Los estudiantes se manifiestan en defensa de Palestina

Por Carlos Sapir  /  Mayo 3, 2024

En toda Norteamérica, los estudiantes se han enfrentado a las administraciones de sus universidades y a la policía para cuestionar el apoyo incondicional de estas instituciones al Estado de Israel y a su guerra genocida contra el pueblo palestino. El estallido de estas protestas ha sido tan amplio que los medios de comunicación han tenido dificultades para contar el número total de campus y de estudiantes que han participado en ellas, e incluso publicaciones simpatizantes como Al Jazeera han tenido dificultades para hacer un recuento completo y exacto durante el fin de semana (en el momento de escribir este artículo, la lista es de 49 universidades estadounidenses y 10 internacionales de Europa y Australia).

En estas universidades, los estudiantes han intentado establecer campamentos y ocupar espacios al aire libre (o, en algunos casos, edificios administrativos). Aunque a algunos de estos campamentos se les ha permitido continuar pacíficamente, la mayoría han sido atacados de inmediato por las fuerzas policiales, que a menudo consiguen dispersar el campamento y detener a los participantes, sólo para que los estudiantes lo restablezcan más tarde.

Estudiantes de universidades como Emory (en Georgia), la Universidad de Texas en Austin y la Universidad Estatal de Ohio se han enfrentado a brutales agresiones por parte de la policía, incluido el despliegue de gases lacrimógenos e informes de manifestantes esposados que han sido electrocutados por la policía. Se han producido detenciones en más de 30 campus de todo el país, que culminaron con la detención de más de 300 estudiantes en Nueva York la noche del 30 de abril. Entre los detenidos en Nueva York había estudiantes que habían estado ocupando un edificio en la Universidad de Columbia y decenas de manifestantes en el City College.

Muchas universidades también han amenazado a los estudiantes con suspenderlos de sus puestos de trabajo si siguen participando en las protestas. La represión se ha visto redoblada por los políticos israelíes y estadounidenses, que han acusado a los estudiantes de antisemitismo de forma rotunda e infundada (a pesar de la presencia significativa y ruidosa de activistas judíos en los propios campamentos) y han denunciado a los estudiantes como nazis, incluso mientras enviaban a la policía antidisturbios.

¿Por qué ocurre esto ahora? Los campamentos han sido una táctica típica de los activistas estudiantiles, y algunos manifestantes relacionan explícitamente sus esfuerzos actuales con actos históricos de activismo en sus universidades en relación con el apartheid sudafricano y otras causas. Hasta ya se habían utilizado campamentos para protestar contra la actual invasión israelí de Gaza, con ejemplos en la Universidad de Stanford (California) y el Smith College (Massachusetts) en noviembre y marzo, respectivamente.

La torrenta actual de organización debe atribuirse en parte a la combinación de un intento de acampada en la Universidad de Columbia que coincidió con la convocatoria del Congreso de Estados Unidos a la presidenta de Columbia, Minouche Shafik, para reprocharle por haber contratado a profesores que han estudiado y denunciado diligentemente la ocupación israelí de Palestina, y por haber permitido protestar a los estudiantes. Shafik no defendió en absoluto a su universidad, concedió prácticamente todos los puntos a la inquisición macartista del Congreso, y procedió a ordenar la detención de estudiantes que protestaban en Columbia y a amenazarlos con la suspensión, incluyendo amenazas de represalias contra los estudiantes-trabajadores organizadores afiliados a UAW 2710. Los estudiantes de Columbia, a los que se unieron miembros de la comunidad que apoyaban la causa palestina, consiguieron defender su campamento. Después, las noticias informaron del descubrimiento de fosas de masas en Gaza y el movimiento universitario palestino entró en acción, apresurándose a seguir el ejemplo de Columbia.

Los campamentos han variado en tamaño, con los más grandes acumulando una presencia continua de unos pocos cientos de estudiantes, apoyados por muchos más haciendo el trabajo logístico de transporte de alimentos y suministros para mantener su presencia, y aumentando hasta incluir a miles durante las concentraciones organizadas en apoyo. Los pequeños intentos de un puñado de estudiantes suelen ser dispersados rápidamente por la policía; otros estudiantes activistas aislados han unido sus fuerzas para participar en acampadas en universidades cercanas.

Los campamentos han exigido que las universidades se adhieran a la campaña internacional Boicot, Desinversión y Sanciones y rompan sus vínculos con instituciones israelíes y fabricantes de armas, denunciando la complicidad de las universidades y del gobierno estadounidense en el genocidio que se está llevando a cabo en Gaza. Los campamentos están siendo alentados y coordinados por el grupo nacional de Estudiantes por la Justicia en Palestina, y también han recibido el apoyo de sindicatos de profesores, sindicatos de estudiantes de doctorado y organizaciones de libertades civiles, incluida la formación de una coalición nacional de defensa de las libertades civiles basada en sindicatos.

