Por Víctor Montes
¿Cómo se explica que, 26 años después de la caída del dictador Alberto Fujimori, su hija Keiko vuelva a encontrarse en una segunda vuelta, y tenga opciones reales para ser presidenta?
Para algunos sectores intelectuales y de “clase media” que se consideran “democráticos”, la culpa es de las personas que denominan como “pobre de derecha”. Con gran indignación, estos sectores que se perciben como éticamente superiores, achacan el voto por Keiko a la “ignorancia” y a su poco valor personal (no es raro leer o escuchar a estos sectores afirmar que quienes votan por keiko tienen “cabeza de táper”, haciendo alusión a que entregarían su voto a cambio de alguna dádiva barata).
Sin embargo, la realidad no se ajusta al esquema de estos sectores, supuestamente “progresistas y democráticos”, que al sostener este tipo de conclusiones solo evidencian el desprecio absoluto que sienten por el pueblo pobre de nuestro país.
Entonces, si no es esa la explicación ¿Qué es lo que hay tras la cuarta segunda vuelta a la que ha accedido Keiko Fujimori desde 2011?
El fraude de la “democracia”
Es verdad que hoy la popularidad de Keiko hoy, es mucho menor a la que mostró en sus primeras apariciones, donde obtuvo en primera vuelta aproximadamente el 19% (2011) y el 35% (2016) de los votos emitidos, mientras hoy detenta el 10,5%.
Sin embargo, esto no niega el hecho de que se encuentre ante la posibilidad real de ganar estas elecciones.
De lo que se trata es de entender por qué a pesar de ser heredera y reivindicar una dictadura asesina y corrupta como la de su padre, que atacó y acabó con derechos laborales y sociales, y que entregó las riquezas del país a las transnacionales, sectores populares, e incluso obreros, siguen votando por Keiko Fujimori y el fujimorismo.
La principal razón detrás de esta situación ha sido que la llamada “democracia” (en realidad, la democracia patronal), que sobrevino a la caída de la dictadura, se detuvo en su obra justamente ahí donde la lucha comenzaba a desmontar las herencias más profundas de la dictadura: el modelo económico, la constitución, la corrupción y la impunidad.
Y no podía ser de otra forma, pues el modelo económico impuesto por la dictadura, estuvo siempre al servicio de las grandes empresas, quienes apoyaron al dictador Fujimori mientras les fue útil y controló, bajo un régimen policiaco y asesino, la lucha popular.
La tan glorificada “democracia”, mantuvo el modelo económico neoliberal y la constitución de la dictadura, la de 1993, bajo las cuales el país se transformó en una economía completamente sometida al capital extranjero, vendedora de cobre, oro y productos agroindustriales.
Todas actividades que impactan en el ambiente y siembran miseria afectando la calidad de vida de las poblaciones aledañas. Y que con el tiempo ha sido el caldo de cultivo perfecto para la proliferación de organizaciones criminales dedicadas a la minería ilegal, incrementando la violencia y la inseguridad.
Un modelo económico que, además, ha desarrollado la corrupción a niveles exorbitantes, como evidenciaron los 22 millones de dólares que cobró Toledo por sus servicios para Odebrecht.
Represión a luchadores y mano blanda a criminales
En ese marco de continuidad del modelo económico y sus penurias, que además nos condenaron a vivir un verdadero genocidio durante la pandemia de Covid19, esa llamada democracia ha mostrado en estos años que, así como se muestra dura y es asesina contra quienes luchan, es una coladera ante la emergencia del crimen organizado, el sicariato y la extorsión.
Basta con recordar los más de 220 luchadores y luchadoras asesinados por agentes policiales y de las Fuerzas Armadas entre 2001 y 2025 para saber que la democracia mata, y al mismo tiempo ver la absoluta ineptitud de la policía y las Fuerzas Armadas, durante los estados de emergencia, para acabar con la criminalidad, para darse cuenta contra quién apunta los fusiles esta “democracia”.
Ante esta realidad, para un sector del pueblo pobre, Keiko Fujimori aparece como una alternativa de “orden” y “estabilidad económica”, aunque sea, en el peor de los casos, de una economía que solo permite sobrevivir en la informalidad. Y este sector no se va a convencer de lo contrario por discursos moralistas o de genialidades ilustradas.
Por eso, para acabar con el fujimorismo y con Keiko Fujimori, no bastará votar por su oponente de turno. Solo la organización y movilización consciente de la clase obrera y el pueblo pobre puede resolver los problemas de fondo que aquejan a nuestro país, y a partir de ahí, deshacerse de las expectativas que pueda levantar la heredera de la dictadura en los sectores populares que aún la consideran una posibilidad.


