Organizar y unir la lucha de los trabajadores

En cada centro laboral, los trabajadores asistimos a una ráfaga de ataques contra nuestro derecho al trabajo y condiciones laborales que golpean a nuestras organizaciones, en consonancia con el gobierno Boluarte-Congreso que garantiza la continuidad del modelo económico que beneficia a la burguesía.

Los ataques patronales no son nuevos y ahora se intensifican. Su objetivo es maximizar la mano de obra y recuperar rápidamente sus tasas de ganancias afectadas por la caída económica del último periodo, lo que significa explotarnos más.

En el sector obrero, 200 trabajadores del grupo AJE propiedad de los Añaños, fueron sometidos al nefasto y traumático Cese Colectivo por tercera vez; y aunque un heroico grupo de trabajadores ha decidido hacerle frente y cuentan ya con una resolución ministerial que desaprueba la abusiva medida, no se ha podido evitar que algunos se vean obligados a vender su puesto de trabajo para poder sobrevivir.

La emblemática fabrica BSH electrodomésticos decidió cerrar sus operaciones y acabar con el empleo formal de más de 300 trabajadores y sus familias. Su cierre se suma a otras empresas que bajo la misma práctica liquidaron puestos de centenares de trabajadores, sin que la central diga o haga algo (Cogorno, Panasonic, Miyasato, Eximport, etc.)

En otras fábricas como Celima, Molitalia y Cifarma se generaliza la “invitación al retiro”, que no es más que una forma de despido selectivo de trabajadores que se realiza bajo amenazas y aprovechando la pasividad de los sindicatos, que así se acostumbran y normalizan esta práctica que constituye una vulneración del derecho al trabajo.

De esta forma el plan patronal avanza y se prepara para arrancar un nuevo ciclo de explotación con nuevas reglas y con nueva mano de obra, más joven, barata y con menos derechos de los ganados.

Los problemas se agravan en tanto Boluarte y el Congreso, convertidos en mafias de corrupción, garantizan su impunidad y continuidad al servicio de los intereses del gran empresariado. Así por ejemplo, aprobaron la reciente ley forestal que permite arrasar los bosques de la amazonia en favor del lucro de un puñado de empresarios, debilitando el ecosistema y los derechos de los pueblos indígenas. De igual forma se impulsan la reforma del sistema pensionario y se amenazan subir la edad de jubilación a 75 años, solo para profundizar más la precariedad laboral.

En medio de todo esto los trabajadores y el pueblo lidiamos el alza del costo de vida con un estancado y miserable sueldo mínimo insostenible para cubrir las necesidades básicas de nuestras familias. Ni que hablar de la salud pública que hace agua frente al virus del Dengue y de la educación pública en decadencia.

De toda esta situación surge la necesidad impostergable de organizar y unificar a los trabajadores y el pueblo para implementar una lucha en la perspectiva de imponer nuestra agenda y revertir todos estos ataques. Esta es tarea es responsabilidad de las centrales sindicales y federaciones que estamos en la necesidad de poner en discusión en nuestras bases y asambleas.

La política de las direcciones que cuestionamos

Escribe: Manuel Fernández

Un sector que siempre muestra disposición para luchar por sus intereses reivindicativos es la clase obrera y sus organismos sindicales. Realiza innumerables plantones, paros y huelgas y muchas veces se convierten en importantes focos de lucha combativa. Sin embargo, pese a su combatividad y hasta heroísmo, no llegan a lograr sus objetivos ni a convertirse en la respuesta que necesitamos para detener la ola de ataques patronales y las políticas de ajuste que el gobierno impone.

Esto es así porque la mayoría de dichas acciones se desarrollan de forma aislada y con sindicatos cada vez minoritarios, y enfocadas en la lucha cada uno por sus pliegos, llegando incluso algunas a huelgas largas que desgastan a trabajadores y los dejan vulnerables ante las represalias que luego desata la patronal. De esta forma, las luchas en lugar de representar una acumulación y fortalecimiento de la consciencia y organizaciones de los trabajadores, conducen a su debilitamiento.

De este modo, fragmentado y debilitado pese a que lucha, la clase obrera organizada queda presa en un círculo de retroceso y lucha salarial, quedando al margen de la comprensión de que su problema es político y tiene que ver con las políticas del Estado y la CONFIEP.

Así no interviene en el escenario político nacional de crisis, donde debemos engancharnos con nuestra movilización y métodos combativos de lucha, para imponer, junto a las demandas populares, la solución a la agenda obrera.

De aquí que cuestionemos a la política de la dirigencia de la CGTP y de otras como la FETRIMAP, que se muestra dinámica, pero que mantienen a la clase obrera controlada, encasillada y despolitizada, y alejada de las grandes luchas que se realizan en el país, como la última contra el gobierno de Boluarte, cerrando la posibilidad de que la clase obrera se convierta en un actor y solución de las luchas populares.

Esto sucede así porque dichas direcciones tienen como eje estratégico la conciliación con la patronal y no la lucha intransigente contra ella. Es parte de su política basada en la idea de que es posible “reformar” el sistema capitalista de explotación y ponerle un rostro humano. Coherente con esto, dicen, el medio para lograrlo son los diálogos, las negociaciones con la patronal y la intervención en las elecciones, donde esperan alcanzar el gobierno o cupos en el parlamento, y a estos objetivos supedita todas las acciones de los trabajadores.

Por ejemplo, la FETRIMAP y la Sociedad Nacional de Industria (SNI) organizaron el 6 de marzo el foro llamado “Hacia un Código Procesal Laboral en el Perú”. Su objetivo era “consensuar” con la patronal un “proceso judicial justo”, engañando a los trabajadores de que es posible que haya juicio justo bajo el sistema burgués.

En resumen, el problema de la clase trabajadora no es que no lucha, sino es la política y métodos de su dirección mayoritaria.

Por una nueva dirección que organice y una la lucha

Fortalecer al movimiento obrero conlleva a dotarla de nuevas direcciones realmente clasistas y combativas y desplazar a la vieja encasillada en la central desde hace 80 años. 

Para que cambiemos la correlación de fuerzas a nuestro favor en la lucha antipatronal, es vital que cada lucha sindical se convierta en una oportunidad para fortalecer la conciencia y la organización de los trabajadores y su avance hacia una acción unida y centralizada. Esto solo se puede hacerla con una dirección política independiente que vea los problemas obreros como políticos, y tenga una estrategia de construir una dirección verdaderamente de clase.

Al calor de esta lucha los dirigentes destacados y combativos deben hacer parte de la construcción de esta nueva dirección, con un programa que levante las principales demandas del pueblo, como el fuera Boluarte y el congreso y convocatoria a una Nueva Asamblea Constituyente, y con una perspectiva de salida independiente ante la crisis nacional. En esta tarea el PST compromete todo su esfuerzo.