¡Nada bueno sacaremos de las urnas! ¡Ninguna confianza en las elecciones!
06/04/2026
A pocos días para las elecciones generales una pregunta se hace fundamental: ¿Qué posición debemos asumir los trabajadores y trabajadoras del país, el pueblo pobre y oprimido del campo y la ciudad?
Como es costumbre, las distintas candidaturas, 35 en total, nos han bombardeado con ofrecimientos de todo tipo que tienen el propósito de hacernos recordar sus rostros, sus símbolos… Y nada más.
Y aunque en los debates se han dado “golpes” de todo calibre, y en las redes sociales repiten algunas frases ingeniosas para “atacar” a sus oponentes, todas las candidaturas comparten un acuerdo fundamental: se someten a esta democracia corrupta, fraudulenta, neoliberal y patronal. La misma que nos condena a la explotación, al saqueo de nuestros recursos y a la creciente inseguridad –518 personas fueron asesinadas en tan solo tres meses por la extorsión y sicariato.
Régimen corrupto con el que se enriquecen los altos funcionarios del Estado, cobrando coimas millonarias y recibiendo ‘regalos’, mientras el trabajo informal ronda al 75% de la clase trabajadora, y más de 7 millones de personas cobran menos del sueldo mínimo cada mes.
Todas las candidaturas se han convertido, así, en instrumentos de esa misma democracia tramposa, en busca de que el pueblo pobre y trabajador renuncie a pelear directamente por la solución a sus demandas, y deposite sus esperanzas en las urnas, como quien firma un ‘cheque en blanco’.
Una elección de crisis
Sin embargo, la realidad es más compleja. A seis días de las elecciones generales, lo único claro es que quienes pasen a la segunda vuelta no obtendrán más, cada uno/a, del 15% del electorado, tal como ocurrió en 2021.
Esto vuelve a poner en evidencia la profunda crisis en la que se encuentra el régimen pactado tras la caída de la dictadura de Fujimori.
Un régimen infectado por el entreguismo, la corrupción y, ahora también, por la minería ilegal y sus allegados.
Esta realidad tiene su contraparte en la poca emoción que hasta el momento han concitado estas elecciones. Si bien es verdad que una parte del electorado ha esperado los debates, y que otra definirá su voto en la misma cola de sus centros de votación, existe la sensación extendida de que a pesar de que se vote por cualquiera nada va a cambiar.
Es un aprendizaje que el pueblo trabajador y pobre ha tenido desde la caída de la dictadura: Sin importar su origen, partido o promesas, todos los gobernantes han burlado sus ofrecimientos electorales y han defendido los intereses de las mineras, petroleras y las grandes empresas.
Incluso aquellos que se identificaban de “izquierda” (o “de abajo”, como Humala), han sido títeres de los intereses patronales, respetado la Constitución de la dictadura y el modelo económico neoliberal.
Como corolario, se han vendido directamente a las grandes empresas y sus negocios, como destapó el escándalo de corrupción ligado a Odebrecht.
En ese marco, la profundización del modelo económico neoliberal ha posibilitando la aparición y desarrollo de una patronal informal e ilegal que cada vez más tiene presencia en el Estado, convirtiendo sus instituciones en cajas de resonancia de verdaderas mafias delincuenciales que lucran con actividades ilegales, y drenan una parte del botín estatal.
La ‘izquierda’ en el mismo juego
Quiénes se reclaman de izquierda en estas elecciones han decidido entrar en el mismo juego. Ni Roberto Sánchez, ni Ronald Atencio, y mucho menos Alfonso López Chau –que se dice “de centro”– han hecho más que repetir el libreto de los múltiples ofrecimientos de campaña.
Es cierto que algunos de esos ofrecimientos tienen un tono más ‘radical’. Pero todos ellos se lanzan en desmedro de la movilización inmediata de la clase obrera y el pueblo para conquistarlos por su acción directa.
Tampoco se han atrevido a utilizar la tribuna de las elecciones para denunciar al gobierno de Balcázar, que acaba de liberar de responsabilidad penal a las FF.AA. y policiales que maten personas durante los estados de emergencia, y ni llamar a luchar contra él. Son herramientas al servicio del adormecimiento de las luchas.
¿Y las candidaturas de dirigentes obreros y populares?
¿Pasa lo mismo con los candidatos y candidatas que vienen de la clase trabajadora o el pueblo?
En las elecciones pasadas, candidatas como la ex dirigenta sindical Isabel Cortez, buscaron el voto obrero, siendo parte de un partido de la izquierda reformista. En estas elecciones algunos dirigentes obreros y populares han aceptado ser parte de las listas de algunos partidos patronales o de “centro izquierda”.
Por supuesto, tienen todo el derecho de hacerlo, pero lo que viene mostrando la realidad es que, en lugar de ponerse al servicio de las luchas en curso, se han sumado al coro de ofrecimientos que los candidatos patronales realizan en busca del voto.
La clase obrera y el pueblo pobre también tiene el derecho de acompañar esas experiencias. En un sentido, expresa un paso adelante en su conciencia al buscar que representantes de nuestra propia clase sean los que lleguen al Congreso. Sin embargo, hay que dejar claro que ninguna candidatura individual puede cambiar el carácter patronal de las instituciones de esta democracia corrupta. Y que, en el mejor de los casos, la realidad nos ha enseñado que las buenas intenciones caen en el saco roto del parlamentarismo, del cuál difícilmente querrán salir.
