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Por un ingreso libre a la Universidad

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La situación cada vez es más difícil para la juventud. De cada diez estudiantes que salen del colegio solo tres acceden a una educación superior; los siete restantes tienen que buscar trabajo para poder solventarse. Familias que se quedan sin empleo o que fallecen a causa de la pandemia. Estudiantes que dejan la Universidad debido a la falta de recursos, internet y comida.

Durante el 2020 el 70% de la juventud trabajadora perdió su empleo. La revista American Economic revela que este año más de 1.5 millones de jóvenes entre 15 y 29 años no estudiarán ni trabajarán.  

Ingreso libre a las universidades

Una de las propuestas frente a esta situación es el Ingreso Libre a las Universidades, planteada por Castillo el 28 de julio. ¿Se hará realidad?

Pues no. En los últimos 20 años la educación pública universitaria se ha ido privatizando, el 90% de los recursos sale de lo directamente recaudado (RDR), es decir, de la existencia de una PRE, del pago de los trámites, de los diversos programas académicos. Esto hace que solo puedan costearlo los que tienen dinero y los que no se quedan fuera. La educación tiene muy poco de gratuito.

Si ya mantenerse es complicado ingresar lo es aún más. De los 373 mil postulantes anuales solo ingresan 60 mil; es decir más de la mitad queda fuera y trata de postular dos, tres hasta cuatro veces.

Según Comex-Perú, la propuesta de Ingreso Libre necesita 493,3 millones anuales adicionales al presupuesto actual, esto quiere decir el doble de lo que se destina. Para algunos empresarios, rectores, economistas esta propuesta es inviable porque quieren evitarle más gastos al Estado, y por eso proponen ingreso gradual y selectivo.  

Los que se oponen a un ingreso libre universal ya han planteado modelos y enfoques en los cuales los estudiantes que estén en el Tercio Superior, que hayan alcanzado las competencias y que sean talentos regionales puedan acceder a esta propuesta gradual. Decir esto, es dejar de lado a los 7 de cada 10 estudiantes que salen de la secundaria y no darles la oportunidad que necesitan.

Mientras se mantenga el mismo plan económico los empresarios de la educación seguirán priorizando sus ganancias anuales y dejando de lado a esta población juvenil.

¿Qué proponemos?

El Ingreso Libre a la Universidad es una medida que permitirá que los hijos de las familias pobres y trabajadoras puedan acceder a la educación superior.

El gobierno y sus aliados no garantizan este derecho. ¿Cómo creerles si incluso la comisión de Educación y Presupuesto están en manos de los sectores que han privatizado la educación?

Por eso es necesario que luchemos por ingreso libre a la universidad y por una educación pública, gratuita y de calidad.

¿Cómo hacer frente al alza del costo de vida?

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El alza del costo de los alimentos y el gas golpea duramente el presupuesto de las familias trabajadoras. Los sectores más pobres, que han tenido que recurrir a las ollas comunes para resolver el problema de su alimentación, se han visto en la necesidad de reducir sus alimentos, de 3 a 1 al día.

Ante esta realidad, el gobierno de Castillo, con Francke al frente del ministerio de economía (MEF), apenas se ha limitado a declarar que la subida de los precios es un fenómeno mundial, y que no tomarán medidas para controlar los precios.

El gobierno tampoco ha deslizado la posibilidad de decretar el incremento de la remuneración mínima vital (RMV), medida podría devolver al menos una parte de la capacidad de compra perdida con el alza de los precios.

Ante esto, el alza de la tasa de interés de referencia por parte del BCRP, no tiene efecto inmediato en los precios de los productos de primera necesidad. Y el bono de 350 soles resulta completamente insuficiente.

Esta postura se repite frente al alza del dólar, ante la cual el gobierno se muestra impotente, renunciando incluso a la clásica venta de dólares que realizaba el BCRP para tratar de evitar subidas abruptas en el pasado.

En defensa de la economía obrera y popular

En este marco, y ante la inacción de las dirigencias sindicales, la defensa de la economía obrera y popular está enteramente en nuestras manos. Por eso las organizaciones de los trabajadores y el pueblo debemos iniciar nuestra inmediata movilización exigiendo al gobierno de Castillo, que dice ser “del pueblo”:

  1. Incremento inmediato del salario mínimo igual a la canasta básica. De acuerdo a la CGTP, el salario mínimo debiera ser de S/.1500.
  2. Control de precios y fin a los monopolios y oligopolios en la industria de la alimentación y las medicinas.
  3. Recuperación del gas y el petróleo para garantizar un precio asequible a las familias trabajadoras.

La lucha es el camino

Sin embargo, tan importante como saber qué debemos exigir, es definir el método con que debemos conquistar estas exigencias.

Hoy distintos sectores nos invitan a que nos sentemos en la “mesa” del gobierno Castillo, para “conversar” con las autoridades de turno y esperar pacientemente, que “lluevan” las soluciones a  nuestras demandas.

La situación que vivimos, en cambio, nos plantea exactamente lo contrario: ¡La CGTP tiene el deber de llamar a marchar para demandar el aumento general de sueldos, salarios y pensiones! Debemos iniciar la movilización independiente de los sindicatos, frentes, ollas comunes y todas las organizaciones obreras y populares para demandar soluciones inmediatas.

El pueblo pobre y trabajador, que se ha visto obligado a poner los más de 200 mil muertos que lleva esta pandemia en el país, tiene el derecho y la necesidad de  dejar de lado la “paciencia” y ponerse en pie de lucha en defensa de sus condiciones de vida.

Trabajadores en lucha

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La clase obrera está en lucha. Espoleados por la fuerte alza del costo de vida buscan soluciones satisfactorias a sus pliegos de reclamos.

600 obreros de Leche Gloria organizados en el Sinatog y con varias bases en el interior del país, iniciaron el 18 de agosto una huelga indefinida. La huelga que reclama la solución a su pliego de reclamos, arrancó con una masiva concentración en el frontis del ministerio de Trabajo y, según manifiesta Miguel Moreno, secretario general del sindicato, están preparados para resistir la paralización hasta un mes.

La empresa, pese a su inmenso poder económico, ningunea un justo aumento a los trabajadores alegando no tener plata. Sin embargo, ha más que duplicado la asignación de recursos para la alta gerencia.

El SINATREL (Sindicato de la embotelladora Coca-Cola e Inca Kola) también se encuentra abocado a la lucha por su petitorio. La empresa se corre de las negociaciones en trato directo y ofrece aumentos por debajo de los que ha otorgado a los no afiliados. La empresa alega la “pandemia”. Pero es en medio de ella en la que los obreros no pararon ni un minuto exponiéndose al contagio del covid, que la empresa ha obtenido mejores utilidades. El sindicato nacional viene realizando plantones en Arequipa, Cuso y Lima.

El Sindicato Industrias del Envase, que dirige el cro. Claudio Capa, también está en pie de lucha. A la fecha ya realizó tres plantones demandando también solución a su petitorio y reclamando volver al horario de trabajo normal, pues la empresa los mantiene bajo el régimen de la cuarentena pasada.

El sindicato de Celima viene luchando desde principios de año por la solución de su pliego y en contra de la ofensiva general desatada por el grupo Belmont en el conjunto de la corporación. 150 obreros de Trébol han sido colocados en cese colectivo. El sindicato discute la realización de un paro o el inicio de una huelga indefinida.

Lo mismo sucede en la cervecera Backus, donde los obreros también realizan plantones junto a otras bases en el interior del país.

La compañera Isabel Cortez, congresista obrera que ha sido elegida presidenta de la Comisión de Trabajo del Congreso, ha inaugurado su performance realizando diversas gestiones en apoyo a los sindicatos en lucha. Un verdadero ejemplo que los trabajadores reconocen y aplauden.

Año y medio después: más pobres, más desempleadas, más violentadas

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Colaboración de Lilla R.
Miembro de Trabajadores Socialistas del Cusco

La situación de la mujer en la sociedad de clases, y particularmente bajo el capitalismo, ha sido de opresión. Y a medida que este se hace más decadente, empeora.

