LA LUCHA CONTRA EL MACHISMO: UNA LUCHA PARA LA CLASE TRABAJADORA

Colaboración de Lilla R.

Miembro de Trabajadores Socialistas del Cusco

El candidato a la presidencia Pedro Castillo, ha sido cuestionado por sus declaraciones acerca de los feminicidios. Según Castillo, los feminicidios ocurren “producto de la ociosidad generada por el mismo estado”. Esta terrible declaración tiene una profunda carga machista, y es reflejo del desinterés y desconocimiento que tiene el candidato y su partido frente a lo que la OMS declaró, en 2013, una pandemia: la violencia machista.

El panorama de la violencia machista en el Perú

La violencia de género en nuestro país, y particularmente los índices de feminicidio, son alarmantes. Según estadísticas del ministerio de justicia y derechos humanos, en 2020 hubo 131 feminicidios en el Perú. Mientras que este 2021, según los datos de la defensoría del pueblo, 55 mujeres fueron asesinadas por el hecho de ser mujeres en los primeros 5 meses del año. Más de la mitad de ellas, por sus parejas o exparejas. Además de 19 casos de mujeres con características de feminicidio que siguen en investigación.

Uno de los casos más desgarradores fue el de Eyvi Agreda de solo 22 años, que fue atacada en el transporte público por su ex compañero de trabajo, le roció combustible y luego le prendió fuego. Eyvi quedó con el 60% de cuerpo quemado y luego de un mes de estar internada en el hospital, murió con un shock séptico. Su atacante declaró después que su intención no era matarla, solo quería “desfigurarla”.

Lamentablemente esta terrible realidad es compartida por otros países latinoamericanos: en México, cada día son asesinadas 10 mujeres. Según la organización Mumala hubo 329 muertes violentas de mujeres en 2020 en el país. Según el Registro Nacional de Femicidios 2020 de Mumalá, en el 40 % de los casos víctima y victimario convivían, el 13% de las víctimas estuvo desaparecida y 7% fue abusada sexualmente.

Pero la violencia machista, además, se traslada al terreno de la dependencia económica, los maltratos psicológicos, el acoso callejero y en el trabajo, la discriminación en los centros de estudio y un largo etc.

Violencia que se ha visto potenciada por la pandemia, al encerrar durante meses a las mujeres con sus agresores, en sus propios hogares.

Por lo tanto, es un gravísimo error por parte de Castillo decir que los feminicidios ocurren por “ociosidad”, y una enorme contradicción para alguien que dice representar un proyecto de cambio de nuestra sociedad.

La violencia machista día a día cobra vidas de mujeres, adolescentes, estudiantes, madres trabajadoras, con brutal crudeza y total impunidad. De las 131 denuncias de feminicidio reportadas en 2020, solo dos han sido investigadas y procesadas, hasta emitir una sentencia contra los responsables. 

Por eso esta declaración tan ligera y machista, resulta peligrosa: porque minimiza la magnitud del problema, desinforma, invisibiliza y, sobre todo, normaliza la violencia hacia las mujeres.

¿Votar por una mujer sería una alternativa?

Por otro lado, tenemos a la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, que hace unos días negó las esterilizaciones forzadas aplicadas durante el gobierno de su padre y de las que fueron víctimas más de 300 000 mujeres violando sus derechos sexuales y reproductivos, afirmando que “fue un plan de planificación familiar”. Estas declaraciones son todavía más monstruosas y muestran la verdadera cara, cínica y cruel del fujimorismo.

Días después de haber negado las esterilizaciones y ver que no mejoraba su posición en las encuestas manifestó en una entrevista que “duele lo que estas mujeres han denunciado y eso se tiene que investigar y sancionar a los responsables”, sin embargo La Asociación de Mujeres Peruanas Afectadas por las Esterilizaciones Forzadas (AMPAEF) publicó un comunicado de rechazo, repudio e incredulidad ante estas declaraciones, rechazo que aplaudimos, no podemos confiar en una mujer que ha formado parte de un gobierno violador de derechos y genocida.

Más allá de los intentos fallidos de “comprometerse” con las víctimas de las esterilizaciones forzadas, tanto este caso como la violencia que mata a las mujeres peruanas, pobres y trabajadoras cada día en realidad le interesan muchos menos que a Castillo, sus prioridades están en garantizar el enriquecimiento del empresariado, dando continuidad a las políticas económicas corruptas, privatizadoras y entreguistas implantadas por Fujimori en los 90s, por lo tanto, ella como cualquier otro candidato de la burguesía, sea varón o mujer, responde tan solo a sus intereses de clase, no importa si estos intereses pasan por encimas de las vidas de la población.

Por eso, ninguno de estos candidatos nos representa, ni a la clase trabajadora, ni mucho menos a las mujeres trabajadoras, pobres y campesinas del país.

¿Por qué ocurren los feminicidios?

Un feminicidio es la forma más extrema de violencia contra una mujer, casi en todos los casos las personas que comenten feminicidio son personas cercanas a las víctimas, una pareja actual o ex-pareja. Las mujeres victimas de feminicidios generalmente han sufrido previamente una serie de maltratos y diversos tipos de violencia que se van incrementando con el tiempo.

El feminicidio es una de las caras más duras y extremas del machismo, que encierra un conjunto de ideas que muchos aprendemos sin querer en nuestras familias, ideas dañinas que sustentan que los varones son superiores a las mujeres, con las que se nos imponen; maneras de comportarnos, roles en la sociedad y actividades que podemos o no hacer de acuerdo a nuestro género. Es común oír por ejemplo que “el jefe de la casa es el varón y que las mujeres tenemos que dedicarnos a labores domésticas”

Sin embargo, estas diferencias entre varones y mujeres no han sido siempre así, las familias primitivas, se caracterizaban por su funcionamiento en comunidad, la propiedad, es decir todo el fruto del trabajo le pertenecía a la comunidad en su conjunto. Toda esta desigualdad que se vive hasta estos días aparece o se desarrolla junto con cambios sociales y económicos, que marcan la aparición de la propiedad privada, a partir de este cambio se establecen nuevos roles que someten a la mujer y la convierten en esclava y propiedad del varón.

Esas ideas que acompañan a este sometimiento son un soporte y una justificación de la injusta desigualdad entre varones y mujeres, justifican la violencia dentro de las familias trabajadoras, e impiden que se haga justicia para las víctimas de feminicidio.

El machismo, en ese sentido, es una ideología, que justifica, normaliza y refuerza la desigualdad.

¿Por qué los trabajadores y trabajadoras debemos combatir el machismo?

El machismo es una herramienta útil para la explotación capitalista, el sistema usa los medios, la propaganda y todo lo que está a su alcance para repartir estas ideas que tanto daño nos hacen, no solo a las mujeres trabajadoras, sino a toda la clase es su conjunto. Son útiles para perpetuar la opresión a la mujer, para pagarnos menos, para explotarnos más, para no poder organizarnos junto a nuestros compañeros porque además de trabajar en las fábricas, colegios o tiendas, tenemos que llegar a casa a seguir trabajando y cuidar a nuestros hijos.

El machismo nos divide como clase frente a los patrones. Por eso urge, que como trabajadores y trabajadoras tengamos como una de nuestras principales tareas la lucha contra el machismo, en nuestras familias y también en nuestros sindicatos, no solo para prevenir y evitar la violencia y estas muertes tan terribles y dolorosas de nuestras hermanas trabajadoras, sino también para pelear juntos por nuestros derechos y enfrentar al sistema que nos explota y oprime.