsar la coordinación con las demás organizaciones de trabajadores del turismo: arrieros, cocineros, guías, choferes, trasladistas, hoteleros, oficinistas y demás sectores de trabajadores del turismo para acabar con la situación que viven cada día los trabajadores y trabajadoras del sector. ¡La unidad de los trabajadores es una necesidad!
Los derechos laborales se conquistaron mediante organización, solidaridad y lucha colectiva, y solo podrán defenderse mediante esas mismas herramientas.


