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La megacorrupción es de los empresarios, sus partidos y su Estado

Luego de 15 años, el régimen democrático burgués muestra su absoluto fracaso al revelarse una gigantesca corrupción de empresarios y políticos, tan al igual o peor que en la época de la dictadura fujimorista, planteándonos la necesidad de poner en pie una alternativa de los trabajadores y los pobres.

Ante el gigantesco panorama de corrupción destapado en las altas esferas del poder burgués –una realidad que nadie puede ocultar ni disimular–, los trabajadores y el pueblo pobre escuchan desde casi todos los sectores expresiones de condenas contra dicho lastre: desde los empresarios de la CONFIEP que hicieron suculentos negocios con Odebrecht, pasando por fujimoristas y apristas que cargan sobre sus espaldas sospechas cuando no acusaciones efectivas, hasta medios de prensa “independientes” que recibieron dinero de las empresas brasileras para callar o sobonear. El mismo gobierno, de conducta tibia, permisiva y cómplice con las empresas y políticos denunciados, al ver desplomarse la aprobación de PPK, se apresura a dictar algunas medidas tratando de limpiarse el barro que también empieza a cubrirlo. Vemos entonces que en la casa de satanás ahora todos se hacen los santos.
Esta reacción de los burgueses, puede considerarse “normal” considerando su catadura moral. Pero dejan muy poco para la imaginación porque lo hacen mientras se atacan mutuamente señalando al otro como corrupto o más corrupto, mientras piden “investigaciones” al mismo tiempo que cuestionan la independencia de los demás para hacerlo, mientras reclaman que PPK sea blindado en aras de la “gobernabilidad” al mismo tiempo deben acusarlo por sus propios entripados como la concesión del aeropuerto de Chinchero… Un verdadero desmadre, mientras por abajo, los pobres ven inundarse sus casas por fenómenos naturales tanto como por la desidia de esas mismas autoridades cuestionadas; el agua escasea en los conos de Lima y el trabajador de a pie y la ama de casa deben seguir lidiando con la subsistencia diaria sobre todo ahora que se inicia la época escolar. Como telón de fondo, la economía empieza a retroceder con la caída de los grandes proyectos y la parálisis de la inversión dada la incertidumbre empresarial, avisando que se viene más desempleo y ajuste.

¿Qué nos ofrecen como salida?
Como salida nos ofrecen más de lo mismo. Mientras los culpables se ponen a buen recaudo o tapan sus cochinadas y otros buscan castigarlos más que por “moralistas” para ocupar sus negocios o sus espacios políticos, todos nos dicen que las cosas se arreglarán dentro de los causes de la “democracia”. Ellos, por supuesto, saben de qué hablan.
Alan García, implicado en varios hechos de corrupción y genocidio desde su primer gobierno, ha sido absuelto innumerables veces y sigue hablando y viajando por el mundo suelto de huesos, gracias a la “democracia”. Toledo, investigado desde el 2014 por sus millonarias cuentas en el exterior y la adquisición de inmuebles con el nombre de su anciana suegra, siguió mofándose del país ante los ojos y mirada de jueces y fiscales que nada hicieron, hasta que fue delatado por el mismo capo de Odebrecht hoy preso en Brasil con detalles de cómo le entregó 20 millones de dólares a cambio de la concesión de la Interoceánica; solo por eso hoy tiene orden de detención. Así, un largo desfile. “Democracia” es impunidad. De la gigantesca corrupción que ha involucrado a tres presidentes con su corte de funcionarios solo se ha detenido a tres y todos de segundo rango. En tanto las empresas corruptoras que hicieron fortuna saqueando al país (Odebrecht, Camargo Correa, OAS y otros), siguen operando y haciendo negocios, como si con ellos no fuera el problema. Así es su justicia, justicia en la que ni los políticos burgueses “honestos” creen cuando confiesan que a lo más unos cuantos irán a la cárcel y que después todo seguirá igual.