Antes de la pandemia, y a pesar de los años de crecimiento económico, las mujeres ya ganábamos un 31.8% menos que los hombres. Esto era, en promedio, S/. 641.50 menos por realizar el mismo trabajo. Esto es lo que se conoce como brecha salarial y que claramente nos coloca, como trabajadoras, en un lugar de desventaja y desigualdad.

Sin embargo, la pandemia ha desvelado de manera dramática esta situación, y al mismo tiempo ha arremetido con mayor violencia contra los derechos y las vidas de millones de mujeres en el mundo, acrecentando las brechas de género, trayendo como consecuencia que las condiciones de vida de la mujer se hayan hecho aún más precarias.

Más desempleadas que desempleados

Si bien el desempleo es uno de los principales problemas en la agenda de la clase trabajadora, con un 30% de la población en edad de trabajar, sin tener dónde hacerlo, desde que inició la pandemia el desempleo femenino se incrementó en un 45.3%, mientras que el masculino, 34.9%. Esto quiere decir que han quedado desempleadas 3 millones y medio de mujeres.

Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), los datos recolectados en 10 países de la región revelan que «los países más afectados con la caída del empleo femenino -como consecuencia de las medidas adoptadas frente a la pandemia- son Chile, Perú y Brasil».

Las medidas de cuarentena que impuso el gobierno del entonces presidente Vizcarra, para frenar los contagios por COVID 19, sin garantizar el empleo y la subsistencia de la población, sin duda ha agudizado la situación vulnerable de empleo de las mujeres, que en países como el nuestro se concentra mucho más en trabajos precarios, como los trabajos por cuenta propia, negocios familiares y otras actividades que no requieren una relación contractual, sin protecciones ni beneficios sociales y por supuesto el trabajo en el sector informal, que ya antes de la pandemia era conformado en un 70% por mujeres.

Es necesario tomar en cuenta que la segregación ocupacional juega un rol importante en la pérdida de empleo femenino. Los sectores productivos más expuestos a riesgos de pérdida de empleo, tenían una presencia mayoritaria de mujeres (55.9%). Los sectores de servicios y comercio, concentraban a 4 de cada 5 trabajadoras urbanas, y han tenido una disminución de la población ocupada de 56.6% y 54.5% respectivamente (datos de la abogada Jessica K. Maeda Jerí, La fuerza laboral de las mujeres al límite. Consecuencias del COVID-19 en las trabajadoras urbanas del Perú).

La cuarentena para las mujeres trabajadoras

La pérdida de empleo, sumado a las restricciones por la pandemia, ha incrementado la carga del trabajo del hogar que ya realizaban las mujeres en mayor medida que sus compañeros varones. Así, el cuidado de los hijos, que ahora hacen clases desde casa, la limpieza de la casa, el cuidado de ancianos y, por la pandemia, el cuidado de familiares contagiados, se incrementó en horas y actividades. Una labor que no es remunerada, y mucho menos reconocida por nuestra sociedad.

Podemos sumar al trabajo doméstico el trabajo remoto, para las mujeres que han mantenido su empleo, generando una doble y hasta triple jornada a diferencia de los varones que les dedican menos tiempo a tareas domésticas. De acuerdo con una encuesta elaborada por Gender Lab, durante la cuarentena las mujeres le dedicaron en promedio, al trabajo en el hogar, 9 horas y 35 minutos. Tiempo mayor respecto a los hombres, que solo le dedicaron, en promedio, 6 horas y 12 minutos.

Hay que apuntar que la mayoría de hogares monoparentales (familias con un solo progenitor que se encarga del cuidado y crianza del o los hijos) están conformados por mujeres. Lo que significa, que hay muchas madres que, de haber tenido la “suerte” de mantener un empleo en el que hacen trabajo remoto, no solo tienen la carga laboral sino además pesan sobre ellas la responsabilidad total de los hijos, el cuidado del hogar, etc. Y en el peor de los casos, están las madres que no tienen ningún empleo para mantener a sus familias, teniendo que recurrir a la informalidad para sustentarse.

Se duplica la violencia para la mujer trabajadora

Sabemos que la cuarentena ha puesto a muchas mujeres en una situación vulnerable, teniendo que vivir en el encierro con sus abusadores. La alarmante cifra de feminicidios y violaciones durante la cuarentena revela la violencia persistente en los hogares de familias trabajadoras.

Pero además, el año y medio de pandemia no solo ha sido violento con las mujeres físicamente, también ha violentado a las mujeres quitándoles el derecho al trabajo. El despido, que ya era un atentado contra la vida de los trabajadores y trabajadoras antes de la pandemia, ahora se convierte en un acto aún más violento. No es posible que en plena crisis sanitaria y sin ninguna posibilidad de encontrar un medio distinto para sustentar sus familias, mujeres y madres trabajadoras hayan sido echadas a la calle. El despido en estos tiempos no solo ha significado, sufrimiento, hambre y miseria; en muchos casos ha significado también la muerte.
El capitalismo no puede ofrecernos una solución

La sociedad capitalista califica el derecho al trabajo como un derecho fundamental, pero lo hace con hipocresía, porque día a día lo arrebata, porque sus leyes no protegen el trabajo, ni tampoco los beneficios mínimos que este derecho debería contemplar.

Son las políticas de gobierno las que han llevado a esta situación a las madre y mujeres trabajadoras, la principal preocupación ha sido mantener las ganancias de las grandes empresas, mas no el darle solución a las cuestiones más urgentes como el desempleo. Por lo tanto, es evidente que el gobierno no tiene planes de resolver estos problemas, y que el gobierno entrante muy probablemente tampoco los tenga.

Por eso es necesario que como mujeres nos organicemos, y juntos a nuestros compañeros, exijamos solución a nuestras demandas como clase y como mujeres: fuentes de trabajo estables, seguro de desempleo, presupuesto para las ollas comunes que ayudan a la sobrevivencia las familias pobres, desaparición de la brecha salarial, que se reconozca con un salario digno el trabajo del hogar, etc.

La pandemia azota nuestras condiciones de vida. Y las mujeres jóvenes y trabajadoras de todo el mundo estamos al frente de los principales procesos de lucha (Chile, Colombia…). Por eso es clave organizarnos en torno a un programa obrero, marxista y revolucionario, que guíe nuestra lucha como mujeres de la clase trabajadora, entendiendo que los trabajadores no podrán llegar a emanciparse completamente si haber conquistado derechos plenos para las mujeres, que no solo estén escritos en un papel, si no que se respeten.

Perú: ¿A dónde vamos?

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Por Federico Romero

Entre movilizaciones de masas enfrentadas política y socialmente, una degradación de las instituciones de la democracia burguesa ante la que surgen fuertes llamados a un golpe y mientras el Covid, sin darnos tregua, avanza hacia una tercera ola, Perú vive estos días una grave crisis de pronóstico reservado, nada menos cuando se apresta a celebrar su 200 aniversario como república independiente.

La crisis tiene forma electoral porque habiendo ganado las elecciones por un margen estrecho el candidato de izquierda Pedro Castillo, la burguesía y sus representantes de derecha pretenden que se revise el conteo para robarle votos y favorecer la elección de su candidata Keiko Fujimori. Y aunque quien debe definir el resultado final es el tribunal electoral, la fuerte polaridad en medio de la erosión institucional llevan a que su definición se realice en las calles, a la que ya se han volcado amplios sectores de ambos lados y que, con independencia de su resultado, trae un escalamiento de la lucha de clases en la senda que ya recorre gran parte de América Latina.

En condiciones normales, el Jurado electoral ya hubiera dado como ganador oficial a Pedro Castillo (como en 2016, cuando la misma Fujimori perdió las elecciones por un margen similar). Pero estas no son elecciones normales, aunque en apariencia parecía así y hasta no despertaba interés en un inicio. Se puede decir que empezando por ser normal las elecciones en su desarrollo fue destapando la olla en la que hierven los conflictos de clase y de opresión, no solo de 30 años de neoliberalismo, sino de 200 años de república fallida y que la pandemia atizó.

