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Construyamos la respuesta obrera

Ante lo ataques patronales, las medidas del gobierno y la crisis nacional Los desastres naturales que nos afectan estos días, se producen en un contexto de crisis y ofensiva patronal.

Venimos de tres años de enfriamiento general de la economía, de recesión en la industria (-7% acumulado) y ahora con los desastres, el 2017 será menos auspicioso. Como consecuencia cae el empleo, se cierran negocios, se contraen los salarios y la situación se avizora gris para los trabajadores y pobres en los meses que vienen.
Espoleados por la caída de sus ganancias la patronal ataca en todos los terrenos. Se solicitan ceses colectivos que vienen obteniendo luz verde de la autoridad, como es el caso de Papelera Atlas. Más de 150 mil obreros industriales han sido despedidos los últimos años.
De apenas 320 sindicatos que negocian pliegos, sólo la mitad llegan a firmar convenios colectivos, muchos conforme a lo que dispone el patrón. Para colmo de males, la SUNAFIL, en la práctica, ha sido desactivada dejando absolutamente indefensos a los trabajadores.
Como nada de esto es suficiente para los capitalistas, ahora el gobierno anuncia un nuevo paquete para recortar más los derechos (facilitar los ceses colectivos, limitar más la negociación colectiva, etc.), mientras prepara medidas más draconianas como la flexibilidad laboral absoluta, a fin de debilitar hasta anular la organización obrera, y empoderar el poder patronal para que pueda elevar sus ganancias aumentando la producción y productividad con los mismos o menores costos.
No podíamos esperar otra cosa de PPK, elegido con el apoyo del Frente Amplio y de la dirigencia de la CGTP, lo que no les impide hoy, sin asumir culpas, reconocer recién lo que era claro hasta para un ciego: que era patronal y que aplicaría medidas antiobreras.
Atacan a los que aún tienen derechos
El ajuste, como explicamos en varios artículos publicados acá, se enfoca en atacar a los trabajadores que conservan algunos derechos laborales y que representan el 30% del total. La gran mayoría que se encuentra tercerizada o con regímenes especiales (pymes, agroexportación, exportación no tradicional), no los tiene o los tienen minimizados.
Los trabajadores con “derechos” se concentran en la gran industria y en torno a 3,200 empresas que tienen más de 100 trabajadores.
Se trata, en resumidas cuentas, de facilitar los ceses colectivos y los despidos de dirigentes y activistas para golpear al sector sindical que todos estos años prestó férrea resistencia y luchó por mejorar las condiciones de trabajo.
En las propias palabras del ministro Grados, “se trata de extender los regímenes laborales especiales” de sectores en los que no existen sindicatos por su carácter precarizado, nivelándolos a todos hacia abajo.
Estamos así ante el mayor plan de arrasamiento de derechos laborales aplicado desde la era Fujimori, con el fin de hacer pagar la crisis capitalista a la clase obrera.

¿Qué hacer?
Es indudable que hay que salir a pelear, como a su manera lo están haciendo muchos sindicatos, haciendo plantones y hasta huelgas (San Miguel PET, Cerro Verde).
Pero todos comprobamos que, así como las solas fuerzas de un sindicato muchas veces no bastan para vencer la resistencia patronal para que triunfen las demandas, mucho menos será suficiente la resistencia aislada de las bases para hacer retroceder las reformas que prepara el gobierno. Necesitamos la acción unificada de toda la clase obrera, como la que se expresó en la lucha que llevó a la derrota de la ley Pulpín.
La propia CGTP, luego de haber participado del Consejo Nacional de Trabajo donde se han aprobado dichas medidas, y sin renunciar a seguir participando en él, llama hoy a la pelea y anuncia una jornada nacional. Pero no hay ninguna garantía, no solo por la profunda desconfianza de las bases en dicha dirigencia sino por la propia situación en que ellas se encuentran. No basta un llamado desde el balcón de los que todos estos años colaboraron con los gobiernos de turno, para movilizar a las bases.
La experiencia vivida Para ello se necesita recuperar la organización y acción sindical que hoy se encuentra o viene en retroceso producto de años de lucha y frustración.
Los sindicatos han vivido dos momentos reflejando, aunque de manera distorsionada, lo que acontece en la misma economía.
En la década de fuerte crecimiento por encima del 6% (del 2004 y al 2013) que propició aumento del empleo, creció la sindicalización y la lucha por mejoras salariales y derechos laborales; hubo paros y huelgas, algunas apoteósicas.
Esta lucha, como no podía ser de otro modo, fue respondida por la patronal: a ella le resulta intolerable el fortalecimiento de la organización obrera y el surgimiento de dirigentes combativos. Y pese a su combatividad, esas luchas así como fueron parciales trajeron resultados parciales, y no trajeron triunfos para el conjunto de la clase obrera que es lo que necesitamos para lograr un avance como clase. Al ser fragmentadas las luchas no pueden avanzar más y muchas veces quedaron presas del poder que tiene patronal en la fábrica gracias a las facultades que le dan las leyes para no resolver las demandas, como por ejemplo cuando se niega a negociar con huelga pese a que este es un derecho. Así, las enormes energías de la clase obrera se dispersaron y desgastaron. Huelga decir que la responsabilidad por esta falta de centralización y unidad es de la dirigencia de la CGTP.
Así surgió, sobre todo en los sectores más atrasados, un cuestionamiento a la lucha como medio para conquistar las reivindicaciones, la inutilidad del paro, la huelga, reforzado con el graneado fuego patronal que siendo el que provocaba los conflictos, acusaba lo mismo. Sobre este terreno fértil campearon las viejas “ideas” de que el camino no era la lucha sino la vía legal, propagadas principalmente por abogados con intereses y miras estrechas junto a dirigentes que así justificaban su propia parálisis e inactividad.
Ahora se trataba de judicializar, litigar, demandar inspecciones, y para ello asumir pagos costosos, mientras se mandaba a la base a esperar sentado en casa la llegada de soluciones mágicas de los abogados.
El resultado de esta absoluta falacia lo tenemos hoy a los ojos de todos: no hubo ninguna solución, nada. Al contrario, al crecer la desafiliación porque muchos trabajadores optaron por dejar el sindicato para recibir directamente las dádivas de las manos de la patronal, éstos se debilitaron más y, como consecuencia, se acrecentó el ataque patronal que cobró nuevos despidos e infinidad de abusos. De paso, barrió con los fondos sindicales que fueron a parar a los bolsillos de esos abogados, creándose así el actual contexto de debilitamiento sindical y retroceso.
En este panorama donde el legalismo y pacifismo muestran todas sus limitaciones y fracasos para conseguir las soluciones que se esperan, más muestran su esterilidad para enfrentar la nueva realidad que vivimos hoy, como los redoblados ataques de la patronal, los que anuncia el gobierno o los que se derivan de la propia crisis que derrumba al país. La nueva situación obliga a los sindicatos a reenfocarse en la lucha que hoy querámoslo o no es más política que reivindicativa.
Después de la experiencia vivida los trabajadores y activistas pueden reconocer lo que es la más vieja y fundamental enseñanza del movimiento obrero: la lucha directa siempre es el camino para la defensa de los derechos.
Nada se ha logrado sin luchas. La “pelea” legal es necesaria, pero es tanto más limitada como cuando los problemas laborales se tornan en cada vez más políticos.
Priorizar la organización obrera y cómo hacerlo
La orientación legalista y pacifista de estos años desincentivó la sindicalización con la idea de que gracias al abogado solo los sindicalizados consecuentes obtendrían soluciones y los demás quedarían a su suerte. Pero como ya vimos, esta “combatividad” se tradujo en un resultado nefasto para los propios trabajadores porque se debilitó conscientemente su unidad y organización. Frente al capital los trabajadores son fuertes no por sus abogados sino por su unidad como clase y por la lucha que libran.
Por eso hay que volver a priorizar la organización y unidad obrera recuperando la sindicalización y tratando de abarcar a todos los trabajadores por empresa o grupo empresarial. Basta del absurdo de mantener dos, tres y hasta más sindicatos en grupos empresariales con los que solo gana la patronal.

