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SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO VENEZOLANO

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El pueblo y la clase trabajadora de Venezuela atraviesan una tragedia de proporciones devastadoras. Un doble terremoto, de magnitud similar al que sacudió Pisco en 2007, ha golpeado duramente al país, afectando sobre todo a La Guaira y a zonas de Caracas. Edificios enteros –incluidos hospitales y escuelas– se han derrumbado, y la infraestructura ha quedado gravemente dañada, dejando a amplios sectores sin agua, electricidad ni comunicaciones. Las cifras oficiales preliminares hablan de 2.295 muertos, 11.276 heridos y 50.000 desaparecidos, aunque las pérdidas humanas y materiales son aún incalculables. Una semana después del desastre, los equipos de rescate siguen buscando supervivientes entre los escombros.

Como ocurre en toda catástrofe natural, los más golpeados son siempre los trabajadores y los pobres. En Venezuela, donde la crisis política y económica –agravada por el colapso del chavismo y la reciente recolonización imperialista– ha sumido a más del 60 % de la población en la pobreza, y las viviendas precarias han sido las primeras en ceder o sufrir daños irreparables. Son estos mismos sectores los que más padecen la ausencia de asistencia estatal: el Gobierno, paralizado por la corrupción y la ineptitud, no garantiza los servicios básicos ni la ayuda necesaria. Podría recurrir a los recursos acumulados en las grandes empresas capitalistas, pero no lo hace, en defensa de la propiedad privada, mientras estas mismas empresas ya se frotan las manos ante los jugosos negocios que dejará la “reconstrucción”. A ello se suma la sumisión al imperialismo estadounidense, que se ha apropiado de las principales rentas petroleras del país.

Como sucede siempre, también es en la catástrofe que se ve quienes son los que de verdad ayudan. La población autoorganizada ha improvisado brigadas de rescate, ha acopiado víveres y medicinas, y ha tejido redes solidarias que salvan vidas, asisten a los heridos y llevan solidaridad. Mientras tanto, el Gobierno no solo no moviliza recursos, sino que entorpece estas iniciativas populares con controles militares y burocráticos.

Los fenómenos naturales son inevitables; el sufrimiento añadido por la falta de respuesta oportuna no lo es. Esta catástrofe se agrava por el colapso de un Estado venezolano desmantelado por el capitalismo y recolonizado por el imperialismo. Así como la ciudadanía ha tomado en sus manos la asistencia a sus hermanos y hermanas, también está llamada a tomar en sus manos su propio destino, para liberarse del mal mayor que nos oprime bajo la dominación capitalista.

Hacemos un llamado urgente a la solidaridad internacional con el pueblo venezolano.

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