El choque actual no es expresión de un cambio fundamental en la correlación de fuerzas de clases como, por ejemplo, fue la expresión de la elección de Evo Morales en Bolivia que ingresó a Palacio Quemado montado sobre un intenso y largo proceso revolucionario que empoderó a las masas que habían derrotado en las calles a dos gobiernos burgueses en 2003 y 2005, y permitió la recuperación del gas, aunque sea parcial, y otras aspiraciones. En Perú la lucha de clases aún está lejos de llegar a este nivel. El respaldo a Castillo es manifestación de búsqueda de las masas de una salida por la vía electoral; el mismo Castillo no es ni la sombra de Evo y Perú Libre es una precaria organización de la izquierda castrochavista incapaz — aun si fuera posible– de conducir un proyecto político desde el gobierno. Esto explica en gran medida por qué la maniobra dilatoria de la burguesía para robarle la elección a Castillo, o al menos para deslegitimarla, ya lleva quince días, y desata movilizaciones importantes de rechazo, pero también de apoyo al otro bando y bajo iniciativa de la burguesía.

No obstante, el potencial revolucionario que anida en las masas está ahí, puede estallar y abrir una nueva situación. Para que esto se produzca depende de cómo evolucione y se resuelva la actual crisis, es decir depende de los choques y también negociaciones que se produzcan los siguientes días. Si se impone a Fujimori estallará la lucha nacional, y si se confirma a Castillo volverá la relativa calma, al menos por un pequeño lapso. Pero hay otras opciones como que el proceso se dilate más allá del 28 de Julio colmando la paciencia de las masas, y que el mismo proceso se anule. Por ahora, desde las direcciones y desde el mismo Perú Libre se encasilla el problema en la salida legal y a la negociación con la burguesía intentando ganar su confianza y su luz verde, usando la presión de masas para este objetivo pero limitando la lucha. Pero el otro sector burgués de derecha quiere llegar hasta el final, lo que acelera y potencia el choque.

¿Cómo llegamos a esta situación?

Las elecciones fueron de crisis dado el profundo descrédito de todos los partidos y la creciente desconfianza en el régimen, lo que llevó a que el 30% no concurriera a votar y que el 17% votara en blanco o viciado, y que pasaran a la segunda vuelta dos minorías que sumados no alcanzaron ni al tercio de los votos emitidos. Que esas dos minorías fueran las dos opciones más extremas, hizo que se polarizara el proceso de segunda vuelta.

Keiko Fujimori es cuestionada por el pasivo de la dictadura corrupta que encabezó su padre, por su desempeño obstruccionista a la anterior administración y por ser procesada por corrupción dentro del engranaje del caso Lava Jato en la que también están incluidos los cuatro últimos ex presidentes e infinidad de ex autoridades. Esto la llevó a tener más de 70% de antivoto, pero 13% de los votos emitidos le alcanzó para pasar a la segunda ronda. Pedro Castillo, campesino y profesor rural, con su llamado a un verdadero cambio desde el mismo campo históricamente pobre y muy golpeado por la crisis, se benefició con 15% de los votos válidos. Ambos extremos emergieron expresando también un incipiente proceso de polarización social entre sectores medios que giran a la extrema derecha, y de sectores populares que lo hacen a la extrema izquierda, ante la profunda crisis de dirección del movimiento de masas cuya primera opción (Juntos por el Perú), estaba adaptada al régimen.

Así, la segunda vuelta sería definida por esos dos tercios de los que no votaron por ninguno de ellos, donde muchos que son fanáticamente contrarios a aspectos centrales de la candidatura, se ven obligados a apoyarlo como “mal menor”, bajo la consideración del programa económico que defienden: continuidad (Fujimori) o cambio (Castillo).

Pero esta definición, si bien fundamental, no ha sido del todo claro ni ha sido única porque la campaña fue atravesada por varios problemas donde lo determinante ha sido la campaña sucia y polarizante del bando fujimorista.

El contexto general

La segunda vuelta muestra al país social y geográficamente dividido. La sierra andina eminentemente agrícola y más pobre, dio un voto macizo por Castillo, y Lima y la costa norte e Ica que son más cercanos a los negocios capitalistas modernos, un voto mayoritario por Fujimori. Esta fragmentación no hace más que reverdecer los problemas históricos del Perú instaurados por la colonia, no resueltos en 200 años de república y más bien profundizados en 30 años de neoliberalismo, reafirmando que somos una nación inconclusa con un sistema inviable.

En la tradición histórica, la clase pudiente originada en un puñado de conquistadores y devenido en una élite criolla, siempre vivió cercada en los núcleos urbanos con temor a la masa indígena a las que explotaba y esclavizaba considerándola una raza inferior; y esas masas, sabedores de su fuerza numérica, tuvieron la necesidad de construir una identidad propia luchando contra los blancos urbanos. La forzosa introducción del Perú al dominio capitalista mundial y su formación como un capitalismo de periferia, dio lugar a un país con economía deformada, atrasada y dependiente del capital exterior. Desde la colonia Perú es exportador de oro, plata y otros minerales, siempre en manos extranjeras, y a su lado desarrolló la agroexportación en la franja costera, constituyendo los dos polos en la que la clase dominante funda su riqueza y explota y marginaliza a las mayorías. La sierra andina, agreste y dura, desde la colonia también fue sometida por terratenientes, que por su baja productividad establecieron y afirmaron relaciones serviles de explotación (trabajo gratuito), las que se mantuvieron hasta bien entrada la república. Y aun cuando con una larga lucha los campesinos conquistaron su derecho a la tierra, el atraso de la pequeña propiedad y el abandono del Estado que no es capaz de asistirlos ni de proveer de servicios básicos a sus pobladores, hacen que estas regiones sigan siendo –200 años después– las más atrasadas y pobres. Esta contradicción se hace más evidente no solo por la modernidad y los hábitos de consumo que exhiben las clases altas urbanas, sino ahí mismo en la sierra, que es donde poderosas mineras siguen extrayendo inmensas riquezas de sus entrañas.

Sobre esta base histórica se alinean las fuerzas y ubicación de las clases fundamentales. Las reformas neoliberales estabilizaron la economía y, sobre todo en los últimos 20 años, la hicieron crecer incluso a tasas chinas desparramando beneficios a todas las clases, pero en forma desigual, con lo que las brechas se hicieron más profundas aún. En años recientes el agotamiento del modelo inició la crisis social en el país, y la grave pandemia del covid terminó produciendo una desestabilización general.

La pandemia del covid no solo golpeó más a los trabajadores y pobres del país sino puso al desnudo su extrema vulnerabilidad bajo el actual modelo de economía neoliberal. El covid produjo la más alta tasa de muertes por millón del mundo por la inmensa carencia de hospitales, medicinas, médicos y hasta del elemental oxígeno. En Lima que concentra la economía del país, la mitad de trabajadores perdieron su empleo y la otra mitad perdieron numerosos derechos, entre ellos el salario. Miles tuvieron que retornar de la capital a sus lugares de origen para poder sobrevivir. La gran mayoría de pequeños comerciantes de un país donde el 75% es “informal”, se arruinaron. En la sierra y selva no llega la señal de internet ni se disponen de equipos de cómputo, por lo que los extremos pobres no tienen acceso a la educación básica virtual instrumentada en tiempos de pandemia. Mientras esto ocurría y ocurre de un lado, en el otro los grandes explotadores eran “salvados” con una gigantesca inyección de dinero estatal; salvo algunos días de para obligada, tampoco dejaron de producir y ganar todo este tiempo, sacrificando y tratando a su mano de obra como auténticos esclavos, y muchos hasta se hicieron más ricos (los oligopolios mineros) o lucraron con la vida de los más pobres (oxígeno y medicinas por las nubes), mientras podían protegerse del covid. Todo esto fue producto claro y nítido de una política de clase aplicada y dirigida desde el Estado (que además luce podrido en corrupción), y que las mayorías identificaron, e identifican perfectamente aún hoy, mientras lloran a sus muertos, tratan de sobrevivir o luchan por sus derechos.

