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Gobierno de Perú se alinea con Trump y su plan recolonizador sobre Latinoamérica

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Por Federico Romero

La situación mundial, y latinoamericana en particular, ha cambiado desde que Trump asumió su segundo mandato a inicios del año pasado. Luego de una serie de anuncios sobre la recuperación del Canal de Panamá, la conversión de Canadá en el estado 51 de su país, del ataque a Irán y otras intervenciones, vino el anuncio de la Estrategia de Seguridad de los EE. UU. a inicios de diciembre pasado.

En este documento se traza el lugar de los EE. UU. como país dominante en el mundo y lo que hará para reafirmarlo. Haciendo una somera evaluación de sus primeros meses del mandato de Trump afirma, que “Estados Unidos vuelve a ser fuerte y respetado, y gracias a ello estamos construyendo la paz en el mundo”.

Sin embargo, lo que vemos es un mundo convulsionado, con fricciones entre los principales bloques económicos y países con EE. UU., guerras y conflictividad social en todas partes y, sobre todo, masivas protestas fuera y dentro de EE. UU. contra Trump.

América Latina

En este cuadro, lo que sucede en América Latina cobra relevancia. Desde la independencia, el subcontinente fue considerado por EE. UU., casi por derecho propio, como su zona natural de influencia y dominio y así lo estableció con la llamada doctrina Monroe. Así fuimos convertidos en economías dependientes y subordinadas a los intereses de EE. UU., y quedamos bajo su tutela política y militar. Ante esto se desarrolló una gran corriente antiimperialista que impulsaron luchas independentistas y algunas revoluciones. La mayor conquista fue la Revolución Cubana. Esto cambió.

Hoy el imperio actúa con mayor libertad en Latinoamérica. La dimensión del ataque a Venezuela no ocurrió antes. El último ataque del imperialismo inglés en Las Malvinas fue respondido en el campo de batalla y con gigantescas movilizaciones, aunque fue traicionado y derrotado. Esta vez el ataque a Venezuela no tuvo grandes respuestas.

Luego de Venezuela, Trump se ha centrado en Cuba, donde ahonda el cerco de la Isla para forzar la caída del régimen. Y tampoco hay respuestas.

Mientras la mayoría de los gobiernos de derecha apoyan y celebran las acciones de Trump, los de “izquierda” no pasan de las palabras mientras se subordinan a él. Destaca el caso de Gustavo Petro (Colombia) por su verborrea antiimperialista; tras reunirse con Trump, su verborrea cambió para enaltecerlo: “me gustan los gringos francos”; y justificando un posible pacto con él, agregó: “entre contradictores se pueden encontrar los caminos de una hermandad humana”.

El caso de Perú

Algunos hechos vienen mostrando a Perú como otro escenario donde se manifiestan las nuevas relaciones que promueve EE. UU. con América Latina, bajo el paraguas de su llamada Estrategia de Seguridad.

El Perú, desde la caída de Pedro Castillo, se encuentra bajo un régimen de derecha alineado a EE. UU. y a los grandes intereses capitalistas. En medio de su descomposición, el régimen (con sus distintos gobiernos), se mantiene fiel a esa línea y forma parte del coro derechista de la región que adula a Trump, junto con Noboa en Ecuador, Milei en Argentina, Paz en Bolivia y Kast en Chile; todos, próximos a reunirse en Washington convocados por Trump para armonizar acuerdos.

En esta línea, el gobierno peruano también fue uno de los que dio apoyo al ataque estadounidense a Venezuela. Y lo hizo en nombre de las “libertades y los derechos humanos” violentados por Maduro. Resulta que el mismo gobierno es responsable de violar esos derechos, como sucedió con la represión y muerte del joven Truko en la marcha del 15 de setiembre.

Además, los hechos mostraron que la intervención en Venezuela no se hizo para rescatar los derechos humanos del pueblo, sino para saquear su petróleo, para lo cual EE. UU. ha reafirmado al mismo régimen dictatorial convirtiéndolo en su socio y aliado.

Presiones desde Washington

En esta línea de capitulación se han producido otros hechos. Hace un tiempo las autoridades gestionan, a través del Comando de la Fuerza Aérea la compra de una flota de aviones para reemplazar el equipamiento actual, y evaluaban las ofertas de Francia, Suecia y EE. UU., inclinándose por la oferta francesa. Pero poco después del ataque estadounidense a Venezuela, el ex premier sorprendió en una declaración al decir: “Para todos es notorio que Estados Unidos ejerce un liderazgo no solamente regional, sino mundial… Por tanto, esa adquisición (de armas) no corresponde a comprar camiones ni autos, sino que es parte de una política estratégica que involucra el futuro del país”.

