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Enfrentar y derrotar al gobierno patronal con la lucha unida de la clase obrera

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Con Keiko Fujimori en el gobierno, la situación de la clase trabajadora es más angustiante. Los pliegos no se resuelven en ningún lugar. Cuando hacemos huelga, en el mejor de los casos solo arrancamos migajas que no cubren ni el alza del costo de vida.

Los ceses colectivos y los despidos se extienden, vulnerando nuestro derecho al trabajo y a las libertades sindicales. Los ceses que ya afectaron a más de 200 sindicatos ahora vuelven recargados en Industria del Envase y Siderperú, y se vuelven a aplicar en otras empresas como Owens-Illinois. Los despidos, como el que acaba de realizarse contra tres dirigentes combativos del Sindicato Ripley, marcan un hecho aún más grave. Si con los ceses colectivos se busca liquidar organizaciones sindicales, con los despidos de dirigentes se busca descabezarlas.

Nada de esto debería sorprendernos, porque siempre enfrentamos ataques patronales debido a su incesante sed de ganancia. Pero desde la instalación del gobierno de Fujimori se han vuelto cotidianos, por la confianza que alienta en los empresarios y, sobre todo, por su anuncio de recortar los derechos laborales: la estabilidad laboral, las vacaciones y la jornada de 8 horas, entre otros. Su intención está trabada en el Congreso, pero eso no le impide avanzar por otras vías, mientras la patronal ya intenta imponerlas por su cuenta, por ejemplo, cambiando los horarios de trabajo.

Estos ataques no buscan arreglar una crisis económica que no existe, pues las ganancias empresariales se mantienen viento en popa. Lo que persiguen es aumentarlas aún más. Por eso los empresarios estos días incrementan sus inversiones en diversos sectores, creando la sensación de una prosperidad económica que se refleja en avisos y carteles pidiendo trabajadores; cuando en realidad ofrecen trabajo más barato y con menos derechos, que es la nueva realidad laboral que promueve el gobierno de Keiko Fujimori, y que busca convertir en leyes con las facultades que ha pedido al Congreso.

Así, en lugar de mejorar, lo que vemos es el agravamiento de la crisis social que viven las mayorías pobres del país. Una crisis que ya es producto de la inmensa desigualdad que se promueve con el modelo económico que se aplica desde hace 30 años, y que ahora se pretende profundizar para hacernos más pobres todavía.

De mal a peor

El gobierno fue elegido con el compromiso de enfrentar y resolver los graves problemas que nos afectan, entre ellos la embestida del fenómeno de El Niño —que será calamitoso entre noviembre y diciembre— y la creciente inseguridad, que mata y extorsiona sin freno. Pero El Niño ya golpea de manera directa e indirecta a amplios sectores y poco o nada hace el gobierno para mitigar sus daños. Y la inseguridad no solo sigue en aumento, sino que lo hace con más osadía ante quien fue elegido con la consigna «vuelve la seguridad».

Así, a poco de cumplirse 100 días del nuevo gobierno, a los nuevos ataques que se infligen a la clase trabajadora y los planes de recortar derechos laborales, el gobierno suma su absoluta ineficiencia o desinterés para combatir los principales males que aquejan al país y en especial a los más pobres.

No obstante, el gobierno, con el apoyo de los grandes medios, propaga la idea de que estamos mejor, y que estaremos más seguros gracias a la alianza del gobierno con los EE.UU. en el marco de lo que llaman el «Escudo de las Américas».

Pero en realidad no es una alianza sino una subordinación absoluta del país al imperialismo, en un momento en que Trump desata una ofensiva recolonizadora sobre el mundo y en especial sobre América Latina, parte de la cual fue su ataque a Venezuela para apropiarse de sus reservas de petróleo, y la guerra en Medio Oriente que viene impulsando el alza general de los precios de combustibles, fertilizantes y subsistencias.

Estas alzas vienen restando poder adquisitivo a los salarios y profundizan la desesperación de los más pobres que están saliendo a luchar, como en Loreto y Ucayali, que vienen de realizar paros con bloqueos y movilizaciones. Esta situación, que ya lleva siete meses, se agrava cada día porque Trump no acepta ser derrotado por Irán, que resiste y se defiende. Y al agravarse la crisis mundial, afectará al país.

Todo esto nos lleva a una conclusión categórica: el gobierno de Keiko Fujimori cada día nos conduce a un desastre mayor. Y debemos evitarlo.

La política de la dirigencia de la central

Ante los golpes cotidianos, los trabajadores resisten desde sus sindicatos base. Estas luchas son importantes en la medida en que sirvan para acumular fuerzas y estimular al resto de la clase a la lucha unida. Al quedarse solas, como alientan las dirigencias, se propicia el agotamiento de sus fuerzas y se permite que la patronal avance en sus ataques.

Si el gobierno junto a los empresarios nos declaran la guerra y buscan derrotarnos, lo que nos toca es prepararnos para hacerles frente, también con el objetivo de derrotarlos primero. Pero la dirigencia de la central no quiere nada de esto y por eso toda su «estrategia» se reduce a pedir mesas de «diálogo», como el Consejo Nacional de Trabajo donde figuran sentaditos, y que solo sirve, por ejemplo, para «acordar» la postergación del aumento del salario mínimo anunciado por Fujimori en su mensaje del 28 de julio.

Y para desahogar el descontento, esas dirigencias llaman a algunas movilizaciones aisladas, como la del 13 de agosto y ahora la del 1 de octubre, cuando lo que se necesita es articular las fuerzas de la clase obrera en torno a un plan de lucha en la perspectiva de un gran paro nacional, que es la única manera de garantizar la defensa de nuestros derechos y de derrotar al gobierno y los patrones.

Lo que debemos hacer

La situación es desafiante para la clase trabajadora y lo primero que necesitamos es ser conscientes de ella, y llevar su discusión a nuestras bases, asambleas y a todos los compañeros y compañeras.

Solo la clara comprensión de lo que sucede puede alentar la disposición a la lucha unida. A partir de ahí, tomar todas las iniciativas que se crean necesarias desde las bases, como formar comités de lucha en cada sindicato y movilizarnos en apoyo a los que se encuentran en lucha.

El segundo paso es llevar esta discusión a nuestras organizaciones matrices, la CGTP y las federaciones, que están hechas para organizar y unir la lucha de sus bases. En ellas también debemos impulsar la formación de comités de lucha y de un plan de acción unido, en la perspectiva de un Paro Nacional.

Todo esto, por supuesto, no va a avanzar solo. Para hacerlo, necesitamos que los dirigentes más conscientes y resueltos tomen en sus manos dichas tareas, y den pasos para llevar adelante este plan venciendo incluso la resistencia de la vieja dirección.

¡Vamos compañeros, construyamos la unidad de la lucha obrera desde las bases!

¡Con el enemigo que amenaza darnos un zarpazo no se «dialoga», se le derrota con la lucha!

¡Congelamiento general de precios de combustibles y otros!

¡Que los grandes capitalistas y el gobierno paguen los costos de las crisis!

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