Toda esta realidad tuvo sus primeras manifestaciones sociales en la gran rebelión del 14 de noviembre que derrotó la imposición por parte del Congreso de un nuevo gobierno de la corrupción, y en la poderosa huelga del proletariado agrícola que conquistó la derogatoria de la ley que simbolizaba la esclavitud laboral en el Perú. Estas manifestaciones, sin embargo, no escalaron hasta un cambio de correlación de fuerzas entre las clases por la traición de las direcciones reformistas, las que colaboraron con la burguesía para apaciguar las movilizaciones y conducirlas hacia el terreno electoral, en apoyo a su candidata Verónika Mendoza.

Los resultados del 11 de abril y del 6 de junio se inscriben en este contexto.

Factores de la polarización

Sobre esa base general se produjo la actual polarización. Un elemento de la polaridad que favorece a Castillo es la identidad de Fujimori no solo con las clases altas sino, además, con sus sectores más prepotentes, violadores de los derechos humanos y corruptos, características que ella ha exhibido sin camuflaje en la campaña y aun estos días. Además, su identidad con el continuismo económico que solo beneficia a los de arriba, la “mano dura” que anuncia para recuperar el orden y su encarnación de la impunidad que se busca para los grandes corruptos que las mayorías odian. Todo esto, a la vez, traducido en una campaña centrada en estigmatizar a Castillo de “comunista” y “terruco”, estigma que extienden a todos los que lo apoyan, desde los diversos grupos de izquierda y movimientos sociales hasta demócratas y funcionarios del Estado que tratan de mantener un grado de imparcialidad. Con esta campaña sucia han tratado de construir la imagen de Fujimori como “única” alternativa logrando poner de su lado a casi la mitad del país.

Esta campaña, es unánime en los grandes medios y visible en inmensos carteles que iluminan las principales calles de Lima, y es sostenida por una amplia corte de voceros que van desde viejos representantes de la democracia y sus partidos como el APRA, PPC, la mitad de AP y “personalidades” como MVLL y hasta nuevos sectores de ultraderecha, todos los cuales se enfocan en movilizar a las clases medias con la falsa bandera de “defensa de la democracia”. Es un movimiento tan reaccionario que de su seno se hacen llamados a “matar” a los “comunistas” y se presiona a las FFAA para que produzca un golpe si se proclama a Castillo.

Esta actitud excluyente, agresiva y de chantaje para torcer la voluntad popular y que comprende a las clases medias acomodadas y que intimida o confunde a otro sector, no puede ocultar que encarna el interés de los poderosos, de las multinacionales que acogotan nuestra economía y de las 17 familias más ricas del país, por su miedo al cambio.

Todo esto ha indignado a la gran mayoría de obreros, campesinos y pueblo pobre, ubicándolos del lado de Castillo, y a un sector de pequeñoburgués y demócratas que ven su elección con menos miedos y prejuicios.

Perú Libre es una pequeña organización castro-chavista provinciana que ejerce el gobierno de la región Junín por dos periodos, y para las elecciones se asoció con una importante corriente magisterial que –se dice– tendría vínculos con el Movadef. En cuanto a su programa la burguesía lo ataca porque no acepta ningún cambio, menos los planteamientos de nacionalización de la minería y gas y cambio de Constitución. Sin embargo, también sabe que Perú Libre no tiene posibilidades de realizar estos ofrecimientos porque la correlación de fuerzas no le es favorable, y por el control que la clase dominante ejerce de los poderes fácticos como el Congreso, la CONFIEP, las FFAA, las leyes, que operan como un gigante candado sobre el régimen y la economía.

En cuanto al Movadef, aun cuando fuera cierto lo que se acusa a Perú Libre, hay que decir que los seguidores de Abimael Guzmán hace 30 años que renunciaron a la lucha armada y todo su programa, desde entonces, se reduce a pedir un “acuerdo de paz” para integrarse al sistema a cambio del perdón a sus presos, o al menos a un mejor trato para ellos. Sin embargo, esa burguesía es tan reaccionaría que en lugar de la “reconciliación” invocada por la Comisión de la Verdad, siembra odio y miedo con la narrativa de que todo el problema fue por la acción de un grupo de terroristas sanguinarios, descontextualizado de la crisis que le dio origen y ocultando la respuesta genocida que dio el Estado y que causó la mitad de las 80 mil víctimas inocentes. En la coyuntura electoral, se vuelve a agitar esta monserga reaccionaria atizando más el enfrentamiento.

Bajo esta gigante presión, Perú Libre y Castillo muestran todas sus inconsistencias y limitaciones de origen, lo que los está llevando a sucesivos giros y adaptaciones. Por ejemplo, además de JP que se subió a su carro, sectores de la pequeña burguesía y burguesía “democrática” (Vizcarra, Partido Morado) también intentan subirse a él para cooptarlo. Para ello ha servido lo que hicieron la Iglesia (el partido más viejo de la burguesía) y otras instituciones, al hacerle firmar a Castillo un compromiso de sujeción a la democracia, sus instituciones y el modelo económico. En forma paralela, otra campaña en la que confluyen diversos sectores, trata de distanciar a Castillo de Perú Libre y Cerrón, presentando a estos últimos como todo el problema. Por supuesto que todo esto no tiene nada de “democrático”, pues Perú Libre ganó las elecciones con su programa y tiene derecho a gobernar.

En este camino, ya antes de producirse la segunda vuelta, Perú Libre y Castillo firmaron un acuerdo con JP sobre la base de un nuevo programa, el llamado Plan del Bicentenario, lo que le ha proporcionado equipo, voceros y apoyo orgánico de la izquierda oficial. Con este acuerdo Perú Libre y Castillo se han moderado completamente, pues dicho Plan se reduce a plantear “cambios” dentro de la continuidad del modelo, para tranquilizar a la burguesía. En esta misma línea, parece que para su eventual gobierno ya conforman un gabinete de centro izquierda con Verónika Mendoza al frente, mientras sus voceros se dedican a tranquilizar al mercado diciendo claro y en alto que no afectarán los grandes intereses ni con el pétalo de una rosa. Pedro Francke, economista que todos los burgueses reconocen como “moderado”, desde su posición de vocero oficial, ha dicho: “Me parece una ley económica muy clara de que a más crecimiento, más inversión, más producción y más empleo… Para mi si es muy importante la inversión privada como generación de riqueza y de empleos.” (El Comercio 19.06). Es decir, lo mismo que el actual modelo: si el inversionista privado es la niña de nuestros ojos, hay que protegerlo y brindarle todos los beneficios, que es exactamente lo que se ha hecho desde Alberto Fujimori hasta hoy.

Sin embargo, el sector burgués que cierra filas con Fujimori, no cree en nada de esto y difunde la fábula de que Castillo es el lobo feroz disfrazado de cordero. Claro, nada asegura el derrotero que, dada sus inconsistencias y contradicciones, seguirán Pedro Castillo y Perú Libre. Pero es evidente que ya dieron el paso para conformar un gobierno pintado de izquierda pero al gusto de la burguesía.

El plan para torcer el voto

En estas condiciones, en últimas, la burguesía estaría dispuesta a aceptar un gobierno de Castillo para evitarse una mayor conflictividad que podría abrir hasta las puertas del infierno. Pero lo cierto es que estos días juegan hasta el límite mismo, calculando en qué medida le puede resultar o no imponer un gobierno de Fujimori, o por lo menos deslegitimar la elección de Castillo, de tal modo que asuma cuestionado y débil como para facilitar el camino de su domesticación, o también juegan a anular las elecciones. Estas salidas políticas se cocinan en forma empírica y en lucha abierta de las diversas facciones burguesas.   

¿A estos fines, de qué manera se cocina el plan de la burguesía?

La experiencia enseña que la democracia es burguesa y que los derechos solo existen en el papel, y se los respeta solo cuando se lucha por ellos. En este marco, con los derechos que le asiste esta “democracia”, entendida a su modo y para su fin, los representantes de Fujimori han observado un conjunto de actas que favorecen a Castillo pretextando firmas falsas, muertos que habrían votado, sumas que no cuadran y ahora hasta piden auditoría sobre el sistema utilizado para el conteo.

