Pelea electoral con chaira en mano y continuidad del control del gobierno por parte de los partidos que conforman el pacto corrupto, son dos caras del actual régimen político en descomposición. Los partidos procesados o vinculados al crimen organizado –según la Fiscalía– están enfrentados en una guerra electoral ya sea por prevalecer o por sobrevivir, pero a la vez están unidos por sus transacciones e intereses comunes.
Es muy importante tener esto en cuenta porque la campaña electoral se irá convirtiendo más y más en la madre de todas las batallas del engaño y la confusión, tanto por interés propio como para distraer la atención de los verdaderos problemas nacionales y sus responsables. Tenemos, en esa línea: los hechos que rodearon la censura de Jerí y la elección del nuevo presidente; el carácter del gobierno de José María Balcazar; y, lo que se espera de los responsables del régimen, del actual gobierno y de los candidatos ante los conocidos problemas nacionales, como el sicariato y el regreso de las lluvias torrenciales, y ante las nuevas amenazas que viene lanzando el imperialismo norteamericano bajo el gobierno de Donal Trump.
Enfrentados por los votos, pero unidos en el pacto de gobierno
Respecto al primer tema, la censura a Jerí y los delitos que motivaron su destitución han pasado a segundo plano gracias a que el Congreso ha producido un acto más escandaloso al elegir a otro de sus “legítimos” exponentes, esta vez a José María Balcázar, de las filas de Perú Libre, con no menos procesos judiciales en su prontuario y responsable, como la mayoría de sus colegas, de la aprobación de las repudiadas leyes pro crimen.
La descomposición del régimen político va más allá. La prensa enfoca lo insólito de elegir presidente del Congreso y presidente de la República a alguien de Perú Libre, siendo más fuertes las bancadas derechistas; de hecho, Fuerza Popular, Renovación Popular, APP, Podemos, Somos Perú sumaban más de 75 votos, suficientes para elegir a su “favorita” María del Carmen Alva.
Es claro que Balcázar fue elegido con muchos votos derechistas, lo que ha puesto en evidencia la vigencia del pacto y también la pelea a cuchillos que están librando en el terreno electoral los principales socios, Fuerza Popular de Keyko Fujimori y Renovación Popular de Rafael López Aliaga.
Cuando José Jerí ya era un apestado, López Aliaga madrugó con la propuesta de la censura para mostrarse como abanderado de la moral, logrando que el fujimorismo quede como defensor del censurado. Luego, la elección del remplazante se usó como arma destructiva: provocar una “tragedia” con la elección de un supuesto “comunista” como presidente, para culpar al otro de semejante perversión.
La guerra electoral se hace más salvaje porque ninguno de sus candidatos logra un despegue significativo. López Aliaga lleva la delantera, pero con un 12% que muestra un crecimiento insignificante después de varios meses de campaña, seguido por Fujimori con rígido 8%, mientras más abajo figuran cuatro candidatos con 4%, entre ellos César Acuña de Alianza para el Progreso; y hasta la fecha el voto por “ninguno” lidera por mucho con 42%. La próxima encuesta revelará si el ardid le dio ventaja a alguno de ellos.
Con Balcázar presidente, no hay cambios
El segundo tema tiene que ver con el carácter del actual gobierno. La designación de Balcázar como presidente, seguro será usado por la derecha patronal y corrupta como blanco de un cínico discurso de defensa de la “democracia” contra la “amenaza comunista”; así pretenderán asustar al electorado para ganar votos, de paso que soplarán la pluma de su responsabilidad en la descomposición política y los crímenes del periodo Boluarte y Jerí. Pero Balcázar fue elegido por ellos mismos, con negociaciones bajo la mesa, incluidas repartijas de ministerios y otros altos cargos.
Por eso las primeras declaraciones de Balcázar no fueron para combatir la corrupción sino priorizar la conciliación “sin izquierdas ni derechas”; no fueron para combatir el crimen organizado sino para callar la boca sobre las leyes a favor del crimen que él mismo ayudó a aprobar.
Balcázar tampoco se refirió a medidas de cambio para atender las demandas sociales o las emergencias de pueblos afectados por desastres, sino para ofrecer por encima de todo la defensa del actual modelo económico y acceder a las demandas de los empresarios por más reformas (como la Ley “Chlimper 2.0” o la norma de ceses colectivos) que terminan pagando las masas trabajadoras.
Cuando dice “es fácil gobernar”, no se refiere a otra cosa que seguir con el piloto automático de gobernar sin tocar el modelo, ya que el tema económico lo deja, como han hecho los sucesivos gobiernos anteriores, a lo que dicten las misiones del FMI a través del Ministerio de Economía. Por tanto, no tendrá nada que ofrecer a las poblaciones que demandan soluciones, es decir nada distinto que mecidas y represión a las justas luchas.
