¿Por qué fue débil la participación de la clase obrera en la rebelión del sur?

La actitud de los trabajadores tiene que ver con el problema de su dirección, es decir de la CGTP como de la “izquierda” parlamentaria, que hacen parte del régimen establecido y que la lucha popular cuestiona de raíz planteando su derrocamiento.

Escribe Manuel Fernández

La caída de Castillo destapó la rebelión de los sectores campesinos y populares del Sur identificados con él, ante la arremetida de la derecha y el Congreso corrupto que después de atacarlo con odio de clase se hicieron del poder para enterrar sus expectativas de cambio. La indignación fue mayor por la traición de Boluarte, que no solo se pasaría al otro bando sino peor aún ordenó la cruenta represión de la movilización campesina y popular etiquetándola de ser instigada por terroristas y violentistas.

El movimiento desplazó miles de manifestantes a la capital con la firme determinación de acabar con Boluarte y el Congreso ganando la simpatía de los sectores populares de Lima, de sectores de la juventud y de los trabajadores, que en buen número se sumaron a las jornadas de lucha convocadas en su apoyo. La lucha obligaría a la élite en el poder a discutir una salida a la crisis mediante el adelanto de elecciones, pero ésta no se resolvió, al final la lucha del sur se replegó y el régimen impuso su “paz”; la paz de los cementerios.

Para garantizar el triunfo se necesitaba el ingreso a la lucha del grueso la clase obrera, con sus organizaciones y su método de lucha, como el paro nacional. Pero esto no ocurrió.

La clase obrera y la lucha contra Boluarte

El ingreso de la clase obrera era decisivo no solo por su ubicación en el centro de la economía nacional donde se mueven los grandes negocios y que podían y debían ser paralizados. Lo era sobre todo por sus numerosas organizaciones, su disciplina, su experiencia y combatividad aprendidas en años de luchas y el activismo forjado en ellas, y por su centralidad de clase, todo lo cual debía ponerse al servicio de esta gran pelea para la derrota del régimen que también era de vena antiobrera.

Sin embargo, a un año del estallido popular, queda claro que la clase obrera organizada no se involucró en esa lucha ni abrazó su causa ni sus banderas, y que esto ocurrió principalmente por su dirección política conciliadora y reformista.

Antes del estallido social, la CGTP actuaba como furgón de cola del gobierno de Castillo desmovilizando a la clase obrera y renunciando a organizar su movilización independiente por sus reivindicaciones y el cumplimiento de las promesas electorales. El resultado de esa política fue dejarle a la derecha más cavernaria toda la iniciativa para apoderarse de las calles, ganar fuerzas y avanzar en su plan de darle el golpe al gobierno, hecho que consumaría el 07 de diciembre. Esa misma actitud conciliadora llevaría a su bancada de “izquierda” a votar junto con la derecha reaccionaria por la vacancia, en nombre de la “defensa de la democracia”.

No solo esto. Además, el ascenso de Boluarte fue legitimado casi de inmediato por la dirigencia de la CGTP que rauda concurrió a Palacio a saludarla, argumentando que había que sostener la institucionalidad y gobernabilidad del país, nada menos de un gobierno de inequívoco signo reaccionario y en momentos en que se iniciaba el estallido popular y ya caían las primeras víctimas.

Para justificar la represión y el uso de las armas contra los manifestantes, el gobierno, la burguesía y sus medios de comunicación atizaron una vil campaña de acusaciones contra la rebelión, señalándola como violenta y subversiva y azuzada por terroristas y desadaptados, mientras ellos se mostraban como defensores de la paz y en defensa de la democracia puestos en peligro.

Todos sabemos el poder que tienen los medios de comunicación para establecer creencias, despertar miedos y distorsionar realidades. Pero ante su poder corrosivo la central no dijo ni pio en defensa incondicional de la lucha, y la dejó correr prestándose a la confusión que generaba en vastos sectores obreros y de las clases medias acomodadas.

El rol de la CGTP

Así, la dirección de la central contribuiría a la confusión que mellaría la fuerza y acción de la clase obrera en la capital. De ahí que solo modestos sectores sindicales asistirían a las convocatorias oficiales, dejando las manos libres a Boluarte para ensañarse represivamente contra el estallido social que dejaría 69 muertos y cientos de heridos.

La dirigencia de la CGTP convocó a algunas jornadas nacionales en solidaridad con el conflicto. Pero estas ya estaban dosificadas y se hicieron solo con la única finalidad de aparecer al lado de los que luchaban.  

Como colofón de todo, la central disfrazó su política convocando a una “Huelga Nacional Indefinida” desde el 9 de febrero sin preparación alguna y destinada a fracasar. La “huelga” se redujo a una marcha cívica, incluso con resguardo policial, la que se dirigió al Congreso y terminaría ahí donde una comisión oficial recibió a los dirigentes. Todo esto generó bronca y desazón entre los miles de luchadores que vieron en esto una traición, y produjo más confusión y desmoralización en las bases obreras que veían a las acciones convocadas por la central como un pasacalle.

¿Qué hacemos ahora?

La pobre participación de la clase obrera en esta gran lucha se explica, entonces, por la política de su dirección que actúa como correa de trasmisión de los intereses de la patronal y del Estado en el seno de la clase obrera, manteniéndola despolitizada y alejada de las grandes luchas que se libran en el país. 

De aquí se entiende también que esta dirección la mantenga encasillada en la lucha de cada uno por sus pliegos de reclamos, con la falsa idea de que así lograrán mejorar sus condiciones de vida y trabajo cerrando los ojos ante los que manejan el gobierno.

Con este papel de la central anta la lucha del sur no solo se la dejó a su suerte y presa de la respuesta represiva del gobierno, sino también se perdió la oportunidad de infligirle una derrota al gobierno y al Congreso y gestar una salida política independiente en la vía de realizar el programa de cambios que tanto necesitamos.

El nefasto rol de la dirección de la central durante dichas jornadas históricas, no debe llevarnos a cuestionar la importancia de la CGTP y de los organismos sindicales para la organización de la pelea. Más bien debe llevarnos a dar la pelea por cambiar a dichos dirigentes. Una tarea que solo podremos llevar a cabo persistiendo en la lucha y construyendo una nueva dirección verdaderamente clasista y revolucionaria.

Historias relacionadas