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El capitalismo produce la corrupción

Como se ha dicho, la corrupción no tiene que ver con el régimen político ni con el modelo económico que se aplique sino con el sistema capitalista.

El capitalismo en su fase neoliberal donde se ha endiosado al mercado (en el que todo se compra y todo se vende) y las bondades del imperialismo dominante, donde el Estado y sus instituciones (incluidos los llamados a fiscalizar y hacer justicia) han sido diseñados a la medida de los burgueses. En este sistema es “normal” que así como se explota al trabajador y se saquea al país, también se robe.
En el mar de declaraciones y comentarios que se hacen estos días, un reconocido empresario soltó una afirmación que vale por todo lo que se ha dicho para explicar lo que afirmamos: “Se hablaba en los círculos empresariales, desde hace años, de las prácticas de esta empresa y otras constructoras brasileñas en la repartija de obras, pero pocos imaginaron la magnitud de esta corruptela: adendas, sobrevaloración, incumplimientos, extensiones y millonarios sobornos.” (Alfredo Ferrero, diario Perú 21, 26 de enero).
En efecto: arriba todos lo sabían, aunque callaban en todos los idiomas. Es inevitable que entre empresarios, sus políticos, tecnócratas y periodistas se cubran las espaldas, y la “justicia” no hace más de lo que ellos necesitan para guardar las formas o evitar los excesos. También entre ellos se da lo que los trabajadores conocemos como solidaridad de clase.

Sobre llovido, mojado
El destape de la megacorrupción ha agravado la situación de la economía nacional. Las obras de Odebrecht han quedado paralizadas, algunas como el Gasoducto al Sur han revertido al Estado, grandes empresas como Graña & Montero se caen a pique arrastrando con ella a los fondos de las AFP, las inversiones se retraen, etc. De un entusiasta crecimiento estimado en cerca al 5% oficialmente hoy se habla de cifras por debajo de 4%, y cada día que pase con nuevas revelaciones se hablará de mucho menos, lo que significará graves consecuencias sobre el empleo, los salarios y el gasto público, que ya vienen en retroceso. La desaceleración económica viene desde hace tres años y es producto del enfriamiento de la economía mundial y en particular de la economía China de quienes dependemos como exportador de minerales. El efecto Odebrecht ha agregado un componente que la agrava.
Así, asistimos al agotamiento del modelo económico de capitalismo semicolonial inaugurado por Fujimori en los años 90, y que es jalonado hacia abajo por la grave crisis del régimen democrático burgués desnudado con la mega corrupción. El ajuste que preparaba PPK para levantar los negocios capitalistas ahora será adelantado y más endurecido, entre ellos la contrarreforma laboral que tanto exigen los empresarios, y la promoción de los proyectos mineros sin licencia social ni aprobación de la población. Todo esto, al mismo tempo que los corruptos y corruptores, es decir los verdaderos responsables de la crisis y de su agravamiento, seguirán gozando de impunidad.
Los trabajadores necesitamos discutir urgentemente esta situación para levantar una alternativa para las mayorías oprimidas y explotadas antes de que sea demasiado tarde. Porque, así como nos pasan las facturas de los peajes abusivos y debemos sufrir los recortes del gasto público por el dinero que se lleva la corrupción, así nos aplicarán sin contemplaciones los ajustes que necesiten tanto como la crisis vaya para más, porque el estado y el gobierno, como hemos visto, son capitalistas y les pertenecen.

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