La elección de Keiko Fujimori como nuevo gobierno nos plantea una nueva realidad llena de desafíos, amenazas y tareas. A nivel de la vanguardia muy pocos dudan de su carácter entreguista, propatronal y autoritario, pero no ocurre lo mismo en la base obrera y popular que votó por ella como el “mal menor” después de decepcionarse de la actuación de la llamada “izquierda” y de perder confianza en la lucha por culpa de las direcciones burocráticas. Por eso, ahora que iniciamos este nuevo y difícil momento, debemos reflexionar seriamente sobre lo que hay que hacer.
Como en toda lucha, lo primero que necesitamos es identificar con claridad a nuestro enemigo central y las amenazas que representa. El fujimorismo encarna los intereses del gran capital y, por ello, su esencia es antiobrera. Si en los años noventa derrotó a la clase trabajadora con una combinación de medidas antilaborales y represivas, esta vez buscará el mismo objetivo, adecuando su política a las necesidades actuales de los empresarios que buscan reactivar sus negocios y ganancias.
Ante ese plan, es evidente que los trabajadores necesitamos contraponerle otro para resistir y, en perspectiva, derrotar al gobierno de Fujimori. Por esto debemos empezar por hacer conciencia en las bases de que, en la hora actual, nuestro enemigo es el Gobierno y que hay que prepararnos para luchar contra él hasta derrotarlo, porque, si no lo hacemos, será él quien nos derrote.
Esta verdad no es una cuestión menor. En los últimos años, las dirigencias han circunscrito toda lucha a un conflicto aislado con cada patronal y ceñido a su marco “legal”, pero nunca contra el gobierno central, que es quien establece las políticas laborales. Por ejemplo, han dejado que cada sindicato enfrente por separado los ceses colectivos, cuando debían haber unido la lucha contra el Gobierno por la derogatoria de dicha ley. Por eso es indispensable explicar esta tarea a las bases.
Lo otro es cómo nos preparamos. No vamos a esperar a que Fujimori nos ataque primero para alistarnos. Es más, desde ahora los empresarios, alentados por la confianza y el respaldo que les otorga “su” gobierno, redoblarán sus ataques y el propio Ministerio endurecerá sus posiciones “interpretando” las leyes a su favor, por ejemplo, declarando “improcedentes” las huelgas.
Y para prepararnos hay que empezar por pasar revista a nuestras filas. Muchos sindicatos han desaparecido y los que siguen en pie están debilitados, con menos afiliados y menor confianza en sus propias fuerzas. La situación es aún peor en las federaciones y en la propia central como consecuencia de su manejo burocrático y conciliador.
Con estas convicciones debemos ponernos a trabajar para poner en pie y fortalecer los sindicatos de base mediante asambleas que pongan en práctica la democracia obrera, la unidad de clase y elijan al frente de ellos a los mejores y más decididos compañeros. Hay que formar coordinadoras locales y regionales para unir y centralizar las luchas. Hay que recuperar los organismos sindicales matrices (FETRIMAP y CGTP) para ponerlos al servicio de sus bases. Y, en el desarrollo de cada lucha, recuperar nuestros métodos históricos de combate: los piquetes de huelga, la solidaridad de clase, el paro nacional, la huelga general, la ocupación de fábricas y la autodefensa.
Nada de lo anterior avanzará por sí solo. Al mismo tiempo debemos poner en pie una nueva dirección que se coloque al frente de estas tareas. Una nueva dirección que comprenda que hemos retrocedido por culpa de las direcciones políticas de una “izquierda” electoralista y de dirigentes burocráticos que han sustituido la movilización por la conciliación y la confianza en las instituciones del régimen.
El problema de dirección que enfrentamos es grave. Ahora, por ejemplo, JP ha emergido como la principal fuerza de “izquierda” y pretende encabezar la oposición al gobierno junto a Ahora Nación. Pero quiere hacerlo no poniéndose al frente de las luchas, sino en nombre de la “defensa de la democracia”. Es decir, junto a otras formaciones burguesas que comparten la misma perspectiva, su mirada son las próximas elecciones. De ese modo colocan un nuevo obstáculo para el desarrollo de una verdadera oposición de clase, sembrando confusión sobre nuestra lucha contra el gobierno, el régimen y la patronal, y desviándonos de la necesidad de construir una salida propia de la clase trabajadora y el pueblo pobre.
Esa nueva dirección de clase y de combate no surgirá de los viejos aparatos ni de acuerdos por arriba. Deberá nacer de los nuevos luchadores y luchadoras que emerjan en este periodo, aprendiendo las lecciones de las derrotas sufridas y recuperando nuestras mejores tradiciones. Esta tarea es la que nos proponemos apoyar e impulsar desde el PST.