Ante el pedido de revisión de actas todos los sectores, hasta el mismo Perú Libre que debe mostrar buena conducta con la “democracia”, respaldan y se han pronunciado a favor de dicho proceso. Pero es una farsa. Una farsa porque no existe ninguna posibilidad que las partes se pongan de acuerdo en cada uno de las revisiones que se realice y que el tribunal electoral aplique “justicia” que contente a ambos. Los “demócratas”, que cándidamente creen que es justo que se atienda bien los cuestionamientos para transparentar el resultado final y que resulte ganador quien resulte, y que mientras tanto debemos esperar tranquilos en nuestras casitas, solo expresan sus buenos deseos cuando la realidad es otra.

¿Qué es justicia? ¿Que se anule un acta porque tiene una firma “falsa” que no ha sido comprobada, y aun cuando fuera comprobada, qué tiene que ver con los votos válidamente emitidos? ¿Anular una mesa porque el resultado no cuadra con el promedio del local de votación o con la que la misma Fujimori obtuvo en primera vuelta? Se plantea estudios estadísticos en las que algunos dicen que hay múltiples irregularidades y otras que no son muchas pero son importantes; pero las estadísticas son un instrumento y no pueden determinar la autenticidad de los votos que obedecen a motivaciones subjetivas. Por eso el recurso planteado por Fujimori con el respaldo de todos los que la apoyan, es una trampa.   

El dictamen, a favor o en contra, va a ser resuelto por el JNE y su decisión será política. Así, en realidad, lo entienden ambos bandos y por eso han volcado, aunque sea tibiamente en el caso de Perú Libre, a sus partidarios a las calles.

En este marco, mientras Perú Libre ha entrado en el juego, Fujimori aplica una política de tijeras: mientras por un lado trata de torcer el voto a su favor presionando a los tribunos con un equipo de operadores y la movilización callejera, por otro lado trata de desacreditar al mismo jurado y cuestiona su probidad e independencia y chantajea con un golpe, y en este marco presionan para llevar el proceso hasta el límite, hasta el 28 de Julio que es cuando se debe realizar la juramentación, o incluso más allá.

Es un hecho que Castillo ganó las elecciones aunque sea por un estrecho margen, como lo revela el conteo rápido y el conteo de la ONPE. Pero es más: ese es el sentimiento de las mayorías, sobre todo de los pueblos del interior que votaron de forma sólida por él, los que ahora ven que les quieren robar, una vez más, sus esperanzas y sus sueños. No puede haber nada más democrático que reconocer este resultado, más aún, de una elección por completo antidemocrática porque colocó todo el peso del poder burgués, sus medios y recursos en un lado de la balanza contra el otro.

La salida es preparar y realizar el paro indefinido

Sobre estas consideraciones, el tribunal electoral pudo haber resuelto los casos, poner fin a los cuestionamientos y reconocer el triunfo de Castillo, y solo habría sido cuestionado por la derecha. Esa era la demanda que debía imponerse con la acción del movimiento de masas. Pero no ocurre así porque el peso de la oposición burguesa y de clase media con la que buscan negociar Perú Libre y JP.

La movilización se ha iniciado y se desarrolla desde el primer día cuando se vio que Fujimori no aceptaba los resultados. Pero pasados 15 días lo que hay que reconocer es que la ofensiva fujimorista creció con nuevos recursos, con nuevas fuerzas y respaldada con nuevas movilizaciones, las que contrapesan las movilizaciones en favor de Castillo y hacen crecer el peligro de que Fujimori impongan cualquiera de sus planes.

Por eso, más que movilizaciones que respalden la defensa del voto en mesa, el desafío que plantea la situación es un paro nacional indefinido que en definitiva derrote el plan burgués y fujimorista y que imponga el respeto a la voluntad popular. No hay otra.

La CGTP está planteando un Paro Nacional que a todas luces no será suficiente y menos aún está garantizado, y que solo puede servir para su propósito de conciliación. Hay disposición de lucha en la base, sobre todo en los sectores populares del interior, pero la misma disposición no existe en la clase obrera y en el proletariado minero ubicados en el corazón de la economía, precisamente por la desconfianza en la central.

La lucha por el paro indefinido, su preparación y su puesta en marcha requiere la decidida intervención de la vanguardia obrera y los luchadores, que deben realizar esta exigencia y realizar un intenso trabajo de explicación y organización desde las bases, y conducir a la construcción en cada lugar de comités de lucha y coordinadoras que hagan nuestra la pelea para garantizar la victoria. Y hacer esto no solo para hacer respetar la voluntad popular, sino luchando por los verdaderos cambios que buscamos, como la nacionalización de la gran minería y el gas, la expropiación de los grandes grupos capitalistas, la convocatoria a Asamblea Constituyente, por una efectiva segunda reforma agraria y por solución a las demandas obreras y populares.

Es posible hacerlo. Al menos hay que dar los primeros pasos en ese sentido, decantando de las posturas conciliadoras hacia la construcción de una verdadera dirección revolucionaria que ponga en pie a la clase trabajadora, bajo la estrategia de luchar por una salida de fondo con un Gobierno Obrero y Popular.

En defensa de la voluntad popular expresada en las urnas

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¡RESPONDER CON LA MÁS AMPLIA MOVILIZACIÓN DEL PUEBLO TRABAJADOR CONTRA LOS ATAQUES DEL FUJIMORISMO Y LA ULTRADERECHA Y SUS INTENTOS DE USURPAR LA VOLUNTAD POPULAR!

A estas alturas, una semana después de realizadas las votaciones para la segunda vuelta de las elecciones generales 2021, el Jurado Nacional de Elecciones sigue sin proclamar un ganador, a pesar de que el conteo de votos ha mostrado que la voluntad de la mayor parte de votantes ha sido colocar a Pedro Castillo en Palacio de gobierno.

Esto debido a las tinterilladas implementadas por el equipo legal de Fuerza Popular y Keiko Fujimori, que busca anular arbitrariamente 802 actas (200 mil votos) a pesar de que solo 155 de ellas fueron ingresadas a los Jurados Especiales dentro del plazo establecido. La mayoría de esas actas son del interior del país que le son desfavorables, y su denuncia es una ofensa no solo a la voluntad popular, sino a la dignidad de las personas discriminadas por su apellido, sus habilidades grafotécnicas, etc.

El plan de la ultraderecha y el fujimorismo consiste en convertir en conflicto lo que ha sido una clara expresión del electorado nacional a favor del candidato Pedro Castillo. Hoy desconoce el escrutinio realizado por la ONPE que otorga a Castillo cerca de 50 mil votos de ventaja, después desconocerá cualquier fallo de los Jurados Especiales que no le favorecen. Ha buscado manipular al JNE extendiendo ilegalmente los plazos, no tuvo éxito, y finalmente desconocerá los fallos del JNE si este no se aviene a darles la razón. La apuesta de la ultraderecha es dilatar la figura de un conflicto presionando para un desenlace por fuera del cauce electoral, para lo cual vienen impulsando movilizaciones reaccionarias y ataques a todo aquél que no favorezca el rodo de las elecciones.

¿Qué debemos hacer los trabajadores y trabajadoras del país ante este ataque?

Es un imperativo defender por medio de la movilización, de la acción directa de las organizaciones obreras y populares, la voluntad popular expresada en las urnas, ante el ataque reaccionario de Fujimori y compañía.

No podemos seguir «esperando los resultados en forma vigilante», cómo piden Castillo, la dirigencia de la CGTP y sus aliados políticos. Urge que la población pobre y trabajadora que votó por Castillo se levante en todas partes del país, tome las carreteras y ciudades, y exija su inmediata proclamación. Más cuando los medios de comunicación empresariales ya hablan de que el Jurado Nacional de Elecciones tardaría hasta tres semanas en proclamar un ganador.

