Nuestras vidas antes que sus ganancias

EDITORIAL

Las prioridades del gobierno es combatir la pandemia, reiteró el nuevo Primer ministro Walter Martos en su presentación ante el Congreso, y recibió el aplauso y el voto casi unánime de las diferentes bancadas. Pero al mismo tiempo, el gobierno se enfoca en acelerar las actividades económicas, que es la que está empujando la masificación de los contagios y las muertes en estos días.

Es evidente que nunca como ahora la palabra se desvalorizó tanto y el cinismo fue elevado a lengua oficial. Mientras todos desde arriba nos dicen lo mismo, y hasta se conmueven, en la práctica promueven políticas que invariablemente provocan la actual catástrofe que vive el país. Vizcarra viaja a Arequipa llevando algunas camas y se luce ante la prensa como quien lidia contra la pandemia, pero la región, al igual que el resto del país, sigue igual con enfermos amontonados en carpas y gente gritando por oxígeno.

La Sociedad Nacional de Industrias impulsa el programa Respira Perú y lleva oxígeno a algunas regiones rodeado de prensa y TV; pero al mismo tiempo sus honorables socios dejan sin salarios a 270 mil trabajadores (con la figura de suspensión perfecta), arrojan a la calle a muchos más y “reactivan” sus negocios al caballazo, vulnerando la situación de millones de trabajadores. En los lugares de trabajo se habla todo el tiempo de evitar los contagios, pero la realidad es que ellos se masifican y causan muertes, incluso en las modernas y poderosas mineras como Marsa.

El grupo Inkafarma dona una planta de oxígeno al Hospital Cayetano Heredia, mientras usa su condición de oligopolio para acaparar y multiplicar los precios de medicamentos para tratar el Covid 19, lucrando como rapiña sobre las urgencias de gente desesperada.

Todos estos señores, que dicen trabajar contra la pandemia, en realidad se enfocan en reactivar los negocios, nos arrean al contagio desde la comodidad de sus casas. El señor Vega Alvear, empresario y presidente del Comité Multisectorial de Reactivación, que enojado reclama a cada rato por la lentitud de la reapertura y por las tibias restricciones que establece el Estado, habla desde su residencia sin siquiera sacarse las pantuflas. Los Benavides de la Quintana, Rodríguez Pastor, Belmont…, también desde sus residencias y por vía remota dan directivas para acelerar las actividades de sus minas y fábricas, sin por ello dejar de hablar de su lucha contra la pandemia y hasta se dan tiempo para colocar un donativo por aquí y otro por allá. Sus operadores: ministros, congresistas, funcionarios públicos, capataces de planta y secretarias ejecutivas, lucen condiciones privilegiadas para protegerse, y en caso de contagio disponen de clínicas privadas y hasta de un seguro de vida.

Pero, en cambio, los millones de trabajadores solo tenemos asegurado el pasaporte al contagio, a la muerte y con ellos el desamparo de nuestras familias.

Salvar la vida y la salud de los millones de trabajadores significa que así como el señor Belmont está seguro en su casa, los obreros de la Corporación Trébol-Celima también deberían estar seguros en sus casas. Y que al 75% de peruanos “independientes” se les asegure un salario básico para que también puedan hacerlo. Las Naciones Unidas (ONU), que es la máxima institución de todos los gobiernos del mundo y que nadie puede señalar ni por asomo como de “izquierda”, recomienda la entrega de ese salario básico para cada habitante. Pero no lo hacen, mostrando que hasta en eso hay mezquindad, la misma que muestran los empresarios cuando negocian centavos en los pliegos de reclamos.

Todos estos señores arguyen: son indispensables atender tanto la salud y la economía, diciendo que la economía brinda los recursos para combatir la pandemia. Repiten lo mismo los más versados periodistas críticos de Vizcarra. Pero la ONU, en el mismo informe, dice que no hay disyuntiva entre economía o salud porque la salud es primero, y recuerda las experiencias de China y Europa que primero controlaron la pandemia y después abrieron de manera gradual sus economías. Y aquí se hace exactamente lo contrario.

Algunos expertos vienen destapando la verdad. Waldo Mendoza, economista de la PUCP, dice que fue un grave error levantar la cuarentena porque hemos retrocedido al nivel que teníamos hace cuatro meses, con contagios y muertes multiplicándose a un promedio explosivo, y que las principales víctimas son los trabajadores que retornaron. Y advierte: “tal como lo estamos haciendo ahora, no hay futuro”.

¿Por qué para todos los de arriba la “economía” es más importante? Porque son propietarios de las fábricas, minas y comercios. Todo esto es “su” capital. La razón de ser del capital es producir ganancia, su parálisis significa pérdidas. El nuestro, se quiera ver o no, es un sistema organizado sobre bases capitalistas. Por eso, para los empresarios, y sus periodistas que viven de la mano que les da de comer, primero es la producción y después la vida de los trabajadores. Por eso mismo el gobierno, que también es suyo, lo asiste con toneladas de dinero mientras entrega migajas para enfrentar la pandemia. Tan prioritaria es la producción de ganancia que, incluso, rebajan al mínimo las restricciones sanitarias e imponen infernales jornadas de trabajo con la finalidad de producir al máximo, con los resultados que estamos viendo.

Si las grandes empresas no esenciales dejarán de producir por algunas semanas mientras se contiene la pandemia, asegurando salarios y derechos, muchas vidas se salvarían, y podrían volver a operar después, a cuenta de los gigantescos recursos que poseen. Pero el capital no se guía por deberes morales sino por la simple ley de la ganancia que no duerme ni descansa un minuto.

Pocas veces en el pasado hemos estado confrontados a la enorme contradicción que nos fuerza a entregar nuestra vida y salud para garantizar la ganancia del patrón, como ocurría en la época de la esclavitud. Pero ésta es la condición obrera bajo el capitalismo y ahora podemos vivirla en toda su brutalidad motivado por la grave crisis del Covid 19.

Por ello, diga lo que diga el gobierno, los partidos de la burguesía, la llamada izquierda del régimen y hasta los curas desde sus púlpitos, todos, mientras sigan hablando de “reactivación” estarán priorizando los negocios capitalistas sobre la vida, por más que hagan algo contra la pandemia, donaciones y congojas incluidas.

Por eso el PST y la LIT-CI nos posicionamos de manera clara y transparente ante el terrible drama que vive nuestro pueblo y los pueblos del mundo: estamos por defender la vida primero, y estamos en contra de priorizar sobre ella la ganancia capitalista, aplicando todas las medidas que sean necesarias, entre ellas dejar de mover las actividades que no son esenciales, y usar todos los recursos que están disponibles en las enormes riquezas que concentran un puñado de capitalistas.

¡No queremos sus dádivas mientras nos meten a una moledora de carne humana! ¡Rechazamos sus discursos hipócritas, sus ofrecimientos miserables y sus golpes de pecho, mientras se enfocan en salvar los negocios capitalistas y nos arrean al contagio y a la muerte!

Para ellos, se trata de la vida de obreros y de gente pobre que consideran descartables. Para nosotros, contra los parásitos capitalistas, se trata no solo de la vida de seres humanos, sino de la verdadera fuerza productora y progresista de la nación y de su futuro.

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