¿Conciliar o conquistar el aumento de la RMV?

Las declaraciones del Ministro de Trabajo, en enero pasado, en las que reiteró que el salario mínimo no se ha aumentado debido a la recesión, y que su discusión estará sujeta a la “recuperación” de la economía, debe ser entendida claramente por la clase trabajadora: No habrá aumento.

Los patrones dicen que como la economía está mal, y la productividad no sube, no amerita el aumento del salario mínimo. Sin embargo esto es una completa mentira. Los obreros y obreras de todo el país sabemos bien que durante los años de bonanza, cuando las ganancias empresariales estuvieron al tope, los patrones tampoco consideraban que amerite incrementarlo.

Por eso es clave preguntarnos ¿Qué estrategia debe levantar la clase trabajadora para conquistar un aumento del salario que nos permita vivir con dignidad?

Salarios y ganancias

La relación entre salario y las ganancias es, como descubrieron Marx y Engels, inversa. Ambos nacen del trabajo productivo de la clase obrera. Sin embargo, cualquier incremento en los salarios equivale a una rebaja de las ganancias empresariales y viceversa: el aumento de las ganancias tiene por condición la rebaja salarial o el incremento de los ritmos de producción, sin aumento del salario.

Y es por eso que la patronal se opone sistemática y ferozmente a su incremento y más aún, si fuera posible, rebajarían los salarios, para que la parte de la torta que se convierte en ganancias, crezca.

Por eso, toda su política los últimos 32 años ha sido exigir mayores condiciones de flexibilización laboral. Con esas condiciones, quieren imponer a la clase trabajadora cada vez menores salarios. Incluso han llegado a plantear, más de una vez, eliminar el concepto de Remuneración Mínima Vital (RMV), para reemplazarla por “remuneraciones mínimas” por región. Así, podrían ir a las regiones con salarios más bajos y ganar más dinero.

Precariedad e informalidad

Pero lo que no han logrado por la ley, lo obtienen de la precarización e informalidad del trabajo que existe. De acuerdo a la Encuesta Permanente de Empleo Nacional (EPEN), el 44,3% de la fuerza laboral total del país, gana menos que el salario mínimo. Esto equivale a 7,616,436 trabajadores y trabajadoras a nivel nacional. De estos el 96.1% son informales.

Si solo consideramos a los asalariados, es decir, trabajadores que realizan sus labores para una empresa o patrón, un total de 5,972,093 están en dicha situación (38.4% del total).

Y la situación puede ser más dramática aún si observamos cada departamento: Puno y Huancavelica son los departamentos con más trabajadores ganando salarios menores al mínimo, con 72.7 y 71.2% de su fuerza laboral percibiendo menos de S/. 1025. No es casualidad que estos mismos departamentos hayan reportado la primera y la cuarta más elevada tasa de informalidad laboral durante el 2023.

Y es que justamente esta condición, es la que le permite a los empresarios aguantar cualquier aumento.

La traición de las dirigencias y los partidos “de izquierda”

La lucha por el salario, y contra las condiciones de precariedad e informalidad que posibilitan que una enorme masa de trabajadores y trabajadoras tengan que aceptar salarios de hambre e interminables jornadas laborales, con poca o nula seguridad y salud laboral, resulta por eso un elemento clave de la lucha obrera.

Sin embargo la política de las dirigencias sindicales de concentrar sus mal llamados “esfuerzos” por elevar el salario en reunirse con los empresarios y el gobierno en el Consejo Nacional del Trabajo y Promoción del Empleo (CNTPE) ya ha demostrado toda su esterilidad.

No solo se equivocan al centrar cualquier esfuerzo en el CNTPE. Además, renunciando a toda postura de clase, pretenden ser razonables y ganar el favor del gobierno –¿y de los empresarios?– con fórmulas “técnicas” relacionadas a la inflación y la productividad… Que el empresariado rebate con otras tantas y tendenciosas estadísticas, llevando todo a un punto muerto.

Es por eso que los lamentos de Julio César Bazán (CUT), el pasado 20 de marzo, por el hecho de que el gobierno haya cerrado filas con los empresarios para “patear” la discusión sobre el aumento del salario mínimo, o la “denuncia” de Gerónimo López (CGTP, 16 de marzo) sobre la alianza entre Boluarte y el empresariado, con la finalidad de cerrar el paso al aumento, en el mejor de los casos, son bromas de mal gusto.

Desarrollar un plan de lucha nacional, unitario y político

Y decimos esto, porque si es verdad lo que estos dirigentes dicen y ambos están convencidos, ¡nada tienen que hacer calentando el asiento en el CNTPE! ¡Nada podemos sacar de ese entuerto! Se hace urgente romper esa actitud de conciliación de parte de las dirigencias nacionales y desarrollar un plan de lucha que organice la movilización consecuentemente contra los patrones, que se niegan al aumento, pero también contra el gobierno, que además de asesino, es el cerrojo de los intereses empresariales, tal como denuncian Bazán y López.

Por eso la lucha deberá prepararse para defenderse de la feroz represión de Boluarte, y unir las banderas de la lucha por el salario y el fin de la precariedad laboral, con la exigencia de la caída del gobierno asesino y hambreador. Cualquier otra política es puro humo. Y más, significa el abandono de los intereses obreros y populares que, en las condiciones que vivimos (alza del costo de vida, despidos, etc.), se convierte directamente en traición.

Mujer trabajadora, más precaria y más informal

Otro tanto pasa si ponemos los ojos en la situación de la mujer trabajadora. En 2023, de cada 10 mujeres trabajadoras, 6 estuvieron desempleadas. Mientras que entre las que tenían un empleo, el 55% (más de la mitad) tiene jornadas recortadas y gana por debajo del promedio. Si a esto le sumamos que el 73% de las mujeres labora en condiciones de informalidad, por encima del 71,1% promedio nacional, y que la brecha salarial entre ellas y los hombres sigue estando cerca al 27% (por cada 100 soles que gana un hombre, las mujeres ganan en promedio 73), la situación que vive la mujer trabajadora es aún más dramática.