Es esto lo que debemos poner a discusión, por medio de asambleas, en las fábricas, minas, centros de trabajo y estudio en todo el país. Hay que organizar la lucha en defensa de la voluntad popular desde las bases, levantando además todas aquellas necesidades urgentes que nos agobian: vacunación masiva casa por casa, más plantas de oxígeno y camas UCI, contratación y nombramiento de personal especializado en emergencias, derogatoria de la suspensión perfecta y prohibición de ceses colectivos, aumento general de sueldos, salarios y pensiones, solución a los pliegos de reclamo, comida y medicinas para el pueblo, y un largo etc.

Y más: demandar la expropiación y cárcel de los bienes y cuentas de Keiko Fujimori y su organización criminal, que hoy, además, se levanta contra la voluntad del pueblo.

Los trabajadores y trabajadoras sabemos que sin luchas, no hay victorias. Poniéndose a la cabeza de la movilización democrática del pueblo, la clase obrera ganará la posibilidad de encabezar también sus futuras luchas, que no pueden esperar a 28 de julio.

La lucha contra el machismo: Una lucha para la clase trabajadora

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Colaboración de Lilla R.

Miembro de Trabajadores Socialistas del Cusco

El candidato a la presidencia Pedro Castillo, ha sido cuestionado por sus declaraciones acerca de los feminicidios. Según Castillo, los feminicidios ocurren “producto de la ociosidad generada por el mismo estado”. Esta terrible declaración tiene una profunda carga machista, y es reflejo del desinterés y desconocimiento que tiene el candidato y su partido frente a lo que la OMS declaró, en 2013, una pandemia: la violencia machista.

El panorama de la violencia machista en el Perú

La violencia de género en nuestro país, y particularmente los índices de feminicidio, son alarmantes. Según estadísticas del ministerio de justicia y derechos humanos, en 2020 hubo 131 feminicidios en el Perú. Mientras que este 2021, según los datos de la defensoría del pueblo, 55 mujeres fueron asesinadas por el hecho de ser mujeres en los primeros 5 meses del año. Más de la mitad de ellas, por sus parejas o exparejas. Además de 19 casos de mujeres con características de feminicidio que siguen en investigación.

Uno de los casos más desgarradores fue el de Eyvi Agreda de solo 22 años, que fue atacada en el transporte público por su ex compañero de trabajo, le roció combustible y luego le prendió fuego. Eyvi quedó con el 60% de cuerpo quemado y luego de un mes de estar internada en el hospital, murió con un shock séptico. Su atacante declaró después que su intención no era matarla, solo quería “desfigurarla”.

Lamentablemente esta terrible realidad es compartida por otros países latinoamericanos: en México, cada día son asesinadas 10 mujeres. Según la organización Mumala hubo 329 muertes violentas de mujeres en 2020 en el país. Según el Registro Nacional de Femicidios 2020 de Mumalá, en el 40 % de los casos víctima y victimario convivían, el 13% de las víctimas estuvo desaparecida y 7% fue abusada sexualmente.

Pero la violencia machista, además, se traslada al terreno de la dependencia económica, los maltratos psicológicos, el acoso callejero y en el trabajo, la discriminación en los centros de estudio y un largo etc.

Violencia que se ha visto potenciada por la pandemia, al encerrar durante meses a las mujeres con sus agresores, en sus propios hogares.

Por lo tanto, es un gravísimo error por parte de Castillo decir que los feminicidios ocurren por “ociosidad”, y una enorme contradicción para alguien que dice representar un proyecto de cambio de nuestra sociedad.

La violencia machista día a día cobra vidas de mujeres, adolescentes, estudiantes, madres trabajadoras, con brutal crudeza y total impunidad. De las 131 denuncias de feminicidio reportadas en 2020, solo dos han sido investigadas y procesadas, hasta emitir una sentencia contra los responsables. 

Por eso esta declaración tan ligera y machista, resulta peligrosa: porque minimiza la magnitud del problema, desinforma, invisibiliza y, sobre todo, normaliza la violencia hacia las mujeres.

¿Votar por una mujer sería una alternativa?

Por otro lado, tenemos a la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, que hace unos días negó las esterilizaciones forzadas aplicadas durante el gobierno de su padre y de las que fueron víctimas más de 300 000 mujeres violando sus derechos sexuales y reproductivos, afirmando que “fue un plan de planificación familiar”. Estas declaraciones son todavía más monstruosas y muestran la verdadera cara, cínica y cruel del fujimorismo.

Días después de haber negado las esterilizaciones y ver que no mejoraba su posición en las encuestas manifestó en una entrevista que “duele lo que estas mujeres han denunciado y eso se tiene que investigar y sancionar a los responsables”, sin embargo La Asociación de Mujeres Peruanas Afectadas por las Esterilizaciones Forzadas (AMPAEF) publicó un comunicado de rechazo, repudio e incredulidad ante estas declaraciones, rechazo que aplaudimos, no podemos confiar en una mujer que ha formado parte de un gobierno violador de derechos y genocida.

Más allá de los intentos fallidos de “comprometerse” con las víctimas de las esterilizaciones forzadas, tanto este caso como la violencia que mata a las mujeres peruanas, pobres y trabajadoras cada día en realidad le interesan muchos menos que a Castillo, sus prioridades están en garantizar el enriquecimiento del empresariado, dando continuidad a las políticas económicas corruptas, privatizadoras y entreguistas implantadas por Fujimori en los 90s, por lo tanto, ella como cualquier otro candidato de la burguesía, sea varón o mujer, responde tan solo a sus intereses de clase, no importa si estos intereses pasan por encimas de las vidas de la población.

Por eso, ninguno de estos candidatos nos representa, ni a la clase trabajadora, ni mucho menos a las mujeres trabajadoras, pobres y campesinas del país.

¿Por qué ocurren los feminicidios?

Un feminicidio es la forma más extrema de violencia contra una mujer, casi en todos los casos las personas que comenten feminicidio son personas cercanas a las víctimas, una pareja actual o ex-pareja. Las mujeres victimas de feminicidios generalmente han sufrido previamente una serie de maltratos y diversos tipos de violencia que se van incrementando con el tiempo.

El feminicidio es una de las caras más duras y extremas del machismo, que encierra un conjunto de ideas que muchos aprendemos sin querer en nuestras familias, ideas dañinas que sustentan que los varones son superiores a las mujeres, con las que se nos imponen; maneras de comportarnos, roles en la sociedad y actividades que podemos o no hacer de acuerdo a nuestro género. Es común oír por ejemplo que “el jefe de la casa es el varón y que las mujeres tenemos que dedicarnos a labores domésticas”

Sin embargo, estas diferencias entre varones y mujeres no han sido siempre así, las familias primitivas, se caracterizaban por su funcionamiento en comunidad, la propiedad, es decir todo el fruto del trabajo le pertenecía a la comunidad en su conjunto. Toda esta desigualdad que se vive hasta estos días aparece o se desarrolla junto con cambios sociales y económicos, que marcan la aparición de la propiedad privada, a partir de este cambio se establecen nuevos roles que someten a la mujer y la convierten en esclava y propiedad del varón.

Esas ideas que acompañan a este sometimiento son un soporte y una justificación de la injusta desigualdad entre varones y mujeres, justifican la violencia dentro de las familias trabajadoras, e impiden que se haga justicia para las víctimas de feminicidio.

El machismo, en ese sentido, es una ideología, que justifica, normaliza y refuerza la desigualdad.

¿Por qué los trabajadores y trabajadoras debemos combatir el machismo?

El machismo es una herramienta útil para la explotación capitalista, el sistema usa los medios, la propaganda y todo lo que está a su alcance para repartir estas ideas que tanto daño nos hacen, no solo a las mujeres trabajadoras, sino a toda la clase es su conjunto. Son útiles para perpetuar la opresión a la mujer, para pagarnos menos, para explotarnos más, para no poder organizarnos junto a nuestros compañeros porque además de trabajar en las fábricas, colegios o tiendas, tenemos que llegar a casa a seguir trabajando y cuidar a nuestros hijos.

