Seis meses después, la guerra de EE.UU. contra Irán continúa, y el Medio Oriente no solo sigue convulsionado, sino que, sobre todo, mantiene cerrado el estratégico estrecho de Ormuz, por donde sale más del 20% del petróleo, el gas y los fertilizantes al mercado mundial, manteniendo al alza sus precios y el temor a un mayor agravamiento del conflicto que pueda producir un colapso de la economía mundial.
El precio promedio del petróleo se ha disparado en 50%, y en algunas semanas ha llegado al 100% durante el periodo que dura el conflicto.
El Perú, como muchos países, es dependiente de la importación de petróleo y fertilizantes. De un total de 210 mil barriles diarios que necesita para cubrir su demanda interna, solo produce 40 mil barriles, esto es, ni la quinta parte. Esto es así porque los gobiernos que se han sucedido privatizaron Petroperú, le prohibieron realizar exploraciones y después lo han llevado a la bancarrota para liquidarlo, impidiendo la necesaria soberanía energética que necesita el país para enfrentar crisis internacionales como la actual.
Al mismo tiempo, regalaron la gran reserva de gas de Camisea a una multinacional, que destina parte de su producción a la exportación, mientras el Cusco –de donde se extrae el gas natural y uno de sus derivados, el GLP– no cuenta con estos recursos y debe pagar por ellos precios prohibitivos.
Al lado del entreguismo de los gobiernos actuó la corrupción para frustrar el proyecto del Gasoducto Sur Andino, cuyo propósito era llevar energía barata a las poblaciones del sur peruano, y la instalación de un complejo petroquímico para la fabricación de fertilizantes, para el cual el gas es un insumo fundamental.
De este modo, Perú profundizó su retroceso y dependencia económica, y se hizo más vulnerable al alza del precio del petróleo y de los fertilizantes en el mercado mundial. Ambos son esenciales en la cadena productiva de toda economía, y su alza impacta de inmediato en todos los sectores, en especial en el transporte público y de carga, y afecta sobremanera a los transportistas menores que atienden a la población trabajadora y pobre.
Por este motivo, desde la administración anterior vienen estallando conflictos en varias regiones del país, y estas semanas, apenas inaugurado el gobierno de Fujimori, se han desencadenado fuertes huelgas en Pucallpa, Iquitos, Arequipa y otras localidades, impulsadas sobre todo por los transportistas menores.
El gobierno de Fujimori ha resuelto un subsidio temporal para los grandes transportistas y, para los menores, solo un ofrecimiento, lo que mantiene encendida la mecha.
La guerra no tiene visos de solución, y algunos especialistas hablan de su continuidad por lo menos mientras Trump continúe en el mando (noviembre de 2029). En la medida en que no puede infligir una derrota militar a Irán que lo obligue a capitular, país que ha demostrado no solo capacidad de defensa sino también de ataque, llevando a EE.UU. a perder el control del estratégico estrecho de Ormuz, ahora recurre a la aplicación de un severo bloqueo económico al país persa, lo que parece también ser insuficiente.
En su desesperación, Trump amenaza con infligir un ataque más mortífero o dirigido directamente a dañar la infraestructura petrolera de Irán, pero este ya tiene preparada su respuesta: sus baterías apuntan a la infraestructura de gas y petróleo de los países del Golfo aliados de Trump. Si este ataque se produce, podría provocar un desplome de la economía mundial y un efecto incalculable sobre países como el Perú.
Ante esta situación, no basta enfrentar el alza de los combustibles y fertilizantes a nivel local. Hay que denunciar la guerra imperialista de Trump, movilizarnos también contra ella y por su derrota, y por lo que significa para nuestro continente, donde, con la colaboración de gobiernos cipayos –como el de Fujimori, que ha pedido ingresar al Escudo de las Américas–, se viene permitiendo el ataque y sometimiento colonial de Venezuela, y ahora el bloqueo de Cuba. No hay posibilidad de ser libres e independientes si no empezamos por poner fin a las cadenas que nos atan al imperialismo y que son sostenidas por las burguesías locales y sus agentes.