El enorme rabo de paja de la “izquierda” moralizadora
Ante estos hechos, la conducta de las direcciones tradicionales en quienes amplios sectores de trabajadores y pobres tienen depositadas sus esperanzas, es por demás ignominiosa. El 16 de febrero convocaron con mucho entusiasmo a una marcha “contra la corrupción” que resultó pobre, o por lo menos no expresó la enorme indignación que embarga a la población, por una sencilla razón: ellos mismos no han esclarecido los propios cuestionamientos que se les hacen.
Se acusa, por ejemplo, que Susana Villarán cuando alcaldesa, recibió dinero de la brasileña OAS para financiar su campaña contra la revocatoria, pero ella ni sus compañeros de ruta dicen nada. También se afirma que gracias a la gestión que hizo esa “izquierda” ante el gobierno del PT de Brasil, Ollanta Humala recibió 3 millones de dólares de Odebrecht para su campaña electoral su campaña electoral en el 2011, pero tampoco dicen nada. Su nueva lideresa, Verónica Mendoza, fue cercana a Nadine Heredia justo en el periodo en que se afirma que aquella recibió el dinero de Odebrecht, y que hasta habría escrito en sus famosas agendas, pero ella también se limita a negarlo todo. Hay que distinguir la calumnia de la responsabilidad y es indiscutible que toda esta izquierda tiene responsabilidad política porque al apoyar y participar de esas gestiones hoy investigadas sabían lo que hacían, y nunca dijeron nada.
¿Cómo esperar entonces que lideren la lucha contra la corrupción si no esclarecen nada ni asumen ninguna responsabilidad por lo que hicieron? ¿Cómo no creer que exista oportunismo electoral en su actual postura? Así revelan que esas cúpulas de “izquierda” también tienen un doble racero como los burgueses.

En democracia “se roba menos”
Todo esto ha puesto en serio cuestionamiento el funcionamiento y viabilidad del sistema político en el país, la llamada “democracia”. La dictadura de Fujimori fue echada el año 2000 por corrupción, y ahora descubrimos que en 15 años de “democracia” los gobernantes y políticos robaron igual o más que aquel régimen que consideramos uno de los más nefastos de nuestra historia. No bastó que continuara la misma política económica y la misma Constitución de Fujimori, sino además continuó y se multiplicó la corrupción. Descubrir esto es una gran decepción para las grandes mayorías. Pero su decepción debe ser mayor con la izquierda reformista porque ella se encargó de embellecer todo el tiempo al régimen político apoyando a Toledo, Humala, Villarán y PPK con el pretexto del fujimorismo. Este discurso criticado por nosotros que siempre señalamos que no había “mal menor”, se demostró correcto, y su final será simbolizado cuando veamos en la cárcel a Toledo y Fujimori juntos, y quizá a Humala también. A la izquierda reformista le resulta difícil entender que una cosa es la legítima lucha y el triunfo que obtuvieron las masas contra la dictadura para conquistar libertades, y otra cosa es endiosar la “democracia” como hacen ellos pensando que ésta es o puede ser pura o perfectible. La democracia, como la dictadura, es de la clase patronal. Por eso en “democracia” se siguió entregando el país, oprimiendo a los trabajadores y matando en las protestas sociales. Por eso en democracia los patrones roban al igual que en dictadura porque al tener el poder hacen también sus reglas de juego y controlan la justicia.
Al idealizar la “democracia” esa izquierda se condena al fracaso y esto explica por qué hasta llora y derrama lágrimas de impotencia como sucede con la congresista Marisa Glave. Secada las lágrimas ahora esa “izquierda” inventa otras explicaciones de su fracaso con argumentos más falsas que los anteriores. Dice que la corrupción se produce porque no se ha cambiado el modelo neoliberal, lo que es puro verso. Cuando con Susana Villarán ocuparon la Municipalidad de Lima ellos aplicaron el modelo neoliberal, y también lo hicieron con Humala cuando apoyaron a su gobierno. También dicen que otro problema es la Constitución fujimorista del 93 y que hay que reformarla o hacer otra Constitución. Muy bien, ¿pero, qué han hecho para pelear por otra Constitución en lugar de apoyar a gobiernos reaccionarios que juraron por ella? Esa “izquierda” se enreda en sus propios argumentos porque, repetimos, idealizan a la democracia burguesa con la que se sienten plenamente identificada.
Lo que vemos en la práctica es que aun con su enorme rabo de paja esa “izquierda” le sigue siendo funcional a los intereses de la burguesía y su estado. Hoy que el régimen se muestra en toda su podredumbre la burguesía trae a colación como último recurso que, al menos, en “democracia se roba menos” porque puede enjuiciarse y castigarse a los culpables, y admite que puede ser mejorada. Es decir, dice exactamente lo que esa “izquierda” quiere escuchar para seguir engañando a los trabajadores como lo hizo en los últimos 15 años, apoyando y sosteniendo esta democracia de corruptos.

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