Derecho a la protesta y a la autodefensa

El gobierno acaba de dictar el DL 1589, con las facultades legislativas que le dio el Congreso, en el que establece una pena de 15 años de cárel para los que bloqueen carreteras.

El escenario principal donde el Estado asesinó fue en inmediaciones de los aeropuertos. No debería generar mucha polémica que los manifestantes intenten tomar un aeropuerto u otra instalación mediante el cual generar presión sobre el ente contra el cual protestan; no obstante, aquí se nos vendió que eso está mal y que no tendrían por qué los manifestantes ir al aeropuerto (dando luz verde a la represión). Cuando no solo en la historia, sino, por los mismos días en Francia los manifestantes ingresaban a los aeropuertos e incluso incendiaban edificios públicos para obtener la atención del gobierno. Mientras que en Perú se asesinaba a mansalva en Francia la situación era diferente. Tenemos derecho a la protesta. En la fábrica el obrero va a la huelga, así genera presión sobre la patronal. ¿cómo generarían presión los pueblos o sectores populares que luchan? Tomando carreteras, aeropuertos, instalaciones o infraestructura pública e incluso privada. Es legítimo el mecanismo que las masas aprueben para hacer presión contra el gobierno y obtener atención a sus pedidos o demandas. La toma de infraestructuras y el enfrentamiento con la policía es de lo más normal en una protesta, desde que existen las protestas; por lo que los manifestantes deben saber no solo protegerse sino repeler la agresión estatal.

La autodefensa es necesaria porque la policía mete infiltrados o provocadores para justificar la represión y la muerte incluso. Cuando un sector social decide protestar contra el gobierno o la patronal, los medios de comunicación y el aparato represivo estatal construyen un escenario justificativo de la represión en ciernes. Buscan desacreditar la causa, los métodos y a los actores, para que cuando se desate la represión, no haya resistencia. Al fragor de la lucha nace de forma orgánica y objetiva la necesidad de autodefensa; eso es inevitable en el proceso. Por ende, no deberíamos esperar a que “nazca orgánicamente” esa necesidad, debemos prepararnos previamente para responder seriamente a la represión. Quien proponga a las masas ir a las protestas sin implementos de autodefensa los está llevando al matadero, así le hacen el juego al gobierno que debilita la lucha a través de la represión, heridos y asesinados. La autodefensa en las protestas no solo significa repeler los ataques de las FF.AA de forma directa, sino, también los ataques realizados por los provocadores; por eso, la organización de escuadrones de disciplina interna que neutralicen a los provocadores será importante. Los ataques que vimos contra las brigadas de primeros auxilios en Juliaca (mataron a un médico voluntario) y otras partes del país no son una mera casualidad o fallo en la operación de las FF.AA, así funcionan los organismos represivos; lo mismo pasó en Chile durante el estallido social del 2019, Israel hace igual en la Franja de Gaza y así sucede en todas partes donde el pueblo sale a luchar contra la clase social dominante.

Negar el derecho de las masas a la autodefensa es perder objetividad y desconocer la historia, el funcionar del Estado y sus órganos de represión. Es querer hacer creer al pueblo y a los que se movilizan que la policía y las FF.AA están para protegernos, para cuidarnos y que su presencia en las movilizaciones es inocua mientras nosotros estemos “tranquilos”. La naturaleza del Estado y sus FF.AA es la violencia sistemática y organizada contra un sector social sometido, por ende, no podemos esperar que nos traten con guantes de seda, ellos vendrán a golpear, a reprimir y si las circunstancias lo demandan (como hace un año) vendrán a matar y cometer todo acto que permita la derrota o el aplastamiento de la protesta o intento de cuestionar el orden. Por eso, la autodefensa es un derecho al que no podemos renunciar y urge ejercerlo. Así como la exigencia de derogatoria del DL 1589 y de todas las normas que criminalizan el derecho a la protesta.

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