No debe parecernos extraño, por lo tanto, que la misma Isabel Cortez, conocida como “Chabelita”, haya terminado adaptándose a la vida parlamentaria, y ahora busca seguir siendo parte del Congreso de la mano del partido del ultrarreaccionario José Luna.
No hay salida con ‘mano dura’
Claramente la situación de alza de la criminalidad organizada ocupa un lugar central en la preocupación del pueblo pobre y trabajador.
No por casualidad ha sido el motivo de las principales luchas que se han librado en el país en los últimos dos años.
De ahí que diversas candidaturas han intentado construir un perfil electoral en torno a la idea de la mano dura contra la inseguridad y el crimen, proponiendo ‘pena de muerte’, nuevas cárceles y sacar al Estado del pacto de San José… Intentando emular al dictador salvadoreño Bukele.
Ninguna de estas medidas, sin embargo, pueden poner fin a la barbarie de la criminalidad, como tampoco lo han logrado los sucesivos estados de emergencia decretados bajo ese pretexto.
El ascenso de los diversos grupos criminales se ha producido de la mano del saqueo de nuestros recursos, así como del retroceso del Estado, ambos pilares del modelo económico neoliberal.
Modelo que, además, al condenar al pueblo a la pobreza, dota de carne de cañón a las bandas criminales para construir sus ejércitos de lúmpenes.
Por eso no habrá salida al problema de la criminalidad sin echar abajo las leyes pro crimen y toda la institucionalidad del Estado corrupto: El poder judicial, la policía, las FF.AA., las autoridades regionales y/o municipales, entre otros… Todas, instituciones infiltradas por el crimen organizado, para reemplazarlas por organizaciones del pueblo organizado, quiem tiene derecho a defenderse formando rondas urbanas, campesinas y barriales armadas que expresen la conciencia y movilización.
Los sectores medios en su laberinto
Por su lado, los sectores medios han entrado de lleno en la disputa electoral. Creyéndose superiores moral e intelectualmente, buscan candidatos y candidatas ‘preparadas’, que satisfagan con discursos técnicos sus ansias de una democracia eficiente y barata.
Por eso se encuentran fragmentados, apoyando desde candidaturas abiertamente reaccionarias, en las que destilan su desprecio por las masas populares y lo que para las clases medias es expresión de su ignorancia: la demanda de cambios profundos y radicales. Hasta candidatos ‘progresistas’ que juran que no tocarán un pelo del modelo neoliberal. Cada quien, detrás de la opción que se le aparezca como más ‘decente’, ‘culta’ o ‘técnicamente preparada’.
Al final, estos sectores medios sostén y base electoral de las distintas candidaturas patronales al reproducir la crisis en la que nos encontramos, son incapaces de dar una salida a los problemas del país desde su fantasía tecnocrática. Ese es el triste destino de los que se sienten ser la ‘reserva moral’ del país.
Frente a la trampa electoral, volver al método de lucha de las regiones del Sur
Aunque parezca contradictorio, este contexto abre una posibilidad para los trabajadores y el pueblo pobre vuelvan a la lucha directa, pasada la borrachera electoral, pues ningún sector está verdaderamente comprometido con quien salga elegido/a. Así, las masas tendrán las manos libres para organizarse y pelear, siempre que sus direcciones sindicales y políticas se dispongan también a hacerlo.
Por todo esto, desde el Partido Socialista de los Trabajadores – PST, afirmamos que la clase trabajadora, el pueblo pobre y oprimido no tienen candidatos o candidatas con independencia de clase que los representen en estas elecciones ni tampoco un programa obrero y popular que necesita el país para salir de la crisis. Por esta razón votaremos viciado/nulo este 12 de abril.
Votaremos viciado/nulo en señal de protesta ante esta democracia podrida, sometida a los designios del imperialismo estadounidense, que solamente beneficia a las transnacionales, las grandes empresas y a la patronal corrupta y criminal.
Votamos viciado/nulo contra candidaturas que han renunciado a organizar la lucha y ganar las calles contra el saqueo de nuestros recursos, contra la criminalidad, contra la violación de los derechos laborales y por la solución de las demandas más sentidas del pueblo trabajador.
Votamos viciado/nulo contra quienes dicen ser representantes de los intereses obreros y populares para luego lucrar con sus curules, mientras abandonan su movilización.
Votamos viciado/nulo contra un sistema que avala la opresión y la violencia contra las mujeres, sean de nacionalidades originarias, de diversidades sexuales y contra la juventud.
Votamos viciado/nulo contra la miseria a la que nos condena el modelo capitalismo neoliberal y que ningún gobierno se ha atrevido a cuestionar, así como no lo cuestionan las candidaturas que hoy se presentan.
Votamos viciado/nulo para llamar a la clase obrera y el pueblo a confiar únicamente en su organización y fuerzas movilizadas, tal como hizo el Sur durante el levantamiento de diciembre de 2023 a marzo de 2024, cuando puso en cuestión la continuidad de esta democracia asesina, mentirosa, corrupta y patronal. Los trabajadores, trabajadoras, estudiantes, mujeres pobres, campesinos/as solo podemos confiar en nuestra organización y movilización.
Y, finalmente, votamos viciado/nulo para llamar a que nos preparemos para enfrentar la ofensiva del próximo gobierno patronal que, salga quien salga, descargará sobre nuestros hombros los ajustes que demandan la Confiep, Asban, Adex, SNI, SNMPE alineados con lo que viene imponiendo el imperialismo yanqui sobre los pueblos de todo el mundo.
¡Voto viciado/nulo por la acción política independiente y combativa del pueblo pobre y trabajador!