El megapuerto de Chancay

Ya había sucedido algo similar con la remodelación de la base naval del Callao, proyecto encargado a China. Se considera que la base naval tiene relevancia estratégica porque se encuentra ubicada al lado del principal puerto comercial del Perú. No se sabe si el gobierno recibió un llamado de la Casa Blanca o solo vio el ataque a Venezuela, lo cierto es que hizo un giro de 360° y se la entregó a EE. UU., quedando China desplazada de otro gran proyecto.

Otro hecho es la controversia en torno al megapuerto de Chancay. De capital principalmente chino, fue construido como un hub logístico con la perspectiva de ser la mayor puerta de ingreso y salida del comercio de América Latina con China. El hecho inquietó a EE. UU. El proyecto fue inaugurado un año y la controversia abierta apareció bajo ahora.

En su Estrategia de Seguridad ya mencionada, EE. UU. traza claramente las áreas estratégicas de su interés: defensa (presencia militar en zonas clave, en nuestro caso la cuenca del Pacífico); y tierras raras e infraestructura logística. En este punto, el megapuerto de Chancay se convierte en fuente de grave conflictividad entre China y EE.UU.

Ahora EE.UU. presiona a las autoridades para ejercer injerencia o supervisión sobre el puerto de Chancay. La empresa Cosco Shipping Chancay, operadora del megapuerto, presentó una acción de amparo y obtuvo un fallo a su favor, fallo que sustenta que la empresa “es propiedad privada” y no pública.

El hecho obligó al gobierno, mediante la PCM, a objetar la decisión judicial afirmando que “protege la inversión privada”, pero “dentro de un marco normativo que también contempla mecanismos de regulación y fiscalización” por parte de los organismos estatales”.

Tras estos hechos, el Departamento de Estado de EE. UU. declaró: “Preocupados por los últimos informes de que Perú podría verse impedido de supervisar Chancay, uno de sus puertos más grandes, que está bajo jurisdicción de propietarios chinos depredadores, apoyamos el derecho soberano del Perú a supervisar la infraestructura crítica en su propio territorio…”.

En la forma, la controversia gira en torno a la supervisión del megapuerto por los organismos reguladores del Estado, pero en el fondo se trata de limitar sus operaciones u obstaculizarlas para luego, al parecer, desplazar a los chinos.

¿Qué viene después?

El conflicto recién empieza. El imperialismo, en su decadencia, se vuelve más voraz. Su crisis hace que corra hacia adelante, a la recolonización de Latinoamérica: más presencia militar, control de los recursos naturales, control de actividades económicas clave, un nuevo relacionamiento comercial para su proyecto de reindustrialización y mayor dependencia financiera.

Por su parte, China ha ganado terreno y, por su inmensa industria, se ha convertido en el principal socio comercial de varios países, entre ellos Perú, y con esa fuerza defenderá sus intereses. Pero es un hecho que no podrá desplazar a EE. UU. fácilmente. El mundo, ya repartido por las superpotencias, no se puede repartir así nomás sino con un conflicto de mayor escala, como la guerra. Por ello, EE. UU. centra sus esfuerzos en mantener su predominio militar.

Por esto mismo es claro el alineamiento de la mayoría de los gobiernos con Trump y la subordinación hasta de los llamados “progresistas”, como el de Sheinbaum y Lula.

Si esto es así, no hay duda de que quien resulte elegido en las próximas elecciones también se alineará con la Casa Blanca. Y más si resultan electos López Aliaga o Keiko Fujimori, lo harán con especial entusiasmo, al estilo Milei.

¿Qué hacemos?

Lo descrito pone de relieve la necesidad de colocar en el centro la lucha de los trabajadores y pueblos de Latinoamérica contra el imperialismo, sus planes recolonizadores y por una salida socialista.

En el momento actual, esta respuesta pasa por rechazar la intervención en Venezuela, denunciando también la colaboración del gobierno chavista, así como el bloqueo y cerco que se establece sobre Cuba buscando forzar la caída o capitulación del régimen.

En este marco debemos responder a cada hecho que ocurre en el país contra la intervención del imperialismo y contra el gobierno por su apoyo, y en defensa de la soberanía nacional.

Sin embargo, el verdadero ataque vendrá después de las elecciones. El gobierno que resulte electo –más aún si es de derecha– buscará, con la “legitimidad” del voto, implementar todas las exigencias del imperialismo, al estilo Milei en Argentina.

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