Por Víctor Montes
Cuando el pasado 1 de marzo, se reportó una fuga y posterior deflagración en la estación “Megantoni”, del único ducto que transporta el gas que se extrae en Camisea, no era complicado anticipar la crisis que se vendría.
No solo por la ineptitud del gobierno Balcázar, recientemente elegido en reemplazo de Jerí, que tardó tres días en declarar en emergencia el abastecimiento de gas. Sino fundamentalmente por la lógica del modelo económico neoliberal, impuesto por la dictadura de Fujimori y perpetuado por todos los gobiernos tras el “retorno a la democracia”, de Toledo a Balcázar. Lógica que entrega nuestros recursos naturales a las transnacionales privadas para que hagan grandes negocios, mientras tanto, después de 21 años de iniciada la explotación del gas en Camisea, solo existe un ducto para el transporte del gas.
El impacto de la crisis
La crisis de abastecimiento ha puesto en riesgo la producción eléctrica del país. El 50% de la misma se encuentra a cargo de plantas termoeléctricas abastecidas desde Camisea.
Otro tanto ha sucedido con la industria. Promocionada como energía barata y accesible, buena parte de la gran industria está conectada a Camisea. Se estima que por lo menos un millar de centros fabriles se han visto privados de su fuente de energía.
También se ha afectado la producción de gas licuado de petróleo (GLP), paralizada desde el inicio del racionamiento, que se produce en la planta de Pisco a partir del fraccionamiento de los líquidos del gas natural. Dicha planta es responsable del 80% del GLP nacional, aproximadamente, incluyendo el uso doméstico y vehicular, con su consecuente encarecimiento en el mercado.
Por último, miles de taxistas, y particulares que abastecen sus automóviles con gas natural vehicular (GNV) y GLP.
Y como no hay alternativa para el abastecimiento, muchos de los sectores afectados han tenido que recurrir al diesel y a la gasolina, elevando sus precios, justo cuando los precios internacionales han estado al alza debido a la guerra desatada por el imperialismo estadounidense y el estado sionista de Israel contra Irán.
El cinismo del gobierno… y del modelo
Pero nada de esto resulta “escandaloso” para el gobierno y, sobre todo, para el modelo económico. Como dijo el ministro de energía y minas, Angelo Alfaro, con el cinismo que acostumbran destilar estos funcionarios agentes de las transnacionales y el capital:
“…No queda más que, como dicen, ajustarse el cinturón y seguir para adelante…”
Para ellos está claro que las empresas nunca pierden. Basta decir que la empresa responsable del gas, Transportadora de Gas del Perú, vio crecer sus utilidades en más de 140%, entre 2015 y 2024, pasando de 108 millones a 269 millones de dólares. Acumuló así más de 2.224 millones de dólares en ganancias. Esto no impidió que no construyera el ducto de redundancia que tenía un costo aproximado de USD 600 millones, y que hubiera mantenido el suministro de gas estable. Todo de acuerdo a una investigación del portal Ojo Público.
Lo mismo sucederá en las fábricas, donde ante la paralización de la industria se ha enviado a la clase obrera de vacaciones adelantadas. Medida que será pretexto para que la patronal se niegue a resolver los pliegos de reclamo, al tiempo que intentará imponer cambios en los horarios e incrementará los ciclos de las máquinas para “recuperar” la producción perdida, aumentando la explotación.
Y en cambio el pueblo pobre, debe “ajustarse el cinturón” y pagar el costo de la crisis de abastecimiento, que se sentirá en los precios del balón de gas, los pasajes y la electricidad, encarecidos por el racionamiento.
El responsable es el saqueo capitalista
Por eso afirmamos que la crisis desatada muestra ante todo el fracaso del modelo económico neoliberal, que entrega nuestra economía y recursos al dominio transnacional.
Un modelo que ha vendido la ilusión de un país que crece. Un país que se enorgullece de su “moneda fuerte” y que camina en “piloto automático”, pero que mira a otro lado cuando las crisis lo ponen frente al espejo y evidencia la pobreza, desigualdad y precariedad que reina en el país.
El único ducto por el que sale el gas de Camisea es la prueba palpable de la indolencia del capital, el cual ha descartado hasta ahora la construcción de nuevos ductos, por falta de “mercado” para la venta del gas.
Del mismo modo que durante 1845 a 1968, los ferrocarriles unían los centros mineros con los puertos solo para extraer sus productos y obtener ganancias sin preocuparse por conectar al conjunto del país, hoy el gasoducto administrado por Transportadora de gas de Perú (TgP), conglomerado transnacional dominado por Pluspetrol, solo garantiza la conexión con aquellos lugares que le ofrecen ganancias.
