“Plan de Paz” de Trump mantiene la colonización en Gaza

El pasado 17 de noviembre, el Consejo de Seguridad de la ONU, aprobó la resolución presentada por EE.UU. basado en el plan de 20 puntos elaborado por presidente estadounidense Donald Trump para Gaza. Este plan reafirma la política de colonización de Gaza por parte del régimen sionista de Israel, y desecha toda posibilidad de crear un Estado Palestino independiente. La resolución fue aprobada con 13 votos a favor. China y Rusia solo se abstuvieron cuando muy bien podrían haber ejercido su derecho a veto.

Hoy, dos meses después del «Plan de paz» impuesto por Trump, que en la primera fase significaba un alto al fuego inmediato y la liberación de los rehenes israelíes supervivientes, más de 350 gazatíes fueron asesinados, entre ellos más de 150 niños/niñas, víctimas de los continuos bombardeos sobre las ciudades de Gaza. El alto al fuego solo duró unos días y el exterminio contra los gazatíes continúa.

En Cisjordania los colonos israelíes –apoyados por su ejército sionista– siguen destruyendo casas y sembríos, y se apropian de los terrenos palestinos. Al mismo tiempo, las tropas sionistas detienen a cientos de personas. Ya varios de ellos han sido tomados prisioneros, y muchos han muerto torturados o enfermos en sus cárceles. Las Fuerzas de Defensa Israelíe –FDI– dicen que atacan «objetivos militares» y detienen «terroristas» sin que presenten evidencias probadas.

Cabe recordar que, tras dos años de continuos bombardeos el 70% de las infraestructuras: agua, electricidad, alcantarillado, edificios y viviendas, escuelas, hospitales y el 81% de tierras de cultivo de Gaza han sido destruidas por el régimen israelí. La hambruna deliberada y sistemática es usada como arma de guerra contra los gazatíes. Las intenciones del enclave colonial de Israel no han cambiado, por el contrario, se profundizaron con «sus políticas despiadadas, restringiendo el acceso a la ayuda humanitaria vital y a los servicios esenciales e imponiendo deliberadamente condiciones calculadas para destruir físicamente a los palestinos en Gaza» (Francesca Albanese, Relatora de la ONU).

¿Por qué intervino Trump?

Lo hizo para salvar el pellejo de Netanyahu, muy cuestionado internamente porque Israel estaba perdiendo la guerra políticamente, como lo evidencia su aislamiento internacional. Además, desde el punto de vista militar, no había logrado sus objetivos: liberar a todos los rehenes y derrotar a Hamás. Trump también intervino para lograr lo que Netanyahu no pudo: profundizar la colonización.

Este plan de colonización recibió el apoyo de todos los países imperialistas y de la mayoría de gobiernos del mundo, principalmente de casi todos los gobiernos árabes, incluso de la propia Autoridad Palestina. Por último, logró que sea refrendado en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Este apoyo revela el verdadero rostro de estos gobiernos, incluso algunos se consideraban «amigos» de los palestinos y denunciaban a viva voz el genocidio (Lula, Boric, etc.) mientras simultáneamente mantienen relaciones económicas, diplomáticas y militares con el Estado genocida de Israel.

Pero ahora se les cayó la careta, porque están apoyando un falso «plan de paz» destinado a consolidar la ocupación del territorio gazatíe por tropas extranjeras (el FIS), poniendo fin a la mínima autonomía que ha tenido Gaza en los últimos 18 años, a pesar del asedio al que es sometido por Israel.

El plan de colonización de Trump para Gaza

Si Trump logra imponer o no [el plan] es otra cuestión. Pero ese es su objetivo, incluso algunos analistas burgueses se ven obligados a admitirlo. Es difícil negarlo cuando, entre los 20 puntos del «acuerdo» propuesto, se incluye: 9. Gaza estará bajo una administración de transición encabezada por un comité palestino tecnocrático y apolítico, con la supervisión de un nuevo organismo internacional, la «Junta de Paz», presidida por Donald Trump. 10. Plan económico centrado en la inversión extranjera. 11. Se creará una zona económica especial, con aranceles y tasas de acceso preferenciales que se negociarán con los países participantes. 13. Hamás y las otras facciones renuncian a todo rol en el gobierno de Gaza. Toda la infraestructura militar será destruida y no reconstruida. 15. Estados Unidos trabajará con socios árabes e internacionales para desarrollar una Fuerza Internacional de Estabilización (FSI, en inglés) que se establecerá en Gaza. La FSI entrenará y apoyará a las fuerzas policiales palestinas en Gaza, en coordinación con Jordania y Egipto.

La resistencia palestina continúa y crece la solidaridad mundial

Se viene dando importantes reacciones internacional contra las declaraciones de Trump sobre el fin de la guerra en Gaza.

La población palestina salió a las calles a celebrar el alto al fuego. El regreso al territorio, la entrada de ayuda humanitaria y la liberación de casi dos mil prisioneros palestinos representan un gran alivio para un pueblo que ha soportado un sufrimiento indescriptible.

Nos solidarizamos y compartimos esta alegría por el alivio logrado. Esta actitud es fundamental para recuperar fuerzas, porque la lucha continúa. Todavía no se ha alcanzado un acuerdo de paz. Lo que se ha dado es solo un acuerdo de intercambio de rehenes para detener los bombardeos.

La guerra no ha terminado. Hamás ha rechazado la resolución de la ONU que respalda una fuerza internacional en Gaza porque «no responde a los derechos ni demandas de los palestinos, favorece la ocupación israelí y busca imponer un mecanismo de tutela internacional, que los palestinos y las facciones de la resistencia no aceptan».

Hamás se niega a entregar sus armas ni a aceptar la intervención extranjera, tanto política como militar, liderada por Trump. Al contrario, ha avanzado en la recuperación militar del territorio dejado por la retirada parcial de las tropas israelíes.

Los bombardeos no han cesado, los ataques continúan porque Israel incumple el alto al fuego.

La clase obrera y pueblos oprimidos del mundo deben continuar firmes en la solidaridad mundial hasta poder derrotar la política genocida y de limpieza étnica de Israel, apadrinado por el imperialismo estadounidense, europeo, de gran parte de gobiernos árabes, latinoamericanos y la complicidad de potencias capitalistas como China y Rusia, principales socios comerciales de Israel.

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