Exceso de muertes confirman plan genocida

Foto: Ernesto Benavides/Agence France-Presse

Escribe Mauricio Meca

Basándose en las cifras oficiales, el Perú se ha convertido en el primer país con la mayor tasa de mortalidad por covid en el mundo (28 mil decesos) superando así al Brasil de Bolsonaro y a los EE.UU. de Trump; ambos acusados por distintos sectores políticos de genocidas.

Brasil tiene 208 millones de habitantes y el Perú 32 millones, sin embargo a pesar de los más de 100 mil fallecidos, su tasa de mortalidad es menor que la nuestra, es decir por cada millón de habitantes en Brasil murieron 560 y en el Perú 870. Cabe resaltar que esta información toma en cuenta las cifras oficiales más no el registro de Sinadef, donde existe un exceso de 60 mil fallecidos durante los meses de la pandemia en comparación con los muertos en los mismos meses de años anteriores. De esta información el Minsa reconoce solo 28 mil por muerte de covid y los restantes se pueden considerar como sospechosos hasta que actualice los datos.

Foto: RTVE.ES

Por esta terrible cifra a Bolsonaro lo acusan de genocida, es así que 60 organizaciones, entre ellas profesionales de la salud, presentaron demandas a la Corte Penal Internacional para juzgarlo, al mismo tiempo que el hambre, el desempleo y las muertes han empezado a volcar masivamente a las calles a los brasileños con la consigna ¡Fuera Bolsonaro!

Los gestos populistas de Vizcarra y sus formas más diplomáticas y sofisticadas distan de la actitud de Bolsonaro, pero causan más muertes. Por supuesto nadie se escandaliza (la prensa, el Congreso), ni culpa a Vizcarra de genocida, ni mucho menos vemos a la dirección de la CGTP y a los grupos de la izquierda reformista pidiendo que se largue.

Vizcarra, al igual que Bolsonaro y Trump, representa los intereses de los ricos, solo con estilo diferente. Aquí el gobierno es cuestionado pero no por convertir el país en un panteón, sino por no acelerar y dar más beneficios a la patronal que exige imponer proyectos de inversión y más facilidades para explotar y despedir a los trabajadores. Por supuesto, a la Confiep poco le importa que los contagios y las muertes aumenten, al igual que la burguesía brasileña y norteamericana no desean una cuarentena que impida mover las fábricas y las minas; su prioridad son los negocios.

Crímenes de lesa humanidad

Han existido medidas que nos han llevado a esta situación: la imposición de una cuarentena con hambre y represión, la entrega de bonos miserables, la decisión de no volcar recursos para financiar la emergencia sino para las grandes empresas. Tampoco se garantizó mascarillas, alcohol, pruebas, medicinas, oxigeno, atención médica gratuita. Se permitió el abuso de las clínicas privadas en lugar de nacionalizarlas. Se ha dejado sin protección de bioseguridad al personal de salud.

Asimismo, la interrupción de los servicios de salud de rutina que han constituido una amenaza para la salud de las personas que viven con enfermedades crónicas como el cáncer, diabetes, hipertensión, etc., engrosando los excesos de muertes por el abandono del gobierno.

Esta desidia ha empujado a la población a buscar salidas basadas en la desesperación y el desconocimiento y los deja a merced de automedicarse. Y está causando etnocidio de los pueblos originarios.

Por estas razones Vizcarra hoy es el mayor sepulturero de América Latina, y quizás del mundo.

COLAPSADO: En el hospital Honorio Delgado de Arequipa faltan 300 personas, entre médicos, enfermeras y técnicos, para atender pacientes Covid-19.

Aviso para navegantes

En casi 200 años de la República del Perú no hubo tantos muertos en tan corto tiempo. Ni durante la guerra con Chile, que duró 5 años y fallecieron cerca de 18 mil. Ni durante conflicto armado interno que duro 20 años y se estima como máximo 77 mil, entre muertos y desaparecidos. Vivimos un verdadero genocidio, donde la principal causa no es el covid sino la política de privilegiar los intereses de la clase empresarial contra los de las grandes mayorías.

El gobierno y la Confiep nos han demostrado que la fosa común a la que nos empujan puede ser más profunda. Además que reprimen cuando salimos a protestar, como lo hicieron con los hermanos indígenas de Loreto el 9 de agosto. Estamos alertados: ellos o nosotros.

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