El machismo nos divide como clase frente a los patrones. Por eso urge, que como trabajadores y trabajadoras tengamos como una de nuestras principales tareas la lucha contra el machismo, en nuestras familias y también en nuestros sindicatos, no solo para prevenir y evitar la violencia y estas muertes tan terribles y dolorosas de nuestras hermanas trabajadoras, sino también para pelear juntos por nuestros derechos y enfrentar al sistema que nos explota y oprime.

Votar por Pedro Castillo, mantener nuestra independencia política

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En estas horas, entre los trabajadores casi no se discute el voto por Pedro Castillo, pero lo que sí debemos discutir es la necesidad de mantener nuestra independencia política y organizativa.

Muchos dirigentes y activistas se incorporaron a la campaña de Castillo de diversas maneras, tratando de contribuir activamente a su victoria, como esperanza de cambio y ante el cargamontón y los infames ataques del fujimorismo, los empresarios y grandes medios que ven amenazados sus intereses.

Pero grandes gremios como la CGTP, la Federación Minera y Construcción Civil, van más lejos: suscriben acuerdos y compromisos que hipotecan la independencia política de los trabajadores y sus organismos, y, por esa vía, en la práctica renuncian a la lucha en defensa de los intereses obreros.

Con dichos acuerdos, estos gremios pretenden comprometer a Castillo a respetar, en su eventual gobierno, los derechos laborales y que reconozca otros.

Pero llamamos la atención sobre la forma mediada como plantean la defensa de estos derechos. Piden que la suspensión perfecta y los ceses colectivos sean “regulados” o que no sean “indiscriminados”; es decir no plantean su nulidad. Para los trabajadores toda suspensión perfecta y cese colectivo que roba el salario y el derecho elemental al trabajo es injusto y debe prohibirse. Más aún ahora que dichas medidas se extienden y llegan al cierre de empresas. Los trabajadores no tenemos por qué pagar la crisis y deben hacerlo los patrones, y si no aceptan debemos demandar la nacionalización de sus empresas bajo control de los trabajadores, como única forma de resguardar la fuente de nuestra existencia y de nuestras familias. Los derechos no se retacean, se defienden.

Respeto a la “propiedad” empresarial

Además de esta postura se reconoce a los capitalistas su “derecho” a realizar negocios y a explotar y generar riqueza con el trabajo obrero.

El documento que suscribe la Federación Minera (punto 5) dice, por ejemplo, que la contribución y fiscalización tributaria del Estado a las empresas debe hacerse “respetando siempre la propiedad”. La “propiedad” de las grandes minas es fuente del gigantesco saqueo del país, de la sobreexplotación obrera en el sector y de la extrema pobreza de las comunidades aledañas, y por eso un gran sector votó por Castillo porque planteó la nacionalización de la gran minería, energía y el gas; y por eso mismo los empresarios lo atacan con furia.

La Federación, ¿en lugar de defender la “propiedad” de las grandes mineras no debería estar a favor de esta propuesta nacionalista? La historia de la clase obrera ha sido colocarse siempre del lado de las causas nacionales, incluso como vía para proteger sus propios derechos, pero la Federación se bandea para el otro lado en esta aspiración fundamental.

Lo mismo sucede en el acuerdo suscrito por la Federación de Construcción Civil. Pronunciándose a favor de la reactivación del sector, la Federación les dice a los empresarios: “El Estado será su aliado”: aliado para promover inversiones, contrataciones y para reducir los trámites. Pero, son esos mismos empresarios los que poseen inmensas inmobiliarias y terrenos con los que lucran, mientras millones no tienen un techo donde vivir, entre ellos muchos obreros de construcción civil, y como lo vemos en las ocupaciones de tierra que se producen en Chorrillos. Pero el gremio de Construcción, en lugar de hablar de estas necesidades demanda más beneficios para los empresarios.

“Defensa de la democracia y gobernabilidad”

En esta misma línea, estos dirigentes van más lejos cuando llaman a luchar por la “defensa de la democracia y la gobernabilidad”, como el llamado que hace la central para la marcha del jueves 20 de mayo.

Es cierto: hay que luchar y movilizarnos contra los ataques a Castillo, contra las mentiras, calumnias y amenazas que nos alcanzan a todos los luchadores, y, por supuesto, rechazar cualquier intento de golpe, contra el cual los socialistas seremos los primeros en salirle al paso. Esto significa que luchamos por defender los derechos y las libertades. Pero la CGTP plantea “defender la democracia y la gobernabilidad”, es decir defender al régimen que odiamos.

Hoy, la “democracia y gobernabilidad” es de los patrones y está al servicio de su corrupción, de los abusos y sobreexplotación de los trabajadores. Por eso defienden su continuidad con Fujimori, mientras los sectores populares la cuestionan y piden cambios. Además, defender la “gobernabilidad” hoy es defender a Sagasti, al responsable de las políticas que nos afectan, y por eso no es casual que la central guarde total silencio sobre el Gobierno.

De este modo, la central en realidad le hace seguidismo a toda la proclama burguesa en favor de la “democracia y las instituciones, con lo que se ata las manos al igual que Castillo para luchar por los cambios que reclaman los trabajadores y las mayorías. 

¿Patrones democráticos?

En el fondo de todo esto hay el intento de estos dirigentes –y de Castillo– de establecer una alianza con la burguesía que llaman democrática y patriótica para que apoye su gobierno bajo la forma de un frente de obreros y empresarios, o frente popular, con el pretexto de enfrentar a los fascistas. De aquí se desprenden las políticas antes mencionadas: no hay que tocar sus “propiedades” sino promover sus negocios, y hay que “regular” los derechos laborales y no defenderlos plenamente.

Pero esos llamados empresarios democráticos y patriotas no existen y hoy todos aparecen al lado de Fujimori y contra Castillo, y estarán más firme con Fujimori si gana y contra Castillo si pierde. Pero es un cuento que sirve para maniatar a los trabajadores mientras dejan las manos libres a la burguesía para que siga atacando.

Independencia política

Aún no ha sido elegido Castillo y ya vemos cómo la reacción empresarial afecta la economía produciendo devaluación, alzas de precios y más desempleo, y después de la elección de Castillo esa reacción será peor.

Con esas políticas colaboracionistas es absolutamente claro que no hay ni habrá forma de defendernos de estos ataques empresariales, de los despidos, ceses, suspensiones y otros que van a continuar, gane quien gane las elecciones.

De aquí se deduce la imprescindible necesidad de defender nuestra independencia política y organizativa como clase. Votar por Castillo sí, pero no firmar acuerdos que hipotecan nuestra independencia y nuestras aspiraciones y prepararnos para salir a luchar. No es casual que la larga experiencia histórica de la clase obrera haya legado esta enseñanza como la única garantía para la defensa de sus intereses de clase.

Votamos por Castillo sin apoyo ni ilusiones

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La candidatura de Pedro Castillo concentra el voto mayoritario –con más o menos ilusiones– de los sectores populares, del interior del país, y de la vanguardia obrera, ante el alineamiento de toda la patronal, sus partidos y organizaciones, tras Keiko Fujimori.

Obreros y obreras, el campesinado, el magisterio y otros tantos millones de pobres del campo y la ciudad, se encaminan a las urnas con la intención de imponer con su número, vía el voto, un cambio en los destinos del país.

Nada se les puede reprochar. En 200 años de vida republicana, uno tras otro, los gobiernos que se han sucedido han garantizado las ganancias patronales y la entrega de nuestras riquezas a las potencias imperialistas, antes que atender las necesidades de nuestro pueblo. Y hoy parece posible “cambiarlo todo”, pues un candidato de origen campesino, rondero, y maestro de escuela pública, es quien se encuentra en segunda vuelta.

Desde el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) acompañamos este proceso y hemos definido que también votaremos por Castillo, pues es la única herramienta electoral concreta con la que nuestra clase está haciendo frente a la “santa alianza” que todos los partidos patronales, gremios empresariales y medios de comunicación han creado tras Keiko Fujimori.