¿Cómo hacerlo?

Hay que comenzar por hacer estas reflexiones y aprender de la experiencia vivida. De ella misma se desprenden las orientaciones que planteamos a continuación y que las ofrecemos para su debate en las bases.

Un programa de recuperación sindical

  • Recuperar la independencia de los sindicatos acabando con el control, manipulación o la influencia nefasta que ejercen los abogados sobre ellos. Independencia significa que deciden los propios trabajadores y sus dirigentes a través de sus organismos.
  • Democratizar los sindicatos empoderando a la base en la toma de decisiones mediante asambleas generales, realizando puertas de fábrica informativas de manera permanente, haciendo transparente la rendición de cuentas de los dirigentes, estableciendo las sanciones para los incumplen y la revocabilidad de cargos. Todo con la base, nada sin ella.
  • Practicar el frente único. Lo que significa respetar las opiniones e ideas distintas. Extirpar los prejuicios antipartido porque son las corrientes políticas del signo que sean los que contribuyen al debate. Desterrar el uso de calumnias en las discusiones y poner en práctica la absoluta unidad en la acción después de decidido o votado.
  • Construir direcciones clasistas. Nada de lo anterior será posible sin una dirección que se proponga hacerlo. Con ese fin se trata de colocar al frente a los compañeros más decididos y construir equipos que sean orgánicos para evitar la burocratización. Clasista es vernos como clase con intereses opuestos a la patronal, por lo que organizamos nuestras propias fuerzas y nos armarnos de las orientaciones políticas necesarias para defendernos. La patronal también hace política de clase y gana cuando más ignorantes y despolitizados son los trabajadores.
  • Construir la unidad de acción del conjunto de la clase para frenar la ofensiva patronal y los ataques del gobierno; como lo hicimos en la lucha contra la ley Pulpín construyendo coordinadoras, las que son legítimas y favorecen a la unidad de la clase porque se hacen para reforzar el frente unido, por ejemplo ahora en torno al llamado a la lucha que hace la CGTP.

Las “utilidades”
En este mismo periodo de bonanza los trabajadores también fueron ganados a la idea de aguantar salarios miserables a cambio de las “buenas” utilidades que se recibirían en marzo, tanto que muchos organizaron su vida y su presupuesto en función de ingreso de cierta importancia. Con esta idea la patronal ganó por doble partida: de un lado los comprometía a esforzarse en el trabajo para que las utilidades fueran cada vez mayores, mientras por otro compensaba con esas “utilidades” el no aumento salarial o las miserias que pagaba por ese concepto.
Pero las famosas utilidades se fueron achicando año a año, producto del enfriamiento de la economía iniciado el 2014 y que continúa y se acentúa hoy, al punto que muchos no cobran nada o cobran ripios; y los que algo cobran deben saber que es porque el año anterior se ajustó más a los propios trabajadores aumentando los ritmos de trabajo, despidiendo, etc., porque las utilidades no son otra cosa que parte de la ganancia empresarial.
Lo peor es que al no esclarecerse esta distorsión, dirigentes confundidos y abogados vividores, orientan hoy a los trabajadores a pedir “más utilidades”, lo que no solo es inviable sino equivale a decir “queremos más explotación”.

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