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La “izquierda” y la corrupción: ¿La salida es electoral?

Por Víctor Montes La movilización del 16 de febrero, convocada por la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) “contra la corrupción y la explotación laboral”, ha sido la primera respuesta, en el terreno de la movilización al escándalo de corrupción que asocia a diversos funcionarios, en particular a Humala, García y Toledo, con la repartija de sobornos por parte de la constructora brasilera Odebrecht.

Sin embargo, el filo combativo de la misma fue claramente limado por la dirigencia de la CGTP y los líderes políticos de las organizaciones “de izquierda”, quienes comienzan a posicionarse electoralmente ante tal crisis.

La “pata izquierda” del plan económico neoliberal y su democracia corrupta
En primer lugar, porque resulta un tanto complicado para esa “izquierda” desmarcarse de un modelo económico, el neoliberal, que entrega todo el poder en el país a las grandes empresas, sobre todo, extranjeras. Esto debido a que la misma “izquierda” ha sido parte de los gobiernos de Toledo, Villarán y Humala. Justamente tres de los tantos altos funcionarios presuntamente implicados en casos de corrupción de alto vuelo.
De ahí que, aunque ahora Verónika Mendoza denuncie que el problema de la corrupción nace del modelo económico, sus declaraciones no sean más que un “tiro de efecto”, que intenta captar la simpatía de quienes, asqueados por la escandalosa corrupción descubierta, comienzan a cuestionar la forma en que el modelo económico funciona: explotación, saqueo y corrupción.
Es por eso, también que, si bien convocaron a la movilización del 16 de febrero pasado, la misma no ha puesto en el centro la denuncia del plan económico, ni la demanda de cárcel efectiva y confiscación de sus bienes para pagar el daño ocasionado.
Por el contrario, la dirigencia de la CGTP ha puesto su mirada en el “cambio de Constitución”, como bandera que buscaría reformar el sistema político, “limpiarlo”, “salvaguardar la democracia” y un largo etc., posponiendo en los hechos para un futuro indeterminado – porque no se sabe cuándo se dará esa “nueva constitución” – la lucha concreta que deben emprender las masas trabajadoras contra el Estado corrupto y las grandes empresas que, además de corruptas, son las que los explotan día a día y amasan multimillonarias ganancias.

Una pugna electoral
Y es justamente por ser “pata izquierda”, que el centro de su accionar se encuentra enfocado en las elecciones del 2018 y 2021, y no en la lucha directa de la clase trabajadora contra el gobierno, los corruptos y el plan económico.
La declaración publicada el 16 de febrero por la CGTP, llama a la conformación de un “Observatorio de la Resistencia contra la Corrupción” en el que deberían participar, unidas, “organizaciones sociales, fuerzas políticas progresistas y movimientos que enarbolan la defensa de la democracia”. Ente que en la práctica tiene toda la forma de un frente electoral.
¡Y ahora resulta que será ese “Observatorio…” el que asumirá la responsabilidad de conformar un “Plan de acción” contra la corrupción! Con lo que la CGTP renuncia, una vez más, a su rol de instrumento de lucha de la clase trabajadora.
Hoy el rol que debería jugar la CGTP es exactamente el contrario: llamar de inmediato a la realización de nuevas y mayores acciones de lucha. Convocar a una acción nacional unificada, como un paro o siquiera una gran jornada para enfrentar derrotar a PPK, que para salvar su pellejo debe encubrir a los corruptos, y para exigir que metan a la cárcel de inmediato a los corruptos y confisquen sus bienes y cuentas bancarias en beneficio del Estado.

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