En el momento de escribir este artículo, el 1 de mayo, la mayoría de las universidades que anteriormente habían negociado o ignorado pacíficamente las protestas han pasado a enviar grandes contingentes de policía fuertemente armados para disolver violentamente las acampadas.

En combinación con la rápida aproximación del final del curso escolar (que ocurre entre los finales de abril y los principios de junio), el movimiento se enfrenta ahora a la tarea crítica de averiguar cómo consolidar los esfuerzos antes de que la población estudiantil abandone el campus por el verano. Aunque esto ha llevado a algunos a hacer frenéticos llamamientos a la “escalada” por parte del pequeño núcleo de organizadores que ya están dispuestos a sacrificar sus carreras o incluso sus vidas por la liberación palestina, parece poco probable que estas fuerzas -estudiantes y profesores que, en el mejor de los casos, cuentan con el apoyo de los sindicatos de estudiantes-trabajadores, pero que con mucha mayor frecuencia carecen de una organización más amplia más allá de su núcleo inmediato de activistas palestinos- sean capaces de ejercer suficiente influencia por sí solas para lograr algún cambio apreciable en la política universitaria (sin hablar de la política estadounidense o israelí).

En lugar de permitir que esta chispa de resistencia se apague, debemos conservar nuestras fuerzas y seguir incorporando nuevas personas al movimiento de solidaridad con Palestina. El heroísmo espontáneo de los campamentos estudiantiles está inspirando a capas más amplias de personas a tomar la iniciativa en torno a Palestina. Los activistas deben buscar tantas oportunidades como sea posible para ampliar y fortalecer la lucha en el campus y fuera de él. Esto significa tener planes concretos para continuar la actividad de solidaridad con Palestina durante todo el verano: conferencias, charlas, protestas y todas las vías posibles para atraer nuevas fuerzas y ayudar a fortalecer a los activistas actuales.

La clase trabajadora de todo Estados Unidos está agitada por lo que ve que ocurre en Palestina y en los campus universitarios, aunque no todos estén dispuestos a unirse (y mucho menos a construir) un campamento. Mientras que los estudiantes de Yale y UConn organizaron campamentos el fin de semana del 27, la Coalición de Solidaridad con Palestina de Connecticut organizó una marcha de miles de personas, una de las mayores que se han visto en el estado. La gente está legítimamente indignada por la supresión de las protestas pacíficas, una libertad democrática que creían tener pero que ahora ven cómo esta arrebatada por policías fuertemente armados. Existe la posibilidad de conectar el movimiento estudiantil con luchas laborales más amplias a través de campañas de defensa (que incluyan tanto la aprobación de resoluciones/firma de peticiones como la movilización física de piquetes por las libertades civiles) y acciones masivas que exijan el fin inmediato de la financiación estadounidense a Israel y la retirada de todos los cargos contra los manifestantes aquí presentes.

Al mismo tiempo, tenemos tener cuidado por los intentos de recanalizar este movimiento en esfuerzos para elegir demócratas; el Partido Demócrata es el partido que ha permitido el esfuerzo de guerra israelí desde el principio. Los políticos ya han empezado a jugar su baza con el movimiento. El ex representante de Texas Beto O’Rourke comentó que está “orgulloso” de que los estudiantes de la Universidad de Austin se levanten contra la represión policial, AOC visitó el campamento de Columbia, la representante de Massachusetts Ayanna Pressley emitió una declaración instando a la “moderación” a las fuerzas del orden, etc. Si bien no hay necesidad de rechazar de plano estas muestras de apoyo, ya que ayudan a dar legitimidad y defensa al movimiento, también tenemos que entender que vienen con la expectativa de que estos gestos simbólicos darán sus frutos más tarde para los políticos y el Partido Demócrata.

No podemos conseguir el fin de la financiación a Israel, ni siquiera el fin de la represión policial de las protestas que la reclaman, eligiendo a funcionarios que no son responsables frente al movimiento y que luego son atomizados en el gobierno y obligados a encajar en el molde del aparato del partido, aprobando presupuesto militar tras presupuesto militar. Necesitamos protestas masivas, dedicadas y repetidas en las calles que mantengan la presión y demuestren que, aunque el Partido Demócrata pueda apoyar la guerra, la voluntad democrática de la mayoría de la sociedad no lo apoya.

Para alejarnos tanto del Partido Demócrata como del callejón sin salida del martirio por ser martir, necesitamos organizar concentraciones masivas y ganar el apoyo de los sindicatos a reivindicaciones claras y de principios en torno a Palestina y las libertades civiles. La disonancia entre las creencias de la gente sobre la “libertad de expresión” bajo el capitalismo y la realidad de la respuesta de las universidades a la disidencia es extremadamente agitadora y debe ser utilizada. Organizando concentraciones masivas con reivindicaciones básicas en torno a la libertad de expresión, la libertad académica, el fin de la guerra contra Gaza y el fin del apartheid, podemos atraer a enormes capas de trabajadores preocupados por los ataques a los derechos democráticos y ponerlos en contacto con organizadores que pueden ayudarles a poner en marcha la siguiente ronda de concentraciones. Al hacerlo con demandas claras sobre el fin de los envíos de armas a Israel y la concesión de plenos derechos democráticos a todos los palestinos, posicionamos al movimiento sobre una base que no puede ser manipulada para que encaje en una plataforma del Partido Demócrata que sigue apoyando el apartheid israelí.