Así se llega al absurdo de que, mientras Lima tiene la posibilidad de usar gas en los hogares, en la región en donde se produce, Cusco, recién se ha iniciado la conexión domiciliaria este 2026, 21 años después del inicio de las operaciones de extracción de gas en Camisea. Y en regiones aledañas, como Puno, se piensa iniciar la conexión a finales de año, razón por la cual el mercado del gas barato (GLP), es cubierto por el contrabando proveniente desde Bolivia.
No debe sorprender que bajo esa lógica, el llamado “gasoducto sur”, que hoy habría sido una alternativa ante la deflagración, haya sido rechazado, en primer lugar, y luego tomado por la constructora brasileña Odebrecht, durante el gobierno de Ollanta Humala, bajo la sombra de la corrupción, solo para quedar paralizado.
Y al mismo tiempo que la crisis pone en evidencia el fracaso del “libre mercado” para satisfacer las necesidades básicas de la población, Petroperú, ya semiprivatizada desde que cotiza en bolsa, se encuentra al borde de ser deshuesada y entregada plenamente a ese mismo indolente e incompetente capital privado.
De ahí que, contrario a lo que divulga la propaganda neoliberal, el capitalismo descarnado bajo dicho modelo condena a la postración a enormes partes del territorio nacional, privado del disfrute de sus recursos naturales y del desarrollo que ni siquiera “gotea”.
Necesitamos organizar la lucha por la recuperación de nuestros recursos
Por todo lo dicho, debería estar claro que la única salida estratégica para resolver este problema es la recuperación del gas de Camisea. Esto es, su nacionalización para poner las ganancias de su explotación al servicio del desarrollo nacional y fundamentalmente para garantizar el abastecimiento de energía barata y menos contaminante para el pueblo pobre, comenzando por los pueblos del Cusco y el sur del país.
Y la estatización del gas debe realizarse sin pagar ninguna indemnización a las empresas que lo han explotado todo este tiempo, pues ya se han llenado los bolsillos y pagado con creces la tan mentada inversión, gracias a las ganancias obtenidas en 21 años vendiendo el gas y sus derivados.
Y para lograrlo es necesario iniciar una gran lucha nacional que exija la nacionalización de nuestros recursos naturales, tal como plantearon los pueblos del Sur durante el levantamiento entre diciembre de 2022 y marzo de 2023.
Ese fue el camino del hermano pueblo boliviano, que tras echar a dos presidentes (Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Meza), impuso al primer gobierno de Evo Morales, en 2006, la obligación de nacionalizar el gas de dicho país, obteniendo importantes recursos.
Y el momento es hoy, que ha quedado desnuda la farsa neoliberal. Es preciso discutir en cada fábrica, mina, universidad y barrio, la necesidad de generar una gran movilización por la recuperación del gas, el petróleo y las minas, y apuntar a una medida de carácter nacional para imponer así su recuperación a iniciar la conexión de todo el país.
La trampa electoral
Las principales direcciones del movimiento de masas, son las que deberían tomar la batuta en esta pelea. Sin embargo, como cada vez que hay elecciones, han metido la cabeza en la urnas y renuncian a encabezar acciones combativas por la solución inmediata a las demandas obreras y populares.
Peor aún, nos piden que posterguemos nuestras luchas para votar por ellos, ofreciendo solucionar nuestras vidas, de llegar al gobierno o al Congreso. Pero nada de eso es cierto.
La historia reciente (Odebrecht) ha demostrado también que quien pone la plata, es quien cobra los favores a los que llegan al gobierno. Y en el caso de las elecciones actuales, ni siquiera los candidatos “de izquierda” se han pronunciado demandando la recuperación/nacionalización del gas.
Romper con el modelo y conquistar la soberanía nacional
Por eso resulta clave poner rumbo a la lucha directa, levantar las banderas que el Sur puso en la agenda, desde la recuperación de los recursos hasta la constituyente, y con esto romper con el dominio económico de las transnacionales imperialistas sobre el país. Y junto con esto, hay que luchar contra la privatización final de Petroperú, quien deberá hacerse cargo de la exploración, explotación y distribución del petróleo y el gas, bajo control de sus trabajadores y las comunidades afectadas.
Esto es, conquistar nuestra soberanía respecto de los mandatos y el control económico de las empresas transnacionales imperialistas, que han dominado la escena nacional desde el nacimiento del país como república independiente.
Es una tarea inconclusa, que desde la dictadura fujimorista se hizo más urgente, ante la entrega alevosa del país a los apetitos empresariales transnacionales.
Solo será el pueblo pobre, con su acción de lucha, y con una dirección obrera al frente, el que podrá llevar a la victoria esta pelea urgente, para que no hayan nuevas crisis de abastecimiento y rompamos la condena de pobreza y exclusión que el capitalismo neoliberal ha cernido sobre el país.


