Votamos por Castillo sin apoyo ni ilusiones

La candidatura de Pedro Castillo concentra el voto mayoritario –con más o menos ilusiones– de los sectores populares, del interior del país, y de la vanguardia obrera, ante el alineamiento de toda la patronal, sus partidos y organizaciones, tras Keiko Fujimori.

Obreros y obreras, el campesinado, el magisterio y otros tantos millones de pobres del campo y la ciudad, se encaminan a las urnas con la intención de imponer con su número, vía el voto, un cambio en los destinos del país.

Nada se les puede reprochar. En 200 años de vida republicana, uno tras otro, los gobiernos que se han sucedido han garantizado las ganancias patronales y la entrega de nuestras riquezas a las potencias imperialistas, antes que atender las necesidades de nuestro pueblo. Y hoy parece posible “cambiarlo todo”, pues un candidato de origen campesino, rondero, y maestro de escuela pública, es quien se encuentra en segunda vuelta.

Desde el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) acompañamos este proceso y hemos definido que también votaremos por Castillo, pues es la única herramienta electoral concreta con la que nuestra clase está haciendo frente a la “santa alianza” que todos los partidos patronales, gremios empresariales y medios de comunicación han creado tras Keiko Fujimori.

Sin embargo, alertamos sobre la necesidad de mantener no apoyar políticamente a Castillo, ni sembrar ilusiones en su posible gobierno, para así mantener la independencia política y organizativa de las organizaciones obreras y populares,

Esto es más necesario aún en tanto Castillo ha comenzado a abandonar aspectos importantes de su propuesta política, al estilo de la “hoja de ruta” de Humala, con la única finalidad de ganar los votos de la misma “izquierda moderada” y sectores liberales que fueron derrotados en la primera vuelta (ver recuadro).

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¡ABAJO EL TERRUQUEO!

Desde el comienzo del camino a la segunda vuelta, los medios de comunicación iniciaron una despreciable campaña de calumnias motejando a Pedro Castillo, y prácticamente a todas las personas que simpaticen o expresen su apoyo hacia él, de “comunistas” y, más aún, de “terroristas”. Desde entonces, el “terruqueo” es moneda corriente en radio, televisión y redes sociales.

Desde el PST rechazamos categóricamente esa campaña despreciable de calumnias que solo busca sembrar confusión entre la población para llevar votos a Keiko Fujimori. Nos solidarizamos, en este tema, con Pedro Castillo, y reivindicamos la bronca que sienten los sectores obreros y populares ante ella, debido a que es la misma campaña de mentiras que empresas y autoridades realizan cuando salimos a luchar por nuestras reivindicaciones.

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Lo que calla Castillo

Para muchos compañeros y compañeras, resulta normal que Castillo abandone partes de su programa. Esto porque, se piensa, es una actitud táctica, que se justifica por la intención de ganar votos y evitar ataques de la patronal.

Sin embargo, como prueba la asquerosa campaña de terruqueo en curso contra Castillo, de nada sirve esconder o abandonar partes de su programa: la patronal no mengua en su odio.

Por eso el abandono gratuito de propuestas como la estatización (nacionalización) de las mineras, o la creación de impuestos a las riquezas y ganancias patronales, solo muestran un ánimo oportunista.

Lo mismo pasa con su postura frente al régimen democrático burgués corrupto que impera en el país. De haberlo puesto en cuestión, hoy Castillo se ha comprometido a defender la “gobernabilidad y la democracia”.

No cuestiona los ceses colectivos o la suspensión perfecta de labores con la que la patronal golpea a la clase obrera. Como mucho se ha “comprometido” a fiscalizarlas.

Y, por último, y no por eso menos importante, desde la primera vuelta mantiene el silencio frente al gobierno de Sagasti, responsable actual del genocidio provocado por la pandemia de covid 19 y por los ataques contra la clase trabajadora y el pueblo, a quien no llama a enfrentar desde las calles. Tarea que es la más urgente que tiene planteada la clase trabajadora y el pueblo pobre de nuestro país.

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La candidatura de María Rivera: un ejemplo de utilización revolucionaria de las elecciones

En paralelo al proceso electoral de nuestro país, se han realizado las elecciones a la Convención constituyente que la poderosa lucha del pueblo chileno arrancó al gobierno asesino de Piñera. Nuestra organización hermana en Chile, el Movimiento Internacional de los Trabajadores, logró tener una candidatura en una de las listas de candidatos y candidatas independientes de los partidos tradicionales que se inscribieron de forma extraordinaria para esta elección.

La compañera María Rivera, de larga trayectoria militante, realizó una campaña ejemplar, llamando a retomar la movilización por la libertad de los compañeros y compañeras detenidas durante las jornadas de lucha libradas por el pueblo trabajador, así como por la caída inmediata del gobierno Piñera.

Asimismo, su campaña levantó, sin temores, la necesidad de expropiar los negocios de las familias más ricas de Chile, para financiar la salud y la educación. Y hoy que ha sido elegida, no duda en declarar ante El Mercurio (diario de la gran patronal chilena, análogo a El Comercio), que se debe estatizar las AFP, las minas y las grandes empresas, y ponerlas bajo control de sus trabajadores y trabajadoras.

¡Cuánta diferencia con Castillo, que ahora huye como de la peste a la palabra expropiación!

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La ilusión de la democracia burguesa

El campesinado y los sectores populares, separados de una conciencia de clase, conciben que su poder político radica en su número.

Esta es una ilusión que la democracia burguesa utiliza a su favor para recrear su propia dominación elección tras elección, pues aunque es cierto que “el pueblo es mayoría”, en la actual democracia esa mayoría está sujeta a una oferta político-electoral dominada por los partidos patronales. Además esa mayoría, convertida en voto individual, secreto y directo, pierde su contenido de clase, se dispersa, perdiendo, de paso, su poder de número.

Termina siendo el mecanismo perfecto para que la burguesía, la clase social de los dueños y dueñas de fábricas, bancos, minas, pozos petroleros y grandes comercios, imponga su control, mientras la enorme masa popular piensa que es ella quien los eligió.