Más allá de cómo continuar la movilización en los próximos meses, el caos inherente a la organización de todas estas acciones dispares en las universidades sin un marco centralizado y democrático muestra la necesidad de formar un movimiento antiguerra dedicado, arraigado en los sindicatos y las organizaciones estudiantiles, que pueda proporcionar una base de planificación democrática para la organización a nivel nacional. La democracia no es sólo un derecho abstracto que exigimos al gobierno: es nuestra mejor herramienta para desarrollar el pensamiento político y nuestra mejor defensa contra la infiltración. Aunque la paranoia y el secretismo pueden ir de la mano, la toma de decisiones políticas abierta y democrática garantiza que controlamos nuestra propia política al someter las propuestas al escrutinio y la deliberación del propio movimiento. Una coalición de este tipo es lo que necesitamos para reunir a los grupos estudiantiles y a los sindicatos para debatir la mejor manera de combinar nuestras fuerzas y poner fin a la guerra contra Palestina.

El nivel de protesta en los últimos meses ha sido tan alto que tanto integrantes como detractores lo han comparado con la década de 1960. En todas partes parecen surgir oportunidades para la organización política. Las lecciones más esenciales del movimiento contra la guerra incluyen el desarrollo de coaliciones coordinadas a nivel nacional, abiertas y democráticas, capaces de organizar y movilizar a cientos de miles de personas mediante el debate colectivo, que fueron esenciales para su crecimiento.

A lo largo del movimiento contra la guerra de Vietnam, hubo varios ejemplos de este tipo de coaliciones. Uno importante fue el Comité Movilizador Estudiantil (SMC), que incluía a todos los comprometidos con la acción de masas de las capas más amplias posibles y con la demanda básica de “¡Traigan las tropas a casa ya!”. El SMC fue un factor importante en la organización de históricas movilizaciones de masas y huelgas estudiantiles, entre ellas la del 26 de abril de 1968, en la que más de 100.000 estudiantes de escuelas públicas (secundarias y universitarias) se declararon en huelga sólo en la ciudad de Nueva York.

El organismo iniciador de la huelga estudiantil es descrito por el participante Fred Halstead: “La conferencia del 27 al 29 de enero de 1968 del Comité de Movilización Estudiantil para Poner Fin a la Guerra de Vietnam fue la mayor hasta entonces y la principal conferencia antibelicista de la época. Se inscribieron más de 900 estudiantes y jóvenes de 110 universidades y 40 institutos de unos veinticinco estados. Hubo incluso un puñado de institutos de secundaria representados. La edad media era de veinte años, con menos de una docena de inscritos mayores de treinta” (“¡Out Now!”, página 373).

El movimiento contra la guerra de Vietnam seguiría creciendo, no sólo en el tamaño de las manifestaciones, sino también en la participación en la organización y el debate a todos los niveles, y la conferencia del SMC de 1970 contó con 3.500 asistentes. Estas coaliciones coordinadas a nivel nacional y organizadas democráticamente -junto con las realidades de la guerra y las propias movilizaciones masivas- ayudaron a crear un contexto en el que el movimiento antiguerra fue capaz de ganarse a amplias filas de soldados en servicio activo mediante la propaganda directa y el crecimiento constante de sentimientos antiguerra declarados públicamente en todo el país.

Necesitamos espacios de movimiento que permitan el debate político y la toma de decisiones de manera democrática, y que acojan a personas que aún no se consideren socialistas o antiimperialistas, porque sólo así podrá el movimiento convertirse en algo con el poder para cambiar la sociedad y no solo ser una reunión de activistas ya comprometidos para pasar a la acción cuando llegue el momento. Movimientos como éste han sido el punto de encuentro histórico de estudiantes y trabajadores donde mejor podemos coordinar una lucha ganadora. Es lo que dio al movimiento contra la guerra de Vietnam el poder que contribuyó a la decisión de retirar las tropas estadounidenses y dejó tras de sí una huella cultural tan grande que la gente sigue utilizándolo hoy en día como punto de referencia.

La tarea que tenemos hoy en día es ir más allá de las comparaciones retóricas con generaciones pasadas de la lucha, aprender realmente de los éxitos de aquella época y aprovechar las oportunidades actuales para superarlos y conquistar un futuro sin apartheid ni capitalismo.

¡Fin del apoyo estadounidense a Israel!
¡Fin de la guerra contra Gaza!
¡Basta de detener a manifestantes! ¡Liberarlos a todos! ¡No a la policía en el campus!
¡Reincorpora a todos los estudiantes y profesores represaliados!
¡Por una Palestina unitaria, democrática y no sectaria!