Los trabajadores ante la grave crisis nacional

En medio de la grave crisis nacional, la clase trabajadora es la única que tiene la posibilidad y el deber de encabezar la lucha por una salida.

Hace unos años, durante la pandemia del COVID-19, creímos vivir la peor pesadilla de nuestras vidas. Aquella crisis dejó más de medio millón de muertos, afectando principalmente a los más vulnerables y a quienes tenían menos recursos. Además, más de un millón de trabajadores fueron despedidos y la economía popular se hundió, disparando los niveles de pobreza.

Hoy, con la expansión del crimen organizado, vivimos una pesadilla igual o peor. Las extorsiones y los asesinatos se han vuelto pan cotidiano, haciendo imposible la vida de los trabajadores y los más pobres. Y lo más indignante es que, si antes enfrentábamos un virus desconocido contra el que no había vacuna, ahora estamos ante simples bandas criminales que actúan impunemente debido a la inoperancia y la crisis del Estado y del gobierno. Mientras tanto, los capitalistas ajustan más a los trabajadores e incluso en la crisis encuentran nuevas oportunidades de negocios, incrementando sus ganancias.

Peor aún, quienes hoy gestionan el Estado –la alianza Boluarte-Congreso– son tan ineptos, corruptos y delincuenciales como las mismas bandas que dicen combatir. No solo permiten su expansión, sino que, al parecer, hasta las incentivan.

No es casual, entonces, que el descontento nacional se dirija contra el gobierno y que en todo el país resuene el grito de «¡Fuera Dina!«. Incluso las clases medias que respaldaron al gobierno golpista entre 2022 y 2023, cuando el sur se alzó, ya no la toleran. Y aunque la presidenta apresuró la convocatoria a elecciones generales –buscando que más de 40 candidatos distraigan a la población–, y sus aliados en el Congreso la siguen sosteniendo pese a que se distancian de ella con censuras e interpelaciones, la continuidad de Boluarte se hace más difícil cada día.

Por eso, hoy más que nunca, debemos discutir la salida que realmente necesitamos. Desde los sectores obreros y populares, apostamos por la movilización: un Paro Nacional convocado por las centrales sindicales y organizaciones populares, que no solo exija la salida del gobierno, sino que también impulse las demandas urgentes de los trabajadores: No a Tía María, reactivación del Gasoducto Sur, fin de los despidos masivos… La solución no está en las elecciones, donde solo se nos ofrece el mismo menú de políticos corruptos al servicio de las multinacionales. La verdadera salida está en la lucha organizada.

Pero, ¿quién debe reemplazar a Boluarte? ¿Debemos confiar en que el Congreso elija otro gobierno? No.

Recordemos lo que pasó en las últimas elecciones. Tras la catástrofe del COVID-19, y como castigo a las políticas criminales del Estado y la burguesía que condenaron a morir a los trabajadores y los pobres, eligieron a Pedro Castillo con la esperanza de lograr cambios. Pero todos vimos lo que ocurrió después: lo acusaron de comunista y terrorista, lo sabotearon desde el primer día, y tras un año y medio de ataques, lo vacaron. Luego vino la represión sangrienta contra la rebelión popular, justificada con la misma campaña de miedo que logró alinear a las clases medias urbanas detrás de la reacción.

Todo esto lo hicieron el fujimorismo y los sectores más reaccionarios, en nombre de la «democracia», la «lucha contra la corrupción» y la «recuperación económica». Pero lo cierto es que establecieron un régimen tan autoritario y corrupto como el de Alberto Fujimori: el gobierno de Dina Boluarte, que cada día nos hunde más mientras beneficia a las multinacionales y los más ricos. Y ahora que su gobierno se desmorona, nos quieren vender la misma salida de siempre: elecciones.

No habrá solución en las urnas. La verdadera salida es la que planteó la rebelión del sur: una Asamblea Constituyente que no solo cambie las reglas del juego, sino que impulse los grandes cambios que el país necesita: nacionalización de las minas y los monopolios, para redistribuir la riqueza y garantizar educación, salud, vivienda y trabajo digno para todos.

Pero la lucha por la Constituyente está ligada a una pregunta clave: ¿Quién gobernará para aplicar estas medidas? Necesitamos un Gobierno de los Trabajadores y los Pobres, el único capaz de realizar los cambios profundos que se necesita.

Para lograrlo, debemos construir una dirección que de verdad organice las fuerzas de la clase obrera y unifique su lucha por esta salida, como la que planteamos desde el Partido Socialista de los Trabajadores.

La movilización del 1° de Mayo es una oportunidad para movilizarnos con fuerza, con nuestras banderas y organizaciones, y empezar a dar los pasos por encabezar desde la clase obrera la lucha por una salida real a la crisis del país.

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