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Trump e Israel, ¡saquen las manos de Jerusalén!

Donald Trump acaba de dejar clara la real posición del imperialismo norteamericano al declarar vigente el reconocimiento de Jerusalén como capital del Estado sionista y anunciar que transferirá la Embajada de los Estados Unidos en Israel para allí. Frente a una situación inestable en relación con la política interna de los Estados Unidos, el 6 de diciembre tomó una posición que puede desatar una nueva ola de movilizaciones en Palestina y en todo el Medio Oriente y el mundo entero, porque esta posición significa reconocer a Israel el control total de Palestina y eternizar a los palestinos como una población sometida a un régimen de apartheid colonial y racista, e incluso alejar cualquier posibilidad de un acuerdo sobre supuestos “dos Estados”, como era hasta ahora la línea oficial del imperialismo, de la ONU, del Vaticano.
Declaración de la Liga Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional (7.12.2107)
Esta decisión, por otro lado, da por tierra con el tristemente célebre “proceso de paz”, asumido por la dirección de la OLP desde los Acuerdos de 1993. Al hacer eso, Trump cumple su promesa de campaña al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, que inmediatamente saludó esa decisión como prueba de que su línea de limpieza étnica, colonización y genocidio en Gaza está sostenida por el principal imperialismo.
Los palestinos no tienen dudas sobre su estatus: Jerusalén es la capital histórica de Palestina. Reaccionaron inmediatamente a la decisión de Trump, convocando los Días de Furia que ya venían anunciando. Protestas ganan en este momento las calles de la Palestina ocupada y de capitales de los países árabes vecinos, como Amman (Jordania) y Beirut (Líbano). En campos de refugiados en la región, los palestinos también se han levantado contra la medida.
En Jerusalén y en el resto de la Palestina ocupada, el llamado viene siendo atendido; en la diáspora los palestinos están igualmente enfurecidos. En la Franja de Gaza, centenas participan de la convocatoria de los “Días de Furia”. Grupos de resistencia llegaron a exigir que la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) revea su reconocimiento al Estado de Israel, lo que significaría volver atrás en su rendición y abandono de la única solución justa: un Estado palestino único, laico, libre y democrático en todo el territorio histórico usurpado por el sionismo, o sea, el fin del Estado de Israel.
Formada en 1964, la OLP reconoció el Estado de Israel en 1988. En setiembre de 1993, Yasser Arafat y Yizah Rabin apretaron las manos frente a la Casa Blanca, firmando los trágicos Acuerdos de Oslo, basados en la propuesta de dos Estados (Israel en 78% del territorio histórico de Palestina, y para Palestina, el 22% restante). Allí se crea la Autoridad Nacional Palestina (ANP) para administrar la ocupación. A ella le fue delegada la administración de la denominada área A (solo 18% de Cisjordania), sin embargo, sin ninguna autonomía, con cooperación de seguridad con Israel y dependencia económica integral. El resto quedaría bajo control mixto con Israel o total (la mayor parte). Desde entonces hasta ahora, la colonización se amplió sustancialmente; proceso este que sigue.
Los cinco millones de refugiados, los millares en la diáspora, y el millón y medio de palestinos que permanecen donde hoy es Israel, sometidos a más de sesenta leyes racistas, no están contemplados en esa dicha “solución de dos Estados”. Una rendición al proyecto colonial por parte de la OLP y al apartheid institucionalizado.
Un día antes de su declaración, Trump intentó preparar el terreno junto a la colaboracionista ANP. Se reunió con su presidente, Mahmoud Abbas, para anunciar la decisión. Abbas afirmó que será el fin del “proceso de paz” y pidió a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para intervenir contra la decisión. Pero la posición “por la paz”, a favor de dos Estados, formalmente expresada por la ONU y por los países europeos no será –como nunca fue– obstáculo para la prosecución de la política de Netanyahu, ahora respaldada oficialmente por Trump.
Solo una insurrección como las Intifadas anteriores y el apoyo internacional masivo a la causa palestina pueden hacer retroceder a Trump e Israel. Los dirigentes tradicionales palestinos dicen que la medida de Trump es perjudicial a la tristemente célebre propuesta de dos Estados, pero el representante de la ANP no perdió tiempo en afirmar que “hará de todo para impedir una posible Intifada (levante popular)”.

Jerusalén ha sido punto neurálgico para la pacificación de la resistencia y Abbas sabe eso. Los gobiernos árabes burgueses, aliados al imperialismo y enemigos de la causa palestina, también desean contener la revuelta, que puede llevar a un nuevo ascenso en la región, frente a la centralidad de la cuestión. No está en las manos de esos dirigentes la liberación de Palestina, sino de los trabajadores árabes y palestinos, juntamente con la vanguardia de la juventud, que deben construir una alternativa revolucionaria, sin ninguna confianza en las viejas direcciones. Los palestinos saben eso.
La ciudad de Jerusalén ha sido foco de muchas protestas en los últimos tiempos, frente a la agresiva expansión colonial y la judaización por parte de Israel. El aval explícito del imperialismo puede ser la gota de agua para una Intifada que viene fermentándose en la Palestina ocupada desde 2011, en medio de un proceso revolucionario en el mundo árabe. Hamas ya hizo un pronunciamiento a favor de una Intifada.
Esta lucha de los palestinos debe recibir la solidaridad de todos los trabajadores y pueblos del mundo. Si el imperialismo implementa esta posición en Palestina, será un golpe a todas las luchas de los pueblos oprimidos por el imperialismo.
Trump tiene que recibir la respuesta en las calles por esa posición de ataque a los derechos palestinos. En todo Medio Oriente la causa palestina es identificada como el elemento central en la lucha contra el imperialismo. En todo el mundo es necesario salir a repudiar esa decisión de Trump de respaldar la limpieza étnica de los palestinos por el Estado sionista.
Es necesario enfrentar al imperialismo como en la guerra de Vietnam y en la invasión de Irak. Nos sumamos en este momento a los Días de Furia llamados por los palestinos.
Llamamos a tomar las calles contra Trump e Israel. Hagamos grandes marchas como en la época de la invasión de Irak y de la guerra de Vietnam.
¡Apoyo incondicional a la resistencia palestina, en todas sus formas! ¡Por una nueva Intifada!
Por el fortalecimiento de la solidaridad internacional, apoyo total al BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) a Israel.
¡Por una Palestina laica, libre, democrática y no racista! ¡Fin del Estado racista de Israel!

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