Sin embargo, alertamos sobre la necesidad de mantener no apoyar políticamente a Castillo, ni sembrar ilusiones en su posible gobierno, para así mantener la independencia política y organizativa de las organizaciones obreras y populares,

Esto es más necesario aún en tanto Castillo ha comenzado a abandonar aspectos importantes de su propuesta política, al estilo de la “hoja de ruta” de Humala, con la única finalidad de ganar los votos de la misma “izquierda moderada” y sectores liberales que fueron derrotados en la primera vuelta (ver recuadro).

[Recuadro]

¡ABAJO EL TERRUQUEO!

Desde el comienzo del camino a la segunda vuelta, los medios de comunicación iniciaron una despreciable campaña de calumnias motejando a Pedro Castillo, y prácticamente a todas las personas que simpaticen o expresen su apoyo hacia él, de “comunistas” y, más aún, de “terroristas”. Desde entonces, el “terruqueo” es moneda corriente en radio, televisión y redes sociales.

Desde el PST rechazamos categóricamente esa campaña despreciable de calumnias que solo busca sembrar confusión entre la población para llevar votos a Keiko Fujimori. Nos solidarizamos, en este tema, con Pedro Castillo, y reivindicamos la bronca que sienten los sectores obreros y populares ante ella, debido a que es la misma campaña de mentiras que empresas y autoridades realizan cuando salimos a luchar por nuestras reivindicaciones.

[Recuadro]

Lo que calla Castillo

Para muchos compañeros y compañeras, resulta normal que Castillo abandone partes de su programa. Esto porque, se piensa, es una actitud táctica, que se justifica por la intención de ganar votos y evitar ataques de la patronal.

Sin embargo, como prueba la asquerosa campaña de terruqueo en curso contra Castillo, de nada sirve esconder o abandonar partes de su programa: la patronal no mengua en su odio.

Por eso el abandono gratuito de propuestas como la estatización (nacionalización) de las mineras, o la creación de impuestos a las riquezas y ganancias patronales, solo muestran un ánimo oportunista.

Lo mismo pasa con su postura frente al régimen democrático burgués corrupto que impera en el país. De haberlo puesto en cuestión, hoy Castillo se ha comprometido a defender la “gobernabilidad y la democracia”.

No cuestiona los ceses colectivos o la suspensión perfecta de labores con la que la patronal golpea a la clase obrera. Como mucho se ha “comprometido” a fiscalizarlas.

Y, por último, y no por eso menos importante, desde la primera vuelta mantiene el silencio frente al gobierno de Sagasti, responsable actual del genocidio provocado por la pandemia de covid 19 y por los ataques contra la clase trabajadora y el pueblo, a quien no llama a enfrentar desde las calles. Tarea que es la más urgente que tiene planteada la clase trabajadora y el pueblo pobre de nuestro país.

[Recuadro]

La candidatura de María Rivera: un ejemplo de utilización revolucionaria de las elecciones

En paralelo al proceso electoral de nuestro país, se han realizado las elecciones a la Convención constituyente que la poderosa lucha del pueblo chileno arrancó al gobierno asesino de Piñera. Nuestra organización hermana en Chile, el Movimiento Internacional de los Trabajadores, logró tener una candidatura en una de las listas de candidatos y candidatas independientes de los partidos tradicionales que se inscribieron de forma extraordinaria para esta elección.

La compañera María Rivera, de larga trayectoria militante, realizó una campaña ejemplar, llamando a retomar la movilización por la libertad de los compañeros y compañeras detenidas durante las jornadas de lucha libradas por el pueblo trabajador, así como por la caída inmediata del gobierno Piñera.

Asimismo, su campaña levantó, sin temores, la necesidad de expropiar los negocios de las familias más ricas de Chile, para financiar la salud y la educación. Y hoy que ha sido elegida, no duda en declarar ante El Mercurio (diario de la gran patronal chilena, análogo a El Comercio), que se debe estatizar las AFP, las minas y las grandes empresas, y ponerlas bajo control de sus trabajadores y trabajadoras.

¡Cuánta diferencia con Castillo, que ahora huye como de la peste a la palabra expropiación!

[Recuadro]

La ilusión de la democracia burguesa

El campesinado y los sectores populares, separados de una conciencia de clase, conciben que su poder político radica en su número.

Esta es una ilusión que la democracia burguesa utiliza a su favor para recrear su propia dominación elección tras elección, pues aunque es cierto que “el pueblo es mayoría”, en la actual democracia esa mayoría está sujeta a una oferta político-electoral dominada por los partidos patronales. Además esa mayoría, convertida en voto individual, secreto y directo, pierde su contenido de clase, se dispersa, perdiendo, de paso, su poder de número.

Termina siendo el mecanismo perfecto para que la burguesía, la clase social de los dueños y dueñas de fábricas, bancos, minas, pozos petroleros y grandes comercios, imponga su control, mientras la enorme masa popular piensa que es ella quien los eligió.

Sagasti defiende el mismo modelo que el fujimorismo y la patronal buscan continuar

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En el Perú el descontento social no se ha volcado aún a las calles en una protesta nacional como ocurre en Chile o Colombia, aunque la coyuntura electoral revela que estamos en un proceso similar que tiene en común el estrepitoso fracaso de ese plan económico y el reclamo masivo de cambios radicales y urgentes.

Lo que evidenció la votación del 11 de abril es el profundo descontento que existe en la clase trabajadora y sectores populares por las condiciones de desastre a las que el modelo neoliberal ha llevado al país.

El mensaje es que las cosas no pueden seguir como hasta ahora; es decir no puede continuar la política de gobierno que causa una matanza que asemeja un genocidio, el modelo económico que profundiza la desigualdad, la corrupción, el abandono de las regiones, el enriquecimiento de las multinacionales a costa de los intereses nacionales, así como también desempleo, despidos y abusos patronales, etc.

Las nuevas encuestas revelan que el descontento expresado en la intención de voto crece en el camino hacia la segunda vuelta, incluso a pesar de las tendencias conciliadoras del candidato Pedro Castillo, y que la campaña del miedo desatada por la patronal y la derecha solo consiguió exacerbar el odio de clase de los ricos y de los sectores sociales más acomodados, además de desnudar su falsa concepción democrática.

La primera opción que han tomado la derecha y la patronal es ir al choque. Keiko Fujimori representa la continuidad del plan patronal. Además, la hija del ex dictador es la amenaza de un poder reaccionario y autoritario que busca la impunidad a los crímenes de la dictadura fujimorista, la mafia de los “cuellos blancos” y la corrupción del caso Odebrecht y Club de la Construcción.

Por eso, junto con el rechazo al plan de parte de los sectores empobrecidos, se ha reavivado en los sectores sociales medios el repudio al fujimorismo y sus nuevos aliados tal como se ha visto en la multitudinaria movilización nacional del 22 de mayo.

Necesidades obreras y populares demandan un plan de lucha nacional

Es muy importante remarcar que el problema no es solo la amenaza del fujimorismo sino también, y principalmente, la continuidad del plan económico, que es el mismo que actualmente viene siendo ejecutado por gobierno Sagasti con los desastrosos resultados que vivimos.

Sin embargo, por obra de las direcciones de las centrales, actualmente no existen movilizaciones ni plan de lucha de los trabajadores y el pueblo contra el modelo actualmente en ejecución. Evidencias que su interés es solo explotar el descontento para convertirlos en votos, a pesar de que el actual gobierno es el que aplica el plan económico que el fujimorismo quiere continuar y que todavía seguirá hasta el 28 de julio. Y eso es mucho tiempo cuando la pandemia mata por cientos cada día, cuando el hambre y el desempleo golpea a la mayoría de la población nacional, y cuando no paran los despidos, ceses colectivos y suspensión perfecta de labores que las empresas imponen abusivamente sin control.

Un plan de lucha nacional con una plataforma obrera y popular es también algo indispensable que se necesita para mantener la independencia política de clase y para no depender de las promesas de campaña de candidatos que ganan con un discurso y gobiernan con otro muy diferente.

Hoy para la clase trabajadora está planteado derrotar a la candidata que representa la continuidad de un plan económico que tiene efectos de genocidio, pero sin perder la independencia política de clase, aquella que necesita para fortalecer su propia organización para la lucha por sus demandas cualquiera sea el desenlace de las elecciones.