Una línea roja del modelo económico es la del déficit fiscal, que ya venía rebasado desde hace varios años pero que el FMI aflojó en 2023 en plenos asesinatos de Boluarte para priorizar la sostenibilidad del gobierno. El ajuste regresó con la aprobación de un presupuesto 2026 más austero, y en los últimos días de Jerí con un mayor ajuste del gasto corriente del gobierno nacional en 10 por ciento, equivalente a unos S/. 2,000 millones. Es la lógica del modelo económico, de ajustar por el gasto público agravando la incapacidad absoluta del Estado para atender los problemas de salud y educación públicas, entre otros, sin tocar los intereses del empresariado con más impuestos.
Con la citada medida se busca también asegurar el financiamiento de inversiones donde se prioriza la compra de aviones para la fuerza aérea, lo cual no solo plantea el problema de prioridades donde se dejan de lado múltiples carencias de la población, e incluso otras inversiones como la nueva carretera central cuya suspensión ha causado indignación y protesta popular, sino las relaciones que encierra esa compra, como una sujeción colonial del gobierno (todavía en los días de Jerí) a los dictados del imperio, y aquí entramos al tercer tema de la actitud del Estado ante los ataques y amenazas del imperialismo norteamericano.
Ataques y amenazas del imperio
El plan económico neoliberal y la globalización son los instrumentos de un proceso de recolonización de América Latina del que el Perú no solo no ha sido excepción, sino que hasta es uno de sus casos más extremos en privatización, liberalización de la economía y expoliación de recursos naturales.
Ahora que Estados Unidos constata su decadencia en el orden mundial que él mismo construyó, ha decidido resolver su rezago frente a otras potencias económicas, especialmente China, tratando de imponer un nuevo orden y desempolvando en ese marco la vieja doctrina Monroe para recuperar el terreno perdido en los países de la región latinoameric-ana (véase un amplio análisis en artículo de esta edición).
La decisión en tiempos de Jerí fue allanarse a los planes geopolíticos de EE. UU. autorizando la transferencia de S/ 1,137 millones para la compra de aviones cazas producidos por empresas norteamericanas, incluso a pesar de las preferencias de la parte técnica por aviones suecos y franceses.
Esta postura capituladora de Jerí, es evidente que no será revisada por el actual gobierno de Balcázar, como tampoco será cuestionada por los candidatos de los partidos que conforman el pacto de los corruptos.
El asunto es que tampoco ninguna candidatura que se reclama de izquierda, para no contar ya el caso descarado de Perú Libre, se ha propuesto asumir las banderas del antiimperialismo, mostrando el grado extremo al que ha llegado su regresión programática y su adaptación al sistema.
Otras expresiones de esa capitulación de la izquierda reformista han sido su política predominantemente conciliadora incluso en los momentos más críticos en que se imponía el gobierno de Boluarte a sangre y fuego, y su renuncia a liderar las luchas sociales contra la corrupción, el sicariato y las extorsiones, así como las demandas de justicia de los pueblos del sur y los familiares de asesinados, incluso las banderas más sentidas de estas luchas como la de asamblea constituyente, que muy bien podían haberse articulado con las luchas obreras contra los ceses colectivos y despidos.
La debilidad electoral de las candidaturas de la izquierda reformista, solo reflejan el abstencionismo y la política desmovilizadora de los últimos años, para no ir tan lejos, sino también su regresión programática que hace que no se diferencie de la más tibia de las opciones de la derecha patronal, y que desmoraliza al movimiento obrero y popular, que no la ven como alternativa, que sienten que no tienen candidatos.
Y ese retroceso es lo que favorece a la derecha que, a pesar de su responsabilidad directa en la situación, y con muy poco, buscarán hacerse del gobierno con el propósito de instaurar un periodo más reaccionario y antipopular, más alineado al modelo y a los dictados imperialistas, reclamando el padrinazgo del amo imperial.
Sigue siendo un misterio hacia qué candidato se volcará el descontento y qué forma tendrá la polarización electoral de este año, pero es claro que un programa de cambio real no hay.
Sin embargo, las elecciones serán finalmente un episodio más del que antes han salido gobiernos de todo tipo, todos al servicio de plan económico, todos corruptos, que han llevado al país a una descomposición cada vez mayor. La clase trabajadora y el pueblo todavía pueden organizarse y prepararse para el partido de fondo en las calles.


